Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece al escritor Blue Jeans. Yo solamente la adapto.

Nota: Aclaro algo prefiero la pareja Edward/Bella

CAPITULO XXV

Esa tarde de marzo, en un lugar alejado de la ciudad.

La mochila es mucho menos pesada que el día anterior. Apenas son unos quince cuadernillos los que van dentro. Hace diez minutos que Edward ha mirado su correo electrónico. Nada, sin señales de alguien que haya encontrado una de aquellas carpetas transparentes.

Pero desilusionarse más no sirve de nada. Tiene que terminar la tarea de repartir los que le faltan. Solo. Eso es quizá lo que le provoca mayor desazón. Bella no le ayudará esta vez. Con la mochila colgada en la espalda abre la puerta de la casa.

— ¿Te vas?

Tanya aparece de alguna parte. Va vestida con un suéter blanco que le llega hasta los muslos, a los que no alcanza a cubrir un short vaquero desgastado. Calcetines celestes, sin zapatos. El pelo lo lleva recogido en dos coletas. Inocencia y sensualidad en una.

Edward la contempla de arriba abajo. Es realmente sexy.

—Sí, voy a hacer unas cosas. Vuelvo dentro de un rato.

— ¿Vas a repartir los cuadernillos de tu libro?

El chico arquea las cejas.

—Te espío. ¿No te habías dado cuenta?

—Tanya…

—Es una broma, tonto. Vi la mochila preparada. Ya te dije anoche que le echaría una ojeada a lo que escribes. Leí en la primera página el mensaje que le dejas a los que lo encuentran. Eres muy ingenioso.

Edward resopla. Por un momento pensó que verdaderamente su hermanastra lo espiaba, y no le hubiera extrañado.

—Gracias.

Los ojos de Edward recorren sin querer las largas piernas de Tanya, aunque rápidamente vuelve a alzarlos con pudor. Tres meses.

— ¿Y está dando resultado?

— ¿El qué? —pregunta confuso.

—Lo de los cuadernillos, hombre. Que si hay mucha gente que se haya puesto en contacto contigo.

—Pues no, solo una chica.

—No te preocupes. Es una buena idea: debes tener paciencia.

—Ya.

—Espera, me visto un poco y me voy contigo. Quiero ayudar.

—No, no te preocupes. Prefiero hacerlo solo.

La chica se muerde el labio. ¡Qué seco es a veces! Finge que no le molesta el rechazo y sonríe.

—Está bien. Si no quieres que te acompañe, no insisto.

—Vengo dentro de un rato. Hasta luego.

Edward sale de la casa y cierra la puerta sin mirar más a su hermanastra.

— ¡Pásalo bien y no ligues con desconocidas! —grita Tanya desde el interior.

¿Y ahora? Está sola. Camina descalza hasta el salón, entra y se tumba en el sillón. Cómo le gusta Edward. Aunque le trate de esa manera la mayoría de las veces. Acabará cayendo en sus brazos. Seguro.

Un equipo de música en una de las esquinas de la habitación llama su atención. Se levanta y se dirige hacia allí. No hay ningún CD puesto, pero al lado hay una torre con más de cien compactos. Elige uno de Coldplay: Yellow. Play. Sube el volumen. Mas. Más. Está sola, puede escuchar la música todo lo alto que quiera.

Tras regresar al sillón, sentada con las manos apoyadas en la cara, se le ocurre algo. Sí, ¿por qué no? Ya lo había hecho otras veces cuando vivían juntos. Se incorpora y sale del salón. De puntillas, como para que nadie pudiese oírla, llega a la habitación de Edward.

Toc, toc.

Sonríe.

— ¿Ves? He llamado, para que luego no me riñas.

Tanya entra en el cuarto de su hermanastro. Todo está muy ordenado, como siempre. Hasta la cama está hecha. Le divierte la situación: antes ella misma se ha autoinculpado de espiarle, y era una broma. Ahora…

Recuerda cuando eran unos adolescentes y ella, en una de sus "visitas" clandestinas, descubrió la carta que una chica le había mandado a Edward por San Valentín. Lo llamaba "amor", "corazón", "cielo"… Le decía que lo quería mucho. ¡Idiota! ¡Qué sabría aquella tonta del amor…! Tanya tomó "prestada" la carta y "sin querer" se le cayó en la chimenea. Nadie supo de aquello, ni de la cartita de San Valentín.

Afortunadamente, Edward tenía buen gusto y no quiso nada con aquella chica. Quizá pueda encontrar algo que le lleve a saber más de esa Bella.

Primero mira en los cajones del escritorio, uno por uno, con cuidado de no cambiar nada de lugar, luego revisa el armario, las estanterías, los cajones de la mesita de noche… Carpetas, cuadernos, archivadores. Nada interesante. Y ningún rastro de Bella.

¿Y si mira en el portátil? Es arriesgado. Pero quien no arriesga, no gana.

Tanya enciende el ordenador. Bien, no necesita contraseña de acceso a Windows. Una pantalla de pronto aparece en el escritorio: es el MSN de Edward, que tiene activada la opción para que se abra automáticamente cuando se reinicia el PC.

—"EdwardCM", qué poco original —murmura.

La chica rastrea entre los contactos de su hermanastro. Está segura de que allí encontrará lo que busca. Lee atentamente, uno por uno, los nick de cada agregado. Tiene muchos en "no admitidos", posiblemente para que nadie le moleste cuando está escribiendo.

— ¡La de cursiladas que pone la gente en estos sitios…! —comenta en voz baja, cabeceando de un lado para otro.

Ninguno le llama la atención especialmente hasta que, al final, escrito en múltiples colorines, aparece uno significativo: "Bella. Mariposas bailan en mi pecho. TQ. Gracias por todo". Estáadmitida, pero desconectada.

¿Será esa la Bella con la que sueña Edward? Necesita comprobarlo. La suerte le vuelve a sonreír. Es MSN Plus y, además, su hermanastro guarda las conversaciones en el PC.

Tanya abre el archivo que pertenece a aquella dirección. Solo hay una charla entre ellos. Fue el viernes por la noche. ¡Se conocieron hace nada! Y quedaron ayer por la mañana para que Bella le ayudara en algo. ¿Tendría que ver con los cuadernillos? Eso cree. Casi está segura.

La chica relee el texto dos veces. Una tercera. Ya no tiene dudas. Por la manera en la que se comportó su hermanastro, esa Bella es su rival. Y por su forma de escribir parece jovencita, calcula que tendrá entre dieciséis o diecisiete años. Un bebé a su lado.

—Así que a mi hermanito le gustan las adolescentes.

Sonríe maliciosa, y continúa su investigación. En la ventanita del MSN, Bella no tiene una foto personal sino un osito de peluche con un corazoncito. Le gustaría verla, saber el aspecto que tiene. Quizá le pasó alguna fotografía por e-mail. Tanya, esperanzada, busca entre los documentos de imágenes de Edward, pero en esta ocasión no encuentra nada.

"Conociéndole, seguro que es un bombón", deduce. Tanya imagina cómo es Bella: alta, muy guapa de cara, pelo largo, ojos claros o color miel, pero, en todo caso, muy atrayentes. Y seguro que tiene un cuerpo perfecto. Su hermanastro no se merece menos. Posiblemente, harían buena pareja. Aunque nadie es mejor pareja para Edward que ella misma.

Examina de nuevo el nick. Aquella chica quiere a alguien y le da las gracias por algo. ¿No será a él? No, no puede ser: se conocen desde hace muy poco tiempo y los jóvenes de hoy en día dicen "te quiero" con mucha facilidad. Sin embargo, lo de las mariposas es indicativo de que está enamorada o que está empezando a sentir algo fuerte por alguien.

Podría ser otro chico. Mejor. Así aquella niña no sufriría cuando se entere de que ella es la nueva pareja de Edward. A Tanya le fascina tanta seguridad en sus posibilidades. No siempre había sido así, pero ahora las cosas han cambiado. Sabe lo que quiere y va a pelear por ello.

Está en el sitio y en el momento adecuado y posee armas suficientes para seducir a su presa. No se le va a escapar. De repente, un sonido en el PC anuncia que uno de los contactos acaba de conectarse. Qué error más tonto. Debería de haberse asegurado de que estaba en "no conectado" vaya, y es Bella, además. ¡Menuda coincidencia! ¿Y ahora qué?

Tanya se muerde las uñas. La curiosidad la mata. Pero, ¿qué le dice? Durante un par de minutos, reflexiona. Si le habla, podría meter la pata y ser descubierta. Además, tarde o temprano Edward y Bella se verán y comentarán algo de la conversación. ¿Qué puede hacer?

Otros tres minutos en silencio. La chica tampoco dice nada.

—Mucho interés no tiene precisamente —comenta, acercando su cabeza un poco más a la pantalla del portátil.

Tanya mira al pequeño reloj del ordenador. Se está empezando a hacer tarde y lo menos que desea es que su hermanastro la descubra allí. Eso sería catastrófico ya que entonces él nunca más confiaría en ella. Y cuando está a punto de cerrar el MSN, una lucecita naranja indica que Bella le ha escrito algo.

"Mierda. ¡Qué oportuna…!", piensa Tanya.

Nerviosa, abre la página de la conversación.

—Hola, ¿muy ocupado? ¿O simplemente no quieres hablar conmigo?

La frase está en letras rosas, y adornada con tres iconos. El último, el que cierra la pregunta, es una tortuguita con un gorro de vaquero que guiña un ojo. Aquello es como deshojar una margarita. ¿Le contesta o no le contesta?

Tiene ganas de seguir jugando con la situación que se le ha presentado, pero, finalmente, la razón le vence. No puede arriesgar tanto. Tanya resopla y cierra el MSN sin escribir nada. Luego apaga el PC y de puntillas sale de la habitación de Edward.

Esa tarde de marzo, en un lugar de la ciudad.

¡Qué raro…! No le ha contestado y ha salido del MSN sin más. Bella espera unos minutos. Quizá Edward se ha desconectado por un problema en su ordenador, pero, pasado un tiempo, comprende que no es así. Se resigna. Qué día más tonto… Por una parte, Jacob no puede quedar con ella: está demasiado ocupado trabajando y cubriendo la noticia del accidente de Lizzie. Y por otra, Edward primero no le dice nada en el MSN y luego se desconecta sin contestarle. ¡Qué pena…! Cuando lo vio conectado le entraron unas ganas tremendas de hablar con él.

No le va a quedar más remedio que ponerse a estudiar Matemáticas. ¡Uff, las odia! Mañana ha quedado con Mario para estudiar en su casa. A ver qué le sale de todo aquello. Espera aprobar el examen y, además, acercarse un poco más a su amigo.

Lo que Bella no sabe es todo lo que esas tardes van a dar de sí.