Capitulo 25 – El cónclave de los dioses

En la cima del monte Olimpo, en la gran morada de los dioses, Zeus se encontraba sentado en su gran trono de nubes. Junto a él se encontraba su fiel servidor y compañero Hermes el mensajero del Olimpo.

Habían vuelto a reunirse movidos por las circunstancias, los actos de Hades no habían pasado desapercibidos a los dioses, pero había disparidad entre ellos de la mejor manera de tratar el tema.

Las puertas del gran salón del Olimpo se abrieron de par en par dejando paso a Ares con sus grandes perros de la guerra.

– Esto es indignante… ¡intolerable! Malditos mortales... un montón de bajas... y ese… ese hijo de Ourea medio mortal esta llevando a la perdición… Y Hercules desaparecido del combate... a saber lo que estará haciendo..

La voz de Zeus retumbo en toda la sala – Estas hablando de mi hijo Ares… Hércules nunca se ausentaría sin motivo... temo que algo le haya pasado… – Zeus tenia la cara pálida, cansada, como si no hubiese descansado en muchos días.

– Athan es un gran militar, no hay que medir a nadie por sus orígenes – dijo Hermes.

Ares no contesto a Hermes y volvió a dirigirse a Zeus– Y… ¿Que piensa hacer Zeus?

– Lo principal es detener a Hades. Pero hay un gran problema. Hermes y yo hemos estado tratando de localizar a Hades sin resultado. Por lo que parece hay una especie de muro... de defensa contra dioses a su alrededor. Es posible que ningún inmortal sea capaz de encontrarle.

– ¿Quieres decir como si desapareciera sin dejar rastro? – Dijo Ares atónito– ¿Como diablos puede hacer eso un dios….? ¡Somos omniscientes! No debería poder esconderse de todos!

– Todo este tiempo es lo que hemos intentado averiguar... en vano. No tenemos explicación lógica para lo que esta pasando. – Dijo Zeus

– Entonces habrá que buscar otros métodos. ¡Soy el dios de la guerra! Mi lugar esta en el campo de batalla, no sentado de brazos cruzados!

– Sobre eso... he pensado que es hora que los mortales tengan nuestra ayuda – Dijo Zeus acariciándose la barba.

– Que, ¿A los mortales? Los dioses no pueden interferir en guerras. Crearlas es lo nuestro, acuérdate de la guerra de Troya…

Zeus interfirió – Si no recuerdo mal Atenea ayudo al mismísimo Aquiles en la batalla.

– Pero Atenea es una caso aparte. Siempre interfiere en la vida de los mortales. Pero yo soy el dios de la guerra y digo…

– Las cosas cambiaran Ares. Quieras o no me obedecerás. No podemos dejar que mi despiadado hermano destruya todo lo que nos costo tanto construir después de la batalla de los titanes. – Dijo Zeus

– Hades lo hace por venganza… los dioses comentan que Hades busca hacerse con algo importante, el nieto de Zeus.

Zeus levanto el rostro serio – ¿Como dijiste?

– Si Zeus. Eres abuelo. ¡Felicidades! – Dijo Ares con una burla.

– ¿Nieto?

– Oh… no me digas que el poderoso Zeus, dios del universo, no sabía que su único hijo va a tener un heredero con esa mortal.

– No entrare en otra vez en esa discusión Ares, ya sabes mi opinión. Si mi hijo decidió irse con esa mujer es su elección. Su corazón decidió por el y me enorgullezco de ello.

– Ya… que padre no querría ver a su hijo feliz… y, sobretodo, mortal…

En ese momento entro Era en la estancia.

– ¡Me encantan estas reuniones..! ¿Sigues con tus discusiones hacia los mortales Ares?

– Oh. Un placer veros. Una noche hermosa, ¿no? – Dijo Ares haciendo una reverencia exagerada.

– Déjate de esos royo conmigo Ares. Guárdalos para Afrodita, seguro que le encantan.

Ares miro seriamente a Hera – No se de que me estas hablando.

Hera no contesto, pero lo miro con una media sonrisa.

– Me enterado de que estabais hablando de Hércules. ¿Alguna novedad?

– Nada de nada querida. Excepto el hecho de que vamos a ser abuelos. – Dijo Zeus.

– Si, si... ya me había enterado. Por eso he encargado que busquen a Meg y se aseguren que ella y la criatura están a salvo.

– ¿Ya lo sabías? ¿Y donde están? – Pregunto Zeus anonadado.

– Se encuentran en unas montañas de Asia. Están escondidos con su amiga Casandra.

– ¿Para que querrá esconderse? - Pregunto Ares

– Hades busca al niño. Me han informado que Hades planea algo vinculado con nuestro nieto nonato.– dijo Hera

– Bien, mañana convocare un cónclave de dioses. Ares ves informando y Hermes tu también.

Ares y Hermes dejaron la sala, dejando a Zeus y Hera solos.

– Querida, estoy preocupado. No localizo a Hércules. Y tampoco entiendo que no me haya dicho de que voy a ser abuelo…

Hera agarro el rostro de su marido.

– No creo que Hércules no quisiera contárnoslo. Estoy segura de ello. Ahora solo tenemos que proteger a esa criatura. Tengo un mal presentimiento, si Hades rapta ese niño podría suponer será el fin de nuestro mundo y de los mismos dioses.

– ¿Crees que el destino esta en las manos de un niño no nacido aun?

– Sí, eso creo. Tiene la llave de la destrucción... o la salvación.

– ¿Que tienes en mente? – Pregunto Zeus

– Cuando nazca me lo llevaré a un sitio seguro, lejos de los mortales y las manos de Hades.

– Pero... ¿y Megara? Una madre no dejara que le separes de su hijo recién nacido.

– Tendrá que entenderlo. Si quiere que si hijo viva... Se lo que es perder un hijo y el sufrimiento que conlleva... pero es necesario...

– Será complicado lo que estas diciendo, si se entera de lo que pretendes...

– No tienes que preocuparte, no se enterara hasta el último momento y entonces no quedara otra solución... o morirán...

En otro lugar...

En las penumbras de un bosque habían unos cuantos jinetes rodeando un gran fuego. Estaban sentados abrigados con gruesas capas de piel para combatir el frío de la mañana.

– Sargento, no encontramos rastro de ella en las cercanías. Nadie ha visto pasar a una chica con esa descripción. Es como si la tierra se las hubiera tragado... – Dijo un soldado.

– No nos iremos hasta encontrara a la chica. Tenemos ordenes del mismo Cesar... – Dijo el sargento

– Pero señor. ¿Y si no la encontramos? ¿Para que quiere Cesar a una mujer embarazada?

El sargento se levanto de golpe cogiendo al soldado que había hablado.

– Escúchame bien. Tenemos ordenes. Si no encuentras a esa chica me encargare yo mismo de que te tiren a la fosa de los leones. Cesar la necesita esa mujer, según él puede llevar a la perdición de la mismísima Roma.. ¿Entiendes SOLDADO?

– Si.. señor…

– Ahora, coge un grupo de hombres e id hacia las montañas. Preguntad a todos... haced lo que haga falta... Y no traigas tu culos aquí hasta no haberla encontrado.

–Si, señor….

El hombre hizo una seña a un grupo de soldados, que subieron a sus caballos y marcharon montaña arriba…

Un capitulo mas. Este es mas corto pero pronto actualizare el siguiente ;P a disfrutarlo