Neji no contestó a la pregunta, en parte porque no sabía la respuesta, y la que se imaginaba apuntaba en todas direcciones hacia Hinata; aunque esperaba que su intuición fallara.
Aunque sabía que eso no era posible, sobre todo tratándose de su protegida.
Sakura caminaba dando grandes zancadas; hacía apenas unos minutos había salido de la habitación donde ella y los demás habían descubierto el origen de sus padecimientos.
Lo primero que hizo fue ir hacia donde estaba Hinata, puesto que era ella quien estaba preparando los alimentos; le alivió el ver que ella se encontraba con Neji y que ambos parecían ya haber llegado a la misma conclusión sobre la comida.
Lo segundo fue ir a ver a Sasuke, la parte más difícil para ella en esos momentos. Cada vez que lo recordaba inminentemente venía acompañado de su última...situación con él, ¿cómo reaccionar? ¿Qué le iba a decir? Más importante aún... ¿qué le iría a decir él?
La chica zarandeó su cabeza tratando de despejarse, un fuerte dolor vino acompañado de esta acción haciendo que se irritara mientras sentía palpitar sus sienes, ya no estaba segura de si sentía así por la comida o por tantas situaciones vividas en tan poco tiempo.
Posiblemente, era una mezcla de ambas.
Hinata y Neji subieron a ver al enfermo momentáneo. Éste estaba totalmente despierto pero sin salir de la cama. Sus ojos parecían perdidos en alguna parte de la habitación, y de no ser porque sus cejas estaban enarcadas peligrosamente, podrían jurar que estaba en un estado de total abstracción.
Neji carraspeó tratando de llamar su atención, lo cual consiguió, pero por la expresión que Sasuke le dirigió no supo si hubiera sido mejor quedarse callado.
- ¿Qué demonios sucedió? – preguntó el Uchiha con voz ronca
Es lo mismo que quisiéramos saber nosotros. –respondió el mayor sin dejarse amedrentar- Haruno te trajo aquí en un estado...lamentable.
Sasuke bufó, si Neji quería hacerlo enojar, no podría haberlo hecho mejor.
- Uchiha-san... –dijo Hinata con evidente vacilación en su voz.- ¿Cómo te sientes?
La pregunta tomó desprevenido a ambos chicos, considerando la tensión que se había formado, no hubieran esperado –siquiera- una participación de la joven.
Neji temió por la contestación que le fuera a dar Sasuke, sabía que en ese momento Hinata se sentía bastante intimada por el moreno y admiraba la valentía que había tenido al preguntar. Si el chico le respondía de una mala manera, él mismo se encargaría de que Sasuke tuviera una excelente razón por la cual sentirse mal.
En lo que imaginaba rápidamente las distintas maneras en que podría hacerle sufrir si lastimaba a su prima con alguno de sus comentarios, se sorprendió al ver que el chico le respondía, de mala gana, pero sin sonar brusco.
- Me he sentido mejor.
- ¿Recuerdas algo antes de que te desmayaras? –preguntó Neji aprovechando que Sasuke se veía más tranquilo.
El chico lo miró de mala manera, aún estaba molesto con él, sólo que no estaba de humor como para buscarse más problemas de los que su intuición le decía que ya tenía.
Sólo recuerdo estar hablando con Sakura, me parece que estábamos discutiendo, pero no recuerdo exactamente el por qué –respondió al fin.
- ¿En dónde estaban?
Sasuke se preparó para responder con rapidez, quería salir de ese interrogatorio para ir a buscar a su compañera de equipo y reclamarle, porque esa era la palabra correcta, algunas explicaciones. Su mente era todo un remolino de imágenes confusas y borrosas y sentía un martilleo incesante en el pecho como si estuviera ansioso por algo, pero, ¿qué era ese algo?
- Estábamos en...en...-el chico entrecerró los ojos tratando de recordar, pero lo único que iba a su mente era la imagen de Sakura pegada a la pared mientras él la rodeaba con sus brazos impidiéndole escapar; por supuesto, no iba a dar ese detalle, ni siquiera él recordaba cómo habían llegado a esa situación.
Neji lo observó con interés, suponía que la condición del Uchiha debía lo suficientemente grave como para ni siquiera recordar el lugar donde había estado, pero no podía dejar de llamarle la atención su falta de memoria, no era algo normal.
- A menos... –pensó con seriedad- que haya estado en un lugar que no había conocido hasta ese momento.
Ten-ten deseaba fervientemente que alguien llegara a interrumpir en ese mismo instante la situación incómoda que se había buscado. El chico por su parte la veía fijamente.
- ¿Y bien? –preguntó él al ver que su amiga no respondía. - ¿Qué tipo?
- N-no creo que me haya expresado bien – esa simple frase había sido el resultado de que pusiera a trabajar su cerebro a velocidades extremas tratando de formular algo coherente.
- ¿Entonces cómo querías expresarte? – Su voz denotaba sospecha - ¿A qué...o a quién te referías?
- Me refería...me refería a alguien por supuesto –respondió tratando de sonar lo más indiferente posible – Me refería a... piensa, piensa... ¡piensa como nunca has pensado! – pensó Ten-ten mientras hacía figuras invisibles en el piso con su manos.
- ¿A...?
- A Neji –soltó tan rápido que hasta ella misma le sorprendió, posiblemente ni siquiera había pensado algo antes de que su boca formulara aquellas palabras.
- ¿A Neji?
Ten-ten volteó a ver a su amigo, éste lucía visiblemente contrariado, y luego, cómo si hubiera destapado una botella llena de gas, las palabras salieron de su boca a una velocidad extrema.
- ¡Por supuesto que a Neji! Estoy bastante resentida con él, es decir, después de todo, él siempre parece tener esa aura de saber algo que todos los demás no, ¿no es molesto? Si sabe algo, sería bueno que lo compartiera con nosotros; además, me molesta taaaanto que no acepte sus sentimientos, si fuera más honesto con él mismo, se ahorraría muchos malentendidos, ¿no lo crees? No sólo hace que me preocupe, también hace que me moleste su falta de sentido común en este tipo de situaciones...
La chica tomó aire para seguir hablando, las palabras salían tan atropelladamente de su boca que se preguntaba si Lee había entendido siquiera un cuarto de lo que estaba diciendo, sin considerar que estaba planteando dos ideas completamente distintas entre sí. Tendría que disculparse después con el Hyuga.
- ¿Y por eso le llamaste sujeto? –preguntó Lee cuando Ten-ten estaba a punto de seguir con su recital.
- Pues...estoy tan molesta con él que no puedo decir su nombre sin enojarme instantáneamente –cada vez estaba más maravillada de su capacidad de improvisar sus palabras, aunque esperaba que éstas tuvieran algún sentido, porque en lo que respectaba a ella, aún no terminaba de asimilarlas.
- ¡Ya veo! – respondió el joven mientras ponía su manos sobre el mentón afirmando con la cabeza- Lo que dices tiene sentido...pero, creo mi querida amiga, que lo mejor será que hables de esto con Neji; los resentimientos sólo hacen que la llama de tu juventud se opaque, y déjame decirte, que tu llama ¡es especialmente ardiente!
A cada palabra Lee se acercaba más emocionado a Ten-ten que sólo retrocedía mientras una sonrisa de no entender nada se asomaba en sus labios. Le sorprendía como la conversación había llegado a ese punto, pero le sorprendía más que Lee le hubiera entendido y creído.
- ¿No lo crees? –finalizó el chico dejando a Ten-ten completamente pegada a la pared opuesta a donde había estado recargada apenas unos minutos antes.
- Ah...si –consiguió balbucear mientras su rostro adquiría una tonalidad rojiza al reparar en la cercanía de su amigo, aunque éste no parecía darse cuenta.
Cuando Lee se calmó un poco y se alejó de ella, la joven sólo atinó a soltar un pequeño suspiro de alivio, aún le costaba creer como había salido de aquella situación, sin considerar que tenía cierto remordimiento de haberle mentido a su amigo...su mejor amigo; hacía unos cuantos meses ella misma se había propuesto a que la única cosa que le iba a ocultar al "cejotas" eran sus sentimientos, y ahora le había mentido deliberadamente aún sin saber bien la razón, después de todo, no había nada de malo en contarle a Lee sobre Sioel, hubiera sido de mucha ayuda el que los dos pensaran que podría proponerse ese tipo.
Lo mismo parecía preguntarse el chico de ojos rojos que en toda esa conversación había tenido el corazón a punto de saltarle del pecho; no sabía si maldecir o bendecir el momento en que había ido a parar a donde estaban los dos amigos, pero a cada palabra que decían, sentía gruesas gotas de sudor que le recorrían el rostro.
Se sobresaltó al ver como Ten-ten se incorporaba y le decía a Lee que fueran con los demás, el rostro de la chica se veía contrariado, pero fuera como fuera, él sabía que no iba a decir nada más, al menos nada sobre él, era un extraño presentimiento que tenía de vez en vez y que siempre resultaba correcto.
Cuando perdió de vista a los dos jóvenes dejó caer su cuerpo fuera del biombo que lo había protegido de ser visto y dejó escapar un sonoro suspiro de alivio mientras sentía todo su cuerpo relajarse.
- Esos chicos me acaban de quitar diez años de vida – susurró visiblemente cansado.
Podía pasar desapercibido aún si todos supieran de su presencia, tal como lo había hecho con Ten-ten y Lee que ni siquiera habían reparado en que él estaba en la misma habitación prácticamente frente a ellos, pero eso no evitaría que tuviera que extremar precauciones –es decir, no más encuentros clandestinos con los dulces de la cocina- y lo más importante: sus oportunidades de hablar con Sakura se reducirían de pocas, a nulas.
Su expresión se tornó seria al recordar a la joven de cabello rosa; aún seguían retumbándole en los oídos las palabras que le había dicho antes de que ésta se fuera; tendría que disculparse, de eso no había duda, pero no sabía el cómo hacerlo sin ser cortado por la chica o golpeado por la misma.
Decidió dejar esos pensamientos para cuando estuviera frente a ella, la cual era la razón por la que había salido de su escondite; deseaba fervientemente que esos chicos se fueran de una vez, así él también podría irse antes de que ellos llegaran.
Había una razón especial por la que él estaba ahí: una promesa, la cual ahora dudaba fuera capaz de cumplirla si Sakura no aparecía para escuchar el resto de su historia; podía irse y dejar a esos chicos a su suerte, suponía que eran lo suficientemente fuertes para librarse de cualquier problema que se pudiera presentar...o al menos eso quería pensar él. Pero irse significaba de una u otra manera huir, y él no huía, y menos cuando indirectamente estaba al cuidado de esos chicos.
Neji ahora dudaba de si había sido una buena idea hacerle aquel interrogatorio a Sasuke. Después de darse cuenta de que no recordaba donde había estado antes de caer inconsciente, había demandado ver inmediatamente a Sakura, por lo que su prima había ido a buscarla.
Cuando el Hyuga había hablado con la chica peli-rosa había notado cierta inquietud y suponía -acertadamente- que era debido a su compañero de equipo, pero había preferido no hacer comentario al respecto, en parte porque no era asunto suyo y en otra porque no le interesaba.
- El que te muevas como energúmeno no hará que Haruno venga más rápido. –Decidió decir al fin al ver a Sasuke moverse de un lado a otro.- Además, aún no te has recuperado del todo, así que si quieres hablar con ella en tus cinco sentidos haz el favor de recostarte.
Sasuke hizo un intento de fulminarlo con la mirada, pero al fruncir el ceño una oleada de dolor invadió su cabeza obligándolo a volver a la cama a regañadientes.
- La comida ha estado envenenada todo este tiempo.
No es que quisiera hacer plática, pero Sasuke tenía que enterarse de cualquier manera. El moreno lo miro con expectación esperando que agregara algo, al ver que ninguna palabra más salía, soltó un suave suspiro.
- Era obvio si pensamos un poco la situación en que se encontraron esos alimentos.
Ahora fue el turno de Neji de suspirar.
- Tan obvio que nadie se dio cuenta hasta este momento.
- Bueno, por tu parte había cosas más importantes en las que pensar, ¿no? –soltó mordazmente haciendo que Neji pusiera una cara de fastidio.
- En todo caso, tú también tenías mucho de que preocuparte, ¿cierto? – contra-atacó el mayor con una sonrisa burlona.
Definitivamente esos dos no podían estar juntos sin atacarse verbalmente.
Sakura había decidido -por su propia salud mental- no ir en ese momento con Sasuke, el sólo pensar en él hacía que su cara hiciera competencia con el color de un tomate y sabía de antemano que articular palabras coherentes frente a él sería tan difícil como tratar de controlar las tonalidades de rojo de su cara que nunca creyó ver en una persona.
Tratando de no pensar más en su compañero de equipo, decidió cambiar sus pensamientos hacia otra dirección, pero lo inmediato que reprodujo su mente fue el último encuentro que tuvo con Sioel.
Una enorme venita se remarcó en su rostro haciendo que olvidara completamente, al menos por un momento, a Sasuke.
Volteó hacia varios lados hasta cerciorarse que estaba completamente sola, una vez que confirmó que así era, se dedicó con placer a soltar toda clase de improperios contra el joven. Estaba molesta, si, pero más aún estaba dolida; bien, había captado casi desde el principio que él no se encontraba del humor pasivo de siempre, y sabía que tal vez había estado algo molesta presionándole tanto; pero tampoco era como para que él le soltara el insulto más largo que ella había recibido.
Pese a eso, había cierta inquietud que le había provocado ver la cara de Sioel cuando había soltado todo aquello, sus ojos y su expresión en sí le habían resultado particularmente difíciles de describir, no reflejaban molestia en realidad, pero tampoco tristeza, es más...
"No reflejaban nada" –pensó sobresaltada- Idiota –dijo disgustada al tiempo que se sentía un poco más relajada por soltar todo aquello que tenía reprimido contra el chico.
Sioel relajó su cuerpo mientras suspiraba resignado. Había escuchado toda la perorata de la chica desde un principio, tragándose cada insulto como parte del castigo, los improperios no le habían afectado ni una octava parte de lo que su comentario había lastimado a la chica, así que dejo que ésta se desahogara todo lo que quisiera antes de que él apareciera frente a ella.
Cuando Sakura decidió que había sacado todo lo que tenía contra el joven, se quedó en un silencio cómodo evocando recuerdos más placenteros, no sin antes prometerse golpear al chico si llegaba a verlo nuevamente, cosa que creía dudosa teniendo en cuenta los términos con los que se habían separado y que no faltaba mucho para que ellos abandonaran la pensión.
El pensar que podría no volver a verlo la llenó de una extraña desilusión, no es que conociera a Sioel lo que se diga mucho... en realidad, de él sabía prácticamente nada, pero no le había parecido tan mala persona...es decir, la había animado, a su manera, pero animado al fin; le había permitido comer de sus dulces favoritos a pesar de que minutos atrás le había comentado que no tenía pensado compartirlos nunca con nadie, y hasta le había dicho un chiste cuando un repentino ataque de depresión agobió a la chica, un chiste realmente malo, tan malo que ella no tuvo más opción de reírse a lágrima viva al ver el pobre intento del hombre por animarla.
Una pequeña sonrisa adorno su rostro al recordar esos momentos, no habían sido muchos, pero lamentablemente habían sido los suficientes para que se encariñara un poco con el joven.
- ¿Ya terminaste?
- ¿De qué? –preguntó extrañada
- De soltar toda clase de insultos contra mí.
- Ah...si, desde hace rato.
Sakura dio un respingo cuando reparo en la conversación que había tenido hacía apenas unos segundos y cuando vio a Sioel aparecer –literalmente- frente a ella.
- ¿D-de dónde saliste?
- Estaba frente a ti desde hace como dos minutos, pero estabas tan ensimismada que ni siquiera lo notaste.
El chico le dirigió una sonrisa burlona.
- Si sigues distrayéndote de esa manera terminaras por chocar contra algo de manera muy humillante, ¿lo sabías?
- Cállate –ordenó Sakura mirándolo con una expresión seria aunque podía advertirse que estaba algo divertida.
Sioel cambió su sonrisa burlona a una más sincera, una que denotaba una disculpa.
- ¿Escuchaste todo lo que dije contra ti?
- Cada palabra.
- ¿Te dolió?
- Lo suficiente para que te quedes satisfecha.
No conforme con la respuesta, Sakura dirigió un fuerte golpe al antebrazo del chico.
- ¿Y ahora? –preguntó mientras sacudía su mano esperando que a él le hubiera dolido más que a ella.
- Más de lo que imaginas –respondió él sonriendo, aunque más parecía una mueca de dolor.
- Bien.
Ambos se quedaron en silencio, con esa breve plática todo el resentimiento y remordimiento guardado el uno para el otro había desaparecido.
De no ser porque la situación demandaba que se diera prisa, a Sioel le hubiera gustado invitar a Sakura a comer dulces y beber té con él.
- ¿Lista para escuchar la historia de esta pensión?
- No lo sé, ¿será interesante de escuchar? –contestó la chica con fingido desinterés.
- No tienes idea de cuanto.
Hinata llevaba ya mucho tiempo buscando a Sakura y ésta no daba muestras claras de aparecer.
Le ponía nerviosa el estado en el que se encontraría Sasuke al ver que no regresaba con su compañera, pero no podía hacer nada si ésta no aparecía.
Su corazón dio un vuelco cuando le cruzó un fugaz pensamiento de que algo le había pasado, pero se obligó a olvidarlo si no quería caer en la histeria. Además, cabía la posibilidad de que en su ausencia la joven hubiera ido por si misma al cuarto a ver cómo seguía Sasuke.
La chica suspiró aliviada ante la idea, después de todo, ya llevaba largo rato buscando a la chica y tal vez, en algún punto, se habían cruzado sin siquiera reparar en la presencia de la otra.
Con una sonrisa y un deseo ferviente de que fuera cierto lo que pensaba, giró sobre sus talones para regresar a la habitación donde se encontraban los chicos. Ahora sólo deseaba que la situación entre Neji y Sasuke no estuviera muy tensa cuando ella llegara.
No era así.
Sasuke miraba con aburrimiento las cortinas que dejaban ver parte de los ventanales.
Neji se encontraba recargado en el marco de la puerta mirando con aparente interés la madera del suelo.
Hacía apenas unos minutos había terminado una intensa lucha verbal y visual entre ellos con el resultado claro de un empate.
Había algo desesperante y casi insoportable en la manera de ser de Sasuke Uchiha que exasperaba pero al mismo tiempo se identificaba Neji, era extraña la sensación desagrado-empatía que sentía hacia el chico de ojos negros.
Sasuke pasaba exactamente por lo mismo, pero un poco más receptivo, había captado que Neji, a su manera, era tan parecido a él –o él a Neji- que le resultaba insoportable ver en muchas ocasiones el reflejo de sus acciones. Dios, que hasta había ocasiones en que se había sorprendido pensando lo mismo que en ese momento Neji decía, o llegando a las mismas conclusiones que él...eran tan similares pero a la vez tan distintos que no sabía si gritar o echarse a reír ante tal ironía.
"Al menos yo no tengo una telaraña de inseguridades por estar enamorado de una prima con complejo de inferioridad." –Se consoló, o al menos eso trató de hacer mientras sentía que el dolor de su cabeza iba disminuyendo.
No, no tenía una prima por la cual preocuparse, pero si que tenía a una chica de cabellos rosas que suficiente incertidumbre le provocaba, principalmente porque el sólo pensar en ella hacía que una oleada de ansiedad lo recorriera y un martilleo molesto se sintiera en la zona de su pecho; estaba seguro de que nunca había tenido ese tipo de reacciones y menos a respuesta de evocar el nombre de la chica, así que fuera lo que fuera, rogaba que se debiera a que no estaba completamente en sus sentidos y que esas sensaciones desaparecerían en cuanto se recuperara por completo.
Muy dentro de él, no tan profundo como hubiera querido, sabía que su malestar no era debido precisamente a la enfermedad.
Sakura sentía sus manos frías por el sudor de la excitación que le provocaba saber que en cuestión de minutos sabría la historia de esa pensión, de Sioel, y aprovechando, de un pasado de los Hyuga que posiblemente ni siquiera los principales involucrados supieran.
Sioel se puso cómodo en un rincón de la biblioteca en donde había hablado anteriormente con la chica; por suerte, tenía unos dulces de reserva, así que podía fingir comer uno en caso de que no supiera como continuar su relato, o como excusa para quedarse unos momentos en silencio tratando de sopesar mejor sus palabras, después de todo, la historia que estaba a punto de contarle a Sakura no la sabía nadie más, al menos no por boca de él.
Mientras tanto, la chica lo miraba discretamente tratando de apaciguar su emoción. Por lo que veía, el chico no se veía muy cómodo, y no quería que el ambiente tenso volviera a reinar; así que optó por guardar un paciente silencio esperando que Sioel mismo se animara a empezar.
Este gesto no pasó desapercibido para el mayor, quien le agradeció internamente y la felicitó mentalmente porque parecía que había madurado bastante.
- Bien... –comenzó un poco vacilante, pero enseguida recupero la firmeza en su voz- Me parece que lo último que te comenté fue que el clan Taiyo, o al menos la cabeza de la familia, decidió cortar lazos con el clan Hyuga.
- Así es.
Sakura se tragó las ganas de decirle que deseaba saber, en ese instante, de preferencia, el rol que él desempeñaba, así como esa pensión. Sioel alzó una ceja en una mueca divertida adivinando el pensamiento de la chica.
- Supongo que quieres saber qué tengo que ver yo en todo esto y qué lugar ocupa esta casa también.
Sakura se irguió más, si es que era posible, afirmando enérgicamente.
- Pues aún no te lo diré –dijo saboreando la desilusión que ahora se asomaba en el rostro de la chica- primero, te contaré un poco sobre lo que pasó después de esa fuerte discusión entre los jefes de los dos clanes.
Sioel formó una sonrisa que Sakura no supo describir si era melancólica o frustrada, en cualquiera de los dos casos, decidió no decir nada esperando a que Sioel continuara.
- Cuando Taiyo Satoshi regresó de su visita a Hiashi Hyuga, es de suponerse que estaba hecho una furia, ¿no?
o-O-o-O-o-O-o-O-o
Los miembros del clan Taiyo consideraron prudente dejar que la cabeza de su familia desahogara su furia en completa soledad, sobretodo por seguridad de todos, Satoshi Taiyo no se consideraba por ser alguien que pensara con la cabeza fría antes de actuar.
Nadie se atrevió a formular siquiera una palabra, era más que obvio suponer que la negociación no había tenido la respuesta esperada, lo que, aún sin mediar palabra, provocó la ira de unos y el alivio de otros.
Así como el clan Hyuga, el clan Taiyo se dividía en dos ramas, con la diferencia de que una no era inferior a la otra, eran complementarias. Se basaban en los preceptos del yin y el yang y de esa manera encontraban un equilibrio perfecto. Hasta hacía una generación el clan Taiyo era escogido entre todos los clanes como un mediador, un punto neutro, un clan respetado por la imparcialidad y respeto que mostraban tanto dentro como fuera de la familia.
Todo eso desapareció cuando Satoshi adquirió el poder de ser la cabeza de la familia, no es que fuera malo, al menos no al principio, pero las ideas que demostraba tener incluso antes de llegar a ser el jefe del clan llegaban a ser bastante radicales e incluso intolerantes a las reglas que había dirigido por siglos a la familia Taiyo.
Sin embargo, el entusiasmo que había demostrado Satoshi al proponer sus ideas era tal, que una gran parte de la familia demostraron estar de acuerdo en realizar los cambios que él prometía darían un renombre al clan, el cual dejaría de ser "un punto muerto" entre los otros clanes.
La otra mitad no estaba tan de acuerdo, especialmente por las medidas que se adoptarían para llegar a la meta; no entendían como Satoshi ignoraba la posición sumamente privilegiada en la que estaban, puesto que contaban con la confianza de cada clan existente en Konoha.
Después de meditarlo, los más viejos y sabios de la familia Taiyo decidieron hacer caso a las ideas del nuevo líder, dejando como única condición que verían con escrutinio la evolución de las cosas, y que si determinaban que no mejoraba la situación, se regresaría inmediatamente al modelo anterior por el cual se habían regido tantos años.
Satoshi estuvo de acuerdo argumentando que eso no iba a suceder.
En efecto, no sucedió.
Sakura escuchaba con atención cada palabra, no era precisamente lo que esperaba escuchar, pero saber de un clan extinto no dejaba de causarle interés.
- Pero... –soltó aunque inmediatamente se arrepintió al pensar que podría haber cortado la inspiración del chico.
- ¿Uhm?
Como no parecía molesto con la interrupción, Sakura decidió continuar.
- Si el clan Taiyo era tan respetado por todos los otros clanes, ¿por qué no se sabe de él más que ya no existe?
- Porque se decidió por unanimidad que no se daría a conocer la historia de la razón de su desaparición.
- Pero, ¿por qué?
- Para proteger al clan Hyuga.
- ¡Eso no es justo! –exclamó la chica.
- Si me dejas terminar de contarte le encontrarás más sentido a las cosas.
Sakura asintió de mala gana.
- Un último comentario antes de proseguir...-Sioel parecía estar buscando las palabras correctas- Si bien el clan Hyuga fue el encargado de exterminar al clan Taiyo, no fueron ellos –solos- quienes decidieron tomar tal medida.
- ¿Entonces? –preguntó extrañada.
- Fue la decisión final que tomaron todos los clanes de Konoha, incluyendo al Hokage.
Sakura casi se va para atrás al escucharlo.
- Te lo explicaré con más detalle después.
Sioel agarró un dulce y se dedicó a comerlo mientras la chica esperaba, ¿qué más podía hacer?
A decir verdad, contarle la historia no le era nada cómodo, porque contarla implicaba recordarla y recordarla implicaba evocar recuerdos que él hubiera preferido olvidar.
- Una de las nuevas reglas que se impuso en la familia, fue que una parte del clan estuviera subordinado al otro, tal como el bouke y el souke; él argumentaba que esto era necesario si se quería mantener un orden. Por supuesto, muchos se negaron rotundamente a acatr esta nueva disposición.
o-O-o-O-o-O-o-O-o
Antes de proponer una idea, Taiyo contemplaba las distintas reacciones que ésta desencadenaría, y basándose en ellas tomaba las medidas necesarias para irse despejando el camino.
El primer cambio que experimentó la familia, fue el retiro del consejo de ancianos.
"No podemos seguir siempre dependiendo de ellos, pueden ser los más sabios, pero muchas de sus ideas siguen basadas en el pasado, si queremos prosperar como clan y mantenernos en una posición respetada en el futuro necesitamos una mentalidad más abierta al cambio, necesitamos ideas de personas jóvenes con visión que puedan actuar basándose en los cambios que se están experimentados y no en viejas ideas."
Al parecer la explicación había bastado para convencer a muchos de aceptar la decisión, los afectados sólo habían negado con la cabeza en señal de resignación pero no habían replicado.
Las personas que ocuparon el lugar de los ancianos compartían los mismos ideales de Taiyo, así que cualquier idea que propusiera era aceptada sin muchos miramientos.
Cuando se propuso la idea de la subordinación de una parte de la familia a la otra, muchas personas, que hasta ese momento se habían mantenido al margen, se negaron indignadas a permitir que eso ocurriera.
La idea por sí sola causaba revuelo, pero era más la conmoción al saber que parte de la familia sería regida por la otra, sobretodo porque la hermana del líder, que también resultaba ser su reciente esposa, pertenecía a la parte que él proponía fuera la subordinada.
Kohana Taiyo era la hermana menor y esposa de Satoshi Taiyo; se caracterizaba por ser una persona tranquila, amable y reservada que se ganaba el afecto y confianza de los demás; por estas cualidades habían decidido que se desposara con su hermano, sus personalidades eran tan contrastantes que se complementaban a la perfección.
Satoshi pertenecía al "yang" de la familia, mientras Kohana formaba parte del "yin". La idea de que su misma esposa tuviera que ser también la protectora y sirviente de Satoshi desagradaba bastante a los demás miembros de ambas partes de la familia.
Taiyo quería a su hermana, la quería, no la amaba. Así que por más protestas que hubo, se implementó la regla, y la familia quedó dividida completamente, lo quisieran o no.
Sioel se rascó la cabeza, pensaba que se estaba saliendo un poco del tema, su intención no era contarle toda la historia de un clan extinto a Sakura, pero no sabía como llegar al punto de interés sin irse antes por las ramas.
- En resumen –suspiró- las ideas propuestas por Taiyo implicaban adquirir mayor poder ante los demás clanes aún si esto significaba meterse con ellos. Por ese entonces, su primer y único hijo había nacido y contaba con tres años, ese año nació también Hinata Hyuga y la idea de que su clan pudiera unirse a uno tan antiguo y respetado como era el clan Hyuga hizo mella en su cabeza.
Meditó un segundo sus palabras antes de continuar.
- Para ese entonces, contrario a lo que Satoshi había prometido, el clan había perdido todo respeto y hasta era considerado peligroso por todos los demás. Aunado a la fragmentación interna que se había dado y las constantes disputas entre la familia por seguir con el modelo actual o recuperar los antiguos preceptos que los habían regido.
o-O-o-O-o-O-o-O-o
Durante todo ese tiempo, Hiroshi Taiyo había crecido con las enseñanzas de su madre; cuando cumplió cuatro años vio por primera vez a su padre, (al menos él no recordaba haberlo visto antes) y sólo fue para que éste le dijera que estaba comprometido con Hinata Hyuga, lo cual no le causo mayor conmoción más que una singular curiosidad por saber que significaba estar comprometido. Poco después su padre había ido con él nuevamente para decirle, con una cara que no demostraba demasiada felicidad, que su compromiso estaba acabado.
Hacía unos meses, su madre había encontrado a un niño de unos siete años tirado a la sombra de un árbol que se encontraba frente a sus aposentos; lo había acogido y le había dado un nombre –Aoki-, y puesto que no le agradaba ver como su misma familia tuviera que servir a su pequeño hijo, le encomendó al nuevo integrante esa tarea, aunque con ligeras variantes.
- Hiroshi es mi hijo y acaba de cumplir cuatro años, es un poco tímido pero estoy segura de que se alegrará de conocerte...es un poco distraído, así que quiero pedirte un favor que no creo que nadie más pueda cumplir.
El pequeño de siete años se irguió mirando con atención a Kohana. Esa mujer le agradaba, era amable con él y hasta lo había adoptado, así que la idea de poder hacerle un favor como mínimo que fuera lo llenaba de orgullo.
Kohana sonrió ante la solemnidad que presentaba el niño al escucharla.
- Quisiera ver si puedes proteger...más bien diría, estar junto a Hiroshi; no hace amigos con facilidad así que casi siempre está solo.
Aoki afirmó con lentitud a la petición. Con sinceridad, no le emocionaba estar cuidando a un niño de cuatro años, porque a fin de cuentas, podía darse cuenta que esa era la intención de esa mujer.
A pesar de eso, bastaron tres horas junto a Hiroshi para que ambos se volvieran inseparables.
Kohana suponía que algo así iba a suceder, por lo que les dejó un libre acceso a todas las instalaciones que estaban destinadas para ella, las cuales incluían un enorme jardín y las típicas aguas termales que había en cada sección del clan. Ellos prefirieron pasarla casi siempre dentro de la casa, escogiendo como lugar favorito una habitación llena de ventanales que filtraba la luz del sol provocando un ambiente cálido y cómodo, si no estaban ahí, se la pasaban en la biblioteca, donde Kohana siempre les leía y contaba historias.
La situación de los Taiyo era cada vez más tensa, por no decir que sus relaciones exteriores estaban hechas un desastre. La familia estaba completamente deshecha y los que estaban en contra de Satoshi fueron desterrados, a excepción de Kohana quien, a pesar de que también declaró estar en contra de las decisiones de su esposo, fue obligada a quedarse junto a él.
Esto no era un motivo de aparente preocupación para el próximo heredero, quien jugaba con singular alegría con quien se había convertido en su mejor amigo.
Era increíble que, con una diferencia de tres años, ambos pudieran llevarse tan bien y tener intereses similares. Hiroshi ya tenía siete años y Aoki diez, ambos habían estado ajenos a la situación actual de su familia porque Kohana los apartaba de sus aposentos cada vez que veía venir una situación desagradable.
A ambos niños les encantaba estar la biblioteca, no era muy grande, pero tenía un montón de pasadizos secretos que llevaban a muchas salas de lectura y un almacén que estaba siempre lleno de comida (aunque era Kohana quien abastecía ese lugar para ellos). Esa vez, extrañamente, estaban en el jardín.
- Oye Aoki.
El aludido giró para ver a Hiroshi que estaba haciendo figuras en la tierra.
- Me preguntaba...-prosiguió al ver que su amigo le prestaba atención- por qué debería odiar a alguien que no conozco.
El pequeño de ojos carmín volteó a ver al mayor que lo miraba sorprendido.
- ¿Por qué lo dices?
- Padre ha estado platicando conmigo desde hace tiempo y siempre me menciona a una niña, pero dice que es mala y que me ha despreciado.
- ¿Una niña?
- Si, Hinata Hyuga, dice que su padre y ella son las personas más malas del mundo y que si alguna vez llego a cruzarme con ella debo despreciarlas así como ellas me despreciaron a mí.
Aoki ya sabía a quien se refería, Kohana le había contado la historia por si alguna vez Hiroshi sacaba el tema.
- ¿Por qué dice que te despreciaron?
- Porque son tontas y no saben lo que dijeron –recitó las palabras de su padre.
- ¿Y tú crees que sea cierto?
- No los conozco lo suficiente, creo que sólo los vi una vez, así que no me importa si es cierto o no; pero padre dice que debo odiarlos, a ellos y a toda su familia, incluyendo su primo, que creo también es su prometido... no me gusta odiar a la gente.
El castaño sonrió mientras miraba a su amigo hacer algo parecido a un puchero.
- No hagas lo que a ti no te gusta.
- ¿Sabes algo? –volvió a preguntar Hiroshi mientras un fino rubor se hacía presente en sus mejillas.
- ¿Qué cosa?
- Padre me contó algo muy malo, me dijo que no se lo dijera a nadie...menos a mamá, pero no quiero que haga lo que me dijo que iba a hacer.
Aoki lo miró atento, desde que le había dicho eso un sentimiento parecido a la inquietud se había apoderado de él.
- ¿Qué te dijo?
Hiroshi lo volteó a ver con inseguridad, no es que le gustara desobedecer, menos a su padre, pero creía poder discernir entre algo bueno y malo, y lo que su padre le había mencionado caía sin duda alguna en la categoría de malo.
- Me dijo que pensaba raptar a Hinata Hyuga y ahogarla en el río y después iba a asesinar personalmente a su padre...no quiero que eso les suceda, no es que la conozca, –dijo refiriéndose a Hinata- sólo la vi una vez cuando acompañé a mi madre a la aldea...pero no se veía mala persona, creo que sólo era muy tímida. Además, también vi a su prometido y parecía que se llevaban bien, se veían tan felices que no me gustaría que nada malo les pasara. –terminó disgustado mientras veía a su mejor amigo.
Por su parte, Aoki se debatía entre ir en ese mismo instante con Kohana a avisarle sobre lo sucedido o quedarse a reconfortar un poco a su amigo.
- ¿Te dijo cuándo planeaba hacerlo?
- La siguiente semana, creo que Hiashi-san saldrá de Konoha un tiempo, así que se quedará su hermano gemelo cuidando a Hinata Hyuga...
Ambos se quedaron callados.
- ¡Tengo una idea! –exclamó Hiroshi haciendo que Aoki se sobresaltara.
- ¿Cuál?
- Hiroshi, a ti no te conocen, tienes que ir con la familia Hyuga a decirles sobre los planes de mi padre; ellos no deben saber que eres de esta familia porque si no, probablemente creerán que les estás mintiendo, si te obligan a quedarte con ellos, quédate, independientemente del rumbo que tome todo esto, las cosas se tornarán muy feas.
Su amigo lo volteó a ver sorprendido, le costaba creer que todo eso se le ocurriera en cuestión de minutos.
- Pero tú te quedarás solo...
- Estaré bien, necesito que vayas, no es la única cosa que mi padre piensa hacer, y dice que en unos cuantos años yo tengo que ayudarle con todos sus planes, no quiero.
- Podemos decirle a tu madre, ella sabrá que hacer, no necesito ir yo y dejarte solo – su amigo estaba férreo a no querer alejarse de él.
- Mi madre está vigilada cuidadosamente por todos los de la familia, si hace un paso en falso le puede suceder algo malo y no quiero que termine en problemas por mi culpa.
A pesar de que fingía indiferencia e incluso ignorancia a la situación, Hiroshi estaba más que bien informado.
- Pero...
- No quiero excusas, Aoki. –fijó sus penetrantes ojos rojos sobre él- Vete ahora, nadie sospechará a donde vas...no quiero que regreses hasta que todo esto haya pasado, ¿de acuerdo?
- Volveré inmediatamente después de todo esto, ¿bien? –protestó con sus puños cerrados fuertemente, no sabía quien se estaba comportando como el mayor, si él o su pequeño amigo de apenas siete años.
Hiroshi le sonrió al tiempo que el otro se iba corriendo hacia su nuevo destino.
Sakura no se atrevía siquiera a articular alguna expresión, Sioel miraba fijamente un dulce mientras jugaba con su envoltura.
- Después pasó esto y aquello...el caso es que el clan desapareció, Hinata sigue viva así que habrás de suponer que el plan de Satoshi Taiyo no se logró cumplir y...
- ¿Esto y aquello? –preguntó la chica alterada- ¿Qué sucedió exactamente?
El chico se removió incómodamente en donde estaba sentado.
- Aoki sí fue con la familia Hyuga, demandó ver a Hiashi...por supuesto no le permitieron hablar con él, no era muy inteligente para un mocoso de diez años exigir ver a una persona tan respetada, pero después de decir que tenía información sobre una "conspiración" de la familia Taiyo contra ellos, los Hyuga se mostraron más receptivos a sus palabras. Kohana también parecía sospechar algo, así que por su parte pidió ayuda al Hokage a quien le comunicaba todos los cambios que sufría la familia por si llegaba a suceder algo que pondría en peligro a personas externas a ésta. Se convocó a una junta de emergencia entre los jefes de cada clan y se les comentó la situación, a la cual le agregaron la información que Aoki les había dado, la cual también sorprendió a Kohana.
- ¿Y a qué decisión llegaron?
- Me sorprende que lo preguntes; Kohana argumentó que su familia estaba ya tan contaminada que las palabras no surtirían efecto en los miembros del clan. Se decidió acabar con Satoshi, pero se consideró que los otros probablemente buscarían venganza, así que la resolución final, por muy dolorosa que fuera para la mujer que aún con todo lo pasado, seguía apreciando a sus familiares, fue exterminar al clan. Ya habían hecho bastante daño en el pasado, cosas que no pienso contarte, pero créeme que pusieron en peligro a la aldea varias veces...el clan Taiyo estaba corrompido por completo, no había salvación para nadie.
- Pero, ¿qué iba a pasar con Kohana y con Hiroshi?
Sioel la volteó a ver, la joven se sorprendió de ver una angustia visiblemente marcada en su rostro.
- El plan inicial era que ellos estuvieran ausentes el día en que la familia Hyuga, la cual fue la escogida para llevar a cabo ese exterminio, irrumpiera en los aposentos de los Taiyo. Todo eso se iba a llevar a cabo una noche antes de que Satoshi Taiyo llevara a cabo su plan de secuestrar a Hinata; Kohana ya estaba enterada que Aoki estaba a salvo, así que no había nadie más que le preocupara a excepción de su hijo.
Sakura temió preguntar qué había pasado después, una inquietud incómoda se hizo presente en su estómago.
- Pero...-parecía que a Sioel le faltaba el aire- cuando Kohana llegó a su casa, un miembro de la familia la acusó de tener conexiones con el clan Hyuga y fue acusada de traición. Fue asesinada al día siguiente en presencia de su esposo y de su hijo. Al no recibir noticias de ella el Hokage se alarmó, pero no podía apresurar las cosas, de por sí ya estaban bastante aceleradas. Cuando llegó el día indicado pasó todo lo que se tenía contemplado; antes de empezar el ataque, Hisashi Hyuga encontró el cuarto de Hiroshi y lo encerró en una habitación mencionándole a grandes rasgos lo que iba a pasar. Hiroshi sólo afirmó en silencio entendiendo la situación. En la madrugada del día siguiente, aparentemente, no había un solo miembro vivo del clan.
- Sioel...tú... –empezó la chica recordando la vaga descripción física que había hecho Sioel de los personajes- ¿tú eres Hiroshi?
Sioel sonrió con amargura.
- Que va, Hiroshi fue asesinado tres años después de los eventos que te acabo de referir.
Abrió los ojos sorprendida.
- ¿Aún no te has dado cuenta? –preguntó con una sonrisa forzada.- Pasadizos secretos, enorme jardín, aguas termales, ventanales...Sakura, estás en los que fueron los aposentos de Kohana Taiyo, estás en la misma habitación en donde Hiroshi y Aoki se la pasaban con ella, y en la misma habitación donde éste primero fue escondido mientras toda su familia era asesinada.
- ¿Y tú...?
- En su momento, fui el mejor amigo de Hiroshi...y también el responsable de su muerte.
Espero no les haya resultado muy tedioso de leer, como les mencioné en el capítulo anterior, aquí está la historia del clan, de la pensión y de Sioel. ¡Muchas gracias por sus reviews, fueron la fuente de inspiración de este capítulo... y también les agradezco infinitamente su paciencia! El siguiente capítulo estará entre el viernes y sábado próximos.
