CAPÍTULO 39
A pesar de no saber nada de Charlotte, Snape siguió con los planes de la boda que se realizaría en el castillo, insistiéndole a Dumbledore que ella sólo estaba confundida, pero que aparecería para convertirse en su esposa.
Había dormido poco durante la semana, sin abandonar la habitación de la chica más que para lo necesario. Constantemente miraba la fotografía que tenía en su poder, invocándola, pidiéndole que regresara, sin obtener respuesta.
La semana pasó rápidamente, entre la amargura y la nostalgia Snape estaba listo con la esperanza por delante. El día no podía ser mejor, sin amenaza de mal clima, una pequeña capilla improvisada en el invernadero con cientos de flores multicolores, un hechizo en el techo que transformaba los rayos del Sol en chispas doradas que formaban las iníciales 'S' y 'CH' entrelazadas. Pocos invitados, los más cercanos e indispensables: Albus Dumbledore, la profesora McGonagall, Hermione Granger, un sacerdote muy joven y el ayudante de esté. Estaban ansiosos, impacientes por la casi imposible aparición de Charlotte. Cuando Snape llegó se sorprendieron de verlo contento y con muy buen aspecto, su arreglo personal era impecable: un elegante esmoquin negro con mancuernas de platino, zapatos limpios, cabello bien peinado, un tanto brilloso y un delicado aroma a canela.
Pasaron algunos minutos, la espera aumentó el nerviosismo que se encontraba en los asistentes. Severus era paciente y optimista. Se percibieron pasos, alguien se acercaba.
-¡Es ella!- exclamó Snape a Dumbledore. Pero su asombro fue divisar la distinguida e inconfundible silueta de Lucius Malfoy, cubierto por una capa verde olivo que contrastaba con la rubia cabellera que caía por su espalda, acompañado de su infaltable varita que enfundada se hacía pasar por un cetro. Lo miraron como si ya supieran que les diría algo desagradable, esquivando los ojos observadores se enfocó en Snape.
-Veo que te esforzaste. Algo encantador para tu presupuesto, lástima que la novia no vendrá.
-¿Dónde esta Charlotte? ¡Dímelo!
-Ah, si, Charlotte. Deja que te lo diga de la forma menos dolorosa: vive conmigo, porque la traicionaste.
-No es verdad, me culpa de algo que no hice.
-Bueno ella no lo cree, por eso ha dormido conmigo desde hace seis días. Debo agradecerte que la ayudaras a perfeccionar sus besos, porque ahora los aplica conmigo, esos suaves labios, delicados… ¿tengo que ser más descriptivo?
-Por última vez ¿Dónde está?
-¿Por qué habría de decírtelo? ¿Para que la mates?...Así es, lo sé. Te darás cuenta de que ahora confía en mí. Grave error lo de los brazaletes ¿eh? -Se burló- Sin embargo, te has portado como un gran amigo regresándola a mis brazos.
Snape soltó un puñetazo directamente al rostro de Lucius que fue a dar a la parte inferior del ojo izquierdo, causándole un evidente moretón. La víctima no intentó defenderse. Recibió un golpe más que le cortó el labio, del cual resbaló un hilillo de sangre. Dumbledore no intervino, a pesar de su interés por arreglar cualquier situación, a través de la paz, consideró que Severus estaba en su derecho.
El rubio lo retó desde el suelo con voz potente:
-¡Anda! Sigue golpeándome que Charlotte se enterará, ¿crees que le agrade saber en qué te has convertido? ¿La violencia es la forma en que pretendes buscar su perdón?-. La táctica funcionó, porque pudo levantarse sin que su agresor lo impidiera. Sacudió su capa y se marchó dignamente, lanzando una sonrisa maliciosa, porque había cumplido su propósito.
Mientras Snape corría del invernadero a sus invitados para quedarse sólo y destruir con su varita lo que con mucha ilusión había esperado, Lucius regresaba enfadado a su nuevo hogar. Se encontró directamente con la chica que leía recostada en un sillón antiguo de terciopelo, del cual se incorporó al ver el estado físico de su acompañante.
-¡¿Qué te pasó?
-¿El nombre de Severus Snape te suena familiar?
-Es lo que te sacas por ir a buscarlo. Siéntate para que te cure- él obedeció.
-No, yo sólo fui para pedirle que no te esperara en vano.
-Que considerado. Lo que le hayas dichoso debió satisfacerle- Con un poco de poción inversa, ella pudo eliminar las evidencias de los golpes causados por Snape, aunque no el dolor. -Listo- no continuaron con el tema.
Él la abrazó como agradecimiento, pero Charlotte no correspondió de igual manera. Percatándose, Lucius le dijo:
-Estás aburrida ¿verdad?- la chica asintió- No me alegra dejarte encerrada, pero es lo más seguro por ahora, los demás mortífagos no saben de tu presencia, podrían hacerte daño.
-Yo les voy a ayudar, seré su aliada.
-Lo sé, pero hasta que lo lleves a cabo no te aceptaran y menos Bellatrix. Tienes que esperar algunos días.
-¿Y qué hago mientras tanto? Me siento desesperada.
-El cuarto es muy amplio, puedes practicar tus pociones que te harán falta, tejer, escribir…tan sólo dime lo que necesitas y yo te lo conseguiré.
-Para ti es fácil decirlo, pero te haré caso y una lista de ingredientes que necesitare. Puedes premiarme por ser tan paciente con un beso.
-Te conformas con tan poco. Después de todo lo que has sufrido.
-¿Qué tienes en mente?
-Pues aquí, los dos solitos con una cama… no precisamente dormir.
CAPÍTULO 40
A dos semanas de haber llegado al hogar de los mortífagos, Charlotte estaba acostumbrada a la soledad de la habitación que compartía con Lucius, enfrascada en la preparación de diversas pociones. No tenía contacto con nadie, por ese motivo le sorprendió que durante una mañana Lucius la llevara al jardín, donde improvisaron un picnic.
-Te presento el jardín trasero
-¿Hace cuánto que no lo podan?- las razones de la chica se encontraban bien fundamentadas, pues el jardín se encontraba en pésimas condiciones. Con enredaderas que envolvían los grandes ladrillos de la residencia hasta detenerse en los balcones, árboles de enormes ramas secas que le ofrecían un aspecto tétrico y oscuro, un césped amarillento, alto, en donde se hundían sus pisadas, flores lilas, moradas, azules e incluso negras a punto de marchitarse. Figuras de piedra en ruinas, regadas por todo el lugar, rindiéndole culto a la muerte.
-Lo ignoro, realmente eso no es importante, es sólo un refugio.
-Podría ser un lindo hogar.
-No, eso no va con nuestra personalidad. Se va a enfriar el almuerzo.
Disfrutaron de un ligero refrigerio. Pan francés, té frutal, algunas frutas exóticas. Románticos, jugueteando, dándose de comer en la boca, aprovechando cualquier momento para los besos y los abrazos. Charlotte se interesó en la intensa mirada que Lucius le arrojaba.
-¿A qué se debe esto? Toda la amabilidad.
-Quería hacer algo especial para ti.
-Hay algo más, no me mientas, porque te conozco- él rió, ya que lo había descubierto.
-Es verdad. En dos noches entraras en acción…me preocupas no quiero que te pase algo. No ahora que lo nuestro va por buen camino.
-No te preocupes, sé cuidarme, lo he pensado, lo he preparado ya. Primero enviaré la carta, hoy por la tarde.
-En ese caso te presentaré a los demás cuando regresen.
-Charlotte envió la carta. Un breve mensaje "Quiero arreglar todo. Viernes. Medianoche. Lago Negro". Estaba segura de que él iría. Había olvidado los remordimientos, no le importaba el daño que pudiera causar, deseaba complacer a Lucius, que tan pronto vio reunidos a sus compañeros les presentó a la chica. Los mortífagos fueron un tanto indiferentes, fríos, aunque no eran todos, sí los más importantes. Goyle, Crabbe, Amycus, Alecto, Fenrir, Colagusano, Crouch Jr., cuando estos empezaban a interesarse en la mujer que abrazaba por la cintura a Lucius, fueron interrumpidos por la aparición de Bellatrix Lestrange, una complicada aliada, cercana al Señor Tenebroso, temible si se lo proponía, de lo cual pudieron ser testigos cuando confrontó a su cuñado.
-¿Qué hace ÉSTA aquí?- le miró directo a los ojos.
-"Ésta" tiene su nombre y significa lo que estás viendo. Charlotte y yo estamos juntos.
-Narcisa es tu esposa, ¡No la vas a engañar!
-¿Es una orden?
-No Lucius, es tu deber como marido y como hombre.
-Mi deber ya lo he cumplido durante dieciséis años, no voy a seguir con ella, porque la voy a dañar. Aún es joven, puede rehacer su vida. No te preocupes no le faltará nada. Que se quedé con la mansión.
-Ella no necesita tus miserias… ¡Te odio Lucius! Y me encargaré de que Narcisa haga lo mismo. En cuanto a ti niña imbécil, ya nos deshicimos una vez de ti, no dudes que podemos (ella y su hermana) hacerlo de nuevo.- Después se dirigió a los demás:
-Si alguno, quien sea, le dirige la palabra a esa cualquiera, se las verá conmigo-. Absoluto silencio.
Charlotte también hizo una advertencia a Bella.
-Hagas lo que hagas no me afectará.
-Ya lo veremos, princesa.- Se retiró.
