Capitulo 25

"los personajes de Candy Candy no me pertenecen son propiedad de Kyoko Mizuky e Igarashi, ahora que si fueran míos, Terry, Albert, Anthony, Stear, Archie, serian solo para mi y no los comparto, (jojojojo así o mas aborazada) escribo esto sin fines de lucro, es solo entretenimiento y desvaríos de una mente desquiciada.

Londres, Inglaterra.

Su encuentro con la señora Elroy no había sido nada fácil, la anciana era dura y agresiva, le había costado demasiado mantener sus emociones bajo control, ya que cada vez que la anciana se negaba en rotundo a su petición, diciendo que no le daría un céntimo mas y que ya pagado lo que habían acordado por sus servicios, cada una de las negativas de la señora Elroy la ponía mas ansiosa y desesperada que creía que le seria mas fácil si la tomaba del cuello y la asfixiaba hasta que accediera a darle las dos mil libras que le pedía.

Por suerte las amenazas de revelar a sus sobrinos que había sido contratada por ella para que engañara a Candy, habían surtido efecto ya que después de discutir un poco mas había logrado que la señora Elroy accediera a su petición, no sin antes advertirle que seria lo último que recibiría de ella y si volvía a amenazarla con revelar su secreto, la haría arrepentirse hasta de haber nacido.

-lo conseguiste?

La voz chillona y burlona de Eliza la había sacado de sus recuerdos, sin ánimos de hablar con ella solo asintió con la cabeza para después volverse y dirigirse hacia la salida en compañía de aquella pelirroja que decía ser su amiga.

Una vez dentro del carruaje de los Leagan.

-y bien donde esta, Luisa?

Sin atreverse a mirarla directamente, por que bien sabia que no le gustaría nada la respuesta a su supuesta amiga, por lo que había preferido pasar por alto su pregunta mientras miraba distraídamente por la ventana como si hubiera algo extraordinario en la calle, como quisiera que el ruido de los cascos de los caballos fuera tan alto como para poder ahogar la voz chillona y demandante de Eliza.

-no te hagas la tonta Luisa, donde esta mi dinero?

Cerro los ojos un momentos para intentar ocultarse de esos ojos color ámbar que parecían ser los de una serpiente despiadada que estaba al acecho de su víctima esperando que esta se descuidara para lanzarse al ataque, y sabia por experiencia propia que Eliza era así, solo se había descuidado un poco pero eso había bastado para que descubriera su secreto.

Su vida se había colapsado unos años atrás cuando aun estaba en el colegio San Pablo, el cual había tenido que dejar cuando su padre se había quedado en la ruina, lo habían perdido todo salvo la casa en la que aun vivía con su madre en las afueras de la ciudad.

Después de caer en la ruina su padre se había hundido en el alcohol y en la desesperación de ver como los acreedores empezaban a formar cola en su puerta para llevarse cuanta cosa de valor habían en la casa, habían perdido las joyas de la familia, la vajilla de plata, cuadros antiguos y algunas cosas mas, después de eso su padre no resistió mas y se suicido en su propio despacho dándose un tiro en la cabeza.

Por si fuera poco su desgracia despues de la muerte de su padre, su madre había enloquecido ya fuera por la pena o la decepción, no sabía cuál pero la verdad no le interesaba saber, solo deseaba que nadie se enterara que su madre estaba loca, porque si ya era una mujer sin posición, sin futuro y con una reputación en entre dicho, lo cual ya era lo suficiente malo como para sumarle a la mezcla una madre loca y perturbada.

Hasta ahora se había encargado de mantener en su madre encerrada y alejada de todos, había despedido a todos los sirvientes, solo se había mantenido con ella su vieja nana, Tina, que aun sabiendo que estaban en la ruina se había quedado a lado de su madre, hasta hace unos días nadie sabia de su pequeño secreto.

Siempre había sido muy cuidadosa y precavida para que nadie se enterara, pero esa noche Eliza había irrumpido sin avisar en su casa, su madre que ya vivía en un estado de locura constante se había alterado aun mas al descubrir la presencia de alguien extraño en su casa, por lo que se había descubierto su secreto, creyendo ciegamente que como era su amiga, Eliza se compadecería de ella y guardaría su secreto pero grande fue su sorpresa cuando la había mirado con repulsión y burla para después sutilmente sugerirle las mismas palabras que le decía en estos momentos.

-seria una pena que se corriera el rumor del estado deplorable en el que se encuentra tu madre, no lo crees Luisa?

Y al igual que en aquel momento se le había hecho un nudo en la garganta y el estomago se le había revuelto de tan solo pensar que seria de ella si la gente se enteraba, si ya era poco lo que tenia, seguramente lo perdería todo, incluso hasta la esperanza o peor aun quedaría loca como su madre y seguramente se vería obligada a mendigar por las calles vistiendo harapos, sus únicas amigas serian las ratas, bueno su cambio de amistades no sufrirían mucho cambio.

Mientras ella se quedaba paralizada por el miedo que esa idea le generaba, Eliza satisfecha de ver el miedo en su ojos, no había perdido tiempo ya que seguía con su discurso, hablándole de las terribles cosas que la esperaban si llegaba a saberse su secreto, Eliza la miraba con una endemoniada sonrisa en sus labios, mientras ella trataba de contener el escalofrío que recorrió su cuerpo al toparse con esos ojos de serpiente, pero no ceso porque sabia que lo que diría a continuación no le agradaría a Eliza, quien no paraba de preguntar por su dinero por enésima vez.

-donde esta mi dinero, Luisa?

Después de resoplar para sus adentros contesto.

-lo tendré mañana en la mañana.

El disgusto de Eliza se hizo patente por la expresión crispada que tenía en el rostro, con los ojos entrecerrados su voz chillona penetro en los oídos del cochero.

-perdón, que dice señorita?

-que se detenga ahora mismo.

-pero estamos…

-pero nada, he dicho que se detenga.

-esta bien señorita.

Pese a los reparos del cochero, el carruaje se había detenido en media calle.

-lo siento Luisa querida pero acabo de recordar que debo ver a la modista así que no podré acercarte mas a tu casa.- le dijo Eliza con una sonrisa fingida a duras penas.

Sabiendo que Eliza había improvisado en el ultimo momento solo asintió con la cabeza, conocía el temperamento de Eliza y sabia que era mejor no provocarla a menos que uno estuviera en condición para luchar con ella y ella en estos momentos no lo estaba por lo que descendió del carruaje no sin antes escuchar la aguda voz de Eliza a sus espaldas.

-te veré mañana al medio día, querida.

Ni siquiera tuvo tiempo para volverse y responderle, cuando el carruaje ya se estaba alejando, resignada levanto la vista para ver en donde se encontraba para saber que dirección tomar para llegar a su casa.

A su alrededor había varios establecimientos de baja categoría, se encontraba un teatro de quinta y varias tabernas de mala muerte donde no solo se venían licor a los hombres de mas baja categoría de la ciudad sino que además se proveía de los placeres mas carnales y bajos que cualquier hombre pudiera pagar, de solo contemplar el lugar en el que se encontraba hacia que su expresión se tornara angustiosa, desesperada por salir de ahí había forzado a su cuerpo y su mente reaccionar con la rapidez que necesitaba para escabullirse de ahí, con pasos cortos pero constantes comenzó a caminar por el borde de la acera lo mas rápido posible, estaba esperanzada con salir de aquella zona sin toparse con algún vagabundo o rufián, de hecho estaba por lograrlo cuando la risa estruendosa de una mujer llamo su atención.

Era una mujer que llevaba casi al descubierto ambos pechos, solo estaban cubiertos por una delicada gasa que estaba tan gastada que era como si no llevara nada ya que aun en la distancia podía ver claramente la forma y tamaño de sus senos, la mujer reía a carcajada abierta mientras que ella despojaba de sus pertenencias a un chico moreno, que era sostenido de los hombros por el tabernero y otro hombre.

-Pobre idiota es la tercera vez que lo robamos en la semana.- dijo el tabernero.

-es su culpa por estar tan borracho. Dijo el otro hombre mientras se reía de su víctima

-esta tan borracho que ni siquiera logra tocarme, es una pena pues bien parecido.- dijo la mujer mientras lo veía de arriba abajo con una mirada lasciva.

-Bahh, eso no importa, lo que importa es que siempre viene solo y con demasiadas libras en el bolsillo.- contesto el tabernero haciendo gesto de fastidio ante el comentario de la mujer.

No sabia porque pero de alguna manera algo en ese chico se le hacia familiar y ese sentimiento la mantenía ahí inmóvil contemplando la escena en silencio, había sido testigo de que lo habían despojado de todo cuanto el chico llevaba en los bolsillos para después dejarlo tirado en la avenida, después de que sus asaltantes se perdieran de vista regresando a la taberna llamada "el gato negro", había caminado hacia el, era como si la imagen del chico tirado en la acera la llamara, la atraía a él como un imán y a ella le era imposible resistirse.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca pudo reconocer al chico que yacía inconsciente a unos pasos de ella, con asombro se llevo la mano a la boca para cubrir su expresión de asombro y desconcierto.

-ohh por dios es Neal

Lakewood.

-vamos no seas idiota piensa en algo, dile algo, si de verdad quieres que se quede, piensa en algo pero ¡ya!- se decía así mismo Terry mientras buscaba con los ojos algo en la habitación que le diera un tema de que hablar con Candy, era verdad que se sentía cómodo con ella pero no podía esperar que lo llegara a amarlo si solo se quedaban en silencio mientras entrelazaban sus manos.

Candy contemplaba sus manos entrelazadas, pensado en porque le agradaba la sensación de calidez que parecía absorberla cada vez que lo tocaba, observaba a Terry en busca de alguna explicación para lo que sentía, paseo su mirada por todo su cuerpo empezando por su rostro y descendiendo poco a poco.

Observó su perfecto perfil, unos ojos de color zafiro que si los veía fijamente corría el riesgo de ahogarse en ellos, unas largas hebras de cabello castaño que caían sobre su rostro que la tentaban a pasar sus dedos entre ellas, una boca que parecía pedirle mil cosas a la vez que le proponían darle muchas más, un cuerpo atlético, recordó la sensación como de estarse quemando cuando había tocado cada músculo bien definido de su pecho, unas largas y bien formadas piernas, todo recubierto por una piel tibia y suave que le gritaba "tócame", sin duda alguna era apuesto, muy apuesto se dijo Candy, de pronto no podía seguir observándolo se sentía acalorada, con una sensación de hormigueo por toda su piel, se sonrojo y bajo la vista a sus manos, mientras Terry parecía buscar algo con la vista en la habitación.

-no puedes hablarle del clima, piensa en algo, no seas estúpido piensa en algo.- Terry seguía paseando su mirada por la habitación, estaba por darse por vencido por hoy y solo permitirse disfrutar de la presencia de Candy, cuando observo que se ruborizaba y bajaba la vista pensaba en alguna forma de hacerle una broma cuando observo algo que llamo su atención.

-como llego esto aquí?- dijo señalando con la vista el libro que estaba en la mesita a lado de Candy.

Candy estaba confundida a que se refería Terry por lo que siguió su mirada y descubrió a que se referirá, tomo con la otra mano el libro y se lo dio a Terry.

-yo lo tome la otra noche, perdóname no debí tomarlo sin tu permiso.

-vaya si que eres una entrometida enfermera pecas,… bueno dime te gusto?

Candy asintió con la cabeza se sentía avergonzada, por lo que muy tímidamente le dijo.

-nunca pensé que leyeras piezas de teatro.*

-Candy aunque llegues a tener ochenta años siempre serás la misma.

-no digas esas cosas.

-y yo seré el mismo Terry aunque llegue a ser un caballero de pelo blanco.

-¡caballero! eres muy distinguido verdad?

-quiero decir jamás se deja de ser uno mismo, pero actuando en teatro…..

Terry levanto la vista como si visualizara algo mas allá de las paredes, Candy estaba sorprendida nunca había oído a Terry hablar así y mucho menos había visto la mirada que tenía en ese momento.

-puedes ser rey, mendigo, cualquiera…

-puedes matar con justicia y también puedes enamorarte.- este último lo dijo mirando a Candy a los ojos y apretando su mano ligeramente.

-¡Terry¡

Candy rehuyó de la mirada tan intensa que tenia Terry sobre ella, y se separo ligeramente de él, mientras Terry soltaba una carcajada.

-es mi juego pero prefería tener a una linda chica actuando en lugar tuyo.- eso era una mentira la más grande mentira.

-pretencioso Hmmm

-el escenario es un pequeño y maravilloso mundo lleno de hermosos sueños.

Candy estaba fascinada de oír hablar a Terry de esa manera, le parecía deslumbrante, tenía la vista fijamente en el, hasta que el pareció regresar de su ensoñación y le dijo.

-Vamos pecosa léeme algo.

Candy tomo el libro y comenzó a leer en voz alta, iba por la mitad del acto cuando Terry la interrumpió.

-uff quien te enseño a leer pecas?

Candy respingo la nariz ante el comentario de Terry, leer era una de las cosas que podía hacer muy bien, su padre la había enseñado desde que ella tenía 6 años, estaba punto de decirle a Terry un improperio cuando el tendió el brazo y le dijo.

-dame el libro te enseñare como debe leerse un obra de teatro.

Candy se encogió de hombros y le dio el libro a Terry no sin antes sacarle la lengua.

Después de una pequeña risilla Terry empezó a leer donde se había quedado Candy

"Hemos encontrado el amor junto al odio; amor discorde, Odio amante! rara confusión de la naturaleza: caos sin forma, materia grave a la vez que ligera, fuerte y débil, humo y plomo, fuego helado, salud que Fallece, sueño que vela, esencia incógnita. No puedo acostumbrarme a tal amor. De tu desesperación. Es prenda del amor. Se grava el peso de mis penas, sabiendo que tú también las sientes. Amor es fuego aventado por el aura de un suspiro; fuego Que arde y centellea en los ojos del amante. O más bien es torrente desbordado Que las lágrimas acrecen. ¿Qué más podré decir de él? Diré que es locura sabia, Hiel que emponzoña, dulzura embriagadora."#

Candy estaba absorta observando a Terry, estaba asombrada de cómo modulaba su voz para darle vida a cada personaje, cada uno con un tono diferente, era como si la habitación se disolviera para dar lugar a un escenario en el que Terry actuaba solo para ella, sentía que con cada palabra que pronunciaba hacia que todo su ser se estremeciera, era como si cada palabra vibrara dentro de ella, simplemente no podía quitarle la vista de encima, estaba deslumbrante, brillaba con una luz que Candy nunca había visto en ninguna persona, estaba cautivada.

Terry disfrutaba recitar los versos de Romeo y Julieta no solo porque le gustara el teatro sino por que disfrutaba sentir los ojos llenos de asombro y fascinación de Candy sobre él, se deleitaba con sentir a Candy tan cerca que entre los versos que ya sabía de memoria, se permitía cerrar los ojos para que sus sentidos se llenaran del olor y la presencia de Candy.

Estaban tan inmersos en la lectura que pronto pasó la mañana y parte de la tarde cuando entro Ruth con una bandeja de comida, tuvo que entrar sin permiso, ya que llevaba más de diez minutos llamando a la puerta sin recibir respuesta, Terry y Candy se sorprendieron por su intromisión.

-lo siento por entrar sin permiso pero ya es la hora de comida.

-ohh no me había dado cuenta que tan tarde se hizo, debes tener hambre Terry?

-mmm solo un poco.

-grrrrr

Candy se llevo las manos al estomago y se sonrojo.

-jajajajaja pero parece que tu si tienes hambre pecosa.

Terry hubiera preferido seguir envueltos en la lectura pero debía reconocer que tenía hambre, además de que Candy necesitaba comer también, habían pasado toda la mañana juntos y según parecía ser ya era tarde, así que hizo a un lado el libro y se preparaba para comer solo esperaba que no fuera avena ya empezaba a aborrecerla.

Ruth dejo la bandeja en la mesa y salió de la habitación, sabía que había roto la atmósfera que había en la habitación al entrar, así que trato de salir lo más rápido posible.

Candy se acerco a la mesa y con solo observar lo que había en la bandeja su estomago se retorció en señal de lo hambrienta que estaba, había un plato con sopa de queso, un trozo de carne con puré de papa y chícharos y un gran tazón de sopa de pollo para Terry, sabía que no le iba gustar pero se giro de vuelta a la cama con una gran sonrisa en rostro, esto iba a ser divertido.

Terry paseaba los ojos por el cuerpo de Candy que estaba oculto por un ligero vestido color marfil, no podía evitar mirarla, la tela del vestido se ceñía a su delgada silueta, dibujando muy bien las delicadas curvas de las caderas de candy, la cinta verde que enmarcaba muy bien su diminuto talle, el vestido era sin mangas dejando ver la cremosa piel de sus brazos y dejando expuesto la delicada y suave piel de su cuello, era tanto su deseo de tocarla que sentía sus manos hormiguear de deseo, de probar su piel, cerro los puños al notar que se volvía hacia él, se quedo boquiabierto al observarla que se dirigía a él con una sonrisa burlona en los labios, algo pasaba, y sabia que no le gustaría por su expresión, así que cerró los ojos tratando de mantener su deseo bajo control y esperaba ver que sucedía.

Candy se acerco sin hacer ruido a la cama, deposito con cuidado la bandeja en las piernas de Terry mientras este seguía con los ojos cerrados, y se sentó en sofá, comenzó a comer la sopa de queso esperando con ojos inquietos la reacción de Terry ante su comida.

Terry esperaba escuchar algo pero nada, solo podía sentir la mirada de Candy sobre él, así que lentamente abrió un ojo y observo a Candy tomar silenciosamente una cucharada de sopa de queso, ¡sopa de queso! Era su favorita, abrió los ojos de golpe esperando ver su plato de sopa de queso pero lo que encontró en su regazo fue un gran tazón de sopa de pollo que no se veía nada apetitosa.

-guahh que esto Candy?

-pues parece ser tu comida.- lo dijo con una sonrisa burlona en los labios y un tono muy inocente mientras se encogía de hombros.

-pues parece muchas cosas menos comida, estás loca si crees que me lo comeré.

-vamos abre la boca.

Terry se llevo la mano a la boca por nada del mundo se comería esta cosa.

-Terry no seas niño, debes comer algo.

-comeré algo que sea comestible, no eso.

-si no te lo comes, te juro que te amarrare a la cama y haré que te lo comas Terry Grandchester.

-ya quiero ver que lo intentes pecosa.- esto deseaba verlo se divertiría en grande.

Candy se levanto de sofá y retiro el plato de las piernas de Terry, tomo una de las vendas que estaban en la mesa y regreso a lado de la cama con paso lento, buscando la mejor manera de acercarse a Terry y conseguir atarlo, espero un poco de tiempo con la esperanza que se distrajera.

Terry aun tenia la mano cubriéndose la boca, veía con ojos expectantes como se paseaba de un lado a otro alrededor de su cama, sabía que pensaba atarlo basta ver la sonrisa que tenía en el rostro y como sostenía entre sus pequeñas manos una venda.

-Pareces una mona pecosa con una liana en la mano.

-Hmmm Terry Grandchester me haces enfurecer.

Logro subirse a la cama y tomar por sorpresa la mano que Terry tenía sobre la boca, a pesar que esta forcejeaba un poco con ella y seguía llamándola.

-enferma pecas esto es un abuso de su parte.

-mocoso malcriado

-¡ohh la mona pecas que miedo¡

-puedes ó te ayudo pecosa.

-¡cállate! Ya verás.

Estaba por lograr atarlo cuando sintió que Terry volcaba su cuerpo sobre ella, termino bajo el cuerpo de Terry, podía sentir la respiración de Terry sobre su cuello, sentía los latidos del corazón de Terry a través de su pecho, y escuchaba en sus oídos la risa de Terry, se burlaba de ella, eso le hizo hervir la sangre a Candy al mismo tiempo que su cuerpo se amoldaba al de Terry, su corazón y su respiración se acompasaron a los de Terry.

-¡ahora te tengo pecosa¡

Candy abrió los ojos al percatarse de la cercanía de Terry y temía que sus palabras implicaran aun más cercanía, trato de quitarse de encima a Terry sin demasiada rudeza sabía que estaba lesionado y no deseaba lastimarlo más, pero temía que Terry tratara de tocarla.

Terry noto que el cuerpo de Candy se tensaba bajo él, la había mirado a los ojos y en ellos encontró rastros de temor, deseaba besarla, acariciarla y hacerla su mujer, pero sabía que si tan solo deslizaba su mano por su rostro ella gritaría, así que reprimiendo sus deseos y comenzó hacerle cosquillas.

Candy se tenso aun mas cuando sentía la mano de Terry en su torso esta por soltar un ensordecedor grito, deslizo su mano delicadamente a través de su torso hasta que se detuvo en un punto en el que comenzó a hacerle cosquillas, y no pudo evitar estallar en risas.

-jajajajaja basta jajajajaja Terry jajajajaja no puedo mas jajajajaja

-te rindes pecosa?

-me rindo jajajajaja me rindo jajajajaja

-compartirás tu comida conmigo Candy.

-jajajajaja ¡SI, SI, SI¡ jajajajaja lo que quieras jajajajaja.

Con una sonrisa satisfecha Terry se quito de encima de Candy, le supuso mucho esfuerzo contenerse en ese momento para no tomarla, pero deseaba que ella confiara en el, que se sintiera segura a su lado, no podía saltarle encima cada vez que estaba cerca, deseaba que ella le entregara su corazón y que le perteneciera en cuerpo y alma.

-bien ahora quiero comer enfermera Pecas.

En cuanto se vio liberad de Terry salto de la cama, con las mejillas encendidas se acomodo el vestido, se dirigió a la mesa y con un puchero compartió con Terry su comida.

Ya habían pasado varios días desde que Terry había sido herido, Susana había intentado acercarse a Terry pero no lo había logrado, siempre estaba Candy con él y además estaba la odiosa de Ruth que esta mañana no le había permitido entrar al cuarto de Terry cuando ella sabía que estaba solo, Candy aun dormía, rechinaba los dientes de tan solo recordar lo que había sucedido esta mañana.

Flashback.

Susana se había levantado temprano y había ordenado que prepararan el desayuno de Terry ella se lo llevaría en persona, pero al llegar a la puerta se topo con Ruth que salía de la habitación de Terry.

-que haces Susana.

-traer el desayuno a Terry.

-lo siento pero no puedes pasar, la señora Candy se encarga personalmente de su ESPOSO.

-pero no está aquí así que yo me encargare, quítate de en medio quieres.

-pues no quiero y tú no tienes permitido entrar.

-y quien me lo va impedir no eres nadie para prohibirme algo.

-yo no pero la señora Candy prohibió que visitaras a su ESPOSO, así que márchate de una vez antes que despierte y te eche a la calle de una vez donde es tu lugar.

Estuvo a punto de lanzársele encima si no hubiera aparecido su madre en ese momento.

-Susana no te rebajes de esa manera con la servidumbre.

Fin del Flashback

Sabiendo que su madre la retaría se había tragado la humillación, pero no sería por mucho tiempo, ya se las pagaría.

-Susana ya te dicho que no rebajes con la servidumbre.

-mama pero no me deja ver a Terry.

-ya lo sé Susana, pero por ahora es mejor que busques la manera de no ganarte más enemigos, contrólate si quieres quedarte aquí y tener la oportunidad de estar junto a Terry,

-si ya lo sé no me repitas que ya sé de memoria lo que vas a decir así que ahórratelo.

-pues parece que se te olvida niña, que no comprendes lo precaria de nuestra situación, te la pasas haciendo pataletas como una niña malcriada en vez de hacer algo útil.

-calma mama ya te dije que tengo un plan solo debemos esperar a que largué la idiota de Candy y ya verás que consigo más de lo que necesitamos.

-solo espero que sepas lo que vas a hacer Susana.

Después de comer, Terry quería seguir leyendo un poco más, sin embargo se encontraba cansado, y un bostezo escapo de sus labios, quiso tomar el libro que aun seguía a su lado en la cama pero Candy le gano.

-Basta por hoy te has agotado es mejor que tomes una siesta y continuemos con esto mas tarde.

-ohh vamos puedo seguir un poco más, dame el libro pecas.

-no, vamos se bueno y duerme un poco.

-lo que quieres es deshacerte de mí pero no lo lograras, no te dejare ir aunque me supliques.- diciendo esto Terry tomo la mano de Candy.

-bien no me iré pero vamos debes dormir un poco o el doctor me retara a mí.

-dormiré con una condición.

-cual?.- lo dijo mirándolo con ojos sospechosos, las ideas de Terry siempre se tornaban un tanto peligrosas para ella.

-que me des un beso de buenas noches.

-pero …..Si aun es de día Terry.- Candy se puso colorada ante la petición de Terry y la intensa mirada que tenía en ella, no sabía que responderle.

-pero quieres que duerma una siesta.

-ohh vamos pecosa solo uno, uno pequeño.

Candy no sabía qué hacer, una parte de su cuerpo se había quedado paralizada ahí frente a Terry mientras que la otra le decía que lo besara, y una muy pequeña parte le decía que debía salir corriendo.

Con un pequeño tirón en su mano Terry logro que ella lo mirara a los ojos y en ese momento el corazón de Candy se derritió junto con la poca resistencia que tenia, sin pensarlo se inclino para depositarle un beso en la mejilla, pero la mano de Terry tomo su rostro dirigiéndola a su boca, y la beso.

Candy podía sentir como los labios de Terry se deslizaban suavemente sobre los de ella, su corazón se acelero parecía salir de su pecho, poco a poco Terry la insto a abrir ligeramente su labios, no podía resistirse, la sensación de besarlo era como si besara fuego y hielo al mismo tiempo, así que le siguió el juego y separo un poco los labios, Terry profundizo mas el beso, y delicadamente comenzó a explorar su boca con su lengua, estaba un poco tensa al principio pero poco a poco se relajo y comenzó a imitar los movimientos de la lengua de Terry, no podían detenerse ambos deseaban mas del otro, hasta que la falta de aliento los hizo separarse para tomar aire.

En cuanto se separaron Candy se puso de pie, estaba demasiado nerviosa y avergonzada por el beso que no podía quedarse un minuto más, debía salir de la habitación antes de que pasara algo mas, estaba por salir cuando la voz enronquecida de Terry la llamo.

-Candy ….

-ya te di tu beso de buenas noches ahora duerme.

-pero promete que volverás para la cena.

-si te lo prometo.

Con eso salió de la habitación, estando en la puerta no pudo evitar voltear haber a Terry que la miraba con los ojos llenos de pasión y amor y una sonrisa que podría derretir un témpano de hielo, se ruborizo furiosamente y bajo la vista a sus zapatos.

Terry estaba más feliz que un niño pequeño con un juguete nuevo, aun podía sentir en sus labios los de Candy y aun podía saborear su sabor que era tan dulce como la miel pero con un toque floral que lo volvía loco, poco a poco se sumió en un sueño profundo.

Todo el cuerpo le temblaba, tuvo que pegarse a la puerta para no caer, sentía que sus rodillas se debilitaban, la boca le ardía, sin darse cuenta se llevo una mano a los labios, y recordó cada momento de ese beso que le había paralizado el corazón, nunca la habían besado de esa manera, era como si en ese beso pudiera sentir que no solo besaba sus labios sino que besaba su alma y lo más profundo de su ser, instintivamente paseo su lengua por sus labios aun podía saborear el sabor de los labios de Terry, era demasiado abrumador.

Sacudió la cabeza tratando de desterrar los pensamientos y emociones que había sentido hacia un momento, paseo la vista por el pasillo en busca de algo que la ayudara a despejar la mente, camino hacia la ventana que había en el pasillo donde podía ver el jardín y los rosales de su madre, aun había un poco de sol por lo que se encamino a las escaleras para ir al jardín.

Paseo por el jardín hasta llegar a los rosales de su madre, estaban un tanto descuidados, por lo que se arrodillo frente a ellos y comenzó a quitar con las manos las hojas marchitas que había en ellos hasta que la voz de un anciano la detuvo.

-si hace eso con las manos se lastimara.

-tal vez pero no importa, hola soy Candy.

El hombre se acerco se estrecho la pequeña mano que Candy le había tendido.

-soy el señor Whitman el Jardinero, para servirle señora.

-oh llámeme Candy.- diciendo esto volvió a su atención a los rosales hasta que un par de Guantes demasiado grandes para sus manos aparecieron frente a ella.

-veo que es inútil que pueda disuadirla para que no lo haga, lo menos que puedo hacer es ayudarla y evitar que se lastime.

-eso es verdad no lograría que me apartara de aquí por nada del mundo.

Diciendo esto Candy se coloco los guantes y siguió con su labor, limpio los rosales de su madre para después regarlos con agua, estaba tan absorta en su trabajo que no se cuenta lo tarde que se hizo hasta que una voz la saco de sus cavilaciones.

-señora Candy quiere que le lleve la cena a la habitación de su esposo.

-ohh este mmm si Ruth.- Candy se vio tentada a decirle a Ruth que cenaría en su habitación pero recordó que le había prometido a Terry volver a la hora de la cena.

-pero antes debería cambiarse señora.

Candy se bajo la vista a su vestido, tenía manchas de lodo y tierra por todas partes, incluso tenia hojas secas atrapadas entre su cabello.

-si tienes razón vamos debo darme prisa antes de que Terry despierte.

Ruth y Candy se dieron prisa en volver a la habitación de Candy para dejarla presentable nuevamente.

Detrás de una columna una chica rubia y frentona observaba la escena, sin duda está esperando algo como esto para acercarse a Terry, esta era su oportunidad y no la desperdiciaría.

Continuara….

Próximo capítulo 25

*Candy Candy capitulo 45 "lazos de sangre" (Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi)

#fragmento de la obra romeo y Julieta de William Shakespeare.