Cuerpo cautivo


Albert Wesker & Claire Redfield.


Capítulo 25: Torre de naipes.

On the first page of our story
The future seemed so bright
Then this thing turned out so evil
I don't know why I'm still surprised

Even angels have their wicked schemes
And you take that to new extremes
But you'll always be my hero
Even though you've lost your mind

Love the way you lie part II by Rihana and Eminem.


Descargo de responsabilidad: Como siempre, como todas las actualizaciones, les recuerdo que Resident Evil no me pertenece y que yo juego con ellos por ocio.

Aunque no duden que la historia me la tomo muy en serio.

Agradecimientos especiales: Muchas gracias, como en todos los capítulos a mi beta reader Polatrix, que come niños y me ama.

Quiero dedicarle esta entrega a todos los lectores invitados, Andrea N, Mika, name, cpkennedy, Alex-kuran, Morgana M, Ivett, Suko, Ginny, Gabriela, airam, Nathy, Alex Wesker, Jessica, Ada Wesker, clatoca, jakii, Claudia Kennedy, Katy Gomez, Sara, HehYolo, Sara, Danny Mellark, Kelly Kennedy, Lala; les agradezco a todos sus reviews que siempre animan a continuar con esta labor tan bella .

Recomendaciones musicales: Las pongo al inicio para que las escuchen antes de leer (?), jeje a ver...

'Breakdown', 'Used to', 'No surprise'. Las tres de Chris Daughtry, ese tipo me ayudó a sacar el capítulo adelante con sus canciones.

'We might fall' de Ryan Star. Y 'Ordinary Love' de los grandiosos miembros de U2.

Nota de la autora: ¿Están listos? ¿Verdaderamente listos para lo que viene? Muy bien, tomen asiento, unas palomitas, un buen jugo o agua, y a leer, porque aquí vamos…


El día fue terriblemente pesado.

Wesker estaba sentado en el avión, sus ojos bermellón con un tinte de parsimonia a causa de su inesperado agotamiento. ¡Vaya que podía ser frustrante tratar con hombres sin una pizca de materia gris, incapaces de formular algún pensamiento de corte científico o comprender sus motivos en el más discreto de los niveles!

Peor que eso, las preguntas con las que lo agraviaron durante más de tres horas, indagando a profundidad acerca del incidente en el Congreso Científico Anual de Tricell, en la costera del mediterráneo, no fueron sencillas de responder.

¿Qué habría de saber él de los movimientos de la Alianza contra el Bioterrorismo?

¿Acaso lo creían capaz de ver el futuro y predecir cuándo serían atacados, para que así tuvieran la oportunidad de esconder sus traseros de inversionista, debajo de las rocas?

Eran unos cobardes; no querían ser descubiertos en sus sucias movidas, y mientras ganaran dinero, poco les importaba los detalles de química y biología avanzada que manejaba en la creación y modificación de esas criaturas microscópicas.

Faltando menos, además de todos esos inconvenientes acontecidos durante la junta, al hacerse camino a los laboratorios, se halló con la indeseable sorpresa de que el total de sus sujetos de prueba, había disminuido otra cifra, esta ocasión, por presuntas causas naturales.

Wesker estaba furioso; no quería pensar en la posibilidad de que el Génesis hubiese resultado defectuoso en algún paso de su mutación y adaptación a la cadena genética de los seres humanos. Eso implicaría serios problemas para él. Con los inconvenientes de su virus interno, no tendría tiempo para alterar su nueva creación; tumbaría sus aspiraciones desde los cimientos y lo colocaría en un dilema bastante complejo, teniendo que elegir entre su salud o sus proyectos a futuro.

Descartó la idea enseguida; él no podría haber cometido algún error en el desarrollo. Jamás había aceptado una equivocación en cuanto al desenvolvimiento de su ciencia se trataba, y no iba a empezar ahora que tenía una mínima cantidad de tiempo para corregir dichos tropiezos.

De presentarse el caso de que Génesis fracasara, —imposible, pero presentándolo en un caso hipotético— tendría que elegir entre solucionar los problemas en su método científico, en los componentes del virus y sus derivaciones, o curar su propia enfermedad.

Una ligera turbulencia en el avión de vuelta a casa, apartó de su mente analítica esos absurdos pero latentes pensamientos.

Al menos, el día de trabajo estaba terminado. Podría darse una ducha y ver cuál era la siguiente ocurrencia de su dearheart. Estaba dispuesto a mandar al carajo cualquier llamada; sencillamente demasiado harto de lidiar con la ignorancia de sus 'aliados'.

No había nadie más que él y su piloto dentro del vehículo volador, pero aunque alguien hubiese estado acompañándolo, se habría permitido el mismo ridículo y poco usual aspaviento.

Extrajo su celular del bolsillo de su gabán, e ingresó a su desinflada galería de imágenes, pasando varias de largo; aburridas capturas de cálculos que había improvisado sobre una pizarra blanca, memorizados tan sólo con un segundo vistazo.

Más adelante estaba la fotografía de Claire, con su vestido de hada y un rostro de alborozo que parecía cobrar vida, brotando de lo inanimado. Sin duda la había capturado desprevenida; su mirada no estaba enfocada directamente a la cámara. Con un poco de creatividad pudo dibujarla mirando al río que corría a su lado, presuroso, y la noche cayendo, tal cual lo haría un abrazo conciliador.

La muchacha no había salido con cara de chango como había temido, muy al contrario y aunque Wesker no lo quisiera admitir en voz alta, se veía irresistiblemente atractiva.

La inocencia le venía natural, el cabello largo y fogoso, agitado con el viento usurero del crepúsculo plagado de luciérnagas, su espalda lechosa descubierta, amurallando los límites de su cuerpo y esas piernas inquietas que se batían entre los pliegues de tela, ascendiendo hasta su hechizo de feminidad.

Era un alivio casi irresistible el saber que después de esas horas de mierda que había pasado hablando frente a una audiencia exclusiva de imbéciles con chequera, podría ir a molestar a Claire con su discurso, o acercarse con intenciones poco claras, degustándose con los estremecimientos de la chiquilla, o con sus impulsos de besarlo cual adolescente.

Todo lo que deseaba en ese momento era contar con la compañía silenciosa de su figura dormida, o su entendimiento ausente de palabras. Quizá hasta aceptaría seguirle la corriente con una o dos bromas, hasta que ella se mordiera los labios intentando contener la risa en su presencia.

La cena había sido una experiencia grata. Y ella había admitido, cara a cara, algo que en su vida pudo imaginar; lo quería por quien era en ese momento.

Y quisiera o no percatarse, Wesker se sentía en extremo complacido. Por su ego hinchado, por saber que disponía de su absoluta credibilidad. Además, estaba seguro que desde ese momento en adelante, ella no estaría dispuesta a abandonarlo aun en las más precarias circunstancias.

¿Quién lo diría?

Él, pensando que le importaba contar con el afecto de una necia mujer, llena de imperfección, aunque repleta de las más apreciadas virtudes. Una mujer que habría de cuidar hasta el final de sus días, si es que éste llegaba, y jamás permitiría que la apartaran de su lado. En especial si dicho rescate era planeado por los ignorantes que decían ser sus amigos.

Pensó que llegando quizá le apetecería meterle un susto con sus dotes de fantasma, o la vigilaría en silencio, absorbiendo el recuerdo de cada ademán femenino; con un poco de suerte volvería a encontrarla cantando melodías ochenteras, bailando discretamente el ritmo de música disco.

O… no recordaba la última vez que vio una película en compañía de una mujer. Sus años de madurez los había pasado en el centro de reclutamiento de Umbrella y antes de eso, estudiando en la universidad, obteniendo las mejores notas, corrigiendo a los profesores, destacando siempre como la mente brillante, el genio escondido en su actitud petulante; no había tenido tiempo ni interés de realizar alguna actividad recreativa. No obstante, ahora que parecía tenerlo todo —dinero, poder, y su victoria absoluta aproximándose— estaba en plena libertad de disfrutar un rato de ocio inocuo.

Sentía el cuello hecho piedra y el enfado elevado por los aires.

Sí, necesitaba relajarse.

El cine, un baño, una siesta, sabiendo que por dónde y cuándo así lo requiriera, estarían a su disposición las palabras ingenuas, sentimentales, de la joven mujer que se encontraba, irrefutablemente, enamorada de él. Contaría con sus sonrisas calmadas, con sus comentarios irreverentes, con su cuerpo menudo exigiendo el calor propio —ya que la señorita Redfield era en extremo friolenta—.

Y como apartado especial, podría dominarla con sus masculinas caricias, conducirla a su habitación de monarca, tumbarla sobre las colchas almidonadas, bautizadas en su fragancia, arrancándole la ropa a tajos, procurando no herirla, exigiendo los labios que le pertenecían, y volver a sentir a la única persona en el jodido planeta tierra por la que daría un carajo.

De súbito, recordó la primera noche que llevó a la pelirroja a la plaza central de la ciudad; el modo en que ella observaba una caja de música en venta dentro de uno de los locales joyeros, provocó que se le ocurriera una ingeniosa idea.

Llevó su mano a su mentón pulido en marfil.

La ciudad le quedaba de paso… Tal vez debería de llegar con algo entre manos….

Y si lo que ella quería era una baratija que sonara con una cancioncita pegajosa, lo obtendría.

¿Por qué motivo?

Simple. Si ella deseaba algo, y él podía darse el lujo de comprarlo —y claro que podía—, lo vería en un santiamén entre sus manos. Porque era él quien se encontraba detrás de esa chica, procurándola, y no solía comportarse como un caballero descuidado.

El piloto dio el mensaje abierto; estaban a punto de aterrizar en el aeropuerto suizo.

Al fin de vuelta. Quizá no por mucho tiempo, pues planeaba partir a la base secreta donde sería tratado al final de la semana, pero ese día, ese día no iba a tomarse la molestia de pensar en el futuro próximo. Ese día iba a ser el hombre ligero, intelectual, sofisticado y bastante sarcástico; tomaría brandy y se encargaría de que Claire no ignorara ni por un segundo su afable compañía.

La obligara a mirarlo tal que el mañana careciera de existencia; le mostraría que las dificultades estaban lejos mientras él estuviese cerca. Pues lo tenía todo solucionado, como el tirano inmaculado que era.

Colmaría a su actual invitada de las diversiones de los buenos días; muy probablemente le permitiría portarse infantil y rebelde sólo para poder callar su discurso desatado y terco, con la posesividad de sus labios. Ya que no la vería en algunas semanas, se aseguraría de que lo esperara con ansia, y que no le fuese sencillo soportar el tiempo de su ausencia.

Ese día iba a olvidar la posibilidad de morir; sería inmortal entre sus brazos y le prometería, mientras ella navegara entre sueños, que iba a volver antes de que concluyera Diciembre, y quizá, si retornaba en las condiciones esperadas, se daría las primeras vacaciones en medio siglo de vida, visitarían un lugar en el que no hubiesen estado nunca —pocos países cumplían tal descripción— y se encargaría de manipular las riendas de su nuevo proyecto, desde el exterior.

Era una forma de tortura psicológica, si lo pensaba bien…

Le enseñaría, del modo brusco que acostumbraba, que querer a alguien con sus cualidades era difícil. Y olvidarlo, prácticamente imposible.

Abordó su limosina con el ademán presuntuoso de los hombres de cultura y dinero; las aceras estaban cubiertas de hielo y al adentrarse a la ciudad, el arribo de la estación invernal iba haciéndose cada vez más evidente.


Albert Wesker no era un hombre de presentimientos o suposiciones, sin embargo, cuando la limosina aparcó en el estacionamiento de su mansión con fachada barroca, sintió un extraño e inesperado dolor sobre el pecho.

Lo tomó como otro de los molestos síntomas que habían empezado a atacarlo con mayor frecuencia. Se trataba de algo parecido a un gancho en el estómago, duro de capear; incluso tuvo que sostenerse de la puerta cromada del lujoso transporte, para no dar contra el concreto congelado. Uno de sus guaruras se acercó preguntando si se encontraba bien, pero el tirano lo apartó enseguida con un grito de 'no meterse en asuntos fuera de su rama de trabajo'.

En serio necesitaba recostarse durante algunas horas en esta ocasión, se lo permitiera o no, su ego de militar.

Llevaba consigo una caja de cristal de tres cuartas de largo, con un patoso moño azul que la empleada encargada de atenderlo en la joyería, había insistido colocar sobre la tapa del condenado aparato musical.

Se preguntó cómo demonios tuvo el impulso de comprar semejante baratija, pero igual, teniéndolo en mano, prefería la resignación.

Había pagado por el obsequio; tirarlo a la basura era un desperdicio, considerando que estaba a unos pocos metros de encontrarse con Claire Redfield.

Colocó su mano sobre el registro de seguridad que había al marco de la puerta, y éste lo identificó deprisa, tal como haría de poder detectar la urgencia de su dueño por ingresar al caserón.

Un silencio sepulcral emergía de esos paredones blancos con líneas grises, y no había la menor señal de vida humana interactuando con los componentes de la mansión.

Albert entró tanteando, depositando la caja de regalo sobre uno de los muebles que estaban a metros de la recepción.

— ¿Dearheart? —llamó el capitán retirado, mientras una vaga sensación de contingencia lo abordaba.

No había idealizado que ella lo esperara en la entrada o la recepción como un perrito abandonado, pero la ausencia de respuesta decía que Claire no se ubicaba en ningún cuarto aledaño; su voz era lo suficientemente gruesa y sólida como para escalar hasta los cuartos más próximos del segundo piso.

— ¿Sweetheart? —repitió el rubio arrogante, mientras repasaba con una mano su cabello corto y elegante. Nunca antes la había llamado de esa forma y se prometió no volver a hacerlo.

Lo más acertado era concluir que Caire se escondía en su habitación, quemando los libros de la biblioteca en una fogata improvisada, pagando cualquier precio con tal de mantenerse caliente.

Buscó en la sala a la chica, tan sólo con la vista, aparentando indiferencia. Pero los sillones negros estaban desocupados y no había señal de presencia alguna en el comedor, sin embargo, algo daba aires de estar fuera de lugar en la sala, por lo que ingresó en ella con cautela.

Si la señorita Redfield estaba allí, planeaba dejarla blanca del espanto.

No obstante, al indagar durante algunos segundos dentro de la estancia, se percató de que ésta se hallaba deshabitada también. Caminó unos cuantos metros en la dirección contraria, rumbo a donde había colgado el cuadro que la pelirroja concluyera días atrás.

Tuvo que llevarse la mano al costado cuando fue embestido por otra dura punzada, viéndose en la necesidad de soportar su peso con una sola pierna y la butaca aledaña. Se dobló hacia delante por inercia, y musitó una leperada para focalizar su mente en otra cosa que no fuese el incesante dolor.

Consiguió erguirse con lentitud, y al recobrar su interés por inspeccionar el recinto, se topó con un mensaje pintando en los muros de su sala.

¿¡Cómo había pasado?! ¡Ese estúpido mensaje no había estado allí cuando entró! ¿Quién habría sido lo suficientemente imbécil como para rayar sus paredes, en un acto de evidente rebeldía?

El reconocido empresario farmacéutico, científico, mandamás, se aproximó al inverosímil mural que estaba garabateado sobre la pared blanca de su sala.

Las letras eran enormes, perfectamente legibles, pero los trazos estaban escurriendo; parecían haber sido pintados recientemente.

Quizá lo más inquietante era el color rojo, de textura espesa, idéntico a la sangre, resbalando de forma templada, ajena a su efecto perturbador.

'Ella sabe tu secreto.' rezaba en aquellas letras gigantescas.

El mayor libró la mirada hacia otro sitio, esperando hallar al causante de dicha broma. Iba a extirparle las entrañas tan pronto diese con él. Empero, su mente le dictaba que era físicamente imposible que alguien pudiese haber entrado y pintarrajeado la pared en un lapso de tiempo tan estrecho.

Detrás de él y con la misma asquerosa, burlona risilla, estaba su viejo colega, vestido con su típica bata de doctor y su camisa tono salmón.

—Albert, Albert, Albert, deberías aprender a esconder mejor tus sucios secretillos. —mencionó el inesperado visitante, tumbado flojamente sobre el sillón de mayor tamaño. Tenía las piernas cruzadas y las manos apoyadas sobre su nuca, en una pose de clara despreocupación.

— ¿Qué carajos estás haciendo aquí, Birkin? —cuestionó el megalómano, sin importarle ser plenamente consciente de que se trataba de una visión inexistente en ese plano de la realidad.

—Ella lo sabe… ¡Se enteró al fin de la clase de monstruo que eres! —exclamó el antes tranquilo y animado William Birkin, soltando una carcajada malévola, mientras empezaba a aplaudir sonoramente, sacando de quicio a su antiguo compañero de laboratorio.

— ¿De qué estás hablando? —preguntó Wesker, sin energía suficiente para permanecer inmutable a sus provocaciones; entre los dolores aleatorios en su pecho y abdomen, la mañana de pesadilla y la conexión de hechos que estaba haciendo su cerebro a ritmos impensables, se sentía víctima de un aturdimiento sin precedentes.

No conseguía entender del todo a qué se refería el agresivo letrero pintado con sangre. ¿Ella? ¿Estaría refiriéndose a Claire Redfield? ¿Y qué secreto pudo haber descubierto ella en todo caso?

— ¿Y todavía te atreves a preguntar? Eres un maldito sinvergüenza, Albert. Lo que le hiciste a ella… A mi hermosa hija. ¿O es que acaso también la has olvidado, desechando su recuerdo como lo hiciste con tu responsabilidad, con tu promesa de protegerla? —replicó el creador del G-virus, fingiendo que arrullaba un bebé invisible entre sus brazos.

El cuerpo del antiguo líder de los S.T.A.R.S, fue víctima de un escalofrío inexplicable. De pronto sus brazos se entiesaron, quedando envarados en sus respectivos lados, derecho e izquierdo, y un sabor amargo, como el de la bilis, escaló por su garganta, quedando una intolerante sensación de impureza dentro de su boca. Sus piernas se quedaron acordonadas al piso de loseta y mármol malteado, contemplando al único hombre que pudo llamar amigo.

¿Sherry Birkin? ¿La pelirroja entrometida había podido dar con su cuerpo congelado? ¡Eso era imposible!

—La congelaste… ¡Convertiste a tu propia ahijada en una de esas abominaciones! ¿No es así, Albert? ¡¿No es así?! ¿O acaso crees que todos a tu alrededor somos unos estúpidos descerebrados para pasar de largo su ausencia? —interrogó el padre de Sherry, acercándose peligrosamente a Wesker, quien continuaba estático; nunca había experimentado tal agitación.

Albert Wesker no era un hombre de temple sencillo. Había nacido con el nervio de los mejores generales y era incapaz de conocer miedo mayor que la muerte.

Pero ahora, justo ahora, el estar altivo y distante, parecía fuera de su alcance. Lo había acorralado una alucinación en propio terreno.

E irracionalmente, pensaba en la mujer de cabellos fuego. ¿Dónde estaba, maldita sea? Pero él lo sabía, sabía dónde estaba Claire en ese instante, mientras él discutía inútilmente contra sí mismo, contra un personaje que lo conocía de cabo a rabo, revelando sus debilidades, atacándolo desde el epicentro, tornando sus planes de una tarde apacible, en la culminación de lo que siempre predijo una tragedia.

Bien, hasta allí llegaba la fantasía.

—No sabes de lo que estás hablando… —intentó decir entero el ejecutivo de Tricell, a pesar de tener la mandíbula espachurrando sus dientes, hasta hacerlos rechinar. ¿Cómo pudo llegar la jovencita hasta el nivel subterráneo de la mansión?

Fue en ese momento que recordó haber botado las llaves del deportivo y su cartera sobre su escritorio, junto con su tarjeta de acceso maestra…

Algo estaba muriendo en él; no sólo sus órganos internos, también su personalidad en extremo cuidadosa.

Jamás habría botado sin miramientos un objeto de tal trascendencia.

Lo que él no comprendía, es que eso era un efecto de haber entrado en confianza, el bajar su guardia eterna y permitirle el acceso a otro ser humano a su espacio de intimidad. La había dado entrada libre a la joven Redfield, y parecía ser que las consecuencias no se habían hecho esperar.

— ¿Qué no lo sé? —cuestionó William, con un sarcasmo infeccioso. — ¡Tenías, tenías que cuidar de ella! ¡Te supliqué que la mantuvieras a salvo! Annette… ella hizo lo mismo, ¿no es así? ¡Te hizo jurar que te encargarías de nuestra pequeña, antes de comenzar con el proyecto! ¡Ella presentía lo que iba a suceder, pero jamás me advirtió! ¡Te dio su tutela y tú la metiste en un jodido cubo de criogenización, reverendo hijo de puta!

No pudo evitar sentirse impresionado por la furia que desprendía esa alucinación. Y supo que de estar vivo, el científico habría reaccionado con la misma violencia.

— ¡Cierra la boca, Birkin! ¡Redfield, Redfield, dónde está! ¡Baje en este mismo instante! —exclamó el antiguo cabeza de Umbrella, mientras se dirigía a las escaleras, con su 'amigo' siguiéndolo de cerca.

—Sabes que no está allí…—se burló William, causando que Wesker diera un puñetazo en su dirección, el cual terminó clavado en la pared debido a la capacidad de 'transportación' de su antiguo colega, evitando el poderoso golpe que habría abatido definitivamente a cualquier otro ser vivo.

Y mientras Wesker escalaba como un tigre en cacería, las diecisiete escaleras para dar con la planta superior de la casa, resonaba la risa macabra y descompuesta de su propia alucinación.

— ¡Tú sabes dónde está ella! —Birkin hizo una breve pausa de sus mofas… — ¡Ella la sacó de Raccoon, y después de tantos años, has logrado que se reúnan! ¡Cuán generoso eres, Albert Wesker!

El dueño de la mansión lo ignoró, deshaciendo su camino anterior, notando al estar en la planta baja, que la puerta de la biblioteca se notaba entreabierta.

— ¿Sabes qué es lo mejor de todo? Que ahora que tu preciosa pelirroja sabe lo que hiciste con mi niña, te odiará tanto como el resto del mundo.

Wesker sonrió con cierta tribulación, indispuesto a escuchar los desvaríos de su cansada mente. Eso debía hacer; había desgastado tanto sus funciones, que estaba imaginando toda clase de imposibilidades.

¿Qué otra cosa podría ser, además de un cerebro agotado, la que creara tales apariciones imaginarias?

Porque Claire no podría jamás dar con los cuerpos de Sherry Birkin y Steve Burnside; ni siquiera sabía que estaban bajo su resguardo.

— ¿Y crees que el que ella me odie me importa? Eres ridículo, William. Su opinión no me consterna en lo absoluto. —Alcanzó a protestar el rubio, notando como la alucinación iba apareciéndose en sitios distintos, acompañándolo en un recorrido que le pareció eterno, hasta dar con la entrada de su despacho personal. También había sido abierto no mucho tiempo atrás.

— ¿Entonces por qué estás corriendo como desesperado a confirmar si tus temores se han vuelto… reales? Al fin la vida se ha cobrado todas las que debes, por causar miseria con tu sola existencia.

El capitán no respondió, azotando la estructura de madera con exabrupto.

No lo hacía porque pensara encontrarla entrometiéndose en sus artefactos personales. No estaba preocupado… no estaba consternado… porque ella se enterara de que el cuerpo de Sherry Birkin dormía, desde hacía una década, en las meras entrañas de Suiza.

Justo debajo de sus pies.

Que todas esas ocasiones en las que había dormido bajo su techo, estuvo bendecida con la ignorancia de que alguien que había querido tanto en un pasado, cuyo recuerdo era capaz de hacerla sonreír en los momentos repletos de negrura, estaba presa en un cilindro de vidrio de un metro cuadrado, perdiendo los mejores años de su vida, sin infancia, sin recuerdos.

En la pared del despacho del miembro elitista de Tricell, había una cantidad exagerada mensaje con la misma tipografía: 'Ella sabe'. 'Ella sabe'. 'Ella sabe'. Cada una de las cuatro paredes repasaba las mismas palabras, sobre los libreros y estanterías, sobre cualquier espacio en el que colocara la vista.

El mayor tirano de todos los tiempos, no pudo evitar sentir. Sentir sin ella, pero por ella, cuando vio el pasaje hacia su laboratorio, abierto de par en par; dichos acceso se cerraba en automático cuando su ocupante atravesaba de regreso al despacho primordial.

Era cierto. Estaba allá abajo.

¿Cómo pudo haber entrado a la parte más privada de sus aposentos?

Necesitaba la llave maestra.

Ella, esa mocosa, debió haberla robado cuando estaba distraído. Se reprochó mentalmente, arrepintiéndose enseguida ya que William tenía acceso libre a esa información. Después de todo, se trataba de su subconsciente, materializándose ante sus ojos, reclamando con voz propia, trayendo el pasado de vuelta, picando la llaga hasta hacerla sangrar.

Esa mujer… había conseguido burlar sus defensas, tentar sus murallas hasta que tuvo libre paso; lo había vencido de una manera en que nadie volvería a lograrlo jamás. Nunca creyó que lo traicionaría con tal descaro.

Lo convenció en creer en un ser mortal, sólo para robar sus secretos tan pronto descuidó sus impenetrables barreras.

Quizá lo habría esperado al inicio de su estadía; esperó verla escalando por las paredes, arrojando sillas contra los vidrios blindados para poder hacerse de una ruta de escape. Incluso agredirlo con los chuchillos de la cocina o cualquier objeto punzocortante que cayera entre sus manos. Pero ahora…

— Respóndeme algo, querido Albert. ¿En serio esperabas tener un futuro junto a ella? —Birkin lanzó un bufido. —Has perdido ese toque paranoico que tan bien practicado tenías. ¿Creíste que no haría preguntas, que no buscaría la verdad por su cuenta a la primera oportunidad, que ya no le interesaría que fueses un corrupto asesino sin escrúpulos?

Albert sacó su arma, atinando un disparo en medio del pecho de William Birkin, quien cayó sobre su espalda sin vida, como un tronco recién podado, sólo para volver a aparecer detrás de su compañero, canturreando: —Hoy es el día, en que volverá la luz a la tierra, y morirán los espectros. Hoy es día que correrá el río de sangre, la sangre de tu… dearheart.

El hombre de gafas oscuras entrecerró los ojos, indispuesto a continuar con esa basura.

El pasadizo de acceso a su sitio de trabajo especializado, le pareció un camino blanco directo al infierno. Había ordenado que lo construyeran a varios metros de profundad, pero ahora mismo no tenía deseos de recorrerlos con parsimonia, con su altivez de erudito.

Se hizo de su velocidad de chita, para recorrerlo entero, a pesar de que sabía que el uso de sus habilidades, incrementaría su desgaste físico. Dicho y hecho, cuando llegó a la puerta del almacén, se tuvo que plantar de la pared e inclinar su torso hacia delante para recuperar el aliento.

—Mira, mira, qué conveniente. No te ves muy saludable, amigo. Creo que alguien está teniendo días duros ¿Quieres que llame a tu doctor? —se bufoneó el antes aclamado y ahora repudiado William Birkin, agachándose hasta quedar a la altura de su antiguo colega. —Ojo por ojo. Perdí lo más importante. Mi bellísima esposa y a mi tierna Sherry. Y ahora tú… vas a perderla a ella. ¡La justicia existe, Albert, y se encarga de sentenciarnos a todos!

Los ojos azules del difunto, se cruzaron con el rojo vivo del líder de Umbrella, retadores, mientras el segundo intentaba regularizar su esfuerzo pulmonar.

—Yo… soy el… único que va a juzgar aquí… en la tierra… Birkin.

El ex—capitán dio un alarido molesto, sus cuerdas vocales roídas por el cabreo y la escasez de oxígeno. A fuerza de voluntad, clavó el puño en un panel que estaba bloqueado —no tenía otra forma de obtener permiso para entrar, excepto con ese aparato electrónico que requería un código manual —, sin prestar atención cuando las chispas saltaron del mecanismo altamente tecnológico.

Se irguió cuán alto era, sus manos titánicas presionando las teclas correctas al segundo.

El primer recinto estaba despoblado de inteligencia humana. Los monos, cabras y roedores producían sus sonidos habituales. El adinerado capitán se pasó de largo, mientras la alucinación se divertía un poco con sus aparatos de laboratorio, lanzándolos de un lado al otro de la habitación.

— ¡Te compras los mejores juguetes! ¡Jamás te habría necesitado de haber tenido algo como esto en la universidad! —comentó el padre de Sherry, desorganizándolo todo; el ruido de vidriera rota y enchufes desconectados, no consiguió distraer a Wesker de su objetivo.

Pero allí estaba, de frente en la bodega donde los cuerpos de la menor de los Birkin y el amiguito de la isla Rockford aguardaban a ser despertados… o desechados.

El tirano caminó los pasos que le faltaban, sin poder dudar que Claire Redfield estuviera esperándolo, con su rostro patético, bañada en dramáticas lágrimas.

No podía… por un momento consideró la posibilidad de volver sobre sus pasos y mandar a destruir todo el recinto con una bomba, con ella adentro. Sepultándola como a la esposa de un faraón, con todos los tesoros que éste poseía.

Y no se equivocó, al avanzar unos pasos más, pudo divisar el brillo deslumbrante del líquido en donde flotaban sus dos prisioneros más valiosos, y a la chica Redfield, recargada sobre uno de los aparatos electrónicos que se oponían a los tubos de criogenización; su mirada era la de un catatónico, cubierta por las cataratas del recuerdo y el dolor.

No… no podía ser posible. Sintió que iba a dar de sí, por primera vez en su vida. Perdió la noción de sus piernas, el tono agrío de su voz; se le había esfumado el discurso de sofista, y le restaba un vacío parecido al que experimentó cuando despertó en esa cama de hospital, quemado hasta los huesos, y supo que había sido derrotado por un policía novato con complejo de héroe.

De pronto el tiempo pareció transcurrir más lento. Todo se detuvo en ese almacén; sus respiraciones estaban desborradas e incluso el aire acondicionado parecía haber dejado de funcionar.

¿Por qué?

¿Por qué estaba ella allí?

¿Cómo pudo llegar hasta ese sitio que por tanto tiempo había olvidado visitar?

¿Qué había ido a buscar?

Debió haber eliminado todo el contenido de esa cripta subterránea desde que… — ¿Desde cuándo, Albert? ¿Desde el momento en que descubriste que un misántropo, egoísta, maniaco como tú, quería mantenerla vendada de los ojos toda la vida? ¿O cuando su opinión empezó a parecerte importante? ¿O quizá desde que lo último que deseabas era ver decepción emanando de esas orbes aguamarina? —mencionó la voz de su antiguo colega; afortunadamente, su imagen había desaparecido de la habitación, dejándolos solos, aunque suspiraba de vez en cuando, palabras repletas de sarna hacia el tirano, enloqueciéndolo.

Estaba en conflicto; una parte de él se aliviaba de saber que estaba a punto de librarse de esa molestia. La otra… la otra hubiese preferido que la mentira continuara para siempre.

¿Cómo había sido tan ciego, tan… desidioso, tan suave con esa mujer?

¿Cómo se ganó un lugar en ese espacio que los mortales románticos y empedernidos llamaban corazón?

¿En qué estaba pensando cuando tumbo sus propias defensas, cuando acortó la distancia entre ambos, cuando la besó por primera vez?

Quiso fingir que estaba jugando con ella, que la utilizaba para causarle daño a largo plazo a su hermano.

Mentirse. Síntoma de negación.

Sin embargo, era plenamente consciente de que una parte de él había violado sus decretos de mantenerse distante a todo sentimiento.

Al parecer todo había sido planeado por esa mocosa desde un inicio.

¿Realmente había sido capaz de engañarlo?

¿Se había convertido en una actriz tan habilidosa durante sus años de entrenamiento con la B.S.A.A?

¿Lo habría vencido la irracionalidad, dejándolo caer en la trampa de una adolescente que apelaba a su recuerdo de capitán?

¡Verdaderamente inaudito!

Permitirle entrar en sus aposentos, retar a su absoluto poderío, tentarlo a caer en los placeres humanos, los instintos más básicos de satisfacción.

En ese momento, viéndola arrumbada en esa bodega abandonada, oscura, a baja temperatura, quiso decirse a sí mismo que todo lo había hecho por cobrarse venganza.

Wesker tragó saliva, refrescando la garganta seca, tratando de flexionar sus nudillos apretados, incapaces de moverse, iguales al metal oxidado.

Claire había notado su presencia dentro de la habitación demasiado tarde, aunque de hecho, no le importaba una mierda que estuviese o no presente. Todo lo que hacía era repasar sus promesas dirigidas a Sherry Birkin, las palabras que le dedicó Steve antes de morir. E inevitablemente, todos los alegatos y sermones baratos, que actualmente parecían carecer significado, que el ex—capitán había osado mencionar, seduciéndola, con una maestría excepcional.

Por eso se quedó horas enteras, sabiendo que Wesker la encontraría tarde o temprano; era hora de enfrentar al demonio, aceptar su error de confiar en el enemigo, enamorarse de un genocida, pagando así el precio de no haberse curado el Síndrome de Estocolmo antes de que éste la forzara a cruzar el mero límite de la sanidad.

—Redfield… —llamó Wesker, sorprendiéndose de lo ronca y rota que le salió la voz, semejando un graznido descompuesto. Aspiró por sus fosas nasales, empujando la rabia al centro de su ser; sino la retenía, repartiría por el cuarto los pedazos descuartizados de la primera y única mujer que llegó a significar algo para él. — ¡¿Cómo demonios ha entrado aquí?! —completó, a pesar de que conocía la respuesta de antemano.

Quería escucharlo de sus labios rojizos, ligeramente manchados por haberse estado mordiendo; sus ojos verdemar estaban infectados de venas, saltadas del llanto, y las mejillas batidas de esas gotas saladas que no habrían de sanar el despecho que sentía en su corazón. Quería que ella admitiera el haber roto su confianza, el haber traicionado ese pacto silencioso de abandonar el pasado, o al menos, fingir que éste no aplicaba detrás de las paredes de esa magnífica mansión.

Quería verla retorcerse del miedo, saldar cuentas por los atrevimientos cometidos durante toda esa absurda temporada.

Deseó que pagara por convertirlo en el hombre que hacía muchos años atrás, rechazó ser.

Y se hubiese restregado en la cara, que eso era lo que pasaba cuando te involucrabas con alguno de los miembros de la familia Redfield, pero sabía que no era cuestión de sangre, sino de lazo. Cualquier conexión con un tercero, sólo habría de provocar desgracia.

Nunca había sentido el impulso de dejarse conocer por entero con ninguna otra fémina.

¡Él lo sabía, su mente lógica le había dictado con severidad que estaba rebasando toda advertencia con todos los estúpidos detalles que procuró tener con ella!

Afuera, los arboles crujían, se doblaban con las corrientes de nieve; el lago se iba congelando y los peces escapaban del descenso de temperatura. Y el cielo, oh el cielo, se iba inundando de cúmulos opacos, vacíos de matices; un azul marino que difundía su desamparo. Las colinas abúlicas, ausentes de animales, soportando la gélida cellisca, los señores de caballo blanco que iban matando la vegetación a su paso. Restaba el reposo, el murmullo satánico de los choques entre el hielo y las rocas. Mientras todo, se iba muriendo con el invierno.

Claire Redfield se levantó, con un abrupto que casi la devolvió al suelo cuando el mareo paralizó sus nervios; pero se irguió, encarando a Albert Wesker, quien seguía expectante por una respuesta.

Lo miró lejano, como si se hallara a kilómetros de distancia, con angustia, con decepción. Y no pudo más que desear quitarle ese gesto frívolo del rostro, a golpes, a palabras, con cualquier cosa que pudiese tener efecto sobre ese psicópata.

— ¿Y bien, muchacha estúpida? ¿Quién insinuó que su presencia sería bienvenida en este lugar? —interpeló el mayor, sin bajar su nivel de voz, pero dotándolo de una graduación asesina. Pese a esto, estaba dispuesto a analizar antes de actuar; ver a qué grado había llegado penetrado el daño. Porque una parte de él, esa pequeña humanidad que había sobrevivido a su masacre, la que se había refugiado en las memorias de Claire, estaba dictándole que quizá no era tan grave como parecía, que ella pasaría eso por alto una vez más, que cumpliría su boba promesa de no juzgarlo.

Patético, Albert, patético en verdad. Envejeciste en tres meses lo que no envejeciste en treinta años. ¿Eres un viejo que necesita de comprensión? Me das lástima, más de lo que alguna vez me dio el anciano decrépito, Spencer… Mira que meterte con la hermana de tu enemigo fue una medida desesperada. ¿Empezabas a sentirte solo? ¿Creíste que morirías sin nadie que sostuviera tu mano? ¿Sin que nadie supera que no eres un completo desalmado? —repitió la voz del padre de Sherry, causando que el enojo del tirano aumentara, y la migraña se volviera insufrible.

Pero la joven no respondió.

Era utópico lograrlo, con lo mucho que le dolía la garganta de llorar, de clamar el nombre de Steve mientras recordaba su confesión de amor, el de Sherry, rememorando su manita de niña aferrarse a ella con posesividad, rogando porque no la dejara atrás, que no la abandonara como sus padres lo hicieron cuando toda esa conjuga inició dentro de las alcantarillas puercas de Raccoon City.

Encaró al engendro con el que había dormido, cuyos músculos había acariciado hasta el agotamiento. Se aproximó, los ojos abiertos como platos, la sonrisa desencajada y el corazón hecho pedazos, y se plantó a dos mugrosos pasos del hombre que durante un eclipse pasajero creyó amar entero, con mentiras, con sus pesadillas, con sus extraños modos de tirano. Por quien suspiró tontamente, con quien compartió la sonrisa más fresca, a quien confesó querer, dejando a un lado el futuro, su misión, su ética.

No había sorpresas; Claire Redfield había caído en el engaño y merecía tolerar cada nueva pizca de desolación.

El sólo verlo allí, de pie, reclamándole su interrupción, atreviéndose a abrir esa boca llena de falsedades, le hacía sentirse enferma, y como su pecho iba siendo atravesado de lado a lado con una espada.

No quería sentir sus ojos sobre ella; pesadumbre era un término pobre para describir el sabor a traición que la embriagaba. Rencor, miedo, ira, todo mezclado amenazaba con hacerla explotar.

Y quizá de forma mucho más intensa, la hipocresía; se sentía una reverenda doble cara. Después de todo, ¿cuántos años habían pasado ya desde su huida de Raccoon City junto con Leon? ¿Y cuántos otros desde el escape de la prisión en Rockford?

¿Realmente había pensado en la ausencia de Sherry y Steve mientras descansaba entre los brazos del capitán, escuchando su corazón tamborilear y conversando con una naturalidad enfermiza?

Siempre sospechó que Wesker estaba involucrado en esas desapariciones; todo lo que él tocaba, moría, se marchitaba despacio o hervía en súbito, hasta evaporarse en el aire. Pero no le importó; corazón que no ve, corazón que no siente.

Y se culpó, por no haber luchado por ellos, por faltar a sus principios, por permitir al egoísmo vencerla sin poner la mínima resistencia a sus tentaciones. Debió buscar a la pequeña niña rubia por cielo, mar y tierra hasta dar con su paradero, aunque parecía demasiado tarde para demostrar arrepentimiento por su apatía.

—Tú… ¡¿Acaso crees que interesa una mierda el cómo logré llegar hasta aquí, maldito infeliz?! —exclamó la pelirroja con histeria. Lastimada de muerte, con el alma tirada en un rincón, gimoteando patéticamente, rogando porque la calmar llegara.

Pero eso no volvería a suceder.

Antes de lo anticipado, sintió como ella se arrojaba contra él, atacándolo a puñetazos sobre el pecho, sin importarle que él pudiese matarla de un simple manotazo.

Pero era hora de despertar. Hora de liquidar sus esperanzas, guillotinando ese amor que decía sentir. Era tiempo de morir con un poco de dignidad.

Wesker le trató de sujetar los brazos, pero ella siguió batallando, cada nuevo golpe marcado como un tamborazo repleto de desprecio hacia su persona. Parecía dispuesta a hacerse saber inconforme.

Cuando al fin consiguió controlarla, y creyó que había tenido suficiente de sus mediocres intentos por herirlo, la lanzó a un lado, causando que cayera sobre su clavícula recientemente recolocada en su posición original; un único gemido escapó de su tráquea, cansada de tanto guardarse los reclamos para después.

Fue entonces que el rubio no pudo evitar explotar; toda ecuanimidad restante se le escapó por la ventana. Pactó con el odio, con el furor, para hacerle compañía, para destruir a esa estúpida niña.

Debió matarla desde la primera vez que se atrevió acercarse.

Tuvo tantas oportunidades de hacerlo….

Pero siempre se retractó de dicha decisión. Siempre hubo algún argumento para mantenerla con vida.

Se repasó el mentón con índice de su mano enguantada, por donde uno de las falanges de Redfield había conseguido impactar.

— ¡Idiota! ¿Es usted lo suficientemente ingenua para creer que sus intentos de apelar a mi misericordia podrían salvarle la vida? ¿O que liberaría a sus patéticos compañeros sólo por sus mediocres lloriqueos? —externó Wesker, mientras se acercaba a ella, sus botas de casquillo causando un eco concluyente, cegado por la indignación y los deseos de hacerla pagar por su arranque de melodramática agresión. —Pagará muy caro su atrevimiento…—Ahora los ojos del tirano relucían como soles negros, y su espalda erguida le daba la apariencia mortífera de un verdugo.

Ella hizo el amago de elevarse, escuchando la respiración taurina de aquel maniaco, más y más intensa, delatando su proximidad.

No había nada de raro en eso; él se estaba comportando como el reverendo hijo de la gran puta que siempre había demostrado ser, y ella, bueno… ella intentaba escapar a la cruda verdad de que todo eso era su culpa; sin ilusión no hay decepción.

Entonces, ¿por qué se le partía el corazón en mil pedazos al recordar las sorpresas de las que había sido víctima, al rememorar los detalles, los pequeños cambios que Wesker se atrevió a hacer, tocado por la presencia de una persona que juraba conocerlo más a fondo, desconociendo sus pecados, insinuando la posibilidad de que no estaba aislado de toda emoción, que no se había congelado durante los cien años que parecían haber transcurrido desde que se conocieron?

Pero te enamoraste, ¿no es así, Claire? Creíste que contigo en su sendero, reduciría sus impulsos destructivos, su avaricia descontrolada. Pensaste que decía la verdad; se acercaba a ti porque necesitaba de redención.

Sintió la bota de Wesker sobre su mejilla, amenazando con catapultar sus globos oculares fuera de sus orbitas. El tirano presionó por varios segundos, sin permitirle gritar pues su mandíbula estaba siendo hostigada por el mismo mal. De pronto, el psicópata retrocedió en su tortura, y Claire fue testigo de cómo tenía que sostenerse del borde de una de las máquinas que vigilaban los tubos de conservación, con una mano sobre su pecho, pero sin emitir el más leve quejido.

No obstante, se negaba a sentir lástima o a compadecerse por su latente enfermedad.

Y estaba sacando a flote lo peor de ella; los deseos de verlo sufrir de cuerpo y alma, apelando a sus crímenes. El padecer el mismo dolor que tuvo que afrontar Steve al transformarse en esa abominación verde; el sentir la vida escapando gracias a cada nueva bala que era clavada directo a sus entrañas, viéndose en la necesidad de declarar su amor por Claire en la diminuta brecha que existe entre la agonía, y la muerte.

Claire apretó los ojos, poniéndose de pie sobre sus piernas titubeantes ante la sacudida mortal recibida, recordando las últimas palabras de ese chico pelirrojo, inocente en muchos sentidos, atrevido en otros tantos. Recordando la manera férrea en la que juró proteger a Sherry de todo mal, ganándose su confianza con abrazos, con palabras de consuelo, con promesas de un hogar seguro y una sopa caliente.

Y sintió las lágrimas ardientes abrirse paso sobre sus mejillas, iguales al ácido, quemándolo todo a su paso; esperanza, cariño, admiración. Observaba a Albert Wesker clavar su puño de titanio en uno de esos computadores, liberando chispas doradas y cortando parte de la luz escasa que dominaba el bodegón.

Entonces, con las palmas cerradas, incrustándose las uñas, y los brazos empujados hacia atrás, empezó a exclamar: — ¡Eres un monstruo! ¡Un verdadero monstruo! ¡Cómo has podido, Wesker! ¿¡Cómo fuiste capaz de hacerle eso a una niña!? ¡Te odio, te odio tanto! —La chica se tapó la boca, en un vano esfuerzo por mantener al margen sus constantes jadeos. Sentía que iba a desmayarse.

¿En realidad era insensible, incapaz de aplicar los valores más básicos, de ser misericordioso?

¿Siempre fue de esa forma? ¿El amor consiguió cegarla al nivel de no tomar en cuenta las atrocidades que cometió, que seguía cometiendo, impúdico, corrompido por el poder y la locura?

El mayor sonrió de lado, sus gestos impregnados de una burla que no sentía.

¿Se suponía que esas palabras debían de dolerle?

Duelen, Albert. Lo sabes. ¿O tal vez es que ya no recuerdas cómo se siente el dolor emocional? ¿O por qué otra razón piensas que tus hombros se sienten tan pesados, y las palabras, los insultos, no afloran con la misma facilidad? Finalmente, alguien ha logrado herir tu pútrido corazón.

— ¡Cierre la boca, Redfield, cierre la maldita boca en este mismo instante o voy a despojarla de su piel y me rogará de rodillas que me detenga y le clave una puta bala en la cabeza!

La urgencia de llorar era menor a la urgencia de reclamar, de hacerle saber que ya no sentía otra cosa por él más que asco, resentimiento, cólera…

— ¿O qué? ¿Me… me meterás en una de esas malditas capsulas? ¡Adelante, hazlo! ¡Quiero ver que lo hagas, maldito bastardo! —replicó ella, repleta de angustia pero alentándose con la posibilidad de que cualquiera de esas intervenciones, sería la última.

Y le dolía, referirse a él de esas maneras déspotas, muy en su interior, después de haberse permitido llamarlo por su nombre, directo, sin miedo, con diversión, con cariño. La lastimaba insultarlo tanto como le lastimaban sus insultos, pero no había manera de impedir esa explosión; toda muestra de sensatez, de intentar, sino perdonarlo, convencerse de que esa siempre fue su naturaleza, arrogante, llena de fallas, vil, estaba completamente fuera de su alcance.

Aquel hombre estaba enfermo mentalmente. Pero Claire había hecho caso omiso; parecía haber olvidado que los delincuentes saben pretender con excelencia, atentar a la inocencia, conquistar con sus patrañas a cualquiera que intentase inculparlos.

La idea hizo que una poderosa corriente eléctrica recorriera al antiguo líder de Umbrella, de los pies a la cabeza. La imaginó flotando en esa sustancia conservativa de la manera exacta en que su ahijada, a centímetros de distancia, lo hacía. Por alguna razón, concebir esa escena lo hizo rabiar con mayor fuerza. En un arranque tomó a la chica del cuello y la azotó sobre las computadoras, escuchado como su espalda crujía peligrosamente, amenazando con quebrarse. Empezó a ejercer presión, la laringe de esa chica, doblándose igual al papel.

Estás siguiendo mis pasos, querido Albert. ¡Qué orgulloso estoy de ti! ¡Vas a matarla justo como maté a Annette! Espero que lo disfrutes; yo no pude hacerlo. ¡Mis acciones ya no me pertenecían, le pertenecían a ese virus del infierno! Pero tú, siempre tan ecuánime y calculador, seguro viste esto venir… La soñaste tantas veces fría, 'durmiendo' plácidamente entre tus brazos.

A Wesker le regresó un poco de cordura, entre todo ese caos, y apartó a Claire Redfield del alcance de sus garras asesinas, semejante a un saco lleno de arena, su expresión de incredulidad escondida debajo de su máscara de hierro.

La chica tosió varias ocasiones, tratando de imponer distancia entre los dos, aunque sólo fue capaz de dar un par de patadas escuálidas. Consiguió ponerse de pie luego de varios intentos, mientras él luchaba por silenciar a William Birkin dentro de su cerebro.

Claire se dio cuenta de que estaba empezando a hiperventilar; no sabía a qué hacer caso, si a sus impulsos de aturdirlo, pese a sus escasas fuerzas, o a bienvenir a la inconciencia que la invitaba con su promesa de olvido. Tuvo que luchar contra el dolor de cabeza, contra el vacío moral, contra sus plegarias de morirse ahí mismo y hallar en la muerte su absolución.

— ¿Cómo pudiste, bastardo? ¡Creí en ti, maldita sea! ¡Creí en ti y me fallaste!

Una risa macabra brotó de los finos labios del villano, causando que Claire se estremeciera, si es que eso podía notarse entre todos los temblores que experimentaba.

—Pobre muchacha patética, depositando su confianza en todos lados, repartiendo amor y caridad entre sus prójimos. —se mofó el ex—capitán, aunque su sonrisa mordaz, no fuese tan convincente como lo fue en el pasado; había perdido gran parte de su credibilidad. Porque incluso la voz oscura le titubeaba y entre las pequeñas pausas, podían leerse profundas y vibrantes emociones. Tenues, desconocidas, pero que con un poco de esfuerzo, Claire hubiese podido percibir. — ¿En serio pensaste que podría sentir algo por ti, la hermanita menor del idiota de Redfield?

Albert… ¿Te parece bien perderla de esa manera? ¿De verdad quieres convencerla que todo fue uno de tus sádicos pasatiempos? ¿Así te sentirás mejor en su ausencia, convenciéndote personalmente de que carece de importancia? —intervino William Birkin, sus modos temblorosos de conejillo volviendo junto con su tono impertinente.

Los ojos de Claire se llenaron de lágrimas, el dolor de su corazón amenazando con brotar. Se quedó quieta, como una esfinge de piedra, tratando de procesar lo que había escuchado. Se aproximó hacía el tirano de cabellos rubios, llena de arrebato, mientras la decepción absorbía todas sus fuerzas tal como un agujero negro devoraría una galaxia entera. Amarga, prolongándose hasta que ya no quedaba alegría dentro de ella. Recordaba sus manos, sus palabras de caballero, las veces que arrancó una carcajada de su garganta y le transmitió el sabor chocolate de sus labios pálidos, con un beso apasionado. Y todo eso le daba fuerza para acercarse e intentar atizarlo con una dura bofetada. Y mientras ella gritaba que la soltara, que lo detestaba, que era 'un maldito mentiroso', él se protegía, tomándola de las muñecas con dificultad y apresándola contra la barra metálica que separaba las computadoras del pasillo, causando que su cintura se encorvara bajo la contractura, haciéndole gritar de dolor, no sin antes recibir un codazo que le tumbó los lentes negros en definitivo.

— ¡Maldito bastardo! ¡Cómo me pudiste hacer esto! ¡Me lo prometiste! ¡Lo… lo…! ¡Mátame, mátame, joder! ¿Así es como tratas a todas tus víctimas, las conduces a tu cama, las seduces para que se traguen tus putas mentiras? ¿Te gusta hacerlas sentir a salvo y luego las apuñalas por la espalda, maldito enfermo? ¡¿Eso era lo que querías hacerle a Sherry, eh, respóndeme!? ¡Debiste cuidarla… era tan inocente… y en su lugar la mataste! ¡La guardaste como un trofeo!—vociferaba la pelirroja, mientras sacudía los brazos alteradamente y se le quebraba la voz, sintiéndose cada vez menos preocupada por su seguridad personal.

Todo lo que deseaba, era desquitar sus emociones. Era buscar consuelo en sus palabras duras, en hacerle daño al hombre que le había mentido, mirándola a la cara, contemplando su cuerpo vestido para complacerlo, mientras le cumplía el sueño de visitar el museo de Rodin.

Wesker trató de hacer caso omiso, aunque percibía que algo extraño estaba ocurriendo en su interior.

Le vinieron a la memoria todos los planes patosos que había trazado para esa tarde, y se convenció de que había caído en sus embrujos.

Sabía que de golpearla la mataría sin mayor trabajo.

¿Pero eso estaba bien, no? ¿Acabar con ese absurdo teatro de una buena vez?

Y la escuchaba. Oh, por primera vez en la vida, estaba escuchando los reclamos que clamaba, cada sílaba, grabándose en su memoria con pluma y hasta cincel.

— ¿Quiere morir? ¡Bien! Se lo ha ganado niñata tonta, al fin. ¿Pensó que podría enamorarme de una mocosa engreída como usted? ¡La haré sufrir, a usted y a su hermano! ¡Me aseguraré que no tenga tumba a la cual rezar!

— ¡Adelante, has tardado demasiado! ¡Cobarde! ¡Él me amaba! ¡Steve me amaba y tú lo mataste! ¡No eres la mitad del hombre que él fue! —Ante la mención del fallecido Steve Burnside y sus sentimientos hacia la menor de los hermanos Redfield, Albert Wesker reventó como el huracán maléfico que era.

Alzó su mano contra ella, aunque sus fuerzas estuviesen mermadas, aunque sabía en el fondo que cualquier herida que le provocara, no volvería a ser pasada por alto. Cada palabra iba separándolos más y más. Fracturándolos. Ya no podían darle vuelta a la página y pretender que todo estaba bien. Porque no lo estaba. Y nunca más volvería a estarlo.

¿Cómo podía compararlo con ese niño? ¿Cómo podía decir que la había amado si convivieron menos de dos días?

Su palma impactó contra el rostro liviano de Claire, causando que por la falta de apoyo, ésta cayera sobre su espalda, su cadera topándose con la loza metálica, lastimándola.

La sangre resbalaba desde su boca, esa que una vez tuvo un bello color cereza, y ahora estaba manchándose de ese carmín que tenía a Wesker hastiado; jamás le pareció tan desagradable, como en ese momento, escurriendo como una cascada de esa cara fina. La chica se llevó una de sus manos, tiritando con pavor, a las heridas sanguinolentas, sabiendo que nunca las alcanzaría a sanar pues estaban escarbando desde su interior; debió de tumbarle algún diente, sino la colección completa.

Albert se quedó tieso, sus elegantes piernas de jaguar, incrustadas como postes. Vio el río de líquido vital descender desde la mejilla hinchada de Claire, hasta el solado de cobre, justo debajo de sus botas militares.

No se arrepentía.

Él era incapaz de demostrar arrepentimiento.

Incapaz.

La mujer de ojos aguamarina, levantó la cabeza, indispuesta a mantenerse encorvada en la presencia de un hombre que había dejado de respetar. Ya no le temía, ni le quería…

O de eso estaba convenciéndose.

Ya no sentía nada más que traición.

Y se preguntaba si su sentimiento había sido real, o sólo una ilusión, un mero truco de magia igual a los que él acostumbraba ejecutar; una jugada en la que él repartía las cartas a su antojo.

Pensó cuan diferente habría sido su vida si Wesker hubiese sucumbido en esa misión donde tanta gente fue devorada en medio de la tesitura del bosque.

Cuan diferente pudo ser, si toda la locura bioterrorista hubiese terminado con la explosión ocurrida a las faldas de esas montañas plagadas de infortunio.

Habría tenido una vida normal, un trabajo de pintora, y su hermano sería mecánico de aviación, cumpliendo un rezagado anhelo de juventud.

Miró al enemigo de su hermano mayor, seca desde el interior; ya no tenía más lágrimas para llorar. Wesker pudo notar esas joyas, con ese matiz verde azulado, que solían mirarlo con una admiración incomprensible, llenándose de verdadera, dolorosa pesadumbre, tornándose oscuros, intensos.

—Ojalá estuvieras muerto.

Con esa sencilla frase, Claire había logrado provocar un desbalance mayor en Albert Wesker, que todas las experiencias de su larga y turbulenta vida. Lo dijo con seguridad; parecía hablar de una verdad irrefutable. Algo que le apetecía sin mayor dilación. Él espero no haberla escuchado con certeza; era mentira… era mentira… debía ser la voz de Birkin dentro de su amedrentado cerebro la que pronunciara tan grave perjurio. Sí, eso debía de ser.

Nunca pensó que Claire pudiese resguardar tal deseo… lo hubiese esperado de cualquiera, de su hermano, de Valentine, de Wong, pero no de ella. No de la mujer que presumía quererlo.

Eso lo bloqueó por un momento, trayendo consigo un sabor agrío a su boca, combinado con el cobre que escalaba desde su garganta, y lo dejó sin su usual habilidad de orador, su mente lógica cayendo en un bache de evidente desventaja.

El rostro mármol del dirigente de Umbrella, no revelaba síntoma de haber oído, aunque por dentro, y sin poder evitarlo, estaba sofocándose por un cúmulo interminable de emociones. Indistintas, ilegibles para un hombre que jamás se interesó en aprender a leerlas.

Repasaba esa oración, sílaba a sílaba, como una canción que no hacía más que repetirse, interminable.

Hubiese respondido con sarcasmo, pero no podía. Maldita sea.

Porque todo lo que creía estar experimentando, era indescifrable.

Sintió una nueva punzada en el abdomen marcado, mucho más violenta que todas las anteriores, aunque se armó de todo su orgullo para guardar la apariencia intimidante.

¿Creíste que ella era diferente, Albert? ¿Creíste que ella no deseaba que estuvieres seis pies debajo de la tierra fría e humeda? ¿Pensaste que habría un ser humano, que te necesitara con vida o que no te detestase lo suficiente como para desear que murieras partido en dos por las garras del Tyrant?

Se enmascaró de indiferencia, vistió sus nulos y demacrados sentimientos, con un disfraz que los ocultara de la señorita Redfield; ella no podía enterarse de que todo eso tenía efecto sobre él. Graves e irreparables consecuencias. Albert Wesker era rencoroso; no iba a olvidar que depositar su confianza en un ser humano, sólo lo arrastraría a su destrucción. A la de ambos. Pero todavía no estaba calculando el alcance de todo lo dicho y silenciado esa fatídica tarde invernal.

No podía enterarse de que si lo repasaba en su mente, si empalmaba todos los buenos ratos, los roces de su piel enmielada, sus gestos amorosos que en algún momento consideró ridículos, junto a esa confesión repleta de odio puro, —que debería haber sido igual de inofensiva que el resto de los insultos— sentía un chuchillo clavándosele dentro del pecho, incapaz de extraerlo, desangrándose lento y no de modo corpóreo.

Ni su usual fortaleza, ni sus poderes sobrehumanos, podían bloquear la destrucción que estaba causando esa daga, barriéndolo todo a su paso, tajando músculo tras músculo, hasta llegar al más descompuesto de sus órganos, llamado corazón.

Porque de todas las personas en el mundo que habían estado luchando por acabarlo, nadie había atinado las estacas con mayor precisión y efectividad que Claire Redfield.

Y quizá lo que más lo sacudía, era que no estaba muy lejos de convertirse en una realidad. Porque se conocía; doctor, especialista en genética, experto en enfermedades virales y asintomáticas, estaba seguro que gran parte de sus órganos estaban siendo empujados más de la cuenta, y una colección de sus células moría con rapidez.

Le había prometido volver a ella antes de las fiestas. Menuda tontería. ¿Por qué creería regresar con esa inepta activista, hermana de su enemigo, intrusa?

Todo era un síntoma de su propia ceguera; se había negado a ver que una mujer dentro de la estricta cotidianidad de su vida era una bomba de tiempo, que no tardaría en explotar.

Pero jamás creyó que alguien como él pudiese resultar herido por la explosión.

Por su parte, Claire se sintió libre durante sólo un microsegundo.

Le duró muy poco la autosatisfacción de haberle respondido con guante blanco al tirano, pues tan pronto la habitación se sumió en un mutismo de camposanto, recapacitó sobre la reacción que tendría él, el alcance de sus maldiciones a futuro; fue consciente de que había picado en el punto débil, en su talón de Aquiles.

Recordó la noche en que él había confesado los detalles de su precario estado de salud: 'Me siento morir, dearheart'. Eso había mencionado, haciéndola acreedora de la dolorosa verdad.

Él nunca creyó que ella fuese capaz de desearle la muerte, cuando su reacción durante esa plática nocturna fue de pánico absoluto, miedo sincero irradiando de sus ojos verdeazules al imaginar la ausencia de su cobijo, la imposibilidad de volver a extasiarse con su caballerosidad, con sus conversaciones profundas o sus pasatiempos compartidos, el saber que nadie conocería ese lado humano escondido dentro del demonio.

Había confiado en ella; estar muriendo y saberlo no era poca cosa.

Claire recordaba el barítono tembloroso de Wesker, y su propio horror ante la visión de su deceso; lo imaginó tendido en el suelo, inerte, bañado con su propia sangre, incapaz de defenderse, humillado por los golpes constantes de sus enemigos…

Y ahora lo utilizaba contra el tirano, queriéndolo o no. A pesar de que no estaba en papel de compadecerlo o disculparse por su arranque, le dolió saber que había utilizado un tópico tan delicado, una fractura en su armadura perfecta, contra un hombre que estaba enfermo y que no parecía demostrar tener una escapatoria.

Se sintió decepcionada de sí misma por restregarle algo tan arriesgado, tan cruel, directo a la cara. Después de todo, la joven artista había estado presente durante sus ataques y espasmos; sabía que explosiones sintomáticas como las que él padecía, no podían augurar una muerte pacífica, ni mucho menos eximida de dolor.

Y lo había sentido, trepidando por sus venas, la pretensión de querer tener enterrado al ex—capitán, tres metros bajo tierra, eximiéndose de encarar su error propio. Al menos si fallecía podría llorarle en silencio, cuando los días se tornaran difíciles; podría desaparecer para visitarlo, sin tener que contarle a nadie. Podría intentar regresar a su vida normal, y depositar sus recuerdos de esa aventura furtiva, dentro de un cofre imaginario.

Entonces supo que ya todo se había derrumbado; como una enorme torre de naipes, desde sus cimientos.

Porque la conexión que pudo haber existido entre los dos, se basaba en su incapacidad de culparlo por completo, y en el respeto que inconscientemente, Wesker almacenaba para la chica que se atrevió a darle una cadena de plata el día de su cumpleaños.

Ambos habrían presionado demasiado, tanteado las cartas, sorteando siempre la torre de casino, intentando ignorar las advertencias de que nada bueno resultaba de lo prohibido.

Desde el primer momento en que Claire fuera arrastrada por una de las ventanas de la mansión Spencer, supo que su vida nunca volvería a ser la misma. Supo que conocería a ese tirano de genio y figura, de la manera en que nadie más había conseguido. Y no por deseo propio, sino empujada por las extrañas circunstancias, quizá un poco más por el destino.

Y pasó los días, aproximándose cada vez más a desenmarañar sus misterios, a convencerlo de que la sensibilidad estaba viva en su interior; los sentimientos de amor no mueren nunca. Y bailaron en medio de un elegante salón, le contó historias de mitología, fingió protegerla con su vida; le enseñó que las batallas también se ganan en la cama, que las prácticas de combate en el gimnasio, a veces pueden empatarse con un beso apasionado. Le demostró que cocinar no es cuestión de estatus, que era capaz de darle un sitio, por encima de cualquier otra fémina que osara insinuársele; por más sensual que actuara, intentando conquistar su mirada, para él sólo había una mujer y tenía los cabellos encendidos con pasión. Ella a cambio, le hizo conocer el sabor del chocolate nuevamente, lo que era un abrazo que no terminaba en una marca de Judas, lo degustó con arte y caprichos vanidosos, lo tentó a sonreír por sus ocurrencias. Supo convencerlo de que temer por alguien también era una proeza; hasta lo arrastró a percibir la necesidad de cuidarla por encima de tantas otras cosas, que parecían carecer de importancia en la actualidad.

Todo viene desde el momento en que un tornado, conoce a un volcán.

Desde la mañana en que un hombre insensible, en piel y corazón, decidió que había suficiente de soledades, y se acercó a la mujer fantasiosa de cabello bermejo como amanecer, a experimentar cómo era sentir y hacer el amor por mero deseo, sin que existiera frialdad en el acto.

Llevaban jugando a la ruleta rusa por demasiado tiempo, prolongando la llegada de lo inevitable. Fingiendo que a nadie podrían lastimar con el azar.

Ambos lo supieron, pero nadie se atrevió a hablar.

El mayor sonrió con disgusto, recomponiendo la impresión que le había causado la sentencia.

¿Con que eso era lo que ella realmente quería?

Muy bien.

Jodidamente perfecto.

Obtendría su merecido.

El rubio se acercó trepidante, sus ojos inundados de locura. Tomó a la artista del brazo, con una gran fuerza, escuchando los huesos desdeñables, chascar debajo de la presión de su amarre, amenazando con troncharse.

Pero eso era lo que obtenía… eso era lo que merecía por creer en una niñata, aguantando sus berrinches sin ton ni son.

Albert, ¿admites haberte portado como un reverendo imbécil por haberla dejado entrar, por conquistarla con falacias, por tratarla como la reina de tu casa, celarla, protegerla de tu verdadero y repugnante ser? ¿Fuiste tú quien se equivocó, o ella, al demostrar que era capaz de quererte y perdonarte? ¿Creíste que eso duraría para siempre?

Nadie había entrado en su privacidad, tomado el riesgo de establecer una conexión humana; dio conocer sin reservas, su personalidad pasiva, sus maneras de bromear, su caballerosidad, esas cosas que creyó muertas, que no había podido utilizar antes. Se permitió dormir, con ella sobre su torso; dejó que una parte de él fuese vulnerable a sus hechizos.

Y este era el precio a pagar.

— ¿¡A dónde me llevas?! ¡Suéltame! ¡Me estás lastimando, suéltame, por favor! —gritaba ella, con urgencia. Pero ya no iba a poder apelar a su razón con un abrazo o chantajearlo con su elocución.

Claire había revelado sus anhelos más íntimos; ya no habría diferencia entre el trato hacia ella o su hermano pelafustán, Chris Redfield.

— ¡Silencio, mocosa ingrata! —rugió él, desde el fondo de su ronco pecho. Arrastrándola fuera de ese depósito de holocausto.

La mujer de ojos verdeazules tuvo como última imagen, el cuerpo de la niña, Sherry Birkin, con una apariencia de adolescente; su cabello estaba largo, y ya empezaban a notarse las características secundarias que amoldan a una mujer con el paso de los años. De haber sido capaz de caminar fuera de ese aparato médico, hubiese despampanado a cualquiera con lo exótico de su belleza.

Y luego, Steve Burnside, con el gesto inocente de su juventud interrumpida. Sus cabellos no habían crecido un solo centímetro desde la última vez que lo vio; suspendido en el tiempo, sin reloj que pudiese hacer diferencia.

Jaló a su rehén por todo el sitio, forzándola a estarse quieta cuando tuvo que abrir la puerta más resguardada del sitio, con la lectura de sus corneas.

— ¡Basta! ¿A dónde demonios nos dirigimos?

— ¿Quería conocerlo todo, no es así? Bien, déjeme darle una visita guiada al laboratorio…

Continuo batallando contra esa debilucha; a pesar de estar desgastado por un día tan atareado, devastado en todo sentido, era infinitamente más fuerte que ella.

La pelirroja chocó contra la pared repetidas veces, negándose a cooperar, leyendo demencia en esas oraciones, aparentemente tranquilas, con las que el rubio respondía.

Entraron a un sitio de menor extensión. Había tres camas de hospital, con unos extraños monitores colocados a los lados; Wesker se encargó de impelerla con brusquedad sobre uno de los colchones.

El sudor que corría por la frente de la chica, se desperdigó sobre la almohada de cuero blanco contra la que impactó, mientras un sollozo atravesaba sus laceradas mejillas, y pese a sus esfuerzos, su laringe raída de tanto vociferar improperios. Algo de sangre se escurrió de las heridas que se encontraban dentro de su boca; el puño de Wesker empezaba a mostrar sus secuelas, hinchándole y amoratando su bajo mentón.

Maldita pelirroja, maldito el día que entró, joven y reluciente, a su vida como capitán.

Maldito el día en que volvía a tomarla presa, en el incidente Rockford, admirando lo mucho que había crecido en su ausencia; valiente, sensual, engreída.

Maldito el día en que se tentó a sentir sus lenguas danzando unidas, sus manos temerosas acariciando su espalda en un abrazo momentáneo, perecedero.

Maldito el día ente aceptó el calor de sus piernas rodeándolo, cuando escuchó su nombre de pila nacer entre sus gemidos placenteros.

Maldito el día en que se enamoró, de Claire Redfield.

Debió hacer eso desde un inicio; debió de matar lo que le restaba de emoción. Debió aplastar a la una mujer que fue capaz de ver su debilidad.

Se volteó a verla, sus lentes negros bloqueando todo vistazo de esa mirada demoniaca; Claire no se había recuperado del golpe contra la silla para sujetos experimentales.

Sin pensarlo, se acercó, arremetiendo a la muchacha con todo su brío contra la superficie acolchonada.

— ¿Qué demonios me harás? ¡Déjame ir! ¡Nada de esto cambiará lo que hiciste!

—Quizá no, Redfield. Pero nada de lo que diga podrá cambiar lo que estoy por hacer tampoco. —respondió el ex—capitán de los S.T.A.R.S, colocándole una correa de cuero en cada muñeca, para que no pudiese escapar, mientras ella seguía rebatiendo en vano, hasta que él aseguró los broches y no tuvo otra opción que intentar desbarajustar los amarres a tirones inofensivos. Luego la prendió de las piernas, amarrando con unos cinturones similares, de sus tobillos.

Se acercó a una de las estanterías, repasando los virus que tenía a su disposición, grabando cada uno de los gritos desesperados de esa muchacha, quien cayó blanca de espanto, al verlo tomar una jeringa de proporciones intimidantes.

Veo que al fin te decidiste a matar a Claire Redfield. Buena mano. No falles. Porque tú eres el siguiente en la lista; la he escrito yo mismo. —Intervino una última vez el antiguo socio de Albert Wesker, abandonando un eco espectral tras de su desaparición.

— ¿Qué… qué… harás con eso? —cuestionó la menor, sintiendo un sudor frío correrle por la espalda.

—Un asunto que dejé pendiente por demasiado tiempo.

Así que eso era lo que quería hacer con ella desde un principio…

La menor de los hermanos Redfield volvió a agitarse, tratando de erguir su cuerpo y no rendirse; tenía que hallar un escape o no habría burla milagrosa de la muerte esta vez.

Parecía estar más que condenada.

Escuchaba el sonido de su propia respiración, taladrando profundo en sus aturdidos oídos; la impotencia de no poder librarse de sus correas.

Sentía las lágrimas amenazando con correr nuevamente, mientras el hombre mayor se recargaba contra un refrigerador gigantesco, por única ocasión, Claire vio a ese hombre egoísta, farfullar.

El tirano destapó ese aparato de enfriamiento, sintiendo su muñeca derecha, temblar incontrolable.

Había perdido un sujeto de experimentación esa mañana, y estaba a punto de recuperarlo.

Las cuatro ampolletas restantes del Génesis, se mostraban ante su vista, con todo su esplendor. Tenían una tapa morada y una etiqueta sin advertencias.

Y mientras miraba el pequeño frasco de vidrio templado, se preguntaba si sería capaz de hacerlo, si haría ese virus circular sobre sus venas, probar su ADN, corriendo el grave riesgo de que la rechazara, haciendo que su cuerpo pereciera muy despacio, lo suficiente para caer en consciencia de que fue él quien la infectó sin más contemplaciones.

No sabes si su sistema va a soportarlo…

El adusto capitán se tocó la frente con el dorso de la mano, mientras destapaba la inyección.

—Podrás matarme, podrás usarme como una de tus ratas de laboratorio, pero Chris se encargará de enseñarte una lección. —clamó la chiquilla, sus brazos haciendo resonar los broches de las correas de manicomio.

Esa sentencia le quemó los labios; buscar a Chris sólo cuando tenía problemas, le pareció totalmente bajo y vil.

— ¿Crees que dejaré que se acerque a ti? Sobre mi cadáver, Redfield, sobre mi cadáver volverá a verte. —respondió el ególatra, llenando el aplicador médico con una ampolleta, parcialmente recargado contra el lavabo. Claire no podía creer lo que estaba pasando. Sin duda, la inyectaría…

¿Quién podría haberlo adivinado? El día anterior habían estado cocinando juntos la cena, bailando, charlando como una pareja cualquiera, y ahora… bueno, ahora tendría que convertirse en lo que él deseara. En una criatura mutante, en un pedazo de carne deformado, en una asesina calificada para sus filas… No lo sabía, pero tampoco deseaba pasarse el tiempo que le restaba de vida preguntándoselo.

De pronto, el mayor se esfumó de su vista, regresó a los estantes con suministros y tomó una botellita de líquido diferente; Claire no alcanzaba a ver fielmente desde su desventajada posición. El ególatra maníaco repasaba sobre las yemas de los dedos, una segunda ampolleta. O eso daba la impresión de ser.

Se escuchó el quebrar de muchos recipientes de vidrio; Wesker estaba lanzando todo lo que se cruzaba a su paso, fuera de las plataformas metálicas. Peleaba contra sí mismo; la pelirroja había contemplado anteriormente esos ademanes determinados, esa concentración absoluta de sus ojos color bermejo, sin ninguna indulgencia, repletos de repudio, con sus varas amarillas semejantes a las de un centinela.

Lo vio acercarse, y le rogó con la mirada; 'por favor, no lo hagas', dictaban esos ojos agua marina, pero ya era demasiado tarde para dar unos cuantos pasos atrás. Demasiado tarde para equilibrar la balanza; para encontrar consuelo en un último beso que le supiera a hiel.

Mirando todo irse a la borda, su torre de naipes, como se desploma, muriendo en un suspiro lento y prolongado, preguntándose si ese era la cantidad justa a saldar por enamorarse.

— ¿Por qué… Albert? ¿Por qué, todo lo que se acerca a ti… muere? Yo… yo creía que sería diferente. Mentiste. Es lo único que sabes hacer. —musitó ella; la tragedia había drenado toda su vivacidad.

Quedaban meras cenizas.

Albert Wesker insertó la aguja en uno de sus brazos expuestos, y la chica percibió el frío desmedido galopar a través su arteria; todo se tornó brumoso, indefinido. Una convulsión de desespero atacó su humanidad, provocando que la artista tratara de empinarse fuera de la cama, sin éxito.

Su última imagen fueron las ropas oscuras del ex—capitán; sin sadismo ni satisfacción adornándole las facciones frívolas. Pudo ver en el fondo, reflejada su propia tristeza, aunque se tratara de una ilusión por saberse cercana a su final.

No sabía que vida habría preferido.

Si realmente estaba luchando por justicia para Sherry o Steve, o huyendo de sus verdaderos sentimientos de amor hacia Wesker.

Tenían razón.

Todo lo que él toca, se apaga.

Muere.

Y al final, resta el silencio.

El capitán vigiló hasta que sus ojos aguamarina se cerraron; arrojó la lavativa lejos, fuera de su campo visual, dio un par de pasos en reversa. Por una fracción de instante, sintió que una de sus rodillas deseaba visitar el suelo alustrado, pero su orgullo de soberano no se lo permitió. No la miró rígida sobre ese asiento; prefirió aparentar indolencia. Se acomodó el abrigo, conduciendo sus pasos a la puerta de salida, la cual solicitó una nueva lectura de su retina.

Tan pronto como el villano desapareció, el emplazamiento se tornó sombrío; no hubo lámpara encendida para iluminar la silueta abandonada de la jovencita.

Albert Wesker desapareció con un paso felino, controlando los temblequeos de sus muñecas; caminaba con mayor imponencia que nunca, pero dicen que las apariencias engañan.

Una pregunta flotaba austera; nada es para siempre, y todo se resumía a un: '¿Cómo pudieron las fantasías reducirse a esto?'.


Oh, cielos… en serio que soy mala persona. Deberían de aprisionarme, o algo.

Otra vez hagan caso omiso a eso, fue escrito a las cuatro de la madrugada.

Uno empieza a escribir, pone la música, se suelta, se hace una buena taza de infusión, y no espera que las cosas se desarrollen de la manera en que suele pasar. La idea central la tenía desde hace dos años, pero… los detalles, creo que eso de escuchar música es un arma de doble filo.

En serio espero que no reciba palos, botellas, y otros elementos de tortura.

Hacerse un preámbulo amoroso, y que las cosas se fragmenten así parece algo… contraproducente.

Pero… tengo algo que decir en mi defensa, y es que aunque no daré el menor detalle, quiero que sepan que la historia está terminada en mi cabeza, y que… haré todo lo posible por no decepcionarlos nunca, ni en los siguientes capítulos ni con el final.

Bueno, ya saben, pueden darle favorite, si les ha gustado. Follow, si quieren ser avisados por mis publicaciones. Y ahora sería un buen momento para dejarme sus opiniones en un review… O reclamarme por las cosas que hago, las que no hago, o… extender cualquier tipo de amenaza, felicitación, abrazo virtual…

Ahora, quiero hacer mención de dos historias Weskerfield que escribí en el lapso junto con esta publicación. Deadly Wounded, que es una colaboración con la queridísima Stacy Adler y Talking with a Memory, que es un oneshot bastante… trágico. :D Están invitados a pasar a leer, jejeje.

Ah, por cierto… WOW, es todo lo que puedo decir… la respuesta a esta historia ha rozado los límites de mi imaginación, y no saben lo inmensamente agradecida que estoy con ustedes, no sé cómo retribuir todo este apoyo.

Mis más sinceros agradecimientos.

Y por eso, quiero poner aquí una pequeña advertencia, jeje, la parte de las respuestas de los reviews es bastante extensa… Creo que para el siguiente capítulo, las respuestas las daré por MP, como algunos otros autores lo hacen, para que no de la apariencia de ser un pergamino interminable. ¿Cómo ven? ¿O les gusta ver las respuestas aquí?

Creo que a mí me gusta conservarlas en el documento, pero… voy a pensarlo.

Así que de una vez me despido.

Sale, muchas gracias por seguir esta historia que es de todos.

Y nos leemos pronto.


Respuestas a los mensajes:

Yun-Tidus-Love: ¡Hola, hola, ¿cómo estás?! Jaja, la verdad que hacerlos cocinar me preocupaba un poco; no quería sacarlos de su carácter original. La declaración de amor era otra de las situaciones que me tenía consternada. Pero gracias, espero que te haya gustado la sutil manera en que Wesker la aceptó en su vida, aceptó el sentimiento que guardaba hacia ella.

Lo de Sherry, jejeje, sólo diré una cosa y es que nada es nunca lo que parece ser. No quiero dar más adelantos, jejeje, pero espero que este capítulo, ya el 25, cause impacto, muchas emociones.

De paso, quiero agradecerte que estés siempre tan al pendiente de mis publicaciones; en serio, no sé cómo pagarte tal nivel de apoyo. Eres grandiosa. Muchas gracias por darme ánimos para continuar. Me halaga enormemente ser tu 'idola', jejeje, la verdad no sé si lo merezca, pero me haces sentir una felicidad inmensa, increíble, y no tengo las palabras para describirte la emoción que experimento cada vez que leo un review tuyo.

Sobre la relación, rayos, no sé si pueda hablar mucho sin dar detalles. Sólo puedo decirte que estés tranquila, que trates de tomar las acciones como vienen, y sobretodo, disfrutes la lectura; todo está acá en mi cabeza loca, y… bueno, ya veremos lo que pasa.

Tú tranquila, yo nerviosa.

Nos leemos pronto, hermosa, un gran y cálido abrazo para ti.

|Lawliet1: ¡Mujer! Cada vez que releo este review, me dan ganas de ponerme a chillar, es que simplemente es maravilloso.

Tus suposiciones sobre el final del capítulo eran más que acertadas; el rollito que se acaba de armar está muy fuerte.

Lo de la colaboración; ya la tengo toda dibujada en mente, pero la verdad es que con el examen de la universidad y el capítulo de CC, no he tenido tiempo para sentarme a escribir una introducción para comunicarte la idea principal.

Jajajaja, me encanta tu referencia de Molly Weasley con lo de: ¡A mi Wesker no, perra! Eres una loquilla.

Y tienes razón, entre Hitler, Voldemort y Wesker, no sé quién pueda ganar el premio 'al mayor tirano de todos los tiempos'. La cosa está muy reñida.

Ya le va a poner la calefacción, lo prometo, jaja, pero vale, mira que Wesker la protegió muy bien del frio, no hay de qué quejarse.

Lo de los pingüinos es una de esas cosas que quiero hacer cómicas en CC y no sé si me salen del todo bien, peor… bah, anyway, lo escrito, escrito está, ¿no es así?

Jajaja, we, lo de ser un 'gitano' es una licencia poética, tú siempre tan textual y yo tan poco presta para responderte con indulgencia.

Intento que Wesker esté siempre en su personalidad, aunque debo admitir que por momentos siento que se me sale de las manos el tipo. Jajaja, pero Claire se la pasa bien acurrucada en su pecho, a mí no me engaña.

Ya sé, jaja, poner a Claire cocinando faisán me tomó tiempo de reflexión y llegué a creer que caía en el OoC, igual Wesker con su postre de chocolate, pero bueno, un FF es para experimentar y si fallaba tendría muchos capítulos más para remediar… jajaja, lel.

Quería poner la escena de la cocina como algo un poco más fuerte, jajaja, pero la verdad es que prefiero guardarme el segundo lemmon para algo mucho más épico, querida. Lamento si te decepcioné (¿?).

Finalmente, pero no menos importante, la escena del baile.

Estaba escuchando demasiada música romántica y esto es lo que pasa; sin embargo, creo que no me arrepiento de haber incluido una confesión de cariño y ese meneo tan sensual que tienen los dos como pareja de baile (¿?).

Siempre usaré las frases, detalles que me proporciones, si puedo adaptarlas a un momento que tenga planeado en específico; fueron de mucha utilidad, en serio.

Y al final, me tuve que quitar las uñas porque ya no las aguantaba. Aunque en la laptop era mucho más fácil escribir con uñas de acrílico, jajaja.

La parte de Sherry y Steve… como ves, las cosas se pusieron muy pesadas. Con todo el rollo de este capítulo, en serio espero no recibir palazos o ligeras agresiones, te juro que mi intención no es perturbar a nadie (¿?).

Verás que todavía guardo las mejores cartas bajo la manga, jajaja, pero no tendrás que esperar mucho para que las revele, lentamente…

Okey, llegamos a la parte sentimental, como dices; y creo que es la parte que más me ha gustado.

Claro que me he dado cuenta de las evasiones, really, ¿por quién me tomas?, jajaja, pero la verdad es que aunque me sacaba un poco de onda, sé que no es tu obligación responder en ese momento, digo, son sólo fragmentos, no puede causarte mucho efecto el sólo leer una parte del capítulo, ¿o sí?

La manera en que describes las sensaciones que te provoca Cuerpo cautivo, ha hecho que se me reduzca el corazón; has obtenido el mismo resultado en mi pecho al decir que puedes sentir como se te escapan los latidos del cuerpo.

Me alegra tanto el que pueda conmoverte, aunque estés al otro lado del océano; eso demuestra el alcance, el poder de las palabras.

El que hayas encontrado Cuerpo cautivo desde lo que parecen ser años, aunque sólo se trate de unos pocos meses, es una de las mejores cosas que me ha podido suceder. Y lo digo en serio; no sólo gané una lectora, sino una gran amiga, colega, socia, todo en uno.

Terminaste muy rápido de leerla, pero sabes, creo que lo has apreciado a cada capítulo más de lo que llegué a creer que sería posible.

Todas esas emociones que describes, con el paso de cada nuevo capítulo, me ha traído una enorme sonrisa al rostro, porque he tenido emociones muy parecidas en todo el recorrido, y puedo citarlas con la misma fidelidad con la que tú lo has hecho; la ansiedad del capítulo 12 al saber que describía un beso entre los protagonistas por primera vez, el tiempo eterno que me tomé para escribir la escena del gimnasio en el 16 y todas las canciones que tuve que utilizar para alcanzar una inspiración aceptable, el tiempo eterno que me tomó escribir el capítulo 17 y lo culpable que me sentía por no actualizar; me sentía responsable por la ausencia de una nueva entrega de Cuerpo cautivo, mensual, como suelen ser generalmente.

Pero creo que el capítulo 18 marca una pauta muy diferente de la historia, no sólo por las escenas subiditas de tono y los secretos que ese capítulo oculta; el inicio de una gran amistad contigo, de unas platicas medias alocadas, desde que te agregué en FB.

Sé que soy alguien que suele intimidar con la primera apariencia; soy consciente de eso y créeme que no es intención; me alegra que tú consiguieras ver entre todas las barreras que utilizo para protegerme.

Pero recuerda Laia, que esta historia no es sólo mía, sino también de quienes la leen y la alimentan con sus comentarios; jamás olvidaré tu primer review, aunque a ti no te guste, porque lo sentí sincero, lleno de sentimiento, pese a que todavía no hablábamos en vivo y en directo.

Eres una gran chica, me has hecho creer en que puedo llegar a los demás a través de las letras, y espero poder convencerte de que eres perfectamente capaz de lograr lo mismo, sólo tienes que tener confianza en ti misma y afrontar con valor las dificultades.

Y no pareces una loca, me encanta leerte y de corazón deseo que siempre guardes un espacio para esta historia, dentro del tuyo.

Vale, yo también me he puesto sentimental.

Muchas gracias por todo, preciosa. Te mando un besote hasta allá, aunque me encuentres pedófila.

Sabes que te adoro.

¿Y qué más iba a decir? Ah, sí, ya recordé.

Nos leemos pronto.

barbaraalcala08: ¡Hola! ¿Cómo has estado? Me sorprende gratamente que el capítulo te haya causado tal impresión… Y estoy esperando que esta entrega tenga ese mismo efecto.

Tienes toda la razón al decir que para un artista, lo más importante en la existencia es su arte. Y preguntar qué tal les pareció el capítulo, y obtener una respuesta, cualquiera que ésta sea, es una de las cosas que me animan a continuar y me llenan.

Sobre el perfil, jeje, me pareció un gran detalle de tu parte, creo que te haré uno parecido.

A ver: Me llamo Adriana Navarrete, tengo 18 años, pelo castaño cenizo, corto, ojos verdes, me encantan los videojuegos, los libros y mi pasatiempo favorito es escribir. Estoy por iniciar la universidad.

Listo.

Muchas gracias por tu opinión; es lo más importante para mí como autora. Y bueno, pues las menciones musicales, espero estés al pendiente, escuché ambas y creo que 'no me compares', de Alejandro Sanz, le siente perfecto a una parte que tengo planeada. Espero que este capítulo, al fin el 15 te cause el mismo sentimiento de identificación y apremio.

Un gran abrazo, y gran mensaje motivacional. Es un alivio recibir palabras profundas y siempre contar con un apoyo.

Un gran abrazo, saludos; estaré encantada de recibir una nueva opinión tuya.

Sólo tengo una cosa qué agregar; soy muy mala persona…

Vidian: ¡Hola, querida, cómo estás! La dedicatoria es un pequeño detalle en comparación a todas las consideraciones que has tenido con mi persona.

Muchas gracias por el halago linda, creo que poner esfuerzo en una tarea, siempre muestra sus frutos, y sabes que escribo con todo gusto. Es mi intención que provoque alguna respuesta emocional, y cuando logro conseguirlo, bueno, me siento satisfecha con el resultado.

Jejeje, te agradezco enormemente la sinceridad; creo que es una cualidad espléndida en ti y que no es común en las personas de estos tiempos.

Ahora, la escena del pollo… jajaja, la verdad es que siempre que pongo comedia me mortifico porque no sé si me ha salido bien. Pero el conjunto de escenas de la cocina, creo que me ha divertido escribirlo y también, para que negar, me entró la cosquillita de hacer un segundo lemmon. Pero creo que para eso me tomaré un poquito más de tiempo; quiero que sea mejor que el anterior. Sobre Wesker cocinando, es una visión tentadora… ¿no es así?, siempre me estoy preguntando si permitiré que haga esto o aquello, pero para conseguirlo, necesito estar en su papel constantemente, tanto que en el FB luego termino hablando como si lo tuviera cerca, jajaja, es un rollo interesante ese de ponerse en el papel de los personajes.

Lo de la última parte, conduce a todo lo acontecido en este capítulo. En serio espero no causar ninguna decepción con lo que ha ocurrido. Y perdón por portarme malvada otra vez y dejarlo hasta allí, pero creo que la mejor manera de continuar con este FF, es controlar las emociones que se van desenvolviendo, y explotar todos los matices de la relación.

Muchas gracias por el mensaje linda, espero puedas pasarte pronto y permitirme saber tus impresiones de esta nueva entrega.

Un gran saludo, y suerte con los estudios.

Nos leemos muy pronto.

Kotaro-Yutoki: ¡Hola, qué tal! Muchas gracias por haber agregado Cuerpo cautivo a favoritos; nos seguimos leyendo, espero, muy pronto.

jessie-arii-annie: ¡Hola linda! Jejeje, le pongo guiones a tu penname porque luego FF me borra los puntos.

Te prometo que todas las piezas del puzzle se unirán en un mismo panorama; quizá no sea el que esperas pero prometo que pondré todo mi esfuerzo en aclarar la mayor cantidad de dudas posibles. Jejeje, me halagas… obra maestra, lel, lo cierto es que intento que cada capítulo sea más intenso que el anterior, y que tenga sus emociones muy claras, aunque cuente aspectos distintos de la historia. Algunos hablan de la relación entre Wesker y Claire, otros de las reacciones de Chris y Leon, pero todo está pensado en culminar en una sola situación. Pero ya veremos más adelante…

Jejeje, como dices, el asunto va a ponerse bastante cardíaco y promete. Por el momento, al parecer las cosas ya explotaron en la relación que parecía ser ligeramente estable. Sobre las consecuencias de sus relaciones atrevidas con el capitán, tan tan tan, es muy pronto para sacar conclusiones, lel, pero hay que andar al pendiente…

Muchas gracias por el mensaje, querida, se agradecen enormemente el apoyo y todas las consideraciones. Espero que el capítulo 25 esté trepidante y no dudes en hacerme llegar cualquier clase de comentario.

CMosser: ¡Hola, querida! Antes de que se me olvide, jajaja, me mataste con Wesker y su rasho láser, morí, jaja, me reí como dos horas de eso. Jajaja, espero que ya te sientas mejor de salud.

Jajaja, ya sé que soy mala. Y me volví a portar mal en este capítulo. Creo que no puedo evitarlo, está en mi naturaleza.

Lo de la comedia fue la parte más difícil de escribir, debo admitir, siempre he sentido que no se me da tan bien como podría, pero bueno, hago la lucha, jajaja.

Le puse una ropa a Wesker que siempre me ha gustado; eso de los suéteres con cuello de tortuga, negros, pegaditos, es mi debilidad. Siempre que haya un buen cuerpo dentro de ellos, claro.

Jajaja, y lo del ultimate facepalm, jajaja tienes toda la razón, mira que Wesker se la ha pasado así todo el rato en que estuvo metido en la cocina, que no fue poco.

Lo de la cocina, jajaja, no me mates, lel, te juro que tenía la intensión de subirle un poco al volumen de las cosas, pero creo que debería guardarme la oportunidad del lemmon para escribir algo más épico.

Es cierto; todas esos pequeños momentos en ese capítulo, no sé, sentí que era necesario llevar la 'relación' a un nuevo nivel; Wesker tiene problemas, Claire no aceptaba que lo quería, no al menos audiblemente, y como te darás cuenta en este capítulo, sería una de las últimas oportunidades que tendría de hacerlo.

Bueno, todo explotó en esta historia; Steve y Sherry… eso cambia las cosas de enfoque, como dices… ¿Qué esperaba Claire encontrar en el laboratorio de Wesker?

Porque no creo que nunca ni en sus sueños más trillados, hubiese imaginado tal ¿traición? Aunque a veces me da el sentimiento de que ella peca de ingenua, a propósito.

Tenías razón; nada bueno pudo salir de ese descubrimiento.

Y de nuevo, linda, me he portado malvada y quizá dejado el capítulo no en el mejor momento.

Pero me da mi ataque dramático y prefiero llevar las emociones con calma.

Jejeje, no quiero atormentar a nadie ni sofocarlo con tantos caracteres.

Muchas gracias por el mensaje, hermosa. Se agradecen como no tienes una idea. Estaré esperando el palo con clavos; admito merecerlo (¿?)

Un abrazo, y nos leemos muy, muy pronto, espero.

VioletStreat: ¡Hola, cómo estás! ¿Cómo te ha ido? Si, Sherry y Steve, creo que eso vino a cambiar todo el esquema de Cuerpo cautivo, como espero se note ahora que la bomba ha estallado.

Me alegro mucho de que todo el capítulo 24 haya sido de tu agrado, en serio, es muy importante para mí tu opinión. Y agradezco que te hayas pasado a las historias de esta parejita que están en mi perfil. Me entusiasma saber que te gusta lo que redacto; me pone las pilas para continuar con los relatos.

Wesker volvió de su junta de negocios, y mira cómo terminaron las cosas… pero bueno, no te preocupes, está todo dentro de mi cabecilla loca, sólo hay que pasarlo al papel.

Ahora tomé un poco más de rato para terminar el capítulo, pero acá está. Espero tener tu opinión, querida, y en serio, el apoyo que me brindas es altamente apreciado.

Un gran abrazo, nos leemos pronto.

Stacy Adler: ¡Hello, hello! ¿Cómo estás, querida? *cruje sus nudillos de igual manera*, jeje, veamos…

La ignorancia es felicidad, jeje, lo había escuchado durante uno de los capítulos de House y nunca me pareció más cierto que ahora. Creo que la intención es presionar a Claire hasta que acepte que lo que hace es una locura, y aun así, no se arrepienta de hacerlo.

Creo que en el fondo la chica sabía que eso iba a pasar, tarde o temprano, después de todo, ambos están en diferentes bandos.

Pero como mencionaste, no creo que se esperara semejante estocada; como ves en este capítulo, las cosas se han puesto duras e intensas, hasta un punto que dar marcha atrás parece imposible.

Sherry y Steve, creo que el problema, como has dicho, es que no es una simple laceración, sino traición, lo que experimenta.

Pero después de lo que ella se atrevió a decir; bueno, creo que él también se ha sentido traicionado en algún nivel.

Con o sin derecho…

Sobre las razones de tenerlos allí, *risa malvada*, veremos, veremos más adelante, si existen o no esas motivaciones.

Eh, jajaja, ya te caché Mire, con eso de las caricias en la cocina, jajaja, lo del calor del horno se le sube a uno al cuerpo, sino pregúntenle a Claire Redfield (¿?).

De hecho, Laia flipó, jajaja. Estás en todo lo cierto.

En fin, la predicción que hiciste de que la cosa no terminaba en eso, fue más que adecuada.

Y tampoco se concluye con este capítulo.

PD. Sigo esperando Ocaso.

PD II. Espero que podamos trabajar pronto en la colaboración, mira que he repartido mucho sufrimiento con las historias y todavía no me lleno, jeje.

Un gusto saludarte, Mire, y muchas gracias por seguir pasando a Cuerpo cautivo.

Te quiero, un abrazo enorme y nos seguimos leyendo.

Oh-insanidad: ¡Hola, aquí presentándome relativamente puntual! Jajaja, okay, oye, espero que este capítulo veinticinco haya contado con el mismo recurso; mira que a eso de los cliffhanger les tengo un poco de miedo porque no estoy segura de cuándo me salen bien. Como ves, la ruptura se ha dado… Pero hay piezas que todavía no abandonan el tablero y hay mucho que contar de esta problemática…

Y no dudes que algo se llegó con todo este preámbulo de relación. Dicen que los sentimientos no mueren, jejeje, así que ya veremos que les depara a estos dos de ahora en adelante, justo cuando no creen sentir ya nada el uno por el otro. Me pregunto si eso podrá ser cierto…

*Pausa dramática*.

No.

Sí.

¿Cómo saberlo?

Sobre la galería de arte… pues, creo que Wesker sería el tipo de 'pareja', que se preocuparía porque su musa también se sintiera cómoda, que se realizara de manera personal.

Sobre la escena que viene de lemmon; voy a checar todos esos títulos eróticos; la verdad es que tengo ganas de hacer un momento épico, de alcanzar algo que sea nuevo pero bien fundamentada, y sobre todo, que se note que hay un trabajo, por así decirlo, de investigación detrás de la escena.

Además, todos los escritos que mencionas suenan muy interesantes, y parecen ser de la clase de literatura que me agrada leer, por encima de que sea erótico o no su contenido.

Muchísimas gracias por esas recomendaciones, esperemos que pueda lograr algo que quede realmente a la altura de todas esas publicaciones.

Por ahora, te dejo con este capítulo, jejeje, un tanto intenso, un tanto triste, pero al final planeo que se haga notar, que no todas las cosas son lo que parece.

Muchas gracias por el apoyo, un tremendo abrazo y nos leemos muy pronto si todo sale bien.

mika: ¡Hola, hola, hola! Una enorme disculpa por el retraso, en serio, no sé debajo de que piedra esconderme. Recibí tus dos mensajes y la verdad me siento mal por no haber podido publicar antes; la verdad es que me tomó tiempo el poder pulir este capítulo y que quedara como esperaba.

Muchas gracias, jejeje, a veces sólo puedo valerme de mi seguridad para animarme a seguir publicando más capítulos. Aunque claro, todos los bonitos comentarios que recibo, siempre tan positivos, son una gran inspiración para mí como autora.

El final del otro capítulo pone el camino libre para éste, o sea, todas las emociones del anterior, necesitaba enfocarlas acá, en los eventos por así llamarlos, desafortunados, que acaban de suceder.

Tienes razón, jejeje, demasiada tranquilidad por un día; igual al final resultó en un cataclismo.

Bueno, infinitas gracias por seguir comentando Cuerpo cautivo, y espero contar con tu opinión pronto.

Pondré todo mi empeño para no decepcionar en un futuro. No te preocupes, no me gustaría dar adelantos, pero mi consejo es que veas como van avanzando los capítulos y que espero en el futuro, la historia de estos dos siga conquistándote.

Un cálido abrazo y nos leemos pronto.

Ariakas DV: ¡Hola! ¡Jejeje, me reí con las caritas que pusiste! Creo que dijeron más que mil palabras (¿?). Jajaja, eres genial, absolutamente, tu review siempre me pinta una sonrisa de oreja a oreja.

Perdón por el final, jeje, no es mi intención que te vuelvas cliente frecuente del desfibrilador (¿?).

Sí, pobre Sherry y Steve, ellos causaron todo este embrollo y no Wesker (¿?).

Creo que Claire al final no tuvo muchas consideraciones con la pobre alma del loquillo de Wesker; lo que es una lástima porque se ve a leguas que él la ama con todo su corazón. Me encantaron tus referencias sobre los juegos online, casi me parto de la risa, pero hey, intenta hacer entrar en razón a alguien tan cabezón como Claire… es imposible.

Wesker, jajaja, la verdad es que no hay mucho que decir sobre él; siempre hará caso a sus bajos instintos y a veces tiene menos corazón que un hombre de hojalata. Como dices, creo que tiene que aprender a usar más su common sense, que lo tiene bastante descuidado.

No te preocupes por perderte, está permitido siempre y cuando en algún momento te vuelvas a aparecer sino te extraño y lloro (¿?).

¿Dos carreras? Debes ser un maestro… :') Jajaja, sí Weskerizate, Weskerizate, vale, con que no te pongas a inyectarte cosas raras todo está bien.

¿En serio esperas iniciar un fic? Ufff, estaré encantada de leerlo, espero eso aparezca muy pronto. ¡Quiero leer, quiero leer! Espero ser la primera en enterarme de las características de tu proyecto :').

A mi beta también le encantan los juegos online, como WOW y LOL, dice que son geniales, yo sólo he jugado en consola, soy más de juegos como The Last of Us, Resident Evil, Beyond: Two Souls, The Walking Dead, entre otros.

Muchas gracias por pasarte, sé que debes andar apretado de tiempo. En fin, espero encontrar tu comentario, eres muy divertido .

Nos leemos pronto. Un gran abrazo y suerte en los estudios.

name: El capítulo 22 estaba pensado para ser súper mega ultra romántico a su particular modo. Digo, es Wesker, no se le puede sacar mucho de personalidad; y la tarjeta, como podrás darte cuenta, tuvo 'fatales' consecuencias. Y puedo decir que hasta ahora, para los dos.

Sobre el capítulo 23, sí, hay bastante Valenfield, creo que son la pareja canónica más famosa; son lindos, tiernos, y creo que de alguna manera están destinados a estar juntos, pero no sé qué le pasa a Capcom…

Y el final… jejeje, todos guardemos la calma, lo tengo todo fríamente calculado (¿?), quizá se me cueste un poco de trabajo redactar el final, pero nada es imposible… (¿?). Espero a la altura de una conclusión que deje a todos satisfechos, buena o mala.

Siempre he querido decir que este fic es un poquito… no sé, un poco impredecible.

Muchas gracias por el comentario; eres increíble. Y por el apoyo, a lo largo de todos estos capítulos. En serio. Espero que el capítulo actual sea de tu agrado…

Un abrazote de oso, nos leemos pronto.

Lala: ¡Hola, ¿cómo estás?! :D Oh, el shock, jeje, la verdad es que era un poco la intención (¿?) Sé que soymala persona, pero no me he resistido a dejar de utilizar el suspenso como un recurso.

Me alegro mucho de que te haya gustado el capítulo; pero también lamento que te dejara mal… :/… Y creo que esta vez no será muy grande la diferencia.

Pero, bueno, tú tranquila, quiero que lo que suceda sea sorpresa y por eso no doy adelantos, sólo diré que no te preocupes y que espero disfrutes el desarrollo de la historia.

Muchas gracias por pasar a dejar tu opinión, es muy importante para mí, y espero que esta entrega sea de tu agrado y cualquier comentario, puedas hacérmelo llegar.

Besos y nos leemos pronto.

DarknecroX: ¡Hola, ya volví! Jaja, sí, sí me he pegado en el dedo chiquito, y duele hasta el alma, jajaja, buena forma de comparar el capítulo, jeje, no podría ser mejor… Y en este sí daré las recomendaciones musicales al inicio, para que todos puedan verlas al instante; escucharlas le da un ambiente diferente al capítulo, o al menos eso pienso yo… En fin, jejeje, perdón por haberlo dejado hasta aquí, igual, creo que se me está haciendo manía usar el suspero.

Igual, espero que el 25 no te decepcione, y estoy realmente ansiosa por saber lo que piensas al respecto.

Besos y abrazos desde México, y nos leemos pronto.

Addie Redfield: ¡Hola hermosa! ¿Cómo has estado? ¿Ya va todo mejor en el trabajo? Espero que sí, y que no te exploten lindísima Addie.

Lo del Valenfield fue un reto personal; nunca había escrito una pareja que no involucrara a Wesker y esta era la oportunidad de oro. Realmente quiero darles un espacio y espero que su relación sea crucial en el futuro.

Tienes toda la razón al decir que el amor de Claire hacia Wesker es un acto muy egoísta; pero el egoísmo ya lo pagó caro, como ves…

Le salieron caros sus errores… muy caros.

Lo del interrogatorio fue una de las cosas que no tenía planeadas desde el inicio del FF, creo que muchas de las situaciones se van prestando a medida que avanza la historia.

Creo que Jill y Chris en algún momento deberán tener la felicidad que tanto anhelan, y de preferencia juntos. Creo que son lo que cada uno necesita, quiere y mucho más…

Las cosas empezaron a quemarse en el 24 y terminaron por explotar en el 25; espero no decepcionar con la intensidad que quiero manejar, y lograr decirlo todo… Jejeje, muchas gracias por el halago, sabes que aprecio mucho tu apoyo, como amiga, como beteada galletita, y que me encanta platicar contigo y con Pola; siempre me hacen sonreír…

Te quiero mucho, nena, y espero poder leer pronto tus comentarios.

Un gran abrazo.

Nelida Treschi: ¡Hola querida! ¿Cómo estás, hermosa? ¿Todo bien por allá? Jejeje, yo estoy esperando el palo con clavos después de este capítulo, definitivamente, jajaja, estoy segura que Anny se encargará de quitarme lo malvada con el palo, de eso no hay duda…

Espero que el hilo que sostiene tu bella alma no se tambalee con este nuevo capítulo, creo que traté de ponerle un poco más de emoción que en el anterior.

La línea de emociones fuertes, creo que llegó para quedarse; me he alegrado demasiado saber que el 24 te llegó al corazón de maneras variadas y trepidantes… finalmente, ese es el objetivo de cualquier historia.

Lo de Sherry y Steve vino a modificar el desarrollo de la trama desde los cimientos, pero es algo que ya tenía más o menos planeado para llegar al nudo principal; ha sido un preámbulo bastante extenso, pero creo que eso ayuda a dejar más en claro los motivos de la relación y la fuerza de la misma.

Sobre las primeras partes del capítulo 24, jeje, creo que desde la cocina, hasta la confesión amorosa, bueno, todas serían cosas que me gustaría leer en un Wesker&Claire. Suelo ser bastante exigente conmigo misma, y sino me agrada lo que he narrado, bueno, difícilmente podría animarme a publicarlo.

No negaré eso; el balance entre la música y la poesía logran mucha de la magia antes de escribir. Los sueños, las pequeñas vivencias, creo que todo eso puede ser una fuente inagotable de inspiración.

Títulos, títulos… Bien, yo soy un poco extraña con el asunto del amor, me gustan mucho las relaciones que son imposibles, quizá un poco oscuras, y que tienen toda clase de matices, mi título favorito es 'Del amor y otros demonios' de Gabriel García Márquez, aunque advierto que tiene algunas palabras rebuscadas y quizá la trama amorosa no es muy clara al principio, pero puedo asegurarte que ese libro pulió mi manera de escribir de manera radical.

También está 'Las ventajas de ser invisible.', 'Pídeme lo que quieras.' De Megan Maxwell, 'La edad de la inocencia.', y mi favorita, 'Anna Karenina' del tremendo Leon Tolstoi. Ah, me faltó 'El gran Gatsby'. Es fabulosa, también.

Y si puedes, escucha 'Lady in Red', esa canción siempre me pone en mi modo ligeramente rosa…

Pero recuerda, que la mejor historia de amor, será la que tú quieras contar, querida.

Y concuerdo contigo, las novelas de fantasía tienen algo muy atrayente y especial en todo aspecto…

Muy bien, me retiro. Muchas gracias por leer preciosa, realmente tus mensajes me llenan de una emoción súper linda y me encanta responderlos con propiedad.

Un gran beso y nos leemos pronto.

AndyPain: ¡Hola queridísima Andy! ¿Cómo te ha ido? Steve y Sherry, decisivos en el capítulo anterior y en este, creo que me he portado muy mal, pero bueno… era un giro necesario, a mi consideración, dentro de la trama.

Quizá no el más dulce, he de admitir.

Jejeje, perdón, perdón, lel, no quería alterarte. Uffff, espero que no pase lo mismo con este capítulo.

La idea la tengo desde hace dos años, aproximadamente, es como la pauta para orientar toda la trama del fic, ya sabes, como un antes y después, algo así.

Y pues acá está el resultado; aunque estoy en la obligación de advertir que las cosas apenas están comenzando (¿?).

Lo del pavo, creo que nunca me había divertido tanto xDD, eso de hacer comedia, aunque admito que no es mi fuerte, me gusta intentarlo, por otra parte, lo del baile y la confesión, eso sí lo siento como que un poco más de mi estilo, jeje, me alegro que te haya gustado.

Creo que no tardé mucho en subir el capítulo, aunque sí volví a tomarme mi tiempo, para que estuvieran bien pulidos todos los aspectos…

Ya sabes, me da mi locura de la ortografía y la narración y me martirizo (¿?)

Yo amo las canciones de Nickelback, son todas tan maravillosas :') y sobre el retraso con el review, no te preocupes, lo importante es que has llegado; espero que el curso de las cosas tal y como las he relatado en este momento, puedan causarte algunas emociones trepidantes, no lo sé…

Jejeje, muchas gracias Andy, ya sabes que te readoro, y que espero que todo vaya muy bien por allá.

Sin más, te dejo con este capítulo, esperando poder leer tu opinión muy pronto, y que espero que no me creas malvada por dejar la cosa hasta allí (¿?).

Nos leemos, querida.

Andrea N: ¡Hola! ¿Qué tal? Sí, ese Wesker, es un loquillo. Fue un doble secuestro, aunque todo lo que él deseaba era sorprender a Claire con el detalle. Wesker será posesivo hasta el final de sus días, de eso no hay duda. Y mucho más tratándose de Claire…

Y la rubia, argh, en serio que es odiosa; creo que ni Frederic es tan odioso como esa mujer, de verdad.

Lo de la tarjeta… jejeje, ya ves, desencadenó todo el capítulo 25 y dejó a la mayoría absortos en el capítulo 24. Pero bueno, esa tarjeta creo que vino a fastidiarles el romance a esos dos.

XD, Frederic es odioso lo sé, pero mira que sí terminó bastante apaleado… Mira que bien le fue teniendo a Rebecca como su doctora, cualquier otra persona ya lo habría mandado muy lejos.

Lo de Chris es una situación muy complicada; no sé si algún día podría llegar a si quiera resignarse con la relación de su hermana con el tirano. Me alegra que la lectura te envuelva, ese es su principal objetivo.

Y… llegaste al 24, jeje. ¿A que no te lo esperabas? Jejeje, creo que yo tampoco me esperaba la reacción a este capítulo; realmente aprecio todos y cada uno de tus mensajes. ¡Son geniales!

Sé que lo de la cocina y el faisán pudo terminar en algo mucho más intenso… pero bueno, me lo reservaré para escribir algo que sea realmente épico, un lemmon que no se olvidará (¿?).

A mí también me agradó mucho imaginar a Wesker abrazando a Claire de manera tan protectora e intentando transmitirle calor, no sé, como dices, es un gesto muy atento, muy humano.

Lo de Sherry y Steve… creo que este capítulo es la respuesta a lo que haría Wesker si la encontrara. Finalmente, sí la encontró en esa situación y las cosas apenas comienzan a tomar un verdadero sabor a dificultades.

Espero puedas leer este capítulo, tan… no sé cómo describirlo, amargo, duro, intenso y hasta creo que un poco triste, y me dejes tus comentarios, cualquier duda o sugerencia.

Muchas gracias, Andrea :D

Nos leemos pronto.

M. Bidden: ¡Hermanito malvado, cómo estás, qué destruiste ahora! Ñe, muchas gracias por pasarte, es un honor tenerte aquí; eres un autor super talentoso cuya narración me dejó absorta desde que me topé con tus primeras letras, swag.

Creo que ambos estamos de acuerdo con que todas las apariciones del villano de la saga tienen algo especial, no sé, es como muy… shockeante la manera en que habla, se mueve e intimida. Todo eso fue lo que en primera instancia me empujó a escribir acerca de Albert Wesker.

Muchas gracias; la verdad es que he tenido la sensación de que hay capítulos que tengo que checar, por la ortografía, redacción, etc., pero la verdad es una tarea que si toma bastante tiempo, entonces, voy poco a poco, jejeje, pero te agradezco; espero no decepcionar con el avance de la trama ni nada por el estilo.

Lo de la cantidad de capítulos que mencionas… No tengo la menor idea de cómo, pero pasó, jajajaja, es decir, sabía que quería una historia extensa, que tocara todos los puntos sin mayor miramiento, pero… creo que no espere algo así de largo. Digo, quizá para los 25 capítulos que van, son bastantes caracteres… Mi único propósito ha sido siempre, decir todo lo que tengo que decir por bloque, no más, no menos.

Muchas gracias por el mensaje, querido. Es un placer responder tan bello review y pues, espero que de aquí en adelante, te atrape un poco más con cada dificultad que se presente dentro de la historia.

SKANDROSITA:

I:¡Hola, querida! Me alegró mucho que aceptaras mi invitación formal y le dieras una oportunidad a esta historia. Para Wesker el ajedrez es como la guerra, y la historia es como el ajedrez, entonces… ¿esta historia es como la guerra? Jejeje, la verdad es que me gusta mucho el ajedrez.

II: Concuerdo contigo, Wesker es altamente sexy y atractivo, aun con toda su oscuridad. Se creyeron que era relativamente bueno al ser capitán pero creo que las cosas no resultaron como lo esperaban.

III: Sí, a mí también me da un poco de pena el que no pueda sentir nada. Digo… es uno de los sentidos más bellos, pero no sé, estar aislado del exterior, debe ser triste.

IV: Wesker adivina tus pensamientos (¿?) Y claro, también adivina los de Claire… O eso creo. Jeje, mira que ella tenía un sueño medio movidito, eso es difícil de ocultar.

V: Albert Wesker seguirá pagando por su ansia de poder en este fic, eso tenlo por seguro, de algún lado le tenía que caer la justicia (¿?).

VI: Krauser se encargará de infligir una mayor tortura, pero debo admitir que en el capítulo seis si se me fue un poquito la mano contra Claire. Aunque bueno, apareció Wesker para defenderla.

VII: Y quizá Claire lo logre, mira que le ha dado unos abrazos muy inesperados y ha logrado hacerlo cambiar de opinión, al menos, parcialmente. Muchas gracias por continuar leyendo.

VIII: Jajajaja, hipopótamo bailando ballet, supongo que ni los hipopótamos les rompen los brazos a sus novias… lel. Y sí, su humanidad también desea ser rescatada, en algún punto.

IX: Los sentidos le fallan al oscuro capitán. Pero siempre hay repercusiones.

X: Capítulo 10, estabas a la mitad, creo… jeje, pero luego los capítulos se fueron haciendo un poquito más extensos.

XI: Creo que en algún punto, Wesker quiere compartir ese mundo exótico con su bella pelirroja.

XII: :D Me alegra que te guste mi manera de redactar. Creo que el doce es uno de mis favoritos, junto con el 18, el 24 y creo que también le tengo cariño al 11. No sé, cosas que a uno se le ocurren mientras escribe. El amor es el peor de los demonios, algunas veces…

XIII: Sí, paré el momento cachondo en lo menos adecuado, lo sé, mea culpa. Prometo no volverlo a hacer, jejeje, pero… la verdad, si lo hago x DDD en capítulos adelante sabrás porque digo esto.

Muchas gracias por los mensajitos linda, me entusiasma que leas Cuerpo cautivo mucho más de lo que te imaginas.

Espero seguir conversando muy pronto. Un gran abrazo.

Aspros: ¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Qué dice la vida? Me alegro que te convencieras de conocer una historia de Claire y Wesker; no son muy comunes. Pero desde que recibí tu review en Talking with a memory, me sentí muy entusiasmada para volver a escribir, jeje, me llegaste al corazón.

Y mi sorpresa y agrado fue mucho mayor al saber que te pasaste a Cuerpo cautivo, además.

Hay muchas cosas escondidas en esta historia… creo que la he tomado bastante en serio, y me gusta que de esa impresión…

Jejeje, tarde bastante en llegar hasta aquí, como te darás cuenta; fueron casi tres añotes. Jejeje, pero bueno, entre la escuela y los deberes, era un poco complicado hallar tiempo para sentarme al ordenador y desquitar todas mis ideas. Pero te prometo no abandonarla y ser constante en la publicación.

Sobre la entrega número doce de la historia… Bueno, creo que es uno de los que más sentimientos posee, aunque algunos más adelante, considero que tienen el mismo énfasis emocional. Awww… con lo de hermoso, me halagas enormemente, siempre he tenido una debilidad ilustre por la poesía, y me gusta combinar todos esos aspectos en la historia.

Y de los gustos musicales, jejeje, todas esas canciones me han ayudado a continuar obteniendo inspiración; siempre trato de elegir algunas que vayan acorde con el contenido del capítulo. A Skillet ya los he escuchado antes… ufff. La voz de la muchacha en la de Hero, en serio que me recuerda a Claire. Esa canción tengo pensada usarla en el capítulo 27 más o menos, y la de Monster, creo que habla muy bien del tercer capítulo de Cuerpo cautivo, ¿no te parece?

Ojalá que te animes a escribir un Weskerfield. No hay muchos en español y estaría encantada de poder leerlo. Muchas gracias por seguir leyendo… y sobre el final… No diré nada porque quiero que sea sorpresa pero… realmente espero que disfrutes de la lectura.

En verdad, mil gracias por el ánimo, y prometo volver pronto.

Nos leemos.

Puchu: ¡Hola, qué tal! Jeje, no te disculpes por el retraso, jeje, entiendo. Espero que te puedan arreglar pronto la computadora, leer en el cyber no ha de estar tan cómodo como hacerlo en tu casita, con una taza de café o de té…

:D Y gracias a ti por acordarte de mí, aun si cuentas con poco tiempo. Es algo muy especial :D. Ya somos dos. Fundemos una asociación Weskerfield, jeje, para escribir historias y traer personas al lado oscuro (¿?). Jaja, sale, un gusto poder saludarte y de verdad espero que los otros dos capítulos sean de tu agrado; aprecio mucho el gesto de pasarte a Cuerpo cautivo y compartir conmigo tus opiniones.

Sale, nos leemos muy pronto. Un abrazo y un besote.


Título preliminar de la siguiente entrega: Humanidad.