Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.
Blog, en Reflexiones encontrarán una información de lo que daré y publicaré. Les dejo aquí el nombre, deben de quitar los espacios porque Fanfiction no permite publicar links.
Contraluznocturno. Wordpress. Com ← SIN ESPACIOS . No me sean descuidados, que igual terminan en una pagina turco-chipriota o algo así
Gracias a todos los que dan Follow y Favorites, pero en especial a los que se han molestado en dejar unareview o postear un MP:
Rarie-Roo (Muchas gracias por todo el apoyo, señorita Pony. Asami cuidará de Korra) Roselangley02 (testículos voladores, ¿de verdad has escrito eso?) .Devil-In-My-Shoes (El amor-odio es hermoso viniendo de ti) Zaruko Hatsune (Si no tienes ni idea de algo, es mejor porque la sorpresa será mayúscula) Jiore (Lei tu review y te imagine en el mundo de mi fic arrojándole un doberman a Mako), DeathInnocent (el odio por Mako te come las entrañas y el teclado),Soulwolf dark (Opal incita a su amiga porque ella no sabe ni de Korra. Además es normal apoyar a los amigos) Sel-Brauus ( aquí vemos la aparición de Mako y la hermandad del grupo ) Phary (Me mató de risa tu review. Es adorable), Obini (Kuvira esta hecha un lio) Love is a wild animal Danirock (No le bastó, ahora ha vuelto a terminar el trabajo de destrozas los feels de korra) Montielowski (La doctora vuelve a hacer acto de presencia) Niofuyuyima32 (Cuando acabe el Kyalin empiezo con tyzyla. Asuka is coming) Mag Max Kuv Bigotes (Siento el dolor provocado, pero es Fresón!. Animo, Kuvira tendrá un digno final) AlexandraArcher (este capítulo es algo aburrido, así os relajaís) (Si hubiera mil momentos korrasami se harían aburridos, así los pocos que hay son como joyas o estrellas fugaces ) Murasakii-11 (Korra hace tu sueño realidad. No moverse de una cama) AvatarYumiko (Mi próximo proyecto será shipear a hollin y Kuvira. No, es broma, Hollin es como un perrito para ella) DjPuma13g (la historia evoluciona, por eso va lenta. Me agrada que lo entiendas) Hikari1701 (El infierno esta pavimentado de buenas intenciones) Blanche Vest (Ahora toca el post-operatorio) BeetleCCM25 (Gracias por el apoyo, en reflexiones sabrás la dirección web de mi proyecto) Kuki (Muchas gracias por el apoyo. Y espero que me regales otra ^-^) ChicaSolitaria (Toph es más sabía de lo que muchos creen), LupitaAzucena (Espero que no mueras por el exceso de sentimientos. Me sentiría culpable) Annimo (Me alegro que el viaje fuera bien y espero que ya no veas letras en los rostros de la gente) Dayntikishimoto (Tu relajate, y mucho animo. En serio, se agradece que te molestes en dejar una review cuando sé que con tanto trabajo estas agotado) lay05 (cuanto tiempo, muchas gracias) Pilaralejandra (no eres la única. Sois bastantes)
Capitulo 25
Le dolía demasiado, pese a que estaba sedada, cada punto de sutura y magulladura le molestaba todavía. Cerca de cada cicatriz notaba cierto escozor y recordaba las palabras que le decía su madre cada vez que se raspaba las rodillas y le embadurnaban las heridas con agua oxigenada: "si escuece es que se esta curando". No sabía si estaban sanando o no pero ahora mismo se arrancaría la piel con un rastrillador para aliviarse un poco.
La doctora había vuelto, le había regalado una sonrisa afable al tiempo que se ajustaba sus lentes para leer con precisión los números en un aparato con demasiados botones y ningún botón de 'Press Start'. Le gustaba que la doctora Montie llegase a su habitación porque eso significaba alguna palabra de animo y una dosis de anestésico extra, algo que necesitaba casi a todas horas y que había provocado que el momento de la ración extra de sedante fuera el mejor del día.
Así pasaba sus días desde hacia dos semanas, media sumida en un sueño lucido o en una consciencia velada, casi sin poder responder de forma coherente y con horas enteras que pasaban como minutos. Era una sensación extraña estar rodeada de personas pero no tener las facultades necesarias para entenderlas o para hablar con ellas, pero era un mal necesario. Necesario porque cuando desaparecieron los efectos de la anestesia quirúrgica por unos instantes, la joven de tez morena gritos y lloró como una niña ante tantísimo dolor. Jamás en su vida había experimentado una sensación tan horrible, la de huesos rotos, piel abierta y carne herida. Le habían dado palizas, tanto en Ciudad República como en Kiyoshi, había sangrado, se había caído, se había peleado, se había roto huesos, había sentido dolor, malestar, molestia; pero nada como la horrible sensación que estaba experimentando en aquellos momentos. Cada punto de sus sistema nervioso chillaba e iluminaba de color rojo una zona de su cerebro, intentando enviar una respuesta de puro instinto a a su mente: huye, escapa, evita el dolor, demostrando que al final solo somos animales con instinto de supervivencia. De haber podido, de servir para algo, hubiera salido corriendo de aquella cama y cruzado el mismo océano a nado sin con eso se librara de lo que estaba padeciendo, pero aquello era imposible. Sus huesos rotos, sus heridas y las malas sensaciones que venían con ambos le seguirían a cualquier parte, y salir de aquella cama solo empeoraría las cosas.
Resignación, era lo único que le quedaba; pues sin poder valerse por sí misma estaba condenada no solo a depender de los demás para su mejoría, sino para todo lo demás. A duras penas podía comer sola y generalmente le daban purés y verduras machacadas como si fuera una octogenaria. No importaba que pudiera mover una mano, ni la dejaban comer tranquila y siempre había una enfermera o alguien de su grupo intentando darle de comer. Aquello era molesto pero al final tenía que acceder porque en verdad dolía todo y siempre tenía hambre, pero hambre de algo que pudiese masticar y engullir con una cerveza o un refresco al lado. Tampoco le dejaban tomar otra cosa que no fuera agua, que tenía que sorber con una pajita. Todo esto se debía a que tenía dos sondas en el cuerpo para hacer sus necesidades fisiológicas, lo cual le molestaba todavía más, la avergonzaba y la hacia sentir tremendamente vulnerable. Ni siquiera podía orinar sola y necesitaba un maldito tubo para hacerlo.
En el momento en el cual introdujeron aquello aparatos en su cuerpo Korra estaba semi- conscientes y aquella situación la despertó casi por completo. Técnicamente aun estaba levemente sedada pero podía matizar hasta el rostro de quien se encargó de introducir esas sondas en su anatomía. La enfermera solo hacia su trabajo pero en aquel momento la joven del Sur le hubiera pateado la cabeza de haber podido; no por odio, sino por la profunda sensación de ser humillada ahora y en el futuro.
Para alguien que presumía que se había levantado de todo en más de una ocasión, que había luchado pese a todo, que había continuado apostando pese a tener la peor mano de cartas posible; se sentía derrotada y ultrajada, solamente pensando en el motivo por el cual aun seguía respirando. Se sentía ilusionada por el hecho de que sus amigos estaban con ella, pero a veces pensaba que les estaba robando demasiado tiempo que ellos podrían estar usando en cualquier otra cosa, otro momento y otro tema. No iba a ser hipócrita, se sentía bien ser la chica especial que todos iban a ver; pero siempre que alguien recordaba aquella aciaga noche, notaba que más de un amigo había envejecido varios años en un momento.
Los días pasaban y los analgésicos hacían cada vez menos efecto y la pasaban más a la consciencia. Eran los pocos momentos en donde podía recordar quien pasaba por su habitación pero todavía no comenzaba a notar las punzadas de dolor y una presión extrañamente molesta en el costado. Le habían dicho que el costado le dolía tanto porque había tenido que abrir la zona intercostal para extraer el filo de la navaja y que aquel tipo de operación traía un post-operatorio muy molesto.
"¿Molesto?", pensó la bajista ante la explicación que le dieron en su momento, "Que un coche te aplaste los pies al pasar es molesto. ¡Auto-clavar mi bajo en mi propio culo sería menos doloroso!", grito pasa sí misma la primera vez que le explicaron sobre el post-operatorio, y hubiera pataleado y vociferado pero sabía que ni tenía fuerzas para ello, ni ganas de hacer enfadar a la doctora que le suministraba los calmantes.
Las visitas eran agradables pese al remordimiento que le pinzaba detrás del cuello, aunque casi muere de un ataque al corazón cuando se topó con unos labios rojizos muy familiares. Asami había venido por su dinero, cumpliendo la que pensaba que sería su ultima voluntad, y por algún motivo que la convaleciente desconocía, estaba visitándola con bastante frecuencia. No era que la odiase ni la despreciase, pero francamente era molesto recibir visitas de alguien que no esperabas era raro, sobretodo cuando que se personaba ante ella como sí fuera a agitar la varita mágico del dinero.
Korra no podía mentirse a sí misma: estaba aterrada ante el hecho de hablar con la joven heredera. No solo por su despedida inexistente, no solo por el dinero, sino porque era Asami Sato y eso se traducía en que era asquerosamente rica. A la joven de ojos celestes no le importaba el dinero pero lo que para la heredera era calderilla, para una inmigrante del Sur era mucho dinero.
¿Qué iba a decirle?, ¿De qué iban a hablar?, ¿Por qué Fresón tenía un interés casi enfermizo por ella?, todas estas preguntas tenían dos tipos de respuestas: ridículas o perturbadoras. Unicamente se salvaba la respuesta de que la joven heredera quería jugar a la buena samaritana y eso era algo que la rebelde suicida no soportaba: detestaba que le tuvieran pena como si fuera un perro callejero. Era cierto que las cosas no le había ido bien ultimamente pero siempre había logrado avanzar, aunque avanzar o detenerse para siempre había sido una duda constante trazada de vez en cuando por momentos bastante difusos. No importaba quien fuera, tenerle lastima a Korra Raava era lo peor que podían hacer porque puede que terminasen por ganarse un puñetazo.
A veces, solamente por evitar conversaciones incomodas como el típico: ¿Qué demonios haces aquí?; la rebelde se hacia la dormida o fingía estar sedada en exceso para no tener que hablar con nadie, especialmente con Asami. Aunque este mal gesto era algo que también se repetía en general con sus amistades porque mirar sus rostros compungidos por su estado hacia que se le encogiese el corazón.
Sin embargo, tenía la impresión que más de uno sabía que a veces fingía estar durmiendo para evitar hablar con la empresaria o porque en verdad durante un rato, deseaba estar a solas con sus propios pensamientos. Pero el mal de la soledad era una amistad típica a ciertas horas, donde solamente ella y el blanco techo de su habitación dialogaban. El qué hacer o que camino seguir a partir de ese momento era una constante en sus pensamientos, los cuales solo la envolvían en un mar de dudas. No tenía derecho a estar cabizbaja, había burlado a la muerte y sus amigos habían estado apoyando su recuperación en todo momento, pero aun así se sentía como si el mundo no fuese más que un montón de retazos monocromáticos donde el sol no calentaba y las nubes amenazaban constantemente con tormenta. No entendía porqué se sentía así pero era una sensación demasiado conocida como para olvidarla. Desgraciadamente, parecía que aquella sensación se había convertido en un espectro envuelto en humo y susurros; un ser informe que oscurecía la luz que le tocaba vivir y que tampoco la había olvidado a ella.
Para su suerte o su desgracia, los momentos de soledad que pedía estando acompañada eran solo sesiones de somnolencia fingida para intentar poner luego una mejor cara ante sus amistades. Haber estado al borde la muerte solo había enseñado lo efímera que podía ser la vida, sino que aquella sensación de falsa seguridad era solo una quimera forjada por padres, profesores y nosotros mismos; un oasis en el desierto que nunca pensar que fuera falso. Paradojas de la vida, aquello le enseñó lo frágil que era el equilibrio.
En aquellas dos semanas tuvo tiempo para pensar, acompañada solamente de la revisión de alguna enfermera a su estado y las luces de los aparatos que se conectaban a ella de alguna forma. Solamente podía escuchar la estática de las maquinas, el sonido de pasos por el pasillo, alguna tos ocasional de las enfermeras de guardia, el ruido de de su propia respiración estampándose contra las gasas que cubrían su nariz; siendo una banda sonora ideal para que el humo volviese a verla y los bellos recuerdos del pasado se hiciesen más punzantes y le provocasen desear llorar. No podía repetirlos, así como no podría jamás subsanar sus errores, decir todo de otra forma, hacer algo diferente, no estropear ni embarrar su vida; convirtiendo todo en losas con recuerdos malos y buenos escritos en ellas.
Sin embargo, después de casi dos semanas enclaustrada en una cama de hospital, su pasividad y aguante comenzaba a romperse y necesitaba saber de forma más concreta cuando podría marcharse o, al menos, cuando dejaría de dolerle horrores. Aprovechando que había bastante ajetreo matutino, Korra recibió la visita de su doctora, quien había logrado arrancarla de las garras de la muerte.
-Buenos días, señorita Raava – saludó la doctora Montie, al tiempo que observaba sin mucha preocupación su carpeta – Vengo a ver las lecturas. ¿Cómo ha dormido?
Resultaba gracioso ver aquel cabello peinado en un moño alto zarandearse cada vez que su dueña movía ávidamente la cabeza como si fuera un pájaro oteando un insecto, símbolo del carácter activo de la experta medica.
-Bueno – resopló la paciente – Me duele todo y hoy ha habido mucho movimiento en el pasillo
-¿Sigue con problemas para dormir? – Korra había tenido problemas para conciliar el sueño desde siempre pero cada vez que le iban bajando la dosis de los calmantes le costaba más conciliar el sueño
-Así es, ¿podrían darme algo para dormir? – preguntó la joven rebelde con ojeras visibles
-Korra – a veces tendía a olvidar el protocolo medico/paciente cuando la bajista ponía ojos de cordero degollado – Sabes que te hemos dado una gran cantidad de fármacos. Esto es lo mejor para tu cuerpo
-Una pastilla a la noche no hará nada malo – replicaba con un quejido infantil
-Tus riñones están trabajando demasiado – la doctora Umi San Montie sabía usar una mirada dulce pero tajante – Ni quiero, ni puedo, ni permitiré que arriesgues más tu salud. Si tus riñones o tu hígado fallan por la medicación será algo grave
La joven de ojos celestes quería replicar y ponerse a patalear, pero ni podía mover las piernas, ni podía discutir tal obviedad. Había estado casi dos semanas pegada a bolsas con contenido liquido y solo una era suero fisiológico.
-¿Y cuando podré irme? – era algo casi declarado en pleno silencio que Korra no quería estar allí
-No lo sé, depende de su mejoría – era medico, no adivina
-¿Pero me pondré bien?
-Esperemos – contestó con una leve sonrisa para reconfortar a la asustada paciente
Se acercó al rostro de la bajista de tez morena y delicadamente tomó de las mejillas a su paciente para prender una luz y comprobar la dilatación de la pupila. Aun siendo profesional, tenía que admitir que aquellos ojos eran verdaderamente hermosos y una pena que uno de ellos sufriese una contusión leve que le hacía perder parte de su prístino brillo.
-Bueno – resolvió a decir – El ojos que tenías magullado no presenta mayor gravedad que una lesión macular leve. Si en dos semanas no se ha presentado una complicación, no lo hará
-Y yo que quería usar un parche pirata – replicó en broma la paciente, intentando sonreír pero con poca fortuna. Los vendajes y el dolor, no ayudaban.
-Bueno, como mucho se te generará una catarata, pero esperemos que sea dentro de muchos años
-Sin parche pirata y con ojos de vieja octogenaria – refunfuñaba molesta. No mentía, había aceptado el hecho de que el parche le daría cierto aire de misterio atrayente
-Pero – no todo lo que podía decir la doctora iba a ser bueno – Según las pruebas de los últimos días, tu tobillo, tus lesiones musculares y tu lesión pélvica aun están resentidas
-Solo fueron golpes – refutó la paciente
-Un tobillo roto, no es un golpe; musculatura desgarrada, no es un golpe; inflamación de los ligamentos de una rodilla, no es un golpe – puede que la señorita San Montie fuera amable pero no se dejaba amedrentar por una paciente cascarrabias
Antes de que la bajista replicase en tono soez, la puerta se abrió y Katara entró en la habitación. Con camino pausado, mirando los ojos fríos de su amiga y la mirada imperturbable de la doctora, la cantante de Kiyoshi supo que había llegado justo antes de que la rebelde tuviese un nuevo encontronazo con un miembro del hospital.
-Buenos días, Korra – saludaba al tiempo que la falda holgada que portaba baila a cada paso que daba – Buenos días, doctora
La cantante sabía sosegar hasta los ánimos más alterados, siendo casi un don otorgado por los dioses. Raras veces la gente no meditaba dos veces las cosas cuando ella estaba en la sala, a veces por miedo a sus gritos y reprimendas, y otras veces por miedo de ver unos ojos disgustados en aquel rostro de mejillas generosas.
-Buenos días, señorita Katara – respondió la profesional medica
-Buenos días, Azul – saludó Korra, al tiempo que observaba como su amiga traía consigo la mochila que solía usar para ir a clase. En vez de volver a casa, la joven de cabello decorado con sus característicos abalorios, había ido a verla directamente
-Espero que te estés portando bien – el rostro de la convaleciente denotaba que no estaría orgullosa de la respuesta, así que ambas dejaron que nadie forzó a nadie a responder
-Le decía a la señorita Raava que aun esta fuertemente lesionada – respondía la doctora de forma sosegada, como intentando quitar hierro al asunto
-Aun tardará mucho en recibir el alta, ¿no? – preguntaba la recién llegada, con visible curiosidad en sus ojos
-Bueno – resopló la doctora – El problema no es el alta, es que debido a la operación y las lesiones, ni siquiera debería moverse en al menos dos meses
-¿Dos meses? - alzaba la voz la bajista, rogando por haber escuchado malditamente
-Eso podría reducirse a dos semanas. Más o menos
-Entonces sería mes más – calculó Katara
-Sí, pero ese sería en el mejor de los casos – respondió la doctora - De no mejorar las heridas que aun tiene, tendría que usar una silla de ruedas a menos un mes más para no forzar las piernas o la caja torácica
-Pero si no tengo dañada la columna – lo que hacía un momento era un enfado, se había convertido en un miedo fundamentado
-Es por evitar que uses mucho los pulmones y las piernas – apuró a calmar a su paciente – Después simplemente tendrás que ir caminando para volver a acostumbrarte a ello
-Entonces tendré que ir en silla de ruedas o muletas cuando salga de esta maldita cama, ¿no? – unos ojos entrecerrados y unas cejas hundidas dejaban ver su disgusto – Que bien
El tono de obvio sarcasmo fue recibido con una mirada desaprobatoria de su amiga, quien no era muy dada a permitir tales faltas de respeto de su amiga. A decir verdad, Katara siempre había tenido que recriminar a Korra lo fútil y molesto de sus berrinches, una reprimenda que generalmente no era bien acogida. A decir verdad, la bajista tendía a poner pucheros por casi todo pero de forma graciosa; en cambio ahora lo hacia con conocimiento de causa y de forma justificada, aunque eso no quitaba que resultaba irritante a veces.
-Bueno, tengo que irme – la doctora no semejaba querer dar más explicaciones – Buenas tardes
-Ciao – despidió Korra desde su cama
-Gracias por todo – expresó Katara, la cual intentaba añadir a su educación un extra de gratitud para equilibrar el mal genio de su amiga
La señorita San Montie se marchó de la habitación y la cantante se quedó a solas con su bajista. La joven rebelde estaba preparada para escuchar el retintín típico de una Katara airada, pero en lugar de eso observó como su amiga acercaba una silla al cabecero de la cama.
La joven del caballero decorado con abalorios era hermosa, de cabello canela y ojos brillantes, con las forma de su cuerpo ajustándose a una camiseta, cortando la luz que pasaba por la ventana como si fuese una aparición celestial. Ella era ciertamente hermosa pero era algo más cercano a una madre o a una hermana que a una amiga, irradiando es candor que solo podían conocer los que hablaban con ella. Katara era de esas mujeres que cargan todo a sus espaldas, no importan sus problemas, incluso agotada; sin importar el día o la hora, si una persona que consideraba su amiga estaba mal, ella siempre descolgaría el teléfono o iría a tomar un metro para salir al encuentro. La joven bajista no entendía como alguien así podía existir en ese mundo y menos aun como alguien así podía ser odiada.
-Korrita – a veces la llamaba así, sobretodo cuando esta estaba enferma y su compañera de trabajo iba a visitarla para hacerle sopa – Sé que estas muy enfadada con el hecho de estar aquí, créeme que lo siento por ti, pero no puedes hablarle así al personal del hospital
-¿Por qué? – al menos eso no había cambiado, la reprimenda maternal marca de la casa seguía estando presente
-Porque no son perfectos, no pueden agitar una varita mágica para que sanes – argumentó – Sé que será difícil pero unos meses estarás como nueva
En el fondo ambas sabían que de haber sido en otra ocasión, hubiera habido algún grito o amago de tirón de orejas, pero nadie era tan mezquino como para dañar más a una persona casi momificada por las vendas.
Aquella era una constante casi todos los días: la hora de comer. No es que Korra antes no comiese a su hora, la mayor parte de las veces lo hacia, pero es que desde que estaba ingresada siempre alguien se había turnado para hacerle compañía a la hora de comer para que no estuviese sola la mayor parte del día. La gran mayoría intentaban darle conversación; sobretodo Suki y Toph con sus monólogos humorísticos, demostrando que podrían terminar trabajando en el mundo de la farándula y la comedia.
¿Cómo fue la primera vez de una invidente?, ¿por qué Suki siempre confirmaba como iba vestida su amiga?, ¿Toph tenía o no ventaja siendo perseguidora cuando jugaban a Marco Polo?. Todas preguntas absurdas con respuestas más ilógicas si cabe, rozando casi lo rocambolesco. En una ocasión le narraron la historia de como era que la invidente obtenía unas camisetas tan chistosas a costa de humillar a su compañera de apartamento.
La historia era muy sencilla, Suki acompañaba a Toph a comprar ropa y ,como la joven de cabello corto no podía mentirle a su amiga, le describía con lujo de detalles todas las prendas. La humillación venía cuando la Bandida Ciega seleccionaba todas las camisetas con palabras soeces o referencias a la ceguera, el alcohol, o motivos similares; obligando a su amiga a pedirle al encargado dicha selección de camisetas, algunas en horribles colores, al tiempo que Toph matizaba de fondo que eran para ella. Al final, la mitad de dependientes del Soho la odiaban porque pensaba que engañaba a una pobre ciega y la vestía de forma horrible a propósito.
Cuando Korra se imaginó la vergüenza que tenía que pasar Suki al recibir las miradas de desprecio de todos los dependientes, pensaba que se le iban a abrir todos los puntos de sutura del cuerpo. La sensación de estar a punto de morir de la risa llegó a su zenit cuando Toph le contó que ella llegó a tener que intervenir cuando una dependienta especialmente enfadada quería golpear a la pobre Kabuki, alegando que era una persona despreciable. Al aclarar la joven invidente que todas las decisiones eran suyas, no solo obtuvieron un descuento por el ataque de cólera de la encargada, sino que obtuvieron un punto de confianza donde no odiaban a Suki.
Si Suki y Toph eran la comedia, Mai era el nerviosismo. Morticia se había sumado a las labores de cuidado de Korra y aunque emocionada por ayudar, en sus primeras visitas estaba verdaderamente nerviosa. Al principio intentó hablar de música, el arpegio musical preferido de cada una, encajes góticos, Edgar Allan Poe, y un montón de cosas que la joven convaleciente ni conocía. Creyendo que todo estaba saliendo mal, la joven vestida de negro recurrió a enseñarle algo de su mundo a Korra. Lo sorprendente es que en el fondo de su mochila, Mai extrajo un mini- reproductor de dvd y una pequeña selección personal de películas.
"Maldita sea", pensó la bajista, "Me va a poner desde Nosferatu. No soporto el cine mudo", refunfuñó la primera vez que observó el reproductor conectándose. Incluso llegó a pensar en fingir que estaba dormida para no tener que padecer alguna de las películas más extrañas que Morticia podía mostrar. Pro fortuna para ella, nada de lo que pensaba podía estar más lejos de la realidad.
En lugar de vampiros o seres monstruosos, la joven pianista le mostró el primer capítulo de una serie de Sherlock Holmes de la década de los ochenta. No es que Korra fuese fan del detective pero le impactó saber que Mai no solo era una autentica fan del personaje de Sir Arthur Conan Doyle, sino que le apasionaba hablar de su personalidad y las diferentes versiones del personaje. Incluso le regaló una confidencia a Korra: de pequeña agarraba una lupa y una pipa del despacho de su padre y jugaba a que era Mai Holmes, descendiente y heredera del mítico detective. El hecho de imaginar esa estampa, de una pequeña Mai correteando por su casa resolviendo misterios, hizo sonreír a la convaleciente; le hubiera encantado conocerla de pequeña. Por desgracia, tuvo que dejar de hacerlo debido a que su padre odiaba que tomase sus pipas para jugar, porque eran muy caras y porque una niña no debía andar con algo así. En cierto modo, era una postura defendible la del padre de Morticia.
Así pues, cuando la chica gótica estaba en el cuarto, conectaba el mini – reproductor de dvd y veían juntas la serie añadiendo los comentarios emocionados de la pianista. Sí, podían parecer aburridos y perturbadores pero hablar del detective hacia que se viese emocionada, sobretodo cuando alguien escuchaba sus discursos.
Si descubrir esa afición de Mai fue una sorpresa, Katara simplemente se limitaba a hacer lo que siempre hacia, leer. Era más que sabido por todos que la joven de cabello decorado era una fan incondicional de la lectura, devorando ávidamente cualquier libro que caía en sus manos. Era una fan de las bibliotecas y no había mayor alegría para Katara que recibir un buen número de obras, en especial novelas, en su cumpleaños. Adoraba el olor de las páginas y el mimo de las encuadernaciones, incluso llegaba a decir que entre las paginas numeradas descansaban las horas en vela del escritor, sus deseos y sus sueños. Hablaba de forma tan amorosa de los libros que no era extraño el hecho de que tuviese estantes llenos en su apartamento, siendo lo más importante que la inmensa mayoría habían sido leídos.
Pese a no rechazar la modernidad, Katara no era admiradora de la literatura electrónica, ella deseaba páginas que poder pasar mientras tomaba su té y de fondo escuchaba algún grupo o alguna banda sonora. Esas tardes de lectura con la lluvia de fondo eran las mejores para la joven con abalorios en el cabello, llegando incluso a no querer quedar con nadie porque le apetecía leer. Solamente la promesa de caricias de su novio lograba convencerla de cambiar de planes y abandonar las tapas encuadernadas por las sabanas de una cama.
Hablando de lectura, allí estaba Katara, sentada al lado del cabecero de la cama de Korra y con un libro entre las manos. Era cierto que la cantante de Kiyoshi seguía leyendo cuando estaba con su amiga, pero con al diferencia de que leía en voz alta y medio interpretando a los personajes como si leyese para un niño. Sí, Katara leía para Korra, para que la bajista sonriese y se interesase por la historia. La rebelde agradecía tal gesto y en verdad prestaba atención, sintiéndose como una niña de regreso a la escuela con la maestra hablándoles de una boa que se había comido a un elefante.
-¿Qué lugar toca hoy? – preguntaba la joven convaleciente al reconocer las tapas de la novela que sostenía entre sus manos su fiel amiga
-El asteroide 329 – decía la amiga al tiempo que abría el libro por el marcador
-¿Qué hay allí? – no podía negar que le había levantado curiosidad la obra
-Es más pequeño de todos los asteroides, pues apenas cabían en él un farol y el farolero que lo habita – daba gracia ver como la joven ataviada con una falda exageraba cada palabra como si fuera una obra infantil. Sabía que Korra era mayor, aunque en el fondo era seguía siendo una niña cascarrabias.
La bajista conocía la obra, había oído hablar de ella, pero jamás se había animado a leerlo y ahora agradecía que se lo estuvieran leyendo como si una tierna y dulce madre le arrullase con sus palabras. Madre. Madre. Madre. Ni recordaba bien el significado de esa palabra.
A medida que avanzaba la historia, con un farolero que encendía y apagaba su faro cada minuto, llegaba la comida y Katara dejaba de narrar la historia para ayudar a su amiga a comer. Pese a que Korra se empeñase en que podía comer ella sola los dedos vendados y en cabestrillo, le imposibilitaban la tarea. A decir verdad, la bajista podía comer pero tardaba mucho y a veces le dolía la mano; algo que no su amiga, reconvertida en cuidadora, no iba a permitir.
Si le preguntarán a Korra, la comida de hospital pasada por una batidora era lo más similar a comer cartón reblandecido por la lluvia, donde se presuponía que era cada cosa por los tropezones o el color. Ese día tocaba puré de patata y una especie de crema pastosa con tropezones de carne que apenas tenía sabor a algo remotamente conocido por el ser humano. Lo único decente era una el postre de los viernes, sorbete de naranja para eludir el calor.
Era gracioso ver a una persona tan cabezota y tan impaciente como Korra, esperar cada cucharada servida por Katara. La bajista hubiera podido comer todo aquello en menos de dos minutos, su capacidad para comer era casi legendaria, pero su amiga quería que comiese lentamente. Era aburrido y hasta agotador observar como Katara extraía una cucharada del plato, soplaba levemente y se la daba a su amiga para que comiese; aunque lo peor era el hecho de que Katara no iba a comer nada hasta que la convaleciente terminase, demostrando un amor digno de ser leyenda.
La joven rebelde y rockera había terminado de comer y ahora se deleitaba con el único dulce que podía tomar. El sorbete refrescante y sabroso se le derretía en la boca y le hacia sonreír, recordándole los pequeños placeres de la vida. Su ánimo era bueno, tomar el postre siempre le ponía de buen humor, pero eso iba a cambiar pronto.
El picaporte de la puerta se giró y Korra estaba lista para saludar a Zuko, que siempre venía a verlas a ambas, o a Suki, que solía pasarse a estar horas; pero quien apareció fue otra persona. Al abrirse la puerta, los ojos celestes de la convaleciente se cruzaron con los ambarinos de su ex-novio, el cual portaba su clásica bufanda raída. Mako estaba ante ella, con una leve sonrisa y una mirada de perro arrepentido.
-Hola – saludó a ambas. Katara se quedó congelada sin saber que hacer o decir
-¿Qué haces aquí? – vociferó la bajista, mascullando cada palabra entre gruñidos
-Estaba entre los números de aviso y he venido a verte – respondió él.
-Hace semanas que estoy ingresada, no han podido contactarte hoy – no era tonta, los números de su cartilla médica habían tenido que ser avisados antes. Katara o Suki fueron avisadas aun estando en el hospital con ella
-Mira, estaba preocupado y vine a verte – no tenía un tono desafiante, era casi un gato manso y calmo con piel de león – Pero sabía que mi presencia te disgustaría. Intenté venir antes pero pensaba que iba a pasar algo así
-Pues tenías razón – la espetó ella
-No seas así – intentó defenderse, pero tal defensa solo provocó que dos ojos afilados como los de una pantera se posasen en él.
La sangre de Korra hervía y el pulso se había disparado tanto que hasta las maquinas lo registraban. El pitido de una de esos aparatos, avisando de algo difícilmente entendible para Katara, provocó que la joven saliese de su estado petrificado.
-¿Qué no sea así?, no eres más que un maldito aprovechado – el veneno brotaba y cada palabra que salía de la boca de la mujer vendada
-Korra, calmate – intervino Katara – Debes de ser madura, y calmarte, estas mal herida
-A la mierda las heridas
-Mira, siento que te haya pasado esto – resolvió a decir Mako – Pero no es mi culpa
-Claro que lo es – replicó ella clavando dos dardos con la mirada – Hubiéramos estado bien
-¿Hasta cuando? – atacó el hombre – ¿Hasta tu próxima rabieta?, ¿hasta que recuerdes el pasado y nades en ponzoña?. Esa no es excusa para decirme que soy el culpable
-Vete de aquí – ordenó Korra
-Deberías madurar – gritó el joven de la bufanda – La gente no va a perdonar siempre a una niñata que intenta actuar como adulta
Sin decir ni una palabra, Katara se apartó de su amiga; dio dos sendas zancadas, cruzando toda la nívea habitación, para encararse al nuevo visitante; y con un chasquido seco y fuerte, plasmó la marca de su palma en el rostro del hombre con una bofetada. La sorpresa había sido de tal magnitud que hasta la convaleciente calló.
-Todo el mundo tiene problemas, Mako – el tono de Katara era áspero, profundo y firme – Has hecho bien en venir, pero que Korra te conteste así no te da derecho a encararte de esa forma.
-Pero..
-No hay peros que valgan – era como una institutriz, demandando obediencia – Vienes exigiendo madurez y no te paras a pensar que ella esta herida. Necesita reposo y tu no ayudas. Lamento decirte que aunque se haya portado de forma muy maleducada, tiene todo el maldito derecho a comportarse así contigo
-Mira, Katara, no quiero discutir
-Sé que no ha debido de decirte lo que te ha dicho, pero eso no te da derecho de hacer leña del arbol caído
En aquel momento, el picaporte volvió a girarse y un rostro familiar se presentó ante los tres. Zuko portaba una sudadera con capucha para intentar ocular su cicatriz de la gente, lo sorprendente era que alguien como él, acostumbrado a los rostros de sorpresa, jamás había visto una faz tan desencajada como la de Mako. El intentó de deportista profesional siempre había tenido algo de miedo de Zuko, sobretodo cuando se quitaba la capucha, exhibiendo la cicatriz, y fruncía el ceño.
-Mako – saludaba al tiempo que señalaba la mejilla enrojecida del muchacho – ¿Qué te ha pasado en la cara?
-Un cambio de opiniones – resolvió a decir el chico de la bufanda roja y la camiseta oscura
-Como Korra no puede moverse, diría que ha sido mi novia quien te ha abofeteado – dedujo – ¿Por qué?
-No tiene importancia – añadía Katara – Ya se iba
-Mirad, quería saber como estaba Korra – se defendía a capa y espada – No quería entablar una discusión
-Eso habladlo cuando mejore. Si ella quiere – inquirió el chico de la cicatriz – Ahora te acompaño abajo.
-¿Por qué? – se encaró Mako
-Porque si te quedas aquí más tiempo, seré yo quien te marque la cara – gruñó el hermano de Azula
En aquel momento, la puerta se volvió a abrir y Suki hizo acto de presencia. La joven guitarrista solo podía ver a dos hombres encarados, a Katara con un aspecto serio y taciturno, y a Korra con el rostro fruncido y los ojos vidriosos.
-¿Qué demonios pasa aquí? – aquella pregunta tonta fue lo primero que pensó la joven Kabuki y desgraciadamente, lo dijo en voz alta.
En aquel momento, el celular de Suki comenzó a sonar y, casi como si fuera una señal de alerta, aquello provocó que algo se rompiese en Korra y diese un fuerte y sonoro grito, al tiempo que comenzó a arrojar los platos de la bandeja de comida, estrellándolos contra el suelo mientras un alarido salía de su boca.
-Vete maldito – en su rostro se veía odio y lagrimas, lagrimas de furia, de rabia, de impotencia, de dolor – Quiero que te vayas
Mako, consciente de que estaba empeorando la situación de su ex-novia, sabiendo que en el fondo esto había sido un gran error, no dijo nada y simplemente abrió la puerta de par en par. Una ultima mirada triste y apenada a la joven destrozada con quien había compartido cientos de hermosos recuerdos, y Mako salió del cuarto escoltado por Zuko.
Suki respondía a la llamada, al ver como Katara intentaba calmar a su amiga, la cual aun gritaba maldiciones e intentaba moverse de la cama.
-Hola fresón – intentaba hablar de forma que Korra no la escuchase – Ahora no puedo hablar
-Es Korra, esta enfadada
-¿Por qué?
-Una mala visita
-¿Cual?
-Mako
Antes de seguir hablando con la joven Sato, Suki notó unos golpecitos en el hombro. Katara había calmado un poco a Korra, la cual ahora lloraba al tiempo que miraba el techo y permanecía inmovil.
-Cuelga y atiéndela – rogó la joven cantante del grupo – Yo debo de comer algo
-Sí, claro – respondió Suki – Lo siento, tengo que dejarte
Colgó sin dejar que la persona al otro lado de la linea replicase, estaba viendo como su amiga sostenía todo el peso del mundo sobre sus hombros y ahora demandaba un descanso momentáneo.
-No te preocupes, yo me quedo con Korrita
Continuará...
Curiosidades
-En este capítulo quise hacer hincapié como los amigos de Korra se unen para estar a su lado y ayudarla. Pese a todo, Korra no se fija mucho en ello pero sabe que la ayudan.
-El motivo por el cual Korra se comporta así es porque arrastra una fuerte depresión. He intentado describir la depresión de una forma algo más metafórica.
-La serie que Mai le muestra a Korra es la serie que de Sherlock Holmes que protagonizó durante 10 años Jeremy Brett, el cual representó fielmente al personaje durante los 41 episodios de 50 minutos de la serie.
Para mi es la mejor adaptación de las obras de Conan Doyle. Es difícil de encontrar pero si os gusta el personaje es perfecta para ver fieles representaciones de los famosos casos del detective.
-El libro que Katara le narra a Korra es El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. Pensé en escribir sobre el asteroide B-612 pero ocurren dos cosas:
La primera es que sería un detalle fácilmente reconocible y no tendría gracia
La segunda es que ese es el comienzo de la obra y quería que Katara llevase ya unos días leyéndole a Korra el mismo libro para formar un lazo afectivo que estuviera ligado a la narración de ese libro.
-Siempre pensé que Zuko le daría una paliza a Mako cuando quisiera
-El exceso de farmacológico es un problema que los doctores deben medir con cuidado. Aunque te duela horrores, si tus riñones y tu higado corre riesgo por el abuso farmacológico deben de ignorar tus peticiones en la medida de lo posible.
Básicamente, un doctor no puedo provocarte más daños si puede evitarlo, aunque sea haciendo que estés algo dolorido.
-La Doctora San Montie había estado de guardia. Es una forma de dejar claro que entiendo el esfuerzo de los doctores.
Reflexiones
-Mi facebook es : Lobo Susurro Nocturno . Podéis agregarme si queréis
-Mi blog: Contraluznocturno. Wordpress. Com ← SIN ESPACIOS
-Información de actualizaciones de mi blog
Muchos ya saben los nombres que tendrán los personajes en la novela. ¡Incluso habéis decidido muchos nombres!. Además de alguna descripción.
¡Felicidades a todos aquellos que han decidido que Korra sea mexicana en la novela!
En Lirios os he presentado el lugar donde se desarrollará todo. En breves, presentará a Anna.
Id y conoced a Asuka, el Personaje Original que será el centro del Tyzula que hará al terminar Primavera en Ciudad República.
-Información básica de mi blog
Bueno, a lo que íbamos. El blog servirá para publicitar mis proyectos, hablar de cualquier cosa que se me ocurra y daros opinión y dejaros elegir. Ahora mismo hay una votación sobre cual quiere la gente que sea mi próximo fic, animate a votar para que salga tu opción preferida.
En el blog encontrareis diversos espacios de interés, tened en cuenta que he empezado hace poco:
-Reflexiones: Como estas pero comentaré algo de mi día a día
-Proyecto Novela: Donde estaréis al tanto de la Novelización de "un Puente Hacia Ti" y os preguntaré detalles que podréis elegir vosotros, los lectores.
-Lirios: Mi otra novela original, la cual comenzaré a colgar en unas semanas
-Fanfic: En esa zona pondré adelantos de capítulos o ampliaciones de otros temas...¿Quién quiere saber como fue la primera vez de Asami con Jin?
También esta la zona de donativos y posteriormente la de compra, porque os recuerdo que aunque yo apueste todo por mi sueño no valdrá de nada si no logro convenceros para comprarlo. Pensad que es como si un artista cuelga medio disco o un disco entero en su web y luego dice: "espero que creáis que vale la pena comprarlo". Este blog es mi carta de presentación, mi forma de deciros: este es mi sueño, creed en él y aquí os muestro lo que es. ¿Queréis una butaca?
