La historia pertenece aBoogumy los personajes a J. K. Rowling.

Capítulo 25: Una situación delicada

- ¿Lo habéis oído?- preguntó Armande, mientras se llevaba a la boca uno de los sabrosos aperitivos que el considerado Tooky les había preparado, mientras escogía una carta al azar y la soltaba sobre la mesa- Blaise se ha marchado de Inglaterra.

- Lo sabemos- dijo Theodore, depositando una carta con más consideración.

Armande se sintió algo decepcionado al escuchar eso; estaba claro que le encantaba ser el primero en saber y contar los cotilleos.

- Oh- dijo- ¿Cómo os habéis enterado?

- Porque fuimos nosotros quienes le invitamos a marcharse- respondió Theodore- Aunque la idea original vino de Ginny, si quieres saber más detalles.

Draco suspiró y dejó su mano de cartas sobre la mesa.

- No voy.

- Esperad un momento- continuó Armande, ignorando la derrota de su primo- ¿Estás diciendo que Blaise se ha marchado por vosotros?- el joven giró su ofendida vista hacia Draco- Has vuelto a esconderme cosas, primo.

Draco se encogió de hombros y se recostó en la silla.

- Tienes la mala costumbre de no callarte nada, así que pensé que sería mejor no contárselo a nadie.

- Pero nunca cuento las cosas realmente importantes- replicó Armande- Bueno, ¿qué es lo que ha pasado entre Ginny y Blaise?

- Él la secuestró para poder vengarse de mí. Imagínate el resto.

Armande se quedó boquiabierto de la sorpresa.

- ¿Qué estás diciendo? Nunca me imaginé que haría algo así. Bueno, siempre he sabido que Blaise era un ruin, pero nunca imaginé que fuese capaz de capturar a la mujer de alguien para salirse con la suya.

- Eso ha sido lo menos importante- dijo Theodore- Esperaba seducirla pero, al ver que no lo conseguiría, recurrió a la fuerza.

- ¡Qué animal! Pero no lo consiguió, ¿verdad?

- No- respondió Draco- Ginny lo golpeó con un candelabro antes de que pudiera hacer nada.

- De modo que vio a la Ginny enfadada en estado puro- exclamó Armande, riéndose- Pero, si intentó violarla, ¿por qué ahora está fuera del país? No le dejaríais marcharse, ¿verdad?

- ¿Qué otra cosa podíamos hacer?- suspiró Draco- Piensa en lo escandaloso que sería que la gente se enterara de algo así; Blaise contaría alguna mentira de las suyas y los rumores volverían otra vez a empezar. Ginny ya ha sufrido bastante y no quiero que vuelva a pasar por eso. Además, conociendo a Blaise, habría conseguido salirse con la suya. Ya sabéis cómo funciona el Ministerio: si pagas la cantidad que sea, los ministros girarán la vista.

- Aún así, dejarle ir así como así...

- Es mejor que se haya marchado a que siga aquí. No creo que se atreviera a acercarse a Ginny otra vez, ya se aseguró ella de eso, pero, si permaneciera aquí, habría peligro de que contara algo. Es mejor así, Armande. Créeme.

- Por cierto, ¿cómo se encuentra Ginny?- intervino Theodore.

Draco sonrió tiernamente.

- Se ha enfadado por que no haya pegado a Blaise; creo que no ha tenido suficiente con haberle golpeado con el candelabro, ahora que sabe que no lo mató. Pero, ahora que todo ha terminado, se encuentra mejor.

Armande se sorprendió al escuchar a su primo.

- ¿Quieres decir que ni siquiera lo maldijiste? ¿Tú, Draco Malfoy?

- En realidad quería hacerlo- admitió el rubio- Lo único que deseaba era maldecirlo con todos los hechizos que supiera, pero, ¿qué habría conseguido con eso? Sí, yo me habría sentido mucho mejor, pero nada habría cambiado. Como mucho, Blaise lo habría utilizado para seguir cargando contra mí, pero ya me había rebajado por Blaise una vez y no pensaba hacerlo otra, sobre todo teniendo en cuenta que eso habría herido mucho a Ginny.

- Has cambiado, Draco- observó Armande, mirando fijamente a su primo. Éste se encogió de hombros.

- El matrimonio te cambia, te hace pensar en cosas que nunca antes habías visto. Ya no puedo hacer lo que quiera ni vengarme de la gente que desee; tengo que tener en cuenta lo que podría ocurrirle a Ginny si lo hiciera. Tengo que pensar en las consecuencias, no sólo por mí, sino también por ella. Las cosas se ven de distinta manera, viéndolas así; hay que aprender a tener prioridades, a responsabilizarse de dos personas, no sólo de una.

- Entonces espero no casarme nunca- se sinceró Armande- Suena muy aburrido.

Theodore se echó a reír.

- Estoy seguro de que pensarás otra cosa cuando seas mayor. Vengarse y hacer lo que se quiere no lo es todo, Armande.

- No, pero sigue sonando bien.

- Tal vez- añadió Theodore- Pero no creo que la venganza de Draco hubiera servido para algo. Todos conocemos a Blaise; es un idiota y un vividor, pero no es ningún monstruo. No creo que ni siquiera quisiese violarla; asustarla tal vez, seducirla seguramente, pero dudo que quisiera herirla.

- No lo sé- dijo Draco- Blaise puede ser muy bruto cuando se propone algún objetivo.

- Creo, pero no creo que hubiese llegado tan lejos si Ginny no fuera tu mujer. Ambos habéis sido rivales, más que amigos, así que es inevitable que os hayáis creado problemas mutuamente.

Draco chascó la lengua.

- Es verdad. Siempre estábamos lanzándonos hechizos, en Hogwarts.

Armande enarcó la ceja.

- Bueno, aunque quisiera violarla o no hacerlo, eso no cambia que la secuestrase e intentara que te engañara.

- Claro que no, pero después de conocer a Draco y Blaise durante tanto tiempo como yo, al final acabas acostumbrándote a este tipo de cosas.

- No, Theo- dijo Draco firmemente- Pero no así. Blaise ha ido demasiado lejos esta vez. Por eso se ha marchado y supongo que por eso le dará igual cómo Ginny consiguió escapar. Para él esto era un juego, pero hay cosas que ni siquiera pueden hacerse al jugar. Supongo que se daría cuenta de eso cuando Ginny lo golpeó con el candelabro.

- Tal vez tengas razón y por eso me alegro de que mantuvieras tu temple- repuso Theodore- Blaise se habría salido con la suya si tú hubieras reaccionado, porque podría haber ideado otra de sus maquiavélicas ideas y las cosas se habrían complicado todavía más. Además, seguramente no hubiese aceptado tan alegremente marcharse.

- Es posible que no- admitió Draco- Siempre ha sido un imbécil. Tendría que haber tomado medidas antes de dejar que lanzara esos rumores para hundirme el matrimonio, antes de escapar al continente.

Armande se sonrió.

- Tendría que haberse aliado con Alexia; habrían hecho una pareja perfecta.

Justo en ese momento, Ginny entró en la habitación, encontrándose a los tres riéndose.

- Veo que os estáis divirtiendo- observó, acercándose a su marido.

Draco alzó la cabeza para recibir su beso.

- Hola- murmuró, colocándole un mechón de pelo detrás de la oreja- ¿Lo has pasado bien?

- Sí- contestó ella, sonriendo. Entonces, se fijó en las cartas sobre la mesa y las patatas fritas que estaban del lado de Armande- Ve que tienes una buena racha, Armande.

- No sé cómo- musitó Draco- Saca las cartas sin apenas mirarlas; estoy seguro de que hace trampas.

Armande sonrió abiertamente.

- A nadie le gusta perder, Draco, pero yo no puedo hacer nada si tú y Theo jugáis a las cartas como trolls.

- No exageres. Si quieres ver a dos magos jugando como trolls, échales una partida de póker a Vincent y Greg. Es una experiencia maravillosa; además, ganarás siempre.

- Tendría que haber hecho eso. He perdido mucho dinero.

- ¿En serio?

Armande se encogió de hombros.

- Tenía que comprar algunas cosas.

- Ropa, ¿no?

El chico se encogió de hombros de nuevo.

- Si no te conociera bien, Armande- comentó su primo- diría que piensas como una mujer. Nunca he conocido a nadie que se gaste tanto dinero en ropa como tú.

- ¿Qué? Los hombres también tienen que cuidarse. Además, por si no te has dado cuenta, ya estamos en invierno y no me he traído ropa suficiente para tanto tiempo. De hecho, pensaba que, a estas alturas, ya estaría en mi casa.

- Hay una diferencia entre comprar la ropa suficiente para vestirte y comprar la ropa necesaria para montarte tu propia tienda.

- No hables como un viejo. A todo el mundo le gusta ir de compras de vez en cuando.

- Para ti, ir de vez en cuando a comprar algo es arrasar con toda la tienda. No hay ninguna a salvo mientras tú estés cerca.

- Estoy seguro de que a los dueños les da igual.

- Sí- repuso Draco- pero a tus padres sí.

- ¿Siempre están así?- preguntó Theodore a Ginny, sin apartar la vista de los primos.

La pelirroja sonrió.

- Generalmente sí. Siempre encuentran algo de lo que discutir.

- Ya veo.

Ambos centraron su atención en los primos rubios, que seguían manteniendo su particular discusión y no mostraban intención de cesarla. Decidiendo dejarlos tranquilos, Ginny se sentó junto a Theodore y le sonrió tímidamente.

- Vi a Kitty en la fiesta. Me preguntó por ti.

- ¿De veras?- Ginny asintió- ¿Qué te preguntó?

- Nada importante- admitió Ginny- Pero el hecho de que preguntara por ti es buena señal.

- Tal vez- contestó Theodore, sin mucho ánimo.

- Oh, vamos, no empieces a ponerte triste. A Kitty le gustas.

Él suspiró.

- Me gustaría creerte, pero, ¿cómo puedo pensar que siente algo por mí si se dedica a flirtear con cualquiera?

- Kitty es... una persona muy animada. Creo que flirtea simplemente por ser así.

- Pues yo no quiero estar con una mujer que siempre me ponga celoso.

- ¿Le has dicho que la quieres?- Theodore se sonrojó ligeramente- ¿No, verdad?- él negó con la cabeza- Entonces, ¿cómo esperas que te preste atención sólo a ti?- Ginny negó con la cabeza, aunque sus ojos brillaban de diversión- En serio, Theo, te consideraba más inteligente.

- Supongo que tienes razón- él suspiró y se pasó una mano por su cabellera castaña- Soy un idiota.

- Estás enamorado- comentó ella, simplemente- Es normal.

El chico sonrió pero, antes de poder responder, Armande le preguntó si deseaba continuar jugando.

- Por supuesto- contestó Theodore, cogiendo sus cartas. Entonces, Draco se levantó de la mesa.

- Creo que ya he jugado bastante.

Armande sonrió malvadamente.

- Te vas sólo porque estás perdiendo.

- No, me voy porque tengo cosas mejores que hacer que jugar a las cartas con vosotros dos- escupió Draco, sin inmutarse.

- ¿Cómo qué?

- Como dar un paseo con mi mujer- el chico se giró, se inclinó a la manera tradicional y le tendió la mano a Ginny- Bien, Ginny, ¿qué dices?

La pelirroja aceptó su mano y permitió que la atrajera hacia él.

- Me encantaría.

Draco sonrió y la guió hacia las puertas de cristal, que separaban la casa de los jardines.

- Que os divirtáis con las cartas, caballeros- se despidió, esbozando una juguetona sonrisa, saliendo de la habitación con su mujer, mientras un incómodo Theodore y un enfadado Armande los miraban alejándose. Aprovechando que se encontraban lejos de su alcance, Ginny se dirigió a su marido.

- ¿Hacía falta que fueras tan antipático?

- Se lo merecen.

- ¿Así que me invitaste aquí porque estabas perdiendo, no?

Draco dejó escapar una risotada y se paró. Entonces, atrajo a la pelirroja hacia él, pasándole una mano por su cintura y agarrándole un brazo con la otra.

- ¿Por qué querría pasar el tiempo con esos dos, teniéndote a ti?

Los ojos de Ginny brillaron.

- ¿Eso es lo que hacen los maridos? ¿Mortificar a sus mujeres pasando el rato con sus amigotes?

- En realidad, con Armande y Theodore tampoco puedes hacer mucho.

- ¿Ah, no?

- No puedo hacer cosas como ésta, por ejemplo- el rubio se acercó y besó a su mujer en una zona bastante sensible del cuello.

- Me preocuparía si lo hicieras- bromeó ella, evitando por todos los medios que sus piernas no temblasen.

Draco resopló, haciendo que la piel de su mujer vibrara, mientras empezaba a besar su mandíbula. Instintivamente, la pelirroja cerró los ojos y su respiración comenzó a agitarse, mientras sentía que la temperatura de su sangre aumentaba. Se le daba especialmente bien hacer eso, así que le resultaba imposible resistirse cuando él conocía todas sus debilidades.

- ¿Eso es todo lo que no puedes hacer con tus amigos?- preguntó ella, casi sin aliento, con un tono de voz bastante sugerente. Ginny pudo sentir cómo su marida sonreía y, sin darse cuenta, sus ojos grises se fijaron en los suyos.

- Claro que no- musitó él- hay algo mucho más importante que no hago con ellos.

- ¿El qué?

- Esto- contestó él, posando sus labios tiernamente sobre los de su mujer.

Ginny suspiró con el beso, mientras colocaba un brazo alrededor de su cuello, atrayéndolo hacia ella. No importaba las veces que la hubiera besado porque siempre se sentía como si estuviera en una nube de ensueño, cada vez que sus labios la tocaban. Entonces, Draco se apartó y dibujó una sonrisa juguetona en su rostro.

- Será mejor que nos contengamos, ¿de acuerdo?

Ginny bufó.

- ¿Por qué siempre soy yo la que tiene que contenerse?

- Fácil: porque soy irresistible.

Ginny se echó a reír y lo golpeó con ternura.

- Idiota.

Draco sonrió y le cogió la mano, mientras continuaban su paseo por los jardines. No había flores, pues estaban en pleno invierno, pero la zona estaba muy bonita por la nieve que la cubría. Los árboles que habían perdido sus hojas, bailaban al compás de los copos de nieve de sus ramas y aquéllos que habían conseguido mantenerse, aguantaban el peso de la nieve sobre sus ramas.

Ginny alzó la vista al cielo, coloreado de azul y gris, observando los pequeños copos de nieve cayendo y tumbándose con gracia sobre el suelo. Entonces, devolvió la vista a Draco, sonriendo mientras nevaba.

- ¿Qué?- preguntó él, alzando una ceja.

- Tienes nieve en el pelo.

- Tú también- contestó él, agitándole su pelirroja melena.

Ginny sonrió dulcemente, apartándole la mano, cuando, de pronto, una precipitada náusea la invadió. Ginny se congeló, palideció y apenas fue capaz de pronunciar palabras.

- ¿Qué ocurre?- preguntó Draco, sujetándola de los brazos para evitar que se derrumbara.

Ginny negó con la cabeza.

- Nada. Sólo estoy un poco mareada.

Draco se paralizó.

- No es la primera vez que pasa.

- Creo que voy a ir a tumbarme un rato- musitó ella, sin hacer caso a su marido.

- Espera, Ginny- Draco la sujetó por la muñeca, evitando que se marchara- No puedes seguir así, ¿lo entiendes?

- No es nada, en serio- añadió a su expresión de desconcierto- Sólo estoy un poco cansada.

- Siempre estás cansada- Ginny se encogió de hombros, sabiendo que él decía la verdad- ¿Por qué no admites que te ocurre algo?

- Porque no me ocurre nada. Estoy cansada, ¿y qué? La gente siempre se cansa.

- ¿Y los mareos?

Ginny se encogió de hombros de nuevo.

- Falta de hierro.

- Sabes perfectamente que eso no es verdad.

- No lo sabes. Podría ser.

Draco suspiró.

- Por una sola vez, ¿podrías no evitar hablar del problema?

- ¿Por qué dices que estoy evitándolo? Podría ser verdad que me mareo por falta de hierro.

- El problema es que ésa no es la razón.

Ginny giró la vista.

- Muy bien, oh, Dios de la sabiduría, ¿por qué crees que me estoy mareando?

- No lo sé. No soy un sanador.

- Exacto, no eres un sanador, así que, ¿cómo puedes saber si estoy enferma o no?

- Ginny...

- Draco- contestó ella, imitando su tono de voz de exasperación.

Draco le clavó la vista, pero acabó relajándose.

- Muy bien, como quieras. Pero te advierto que si empeoras llamaré a un sanador, con o sin tu consentimiento.

- Oh, no, claro que no. No voy a dejar que ningún sanador se acerque a mí. Además, estoy bien.

El rubio enarcó una ceja y le clavó la vista, claro signo de que su paciencia se estaba agotando. Entonces, Ginny lo miró.

- No me mires así.

- Entonces deja de ser tan ridícula.

- ¡No lo soy!

Draco giró los ojos.

- Por Merlín, Ginny, ¿cuándo vas a madurar? ¿Es que no ves que sólo quiero ayudarte?

- Pero es mi problema, Draco, y si no quiero que me vea un sanador, no puedes obligarme.

- No, Ginevra. Es nuestro problema. Estamos casados, ¿recuerdas? Todo lo que te afecta a ti me afecta a mí también.

- ¡Te estoy diciendo que estoy bien! Mira, ya se me ha pasado el mareo. Estoy muy bien.

- No lo pareces. Estás tan pálida que pareces a punto de desmayarte.

- Bueno, tú también, pero no me verás todo el día diciéndote que estás enfermo.

- Ya, pero yo no estoy constantemente mareándome.

- ¡Agh, eres peor que mi madre!- exclamó Ginny, alzando los brazos al aire, de frustración- Te he dicho que estoy bien, estoy bien. Por Merlín, te comportas como si estuviera al borde la muerte.

- Sólo estoy preocupado por ti; ¿acaso es un crimen?

Su voz se suavizó y tomó su mano entre las suyas.

- Draco, aprecio que te preocupes por mí, pero, por favor, por lo que más quieras, deja de atosigarme.

- No estoy atosi...

- Sí, lo estás haciendo.

- Muy bien- suspiró- Te dejaré tranquila pero prométeme que, si te encuentras peor, me lo dirás y llamaremos a un sanador para que te mire.

Ginny tuvo en cuenta sus palabras por un momento y, finalmente, asintió con la cabeza.

- Supongo que eso sería lo justo.

Draco sonrió.

- Bien.

Ginny giró los ojos, exasperada.

- No te alegres tanto.

- Bueno, cuando estás casado con una mujer tan irracional como tú, es natural alegrarse al ver que ha entrado en razón.

Ginny lo golpeó en el brazo.

- Idiota- dijo ella.

Draco tensó los labios, pero atrajo a su mujer hacia él.

- Lo siento. He sido muy maleducado.

- Sí, así es.

- ¿Qué puedo hacer para compensarlo?

- Para empezar, no vuelvas a hablarme de sanadores nunca más.

- Menos eso- respondió él, sonriendo. Ginny suspiró dramáticamente.

- Bueno. Supongo que tendré que conformarme con un beso.

- Eso sí- contestó él, sonriéndola. Sus labios se unieron por un momento pues, esta vez, fue Ginny quien se apartó súbitamente- ¿Ocurre algo?- preguntó Draco.

Ginny negó con la cabeza y forzó una sonrisa.

- Tengo frío. Tal vez deberíamos regresar.

Draco sabía perfectamente que el súbito rubor que mostró su mujer en las mejillas no tuvo nada que ver con el frío, pero también sabía que no conseguiría nada discutiendo con ella sobre lo mismo; la pelirroja volvería a evitar el tema.

- Bien- aceptó él, finalmente.

Ginny sonrió, forzándose menos esta vez, y cogió a su marido del brazo. Por su parte, el rubio no era tan tonto como para no saber por qué la chica estaba apoyándose sobre él.

- Recuerda nuestro trato- le recordó él.

Ginny mostró la culpabilidad que sentía, pero seguía deseando alejar el tema del sanador. Draco no tuvo más remedio que acompañarla hasta la casa, aunque no la dejó a solas hasta que estuvo totalmente cubierta por las sábanas. En cuanto estuvo seguro de que ella no empeoraría, Draco salió de la habitación y caminó escaleras abajo, preguntándose en qué momento dejaría su mujer de ser tan obstinada; por mucho que quisiera a Ginny, ciertamente podía llegar a ser muy difícil a veces. Y ésa era una de esas veces.

Pero no lo entendía. ¿Por qué seguía negando que estaba enferma? La gente normal no hacía esas cosas; la gente normal armaba todo un revuelo en esos casos, exagerando acerca de lo que tenían con el mero objetivo de tener más atención. La gente normal admitía que estaba enferma y era lo suficientemente lista como para hacerse un chequeo, para averiguar si les ocurría algo malo. Sin embargo, Ginny no era normal y Draco sabía perfectamente que su orgullo conseguiría empeorar mucho las cosas.

- No lo entiendo- murmuró para sí.

¿Por qué se negaba a ver a un sanador? ¿Y por qué, en nombre de Merlín, se negaba a aceptar que le pasaba algo?

- ¿Dónde está Ginny?- preguntó Armande, mientras Draco entraba en la habitación donde se jugaba la partida.

- No se encuentra bien.

- ¿Otra vez?

Draco frunció el ceño; por lo visto, no era el único en haberse dado cuenta.

- Tal vez debería ir a ver a un sanador- señaló Theodore.

- Sin conseguís convencerla para que lo haga, estaré en deuda con vosotros.

- Tan terca como siempre- dedujo Armande, asintiendo con la cabeza- Bueno, ya sabías que te pondría las cosas difíciles, antes de casarte.

Draco se sentó en una de las sillas y comenzó a juguetear con una de las cartas.

- Es que no entiendo por qué se niega a ver a un sanador.

- Tal vez le den miedo. La gente le teme a esas cosas, ¿lo sabías?

- No creo que se trate de eso- señaló Draco, negando con la cabeza- No deja de repetir que no quiere que la examinen y, es cierto que no siempre se encuentra mal, pero...

- ¿Así que los mareos vienen y van?- preguntó Theodore, mirando fijamente a su amigo. Él asintió- ¿Qué otros síntomas tiene?

Draco frunció el ceño.

- Bueno, siempre está cansada, con dolores de cabeza... A veces incluso se vuelve muy sensible a los olores. Y luego se encuentran los mareos...

Theodore alzó la ceja.

- Todo encaja- murmuró para sí- Pero, de ser así, lo habría dicho...

- ¿Dicho el qué?- preguntó Draco.

- Nada. Sólo estaba pensando en voz alta.

Draco tensó los labios; estaba seguro de que Theodore sabía algo, pero, como siempre, su amigo había decidido mostrarse estoico. Entonces, el susodicho le sonrió.

- Estoy seguro de que Ginny querrá que un sanador la examine, si las cosas empeoran.

- Sí- repuso Draco, vagamente- Seguro...

OOOO

Entrada la noche, el rubio se dirigió a su habitación. Allí se encontró a Ginny ante el tocador, más pálida que antes y sujetando algo entre sus manos. Draco no pudo ver de lo que se trataba, simplemente divisó una caja azul, pero el sonido de la puerta alarmó a la pelirroja, que rápidamente recogió todo aquello y lo metió en un cajón.

- ¿Interrumpo algo?

Ginny negó con la cabeza.

- No, sólo estaba... estaba cepillándome el pelo- la chica cogió el cepillo al instante, mostrándoselo, con una sonrisa infantil en sus labios.

Draco, por su parte, estuvo a punto de echarse a reír; ¿de verdad creía que iba a creerse eso?

- Ya veo- se contentó con responder.

- Voy a lavarme los dientes- dijo Ginny, pasando a su lado.

Después de ver cómo se alejaba, Draco se fijó en el tocador, con curiosidad. Sabía que no tenía que invadir su privacidad, pero era muy difícil olvidar los malos hábitos. Además, el comportamiento que había tenido durante los últimos días era suficiente para hacerlo sospechar, hasta el punto de querer descubrir qué estaba ocurriendo.

Nada más echar un vistazo a la puerta, asegurándose de que Ginny no regresara, Draco se dirigió al tocador y abrió el cajón tan despacio como pudo, intentando no revolver demasiado lo que contenía.

Sus ojos se deslizaron por todos los objetos: un perfume, un estuche de maquillaje que, seguramente, nunca hubiese utilizado y, finalmente, el objeto azul que acababa de ver en sus manos. Después de mirar hacia atrás de nuevo, el chico sacó la caja azul y la examinó con detenimiento.

- ¿Tampones?- se preguntó a sí mismo.

La palabra no le resultaba ajena, aunque prefería evitar pronunciarla, por hacer referencia a un tema que no era tan peculiar. Se trataba de algo totalmente femenino que pretendía ignorar y el rubio estaba feliz en su ilusión particular. Por desgracia, su matrimonio con Ginny había conseguido que, inevitablemente, aprendiera algo más sobre la higiene femenina y la importante labor de los tampones en ese campo.

Draco depositó la caja de tampones en el cajón de nuevo y lo cerró, con una expresión pensativa. No tenía sentido que Ginny le ocultase que estaba con el periodo. Aunque llevaran apenas casados unos meses, la primera vez que había discutido con su pelirroja acerca de las «quejas mensuales», le resultó suficiente para darse cuenta de que, durante esos días, era mejor ser agradable con ella y dejar que se quejara tanto como quisiera. Precisamente por no haber vuelto a discutir sobre el tema- aunque, no por ello, Draco soportase vivir con Ginny durante esos días del mes- no entendía por qué su mujer le escondía esas cosas.

Ginny volvió a la habitación, más repuesta y se metió en la cama. Draco se puso el pijama y se acomodó junto a ella; justo en ese momento, Ginny se giró y acercó a él, besándolo en los labios.

- Buenas noches- murmuró la pelirroja.

- Buenas noches- repitió él, rodeándola con el brazo para darle calor.

Justo en el momento en el que la respiración de ella se acompasó, el rubio descubrió lo que le había llamado la atención de la caja azul.

Estaba cerrada.

OOOO

Ginny clavó la vista en los huevos con tostadas, con una clara expresión de disgusto. El olor era algo que normalmente le gustaba, pero esa mañana la mareaba. En cuanto dio un mordisco a la tostada, lamentó haberlo hecho; el sabor era tan malo como el olor. Entonces, su marido se acercó a ella, bastante preocupado.

- ¿Te encuentras bien?

- Creo...- murmuró ella, llevándose una mano a la boca- Creo que voy a vomitar...

Rápidamente, Draco cogió un cuenco y se lo ofreció. Ginny lo cogió con ganas, justo antes de que lo poco que había tomado para desayunar reapareciera en el plato. Instintivamente, Draco le apartó el pelo de la cara, aunque no estaba muy seguro de qué más podía hacer.

- ¿Qué me ha hecho Tooky para desayunar?- gruñó Ginny, sintiendo un incipiente dolor estomacal, al pensar en la posible comida.

- ¿De qué estás hablando?- preguntó Draco, alzando una ceja.

- Los huevos- la pelirroja clavó la vista en el plato, con una clara expresión de disgusto- están pasados.

- No puede ser. Los míos eran iguales y estaba bien.

- Entonces sólo estarán malos los míos. Te digo que saben fatal... Argh, todavía puedo olerlos.

La pelirroja hundió la cabeza en el cuenco, de nuevo. Pasado un poco, volvió a la superficie. Draco la ayudó a recuperarse, aunque sin apartar la vista de los huevos. Entonces, cogió el plato y se los acercó a la nariz; no olían mal. Simplemente, olían a huevos. Confundido, giró la vista hacia su mujer- que seguía ocupada, inclinándose en el cuenco como si su vida dependiera de ello- y, entonces, Draco recordó la caja cerrada de tampones.

De pronto, todo empezó a encajar. El cansancio, los dolores de cabeza, los mareos... todos esos síntomas sugerían una enfermedad, pero todos juntos no encajaban en la misma, ni siquiera para una simple gripe. Además, se quejaba de los olores y de la comida muchas veces, por no decir que, en aquel momento, se encontraba vomitando los huevos.

Draco se fijó en su mujer, preguntándose si sería posible, sin abandonar la esperanza. Ginny pareció volver en sí, aunque seguía igual de pálida.

- Me siento mejor. Sólo necesito echarlo todo.

- ¿Estás segura?

- Sí- la pelirroja mostró una expresión de asco al ver la comida que quedaba en la mesa- pero aparta esos asquerosos huevos de mí. No quiero tenerlos delante.

Al momento, Draco hizo desaparecer tanto la tostada y los huevos como el contenido del cuenco.

- ¿Mejor?- preguntó, logrando que ella asintiera. Entonces, el rubio tomó aire- Ginny, tienes que dejar que un sanador te examine.

Ginny frunció el ceño al instante.

- Otra vez no.

- Me lo prometiste, ¿recuerdas?- la pelirroja lo miró fijamente a los ojos, con su fuego característico, pero Draco no iba a permitir que se saliera con la suya esa vez- ¿Y si te ocurriera algo grave?

- Eso no pasará.

- ¿Cómo lo sabes?- insistió él.

Ginny suspiró.

- Muy bien, pero no pienso ir a San Mungo. Odio ese sitio.

- De acuerdo. Entonces, llamaremos al sanador de la familia.

- Debería de haberme imaginado que tendríais uno- murmuró ella, casi sin aliento.

Draco se limitó a sonreír y salió de la habitación, en busca de un sobre y una lechuza. Ginny también se levantó de la silla y se dirigió al salón, derrumbándose en uno de los cómodos sofás. Siete minutos después, su marido apareció en el salón, seguido de Narcissa.

- Por Merlín, ¿qué está haciendo aquí?- exclamó Ginny, sin pensar.

- Ginevra- replicó Narcissa, sonriendo con indulgencia- Ésa no es manera de hablarle a tu suegra.

- Lo siento- dijo Ginny, mostrando sumisión en su voz. Entonces, miró a Draco- ¿Le has escrito?

- Sí, lo ha hecho- respondió Narcissa, en lugar de su hijo. Entonces, se sentó junto a Ginny y le cogió la mano- ¿Cómo te encuentras?

- B-Bien...

Narcissa intercambió una mirada con Draco.

- ¿Cuándo va a venir el sanador Perkins?

- No lo sé. Le envié una lechuza, pero...- de pronto, sonó la puerta- Seguramente sea él.

Mientras Draco salía de la habitación para recibir al sanador, Narcissa se giró hacia Ginny y la sonrió.

- Todo va a salir bien, Ginevra. No tienes nada de lo que preocuparte.

Ginny tembló.

- L-Lo sé.

La puerta se abrió y Draco entró acompañado de un hombre, completamente vestido con ropa púrpura, que Ginny identificó como el sanador Perkins.

- Señora Malfoy- saludó Perkins a Ginny, sonriéndola con candidez- Soy el sanador Perkins. Supongo que querrás una revisión, ¿me equivoco?

A Ginny le costó bastante mostrarse enfadada mientras ese hombre le sonreía con tanta amabilidad, así que se contentó con asentir con la cabeza. Entonces, el sanador Perkins sacó la varita de su ropa y esbozó otra sonrisa.

- Necesito que te relajes. Este hechizo no te hará daño, pero te sentirás un poco incómoda.

- Muy bien.

Ginny tomó aire y cerró los ojos. El sanador murmuró algo incomprensible y, de pronto, una especie de calidez invadió el cuerpo de Ginny, desde su cabeza hacia abajo. Al llegar a la tripa, el sanador se paró.

- Ah- dijo comprensivamente- Sí, supuse que sería eso.

Ginny abrió los ojos.

- ¿Que sería qué?

Los ojos azules del sanador pestañearon rápidamente.

- Querida, ¿no sabía que lleva un mes de embarazo?

Por un momento, Ginny lo miró a los ojos, perdiendo todo color. Entonces, se echó a llorar. Draco se acercó a ella al momento.

- Ginny- el rubio le cogió su rostro entre sus manos, obligándola a mirarlo- Cariño, ¿qué ocurre? ¿No estás contenta?

- ¿Contenta?- musitó, sin dejar de llorar- ¡Estoy embarazada!

Draco le lanzó una mirada implorante a su madre y Narcissa se giró hacia el sanador.

- Muchas gracias, sanador Perkins. Creo que podremos seguir nosotros.

- ¿Estará bien la señorita?

- Temo que esto haya sido demasiado repentino para ella- explicó Narcissa, guiándolo fuera de la habitación- Por aquí, por favor.

La puerta se cerró, dejando a la infeliz pareja a solas. Ginny se mordió el labio y apartó la mirada, fijando la vista en la pared. Draco, por su parte, no dejaba de mirarla, aunque su expresión resultaba indescriptible.

- Lo sabías, ¿verdad?- preguntó él, tranquilamente.

Los labios de la pelirroja temblaron, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. La chica se contentó con mover la cabeza y respirar patéticamente. El rubio suspiró.

- Muy bien. No me hables.

Draco se puso en pie y se alejó de ella, sintiendo cómo la frustración crecía dentro de él. No se había imaginado que las cosas fueran a salir así. El silencio inundó la sala durante unos minutos más, hasta que...

- No quería creer que estuviera embarazada- confesó ella, en un hilo de voz.

Los ojos de Draco se clavaron en su mujer, mirándola con atención.

- ¿Qué?

- Hace sólo tres días empecé a sospechar que podría estar embarazada.

- ¿Por qué hace tres días?

- Porque se suponía que tendría que tener el periodo entonces. No lo tuve, claro, pero cuanto más me repetías los síntomas, más me preocupaba. Todo tenía sentido, pero no quería aceptarlo. No podía. Por eso me inventé excusas, pensando que, tal vez, encontraría otra explicación para todo esto.

- ¿Por eso no quisiste ver a un sanador?- preguntó él, empezando a comprender.

Ginny suspiró.

- Sí. Temía que me dijera lo que ya me temía, pero supongo que ya no podía huir más.

- ¿De verdad es tan malo tener un hijo?- preguntó Draco, sin pensarlo.

El rostro de Ginny pasó de la pena al terror.

- Claro que no. No tiene nada que ver con eso.

- Entonces, ¿qué?- preguntó el rubio, confuso- Ya sabías que, tarde o temprano, te quedarías embarazada. Lo estábamos intentando...

- Lo sé, es sólo que...- sus ojos bajaron hacia sus manos- Tengo miedo.

- ¿Qué?

Ginny resopló, limpiándose las lágrimas de la cara.

- No sé si seré capaz de hacer esto.

Casi al instante, Draco se sentó a su lado; el joven la tenía sujeta por los hombros, forzándola a mirarlo.

- ¿Es eso lo que te preocupa? ¿Que no seas capaz de hacerlo?

- Sólo tengo diecinueve años. No sé nada sobre bebés ni sobre ser madre. ¿Y si no se me da bien? ¿Y si hago algo malo? No creo que pueda con esto, Draco. Es demasiado...

- Ginny- el chico le acercó el rostro al suyo, secándole las lágrimas con el pulgar- serás una madre maravillosa.

- Eso no lo sabes.

- Ya, ni tú tampoco. ¿No eras tú la que siempre se quejaba de la gente que actuaba doom and gloom?

Ginny no pudo evitar dejar escapar una pequeña risa, aunque se repuso al momento.

- Esto es diferente, Draco.

- Es cierto- admitió él- Es diferente, pero nadie espera que hagas frente a esto tú sola.

- Pero...

- Escúchame, Ginny- se impuso Draco, con firmeza- Todo va a salir bien y tú vas a estar muy bien. Tienes a mi madre y a la tuya, que seguro estará encantada de ayudarte con el embarazo. Además, ¿de verdad creías que iba a dejar que afrontaras esto tú sola?

- No...-admitió ella- pero tú tampoco sabes nada acerca de criar a un hijo.

- No, pero aprenderemos juntos.

Los ojos de la pelirroja brillaron al sonreír. Aquellas palabras tan simples, fueron lo más reconfortante que pudo haber escuchado. A pesar de estar aterrada por la idea de tener un hijo, al menos Ginny sabía que no estaba sola.

- Vamos- dijo Draco, poniéndose en pie.

- ¿Adónde vamos?

Draco se echó a reír.

- Como diría mi madre, es nuestro deber hacer pública la noticia ante toda la sociedad.

Ginny suspiró.

- Supongo que tendremos que decírselo a todo el mundo, aunque temo la reacción de mis padres.

- ¿Por? ¿No estarán contentos?

- Estarán más que contentos.

Draco rió.

- Espera a ver la reacción de mi padre, entonces.

Próximo capítulo: Anunciando la noticia

¡Hola a todos! De nuevo perdonad el retraso, pero acabo de empezar el curso en la Universidad y estoy bastante ocupada con los estudios, fansubs etc. Pero bueno, como más vale tarde que nunca, aquí he vuelto con el capítulo 25 XD. Qué os ha parecido? Os lo esperabais? Yo no me imaginaba que Ginny estuviese embarazada ya mismo, pero el capítulo ha dado muestras de ello desde el principio, casi. Aunque no haya pasado nada especialmente interesante, estoy deseando saber cómo va a tomarse la sociedad la noticia, sobre todo Alexia y la familia de Ginny. En cuanto a Ginny, qué os ha parecido su reacción? Aunque creo que se ha dejado llevar, en realidad ella tiene razón; sólo tiene 19 años y es bastante joven para ser madre, por no decir que es el primer hijo que tiene. Pero bueno, por suerte Draco no va a dejarla sola y estará para lo que ella necesite. Bueno, espero no tardar con el cap 26, que promete! Un beso!

Sorcieres de la Neige: hola! Ya corregí lo del cap, sorry! XD. Pues sí, ya me imaginaba a Draco dándole la lección de su vida, pero al parecer lo pensó fríamente y optó por invitarle a marcharse, para no volver jamás XD. En cuanto a Zabini... la verdad es que creo que, muy en el fondo, Ginny llegó a interesarle de verdad y por eso se ha arrepentido tanto de haber llegado tan lejos. esperemos que eso le sirva para tratar mejor a su próxima conquista! Bueno, ya me dirás qué te ha parecido este cap y un beso!

wiccancat: hola! Pues sí, hubiese sido bastante probable que nadie creyese a Ginny, después de todo lo que ha pasado, pero por suerte Draco supo reaccionar y la salvó de esa humillación. Esperemos que, con el embarazo, la relación se fortalezca aún más a ojos de todos! Un beso!

naLiitatutii: hola! Pues sí, la verdad es que lo de Blaise no tiene ni nombre... por mucho que quisiera fastidiar a Draco, intentar violar a Ginny ha sido demasiado incluso para él; supongo que por eso al final se ha acojonado, hablando en plata XD. Además, tiene que haber sido muy doloroso darse cuenta de lo que ha hecho y más estando enamorado de Ginny... pero bueno, con Blaise fuera del país, la pareja tiene otras cosas en mente... como el embarazo! Espero que Alexia no meta mucha baza y que la sociedad acepte bien la grata noticia... Un beso y gracias por los ánimos!

mvictoria: hola! Muchas gracias por el review y los ánimos! La verdad es que cuesta bastante traducir y más fics como éste, que son bastante largos y tienen mucha conversación y descripciones. Pero bueno, con un poco de tiempo todo se soluciona XD. Espero que te siga gustando el fic y lo leas hasta el final. Un beso!

Selenika91: hola! Jaja, está claro que los Malfoy de este fic tienen un don especial para ser inoportunos y conseguir que la gente se sienta incómoda; entre Armande y Narcissa, que prácticamente está deseando estar presente durante la concepción, es normal que Draco no sepa ni qué hacer cuando ellos sacan esos temas. Pero bueno, al menos Narcissa ya podrá estar tranquila, porque su hijo ha cumplido XD. Y lo de Blaise, ha sido más fuerte de lo que pudiéramos imaginar... No pensé que llegara tan lejos, pero bueno, al final Ginny ha conseguido escapar y, aunque no lo hubiera hecho, estoy segura de que Zabini habría recapacitado; después de todo, como él mismo dice, está enamorado de ella y, por muy malo que sea, no le veo capaz de haber llegado hasta el final. Y lo de Armande sí que es cierto; yo sólo he escuchado el nombre de "Armand", pero quizá sea una variante o el nombre en femenino... No tengo ni idea, la verdad XD. Espero que te haya gustado el fic y los que vienen! Un beso!

lizzie: hola! Menudo ritmo de lectura! Pero me alegra que te hayas enganchado XD. Siento la tardanza, pero espero que puedas leer el nuevo cap cuanto antes. Un beso y gracias por comentar!

Acmeldan: hola! Pues sí; al parecer ya se ha acabado la etapa Blaise, pero ha empezado otra todavía más complicada. Esperemos que Ginny y Draco sepan llevarlo bien. Un beso!

Karin Malfoy: Hola! Jajaja, a mí Zabini tampoco es que me encante, pero bueno, le ha dado un poco de emoción al fic. Supongo que ahora se relajará más, porque dentro de poco se acaba el fic, pero bueno; ahora con el embarazo esperemos que pase alguna sorpresilla más. Un beso!

anahoj: hola! Tranquila, Blaise ya está fuera de nuestras vidas XD. Creo que, después de lo que hizo, tiene que dar gracias por haber salido del país, simplemente. Y lo de la "situación delicada"... ya ves que no es nada malo, sino todo lo contrario! Aunque habrá que ver la opinión de la gente, la familia, Alexia, los problemas del embarazo... en fin, que, por ahora, Draco y Ginny no van a tener una estabilidad permanente, que digamos xD. Un beso y gracias por comentar!