Cap XXV: "El movimiento de la catapulta"

A Charlotte le gustó su primera imagen. La impresión que le generó su sonrisa, mientras le estiraba la mano en ayuda y sacudió apenas esa reconfortable unión, cuando se encontró de pie frente a él.

A Charlotte le fascinaron sus palabras insistentes, sus visitas diarias a la panadería y aquellos dólares lisos y sin una mínima arruga con que le pagaba ¿Acaso era así de detallista con el resto de sus pertenencias?

A Charlotte la enamoró su perfume, siempre atrayente y que su cuello ancho, varonil y fresco, desprendía cuando se acercaba para acomodarle el cabello. Si un hombre huele bien, todo en su vida va bien, solía decirle su madre, cuando algunos muchachos intentaban cortejarla pero ella se negaba a aceptarlos.

Y a Charlotte le encantó verlo cambiar y siendo la sombre de él en ese proceso. Luciano ya no era el joven que les sonreía a las muchachitas y les hablaba de sí mismo solo para llamar sus atenciones. Él les hablaba de ella ahora y la presentaba como nunca antes había caminado con otra joven de su brazo.

En un camino que le ayudó a transitar, el niño italiano controlaba sus celos, su manera de expresarlos y las consecuencias se evaporaban a falta de causas. Él dependía de ella como sus dedos de enrollarse a la delgada cintura y retenerla, aguardando porque no se alejara con facilidad.

El empresario aún lo era. Pero estaba enamorado. El empresario enamorado lo llamaban entonces y él acomodaba su corbata y sonreía en aprobación. Porque lo estaba.

Ella en cambio nunca perdió su dulzura, la dedicación con que atendía a sus clientes ni las ansias de que las agujas del reloj caminaran y así sacarse su delantal, para correr hacia él que la esperaba cada hora de salida.

A él el amor lo cambió y a ella la mantuvo en el mismo nivel pacífico. Pero más profundo.

Juntos, eran el reflejo digno de la felicidad, representando lo estabilizador que puede llegar a ser una persona al invadir la vida de otra. Parecían la imagen de una película romántica, de esas en que ambos caminan al lado del otro, el viento volea sus ropas y la sonrisa de los dos choca el piso.

Porque las historias de amor se caracterizan por eso. Las verdaderas historias de amor son eso.

Dos almas gemelas se encuentran no porque salieron a buscarse, si no porque algo las unió o las lanzó hacia la otra. Algo como una catapulta. Porque si el amor es antiguo y ha vivido desde siempre, el método que lo transporte debe serlo también.

La catapulta fue siempre un instrumento para lanzar objetos a distancia. Y el amor se burla de esa distancia al subirse como proyectil y se ríe al atravesar por el aire hasta llegar a su destino, derribando murallas y saltando las dificultades.

El lanzamiento de una catapulta iniciaba una guerra ¿no funciona igual el amor? Los combates internos se levantan como los miedos son aplastados. Todo punto choca con su contrario hasta dar con el vencedor.

Irónico el momento donde ninguno derrocha sangre. No visiblemente a pesar de conseguir un perdedor.

Las guerras no son para cobardes, decían los gladiadores mientras usaban las catapultas y al día siguiente luchaban contra un león. Así como en la arena, el amor es un campo de batalla donde no gana el que mantiene por más tiempo su arma alzada. Gana el primero que la arroje y se dé por vencido. Y a pesar de eso, es el invicto ganador.

Si el mundo le permite eso a dos personas totalmente distintas y que se han conocido por azar, casi como la suerte toca al arrojar al aire una moneda… ¿te permitirías a ti mismo verte en su lugar?

¿Cuán atrás releerías tu propia historia y borrarías los hechos que no te agradaron, los sucesos que te han marcado y no deberían haber pasado? ¿Cuán inteligente crees eres para apoyar otro lápiz, nuevo y brillante, en una exquisita hoja blanca para escribir algo totalmente inédito? Algo que solo a ti te guste, te haga feliz y nadie, ni tú mismo, sepas como eliminar.

Y una vez que lo consigas ¿Cuánto arriesgarías por mantener oculto ese fantasioso cuaderno donde guardas tu historia para que ni el más antiguo polvo la toque alguna vez? Mejor aún… ¿cuán valiente eres para dejar que otros conozcan tu historia y quieren imitarla? ¿Cuán celosamente dejarías que eso pasara?

¿Tienes una historia qué contar?

Si eres el mismo lector que me ha acompañado a lo largo de 274 páginas, espero que sí. De lo contrario…

Ve y comienza a escribirla —murmuró Rachel las palabras finales sin leerlas y mientras cerraba el libro.

Conocía cada capítulo y cada drama de memoria; así como los distintos títulos y las sensaciones que al voltear las páginas la invadirían. Pero su parte favorita era la final. La última hoja, las últimas palabras y porque entonces allí, justo a un lado de la camilla, al mirar a Quinn las palabras penetraron en lo más hondo de sus sentimientos.

La rubia dormía plácidamente, con la sábana blanca hasta su pecho y los brazos afuera y a cada lado. El sonido del monitor cardíaco era lo único que se oía y justamente para eso, controlar sus latidos y mostrar que nada en la paciente se alterara.

Detalló con una sonrisa la imagen frente a ella; desde la punta de los dedos de los pies hasta la cabeza de Quinn, que se asomaba con sus siempre brillantes mechones dorados y cortos por su accionar. Le pareció hermosa incluso en ese débil y hospitalizado estado.

Era la misma Quinn que le hizo bromas los primeros días tras conocerse. La misma que le respondió aquel primer beso en la feria y la misma que había descontrolado su pasión a la par de la de ella y ahora tenían un resultado como recuerdo de ese momento.

A pesar de no estar viendo sus penetrantes ojos verdes ni oyendo su ronca voz, Quinn inmovilizada y durmiendo bajo su cuidado, era la misma a la que le daba trato sicológico y con la que había atravesado esa línea profesional también.

Sabiendo que quizá eso iba a cambiar, ella dejó su novela preferida a un lado y acomodó sus codos sobre la camilla, a los costados del brazo tibio y desnudo de la rubia. Y continuó mirándola.

Quería pensar en lo que vendría ahora, con un hijo de ambas y la terapia a la mitad de su duración.

Así como su llegada a Lost Springs meses atrás, su vida daría el mismo cambio y a causa de la misma persona ¿podría dejar su orgullo vocacional a un costado y cedérselo a alguien más? Aquello incluía derivar el caso de su paciente a otro profesional. Y entonces ya no sería su paciente.

Rachel suspiró, entendiendo finalmente que las acciones sin razonamientos traían más que solo repercusiones y ahora estaban disparándoles sin el menor de los cuidados, como si no le importaran sus motivos para que se detuvieran.

Quería tomarse el tiempo de analizar todo e imaginar también, fantasear con el día del parto y luego ver a Quinn cargar a su hijo. Quería avanzar tanto y a la vez detener el tiempo pero un murmullo de queja llamó su atención y bajó su mirada: la rubia movía su mano con intenciones de acomodarse y sentarse pero ella la tomó entre las suyas y la detuvo:

Shhh, no puedes moverte, mi amor

Me duele la espalda —insistió Quinn y Rachel abandonó la silla enseguida. Giró en su propio círculo unas veces y hasta dar con en el mueble de aluminio a unos metros. Fue por algunos cojines y regresó a la rubia, acomodándolos con cuidado bajo su espalda y a lo largo de ella — gracias

¿Te duele?

Ahora no mucho. Tocas algo y lo vuelves agradable de inmediato —Rachel mordió su labio inferior y negó ligeramente, derrotada ante la timidez que aquellas declaraciones de Quinn siempre calaban en ella — ¿cuánto tiempo llevas aquí?

Acabo de llegar

Mentirosa —la acusó con media sonrisa y regresando contra la camilla — ¿sabías que un libro no se lee de atrás hacia adelante?

No lo hacía. Solo me salteé unas páginas y…espera ¡y tú eres una tramposa! —le reclamó en tono infantil y ambas rieron — ¿acaso ya lo leíste completo?

No, por supuesto que no. Pero mamá me dijo que los finales son los interesantes en las historias de amor. Dice que todos los inicios son iguales. Dos personas se conocen, se enamoran pero no todas crean una especie de final en el que todo su amor se vea demostrado…y es gracioso porque no debería haber final para dos personas que se aman

Rachel sonrió apenas y sin verla. Habían pasado ya 22 de las 24 horas críticas en donde Quinn estaría monitoreada sin intervenciones y los médicos le permitieron a ella quedarse, pero no podía intentar despertarla ni seguirle las conversaciones si lo hacía.

Pero la rubia no parecía querer callarse y, con las excusas encaprichadas internamente, la morena disfrutaba oírla con aquella dulzura, niñez y madurez que la caracterizaba.

Un dedo tocó sus manos y una sonrisa se ensanchó en todo su rostro: Quinn pedía permiso con ese toque y se lo concedió, al abrirlas apenas y dejar que se acomodara entre sus palmas. Jugaron un momento con los dedos de la otra y después le devolvió la mirada, en una comunicación silenciosa de que disfrutaban hasta ese pequeño roce.

Así que no pudiste aguantarte y leíste el final primero —Quinn gesticuló despreocupada y alzó sus cejas, dándole la razón y luego señaló la novela con la cabeza —

¿Tienes una historia qué contarme?

Podría preguntarte lo mismo

Sí pero la escritora lo deja bien en claro al final. Si eres el mismo lector y eso. Aún no termino ni siquiera por una primera vez. Tú ya lo sabes de memoria

Quizá. Y debería decirte que no porque tienes que seguir durmiendo

Estoy bien

¿De verdad? —cuestionó preocupada y soltando una mano. Acarició con suavidad a un lado de su cabeza y se cercioró que solo la misma mancha de sangre permaneciera. No otra más — ¿no sientes algún dolor o quieres algo?

Quiero volver a besarte…irme de aquí ya y estar en casa contigo ¿Cuánto falta para eso, Rachel?

Muy poco —le dijo al tragar saliva con esfuerzo — en casa no tendrás el cuidado que estás teniendo aquí ¿entiendes? ¿Qué haría allá sola si despiertas en plena madrugada y algo malo pasa por la cirugía? Prefiero que te quedes el tiempo necesario aquí y todo siga bien después

De acuerdo…pero ya no quiero seguir durmiendo y no puedes obligarme. Cuéntame tu historia —insistió. Ella la observó un momento, descifrando si en efecto parecía estar bien y quería oírla. O tenerla cerca y prohibirle alejarse.

Deslizó su mano y acarició todo su costado hasta volver a atraparle el dedo entre sus palmas. Tampoco pretendía irse si Quinn la necesitaba allí.

Es que no sé si tengo una historia

Todos la tenemos —aseguró la rubia —

¿Tú la tienes?

La estoy escribiendo. Llevo unos…dos meses haciéndolo. Y es la historia que voy a proteger —añadió con sus ojos clavados en ella. Rachel sintió el golpe helado de esa sinceridad en todo su cuerpo. Y se estancó en sus muñecas, en una descuidada sacudida que hizo sonreír a Quinn — quiero que sigas siendo mi historia —susurró al rozarle la mano — no sé si terminas de comprender lo importante que eres para mí pero nunca había sentido todo lo que tú me provocas y…soy muy feliz con eso

¿Te hago feliz? —le preguntó realmente interesada. La rubia asintió al instante y comenzó con lentitud a jalar su mano — nunca me lo habían dicho. Creo que nunca hice feliz a nadie

Si entras a la vida de los demás cómo entraste en la mía, entonces haz hecho felices a muchas personas. Créeme

No —la contradijo por lo bajo y mirando como el agarre se arrastraba cada vez más cerca de Quinn — tú eres una persona distinta a cualquiera que haya conocido antes —agregó al estirarse y detenerse al enfrentar sus rostros. La rubia la miró con una intensidad que hizo flaquear sus piernas y debió sostenerse con una mano en la camilla. Con sus ojos en la otra y luego en un camino de ida y vuelta hasta sus bocas, Rachel se inclinó lo suficiente y juntó sus labios.

Durante las horas que pasó cuidándola, varias veces repitió ese acto y no se lo reprochó en ningún momento. Y ahora Quinn estaba despierta y le respondía el beso, aumentando así sus ansias de volver a tenerla en la intimidad de la que ambas llamaban casa.

Le parecía tan irracional no haber sentido algo similar alguna vez, que el miedo a que todo cambiara de repente se volvió terror. Ella conocía de sentimientos y deseos a alguien más pero la rubia apenas estaba experimentándolo ¿Cambiaría su seguridad con el paso del tiempo, al conocer a otra persona, quizá?

Rachel atrapó la cálida mejilla de Quinn y apretó sus bocas en ese claro mensaje, el miedo a que si el agarre se suavizaba terminara por soltarse. Y cuando una mano se deslizó por su camiseta hasta colarse dentro, la sonrisa contra su boca y la caricia directa a su piel, calmó su augurio a perderlo todo.

Quiero conocer tu historia —repitió Quinn sobre sus labios —

Debo llamar al doctor. Me dijo que lo hiciera cuando despertaras

Pero tu historia…

Mi historia —la interrumpió ella y acariciándole la frente con su pulgar — es la misma que tu historia pero con más sensaciones. Con miedo, con felicidad y con alguien más esperando en el siguiente capítulo —Quinn entrecerró los ojos y resopló con diversión segundos después.

Quiero llegar a esa parte —le dijo al abrir la mano en su abdomen. La morena sintió ese calor traspasarse a ella y se recostó contra su frente, debilitada ante lo que aquella expresión significaba. Se preguntó si Quinn recordaba lo que le había dicho antes de la cirugía ¿recordaba que estaba embarazada y esperando un hijo de ella? Asomó su lengua y mojó sus labios, dispuesta a quitarse la duda cuando la rubia se le adelantó — ¿cuándo podremos saber si es niño o niña?

En unas semanas. Quizá en dos meses

Falta mucho aún…en mi historia tendré un hijo, Rachel —murmuró en tono divertido y victorioso. Ella río y le dejó un rápido beso en la boca antes de erguirse en su lugar — creo que escribí una parte contigo y ahora comenzaremos otra con nuestro hijo

El sonrojo en las mejillas de la rubia alertaron su preocupación. Y ella volvió a tomarle una mano entre las suyas, para captar su atención:

Quinn… ¿cómo te sientes con esto?... ¿querías un hijo? —su paciente le sonrió enseguida —

No sé que tanto pueda hacer bien las cosas pero…es nuestro hijo, Rach. De las dos y es lo que me hace feliz. Tampoco sabía cómo sentirme cuando al fin fuiste al rancho y mírame…es la misma felicidad que sentí cuando me dijiste que estabas embarazada. Y no sé si lo entiendes pero ambas veces fui feliz por ti, así que…estoy muy feliz —repitió riendo y con humedad en sus ojos — y eso es lo que importa ¿cierto?

Rachel se mordió el labio inferior, midiendo la distancia y con rapidez volvió a besarla.

Como en el inicio de su historia, el fresco aliento de frutilla que Quinn desprendía se mezcló con la menta de ella y batallaron. Como el desarrollo de su historia, Quinn le correspondió y ella dominó, con cuidado por segundos al detenerse y, al verla con la mirada en su boca, regresaba y reiniciaba el contacto.

En la oscuridad de sus ojos cerrados, la imagen de una catapulta invadió sus pensamientos. Rachel sonrió y haciendo gesticular a la rubia igual, cuando comprendió que, luego de ser lanzada tras aquel primer beso, ella podía responder a la pregunta final de su novela favorita que sí, si tenía su propia historia.

Y estaba transitando aún en ella.


Ella misma había decidido que no volverían al rancho hasta que Quinn tuviera el permiso total de los médicos y asegurarse de que podía volver su rutina a la normalidad por sí misma. Por eso, luego de firmar el alta tres días después a la cirugía y uno por terapia intensiva, finalmente abandonaron la clínica y se dirigían a su departamento ahora.

Dijiste que volveríamos a casa —le reprochó la rubia tras ocupar la limusina. Judy, que aún estaba con ellas y viajaba a su lado, le dedicó una mirada a Rachel y luego rodó los ojos —

Deja los caprichos. Está haciendo lo mejor para ti

Además debemos volver, Quinn. Tienes consultas de limpieza e higiene en la cicatriz, controles y estamos cerca ante cualquier dificultad que se presente —explicó la morena — solo serán unos días

El resto del camino, se la pasó repitiendo sus palabras para que la rubia comprendiera el por qué no abandonaban la ciudad aún. Y otras veces más cuando George estacionó frente a su departamento.

¿Y quién cuidará a Fiona? Quizá esté necesitándonos —dijo mientras Rachel la llevaba lentamente rodeada de la cintura. La sujetó al ocupar el ascensor y suspiró, intentado entender por qué aquella conducta infantil se presentaba en su paciente —

No te preocupes —intervino Judy — viajaré esta noche e iré a verla todos los días hasta que vuelvan

Oh, no Judy. Puedes quedarte si lo deseas en el cuarto que has estado usando —ofreció la sicóloga —

El médico dijo que necesita reposo y tranquilidad. Reposo se lo dará la cama y la tranquilidad tú. Además, lo más difícil ya pasó, ahora solo debe recuperarse —recordó la mujer y Rachel le sonrió antes de girar a ver a Quinn, que la miraba mientras se sostenía de ella —

¿Qué? —preguntó por lo bajo y avergonzada, por la profundidad de aquellos ojos verdes y otro par a lo lejos, que parecían estudiarlas y disfrutar de esa imagen. La rubia negó ligeramente —

Nada —le dijo con una sonrisa antes de inclinarse y dejarle un beso en los labios — mamá ¿de verdad no quieres quedarte?

No cariño. Si me necesitas lo haré, claro pero tengo que volver al trabajo y Rachel será madre y novia a la vez en tu cuidado ¿cierto?

Un carraspeo se escapó de su garganta y que generó diversión en Quinn ¿Se podían tomar ambos papeles a la vez?

La puerta frente a ellas se abrió y caminaron con el mismo cuidado. Ella pasó las llaves con rapidez y aunque quiso llevar a la rubia a la cama, debió conformarse con el sillón tras aceptar su deseo de quedarse allí.

Judy dejó en el sillón de al lado los osos de felpas que Rachel había comprado y luego se sentó con su hija. El abrazo enternecedor que compartieron la hizo suspirar con conmoción y girar sobre sus talones, dejándoles minutos a solas y ella se perdió en su cuarto.

No pudo evitar echarse de espalda a la cama y liberar toda la preocupación acumulada: finalmente todo había pasado. Desde el temor que algo malo pasara en la cirugía hasta las consecuencias o secuelas que podía dejar en Quinn; todo se había evaporado ya y, aunque aún faltaba ese proceso de recuperación, al menos el estado de mejoramiento en la rubia anticipaba a que todo iría en ese camino.

Cuando cerró sus ojos y recreó los últimos días en la clínica, se levantó con violencia: estaba embarazada y Judy debía saberlo. Sus padres también, quizá y conociendo la emoción que dominaba a Quinn dependiendo la situación, estaba segura que la rubia no quería esperar mucho para contarlo.

Regresó con ellas al living y la rubia palmeó el lugar a su lado. De inmediato le obedeció y se acurrucó cual niño pequeño en un pecho protector, mientras un brazo le rodeaba los hombros y la mano le acariciaba a un costado.

Cuando un beso se depositó en su cabeza, miró a Judy en el sillón del frente y luego se alejó para detallar a la rubia:

Quinn —susurró y su paciente se estiró hasta rozarle el mentón con su nariz — ¿quieres contarle?

¿Contarme que estás embarazada? —se adelantó Judy y ella giró a verla enseguida ¿Acaso la rubia ya se lo había contado? — ¿lo estás?...lo suponía —agregó tras su sentimiento — tienes esa misma mirada brillante que me decían tenia cuando estaba esperando a Quinn. Tienen esa conexión que no he visto en otra pareja ni aunque años de permanencia los uniera. Las personas como ustedes —murmuró al acercarse y ocupar la mesa ratona, estirando una mano para atrapar a cada una — las personas como ustedes no se encuentran dos veces, no al menos en la misma vida

La estabilidad que las palabras de la mujer alejó, regresó pero la inquietud de saber si alguien más notaria su estado, se coló en ella y la sacudía como aquella primera pregunta que Judy le hizo.

Rach, no le dije nada. Esperaba que…

Tranquila —cortó ella a Quinn al dejar una mano en su muslo — es tu mamá y debe saberlo

¿Y qué hay de los tuyos? —preguntó la mujer. Rachel pestañeó con nervios sabiendo que, la respuesta debía ser una sola y no parecía lo positiva que quería que fuera — lo aconsejable, Rachel, sería que esperaran ¿Apenas llevas cuánto de gestación?

Poco más de tres semanas. Judy, le aseguro que quiero a su hija y el embarazo no es producto de una noche pasional ni alborotada. Estoy enamorada de Quinn —soltó todo con rapidez y el temblor en su voz. La punzada constante estaba en su garganta pero Judy la ignoró y solo apretó cariñosamente el agarre —

Lo sé, puedo notarlo cuando la miras, en el trato que tienen y en su forma de buscarse no solo con los ojos. Y ella está igual que tú y desde…—la mujer se detuvo y, luego de darle una fugaz mirada a la rubia, carraspeó y volvió a ella — desde ahora seré abuela ¡no puedo creerlo!

La celebración emotiva pero infantil hizo reír a ambas y Quinn la apretó contra ella. Rachel se dejó consentir en ese breve y ágil momento. El pulgar de la rubia sobre su brazo arriba y abajo, mientras seguía hablando con Judy y la oían aún con su ingenua exaltación.

No se lo digas a papá —la sorprendió Quinn de repente y la mujer calló de inmediato — quiero hacerlo yo misma. Quiero hacer las cosas bien mamá, todo bien. Desde darle la noticia hasta ser madre. Todo lo que él no fue conmigo, quiero serlo con mi hijo

A pesar de la seriedad y seguridad, Judy asintió y continuaron hablando por unos minutos más. Ella misma la acompañó a la puerta casi una hora después, tras despedirse de la rubia y, ahora que cerraba para volver a estar solas con Quinn, aquellos nervios que se presentaron en la primera noche en el rancho, súbitamente la invadieron con burla.

¿Traerás a Sheila? —preguntó su paciente y la morena dejó la puerta para volver a ella —

No, mi amor. Debes descansar y mientras menos actividades hagas, mejor. Eres alérgica a Sheila y no quiero llevarte a la clínica por algo más ¿entiendes?

Está bien…tengo hambre —le dijo sonrojada y Rachel se arrodilló frente a ella. Quinn dejó caer su brazo, a un lado del sillón y subió con la punta del dedo por su costado, de manera fantasmal y solo para regocijarse —

Lo suponía. Te prepararé una sopa… ¿qué pasa? ¿En qué piensas? —quiso saber al verla con la mirada perdida y en su pecho. Parecía que a veces quería acaparar su atención por lo que, cuando no la tenia, le preocupaba lo que pasara en la imaginación de la rubia y creara ideas erróneas —

¿Crees que mi madre le dirá a Russel?

No lo creo, le haz pedido que no lo hiciera

Sí pero ella lo ama

Como yo a ti —dijo sin pensarlo.

Estaba tan compenetrada en la boca de la rubia y asentía mientras la escuchaba hablar, que aquellas apalabras se dispararon solas. Y las sentía. Supuso que así las sentía si sus latidos le daban ganas de llorar en ese momento, al golpearla con tanta brusquedad y prohibiéndole borrar lo que dijo.

Quinn la miró. Sus ojos verdes y su boca entreabierta. Pero no parecía sorprendida ni molesta. Cuando curvó con total lentitud su característica media sonrisa, el vapor se acumuló en sus mejillas y el sonrojo se hizo notorio hasta para sí misma.

De acuerdo —jugó la rubia con diversión — ella lo ama como tú me amas. Rachel Berry me ama. A mí…Rachel Berry me ama a mí —terminó al ascender su mano y dejarla en la nuca de la morena — estás haciendo que esta historia se ponga cada vez mejor, mi amor

Quinn…

¿Uhm?

Y debemos decirles a mis padres —musitó, notando la suave fuerza que ejercía la rubia para acercarla a su rostro — quizá deba decírselos yo sola. Tú no estás lista aún y deberías descansar y no pasar por todas estas cosas. Dios, estoy haciendo todo mal

Shhh, tranquila, Rach —le pidió con la otra mano en su espalda baja y reteniéndola contra ella. Parecía increíble pero días atrás se había sometido a una operación y algo de dolor apenas golpeaba su cabeza. Pero la morena estaba tan frágil y superada en emociones que solo iba a insistir por seguir entrando en ella y acompañarla en ese proceso. Quería que vivieran juntas ese momento y no le importaba cómo lo tomarían los demás: Estaban esperando un hijo y a ambas le importaba la felicidad de la otra. Nada más — no puedes decirte eso porque conmigo lo has hecho todo bien

No es cierto —lloriqueó y quitándose las lágrimas bajo su nariz — tú deberías estar haciendo reposo, Quinn por favor, vamos a la cama —

Está bien —cedió la rubia. Ella la ayudó a dejar el sillón y caminaron abrazadas hasta el cuarto — ahora me recostaré —agregó al hacerlo. Rachel quitó los cojines de más y acomodó algunos para su mayor comodidad — ¿lo ves? No haces nada mal

Te haré sopa y luego te traeré un poco ¿por qué no duermes?

Rach —le reclamó ella y alargando el sonido al nombrarla — no te tomes tan en serio eso de ser madre como dijo mi madre verdadera. Mejor hazle caso a la otra parte…eso de ser una buena novia

La morena la miró y no pudo evitar morder sus labios, para ocultar otro momento de alegría que Quinn producía en ella. A cambio, rodeó la cama y la ocupó boca abajo a su lado, sosteniéndose de los codos y sintiendo de inmediato una mano colarse entre su suelto cabello.

Quinn… con el embarazo algunas cosas cambiarán, mi amor

¿Cómo cuáles? —Rachel aguardó unos segundos, por si la rubia se respondía a sí misma pero la cara confusa frente a ella no se quitaba. Tras un suspiro, se arrastró más contra ella y el brazo de Quinn pasó por su espalda hasta retenerla —

Se preguntó si plantearle todo le haría daño o acumularía demasiada información y emociones post operativos que no debía pasar. Contestándose que sí y que debía de pensar más en la salud a recuperarse de la rubia y no tantos cambios, le sonrió apenas y sacudió ligeramente la cabeza.

Pasar más tiempo en el departamento era lo primordial según ella. Si en el desarrollo del embarazo necesitaba ver un médico, en Lost Springs no podría simplemente tomar un taxi e ir en su búsqueda. Rachel supuso que lo mejor sería pasar las últimas semanas de embarazo en California y no en el rancho.

Y ya no podría ser su sicóloga. No sabía cómo iba a planteárselo y peor aún, desconocía cómo lo tomaría Quinn. Pero ella era la profesional y que cruzó la línea tras aquel primer beso, por lo que debía hacerse cargo de las consecuencias ahora. Apretó los ojos y se imaginó a la rubia en una primera sesión con otro profesional ¿sería tan libre de hablar como lo era con ella?

Cuando el pulgar de su paciente tocó su cadera, atrayéndola a la realidad, Rachel se aclaró la garganta y le acarició con su perfil el hombro:

¿Cómo cuáles? —persistió la rubia —

Serán cambios para mejor ¿si? No debes preocuparte

Está bien—dijo Quinn echándose con cuidado contra la cama — Tú eres la que conduces mi felicidad, así que solo debes decirme por dónde caminar que solo pisaré por allí

Ella se estiró y le dejó un sonoro y apretado beso en los labios, antes de ponerse de pie y caminar a la puerta.

Prepararé sopa, descansa —le ordenó al tomar el picaporte y abrir — y no estoy tomándome el papel de madre —agregó cuando Quinn ladeó la cabeza para verla — lo digo como una novia. Tu novia.


Les dejo otro cap queridas lectoras porque ya pasó una semana de la última actualización, espero les hay gustado. El fin de semana el próximo capitulo, no puedo antes, perdón

Gracias por leer y/o comentar, son un amor como las leanatics deduciendo que Lea ya tiene nuevo novio solo por una broma y porque se empezó a seguir con un actor *los shippeaba*

Vale: Sí lo ví y como es una cosa horrible y chiquita quedó demostrado que es solo en recuerdo a un amigo. A algunos les puede gustar o no pero Lea tiene casi 30 así que puede hacer con su cuerpo y vida lo que se le cante. Saludos!

Andrusol: Tengo entendido que se reduce el consumo de café, desconocía casos de prohibición pero una embarazada puede tomar hasta 3 tazas diarias (sí, tuve que averiguarlo antes y leer unas cuántas páginas de medicina ) Por otro lado, el doctor en el cap 23 la llama desconsiderada porque Rachel fue la que propinó a sí misma la caída y el golpe sin cuidar su embarazo. Por eso se disculpa en el cap siguiente cuando Rachel le dice que no conocía su estado. Saludos!

Ni glee ni sus personajes me pertenecen o de lo contrario en So emotional Rachel hubiese tenido un short o una micro falda y seguro Quinn se hubiese levantado de la silla al mejor estilo milagroso. Que estén bien, saludos!