¿Están asustados? Deberían... mitad de Nippon Rebelion y las cosas empeoran. Todos leen bajo su propio riesgo, disfruten n.n
Stage 25: The Black Prince
Si había una definición de infierno, se estaba quedando corta conforme los hechos caían por su propio peso en tan esperado desenlace. Lo que muchos no podían comprender es que si sabían todos los problemas a los que se enfrentarían, por qué demonios se habían atrevido a desafiar las probabilidades de que esto saliera bien.
Porque no había manera de que esto terminara pacíficamente.
Genbu P.O.V.
-¡ALTO!-
Una simple palabra.
La emoción en ella.
El pesado acento Britannian. Y pensar que mi teoría era cierta, el acento inglés de Lelouch solo salía cuando la situación demandaba completa obediencia como si la orden viniese de un verdadero príncipe Imperial.
Pero la situación que escogía para hacerlo no era la mejor.
Sin embargo cuando me giré pensando que mi mente había sido la del grito desesperado, la sangre se drenó de mi cara, mis manos se helaron por completo y mis pies comenzaron a cosquillear. De todas las voces en mi mente que me dijeron que esto era una mala idea desde el ángulo que lo quisiera ver, la voz de Lelouch nunca se hizo presente.
Él solo había aceptado el nuevo obstáculo que nos ponían y su idea era superarlo por las buenas o las malas.
Ahora Todou estaba en lo correcto.
Mis tres hijos estaban del otro lado del largo y ancho pasillo por el que caminábamos, nunca creí que fuese a estar tan feliz de una interrupción cuando trataba asuntos con Britannia, pero la parte feliz que creí que me excusaría de esta plática a puerta cerrada, pronto se convirtió en horror. Lelouch trastabilló a pesar de que Suzaku lo sostenía contra sí mismo y por primera vez noté que ninguno de los dos tenía puesto su antifaz.
Algo andaba mal.
No palabras de disculpa, reverencia o pedir permiso. Abandoné de inmediato mi posición de Primer Ministro cuando mi familia me necesitaba, corriendo de inmediato hacia ellos y a pesar de que no pedí a Mei que continuara esta farsa, sentí que pronto me pisaba los talones andando en la misma dirección.
El pasillo no era tan largo para no alcanzarlos en un par de segundos, pero había tantas emociones en los rostros de los tres que no sabía cual seguir. Me arrodillé de inmediato frente a Lelouch y Suzaku, el primero aferró una mano en mi antebrazo para decirme algo, pero las palabras murieron en su boca cuando fue interrumpido.
-Tus modales no han mejorado con los años ¿Cierto Lelouch?-
Sentí una corriente eléctrica destruir los nervios de mi espalda al mismo tiempo que mi garganta se secaba.
-Eso fue lo que te llevó al exilio después de todo- y el tono de burla en su voz.
Charles Di Britannia sabía.
Ni siquiera terminé de registrar lo que pasaba cuando la mano de Lelouch se soltó de mi brazo y trató de pasarme en un rápido movimiento.
-¡Tú, maldito bastardo!- gritó y me puse de pié apenas alcanzándolo al tomar de la cola del saco y luego halándolo de vuelta hacia mí. Trató de pelearme todo lo que podía y solo puse ambas manos alrededor de su cintura para detenerlo. Podía sentir su enojo, su furia, su decepción y más importante, la traición.
Al igual que su respiración agitada. Como si su energía se hubiese drenado por completo me tomó desprevenido su caída al doblarse ambas de sus rodillas. El movimiento me jaló hacia abajo junto con él, pero eso no estaba impidiendo que siguiera maldiciendo en susurros.
Esto era muy malo. Miré levemente sobre mi hombro y Suzaku tampoco tenía una explicación para esto. Si acaso su rostro demostraba el temor que tenía previendo los peores escenarios cuando las cosas terminaran de explotar.
-Modales, Lelouch. No recuerdo haberte enseñado semejante vocabulario- una nueva voz interrumpió nuestros pensamientos y dejé de ver a mi hijo algo confundido.
Pero qué-
-¿Mamá?-
Entonces el segundo misterio estaba resulto al mismo tiempo que sentía una punzada dolorosa atravesar mi pecho. No me importó al inicio saber quién era la mujer que acompañaba al emperador, sabía que tenía muchas esposas para tener tantos hijos. Pero no lo consideré en lo más mínimo importante a pesar de que me sintiera incómodo con su sonrisa.
Una que presagiaba problemas.
Pero entonces venía el reconocimiento de Nunnally.
Levanté la vista levemente para ver a la mujer que se deshacía del antifaz que cubría la mitad de su rostro, mostrando un par de vibrantes ojos azules y piel pálida, profundizando por primera vez en su vasto cabello color azabache. Idéntico al de Lelouch, y ahora sonreía de manera cálida en dirección de sus hijos.
Sus hijos. Por derecho.
De repente todo lo que yo hacía se veía mal.
Estaba de acuerdo con proteger a Lelouch y a Nunnally de su país natal porque ambos habían sido desterrados y olvidados por completo en medio de un campo de batalla. Estaba de acuerdo en criarlos de la mejor manera y darles lo que consideraba necesario, así como enseñarles ciertas cosas como límites y obligaciones. Pero si había algo que desencajaba por completo de mis planes era esto.
Yo no podía competir con esa mujer.
Yo no podía igualarme a lo único que ambos podían amar de Britannia.
No si la mujer frente a mí los amaba, los protegería y los reclamaría como estaba en todo su derecho.
Solté los brazos alrededor de la cintura de Lelouch poco a poco, al mismo tiempo que dejaba ir todo aquello que podía haber sentido, cultivado y anhelado para los próximos años. Dejaba ir todo eso por el simple hecho de que no los obligaría a decidir por algo tan trivial. Ella era Marianne Vi Britannia.
Ella era su madre.
La única persona que compartía lazos de sangre con ambos y que los amaba.
Pero nunca se vio sintió tan fácil como lo hice ver. Suzaku se espantó con esta decisión mental pero debía recordar que yo una vez se lo había advertido. No había forma de negarles a Lelouch y a Nunnally volver a su lugar origen. A su familia, a su estilo de vida. Porque tarde que temprano nos veríamos enfrentados a una situación así aunque nunca esperé que el punto que nos tuviera que dividir fuese la misma madre de ambos.
No, no me estaba siendo nada fácil, retirarme del juego y ya. Pero debía dejarlos decidir.
-No-
Recogía mis brazos y cerraba las palmas en mis rodillas cuando la palabra vino interrumpiendo este tenso silencio. Creí de nuevo que mi mente estaba jugando, pero desde mi posición era claramente visible el rostro de Lelouch apenas escondido por los mechones de cabello que cubrían sus ojos, más no tan largos para ocultar una simple gota que recorrió su mejilla y el perímetro de su mandíbula hasta desprenderse en su barbilla.
Lelouch…
Nunnally dio medio paso hacia adelante cuando su madre extendió sus brazos llamándola, pero cuando iba a dar otro paso Lelouch volvió a moverse más rápido y apenas se levantó un poco sobre sus rodillas para alcanzar la mano de Nunnally y detenerla. La mujer apretó los labios visiblemente contrariada, pero no dijo nada de inmediato.
-Nunnally por favor…- la voz de Lelouch aunque apenas audible entre ellos se había quebrado por completo.
-¿Onii-sama? Es mamá- intentó Nunnally poniéndose de rodillas frente a su hermano con su mirada confundida, tratando de convencerlo de que era lo correcto y yo solo me quedaba como un testigo de lo que se estaba escapando.
Sin embargo Lelouch levantó la cabeza mostrando sus vidriosos ojos y dejando correr libremente las lágrimas por ambos, prosiguió de manera dolorosa. Tomó ambas manos de Nunnally entre las suyas.
-Sé que no te puedo negar nada s-si quieres esto- habló, parpadeaba decenas de veces tratando de ver mejor a su hermana. Pude escuchar a Suzaku moverse nervioso tras mi espalda –Pero t-también te prometí que nunca haría algo q-que te hiciera daño y te dije que s-siempre te protegería-
No podía quedarme aquí sentado solo viendo como pasaba todo esto sin intervenir. Cómo Lelouch y Nunnally parecían divididos en diferentes caminos cuando algo seguro estaba mal para que Lelouch no quisiera que su hermana aceptara esta persona que recién recuperaban. Y las cosas comenzaban a cobrar sentido en mi mente, de una manera dura.
¿Cómo es que Marianne Vi Britannia estaba viva?
Simplemente no pierdes todo a raíz de la muerte de la única persona que te protegía y ahora podía volver al punto en donde te quedaste. Eso ni siquiera era válido en mi mente, o me quería convencer de que no lo era para alejar a mis hijos de inmediato de todo esto. Pero si había una segunda razón más fuerte que la primera, era que las palabras de Lelouch eran tan dolorosas como ciertas.
Él nunca haría nada para herir a su hermana por la que todos estos años se empeñó en velar y proteger con sus propias manos. No le haría pasar un trago amargo al separarla de su madre si no tenía un motivo suficientemente fuerte para apoyar su decisión, y que los orillaran a esto me hacía enfurecer.
Nunnally miró sobre su hombro la mano que de nuevo extendía su madre con una destellante sonrisa en su rostro, Lelouch entonces bajó la cabeza completamente resignado a perder a su hermana. Pero entonces Nunnally volvió su mirada a su hermano mayor y soltando sus manos lo abrazó con fuerza y enterró la cabeza en su cuello.
-Y has mantenido esa promesa siempre, Onii-sama- lloró ella, pude ver los hombros de Lelouch destensarse. –Confío en lo que decidas que es mejor para ambos-
Pero esto era demasiado duro.
Los brazos de Lelouch respondieron al abrazo de su hermana con fuerza un par de segundos, pero luego se soltaron sin fuerza alguna y el grito taladrante de Nunnally heló mis sentidos.
-¡ONII-SAMA!-
Mientras luchaba por sostenerlo.
Esto no era mi decisión, pero ellos habían tomado la suya y los apoyaría SIEMPRE.
Salté de mi lugar y me acerqué hasta Nunnally tomando a su hermano de entre sus brazos, el rostro de Lelouch estaba exageradamente pálido pero seguía consciente, sus ojos apenas abiertos eran la prueba. Suzaku se movió igualmente tras mi espalda y abrazó a Nunnally, pero lo único que ocupaba mi mente era que debíamos salir de aquí, ya.
-Vamos, Lelouch- traté de despertarlo un poco más al moverlo, pero cuando su mirada se enfocó un poco más me miró extrañamente confundido.
-¿N-no te retirabas ya?- su voz apenas un susurro estaba llena de contradicciones, fue mi turno de mirarme ofendido.
-¿Por qué yo haría eso?- pregunté a pesar de la extraña situación que nos rodeaba como si no estuviéramos en peligro inminente Lelouch desvió la mirada incómodo, y comprendí cuál había sido mi error.
Solo Lelouch de todas las personas podía darse cuenta. Suspiré derrotado para mí mismo.
-Te solté solo porque no quería que se vieran divididos al momento de tomar una decisión- argumenté pasando una mano por su frente alejando el cabello de su rostro. Pero solo causó que estrechara la mirada lo más molesto que podía estar dada su condición.
-Aquí el único que tiene que tomar una decisión, es un ingenuo primer ministro- musitó con media sonrisa altanera, dejando caer su cabeza en mi brazo y destensando su cuerpo por completo confiando en mi presencia.
Sentí que podía respirar libremente de nuevo. Porque esta era la prueba final para quien quisiera poner en duda dónde residían mis hijos y qué es lo que realmente querían. Incluso si en mi hubiese existido una pequeña parte que argumentara que ellos siempre serían libres de volver a su país cuando lo quisieran, hoy era callada por los hechos.
Y me daba todo el poder de tomar las decisiones a partir de ahora.
-Elijo el camino de la rebelión- declaré.
Porque esto se convertiría en una guerra
No puedes ir por ahí, poniendo en estos aprietos a mis hijos. Dejándolos en esta condición y solamente caminar fuera de la escena al ser rechazado en tu propia cara.
Lelouch sonrió con mis palabras pero su mirada volvió a perder enfoque y sabía que era el momento de la retirada. Lo tomé en mis brazos y me levanté del suelo, Suzaku tomó la mano de Nunnally e inmediatamente se pusieron detrás de mí.
Entonces la mujer de vestido azul celeste estrechó la mirada y sus delicadas facciones se tornaron oscuras. Oh si, podía alegarse que Lelouch era idéntico a su madre pero esa mirada no surtiría efecto alguno en mí.
-Ven aquí, Nunnally- trató de nuevo dando un par de pasos hacia adelante con los brazos abiertos –Eres mi hija, al igual que Lelouch y su lugar es aquí en Britannia- ordenó.
En serio.
Sentí que Nunnally dio otro paso hacia atrás contrario a lo que la mujer quería y de reojo observé cómo Suzaku se ponía delante de ella para defenderla.
¿Así o más claro el asunto?
-Creo que la decisión la han tomado ellos- hablé tan fuerte y claro como debía, ahora que ellos habían reafirmado su confianza en mis decisiones no tenía por qué tener un gramo de duda por la situación, cosa que a la mujer no le agradó nada y a mí me fascinaba.
Yo era el padre.
-¡Son mis hijos, y son por derecho príncipes de Britannia!- reclamó tratando de acercarse más. –¡Su deber es con el Imperio!-
Me reí bastante entretenido por su decisión de palabras, pero la réplica me la ganaron.
-En lo que a mí respecta, hace siete años dejamos de ser príncipes de Britannia- el tono amargo en la voz de Lelouch además de estable, me sorprendió al notar que estaba tan consciente para estar escuchando todo y hablar en su propia defensa. Bajé la mirada apenas levemente comprobando los hechos, sus ojos semi-abiertos ni siquiera buscaban la figura de su madre, solo se concentraba en mantenerse despierto.
Pero temía que la mujer no fuese a dejar esto tan fácil. Madre de Lelouch al final.
-¡¿Lelouch, estás traicionando al Imperio?!-
Esto no era un punto que se tuviera que discutir, no de la manera en que Marianne quisiera hacerlo ver con su tono de completa decepción y traición.
No para él que había sido decepcionado tantas veces como era posible por la familia que debió protegerlo.
-Decidir su vida, pelear por ella y aferrarse a lo que quiere no es en ningún momento una traición para Britania- interrumpí sus alaridos por mi cuenta, no serían catalogados así después de lo que tuvieron que pasar.
De repente noté que Nunnally rodeó a Suzaku y creí que de nuevo se acercaría a su madre, pero al no alcanzar a detenerla en ningún sentido solo me aterré. Pero entonces cualquier pensamiento pesimista fue mandado a lo profundo de mi cabeza con un sentimiento de orgullo, cuando se tomó levemente de mi brazo y no pasó de mi posición, pero sus ojos azules pedían varias explicaciones llegando a la misma conclusión que yo con las palabras de Lelouch.
-M-mi hermano y yo decidimos quién sería nuestra familia cuando nos quedamos solos- declaró lo más segura que podía pero yo sentía sus manos temblar alrededor de mi brazo. –Porque les importaba nuestro bienestar-
Ya no era una niña tan pequeña como quisiéramos pensar. Aprendió de la actitud de sus hermanos y esta vez ella hablaría en defensa de su hermano mayor.
-No hay nada de eso aquí en Britannia- concluyó.
-Pero me tienen a mí, Nunnally- habló Marianne dando otro par de pasos hacia adelante y emparejándose con nosotros, traté de girarme para esconder a Lelouch de su vista pero fue más rápida. Solo Nunnally se hizo hacia atrás como si se escondiera de un desconocido.
Y la mujer hasta cierto punto lo era.
Sus ojos azules tan parecidos los de Nunnally perforaban en mi cabeza, tratando de incinerar mi presencia. Me aferré a mi posición y no la dejé acercarse más. Entonces bajó la mirada y la posó directamente sobre Lelouch, alargó una mano y acarició su mejilla con delicadeza.
Mi hijo suspiró sin saber de dónde provenía el toque, manteniéndose dentro y fuera de los límites de la consciencia.
La mujer sonrió levemente ante esto como una victoria, pero luego sus ojos se endurecieron y sus cejas se juntaron en aparente preocupación.
-¿Qué le han hecho a mis hijo?- su mano dejó la mejilla de Lelouch y se posó en su frente.
No podía creer que hasta este momento notara su condición. Pero esto no era nada que hubiésemos causado como para dejarme envolver en sus chantajes. Además si algo me preocupaba en este momento solo era Lelouch y su deplorable salud. No tenía tiempo para los juegos de la amorosa familia.
Suficiente había sido cometer el error de dejarlos venir hasta aquí para ser enjuiciados por su nueva vida.
-Con su permiso- sonreí falsamente dando por terminada la reunión con un par de pasos hacia atrás y girándome, Nunnally se vio agradecida por la salida y Suzaku rápidamente volvió a tomar su mano. Ambos me miraron aliviados, yo solo ajusté a Lelouch mejor a mis brazos.
Aunque nunca creí que las cosas fuesen así de fáciles, debía intentarlo.
-Fue un honor sostener esta charla- detuve mis pasos solo por mórbida curiosidad, Suzaku apretó los dientes cuando la voz del emperador retumbó en el pasillo. –Después de todo, las cosas entre Britannia y Japón han estado muy tensas últimamente-
Esto pasaba de asuntos familiares a algo más personal con este hombre. Si el resonar de sus botas contra el mármol no me indicaba que se acercaba para hacer de esto algo más íntimo, así que con un meneo de cabeza Suzaku se acercó a mí y puse a Lelouch en sus brazos, él ni siquiera notaba lo que estaba pasando a su alrededor.
-Quédense atrás de mí- ordené.
Pero incluso si la idea no le gustaba a mi hijo, puse una mano en su hombro y con un leve apretón le aseguré que todo estaría bien. Entonces me giré para quedar frente a frente con mi adversario principal. La emperatriz se hizo a un lado cuando el Emperador estaba a su altura, pero de ahí no siguió avanzando, separándonos apenas un par de metros.
Creo que esperaba esto con más fuerza desde hace una semana. Cuando Lelouch finalmente admitió lo que el hombre frente a mí había dicho y los pensamientos que había plantado en su mente. Entonces decidí que si había un culpable que se llevaba el premio por los estragos en la salud de dos de mis hijos, era el mismo Emperador de Britannia.
Que le dijo a un niño que estaba muerto.
Que destruyó cualquier forma de estabilidad existente en su vida.
Así que no había forma en que no aprovechara esta maldita oportunidad de regresarle su cariño.
-¿Este es su perfecto pretexto, Emperador?- pregunté arreglando el cuello de mi saco y mangas. Profesionalismo primero. -¿Alguna vez realmente le importaron sus hijos?- debía preguntar, debía escucharlo con mis propios oídos.
Sabía que el hombre tenía tantos hijos que me sería imposible de contar en este momento, pero si bien no le eran imprescindibles, podía usarlos como viles herramientas para obtener beneficios. Enviarlos a mí país fue su primer uso y por el cual yo no podía perdonarlo. Pero usarlos para iniciar una guerra contra Japón donde ellos serían las principales víctimas y causantes, no era algo a discusión.
El hombre enarcó una ceja y se vio bastante desinteresado al contrario de su esposa que trataba de aparentar interés. Repetía que yo no era un padre modelo pero al menos trataba de arreglar mis faltas. En comparación a estos dos seres.
-Son piezas reemplazables y no conservo cariño por absolutamente ninguno- admitió sin vergüenza alguna, la mujer a su lado se vio molesta por su explosión de sinceridad –De hecho a mí no me interesa dónde paren y lo que hagan, mucho menos lo que sea de ellos. Solo son un pequeño ruido en un mundo lleno de gente-
Sentí mis palmas convertirse en puños. Mei me tomó de uno de los brazos y trató de que retomáramos camino de nuevo pero no me moví en absoluto.
Esas respuestas eran las que me tenían al borde de la guerra personal.
-Genbu no es el momento- susurró insistiendo en la salida. Increíblemente me tomé un segundo para explicarle, de todas las personas, el por qué debía permanecer firme ante esto.
-Cuando aprendes lo que es tener una verdadera familia, y ser responsable de cada uno de sus integrantes…- suspiró ante mis palabras algo resignada al sermón –Hay cosas estúpidas que tienes que hacer, incluso si por el momento no es lo mejor-
Incluso si las probabilidades van en contra.
Incluso si eso podría causar problemas que no deberían ser problemas desde un inicio.
-Cuando se trata de la familia no vas a comprender las cosas que haces en el momento por impulso, hasta después. Y puede que suene estúpido, pero nadie te quitará la satisfacción de haber defendido aquello que tanto amas y te cuesta, en especial frente a personas que tratan de menospreciarlo-
Personalmente, nunca creí que Mei fuera una mujer que renunciaría a su propio hijo a pesar de mis palabras y me encontré esperando su regreso las primeras semanas. Entonces tampoco era un ejemplo de devoción, pero creí inútilmente que ella era mucho más madura que yo. Ahora que volvió a aparecer esperaba que al menos tuviera en mente lo que ella misma alejó, pero creo que todo se fue directo al caño por Sawasaki.
Solo me limitaba a su presencia como un recordatorio de lo que no quería volver a ser. Aunque mis límites estaban alcanzando distintos niveles al observar a dos entes peores de lo que creí era Mei.
Ella soltó mi brazo ante mis palabras y no se retiró, su mirada sin embargo se endureció un poco.
El emperador sonrió entretenido por mi decisión de palabras incluso si no eran exactamente para él.
-Como dije, no me interesa lo que sea de ellos- habló sin una gota de remordimiento en su voz –Más sin embargo puede resultarme entretenido el llamado de la sangre que tarde o temprano los traerá de vuelta a casa-
Entonces levantó una de sus gruesas manos y señaló a Lelouch.
-Él es uno de mis favoritos, su mente es valiosa y un poderoso recurso-
Suzaku retrocedió con el reconocimiento, yo me interpuse entre ambos.
-Nunca dejará de ser un Príncipe de Britannia y en especial uno de mis hijos, sediento de poder-
Lelouch no era así.
-Así que regresará a casa, y traerá a Japón como ofrenda-
No Lelouch…
-Puede hablar todo lo que quiera de sus hijos- interrumpí antes de que siguiera levantando falsos que había escuchado pacientemente por años. Y lo creería de personas que no conocían a ese joven, pero se me hacía irónico que lo expresara una persona que se había atrevido a reducir a un par de niños a nada, abandonarlos y luego atreverse a reclamar algo de lealtad –Y si bien ninguno de ellos dejará de ser un príncipe de Britannia como el resto de sus hijos de los cuales puede estar orgulloso, el error que jamás debió cometer fue hacerse un enemigo de esta magnitud-
No me refería a Japón, ni a mí.
Podía ver el rostro de Lelouch oscurecido por una sombra de malestar y ya no era momento de tratar de cambiar la mentalidad de otras personas. Con un asentimiento de cabeza me despedí, tal cual y el hombre había expresado que no le importaban estos dos hijos, yo si estaba dispuesto a hacerme cargo de ambos.
-Un heredero al trono de Britannia en Japón- se burló el hombre de nuevo cuando retrocedía hasta Suzaku y revisaba a Lelouch por mi cuenta, se miraba muy mal. Traté de no prestarle atención pero su boca era imposible de callar –Al parecer solo debo ser paciente y el territorio será mío-
El hombre podría seguir soñando.
Con una mano en la espalda de Suzaku lo incité a caminar y eso hizo, tomé la mano de Nunnally y comenzamos a caminar rápidamente fuera del pasillo.
-¡No se llevarán a mis hijos!-
No estaba esperando esa reacción, tonto de mí al darle la espalda al enemigo.
Incluso si escuché los tacones moverse rápidamente por el suelo hacia mí, yo simplemente no podía pelear con una dama por más que esta no mereciera el trato de una. Me detuve y esperé un inminente golpe, o algo. Sin embargo al no llegar en los primeros segundos y escuchar una aspiración violenta de aire, no pude evitar girarme.
Había una mano con una daga apenas detenida sobre mi cabeza. Pero-
-Movimiento equivocado, Sra. Emperatriz- Mei haló de la muñeca de la mujer hacia abajo y apenas lo tuvo a la altura normal, con su codo lleno de impulso le propinó un golpe en la articulación, que me erizó la piel de solo presenciar.
El grito de la otra mujer al ser golpeada fue suficientemente claro, si no le había quebrado el codo al menos había sufrido un esguince. Me encogí en mi lugar en pena ajena.
-¡¿Cómo te atreves?!- reclamó la emperatriz sosteniendo su brazo de manera dolorosa contra su pecho, pero entonces Mei recogía la daga que se le había caído al suelo y con una mirada de autosuficiencia contestó.
-No seré el ejemplo de una buena madre, pero hasta yo sé que si abandonas a un hijo- con ambas manos empujó a la emperatriz que retrocedió dos pasos al ser tomada por sorpresa, pero cargó de inmediato al recuperarse -¡No puedes exigirles nada!- Mei logró hacerse a un lado en el último momento y de nuevo con ambas manos haló de los hombros de la otra mujer desde atrás haciéndola caer por lo pesado de su vestido.
Ni mencionar que no podía meter mano alguna para amortiguar la caída.
El emperador no se movió incluso si yo esperaba que hiciera algo ante este desplante de violencia, aunque si no se interesaba por sus hijos no debía sorprenderme que sus esposas también le fuesen indiferentes. Incluso si parecía tener cierto favoritismo con esta.
Mei recogió un mechón de cabello detrás de su oreja y trató de no prestarle atención a la otra mujer mientras se giraba hacia mí. Pero entonces su tobillo fue atrapado y no pude advertirle nada, pero tampoco lo necesitó. Sacudió con fuerza su pié deshaciéndose del agarre de acero de la Emperatriz y le propinó un puntapié en el estómago.
-Ni siquiera te conozco y tampoco tengo por qué tenerte compasión- argumentó hacia la mujer caída –Pero si te atreves una vez más a tratar de destruir la felicidad de mi hijo, simplemente conocerás del perfeccionismo japonés en todo lo que queremos lograr. Especialmente en la venganza-
La Emperatriz comenzó a ponerse de pié lentamente y tomé el brazo de Mei para ejecutar la salida.
Primero me reclama que no haga estupideces y esto es lo que pasa.
-Estás equivocado si crees que me alejé de Suzaku por mi gusto- dijo antes de que otra cosa pasara, y eso no era de mi conocimiento. Tampoco pude preguntar por qué, cuando una lluvia de balas se desató por sobre nuestras cabezas.
No supe ni cómo o por qué, pero logré tener a toda mi familia cubierta en simples pasos y con sus cabezas lo más pegadas al suelo posible. Las paredes vibraban y los escombros caían por mi espalda al mismo tiempo que los cristales explotaban. Todos debajo de mi se juntaban a medida que esto no cedía, pero pude escuchar un grito furioso entre las ráfagas.
-¡Es el maldito de V.V.! ¡Creí que te habías hecho cargo de él!-
Ni me importaba ni me ayudaba en nada.
Me atreví a levantar la cabeza admirando la altura de las balas que entraban al pasillo y solo pasaban los ventanales más altos, así que di por hecho que era seguro caminar. Me puse de pié lo más agachado posible y halé del brazo de Nunnally y Mei al mismo tiempo para que se levantaran pero impedí que levantaran sus cabezas. Después iba a ayudar a Suzaku cuando me di cuenta de que otro par de ojos se miraba confundido por lo que pasaba.
-Puedo caminar- reclamó Lelouch de inmediato en cuanto lo paré, yo sabía que no era del todo cierto pero al menos nos moveríamos más fácil por unos metros.
Comenzamos a correr por el pasillo lejos de las balas y sin mirar atrás. Teníamos que llegar a Japón.
Entonces los pasillos se vieron inundados de personas corriendo en todas direcciones a medida que nos acercábamos al salón. Britannian corrían despavoridos y gritando por ayuda, pero entre la multitud fue fácilmente distinguible los grupos japoneses que ya estaban preparados para una eventualidad como esta y por lo tanto sus mentes se conservaban frías y alertas.
Suspiré aliviado cuando Todou empujó personas en su camino hasta llegar a nosotros e hizo un conteo rápido del grupo, poniendo una mano firme en el mango de su katana.
-Tenemos que salir de aquí, ahora- y era un orden para el general. No había tiempo de decir por qué, pero creo que tendría la leve idea de que no tenía nada que ver en lo absoluto con lo que pasaba afuera.
Pero a pesar de que me sentía más aliviado porque tenía más manos ayudando nuestro escape, las puertas de la Villa se vieron selladas por la seguridad Britannian justo cuando llegábamos a ellas. ¿Habíamos sido atrapados tan rápido?
-Órdenes del Segundo Príncipe Schneizel, nadie puede salir mientras que los agresores sean desarmados- argumentaron los hombres hacia todos en general sin la más mínima distinción.
Suspiré aliviado por un par de segundos pero solo porque no se nos permitía la salida por supuestas medidas de seguridad a todos por igual, aunque mi verdadero problema estaba aquí dentro. Era un hecho que correr hacia el fuego era una estúpida idea pero yo estaba más preocupado por lo que podía desatarse aquí en la villa de permanecer más tiempo. En especial con esta desconocida situación terrorista, no podía centrarme en resolver tantos problemas a la vez, aunque esperaba que no tuvieran que ver con mi país.
-Soy el Primer Ministro de Japón y exijo nos dejen salir- sobresalí del grupo con un par de pasos tratando de mover mis influencias, pero los hombres no cedieron en sus posiciones.
-Lo sentimos Sr. Primer Ministro, pero esto es por su bien-
No había manera de que esto resultara bien.
Todo japonés presente en el lugar me miró, esperando una salida en mi rostro. Pero al concluir que no podía hacer nada con este asunto mi mente divagó pronto en otras alternativas de acuerdo a lo que nos enfrentábamos. Mientras no les diese a mi gente un motivo para temer, no temerían. En cambio los Britannian comenzaron a retroceder cuando tampoco gozaron de privilegios para salir de la villa bombardeada, separando ambos grupos de nuevo con murmullos que culpaban a nuestro país con toda libertad. Esto ni siquiera tenía que ver con el mayor problema que tenía entre mis manos.
-¡No, no nos juzguen de esa manera! ¡Japón vino aquí en son de paz!-
No precisamente ahora, no precisamente ahora.
Rápidamente giré para buscar a Todou y él asintió de inmediato moviéndose entre los asistentes para localizar la voz de Sawasaki. Aunque el mismo hombre se reveló al apartarse del grupo. Esperé que por su bien estuviera pasado de copas o algo similar, incluso en estado shock para dejar pasar su intento de irreverencia, pero que caminara bastante recto y orgulloso por sus palabras por decir, a pesar de su aterrado rostro por los disparos rebotando en las paredes, me indicó que estaba en sus cinco malditos sentidos.
Quise advertirle con una sola señal lo que le pasaría si continuaba, pero fue más rápido al levantar un dedo acusatorio hacia dos personas a mi costado.
Hasta aquí llegaban las oportunidades que le di al hombre.
-¡Ustedes!- gritó, Nunnally se tomó de mi brazo y Lelouch estuvo a punto de irse sobre el hombre -¡Ellos son-¡-
Ni siquiera noté cuando Suzaku se había movido de mi otro lado, pero que con gusto ahora derribaba a Sawasaki con un nada cariñoso golpe por detrás de sus rodillas y luego procediendo a aplastar su cabeza contra el suelo apoyado por la suela de su zapato.
-Yo voy después- musitó Lelouch tras mi espalda emocionado y con una leve sonrisa, pero su voz apenas siendo un susurro quitó la normalidad de sus palabras por completo. Pasé un brazo por sus hombros y acerqué a Nunnally aún más.
Esto no era justo para ninguno.
Suzaku continuó dañando la cabeza de Sawasaki contra el suelo, liberando su tensión suprimida por horas. Al menos hasta que Todou lo bajó del cráneo del otro hombre con un leve empujón en la espalda.
Si, podíamos admitir estos pequeños momentos de diversión entre tanta tensión. A pesar del espectáculo que estábamos dando a las miradas sorprendidas de los Britannian.
-No me siento bien- y todo se borró en un instante, que esas palabras las expresara Lelouch sin necesidad de amenaza… solté a Nunnally cuando volvió a ceder ante su peso y cerró los ojos esperando un impacto. Yo no lo dejaría llegar hasta el suelo, pero su movimiento fue captado por Suzaku que justo en el instante estaba a mi lado. Se movía como todo un fantasma.
-Debemos encontrar un doctor- mi hijo me urgió mirando hacia todos lados en busca de una salida, como si no lo hubiésemos intentado ya. Lelouch musitó algo parecido a una negación pero no le entendí nada, solo di por hecho que negaba naturalmente la aparición de un médico.
Entonces mis prioridades se veían divididas de nueva cuenta pero esta vez de manera dolorosa. Sin duda teníamos que encontrar un médico para que estabilizara a Lelouch pero no estaríamos seguros mientras siguiésemos dentro de Britannia. Corríamos el riesgo de quedar todos atrapados aquí si no actuábamos rápido de cualquier manera.
Así que era el momento de las ideas sin sentido.
Una nueva explosión sacudió los cimientos de la villa de manera más fuerte que simples balas, haciendo que todos gritaran horrorizados y se agacharan en sus lugares, sentí a Nunnally y a Suzaku aferrarse de inmediato a mis brazos. Después una densa capa de humo comenzó a expandirse en el aire, al mismo tiempo que un crujir bastante distinguible comenzó a comerse el interior de la villa avanzando sin piedad.
Levanté la vista completamente aterrado.
Fuego.
No era momento de pensar más, solo de actuar.
Los disparos nunca dejaron de escucharse pero era fácilmente distinguible cuando el fuego era correspondido por armas incluso un poco más cercanas y daba por hecho que al menos el cuerpo de seguridad de la villa estaba respondiendo esta falta. Al poner un poco más de atención a mis alrededores vi las puertas que antes nos impedían salir, yacían derribadas sobre el suelo apenas a centímetros de haber aplastado a alguien.
La salida.
Junto con una llamarada que se expandía por el exquisito techo con rapidez sobrenatural.
Tomé el brazo de Mei sacándola por completo de sus pensamientos y temí que me quebrara el codo en los primeros segundos de confusión pero su vista se relajó casi de inmediato. No puedo creer que estuviera a punto de hacer esto.
-Llévate a Suzaku y a Nunnally- ordené, o eso intenté ya que sonó como toda una desesperada petición. Todou gruñó a mi lado siendo el primero en expresar su desacuerdo pero no le cedí la palabra a nadie –Lleguen al jet, y espérennos mientras sea prudente-
La sorprendida mirada de mi ex –esposa no se hizo esperar, pero la forma en que bajó levemente la cabeza pensando en lo que le había dicho me dio un poco de tranquilidad, al menos no se había negado de inmediato. Hasta que levantó la mirada bastante molesta, diablos aquí iba mi plan de contingencia.
-¿Y tú qué demonios piensas hacer?- reclamó sin retener una gota de emoción -¿Por qué no nos acompañarías de una buena vez?-
Yo que creí que reaccionaba de esa manera al verme pensar en ella como una niñera y no por lo extraño de mi orden, pero a pesar de sus palabras no pude sentirme más tranquilo al entender su si la confianza que estaba depositando al permitirle llevarse a dos de mis hijos no era algo que hiciera con cualquier persona y a la ligera. Todou demandaba una explicación de la misma manera picando mis costillas, el calor sobre nuestras cabezas solo ponía la situación más tensa.
-Tengo que buscar la manera de estabilizar a Lelouch antes de subirlo al jet- aclaré, el aludido se movió incómodo tratando de negarlo pero no formó ninguna palabra coherente. Le di una palmada en la cabeza para que al menos se callara, pero su negación era la última por tratar en mi lista. –Y no los llevaré a todos ustedes porque no sé dónde tenga que ir- sentencié
Seríamos un blanco fácil.
-Ni a ti, Todou- agregué por si las dudas y ante su reto visual sobre que lo intentara solo expandí mi discurso -¡Necesito que protejas a mi familia y la subas al jet! No está a discusión con nadie y son órdenes del Primer Ministro, en cuanto pueda los veré allá pero si la situación se complica deberán irse. Puedo esconderme con Lelouch el tiempo suficiente para establecer contacto después o buscar una forma de salir de Britannia, pero a ustedes los quiero lejos-
Era mi última palabra, y esperaba que la acataran como tal.
-Suzaku, eres responsable de tu hermana- dirigí la mirada a mi hijo que se mordía el labio inferior dividido entre dos decisiones que ni siquiera le dejaría tomar –Mei, tú eres responsable de mis hijos y confío en que los protejas- incluso si ella no aceptara a Nunnally hacía hincapié en que tendría que ver por ambos. Además no le sería tan difícil, yo tenía al más problemático de los tres jóvenes a mi cargo. –Todou ¿Tengo que repetir mi orden?-
Para entonces, era la salida.
Kyoshiro solo gruñó completamente en desacuerdo levantándose del suelo y ayudando a las damas a imitarlo de inmediato, después obligó a Suzaku a seguirlo al levantarlo del cuello del traje, pero solo asintiendo en mi dirección logró irse con una promesa de que cumpliría su parte. Y que me obligaba a cumplir la mía.
Aquí venía la parte divertida. Burlar a todo Britannia.
-Los alejaste a todos- Lelouch musitó recargado en mi costado viendo por donde desaparecían sus hermanos sin remordimiento alguno. Elegía los mejores momentos para estar más lúcido, era un hecho. Pero eso no significaba que hubiese hecho un sacrificio al permanecer por un poco más de tiempo aquí.
-Y ahora debemos evitar que nos toquen o Todou nos matará- alegué poniéndome de pié y halando a Lelouch conmigo. Escuché su risa siendo opacada por las llamas sobre nuestras cabezas.
Entonces volví a cobrar sentido en la situación real.
¿A dónde ir?
-¿Tienes idea de dónde podemos conseguir un doctor?- pregunté mientras retrocedíamos hasta que nuestras espaldas tocaban una pared mientras más gente salía corriendo por la puerta principal. Mi calma era envidiable para un evento así, pero me obligaba a pensar que era más que necesaria.
-Quizás no tenemos que llegar tan lejos- comentó Lelouch mirándome de reojo. Enarqué una ceja confundido pero entonces otra explosión nos obligó a bajar nuestras cabezas de nuevo con los ventanales a nuestra espalda lloviendo sobre ambos, hechos añicos.
-¿Cómo?- le apuré mientras sacudía los escombros con movimientos bruscos, Lelouch tardó un par de segundos en recordar lo que me había propuesto.
-En mi maleta…- trató de ponerse de pie de inmediato fallando en el acto, ni siquiera podía moverse ya. –Suzaku metió los medicamentos-
Era mi turno de dudar esta parte del plan. Porque esta situación iba más allá de un par de calmantes, dudaba en serio que fuesen lo que necesitábamos, aunque quizás nos daría el tiempo necesario para alcanzar el jet o tomar un rumbo distinto.
Gruñí como solo Todou podía hacerlo y en dos movimientos que dejaron a Lelouch sin la capacidad de protestar, lo tenía firmemente sobre mi espalda. No podía ver su rostro pero seguro estaba rojo y no tenía nada que ver con el calor infernal que nos rodeaba. Sentí que su cuerpo se destensó poco a poco y luego sus manos rodearon mi cuello aferrándose entre ellas por delante.
-La última vez que Suzaku me cargó así le prometí dejarlo sin cabello- musitó Lelouch después de unos segundos y lo tomé como una buena señal, entonces comencé a caminar en dirección contraria a todos los que querían salir, recordando vagamente el camino al área de huéspedes.
-Tú eres mi causa de calvicie y nunca te había cargado de esta manera- contesté. Aunque no sabía si eso era un halago o una consolación.
-¿Quién lo diría? Te estás encariñando-
-No es cierto ¿Qué te hace pensar eso, Todou?-
Estábamos parados en la ventana de mi oficina viendo hacia los jardines. El frío había llegado y con ello la primera nevada, el patio del templo estaba cubierto por una gruesa capa de nieve, pero si tan solo eso fuese lo que llamaba la atención de ambos.
-Nunca había visto a Suzaku tan feliz- continuó Todou recargándose en mi escritorio sin despegar su vista de la escena. –Aunque tampoco lo había visto discutir tanto en mi vida- frunció el entrecejo bastante contrariado por ambas oraciones.
Entonces como dando por ciertas sus palabras, Suzaku cayó de cara en la nieve cuando un pequeño príncipe de Britannia metió el pie a mi hiperactivo hijo que corría alrededor de él tratando de que jugara. Al no lograrlo y ser avergonzado de tal forma, se tiró sobre Lelouch y comenzó a arrastrarlo de un pie por toda la nieve pese a las protestas del otro. Luego lo dejó bastante lejos de su hermana enterrado en un banco de nieve y corrió hacia la pequeña princesa con una sonrisa orgullosa en su rostro, ella levantó una mano para chocarla con mi hijo.
Era un plan en equipo según parecía.
Lelouch se levantó de la nieve y sacudió toda su ropa antes de perseguir a Suzaku por míseros 30 segundos antes de darse por vencido bastante rojo, por el frío y por la vergüenza de la derrota.
Sonreí levemente ante esto.
-Los príncipes del Imperio no traían ropa para el invierno- señaló Todou en tono de sospecha.
-Sí, creo que ese es un beneficio de vivir bajo mi techo- respondí restándole importancia.
-Ropa de sastre- presionó el punto. Sacudí la mano en su dirección.
-Más fácil que traerlos de un lado a otro en el centro comercial. Son muy pequeños-
-Terminada en dos días-
-El frío estaba sobre nuestras cabezas-
-¿Tan cara?- agitó una nota en mi rostro que yo le arrebaté en el instante.
-¿Ahora eres mi cartero?- renegué guardando la generosa lista en uno de los bolsillos de mi pantalón, Todou enarcó una ceja no dejando pasar el tema en lo absoluto. –También Suzaku necesitaba ropa- traté de defenderme inútilmente, entonces miré por la ventana como Lelouch trataba de ahorcar a Suzaku con su bufanda y mi hijo solo aprovechó el largo accesorio para amarrar las manos del príncipe juntas.
Si las miradas pudieran encender fuego, mi hijo correría desnudo el resto de sus días.
Pero creo que prefería esas miradas de enemistad inocente a las que habían regido toda la noche. Creí que el suceso con la Srta. Ashford era un alivio en mi mente al darme cuenta de que sin importar la situación, mis hijos no estaban tan tensos como para no permitir esos gestos de amistad e incluso de locura, pero poco después todo se había venido abajo con el resto de mis esperanzas.
¿Qué podía esperar de Britannia? Era la pregunta correcta, pero a veces sentía la necesidad de corregirla.
Lelouch y Nunnally eran parte de Britannia y eso no los hacía como su gente. No podías englobar a todo un Imperio con una etiqueta por como eran sus dirigentes, aunque comenzaba a dudar de mis propias palabras. Quizás Jeremiah Gottwald también era una excepción a la regla y nada más.
Pero entonces esas pocas personas merecedoras de una mención por su criterio justo y valiente, serían comida del resto del Imperio por la simple razón de no ser como ellos. El sistema de este lugar se basaba en utilidad y beneficio, si no podías ser de uso para Britannia en cualquiera de las dos, te convertías en un desecho.
Sin distinción alguna.
O te obligaban a convertirte en una persona como ellos.
Lo pude ver en la mirada de Lelouch que pedía una retribución tan grande como lo había sido la traición, especialmente con las últimas revelaciones. Aunque no quería pensar en ello por el momento, me distraería de lo primordial.
-A la derecha- Lelouch señaló levemente con su mano el pasillo y de inmediato seguí la instrucción. Después de todo él conocía la villa a la perfección.
Las balas seguían retumbando sin cesar contra las paredes exteriores y yo no me podía imaginar qué tipo de ejército podía resistir con tanto poder de fuego sin cesar un solo segundo. A pesar de ser la distracción perfecta para salir del país, no me daba buena espina. Sobre todo si los causantes ya eran conocidos por la emperatriz, lo mencionó claramente cuando el infierno se desató.
-Esa puerta-
Los pasillos superiores estaban vacíos de más personas aparte de nosotros dos por lo cual estaba agradecido, aunque hasta cierto punto aterrado de no poder pedir ayuda si acaso era necesaria. Con el pié empujé la puerta con más rudeza de la requerida y al azotarse abierta, la habitación estaba tal cual la habíamos dejado antes de salir. Llevé a Lelouch hasta la cama y lo dejé sentado mientras me dispuse a buscar en su maleta los medicamentos.
Entonces escuché el resonar de unos zapatos y congelé mis movimientos. Sabía que no era Lelouch.
-Yamagata-san…-
Suspiré aliviado ante las palabras de mi hijo y miré levemente sobre mi hombro confirmando la presencia de Hatori. Volví a la búsqueda de los medicamentos en la maleta vaciando el contenido en el suelo al no encontrar nada siendo ordenado.
-Creí que estarías ya en el jet o saliendo de Britannia- hablé sin girarme de nuevo, con una sonrisa de satisfacción encontré las cajas y me levantaba del suelo cuando sentí que algo golpeó con fuerza mi cabeza y todo se volvió negro sin poder impedirlo.
¿Pero qué-?
-¡Padre!-
Lelouch P.O.V.
No estaba en mi mejor forma para demandar una explicación al respecto, tampoco para sacar conclusiones que me dieran una respuesta sin tener que preguntar con todo mi derecho lo que pasaba. Pero sentí que el miedo se apoderó de mí cuando noté que la poca seguridad que habíamos ganado, se desvaneció con un solo golpe.
-¡Padre!-
Ni siquiera pude advertirle a tiempo.
Miré con horror que el hombre no se levantó después del golpe con el mango del arma y quedó esparcido en el suelo sin gracia alguna. Tampoco pensé en hacer nada como lanzarme a ayudarle de inmediato, porque sabía que no llegaría lejos ni sería una buena defensa. Pero por más que traté de demandar una respuesta o explicación respecto a lo que pasaba, en mi mente todo se volvió una nueva confusión cuando cosas que no se suponía que pudiesen ser posibles, eligieran esta noche para hacerse presentes.
El Ministro de Defensa me miró con su boca hecha una delgada línea tensa y me petrifiqué esperando un nuevo movimiento.
No había manera en que este hombre-
-Tú vienes conmigo, Lelouch- se acercó en dos grandes pasos saltando el cuerpo del Primer Ministro y traté de defenderme pero con una de sus manos detuvo ambas mías y luego me subió sobre su hombro como un costal.
Sabía que yo no era una amenaza, no una muy convincente por el momento. No tenía mi arma y no podría alcanzar la espada en mi cintura desde mi actual posición además de que los movimientos de resistencia solo revolvieron mi cerebro y una terrible sensación de nausea desactivó cualquier intento de huída.
Aún así no dejé de intentar golpeando su espalda.
-¡¿Por qué?!- y al fin algo pudo salir de mi boca equiparando mis pensamientos de rabia.
Pero si realmente tampoco había sido aceptado por Japón, y el Imperio conocería mi actual situación…
¿Dónde demonios estaba?
Seguí pataleando mientras pude, pero el calor de las paredes y mi actual posición colgante me dejaron sin aliento por completo al paso de los primeros minutos y el hombre nunca se dignó a contestar mis dudas. ¡Si tan solo tuviera la decencia!
El hombre que me había mostrado el camino del ejército Japonés y su precisión desde el primer instante. El hombre que nunca puso objeciones a mi presencia en la base y más de una vez insistió que no era nadie para juzgarme. ¡El hombre que recién me había otorgado un título para salir adelante sin necesidad de tener a alguien cuidándome la espalda!
¿Fue un chiste desde el inicio?
Dejar al Britannian creer que tenía la confianza de un hombre de su magnitud.
¿Por qué todos pensaban eso de mi capacidad?
¿Qué tenía que hacer para demostrarles que Britannia solo estaba en mi mente como un objetivo a destruir?
Ponerme en la mira de Britannia para demostrarles mi coraje.
¿Por qué…?
Cierto, el verde sería un buen color para un gato macho.
El camino no continuó demasiado tiempo, cuando sentí que era bajado de manera nada cuidadosa del hombro del militar, llevándome directamente al suelo al no poderme sostener de pie. Pero justo cuando creí que enfrentaría mi ejecución dentro de las paredes de la villa por motivos personales, un zapato comenzó a bailar en el suelo frente a mi rostro, de manera contenta.
Extasiada.
-Justo como siempre quise tenerte, Vi Britannia. Por completo a mis pies-
Esto era ridículo. Completamente insultante.
Hice puño la palma de mi mano y le propiné un golpe con toda la fuerza que pude a la rodilla expuesta de Sawasaki haciéndolo soltar un alarido de dolor. Pero no duró mucho la satisfacción cuando el hombre se recuperó y con la misma furia me propinó una patada en la mejilla. Todo se movió de lugar, no podía decir si estaba ya muerto o no.
No podía siquiera articular una palabra. Y luego estaba la maldita sensación de traición enterrada de manera persistente en mi pecho. Podía sentir el piso calentarse a medida que pasaban los segundos o lo que yo creí que era bastante tiempo escurriéndose entre mis dedos con arena, algo se arrastraba.
Corrección.
¿Estaba siendo arrastrado?
El sonido regresó con algunos de mis sentidos indicándome que ya no estaba de cara contra el suelo, pero mi espalda seguía saboreando la superficie. Mis manos sentían el mármol liso al ser arrastrado de un pie en una dirección desconocida.
Tampoco me detuve a preguntar ¿A dónde vamos tío?
Estaba muy cansado, quería dormir. Pero mi vista se empeñó en admirar un techo que se me hacía hasta cierto punto familiar y que se repetía y repetía por todo el camino. Entonces las orillas de mi visión captaron un cuadro, luego otro. De hecho saltaron muchos cuadros coloridos por el rabillo de mi ojo y los miré bastante desinteresado.
Si ninguno de ellos podía decirme si a Arthur le gustaría un color verde oscuro…
Un nuevo cuadro saltó a la vista y en el resaltaba la silueta de una mujer de cabello oscuro. Ojos azules, piel pálida. Creo que la conozco.
-Bueno ¿Acaso esto es un regalo de buena fe?- dejé de ser arrastrado.
Mi consciencia se encendió de golpe. Mis ojos me indicaron que estaba en un nuevo salón de la villa, mis oídos reconocieron esa repugnante voz ególatra y fría, mi olfato detectó olor a bagre frito. Pero cuando traté de incorporarme todo mi cuerpo protestó de forma dolorosa dejándome en el suelo de nuevo.
Eso no impidió que volviera a golpear a Sawasaki en cuanto lo tuve a la vista y esta vez fue por detrás de la rodilla. Aunque no cayó, pero volvió a tomar vuelo con el pié para propinarme un nuevo golpe.
Cosa que no llegó.
-¿He de recordarle que está a punto de golpear a un príncipe Imperial?-
La voz del Emperador mandó escalofríos a la espina de Sawasaki pero me encontré escupiendo sus palabras.
-Nunca volvería a ser uno de tus preciados juguetes- declaré tratando de enderezarme lo más posible pero solo pude sentarme en el suelo, y mi mandíbula se encendió en dolor con cada palabra.
El hombre frete a mí sonrió y despidió a Sawasaki con un meneo de su mano. El japonés se saboreó el momento en el que me dejaba en plenas manos de un hombre que supuestamente reclamaría a uno de sus hijos perdidos. Qué equivocado estaba, aunque lo dejé creerlo para no herir su orgullo y recordárselo todo junto la próxima vez que nos encontráramos.
Porque no había manera que yo permaneciera un momento más en Britannia.
Justo cuando los zapatos de Sawasaki dejaron de escucharse en las cercanías, el Emperador me miró desde su alta posición enarcando una ceja a manera de reto. No estaba para estos juegos.
-¿Qué quieres de mí?-
No guardaría una gota de respeto por el hombre que había causado el inicio de mis desgracias, incluso si debía agradecerle otras cuantas cosas que pasaron a raíz de su ignorancia. Sin su ayuda nunca me hubiese dado cuenta de lo podrido que estaba este imperio.
-Has sido un príncipe bastante irreverente, Lelouch Vi Britannia-
Comenzó a rodearme como un buitre a su presa. De ninguna manera. Me llevé la mano al cinturón y jalé de del mango de la katana con fuerza solo para ser detenido por un pié pisando mi mano de manera dolorosa contra el suelo.
-¡Argh!- y no la liberó.
-¿De nuevo te rebelas, hijo?- se mofó el hombre apoyando más su peso en mi mano y pensé por un segundo que la rompería. Pero tan rápido como empezó, volvió a retirarse, eso no desvaneció el dolor en mi extremidad, no pude doblar mis dedos.
-¡No me llames así!- tampoco aplacaría mis pensamientos. Entonces el hombre se dobló a la altura de la cintura y con una mano alrededor de mi cuello levantó mi rostro para mirarlo directamente a los ojos.
-¿Creíste que te dejaría ir tan fácil? ¿Después de lo valioso que me puede ser alguien como tú infiltrado de manera tan profunda en Japón?- la malicia con la que se expresaba me hacía sentirme incómodo, hablando como si tuviese el poder de hacerme cambiar de opinión respecto a lo que yo pensaba.
Con palabras bonitas no lo lograría.
-¿Q-qué te hace pensar que t-te ayudaría?- traté de reírme en su cara pero el hombre solo apretó su agarre alrededor de mi cuello borrando cualquier otro reclamo de mi garganta.
¿Quería matarme?
Puntos negros comenzaban a manchar mi visión amenazando con que todo se desvanecería de nuevo, pero en el momento preciso antes de la inconsciencia me soltó. Caí de nuevo al suelo peleando por algo de aire, sentía que mis pulmones explotarían y mi corazón palpitaba en mis orejas. No podría oponer pelea por mucho más tiempo, pero mi gran orgullo y sentido de venganza no le harían fácil las cosas.
Si moría, no lo haría solo.
Después de eso regresaría a reclamar el alma de Sawasaki.
-Sin duda eres igual que tu madre, muchacho. Pero eso no me sirve por el momento, así que me ayudarás quieras o no. Eres mi hijo y tengo todo el derecho de hacer contigo lo que me plazca-
Quise reírme, en serio quise reírme de no ser porque estaba entre incrédulo y entretenido por su lógica.
-Sigue soñando- comenté. Ahora sabía que el hombre estaba demente como siempre creí.
Pero entonces el entretenido por mi decisión de palabras parecía ser él. Comenzó a reírse desde el fondo de su garganta de una manera que me erizó la piel incluso si traté de ignorarlo, pero más que miedo no encontraba qué es lo que lo hacía confiarse de esa manera.
Miré a mi alrededor aprovechando de su momento de psicosis y solo había paredes llenas de retratos de la tan querida familia Imperial. Era un segundo salón de la villa que Clovis había decidido llenar con sus obras de arte. Bueno, al menos todo se quemaría si el fuego seguía avanzando como mis oídos lo indicaban.
-Lo haremos a tu modo, hijo-
Sus palabras me volvieron a traer al presente con un escalofrío, me daba la espalda mirando una chimenea encendida, que ahora se me hacía ridículo con el fuego que ya consumía la villa. Pero rogué por un par de segundos que mi arma cayera de los cielos o que escombros le partieran la cabeza al hombre.
No es como si lo pudiera meter en esa gran chimenea de un empujón ¿O sí?
-Cuando mi hermano y yo éramos pequeños, solía haber un caballo muy salvaje en los establos del palacio- comenzó, bufé para mí mismo e incluso rodé los ojos aunque no me pudiese ver.
-Ahórrate las historias, nada cambiará mi opinión- argumenté.
Nada.
Entonces me miró por encima de su hombro con una mirada que me retaba a comprobar mis palabras, se estaba riendo de mi posición actual en todo sentido.
-No es una historia- dijo girándose por completo y sosteniendo algo en su mano –Es un experimento- entonces sonrió de manera cruel, sobre todo al darse cuenta de mi expresión.
Traté de hacerme hacia atrás, pero no me pude parar. Mucho menos arrastrarme con la mano que me había pisado y más que nada el horror de considerar lo que tenía en mente amenazaba con petrificarme de un segundo a otro.
-Has estado negando tu sangre, Lelouch Vi Britannia. Has estado apoyando a un país enemigo de tu Imperio y por sobre todas las cosas, le estás negando ayuda a tu emperador-
Comenzó a caminar hacia mí de manera lenta, arrastrado el fierro por el piso de manera agonizante. No era momento de pelear, solo debía salir de aquí. Traté de pararme a pesar de lo que temblaron mis rodillas y lo logré, por un par de segundos. Porque fui jalado del cuello del traje hacia atrás y caí sobre mi espalda con un fuerte golpe.
A pesar del aturdimiento que amenazó con embargarme, luché por pararme en el instante de nueva cuenta pero uno de los pies del hombre se posicionó apenas por debajo de mi cuello y me detuvo en mi lugar con fuerza. Con ambas manos traté de retirar su pié de manera desesperada, pero el sonido del metal siendo arrastrado por el piso esta vez me congeló.
Mis pupilas se dilataron.
-Serás el primero de mis hijos que tendrá la marca Imperial- argumentó el hombre levantando el fierro por encima de mi cabeza –Para recordarte dónde está tu lealtad y de quién eres propiedad-
Pude ver el símbolo de Britannia arder rojo vivo frente a mis ojos.
-Tu madre dijo que rostro era muy bello como para que te hiciera daño, la complaceré esta vez-
El fierro se alejó de mi rostro y traté de patear cuando entendí su punto. Pero entonces un dolor agonizante descendió en mi costado derecho a la altura de mi estómago.
-¡AHHHHHHH!-
Pude escuchar mi propio grito. Casi pude verme retorciéndome lo más lejos que podía esperar de la marca. Pude sentir y oler mi ropa quemándose al ser atravesada por el metal al rojo vivo. Pero el horror de todo esto es que pude sentir mi piel pegarse al metal y reaccionar como una alergia a su contacto.
Por un tiempo largo e indefinido.
Donde nadie llegó.
Donde había sido entregado.
Donde había perdido las esperanzas de que el mundo pudiese ser un lugar mejor.
Genbu P.O.V.
Recuperé el sentido completamente aterrado. Porque sabía lo último que había estado haciendo sin importar que acabase de despertar y del dolor que amenazaba con partir mi cabeza en dos. Pero lo que me llevó a ponerme de pié más rápido de lo que nunca antes en mi vida fue el sentimiento de traición y problemas que se podía oler en el aire.
Hatori.
No, no lo podía procesar de esa forma.
Pero entonces giré inútilmente hacia la cama donde había dejado a Lelouch y al no encontrarlo en las cercanías, era más que obvio y no necesitaba pensarlo una vez más.
Hatori Yamagata me había traicionado.
El simple pensamiento hizo hervir la sangre en mis venas al salir disparado de la habitación sin un rumbo fijo. Solo sabía que debía correr y encontrar a mi hijo lo más rápido posible. Revisando cada puerta abierta, cada ventana, cada espacio libre a un jardín. Sin rastro alguno y comenzando a preocuparme de manera dolorosa.
No, no había manera de que dejara a Lelouch en Britannia.
Yo se lo había prometido.
Bajé las escaleras principales de dos en dos con mi vista clavada en cualquier cosa que se moviera. Pero justo cuando iba a terminar de descender, alguien se topó en mi carrera en la dirección contraria.
-Primer Ministro- el segundo Príncipe Schneizel El Britannia me miró entre sorprendido y falto de aliento, tomándose fuertemente de la baranda –¡Creí que ya se abría marchado!- y el hombre perdió la calma de la que se jactaba en cada reunión que habíamos tenido tiempo atrás.
Tan fuera de faceta de un príncipe como él.
-Busco a mi hijo- y sería la única explicación que le daría. No es como si me pudiera ayudar en esto.
Siendo mi despedida continué mi camino bajando las escaleras cuando su voz me detuvo nuevamente.
-¿A Lelouch?-
Quise preguntar, realmente quise preguntar cómo y cuándo es que había obtenido esa información pero solo atiné a girarme atónito ante su atinada respuesta. No me veía como alguien que estaba a punto de juzgarme o culparme, pero no me gustaba que esa información estuviera en la boca de un príncipe como él.
Pero como si fuese cosa del destino, la comunicación entre nuestras miradas se interrumpió de manera agonizante.
-¡AAHHHHHHHH!-
Y el mundo se derrumbó a mis pies.
Sentí que mi corazón se brincó un latido y por la cara de horror de este príncipe Imperial, el grito fue fácilmente reconocible para ambos.
Lelouch.
Salí corriendo a todo lo que mis pies podían darme en la dirección que creí que vendría semejante horror, y pronto sentí al segundo Príncipe correr tras de mí casi a la misma velocidad. Pero llegué a un pasillo que se dividía en tres direcciones y no supe hacia dónde seguir, Schneizel llegó a mi espalda y con su mirada todavía aterrada me indicó que siguiera el de la derecha.
Solo lo hice, no pregunté por qué.
Corrí como en cámara lenta. El pasillo se hacía más largo y angosto a cada metro que lograba ganarle al tiempo. Pero al mismo tiempo sentía mi corazón palpitar en mi garganta de no saber…
De pensar que-
Empujé una de las puertas sin detenerme en ningún momento y el segundo príncipe derrapó tras de mí. La habitación estaba vacía de un peligro inminente, pero en medio de ella estaba lo único que mi importaba.
-¡LELOUCH!-
Pero no se movía.
Terminé de adentrarme con la misma velocidad que antes y me tiré al suelo de rodillas justo al llegar a su lado. Lo primero que vi fueron sus ojos, abiertos en sorpresa pero no por mí, sino como una expresión por defecto. Sin notarme en ningún miserable momento, por algún motivo sentía que no debía tocarlo.
Pero-
-¿Lelouch?-
Tenía miedo
El sonido de su nombre mencionado tan de cerca lo volvió a la realidad, me miró con miedo al inicio hasta enfocar por completo quién era y después de eso se levantó de un salto y se abrazó a mí como pudo. Yo regresé la acción plenamente confundido y acaricié su cabeza, pero miré alrededor en busca de algo fuera de lugar y lo único que vi fue un fierro largo.
Estreché mi mirada un poco para ver mejor el objeto a unos metros. Era muy grueso para ser un atizador de la chimenea, y tenía una forma extraña.
Momento, tenía el símbolo de Britannia.
¿Por qué algo como eso estaría-?
-Príncipe Lelouch Vi Britannia- mi hijo susurró desde su posición y yo lo despegué de mi cuerpo completamente para observarlo mejor, sus ojos seguían sumidos en confusión. –Nacido en Pendragón, capital del Imperio-
Lo tomé por los hombros, seguro estaba de nuevo en shock. Pero entonces sus ojos comenzaron a ponerse vidriosos y con ambas manos se tomó de las solapas de mi saco, enterrando su cabeza entre ellas. Traté de preguntarle a qué se refería con tantas cosas, pero al tomarlo de las manos una se sintió algo resbalosa.
Bajé la vista como pude y vi sangre.
-¡Lelouch!- entonces lo despegué por completo de mi cuerpo para observarlo detenidamente y mi interior se desmoronó al mismo tiempo que mis ojos casi se salen de mi cabeza.
Mi hijo comenzó a temblar cuando se dio cuenta de lo que observaba y trató de cubrirlo en el instante pero yo detuve sus brazos con mis manos. Maldiciendo, decepcionándome de mí mismo, pero más importante.
Embargándome el frio y la impotencia.
Contrario de la marca del imperio marcada al rojo vivo en el costado de mi hijo. Quemada en su piel, en su mente y en su mirada.
La nueva cicatriz que cargaba.
-¡No puedo volver!- lloró desesperadamente avergonzándose de su cuerpo. Tomé su mano ensangrentada entre las mías pidiendo que por algún milagro me mirara, me evadía por completo.
-Perdón por esto, hijo- susurré.
De no conocerlo, de no saber qué cosas podían motivarlo y cuáles destruirlo. De no saber cuál era su motivo de lucha y qué era lo que estaba bien en su mente, no lo hubiese dicho así. Pero la idea que comenzaba a abarcar su mente pensando que con una marca que NUNCA debí permitir lo tocara, cambiara las cosas que hasta hoy teníamos, estaba equivocado.
Completamente.
-Hay que regresar a casa-
TwT y ahora todos gritan ¿Por qué anySuzuki, qué te hemos hecho para que nos dejes con todas estas preguntas, huecos en la historia y sufrimiento? ¿Te diviertes?
Yo: SI TwT
Ustedes: (descargándose en el review de manera monumental...)
Yo: Oh si, vengan a mí con sus dudas y apuestas mis esclavos de la lectura, porque Nippon Rebelion apenas comienza.
P.D. El que deja review está vivo, zombie o fantasma, cualesquiera es válido.
anySuzuki
