"Interrogatorio"

Cuando Edward bajó al comedor después de que una de las empleadas tocase a su puerta y le dijese que el desayuno estaba listo, vio a Alex y a Olivia ya sentados en la mesa, por lo que sintió un poco de pena. Pensó que se había apresurado.

"Buenos días, Edward-Kun" le saludó el Mayor tan alegre como siempre.

"Buenos días, Armstrong-San, Olivia-San" les saludó él tomando asiento al lado del Mayor. Olivia ni siquiera le contestó o le dedicó alguna mirada que le hiciese saber que había notado que el chico había entrado al comedor.

"¿Dormiste bien?" le preguntó el mayor al tiempo que las empleadas servían el desayuno.

"Perfectamente, gracias" le dijo él respetuosamente. Junto al mayor podía ser medianamente amigable ya que lo conocía un poco, pero la presencia de Olivia lo ponía un tanto tenso y se limitaba a contestar con respeto.

"Me alegra. Escuché el teléfono sonar en tu habitación, ¿llamó el general Mustang?"

"Si, me habló desde una estación" le dijo mientras se llevaba un bocado a la boca. Sin embargo, notó que Olivia pareció haber levantado la mirada un poco, pero luego había vuelto a su posición original. "Todo está bien"

"Es bueno escuchar eso" le dijo el mayor esbozando una sonrisa. "La línea de tu habitación es privada" se adelantó a decirle cuando vio que el chico había abierto la boca para preguntar algo. El chico simplemente asintió agradecido.

Edward le echó una mirada a Olivia, quien permaneció callada durante todo el desayuno, aún cuando su hermano y él partieron al cuartel. Se veía que el mayor adoraba a su hermana, pero la mujer parecía bastante lejos de ser una persona bondadosa como había dicho. Era bastante hermosa, no podía negarlo, pero fuera de eso no sabía qué había visto su padre en ella… o era precisamente eso lo que había visto en ella.

Ya en el cuartel, el mayor se despidió y le indicó que lo vería en el mismo lugar que en la noche anterior, por lo que Edward se dirigió al despacho del coronel. Abrió la puerta y saludó al coronel, quien, de costumbre, tenía montañas de papeles y los firmaba leyéndolos atentamente. No le recordaba a su padre…Roy generalmente tomaba una pila de papeles cuando estaba harto y los firmaba sin leerlos o hacía avioncitos de papel con ellos.

"Buenos días, Edward"

"Buenos días, coronel" le dijo sin dejar de saludarlo.

"Necesito que vaya con la señorita Schieska para pedirle unos formatos, aquí tiene las indicaciones" le dijo mientras le daba un papel y Edward lo tomaba. "Lleva estos documentos al Mayor General Haruko y tráeme té con dos tazas y dos pedazos de pan".

El chico se extrañó de que le pidiese un par de tazas en lugar de una, pero pensó que seguramente esperaba a alguien. "¿Mayor General Haruko?" preguntó no recordando a nadie con ese nombre.

"Acaba de llegar hoy, sigue derecho al pasillo y encontrarás su despacho"

Edward asintió. Sin embargo, hoy no pensaba irse sin respuestas. Se acercó al escritorio para tomar que se llevaría y alzó un poco la mirada.

"Coronel Douglas, ¿por qué todo está tan tranquilo?"

El hombre siguió leyendo el documento que tenía en la mesa sin inmutarse por la pregunta del chico, por lo que Ed insistió.

"Lo único que han hecho es mandar a mi padre lejos, pero lo acompañan otros alquimistas por lo que no sería fácil atraparlo". Ed notó que el coronel pareció ponerse un tanto nervioso, por lo que decidió seguir hablando. "Y si me quisieran a mi me podrían mandar a una misión solo, o Armstrong-San lejos de mi".

"Edward, ya te dije que no podemos discutir ese asunto aquí, las paredes tienen oídos" le dijo el coronel sin mirarlo y haciéndole saber que no apreciaba ser interrumpido. "En mi opinión, están intentando no llamar la atención, el Fuhrer sospecha. Ahora ve".

Edward dio un suspiro y obedeció al ver la mirada del hombre. Camino hacia el despacho del Mayor General Haruko o al menos hacia donde él creía que era el camino. Sin embargo, escuchó unos pasos acercarse rápidamente a él.

"¡Edward-Kun!"

El rubio se volvió y pudo ver a la Oficial Ross corriendo hacia él con un gesto de consternación enorme. El chico sonrió pero dio un respingo cuando la chica lo abrazó fuertemente. Él le regresó el abrazo dulcemente.

"Que alegría que estés bien, no me dejaron salir ayer para ir a visitarte" le dijo ella estrechándolo aún más, al punto de que Ed sintió que le faltaba el aire.

"Estoy bien, pero estaré mejor si me dejas respirar un poco" le dijo el chico en voz baja intentando guardar el aliento. La chica se separó de él y sonrió un tanto apenada. "Siento haberte preocupado"

"¿Cómo puedes decir eso? No es que pidieras que te secuestraran" le dijo ella quitándole un mechón de cabello del rostro.

"…Quizá no…pero no soy totalmente inocente…"

Ross entrecerró los ojos acusatoriamente. "Te pusiste en peligro de nuevo, ¿no es así?" Ed sonrió nervioso y se llevó una mano a la cabeza apenado. Ross simplemente dio un suspiro.

"No me regañes…" le dijo finalmente haciendo que la chica sonriese. A veces Ed de verdad parecía un niño. "Mejor ayúdame a buscar la oficina del Mayor General Haruko"

Ross se puso de pie y comenzó a caminar al lado de Ed guiándolo. "Todos actúan como si nada hubiese pasado, ¿verdad?" comenzó la chica en voz baja

Edward asintió. "Si, y eso me pone nervioso. No sé qué esperar" le dijo casi en murmuro llevando sus ojos a todos lados para verificar que nadie lo pudiese escuchar. "Pensé que para eso habían mandado a mi padre fuera de la ciudad".

"Pero estas bajo el cuidado del mayor Armstrong, que de vez en cuando viene a checarte" le dijo ella sonriente. Edward se sorprendió un poco, no había notado que el mayor lo estuviese cuidando tan de cerca, y no era un hombre que pudiese ocultarse fácilmente. "No cualquiera se mete con él".

Edward esbozó una sonrisa, pero Ross se detuvo delante de una puerta indicándole que habían llegado. "Gracias, Ross-San"

"Te estaré esperando en la cafetería con los demás a la hora de comida" le dijo ella saludándolo simplemente por la costumbre. A Ed no le agradaba que lo hiciese, pero a final de cuentas ella estaba obligada a hacerlo.

Él asintió y tocó la puerta suavemente mientras Ross se retiraba, abriéndola cuando escuchó un "Pase" bastante agradable. Al abrir, vio al hombre hablando por teléfono y éste le indicó con la mano que entrase.

Edward se quedó de pie mientras el hombre terminaba su conversación telefónica y el hombre volteó a verlo sonriente cuando dejó el auricular "Mayor Elric. Me da gusto conocer al State Alchemist más joven de la historia" El chico dio un respingo ante el comentario y el hombre no pudo evitar echar una pequeña risa.

El rubio alzó una ceja un tanto curioso,. "G-gusto en conocerlo, M. General Haruko" dijo finalmente no muy seguro de si era la respuesta adecuada. Le entregó los documentos que traía en su mano. "El Coronel Douglas le manda esto"

"Muchas gracias, jovencito" le dijo mientras abría la carpeta y comenzaba a revisarlas. Abrió un cajón y sacó una carpeta que le entregó a Ed. "Esto es el coronel…y para ti".

Edward tomó la carpeta curioso de por qué el general le estaría entregando un documento para él. Sin embargo, vio que tenía algunas indicaciones impresas en la carpeta y levantó la mirada hacia el sonriente hombre.

"Puedes retirarte"

Ed saludó al hombre y salió del despacho mientras leía lo que tenía inscrita la carpeta. 'Toma la hoja de en medio, dóblala y métela en tu uniforme. No la leas en el cuartel, espera a llegar a casa del Mayor Armstrong'.

El chico levantó la mirada algo confundido, pero decidió obedecer. Poco después, entró al despacho del Coronel cargando la bandeja del té y colocándola en la mesa en medo de los dos sillones de la oficina. Sirvió un poco de té en una taza y se la entregó al coronel junto con la carpeta que le había dado el Mayor General.

"Gracias" le dijo mientras le daba un sorbo al té sin despegar la vista de los documentos. "Puedes servirte un poco de té".

El chico dio un respingo y miró un tanto desconcertado. "¿Señor?"

Douglas levantó la mirada un tanto impaciente. "Que tomes una taza de té".

Ed se le quedó viendo un momento más, pero tomó la jarra del té y se sirvió llevándose los dos panecillos con él.

"Toma asiento"

Edward obedeció y tomó un sorbo del té sin saber qué otra cosa hacer mientras el hombre seguía leyendo documentos y firmándolos ignorando al chico completamente. El té estaba delicioso, por lo que siguió tomando y comiendo el panecillo mientras el coronel guardaba silencio. En eso, el teléfono sonó y el coronel alzó el auricular. Edward no pudo escuchar gran cosa de la conversación ya que el hombre había rodado su silla dándole la espalda.

Cuando por fin volteó y dejó el auricular, el hombre dio un sorbo a su té. El chico lo miró un tanto confundido, pero no se le ocurría que podía preguntar.

"Edward, te recomiendo que leas la nota que te mandó el Mayor General" le dijo repentinamente sin levantar la mirada.

Ed se le quedó viendo por un momento antes de contestar. "Pero me dijo que esperara hasta llegar a casa"

"Hazlo"

El chico no entendía las reacciones frías que tenía el hombre de vez en cuando, pero tomó el papel y lo desdobló comenzando a leer.

'Edward Elric:

Alguno de estos días vendrán por usted para interrogarlo por su secuestro. Le pido que no mencione nombres ni nada de lo que vio en ese lugar, mantenga una historia simple y creíble. No puedo darle ninguna explicación, pero estas son órdenes de un amigo de su padre.'

El documento no tenía firma, pero era obvio que debía ser de parte del Mayor General Haruko ya que el Coronel simplemente se lo habría dicho. Sin embargo, sintió un vacío en el estómago. ¿Interrogarlo? ¿Qué rayos iba a decir? ¿Tenía que mentir y al mismo tiempo parecer creíble?

No terminó de acomodar sus pensamientos, cuando tocaron a la puerta y la abrieron sin esperar la respuesta del Coronel quien solo bebía su té. El chico hizo bola el papel y lo lanzó al bote de basura discretamente al ver dos subordinados del General Raven entrar al despacho.

"Mayor Edward Mustang Elric, tenemos órdenes del General Raven de llevarlo con nosotros".

El chico apretó los dientes. Era por eso que el Coronel lo había apresurado a leer el documento, seguramente alguien adelantó los planes. Edward asintió y salió del despacho siguiendo a ambos hombres quienes no dijeron una palabra más. Cuando bajaron las escaleras, Edward alcanzó a ver al Mayor Armstrong de pie esperándolos.

"Mayor Armstrong, no tiene permitido acompañarnos"

"El General de Brigada Mustang dejó al chico en mi custodia y la ley dice que no se puede interrogar a un menor de edad sin un tutor. Así que si no lo acompaño, puedo mandarlos a una corte marcial".

Notó que los hombres se vieron entre sí, como decidiendo si debían obedecer o no, pero finalmente asintieron, por lo que siguieron caminando mientras el Strong-Arm Alchemist caminaba al lado del FullMetal Alchemist. Edward miró de reojo al mayor.

"¿Esto…está bien?"

El hombre simplemente asintió, por lo que Edward decidió no preguntar nada más. Finalmente llegaron a un edificio donde se mantenían a los prisioneros que serían mandados a juicio, además de los cuartos de interrogación. Entraron a una habitación iluminada tenuemente apenas. Los hombres le indicaron a Ed tomar asiento en una silla frente a un escritorio mientras la puerta se abría de nuevo para dejar entrar al General Raven, algunos subordinados, y eventualmente, para su sorpresa, al Fuhrer mismo.

Edward comenzó a sentirse nervioso. Definitivamente podría usar un poco de su rebeldía y sarcasmo frente al General Raven, pero jamás frente al Fuhrer. El Mayor Armstrong notó el repentino nerviosismo de Ed, por lo que puso una de sus manos en el hombro del chico pidiéndole que se tranquilizara.

Uno de los subordinados tomó asiento frente el rubio y abrió una carpeta mientras hojeaba algunos documentos. Finalmente, miró a Ed a los ojos. "Mayor Edward Mustang Elric, ¿sabe por qué está aquí?"

El chico dio un respingo. La verdad, no estaba demasiado seguro, por lo que miró a Alex brevemente al tiempo que este le asentía. "No estoy muy seguro"

El hombre no parecía sorprendido. "Hemos sido informados de que fuiste secuestrado por 28 horas y, según los informes, pudo liberarse y escapar". Edward se le quedó viendo por un momento, pero eventualmente asintió. "Bien, ¿puedes decirnos cómo sucedió?"

El chico miró al hombre fijamente escogiendo sus palabras cuidadosamente. "No lo recuerdo, cuando Scar me atacó y llegaron los refuerzos, hubo una explosión causada por él seguramente y quedé inconsciente".

El hombre volteó a ver los documentos y Edward pudo notar como el General Raven esbozaba una pequeña sonrisa. El Fuhrer, por su parte, no mostraba alguna expresión en especial.

"¿Tuvo contacto con alguien durante su enclaustramiento? ¿Puede decirnos el autor del secuestro?"

El chico negó con la cabeza. "No, nadie entró a la habitación mientras yo estuve ahí. No tengo idea de quién o por qué querría secuestrarme".

"Entonces no tienes idea de quién pudo haber organizado tu secuestro" le dijo una vez más intentando confirmar la información. Edward negó con la cabeza. "¿Puedes decirnos cómo escapaste?"

"…Tener un brazo automail me ayudó a vencer eventualmente las ataduras sin lastimarme tanto. Así pude escapar" le dijo intentando sonar convincente. Al parecer, lo había logrado.

"¿Cómo llegaste a Central?" le preguntó el hombre rápidamente intentando presionar al chico.

"Llegué a la estación del tren, así pude regresar".

Edward sentía una rabia por dentro que estaba a punto de salir al ver la sonrisa de satisfacción del General Raven, sin embargo, no podía arruinarlo, no ahora que había llegado tan lejos.

"¿El General de Brigada Mustang no fue en tu búsqueda?"

El chico se encogió entre hombros. "No lo sé, yo lo encontré aquí cuando regresé. No lo creo".

"Bien, puede llevárselo, Mayor Armstrong"

El hombre asintió y Edward se puso de pie caminando detrás él y saliendo del área de interrogación. Ambos caminaron en silencio hasta que salieron del edificio y se dirigían al principal.

"Lo hiciste bien, Edward-Kun" le dijo el hombre, sorprendiéndose un poco al ver el gesto de chico cuando volteó a verlo con una pequeña sonrisa. Estaba pálido y sudoroso.

El chico simplemente dio un suspiro. "Solo espero que me hayan creído".

……….

Era de noche, aún temprano, Edward transmutaba bloques de tierra y los destruía con su automail intentando mantener su condición física. El Mayor Armstrong ya había entrenado con él por dos duras horas y había recibido una paliza. El hombre se había divertido de lo lindo mostrando sus músculos con brillitos a su alrededor, pero Ed sentía que su orgullo había sido apaleado. No había podido ponerle un dedo encima al Strong-Arm Alchemist. Si no podía igualar la fuerza de sus aliados, ¿cómo podía esperar defenderse de sus enemigos?

Furioso, utilizó toda su fuerza para despedazar los bloques uno tras otro transmutando nuevos inmediatamente. Se sentía exhausto, pero la adrenalina de su rabia hacía que sacase fuerza para destruirlos. Sin embargo, cuando le iba a dar un puñetazo a uno de ellos con su automail, el bloque se partió en dos y cayó pesadamente al suelo.

El chico se le quedó viendo por un momento confundido, pero unos pasos detrás de él le hicieron volverse poniéndose en pose de guardia, solo para encontrar a Olivia Armstrong caminando hacia él.

"O-Olivia-San" dijo un tanto incrédulo, pero inmediatamente dio un respingo y llevó sus manos a sus costados, juntó sus piernas y bajó la cabeza. "Discúlpeme si hice mucho ruido"

L a mujer solo se quedó de pie con su espada desenfundada mirando fijamente al chico. Notó que jadeaba y se veía realmente exhausto. "Prepárate" le dijo simplemente mientras alzaba su espada.

Ed abrió sus ojos como platos. "O-Olivia-San, ¿q-qué hace?"

Sin darle tiempo de reaccionar o de hacer más preguntas, la mujer se lanzó a atacarlo. Lo único que atinó a hacer fue a transmutar su automail en una cuchilla y defenderse de los espadazos de la mujer que amenazaban con cortarlo en dos.

"¡Espere!" chilló el chico con los ojos abiertos de par en par intentando salvar su vida de una forma u otra. "¡Olivia-San! ¡Espere!"

Sin embargo, la rubia siguió arremetiendo al chico que apenas se pudo cubrir con su brazo metálico. De repente, Olivia se agachó y tumbó a Edward pasando una pierna de ella por las del chico y haciéndolo caer pesadamente al suelo al tiempo que llevaba su espada al cuello del rubio.

Edward respiró casi hiperventilando y sintió la punta sintiendo el frío metal en su yugular. Volteó a ver a Olivia quien lo miraba de la misma manera sin mostrar alguna expresión. Sin embargo, retiró la espada y la enfundó dándose la media vuelta.

"Eres demasiado débil" le dijo la mujer al tiempo que seguía caminando.

Ed se quedó silencio por algunos segundos, pero se puso de pie. "Olivia-San". La mujer se dio la media vuelta mirando al chico indiferentemente. "Olivia-San, por favor, entréneme" le dio haciéndole una pequeña ovación.

Olivia se le quedó viendo por un momento y se acercó a él tomándolo suavemente del mentón. La mujer lo miró a los ojos por algunos momentos haciendo que el chico se pusiese un tanto nervioso, pero sin titubear temiendo que si lo hacía, la chica le daría un terminante no.

"Sé por lo que me ha contado mi hermano en sus interminables cartas que eres un chico valiente, pero testarudo y desobediente y tienes cierto desdén por las reglas del ejército" le dijo con una voz fría que hizo que Ed sintiese un escalofrío. "Pero también un buen y determinado chico".

Edward se le quedó viendo un momento sin decir nada. No podía descifrar le gesto que tenía la mujer, no podía decir si lo que le estaba diciendo eran cumplidos u ofensas o si pensaba aceptar el pedimento o no.

"Te entrenaré todo los días en la noche" le dijo finalmente haciendo que el chico sonriera aliviado. "No aceptaré quejas de ninguna índole"

Ed asintió sin dejar de esbozar una sonrisa, por lo que la mujer sonrió ligeramente.

"Ahora ve a dormir, lo necesitarás mañana"

El chico volvió a asentir y siguió a Olivia hacia el interior de la casa. La presencia de la mujer era impresionante, en eso se parecían ella y su hermano. Sin embargo, el aura era totalmente diferente. Armstrong era un hombre totalmente bondadoso y reflejaba una montaña de optimismo, ella en cambio, parecía seria todo el tiempo y miraba altaneramente a los demás. Tenía una razón de ser así, su rango era suficientemente alto y además era una mujer. Ambas cosas juntas resultaban increíbles aún en sus tiempos.

"¿Sucede algo?" le preguntó ella sin voltear a ver al chico haciendo que este diese un respingo ante la repentina pregunta. "Pareces pensativo".

El chico volteó a verla sonriendo un tanto apenado. "Es solo que…pensé que no le agradaba"

La mujer no dijo nada ante el comentario por algunos minutos. De hecho, Ed se arrepintió de haber hablado. A lo mejor de verdad no le agradaba y el mayor Armstrong le había pedido que lo entrenara…

"No tengo nada contra ti" le dijo finalmente captando la atención del chico. "Tu padre en cambio…"

Edward sintió una gota de sudor resbalar por su frente. Desde el inicio sospechaba que la actitud de la mujer hacia él se debía a alguna situación en el pasado con su padre, pero ahora que se lo confirmaba no podía más que irritarse. Ya se las vería con él mañana en el teléfono para preguntarle qué rayos le hizo a la rubia.

……….

El entrenamiento será bastante duro, lo prometo XD