Capítulo 24.
Karl cumplió 18 años, a las seis de la tarde del día 4 de Julio. Ese día, si bien Francesco tenía planeada una gran celebración, tuvo que cancelar todo debido a que Karl tenía un partido ese día. El italiano, sin embargo, decidió acudir a Alemania para estar al lado de su rey en ese día tan especial. Marie estaba algo preocupada, no dejaba de sentir cierta aprehensión por la llegada de ese momento tan inevitable.
Tranquilízate.- le pidió Francesco, sentado al lado de su prima en el palco especial desde donde ellos miraban a Karl jugar.- Todo va a salir bien.
Eso quisiera creer.- suspiró Marie.- Pero no estoy tan segura. En los últimos días es como si todo se conjugara para que las cosas nos salieran mal. Hanson tuvo un accidente por culpa de mi hermano y ahora el tipejo ése no nos quiere dejar en paz ni un segundo.
Así tiene que ser.- sentenció Francesco.- Es el destino del rey.
Marie ya no respondió; aun cuando sabía que eso era cierto, no dejaba de sentirse preocupada, como si supiera que una desgracia estaba por ocurrir. El caso era que Karl estaba jugando un partido más de la Bundesliga, poniendo todo su empeño, como siempre. Ese día él cumplía los 18 años, y sentía que estaba a punto de salir volando envuelto en llamas, sensación que había tenido desde hacía ya varias semanas pero que ese día era extrema. Karl quería correr, volar y lanzar llamas por las manos, pero a menos que él estuviese transformándose en dragón, eso resultaba bastante ridículo.
¡Schneider!.- uno de sus compañeros le lanzó un pase a Karl para que éste anotara, cosa que el joven aprovechó.
La red de la portería fue perforada con el potente Fire Shoot, y nuevamente comenzó a oler a quemado, incluso algunos de los compañeros de Karl se daban cuenta de que por el sitio por donde él pasaba, el pasto se quemaba. Quizás era la fricción causada por el roce de los tacos de los zapatos del Káiser, quizás era por el calor extremo, lo cierto era que el pasto estaba quemado, al igual que la red de la portería. Y sin embargo, el Káiser alemán no estaba satisfecho...
"No es suficiente", pensó Karl. "El Fire Shoot ya no es suficiente".
Él se refería a que ese disparo ya no mostraba todo su poder, toda su técnica, toda su verdadera fuerza. Karl necesitaba un nuevo tiro, un disparo que le enseñara al mundo entero la fuerza dormida del Káiser, fuerza que estaba a punto de despertar, aunque eso él no lo sabía...
"Ha llegado tu momento, Schatten", pensó Jäger, mirando a su primo jugar. "Llegó el momento en el que recuperes tu fuerza. Tu reino te está esperando".
En el medio tiempo, Marie expresó su deseo de ir por algo de beber y rechazó la oferta de Francesco de mandarle comprar un refresco y también de ser acompañada por alguno de sus guardaespaldas.
Quiero estar sola, si no te molesta.- explicó ella.
Claro.- aceptó Francesco.- Tienes que prepararte también, Düsterin.
Ella lo miró con cierto recelo, como reclamándole por llamarla por su nombre de demonio. Francesco, sin embargo, no le prestó atención a una insignificancia como ésa. Así pues, Marie se dirigió a comprar un refresco, pensando una y otra vez en la forma en como Karl recuperaría sus poderes. ¿Habría alguna especie de ritual o algo así? En el reino de las Sombras, el día en el que el nuevo heredero cumplía los 18 años, se hacía una ceremonia en donde el nuevo rey liberaba sus poderes por completo y era coronado como soberano absoluto de los demonios, tras lo cual el nuevo gobernante elegía a sus generales y coroneles de su ejército, y también su segundo al mando, por supuesto, cargo que siempre era ocupado por otro integrante de la familia real. Sin embargo, obvio que en la tierra las cosas eran diferentes y Marie/Düsterin no sabía cómo sería la coronación. Ella solo esperaba que a Karl no le diera por empezar a incendiar cosas, otra vez.
Andas demasiado pensativa.- dijo una voz masculina, una voz que a pesar de tener mucho tiempo de no escucharla, Marie la reconoció en seguida.- Cosa que no es nada bueno a mi parecer.
Marie, suspirando, se dio la vuelta y lo vio. Ahí estaba Leonardo, mirándola como si se tratase de una vieja amiga y no de su enemiga mortal. A ella le latió el corazón a mil por hora y no era para menos, ella tenía mucho de no tener a Omar tan cerca y mucho menos en su faceta humana.
No tiene nada de malo, si recuerdas qué día es hoy.- respondió Marie, simplemente.- En todo caso, eso tendrías que hacerlo tú.
¿Preocuparme por el hecho de que tu hermano esté a punto de recuperar sus poderes?.- cuestionó Leo.- No tendría por qué, Schatten no me duraría ni tres segundos en batalla.
Marie no pudo evitar sonreír ante el comentario. Cada que Schatten y Omar se enfrentaban, ambos salían heridos pero sin dudarlo el más lastimado era el ángel, ya que su poder resultaba por ser levemente menor al del demonio.
No pensé que estarías aquí.- comentó Marie, tratando de ocultar su rubor.- No creí que te importara.
Pues es algo que no me perdería por nada del mundo.- replicó Leonardo.- Tengo que estar al pendiente, no vaya a ser que se les ocurra decirle a Schneider todo ese rollo de que es Schatten y que debe salvar al mundo, o mejor dicho, destruirlo.
Nosotros no queremos destruir el mundo y lo sabes.- Marie frunció el entrecejo.- Solo queremos salvar el nuestro.
Eso es lo que queremos todos.- suspiró Leo.- Pero ya qué, al parecer no podemos solucionarlo por la forma fácil.
Como si hubiera alguna.- gruñó Marie.- Todo lo contrario, por culpa de algún traidor fuimos a caer en este mundo y obligados a vivir como humanos.
No sé de que te quejas, no pareces estártela pasando tan mal.- replicó Leonardo, algo serio.- O al menos, finges muy bien estando en compañía de Gino Fernández.
Marie no respondió; lo que había pasado entre Gino y ella era algo que quería mantener en secreto, cosa que al parecer no iba a poder ser posible tratándose del ángel del amor, la persona que había unido a Marie y a Gino desde un principio.
¿Por qué esa cara?.- cuestionó Leonardo.- ¿No te la pasaste bien con él?
No quería que tú supieras eso, simplemente.- negó Marie.- Es algo... Privado...
Sabes que yo me entero de todos los enamoramientos.- replicó Leonardo.- Es inevitable, aparecen en mi libro, y eso ya lo sabes.
Si eso es cierto, ¿significa entonces que también sabes quién es el otro hombre del que siempre he estado enamorada?.- aventuró Marie, en un arranque de valor.
Leonardo sonrió levemente, sin poder evitarlo. Él había estado esperando ese momento, desde hacía muchísimo tiempo...
Mientras tanto, el partido se había reiniciado, pero eso no les importó a ninguno de los dos. Francesco se preocupó al ver que su prima no regresaba, pero en esos momentos lo más importante era su rey, así que se concentró en vigilar a Karl en el partido. Éste estaba sintiéndose cada vez más extraño conforme pasaban los minutos. En algún momento, Karl sintió que se volvía uno solo con los elementos que lo rodeaban, con el campo, con el balón, con el aire mismo, y que todos juntos se convertían simplemente en fuego, fuego que lo consumía todo... Y sin embargo, ni Marie ni Leonardo estaban enterados de esto, y ni les interesaba por el momento...
Claro que lo sé.- Leonardo no pudo evitar sonreír.- Sé muy bien quién es el hombre al que has amado desde hace mucho tiempo. Debo confesar que cuando ese nombre apareció en mi libro, pensé que había un error, pero el libro de los Enamoramientos nunca se equivoca.
Ojalá supiera guardar secretos.- Marie se ruborizó.- Lo último que quería era que supieras que me enamoré de ti.
¿Y por qué no?.- Leonardo no pudo evitar el portarse como casanova.
Porque es imposible, eres nuestro enemigo mortal.- ella quería huir lo antes posible.- Por más que quiera, no puedo estar contigo, ni podré estarlo jamás... Empezando por el hecho de que tú nunca te fijarías en un demonio, siendo un ángel como eres...
El amor no tiene ninguna lógica.- murmuró Leo, acercándose a Marie.- Eso ya lo sabía desde hace mucho, pero no fue sino hasta que lo experimenté en carne propia cuando lo comprendí. El amor no tiene ninguna lógica, porque a pesar de que sé quien eres y quien soy y cuál es nuestro destino, no puedo evitar amarte con todas mis fuerzas...
Cuánto daría
Por gritarles nuestro amor...
Decirles que al cerrar la puerta
Nos amamos sin control...
Marie creía estar alucinando. No, no podía ser posible, Leonardo no podía amarla, no tenía sentido, ambos eran opuestos y no podían faltarle a sus respectivos reyes. ¿Qué podría salir de bueno de todo eso?
No te creo.- Marie/Düsterin intentó controlarse.- No te creo que me ames.
¿Por qué no?.- exclamó Leonardo/Omar.
¡Porque no tiene sentido!.- gritó ella.
¡Nada de esto tiene sentido alguno!.- replicó él, también gritando.- ¿Por qué crees entonces que hice que te fijaras en Gino Fernández? Quería alejarte de mí a como diera lugar, hacerme a la idea de que nunca serás mía.
¿Tú causaste eso?.- Marie se sentía indignada.- ¿Cómo pudiste? ¡Eres bastante idiota! Para ser el ángel del Amor, estás bastante estúpido, ya deberías saber que no puedes hacer que el amor verdadero se olvide con otras distracciones.
Marie comenzó entonces a golpear a Leonardo con los puños cerrados, mientras él se limitaba a mirarla fijamente. Y después, ella se cansó y él continuó mirándola a los ojos, hasta que de pronto y sin querer evitarlo, ambos estaban enfrascados en un beso apasionado que demostraba todo lo que ambos sentían, un beso que habían querido darse desde hacía muchísimo tiempo...
En algún momento, Leonardo se llevó a Marie a un lugar apartado, en donde comenzó a besarla, después a acariciarla, después a desnudarla y terminó por amarla a no tantos metros de donde se encontraba Karl jugando. Sin embargo, al abrigo de algunos arbustos y de la distracción que causaba el partido, Leonardo y Marie se amaron con fuerza e intensidad, n un acto cuyas consecuencias ninguno de los dos quería pensar...
Que despertamos abrazados
Con ganas de seguir amándonos...
Pero es que en realidad no aceptan nuestro amor...
Karl, ajeno a todo esto, sentía como si formara parte de una película que era transmitida a cámara muy lenta, y como si formara parte de una cuenta regresiva. Lentamente, todo su cuerpo le decía que algo muy importante estaba por ocurrir y que l mejor era prepararse...
Francesco miró su carísimo reloj suizo: eran exactamente las seis de la tarde en punto. Él volteó a ver su rey, la hora había llegado...
- Es el momento.- murmuró Jäger.- Bienvenido de regreso, Schatten...
Karl en ese justo momento saltó para cortar un pase hecho por el equipo rival, y a pesar de que el sol estaba ya más cerca de ocultarse, hubo un destello cegador que pareció provenir de él, o al menos eso pensaron todos ya que no había otra cosa que justificara un resplandor como aquél. El caso es que Karl saltó y en ese momento todo el lugar se cubrió por una luz cegadora y ardiente, como si una bola de fuego se hubiese posado encima del campo de juego. La gente no vio nada, solo sentía el calor intenso en la piel y en los pulmones, como si de repente el aire se hubiese convertido en fuego también, y ni siquiera los gritos de asombro y pánico podían escucharse ya que éstos eran absorbidos por un silencio aturdidor que envolvía todo...
Pero a pesar de que esto pareció durar una eternidad, la verdad era que duró solo cuestión de segundos. De repente, la luz y el calor desapareció y la gente que estaba presente vio a Karl tomar el balón, aterrizar en el pasto con él y disparar un potentísimo tiro que perforó y quemó la portería rival. Todos los espectadores, incluyendo Francesco, se quedaron con la boca abierta, ya que nunca antes habían visto un disparo como ése. Al parecer, el gran Káiser tenía un nuevo tiro...
Neo Fire Shoot.- murmuró Karl, sintiendo que al fin había podido liberar la energía que tenía acumulada en su interior.
Francesco sonrió; no era eso la forma en la que a él le hubiese gustado para coronar a su rey, pero quizás era la mejor manera para el futbolista que Schatten era en ese mundo. Además, ya había sucedido ese gran acontecimiento, de cualquier manera, y eso era lo importante...
Y a pesar de que parecía haber sido un sueño, los humanos normales se dieron cuenta de que algo importante había pasado ahí, no solo por la sensación que les quedó a todos después del suceso, sino también por el hecho de que gran parte del césped del campo de juego había sido quemado, como si una bola enorme de fuego se hubiese posado sobre la cancha, teniendo a Karl Heinz Schneider como su centro...
El rey de las Sombras había sido coronado.
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A Akira no le gustó nada lo que el señor Arizami le había informado. Al parecer, Sakura ya había conocido a Genzo, pero la impresión que la chica tuvo de él era de que el portero parecía no estar dispuesto a casarse con nadie que no fuese su novia, de manera que el señor Arizami estaba molesto por el hecho de que quizás el plan que había arreglado con su socio no se iba a consumar. Akira hizo todo lo posible para tranquilizar a su socio y amigo, diciéndole que las cosas se llevarían a cabo tal y como él las planeo, que de eso podía estar seguro, y que no cancelara la fiesta de compromiso de Genzo y Sakura, ya que esa fiesta se llevaría a cabo como se planeó en un principio sin ningún contratiempo.
Espero que sí, Wakabayashi, advirtió Arizami.- No me gustan los juegos.
Ni a mí tampoco.- replicó Akira.
Sin embargo, las cosas estaban peor de lo que Akira se las imaginó. Al parecer, lo que Genzo sentía por esa extranjera llamada Lily era algo más que una simple atracción, parecía ser que él se había encaprichado con ella y que no iba a aceptar tan fácilmente su compromiso con otra mujer, así que Akira supo que era momento de tomar medidas drásticas. Si no podía controlar a Genzo, entonces lo que haría sería sacar a Lily del camino, cosa que sería de lo más fácil de la manera más usada en estos casos: humillándola. A Akira no le costaría mucho trabajo dejarle bien en claro a esa mexicanita quién era él, y más importante aun, quién era Genzo y por qué no era digna de estar con él. Y de paso, el propio Genzo aprendería la lección y sabría entonces que tendría que acatar las órdenes de su padre, le gustara o no.
Así pues, Akira formó un plan en su mente: le haría creer a su hijo que había aceptado a Lily Del Valle como su novia y los invitaría a ambos a la mansión, a la cena de compromiso, pretextando el hecho de que presentarían a Lily como novia de Genzo, pero en realidad, lo que Akira haría sería dejar a la chica muy mal parada ante toda la familia Wakabayashi y ante todos los Arizami. Sería una lección dura, pero algo que sin dudar Lily Del Valle jamás olvidaría…
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La canción que se escucha en la escena entre Marie y Leonardo se llama "Simplemente amigos" y la interpreta Ana Gabriel.
