¡Hola, queridas lectoras! Sé que me tardé demasiado, y pongo énfasis en demasiado porque sí, fue mucho. Se me presentaron muchas cosas-entre ellas, un viaje- y todo se me juntó. Básicamente me he convertido en una nómada, pero bueno...¡El epílogo está finalmente aquí! :D Disfruté mucho escribirlo, y espero que de verdad les guste porque todavía hay varias sorpresas más ;) Y gracias de todo corazón por su apoyo. El hecho de que hayan seguido leyendo, comentando, motivándome...no tengo palabras, solo les agradezco. Y ahora sí, las dejo leer...¡Disfruten!


Finn y Rachel caminaron tomados de la mano por Times Square hasta finalmente detenerse en una de las terrazas en el área de los cafés y sentarse a descansar y disfrutar.

Ya habían pasado cinco meses desde que habían decidido estar juntos, por fin, y como había tenido que suceder eventualmente, Rachel regresó a Nueva York, sin embargo, se había llevado a Finn con ella.

Él no se vio nada intimidado con la forma de vida en la ciudad debido a su previa aunque breve experiencia siete años atrás, y apenas se había asentado con Rachel, comenzó a buscar oportunidades relacionadas con su vocación.

A semanas de su llegada, Finn conoció a algunas personas que como él, querían hacer un cambio muy especial. El castaño estaba en pláticas para crear una fundación que ayudaría a niños y jóvenes que luchan por encontrar un camino para su futuro, justo como le había sucedido a él. Siempre se había dedicado a ayudar cualquier causa que necesitara de su apoyo, pero aquella definitivamente lo entusiasmaba en otro nivel. Rachel no podía estar más orgullosa de él.

Y él también sentía lo mismo por ella, para el caso, pues antes de que ambos partieran hacia la Gran Manzana, la morena recibió las llaves de la ciudad de Lima, Ohio, debido a su contribución a las artes.

Sin embargo, en todos aquellos meses no solo nuevas oportunidades o recompensas se habían presentado...

Finn y Rachel planearon irse de Lima unas cuatro semanas después del incidente con Quinn, y en una gris mañana previa al día del viaje, Hiram encontró la paz de la que había sido privado durante el transcurso de su enfermedad.

Muy temprano, antes de tomar el café, el hombre tan amado por todos dijo sus últimas palabras, y cuando el primer rayo de sol de aquel día se asomó por la ventana de la habitación, Rachel supo que su padre ya se había ido.

Leroy y su hija estaban inconsolables, pero afortunadamente, la enfermera que atendía a Hiram estaba ahí, y ella misma se encargó de hablar con las personas que necesitaban enterarse.

Finn llegó a la residencia Berry unos diez minutos después, y estuvo con Rachel el resto del día, hasta que ambos tuvieron que dirigirse a la funeraria con Leroy.

Aquella fue la tarde más larga que había presenciado Rachel en toda su vida.

Muchas personas se habían acercado a saludarla y darle el pésame, sin embargo, ella apenas se percataba de que se estaban dirigiendo a ella. Finn la sostuvo con fuerza mientras sollozaba en silencio. Ese día no articuló palabra más que para dar un discurso sincero y debilitado en honor a su padre.

Quinn se apareció brevemente en el funeral, y sin mencionar ninguno de los problemas que ambas todavía sostenían, se acercó a Rachel y tomó su mano.

Finn se alejó para dejar que tuvieran un momento a solas, aunque también había accedido rápidamente a hacerlo porque sabía muy bien que todavía no se encontraba en condición de olvidar lo ocurrido con la rubia.

Rachel musitó un débil "gracias por venir" a la que había sido su amiga mientras ésta la abrazaba, y con lágrimas en los ojos, Quinn asintió.

-Realmente me gustaría quedarme más tiempo, pero…

-Está bien-dijo Rachel-Gracias de nuevo…

Quinn le dirigió una triste sonrisa, y antes de retirarse, puso una de sus manos sobre su vientre.

Con su vestimenta negra, y los pocos meses que apenas tenía de embarazo, su bulto todavía no aparecía, pero a pesar de todo, Rachel se sintió en calma cuando la futura mamá demostró sus esperanzas para el futuro.

El argumento que habían tenido en la iglesia justo después de que Finn se había marchado ya no parecía ser tan relevante, mucho menos el hecho de que Rachel la había dejado.

Quinn le dio un abrazo más, y después de volver a ponerse sus anteojos de sol, que ya eran innecesarios a esas horas, se dio la vuelta y caminó hasta la salida, perdiéndose entre aquel fondo gris que parecía ser la estancia al aire libre.

Cuando definitivamente desapareció, Finn regresó a consolar a su novia, y una vez que la tuvo en sus brazos de nuevo, Rachel dejó que el llanto la destrozara indefinidamente, como una tormenta que parecía no tener fin.

Días después, las cenizas de Hiram fueron repartidas entre Rachel y Leroy, y a pesar de que la morena ya se había resignado a prácticamente todo, Finn se acercó a ella diciéndole que efectivamente, la vida tenía que seguir. Ambos tenían planes que habían dejado en pausa, y él ya estaba más que listo para comenzar una nueva etapa con ella.

Tomó poco más de una semana para que Leroy y Finn la convencieran definitivamente, y por fortuna, Rachel siguió adelante con el entusiasmo que siempre la había caracterizado, aunque todavía no podía dejar el luto.

Finn terminó por arreglar todos los últimos detalles nuevamente, y con la bendición de Leroy, ambos volaron hacia la ciudad de Nueva York. El castaño, por muy increíble que pareciera, no había vuelto a estar ahí desde hace siete años.

Rachel estaba algo preocupada por su padre, y no dudó en expresarle su intranquilidad a Finn justo cuando ambos abordaban el avión.

Él la miró a los ojos, tomó su rostro, le dio un suave beso en los labios, y finalmente le recordó todo lo que los tres habían hablado ya.

Leroy estaba cómodo en Lima, y a pesar de la ausencia de Hiram, él mismo admitía que se encontraba en paz. Estaba tranquilo porque su eterno compañero descansaba en un lugar mejor, y él prefería seguir adelante sin hacer ningún cambio mayor. Continuaría con su vida del modo en el que él lo deseaba. Sabía que Hiram se lo iba a agradecer mucho.

Y también le agradecería a Rachel el hecho de que volviera a la ciudad a la que pertenecía. Que viviera su vida con el hombre que amaba, Finn, y que se refugiara como siempre en su casa, Broadway.

Era momento de ser feliz de nuevo…

Muchas veces, ya de vuelta en la gran ciudad, Rachel se ponía a pensar en Quinn. Las llamadas telefónicas por la noche se habían descontinuado inevitablemente y Rachel no podía evitar sentir tristeza al saber que había vuelto a su origen solo para perder a su padre y a su mejor amiga de maneras muy diferentes, pero igual de dolorosas.

Finn, sin embargo, fue el ángel que estuvo cuidándola mientras ella trataba de sanar, y eso, durante los primeros meses, fue lo que le devolvía la energía y las ganas que de pronto se le iban.

Los dos habían estado buscando departamentos pero ya habían cambiado de opinión en muchas ocasiones, por lo que todavía vivían con la simpática compañera de piso de Rachel.

Finn esperaba que aquella convivencia con la chica acabara pronto, en el buen sentido, pues ambos querían tener su propio espacio.

Mientras tanto, los dos decidieron tomar un descanso en su búsqueda de apartamentos, y tomaron un taxi que los llevó a Times Square.

Era temprano todavía, y el ambiente se parecía un poco al del distrito financiero de Wall Street, salvo que los transeúntes disfrutaban de una convivencia más armónica y colorida.

El aroma del café recién hecho, el extracto de flor de vainilla, y el calor de los pretzels que se vendían en el área inundaban el espacio que estaba delineado por las banquetas que llevaban a las terrazas.

El otoño comenzaría ya en unas semanas, y como una anticipación, una brisa no tan cálida golpeó el lugar haciendo que Rachel sintiera un leve estremecimiento que la llevó a encogerse un poco en su asiento y a aferrarse todavía más a su suéter-sobre puesto- de casimir.

-¿Tienes frío?-le preguntó su novio, un poco sorprendido.

-Estoy bien-le aseguró ella-Por cierto, tú estuviste hablando con la agente de bienes raíces esta mañana… ¿Qué te dijo?

-Nos mostrará unos departamentos en el Upper East Side el lunes temprano…

Rachel estuvo a punto de hablar, pero Finn la detuvo.

-Ya sé que querías buscar un condominio en West Village, pero este lado de la ciudad no es tan malo, Rach. Sería un lujo vivir ahí, aunque…no deberíamos de anticiparnos. Todavía no sabemos si encontraremos un lugar en el barrio…

Rachel resopló, aunque tuvo que admitir que los puntos de Finn eran validos. El castaño hacía mucho por ella…por ambos. Y verdaderamente, desde su regreso a Manhattan, Rachel se encontraba más distraída que nunca. Ya se había acostumbrado a no ir al gimnasio por lo cual no volvió a retomar su rutina inmediatamente, y por el momento no estaba en el teatro. Finn se estaba encargando de buscar un lugar para ambos mientras él todavía tenía que reunirse con personas que deseaban cooperar en la fundación. A veces, para Rachel era todavía increíble darse cuenta del gran hombre que tenía a su lado. Era afortunada.

-Te amo-le dijo, casi de pasada, mientras admiraba sus ojos que tenía a tan corta distancia de los de ella.

Finn se acercó y le robó un pequeño beso en los labios que culminó con una brillante sonrisa.

-Yo también te amo-musitó-Por cierto, creo que voy a ir a comprar un helado, ¿quieres algo?

-Lo mismo que tú-Rachel sonrió.

-Ahora vuelvo-dijo él, dándole otro beso e inmediatamente poniéndose de pie.

Finn se alejó y caminó hasta la heladería más cercana mientras que Rachel tendía su suéter en la silla de él, solo por si alguien se acercaba a pedirla, aunque no era realmente necesario, pues ella estaba ahí y no era muy seguro de que alguien se aproximara.

Cerró los ojos por un momento, y entonces se recargó un poco en el respaldo de su asiento.

Tantas cosas – para bien o para mal-habían cambiado en tan poco tiempo, y a pesar de que trataba de seguir adelante y comenzar de nuevo, Rachel no lograba completamente superar sus pérdidas.

Si Finn no estuviera a su lado en esos momentos, realmente no sabría que hacer, pues la vida que alguna vez conoció ya no existía.

Aun así, Rachel era feliz. Amaba a Finn por todo lo que era y sin condiciones. Finn la amaba a ella, y lo cierto es que ambos se complementaban muy bien.

Su relación podía ser descrita como casi perfecta, pero sobre todo, sincera. Rachel ya no se imaginaba una vida sin él. Sin embargo, a veces pensaba en su amiga Quinn y como siempre lo hacía, su corazón se rompía al recordar los viejos tiempos.

Rachel no quería pensar que le había quitado a Finn, pero en ocasiones, esas reflexiones salían de la nada transformadas en algo negativo, y Rachel no podía evitar quebrarse al repasarlas en su cabeza. Finn se había dado cuenta del problema y lo único que le quedó por hacer fue motivarla, pues viéndolo bien, Rachel no había hecho nada malo o malintencionado. Él tampoco, si se ponía a pensarlo. Ni siquiera Quinn. Solamente, no se habían hecho las cosas de una manera correcta, el tiempo no había sido el indicado, pero Rachel, en su afligida fe tenía la certeza de que los errores podían corregirse. Eso esperaba, más que otra cosa.

Ni Finn ni ella hablaban de Quinn, pero era obvio que de vez en cuando volvían a recordar el incidente. Rachel se preguntaba que era lo que había sucedido con ella. No la había visto desde aquel terrible día en el que no hubo gran comunicación, pues aun se encontraba conmocionada por la reciente pérdida de Hiram.

¿Se encontraría Quinn todavía molesta con ella? ¿Se vería tan diferente a como Rachel, con verdadero temor, se lo imaginaba?

El estar preguntándose por la rubia definitivamente tuvo su efecto ya que cuando Rachel se encontró algo ida mostrando su rostro sin pestañear en dirección a los comercios, un sonido proveniente de su teléfono la sobresaltó.

Un mensaje nuevo apareció en su bandeja de correo, y al ver el nombre del remitente, Rachel se detuvo.

¿Quinn le había mandado un correo electrónico? No podía creerlo, pero efectivamente, parecía que ella misma se había tomado el tiempo para hacerlo.

Extremadamente nerviosa y un poco insegura, Rachel se apresuró a abrirlo, y se sorprendió cuando vio fácilmente algunos párrafos en letras pequeñas que estaban organizados en lo que parecía ser una carta.

Lamentablemente, Rachel no tenía un trago a la mano con el cual pudiera prepararse, así que en su lugar, tragó saliva con lentitud, se echó atrás el cabello que le caía en los hombros, y se movió nerviosamente sobre su silla.

Finn aún no regresaba, y Rachel supuso que la fila en los helados era larga, pues aquellos eran los favoritos del sitio.

Quinn, que cuya relación con Rachel estaba sumergida en un mar de confusión gracias a el último encuentro que ambas habían tenido, le había escrito a la morena, y parecía haberlo hecho con dedicación.

Había documentos-probablemente fotografías-adjuntas también, pero Rachel estaba tan absorta en el hecho de que había recibido un mensaje de Quinn que apenas y prestó atención.

Finn aún no llegaba, y el corazón de Rachel comenzó a latir fuertemente al saber que aquello podía ser algo muy bueno, o de lo contrario, terriblemente malo.

¿Qué podía hacer? ¿Qué debería hacer?

De alguna manera, Quinn se había esforzado por escribirle, lo menos que ella podía hacer era leer y responder a lo que se le presentaba.

El tiempo pasaba, el correo estaba frente a ella, así que Rachel respiró profundamente e ignorando el pequeño nudo en su estómago, comenzó a leer…

¡Hola, Rachel! Tanto tiempo sin…saber de ti. Estoy segura de que te sorprenderás al ver y sobre todo leer este mensaje de mi parte, sin embargo, espero que no lo ignores y que tampoco te preocupes. He estado pensando lo suficiente y creo que mis palabras serán claras y bienintencionadas. Sé que…los problemas entre nosotras no han encontrado una solución, y probablemente nunca la encontrarán, pero lo cierto es que tantos años de amistad no son fáciles de olvidar. No comentaré nada acerca de Finn porque quiero reflexionar acerca de nosotras solamente, y sé que eso te puede dejar más tranquila. He estado visitando constantemente a Leroy, aunque le he pedido que no te dijera nada. Él me brinda esperanza en cuanto al futuro, y yo hago lo que puedo para ayudarlo a superar la ausencia de Hiram. Incluso, podrás sorprenderte de que Kurt y yo nos llevamos un poco mejor. No somos grandes amigos, y tampoco nos vemos a diario, pero al menos podemos tratarnos con cordialidad. Ahora viene justamente lo que me he estado muriendo por contarte desde que sucedió…

Puckerman…me pidió que me casara con él, y tuvimos una ceremonia muy modesta en el registro civil de Lima hace ya una semana. Quise decírtelo pero…todavía no estaba lista para volver a comunicarme contigo, y por eso lo siento. La verdad es que me hubiera encantado que estuvieras ahí. Nunca me imaginé que mi mejor amiga estaría ausente el día de mi boda, pero bueno…las cosas cambian, y tú y yo lo sabemos muy bien. Mi bebé nace en casi dos meses, y tengo el gusto de decirte que…espero a un niño. Todavía no he pensado en un buen nombre aunque Noah ya comenzó a buscar. Está entusiasmado, y tengo que admitirlo, Rachel, nunca había estado tan feliz. Noah es un buen hombre y…me trata como si fuera su todo. No me esperaba verdaderamente tener esta oportunidad después de los errores que había cometido, pero no puedo mentir, estoy en paz y creo que hasta he cambiado para bien. De verdad amo a Noah, Rachel, y creo que, a pesar de todo, lo que sucedió valió la pena pues ahora puedo estar con él. Sam y yo siempre fuimos amigos, y sabemos que aquella indiscreción fue algo inconsciente que nunca más se volverá a repetir. Ahora nos apoya a mi esposo y a mí. Para decir verdad, todavía no me puedo acostumbrar a llamar esposo a Puckerman pues suena muy extraño, pero estoy orgullosa de él y creo que tomé la decisión correcta.

Leroy dice que te encuentras bien en Nueva York, y no lo dudo para nada. Siempre has pertenecido ahí. Me alegra que…vuelvas a Broadway pronto, aunque Leroy me comentó que te tomarás otro descanso por el resto del año, y bueno, solo espero que la vida te trate bien. Tan bien como sorpresivamente me está tratando a mí. Te quiero, Rachel. Cuídate mucho.

P.D. Ya que no estuviste ahí, las fotografías de la boda vienen adjuntas. Espero que te gusten.

Rachel no sabía que se le habían escapado las lágrimas hasta que terminó de leer el mensaje y alzó la cabeza. Se limpió rápidamente, soltó un largo suspiro, y con el corazón siguiendo su curso frenético, se animó a contemplar las imágenes.

Abrió de una en una, y tuvo que sonreír cuando reconoció a Quinn en un sencillo vestido blanco, sonriendo feliz junto a Noah, que le estaba sujetando su pancita. Otras fotografías también mostraban a los recién casados mostrando su acta de matrimonio, y una más revelaba a Noah dándole un beso en la mejilla a su esposa.

Había un brillo muy especial en los ojos de la rubia que conmovió a Rachel de una manera muy pacífica. Su amiga era feliz, y ella…ella también.

¿Por qué tendría miedo de admitirlo?

Era más feliz de lo que jamás se hubiera imaginado.

Con una sonrisa en el rostro, buscó la opción para responder el mensaje, y después de escribir unas palabras, miró nuevamente hacia la plaza.

Estoy muy feliz por ti. De verdad te extraño. Yo también te quiero, Quinnie.

Quinnie. Siempre le había dicho así cuando eran pequeñas.

Definitivamente no eran- y tal vez tampoco serían-tan cercanas como antes, pero Rachel sabía que nada de lo que había pasado las podría alguna vez alejar de todos los buenos recuerdos.

Así de fuerte había sido su amistad, y lo que quedaba de ella…

Finn regresó un minuto después con los helados que había adquirido, y le pasó a Rachel el suyo mientras ésta apagaba su teléfono y lo guardaba.

Desgraciadamente, su distracción hizo que por accidente a la morena se le cayera su helado.

-¡Rayos!-se quejó, tratando de levantarlo.

-No, está bien, Rach, no lo hagas-le pidió Finn, tomando una de sus manos.

-No cabe duda de que si no eres tú, soy yo la que hace esto siempre que compramos helados en Manhattan-rió ella, recordando que no era la primera vez que esos accidentes les ocurrían.

Finn soltó una carcajada al recordar también, y de su bolsillo sacó un pañuelo para ayudar a su novia.

-Toma, puedes limpiarte con esto…

Rachel cogió la tela, dispuesta a utilizarla, y entonces sintió algo envuelto en ella.

-Finn… ¿volviste a deshacerte de tus gomas de mascar dejándolas en los pañuelos? Porque si lo hiciste, créeme que ya no es gracioso…

Finn se echó a reír…

-Puede ser goma de mascar…o puede ser otra cosa-admitió.

Rachel lo miró con suspicacia, e inmediatamente, retiró la cubierta del objeto.

La morena se quedó con la boca abierta, y estuvo a punto de tirar el pañuelo.

Lo que había estado envuelto en él… ¡era un anillo!

Un precioso anillo con un pequeño diamante incrustado que era difícil de ignorar.

¿Por qué había estado en el bolsillo de Finn? ¿Qué significaba?

Rachel no necesitó preguntar ya que en ese momento, su novio la sujetó de la mano y tomó el anillo para mostrarlo en el aire.

-Había estado esperando para pedírtelo, y debo admitir que no tenía ni idea de como iba a hacerlo, pero…así como llegó el momento para que tú y yo pudiéramos estar por fin juntos, así ha llegado el momento de hacer esto…

Rachel comenzó a hiperventilar…Finn se arrodilló frente a ella-aunque lejos de "pisar" el helado derramado, naturalmente-y sonriendo, miró a los ojos color chocolate del amor de su vida.

-Siete años, nena…Siete años desde la primera vez que te vi, y no creo que en un solo día desde entonces mi corazón haya dejado de latir por ti. A pesar de todo lo que pasamos, aquí estamos tú y yo, como la primera vez. Mi vida por fin tiene lo que necesitaba, por fin te tengo a ti, y como ya te lo he dicho muchas veces, ya no estoy dispuesto a perderte. Por eso, Rachel Barbra Berry…¿Me harías el honor de convertirte en mi esposa?

Aquella no había sido la primera vez que Finn había propuesto, era cierto, sin embargo, él no podía más que sentirlo así. Le estaba pidiendo matrimonio a la única y verdadera mujer con la que deseaba casarse, y su corazón no podía dejar de agitarse mientras esperaba respuesta…

Rachel aun no podía salir de su sorpresa.

Finn, el amor de su vida, le estaba pidiendo que se casara con él.

En algún otro momento, probablemente desistiría de la idea, pero Rachel ya no tenía miedo. Ella era de él, y él de ella.

Tantas cosas habían sucedido en lo que iba del año, pero así como el verano se había terminado, así también éstas se habían alejado. Su camino solo iba buscando y recolectando toda la felicidad que se merecía, sin olvidarse tampoco de hacer todo lo que estuviera en sus manos para que Finn la recibiera de igual manera.

El llanto se apareció de nuevo, pero era un llanto alegre, luminoso…

-Sí…-respondió, ignorando sus lágrimas y sonriéndole al castaño.

Finn se puso de pie y le entregó el anillo a Rachel, deslizándolo suavemente por su dedo. Sin esperar más, la tomó del mentón y la besó tiernamente en los labios, para después llenarla de besos por todo el rostro.

-Podemos hacer una boda muy pequeña, Rachel, de eso no debemos preocuparnos…

-Yo solamente quiero estar junto a ti toda la vida, Finn-comentó ella, sin dejar de sonreír-Lo demás no me importa tanto…

Complacido, Finn besó nuevamente a su ahora prometida, y envolvió sus brazos en su cintura, hundiendo su nariz en el centro de su cabeza, suspirando su aroma…

-Yo siento exactamente lo mismo, Rach…

Y sin nada más que decir, ambos se fundieron en un abrazo que pareció durar una eternidad, pero que definitivamente se extendió hasta que Rachel se dio cuenta de que el helado de Finn se había derretido.

-Mira lo que ha sucedido-señaló.

-Oh, por el amor de…

-¿Sabes algo?-interrumpió ella-Creo que deberíamos dejarlo así…

-¿Y que hacemos ahora?

Rachel suspiró.

-Hoy ha sido un día maravilloso-dijo, recordando el mensaje de Quinn, y desde luego, la hermosa propuesta que Finn le había hecho-Estoy feliz, estoy en paz, y estoy, además, ansiosa por descubrir todo lo que se viene en el futuro…

-Yo también, amor…

Rachel soltó una risita, y entrelazó su brazo con el del castaño, lista para ponerse en marcha.

-Entonces… ¿nos retiramos, prometido mío?

-Claro… ¿A dónde quieres ir?

-A un lugar en donde valga la pena celebrar…

Finn le dirigió una sonrisa traviesa.

-Vámonos al departamento, entonces…

-Oh Dios mío…

-Eso lo podemos dejar para después-decidió Finn-Tengo otro plan…

-¿Y cuál es?-inquirió Rachel, divertida.

-¡Recorramos Manhattan!-soltó él-Justo como en los viejos tiempos…

-Me parece una idea excelente…

-Esta vez sí me dejarás besarte, ¿cierto?

Rachel alzó una ceja, y siguiéndole el juego, le robó un rápido beso a Finn, que lo dejó más que contento.

-Vamos, tenemos que encontrar un taxi…-recordó ella, tomando sus pertenencias y de nuevo aferrándose a su prometido sin borrar para nada su sonrisa.

Finn se despidió de su modo juguetón, sin embargo, subiendo al taxi no pudo evitar hacerle unos cuantos comentarios a Rachel, que al final, solo la hicieron reír.

Ninguno de los dos podía quejarse. La vida los estaba recompensando muy bien, y no había duda de que continuaría así.

Donde había amor, había felicidad, y donde estaba uno de ellos, también estaba el otro.

Esa era su línea de vida, y Finn y Rachel no podían estar más encantados de seguirla.


Y ahora sí, hemos llegado al final definitivo de "Corazones Divididos". Espero que les haya gustado el epílogo y que me hagan saber su opinión, si es posible :) Muchas gracias por su respuesta, como saben, no hubiera podido continuar sin ella, y de verdad estoy muy feliz por haberlo hecho ;) Ahora me gustaría leerlas a ustedes, terminar de escribir el final fue emotivo y necesito que me hagan sonreír para animarme jaja :P

¡Gracias por leer, chicas! ¡Hasta la próxima!

Vale :)