Caramelo

Hattori Heiji, o "el segundo novato" como allí lo llamaban (apodo que ODIABA, porque significaba ir un puesto por detrás de su querido Kudo) contemplaba con ojos soñolientos el trabajo pendiente que le quedaba aún a aquellas alturas de la noche. Ante él se alzaba, cual rascacielos, una enorme montaña de informes por rellenar y casos resueltos por transcribir y desarrollar. Miró por quinta vez en dos minutos su reloj (seguían siendo las dos y media) y luego dejó caer su cabeza sobre la mesa, consiguiendo así que la torre de papeles se derrumbase y precipitase sobre él.

Tras resurgir de aquella avalancha, dejó escapar en el aire una maldición enojada e intentó ordenar los montones de carpetas y folios, tarea complicada si se tenía en cuenta que sobre la mesa además tenía mezclados recibos de almuerzos de esa semana, post-it con innumerables e importantes números de teléfono, unos cuantos documentos de la comisaría, dos revistas de meses anteriores de "Cómo decorar tu casa" (sí, tenía que leer aquellas cosas a escondidas, él y Kazuha hacía poco que se habían mudado a un nuevo apartamento en Tokio y todavía lo estaban amueblando), latas de bebida energética, envoltorios de chucherías y sobres con pruebas de delitos entre otras cosas. Mientras buscaba la manera de organizar todo aquello recayó en dos carpetas que no estaban por la labor de separarse, y no era para menos: cuando miró qué las unía descubrió que ella un caramelo derretido.

- Puag…

Pensó en despegar la desagradable golosina, pero le daba demasiado asco, así que eligió lo más fácil: dejar las carpetas en la mesa de al lado, la de Kudo. Con una maléfica sonrisa volvió a su desorden y descubrió, para su desgracia, que uno de los bolígrafos se había reventado y que ahora estaba manchando todos los papeles.

- ¡Mierda!

Agarró el boli y lo tiró en la papelera, dejándose las manos y las mangas de su camisa llenas de tinta. Tan cansado estaba que se masajeó las sienes y también dejó allí manchas azules sin darse cuenta. ¿En serio podía tener una noche peor?

- Te noto un poquito estresado –opinó una voz tremendamente familiar tras su oído.

Se volvió de golpe y se encontró cara a cara con su novia, que había aparecido allí por sorpresa.

- ¡¿Qué haces tú aquí?!

- Yo también me alegro de verte, cariño –farfulló ella, marcando con fuerza la última palabra.

- Q-quiero decir… ¡no me avisaste de que vendrías!

- ¿Acaso no puedo visitar a mi novio durante su noche de trabajo en la comisaría?

- Pues mira, precisamente hoy NO –dijo él dándose de nuevo la vuelta para continuar poniendo orden allí (mejor dicho, intentarlo).

- ¿Cómo? ¿Y eso?

- Tú misma lo has dicho: es mi noche de TRA-BA-JO. Me alegra mucho que hayas venido, pero hoy estoy demasiado ocupado, te lo aseguro.

Ella entrecerró los ojos para mirarlo mal y fue a dejar sobre la mesa una bolsa que había traído, pero básicamente no había hueco, así que optó por dejarla en la de al lado, que al menos estaba ordenada.

- Vaya, yo que pensaba que íbamos a poder estar un ratito juntos precisamente hoy que estabas aquí solo. No te he visto en todo el día… -dijo apenada- Además, traje chocolate caliente.

- De solo nada, esta noche a Kudo también le tocaba pasar informes, se les habían acumulado, aunque no tanto como a… -se giró para mirarla- ¿Trajiste chocolate?

Ella afirmó con la cabeza, señalando la bolsa. Hasta el deje de la voz cansada de Heiji había cambiado.

- ¡Estupendo! –la joven sonrió con ilusión- Entonces déjamelo ahí para bebérmelo más tarde. En fin, ¡hasta mañana, Kazu!

La chica bufó enojada.

- ¡Ni que fuera tu camarera! ¡Era para tomarlo juntos!

- Ah, vaya…

- ¿Cómo que "Ah, vaya…"? ¡No me gusta nada ese tonillo, así que ahora te quedas sin chocolate!

- Menuda manera de dar ánimos en el trabajo, mujer –refunfuñó, y siguió con lo suyo.

Kazuha se cruzó de brazos, ofuscada. Al final aquella agradable noche con Heiji se iba a ir al garete, algo que le daba rabia, y más teniendo en cuenta que, al menos en aquellos momentos, estaban los dos solos. Examinó su alrededor, a la vez que el completo silencio volvía a adueñarse de la quinta planta de la Comisaría Central de Tokio. La única luz que había provenía de la lámpara que estaba en el sitio de Heiji, por lo que el resto de mesas estaban sumidas casi por completo en una oscuridad un tanto fría e inquietante. Por otro lado envidió a su novio, en aquel lugar se respiraba mucha de aquella paz que la estresante ciudad solía robarles, al menos por el día. Seguro que allí se podía pensar con tranquilidad, siempre y cuando el trabajo no fuera una torre de carpetas y folios mal clasificados.

- ¿No dijiste que Kudo estaba por aquí? –preguntó.

- Así es, pero dijo que se iba a estirar las piernas un rato. Debe de estar merodeando por las otras plantas, aunque me da todavía que tardará en volver, suele hacerlo –tiró las latas en la basura-. El muy ahou lleva los informes adelantados.

"El ahou aquí serás tú, que no los has acabado" pensó ella.

- Sea como sea lo mejor será que tarde, así no me entretendrá. Siempre acabamos enredándonos a hablar y claro, luego se nos acumula todo el trabajo –de pronto chascó la lengua y la miró enojado-. ¿Pero qué hago yo hablado contigo? ¡Así no voy a acabar nunca! Deja de distraerme, ¿quieres?

- Has dicho que tardará –comentó ella como una autómata, ignorándolo completamente.

- ¿Quién? ¿Kudo? Sí, supongo –contestó Heiji, rebuscando entre las carpetas y abriéndolas una por una con ansiedad-. ¿Dónde demonios metería los datos sobre el caso de Kamioka?

- Entonces eso quiere decir… que tenemos un rato para nosotros solos.

- ¡Mierda, los dejé en casa! –lamentó dándose una palmada en la frente- ¿Y ahora qué hago? Así no podré redactar el… ¡K-Kazuha! ¿Pero qué haces?

La muchacha había comenzado a masajearle los hombros. Los apretó fuerte y él dio un alarido. La chica no era buena en aquello…

- Tranquiiilo, solo voy a relajarte un poco, nada más –respondió con inocencia.

- Ah… De acuerdo, bien –murmuró él, aún un poco extrañado e incluso con desconfianza. Levantó las revistas de decoración para buscar bajo ellas.

- ¿Y cuánto dices que te queda?

- ¡Ya te dije que mucho! -exclamó él comenzando a exasperarse- En serio, insistiendo así pareces una niña de seis años.

- ¿Ah, sí? –Kazuha sonrió socarrona y se inclinó un poco, hasta estar a la altura de su cabeza- ¿Y tú crees que una niña de seis años podría hacer esto?...

De pronto Heiji sintió como la seductora boca de su novia le mordía cariñosamente el lóbulo de la oreja. Además de cosquillas comenzó a tener un poco de calor.

- ¡O-oye!

- ¿O esto?... –sus labios descendieron lentamente para trasladarse hasta su cuello.

- ¡Espera! ¡N-no… no…! –sin saber cómo logró separarse de ella. Luego la contempló asombrado- ¡No pretenderás que nos enrollemos aquí, verdad!

No hacía falta ser un experto en comunicación no verbal para descifrar aquella expresión: ella había enarcado una ceja y sonreído, como si todo estuviera completamente claro.

- Ah no… -susurró él, temeroso- ¡Eso sí que no! ¡Aquí no, Kazuha!

- ¿Y por qué no?

- ¡Porque me gustaría salir de aquí antes de las nueve de la mañana, tengo mucho trabajo pendiente, y si no lo acabo pronto el inspector…!

Aún él dándole la espalda, la joven consiguió hacer descender sus manos por dentro de su camisa y acariciarle suavemente el pecho. Era tan escurridiza como una pastilla de jabón.

- Venga, necesitas despejarte un poco… –ronroneó ella.

- ¿¡Nani!?

- Y yo también, la verdad.

- ¡Alguien puede venir en cualquier momento!

- Y eso me da más morbo aún… -rió ella. Agarró la silla y le dio la vuelta, dejando al detective frente a frente.

- ¡A MI NO CUANDO ES KUDO EL QUE PUEDE LLEGAR!

- ¿Y acaso tú no estás siempre empeñado en darle envidia? ¿Qué mejor manera que esta? -se sentó sobre sus rodillas y empezó a desabrocharle los botones de la camisa lentamente- Va, no te hagas de rogar…

- ¡Que te he dicho que no, que nos pueden…! –pero el resto de las palabras se ahogaron cuando Kazuha lo calló con un largo y seductor beso.

"Muy bien, tanto anduvo hasta que la muy caprichosa lo consiguió…" pensó él, cada vez menos disgustado y más por la labor de ceder a "aquellos santos caprichos". Ella finalizó el beso y Heiji se concentró en observarla unos segundos, mientras ella continuaba centrada con la tarea de los botones: aquel día hacía frío en Tokio, por lo que Kazuha había ido hasta la comisaría vestida con una falda de pana marrón, unas botas altas, una camiseta y un abrigo verde botella. Recayó además en que estaba maquillada y en que se había soltado el pelo. ¿Acaso ella se había preparado tanto tan solo para ir a verlo? Visto así incluso le daba pena, era un feo dejarla con las ganas…

Negó con la cabeza, intentando de esta manera ahuyentar sus instintos más naturales y buscar dentro de él la parte con mayor aplomo que tenía. ¡No podría dejarse enredar! Él era un reconocido detective, valorado por su compostura ante situaciones extremas (, aquella también lo era), aplaudido por su sentido de fidelidad hacia cuerpo de la policía. ¿Cómo iba a ser capaz de mancillar su propio lugar de trabajo, cediendo allí mismo a aquellos deseos carnales? ¿Qué era de su responsabilidad, su compromiso, su entereza y… y…?

¿Y era cosa suya o Kazuha tenía las tetas más grandes desde que tomaba aquellas pastillas contra el embarazo?

- ¡Oh, al diablo!

De repente Heiji la agarró por la cintura y se levantó con ella enganchada para luego dejarla sobre la mesa. Hizo la silla a un lado de una patada. La chica parecía sorprendida:

- ¡He-Heiji, tus informes…!

- ¡Esta mesa tiene que servir para algo más aparte de para guardar porquería! –largó a la vez que hacía una barrida con el brazo y todo caía en el suelo con un estropicio.

Con las pulsaciones aceleradas e incluso con prisa la besó apasionadamente, mientras se empeñaba en ayudarla a quitarse el abrigo.

- Heiji… si lo desabrochas… será mejor –escuchó que le aconsejaba su novia, en medio del beso.

El muchacho maldijo el abrigo y se preguntó cómo era que le costaba tanto desabrochar dos botones de este, teniendo en cuenta que ella se había desasido de los tantos de su camisa sin él apenas haberse enterado. Al fin logró quitárselo y empezó a besarla en el cuello, sintiendo como ella le acariciaba el pelo.

De pronto un nombre que para él no era nada excitante atravesó su mente:

- ¡Kudo! ¡Ay!

Se llevó las manos a la cabeza, viendo cómo ella hacía lo mismo y se masajeaba la barbilla. Sin querer la había golpeado al separarse de repente.

- ¿Y ahora qué? –preguntó ella, molesta.

- ¡Kudo puede venir en cualquier momento!

Kazuha sonrió mordaz. Aquel comentario había sonado exactamente al típico que decían en las películas cuando, en medio de una escena similar a aquella, la esposa exclamaba en la cama, al escuchar abrirse la puerta de la entrada "¡Dios, mi marido acaba de llegar!". Normalmente la situación acababa con el amante semidesnudo, en los mejores de los casos, escondido en el armario o en el balcón.

- Hattori Heiji… -masculló ella, para nada conforme con cortar todo aquello de una manera tan patética.

- ¡No me mires así, por nada del mundo querría que este tío me viera en media faena!

- ¡Ay, por favor! –exclamó ella, perdiendo la paciencia.

Heiji pensó con rapidez (el momento realmente lo requería). Tenían que buscar otro lugar donde continuar, uno tranquilo, donde no hubiese riesgos de que los encontrasen ni… ¡Dios! ¡Ni se había acordado de que allí los estaban grabando los videos de vigilancia! Miró a Kazuha y tembló levemente ante su mirada impaciente y disgustada. Sí ella supiera que todo lo que acababan de hacer lo estaban viendo los vigilantes de la comisaría…

- ¿Qué te pasa ahora, por qué pones esa cara?

- ¡Ah! ¡P-por nada! –la agarró de la mano y la hizo bajar de la mesa- ¡Vamos, tenemos que largarnos de aquí!

- ¿Nani? ¿Hablas en serio?

Sin mediar más palabra la arrastró, la hizo esquivar el mobiliario de la oficina y correr hasta el pasillo de aquella planta, aún pensando a dónde ir.

- Dime un lugar, ¡rápido!

- ¿Y yo qué sé? –Kazuha reflexionó- ¿El baño?

- ¡Mujer, qué sexy! ¡Dime que todos tus sueños eróticos suceden allí, por favor! –ironizó él.

- ¿Se te ocurre otro lugar más íntimo, detective? –rechistó ella dolida.

Heiji se concentró mucho, tanto como para cuando intentaba resolver un complicadísimo crimen. ¡¿Pero por qué le costaba tanto encontrar un sitio decente?! Sin embargo, en plena desesperación y sin apenas esperarlo, la respuesta apareció sola en medio de su cabeza.

- Ya sé… ¡Ya sé, ya sé! –exclamó. Empezó a apretar muchas veces y con insistencia el botón del ascensor.

- ¿Dónde?

- ¡Cuánto tarda! –se quejó él, ignorándola por completo- ¡Ven, vayamos por las escaleras!

- ¡Ah, p-pero Heiji…! –vio como tiraba de nuevo de ella y las descendían. Enseguida entendió a dónde pretendía llevarla, cosa que no le gustó un pelo- Un momento… ¡Estamos yendo hacia el garaje!

- ¿No es estupendo? ¡Allí no hay ni un alma!

- ¿Y en serio te pone más que en los servicios? –preguntó ella escandalizada.

Kazuha prefirió no proponer otro lugar, no sólo porque tampoco se le ocurría uno mejor, sino más que nada porque veía a su novio un "pelín" desquiciado.

"Ni que te estuviesen grabando unas cámaras, ahou" pensó ella, mientras bajaba de tres en tres los peldaños por culpa del ritmo al que corría él. Sin embargo fue gracias a eso que llegaron antes al enorme garaje de la comisaría, donde se encontraban aparcados todos los coches de la policía que esa noche no estaban de servicio. Siguió en silencio a Heiji, que buscaba con avidez algún vehículo que no tuviera puesto los seguros. En poco tiempo dieron con uno, que casualmente estaba en la zona más discreta del garaje.

- ¡Al fin! –festejó. Miró a Kazuha- Bueno, esto va a ser algo nuevo, ¿eh?

La joven respondió con una sonrisa insinuante y él se dispuso a abrir. De pronto ella recayó en algo que la hizo relacionar cabos en una milésima de segundo: las ventanas del coche estaban un poco empañadas…

- ¡Ah, Heiji, NO ABRAS!

- ¿Cómo?

Pero fue demasiado tarde, la puerta ya estaba abierta del todo y había dejado al descubierto la comprometedora escena que dentro estaba sucediendo: en el asiento trasero del coche estaban nada más y nada menos que el reconocido detective Shinichi Kudo, semidesnudo al igual que su novia Ran, que justamente en aquel instante se encontraba bajo él en una postura que lo decía todo.

El silencio cayó sobre los cuatro como un gigantesco bloque de hielo, y ninguno de ellos fue capaz de reaccionar durante unos largos y tensos segundos, al cabo de los cuales sólo Shinichi se atrevió a decir algo:

- ¡JODER!

- ¡Nunca mejor dicho! –apoyó su amigo.

Y la puerta se cerró de un porrazo desde dentro.

- ¡Ya podían haberse molestado en bajar los seguros! –añadió Heiji, tan pálido como Kazuha. Se cruzó de brazos con una sonrisa temblorosa- Pues sí que llevaba adelantados los informes…

- Dios mío… -escuchó suspirar a su novia, que se daba la vuelta tapándose la cara abochornada, pero segurísimo que no tanto como los dos ocupantes del coche.

Unos minutos después, el tiempo justo como para que se adecentara mínimamente y se vistiera por completo, la pareja volvió a abrir y salió del vehículo. Estaban tan colorados que Kazuha temió que de un momento a otro se desmayaran en medio del garaje.

- R-Ran yo… nosotros… l-lo sentimos tanto… en serio… -balbuceó disculpándose a su amiga, a la vez que esta se alejaba más rápido de lo normal del coche de la discordia. Casi tenía que correr para alcanzarla.

- ¡Ah, Ran, espera! –le pidió Shinichi aún abrochándose la camisa y sin los zapatos puestos, que se detuvo al escuchar unas risitas a su lado.

El chico se giró para fulminar con la mirada a Heiji, que no dejaba de contemplarlo con una expresión que para nada le inspiraba amabilidad o confianza, más bien un inusual deseo de matar.

- Vaya, tío, ya veo que esta noche acabaste estirando otra cosa aparte de las piernas –se atrevió a comentar el moreno, que un segundo después recibió su respectivo puñetazo.


Nota de la autora:

Quién ha dicho que trabajar no es divertido?? xDDDDDD Ais, lo cierto es que no podía parar de reír mientras escribía las últimas palabras de este shot! Ojalá ustedes también lo disfrutaran como yo! Espero que el final al menos los... sorprendiera? xDDD En fin, hoy me despido rápido n.nU! Este shot se lo dedico a todos ustedes, sobre todo a los que siempre me dejan sus preciosos comentarios, muchas gracias, de verdad! Chaitus!