Beta: Druida
25. Amigos
…y menos mal que lo conseguimos —afirmó Pansy, terminando una larga y detallada explicación sobre todos los movimientos de la PLDM durante los seis meses de encarcelamiento—. Por que este idiota —señaló al chico junto a Draco— ya tenía armado todo un plan de fuga para sacarte de Azkaban. Vi lo planos y todo —añadió, un poco escandalizada.
Harry se deleitó con la sonrisa que Draco le dirigió en esos momentos y, por un instante, olvidó donde y con quién estaban así que simplemente agachó la cabeza y lo besó suavemente.
—Oh, por favor, no hagas eso —pidió la atormentada voz de su amigo Ron y se obligó a romper el beso y a lanzarle una mirada de advertencia—. Y tampoco me mires así. Estoy esforzándome por aceptarlo, ¿vale? —reprochó—. Solo para de comerle el morro al hurón en mi presencia.
Hermione y Pansy rieron con ganas ante el intento del pelirrojo de superar la incomodidad que sentía ante la homosexualidad, mientras que Blaise y Theo simplemente alzaron una ceja, sin acabar de entenderlo.
—¿Nos ayudas a sacarlo de Azkaban y no aguantas que se den un besito en tus narices? Pues menos mal que Draco está demasiado débil como para hacer otras cosas, Weasley.
—Cierra la boca, Zabini —exigió, tapándose los oídos con las manos de manera infantil—. No quiero saberlo.
Está vez las risas fueron de todos. Harry entrelazó una de sus manos con una del rubio, sin importarle lo tierno del gesto y que sus dos amigas sonrieran con suficiencia al verlo. La mirada atormentada de su mejor amigo fue lo único que le supo mal, aunque no demasiado.
En esos momentos aparecieron un par de los elfos domésticos de la Mansión, trayendo una nueva tetera y rellenado las bandejas vacías con galletas y dulces.
—¿Y bien, Harry? —preguntó Hermione, mordiéndose la lengua para no decir nada sobre los sirvientes—. ¿Ya has decidido que vas a hacer con tu futuro?
—A decir verdad, sí —sonrió—. Me presenté a las pruebas como buscador de varios equipos de Quiddicth. Dos de ellos están interesados en ficharme como titular.
—¡Eso es genial, compañero! —exclamó en seguida Ron, absolutamente feliz de que la conversación ya no girara en torno a él y sus problemillas con el tema gay.
—Pero… Potter… ¡Todo el mundo mágico espera que seas auror! —soltó Pansy, alucinada, como sus otros compañeros de Slytherin—. Tú mismo dejaste caer durante las entrevistas que no entrabas en la Academia por que no estabas de acuerdo con el Wizengamot, pero la ministra ya se ha puesto en marcha y ha colocado las pruebas psicológicas adecuadas para asegurase que cualquier idiota que obtenga un puesto en el tribunal no lo hace por rencor ni por ansias de venganza
—Me alegro por ello —aseguró, tranquilamente—. Pero nunca dije que entraría a trabajar para el Ministerio después de que lo hiciera. Y creo que ya he tenido suficientes aventuras para llenar una o dos vidas más —sonrió nuevamente—. Quiero dedicarme a algo que me guste y no a lo que todo el mundo espera que haga. No pienso pasarme la vida detrás de nada que no sea una snitch.
—Eh… Has pensado…—Hermione pareció necesitar unos momentos para formular la pregunta, como si no supiera como decirlo exactamente—. ¿Has pensado que quizás solo te han cogido por que eres Harry Potter?
—Oh, pero es que el que se presentó a las pruebas era un tal Louise Evans, Hermione. Y no se parecía en nada a Harry Potter, te lo aseguro —le guiñó un ojo—. Usé la multijugos con el permiso del nuevo jefazo del departamento de aurores, Kingsley Shackebolt. Y cuando entregué la solicitud lancé un hechizo sobre el pergamino, de forma que mi verdadero nombre solo se rebelaría si aceptaban al candidato.
La chica calló, impresionada por la astucia de su amigo. Los demás también lo miraban asombrados, menos Theo, que había pasado poco tiempo con él y prefirió volverse hacía Draco.
—¿Y tú has pensado en algo? —preguntó y luego añadió con malicia—. ¿O has estado demasiado ocupado con Potter esta última semana?
—No seas idiota —advirtió, sin enfadarse realmente—.Escribí una carta a McGonagall y voy a presentarme de forma extraordinaria a los E.X.T.A.S.I.S. —hizo una pausa para tomar aire, aun tenía la garganta irritada por el intento de asfixia y era molesto—. Ella misma me evaluará de todas las asignaturas cuando esté bien del todo. Y para tu información…—lo miró de mala manera—. Harry ha estado ayudándome a prepararme.
—¿Para cuando estarás totalmente recuperado? —quiso saber Blaise, interesado. Draco ya no tenía ojeras y su tez había recuperado algo de color. Su cabello estaba sano y limpio, recogido en una coleta. Lo único era que seguía muy delgado.
—Dentro de una semana mis fuerzas volverán a lo que eran antes —miró al moreno a su lado de forma depredadora—. Llevará un poco más recuperar todo mi peso, ya que no engordo con facilidad.
—No te atrevas a quejarte por eso —murmuró Pansy bastante cabreada.
—Yo no tengo la culpa de que alguien esté a dieta, querida —le respondió el rubio, sonriendo y tomando una galleta recubierta de fresa en las mismas narices de la chica y dándole un mordisco—. Deliciosa. ¿Quieres una, Pansy?
Ella lo ignoró y miró a Harry acusadoramente. Este tuvo la vergüenza de sentirse un poco culpable. Draco había estado incordiándola desde que la delató "en un descuido" como la causante de su aparición en la Mansión Malfoy.
Afortunadamente, la llegada de Narcissa anunciando que era el momento de que el rubio durmiera sus tres horas de siesta por recomendación del medimago lo salvó de tener que disculparse nuevamente.
La señora de la casa se marchó apenas los amigos de su hijo comenzaron a despedirse y regresar a sus hogares por la red flú.
Cuando le tocó el turno de irse a Harry, se quedó mirando al rubio, interrogante. Malfoy pareció dudar un segundo y luego, en lugar de soltar su mano, se acercó y le dio un ligero beso en lo labios.
Subieron juntos a la habitación y Harry se quitó la camisa que llevaba, dejando su pecho al descubierto mientras que, de espaldas a él, Draco se ponía el pijama.
Esa era una regla no escrita entre ellos: no mirarse en esos momentos. El rubio no estaba orgulloso de su cuerpo y le había pedido que respetara su privacidad hasta estar lo suficientemente recuperado. El Gryffindor había accedido sin discutir, poco dispuesto a causarle ningún tipo de incomodidad.
Una vez estuvieron listos, se metieron en la cama y Draco se acurrucó contra el moreno, mientras este estiraba un brazo para coger una poción para dormir sin sueños de la mesita de noche y pasársela.
Apenas dos minutos después de bebérsela, el rubio yacía dormido, atrapado entre los brazos de Harry.
Y si por él fuera, nunca saldría de ellos.
Continuará…
