Mejores Amigos

By Peace Ctrl

Capítulo Veinticinco: Dolor II


Kakashi no era del tipo de persona que se pusiese sentimental a menudo, y creía que ver morir a sus compañeros frente a él, y por su culpa, tenía algo que ver con el asunto.

La muerte no era algo desconocido para un shinobi a sus veintiocho años. Había visto a camaradas perecer en el campo de batalla, y había asesinado con sus propias manos sin misericordia, y su entrenamiento le había enseñado, en parte, a no sentir culpa por ello. Los padres de Sakura eran conocidos de él, "cuida de mi pequeña Sakura-chan o te mato," le había dicho una vez Kaito, y él había sonreído debajo de su máscara y asentido. Pero no eran cercanos, para nada. Quizás una o dos misiones con Kaito, y si había tenido alguna con Hana mientras estaba en ANBU, la verdad es que no lo recordaba. Su muerte en sí no era la gran cosa para él, y no tenía ningún problema en admitirlo.

El problema era Sakura.

Ella era su alumna, desde el momento en el que esos tres genins inexpertos fueron elegidos por él mismo luego de la prueba de los cascabeles. Sí, había huído de la aldea y traicionado su confianza, pero la sonrisa inocente que le dio cuando volvió le hizo recapacitar.

Kakashi siempre creyó que una simple etiqueta roja sobre el legajo de un shinobi bastaba para que se ganase su desprecio. Traidor. Pero cuando sus dos alumnos partieron, se dio cuenta de que todo era mucho más complicado de eso. Sakura había estado ausente por tres años, y aún así, se las había arreglado para hacerlos parecer unos pocos minutos al poco tiempo de haber vuelto. Y cuando escuchó sus razones, bueno, Kakashi se convenció de que efectivamente, no todo era tan estricto y que la pequeña pelirrosa tenía sus razones.

Fue por eso que cuando Tsunade se lo comunicó luego del entrenamiento con Sasuke y Naruto esa misma mañana, sintió inmediatamente que estaba mal. Porque Sakura había sacrificado tanto (y Kakashi sabía lo que era el sacrificio) y cualquiera esperaría obtener algo a cambio, pero definitivamente no esto.

Cerró los ojos e inspiró profundo, intentando ignorar los gritos desaforados de Naruto, y meneando la cabeza mentalmente antes de que comenzara a doler; el ninja copia no estaba acostumbrado a pensar tanto y para empezar, tampoco estaba acostumbrado a estar ligado a una persona tan profundamente, al menos no desde los tiempos de Minato-sensei y Rin y Obito –pero ese no era el punto. Quizás sus alumnos lo habían ablandado.

Suspiró cansinamente y guardó perezosamente la kunai que giraba entre sus dedos en su bolsillo, y abrió su ojo visible para encontrarse con el rostro enrojecido de Naruto, gritos ensordecedores y el rostro pálido de Sasuke, sus ojos ligeramente ensanchados, llenos de algo que no podía identificar, y su boca sellada en una fina línea.

-¡…dime donde está, Kakashi-sensei, porque voy a revolver cielo y tierra hasta encontrarla!

Inspiró de nuevo, ganando coraje para poder romper el corazón de Naruto, porque no podía ayudar a su amiga. Al menos no por ahora.

-...No lo sé, -respondió sinceramente, encogiéndose de hombros casualmente-. Tsunade-sama ha de habérselo dicho más o menos al mismo tiempo que yo se los dije a ustedes.

Las palabras repentinas del jounnin hicieron callar a Naruto por unos segundos, y luego-

-¿¡QUÉ!?

-Lo que oíste Naruto, -repitió, resistiendo las ganas de rodar los ojos porque la situación demandaba respeto y profesionalidad-, no sé donde está porque-

-No, no, no, -dijo meneando la cabeza, recuperando un poco de su tranquilidad, quizás porque ahora estaba seguro de que tenía toda la atención de Kakashi-, ¿cómo que Baa-chan se lo dijo? ¡Apenas la conoce!

Se puso una mano sobre la frente y bufó, caminando un pequeño círculo, mirando al cielo, desolado. Kakashi lo observó en silencio. A veces costaba darse cuenta lo mucho que el problemático y ruidoso rubio había madurado. Ladeó la cabeza y volteó su vista a Sasuke, la palidez ya era insana y miraba a un punto perdido detrás de su hombro.

-…Sakura-chan va a estar destruida, -murmuraba Naruto-.

Perdido, decidió sentarse en el césped, sin importarle el suelo embarrado y doblando las rodillas, enterró la cabeza entre ellas.

Kakashi no podía decir que estaba sorprendido cuando pronto comenzó a ver los hombros del rubio comenzar a convulsionarse por el llanto, aunque Naruto no dejaba salir los sollozos en voz alta. Quizás las órdenes de Tsunade eran un error, quizás deberían dejarlos estar juntos, porque a Sakura le haría bien saber que Naruto se preocupa por ella y que llora por ella y que no está sola, pero órdenes eran órdenes.

Que las cosas sigan su rumbo.

-Sasuke, -llamó Naruto, y Kakashi volvió a mirar al chico-, tienes que hablar con ella. Tenemos que hablar con ella, ¿comprendes?

Pero Sasuke no parecía estar en el mismo mundo que los otros dos. Ni en el mismo universo, siquiera.

Y luego, Sasuke había desenfundado Kusanagi, y había extendido la mano hacia Kakashi, y al segundo siguiente, Naruto estaba parado frente a su sensei, con el ceño fruncido. El jounin lo había visto venir, por supuesto, pero no se le pasó por alto el largo, largo metro que separaba el filo de la katana de su cuello; así que no se molestó en moverse.

-Bastardo, -dijo Naruto, su voz seria, intentando traer a Sasuke de vuelta a la realidad-, ¿Qué crées que estás haciendo?

-Kakashi, -le ignoró-, dime dónde está.

-No lo sé, ya te lo dije, -dijo aún más seriamente-. ¿Por qué te lo olcultaría, Sasuke? Además, probablemente quiera estar sola.

Sakura nunca quiere estar sola, le quiso responder, de muy mala manera, porque sabía que así era, pero se contuvo. Regresó la katana a su lugar y se alejó caminando, aparentando calma y serenidad. Naruto se apartó de Kakashi y lo miró con curiosidad. Luego de unos pocos pasos, bajo la lluvia, la figura de Sasuke desapareció en un borrón.

-Kakashi-sensei…

El aludido miró a Naruto de nuevo, que estaba dándole la espalda. De pronto, la cabeza del rubio se giró hacia atrás, sonriendo ampliamente en una sonrisa que, Kakashi sabía, era falsa. Al menos estaba haciendo su mejor esfuerzo.

-…te invito un ramen, -terminó-.

Kakashi sonrió levemente debajo de su máscara. Efectivamente, Naruto había madurado muchísimo.


Sasuke había vagado por las calles de Konoha por horas. No había ni un alma, llovía a cántaros y ya no se molestaba en buscar toldos o techos para cubrirse un poco, sino que caminaba perdido por el medio de la calle.

Cuando pasó por el frente de ramen Ichiraku, estaba seguro de que Naruto y Kakashi estaban allí, e hizo una mueca. El rubio no lo descubriría, por supuesto, cuando comía lo único que importaba era que el viejo le regalase otro tazón y que le pusieran suficiente puerco; pero sabía que Kakashi sí lo había detectado. Extrañamente, lo dejaron pasar, y sus labios se curvaron hacia arriba en una sonrisa arrogante.

Había recorrido absolutamente todo. Sólo luego de unas, ¿cuántas eran?, cuatro horas y media caminando sin rumbo, se hizo a la idea de que si Sakura no quería ser encontrada, no iba a ser encontrada, y punto. Se dio cuenta de que estaba comportándose como un imbécil.

Después de todo, si la encontraba, ¿qué haría? No era como si tuviese mucho para decir. Quizás lo mejor era dejarla sola.

Quizás ella lo estaba evitando a él, porque su sola persona la deprimiría aún más. Que así sea, pensó entonces, pues la verdad era que no podía ayudarla, no mucho.

Así que, con un sentimiento de pesadez en el pecho, caminó lentamente hacia los condominios Uchiha, atento a cualquier tono de rosa que se le cruzase por su camino. Caminaba tan lento que le tomó cuarenta minutos llegar, pero no era como si tuviese mucho que hacer después de todo. Se convenció de que si Sakura le necesitaba –cosa que era muy improbable, porque en serio, ¿quién necesita para animarse a un Uchiha?-, sabría dónde encontrarlo.

Intentó no pensar en que quizás la pelirrosa sí lo había ido a buscar y él no estaba allí. Tragó saliva, nervioso. El que estuviese diluviando no lo ayudaba a tranquilizarse precisamente, y para su pesar, no podía hacer más que esperar. O desesperarse, pero eso ya era demasiado para cualquier Uchiha.

A medida que se acercaba a la mansión principal, se sentía más y más decepcionado de no poder sentir su chakra. No que lo fuese a demostrar, claro. Sus ojos seguían enfocados y sus labios cerrados en una inexpresiva línea. Deslizó hacia un costado la puerta principal y se desnudó allí mismo, en el hall, porque sería una lástima arruinar todo el piso de madera.

Al cabo de media hora, se dio cuenta que debió de haber actuado como una máquina en piloto automático, porque se encontró a sí mismo sentado junto a una enorme ventana de vidrio en la planta baja, observando la lluvia caer, pero estaba duchado, comiendo un tomate como si fuese una manzana y la temperatura corporal que la lluvia y el viento frío le habían quitado había vuelto a su cuerpo. Ni siquiera recordaba haber encendido la ducha, o haber tomado aquel tomate.

Sus agudos ojos detectaron que el cielo se oscurecía, se oscurecía y no iba a detenerse. Entrecerró los párpados, esto definitivamente no estaba bien.


La noche había caído con toda su fuerza sobre la aldea. El viento se había intensificado, y la lluvia no parecía querer aflojar. La mente de la pelirrosa había calculado que eran alrededor de las dos de la mañana, pero sus piernas no respondían, sus brazos no respondían, y su corazón pesaba demasiado como para siquiera moverse.

Apenas escuchó esas palabras de la boca de Tsunade-

muertos, muertos, muertos,

-había corrido, corrido como nunca lo había hecho antes, ocultando su chakra automáticamente y escondiéndose en el bosque de uno de los campos de entrenamiento más alejados de la villa.

Ni siquiera sabía por qué dolía tanto. No los había visto en tres años. Apenas había pensado en ellos durante su viaje, es decir, al principio prácticamente todos los días, pero luego se fue olvidando de ellos.

Y entonces recordaba. Por qué dolía. Porque era una perra despiadada, traidora, que había olvidado a sus padres (las personas que le dieron la vida) para ganar poder. Pensó, atragantada en angustia, todo el dolor que debieron haber atravesado cuando se fue de la aldea.

Daría lo que fuera por una foto, una grabación, algo que la ayudase a recordar el calor de una familia. Pero todo se había ido con ellos, todo estaba quemado y hecho cenizas, y la espontaneidad de esa noche en la que se fue no le había dejado llevarse algo con ella. Y comprendió que, quizás, ahora era su turno de pagar por todo el daño que había hecho.

No era inocente. Había inflingido dolor en tantas personas que ahora finalmente entendía que era prácticamente imposible que se saliese con la suya.

Podía sentir su corazón rasgarse. O sus pulmones. Jadeaba por aire, apretaba los puños tan fuerte que ya estaban todos ensangrentados, y hasta derribó uno o dos árboles. Tenía un dolor de cabeza venido del infierno por tanto llorar. Es lo justo, es lo justo, se repetía cada tanto. Sólo tenía que soportarlo un par de horas más, eventualmente el dolor pasaría y luego todo estaría bien.

Sólo deseaba poder tener a su madre o padre a su lado, abrazándola, asegurándole que todo estaría bien. Porque a estas alturas, ya no estaba tan segura; y cuando se daba cuenta de que ello no era posible, intentaba imaginárselos a su lado, y cuando se daba cuenta de que tampoco era posible, porque los había olvidado, el ciclo comenzaba de vuelta.


El estruendo que acompañaba a un relámpago hizo que abriese los ojos.

Esto era el colmo. Hacía alrededor de tres horas que estaba intentando dormir. La estúpida tormenta definitivamente no ayudaba. El hecho de que Sakura esté ahí afuera y sin dar noticias tampoco. Maldijo en voz baja y dio otro vuelco en su vieja cama, apretando los ojos con fuerza.


Finalmente, Sakura había llegado a una conclusión.

Estar sola en el bosque llorando hasta morir no iba a traer a sus padres de vuelta a la vida, no iba a reparar sus errores y definitivamente no la estaba haciendo sentir mejor. Además, estaba mojada y se estaba congelando, los dientes tiritaban y tenía sed.

Se preguntó como se las arreglaba para pensar tanto, con su cabeza latiendo como si fuese a explotar.

Por los siguientes quince minutos pensó hacia dónde ir, pues ya no tenía casa, e ir al hospital o a la casa de Naruto sería demasiado incómodo. La única persona que se le venía a la cabeza era Sasuke, y no era menos incómodo que las otras opciones.

Sin embargo, él tenía la casa más grande, y había sido su amigo por tres años –no se habían separado en tres años- así que decidió dejar de pensar demasiado porque su cabeza ya dolía lo suficiente, se puso de pie débilmente y comenzó a caminar, con los ojos perdidos, hacia la mansión Uchiha.


Cuando escuchó un golpe suave en la puerta principal, y Sasuke juró por su difunta familia –algo que no hace muy a menudo- que quienquiera que se atreviese a tocar a su puerta a las dos y media de la mañana iba a morir instantáneamente. Más aún, si ese alguien era Naruto o Kakashi con alguna de sus estupideces, se tomaría el trabajo de torturarlos primero. Esto era una blasfemia.

Decidió entonces que no iba a bajar las escaleras y abrir la puerta. No valía la pena. Estaba lloviendo como el infierno, eran altas horas de la madrugada y lo que sea que quiera quienquiera que estuviese tocando la puerta seguramente no sería lo suficientemente importante como para mojarse y morirse de frío esperando afuera. En cualquier caso, podía argumentar que estaba durmiendo.

Sólo por curiosidad –porque si era Naruto, no iba a esquivar la oportunidad de machacarlo-, agudizó sus sentidos para sensar el chakra –sí es que tenía y no era un civil- e intentar averiguar quién era. Sólo para saber.

Inspiró hondo, cansado de no poder dormir, hasta que sensó su chakra.

La energía que siempre estaba activa, despierta y vivaz; ahora estaba débil y apenas la podía sentir resplandecer. Abrió los ojos de golpe y en un santiamén estaba bajando las escaleras, sin importarle el hecho de que sólo estaba vestido con bóxers, y abrió la puerta rápidamente. No la estaba esperando, claro –de nuevo: ¿quién querría a un Uchiha (orgullosos, fríos y bastardos) para buscar consuelo? Pero, sin embargo, estaba aliviado de saber que estaba bien.

Bien en el sentido de que no estaba siendo comida por ningún buitre. Porque sabía que la palabra bien estaba muy lejos de describir a la pelirrosa.

Cuando vio las ojeras, los ojos hinchados y rojos, sus labios azules por el frío y su ropa totalmente empapada por la lluvia, goteando porque evidentemente ya ni se preocupaba por cubrirse; no pudo evitar fruncir el ceño.

Sakura miraba hacia el piso. En el camino a la mansión, cada vez se arrepentía más y más de su decisión de ir a ver a Sasuke. No era un perrito mojado y no quería dar lástima, y tampoco quería incomodar a Sasuke. No quería recordarle su propia familia, y en parte esa había sido una de las razones por las cuales lo había estado evitando hasta ahora.

Levantó la cabeza un poco y cuando enfrentó a sus ojos, fríos, con el ceño fruncido pero con un brillo que no lograba entender, se convenció del todo de que había sido una mala, muy mala idea. Se mordió el labio, nerviosa, y miró hacia un costado, las manos en su espalda.

-U-uhm… Lo siento, Sasuke-kun- no debí haber venido, en serio… -hizo una pausa y miró hacia atrás-. Cr-creo que iré al hospital al pasar el resto de la noche –bueno, lo que q-queda de ella… Siento mucho despertarte, ya me voy.

Incapaz de dar la cara, se dio la vuelta y se dispuso a caminar en dirección a la zona céntrica de la aldea, donde estaba el hospital.

El joven Uchiha se preguntaba cuántas estupideces por segundo era capaz de decir la pelirrosa. No era un monstruo como para dejarla sola, mojada, y con el corazón roto para vagar por las calles a las dos de la mañana. Le debía tanto –su vida, más de una vez-, y habían compartido tres años de entrenamiento. Lo menos que podía hacer era ayudarla. Al menos por esta vez.

También se preguntó de dónde había salido el kun, el sufijo en el que tanto había insistido cuando eran más jóvenes. Se dio cuenta que se había perdido gradualmente con el correr de los años, y que no se había dado cuenta de ello. Volver a escuchar su nombre así salir de sus labios era más reconfortante de lo que había imaginado podría llegar a ser.

Pensando en ello, no dudó en tomarla de la muñeca firmemente, antes de que la kunoichi tuviese tiempo de volver a meterse en la lluvia. Sakura se dio la vuelta, mirándolo confundida, y Sasuke negó con la cabeza ligeramente, invitándola a pasar.

Ella ensanchó los ojos un instante, luego los cerró y sus labios se curvaron hacia abajo, y entonces la fachada comenzó a resquebrajarse. Sakura meneó la cabeza, intentando no llorar, y se lanzó a los brazos de Sasuke, envolviéndolo por la cintura y enterrando su cabeza en su pecho desnudo.

Él sólo hizo una mueca al sentir la fría piel de la chica rozar la suya, y su cabello empapado mojarle. Se quedó quieto unos instantes y luego la espalda y los hombros de Sakura comenzaron a convulsionar, y él empezó a sentir gotas tibias caer en su pecho, y se dio cuenta de que estaba llorando de nuevo. Pasó un brazo cuidadoso por alrededor de su cintura y apoyó su mentón encima de la coronilla rosa de Sakura.

No era del tipo que consolaba a las personas. Pero escucharla llorar y sentir sus mejillas mojadas con lágrimas tibias –aparte de la lluvia-, sí, supuso que eso lo ablandaba un poco. Casi no reconoció sus voz decir aquellas palabras.

-Lo siento, -susurró suavemente-, lo siento mucho, Sakura.

No era lo mejor para ella, lo sabía. Pero era lo único que podía darle.

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+[Author's Note]+

¡Perdón! Me pareció un buen lugar para cortar el capítulo. Iba a quedar demasiado largo D: Me gustó como quedó el capítulo, espero que opinen lo mismo, aunque no estoy del todo conforme. Then again, ¿cuándo lo estoy? Muchas muchas gracias por leer :3 ¡De verdad que son de mucha ayuda! No sé que haría sin ustedes. En serio.

¡Buenas noticias! Ya tengo una nueva idea para un nuevo fic. Sasusaku, obvio, sweethearts. Estoy puliendo el argumento. Ojalá que llegue a terminar Mejores Amigos antes de empezar a publicar el otro, así no tengo tanto trabajo :3 Me tenía un poco preocupada quedarme sin nada para escribir D: Es como una especie de terapia para mí. En parte, también es por eso que actualizo tan rápido, haha.

En fin. Gracias por leer, de nuevo. Y por sus adorables comentarios. También quiero agradecer a toda la gente que sigue la historia desde hace mucho tiempo, y que empieza a dejar sus reviews ahora. ¡La verdad es que nunca pensé que este fic llegase a tener tanto éxito! Y es todo gracias a ustedes, graaaacias :3

+480 reviews! Ailú loves youuu.

+[Peace Ctrl]+
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