Descargo de responsabilidad: Glee no me pertenece y tampoco me pertenece esta historia.
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Capítulo 24
Sábado, 27 de Octubre del 2012, 11:20 PM
El recuerdo es tan vívido, no tengo idea de por qué es sólo ahora que viene a mí. ¿Cómo pude ver su tatuaje día tras día y oírle decir Hope y la forma en que hablaba de Les, y sin embargo, todavía no recordar? Me inclino por encima del asiento y agarro su brazo, después, tiro hacia arriba de la manga. Sé que está ahí. Sé lo que dice. Pero esta es la primera vez que lo estoy viendo, sabiendo lo que realmente significa.
— ¿Por qué te lo hiciste? —Antes me lo había dicho, pero me gustaría saber la verdadera razón ahora. Desvía su mirada de la carretera y mira hacia mí.
—Te lo dije. Es un recordatorio de la gente que he defraudado en mi vida.
Cierro los ojos y vuelvo a caer en mi asiento, moviendo la cabeza. Ella dijo que no diría respuestas vagas, pero no puedo pensar en una explicación más vaga que la que me sigue dando sobre su tatuaje. ¿Cómo podía haberme decepcionado? El hecho de que crea que de alguna manera me ha defraudado a esa edad tan joven no tiene sentido. Y el hecho de que se sienta lo suficientemente arrepentida de ello para convertirlo en algún críptico tatuaje realmente está más allá de cualquier conjetura que podría desentrañar en este punto. No sé qué más puedo decir o hacer para que me lleve a casa. No respondió a ninguna de mis preguntas, y ahora de nuevo está jugando sus juegos mentales al darme crípticas-no respuestas. Sólo quiero ir a casa.
Detiene el auto y espero que le dé la vuelta. En cambio, apaga el encendido y abre la puerta. Miro por la ventana y reconozco que estamos en el aeropuerto de nuevo. Estoy molesta. No quería venir aquí y verla mirar las estrellas otra vez mientras piensa. Quiero respuestas o quiero ir a casa.
Golpeo la puerta y de mala gana la sigo a la cerca, esperando que si la aplaco esta última vez obtendré una rápida explicación de ella. Me ayuda a escalar la valla de nuevo y ambas caminamos de regreso a nuestros lugares en la pista y nos acostamos.
Miro hacia arriba con la esperanza de detectar una estrella fugaz. Me vendría bien un deseo o dos ahora mismo. Me gustaría poder volver a hace dos meses y nunca poner un pie en la tienda ese día.
— ¿Estás lista para respuestas? —dice.
Vuelvo la cabeza hacia la suya. —Estoy lista si en realidad estás pensando en ser honesta esta vez.
Me enfrenta, y después se levanta en su brazo y gira de costado, mirándome. Hace lo suyo de nuevo, en silencio, mirándome fijamente. Es más oscuro de lo que era cuando estuvimos aquí la última vez, así que es difícil distinguir la expresión de su rostro. Puedo decir que es triste, sin embargo.
Sus ojos no han podido ocultar la tristeza. Se inclina hacia delante y levanta la mano, llevándola a mi mejilla. —Necesito besarte.
Estuve a punto de estallar en carcajadas, pero me temo que si lo hago será del tipo maníaco y eso me aterra, porque ya asumí que me estoy volviendo loca. Niego con la cabeza, sorprendida de que incluso pueda pensar que la dejaría besarme ahora mismo. No después de descubrir que ha estado mintiendo durante dos meses enteros.
—No —le digo con fuerza. Mantiene su cara cerca de la mía y su mano en mi mejilla. No me gusta que a pesar de que hasta la última gota de ira en mí es el resultado de su engaño, mi cuerpo sigue respondiendo a sus caricias. Es una batalla interna extraña cuando no puedo decidir si perforarle la boca, o probarla.
—Necesito besarte —dice de nuevo, esta vez una súplica desesperada—. Por favor, Rach. Tengo miedo de que después de que te diga lo que voy a decirte... nunca vaya a llegar a besarte otra vez. —Se acerca a mí y me acaricia la mejilla con el pulgar, sin apartar sus ojos de los míos—. Por favor.
Asiento ligeramente, sin saber por qué mi debilidad está consiguiendo lo mejor de mí. Baja la boca a la mía y me besa. Cierro los ojos y le permito entrar, porque una gran parte de mí está tan asustada de que esta sea la última vez que vaya a sentir su boca contra la mía. Tengo miedo de que sea la última vez que sentiré algo, porque ella es la única con la que he querido sentir algo.
Se acomoda hasta estar de rodillas, sujetando mi rostro con una mano y sujetando el lado de mi cabeza con la otra. Levanto la mano y la muevo a través de su cabello, tirando de ella hacia mi boca con más urgencia. Degustándola y sintiendo su respiración a medida que se mezcla con la mía momentáneamente tomando todo lo de esta noche y encerrándolo lejos. En este momento, estoy concentrada en ella y mi corazón, y cómo se está hinchando y rompiendo todo al mismo tiempo. La idea de que, lo que siento por ella ni siquiera sea justificado o verdadero me está haciendo daño. Me dolía todo. En mi cabeza, en mi interior, en mi pecho, en mi corazón, en mi alma. Antes, sentía como si sus besos pudiesen curarme. Ahora, su beso se siente como que está creando una angustia muy dentro de mí.
Ella puede sentir mi derrota venciéndome mientras los sollozos empiezan a llegar de mi garganta. Mueve sus labios de mi mejilla, a mi oído. —Lo siento mucho —dice, sosteniéndome—. Nena, lo siento mucho. No quería que lo supieras.
Cierro los ojos y la empujo lejos de mí, y luego me siento y tomo una respiración profunda. Me seco las lágrimas con el dorso de la mano y subo las piernas en alto, abrazándome con fuerza. Entierro mi cara en mis rodillas, así no tengo que mirarla de nuevo.
—Sólo quiero que hables, Quinn. Te pregunté todo lo que podía preguntarte en el camino. Necesito que me contestes ahora, así puedo ir a casa. —Mi voz es derrotada.
Su mano se mueve a la parte posterior de mi cabeza y arrastra los dedos por mi cabello, una y otra vez mientras piensa en una respuesta. Se aclara la garganta. —No estaba segura de sí eras Hope la primera vez que te vi. Estaba tan acostumbrada a verla en cada extraña de nuestra edad, había renunciado a tratar de encontrarla hace unos años. Pero cuando te vi en la tienda y me miraste a los ojos... Tenía la sensación de que realmente eras ella. Cuando me mostraste tu identificación y me di cuenta de que no eras, me sentí ridícula. Era como el llamado de atención que necesitaba para finalmente dejar marchar su recuerdo.
Deja de hablar y pasa la mano lentamente por mi cabello, descansándola en mi espalda, pero trazando círculos ligeros con el dedo. Quiero empujar su mano, pero la quiero justo donde está aún más.
—Vivimos al lado tuyo y de tu padre durante un año. Tú y yo y Les... todas éramos mejores amigas. Es tan difícil recordar las caras de hace mucho tiempo, sin embargo. Pensé que eras Hope, pero también pensé que si realmente eras ella, no estaría dudando. Pensé que si la volvía a ver estaría segura.
—Cuando salí de la tienda ese día, inmediatamente busqué el nombre que me diste en línea. No pude encontrar nada de ti, ni siquiera en Facebook. Busqué una hora seguida y se hizo tan frustrante que fui a correr para refrescarme. Cuando doblé la esquina y te vi de pie en frente de mi casa, no podía respirar. —Estabas allí de pie, cansada y agotada de correr y... Dios, Rachel. Eras tan hermosa. Todavía no estaba segura de si eras o no Hope, pero en ese momento eso no estaba pasando por mi mente. No me importaba quién eras, sólo necesitaba conocerte.
—Después de pasar tiempo contigo esa semana, no pude dejar de ir a tu casa la noche del viernes. No me presentaba con la intención de desenterrar tu pasado o incluso con la esperanza de que algo sucediera entre nosotras. Fui a tu casa porque quería que conocieras a la verdadera yo, no de la que habías oído hablar a los demás. Después de pasar más tiempo contigo esa noche, no podía pensar en otra cosa además de encontrar la manera de poder pasar más tiempo contigo. Nunca había conocido a nadie que me interesara de la forma en que lo hiciste. Todavía me preguntaba si era posible... si eras ella. Estaba especialmente curiosa después de que me dijiste que eras adoptada, pero de nuevo, pensé que tal vez se trataba de una coincidencia.
—Pero cuando vi el brazalete... —Deja de hablar y aparta su mano fuera de mi espalda. Sus dedos deslizándose bajo mi barbilla y sacando mi cara lejos de mis rodillas haciéndome mirarla a los ojos—. Mi corazón se rompió, Rachel. No quería que fueras ella. Quería que me dijeras que tenías la pulsera de una amiga o que la habías encontrado o comprado. Después de todos los años que pasé buscando tu rostro en todos los que he mirado, por fin te encontré... y estaba devastada. No quería que fueras Hope. Yo sólo quería que fueras tú.
Niego con la cabeza, todavía tan confundida como antes. —Pero ¿por qué no me lo dijiste? ¿Qué tan difícil hubiera sido admitir que solíamos conocernos? No entiendo por qué has estado mintiendo al respecto.
Me mira a los ojos por un momento mientras busca una respuesta lo suficientemente buena, entonces aparta el cabello de mi cara. — ¿Qué recuerdas acerca de tu adopción?
Niego con la cabeza. —No mucho. Sé que estaba en cuidado de crianza después de que mi padre me abandonara. Sé que Claire me adoptó y nos trasladamos aquí cuando tenía cinco años. Aparte de eso y unos pocos recuerdos extraños, no sé nada.
Enfrenta su cuerpo con el mío y coloca sus dos manos en mis hombros con firmeza, como si estuviera frustrada. —Esas son todas cosas que Claire te dijo. Quiero saber lo que tú recuerdas. ¿Qué recuerdas tú, Rachel?
Esta vez niego con la cabeza lentamente. —Nada. Los primeros recuerdos que tengo son con Claire. Lo único que recuerdo de antes de ella, era el recibir la pulsera, pero eso es sólo porque todavía tengo el recuerdo y me quedó grabado. Ni siquiera estaba segura de quien me lo había dado.
Quinn toma mi cara entre sus manos y baja sus labios a mi frente. Mantiene sus labios allí, sosteniéndome contra su boca como si tuviera miedo de alejarse porque no quería tener que hablar. No quería tener que decirme lo que sea que sabe.
—Sólo dilo —susurro—. Dime lo que estás deseando no tener que decirme.
Aleja su boca y presiona su frente contra la mía. Sus ojos están cerrados y tiene un firme control sobre mi cara. Se ve tan triste y me dan ganas de abrazarla a pesar de mi frustración con ella. Pongo mis brazos a su alrededor y la abrazo. Me abraza de vuelta y tira de mí en su regazo en el proceso.
Mis piernas se van alrededor de su cintura y nuestras frentes están todavía juntas. Está sosteniéndome, pero esta vez se siente como si estuviera sosteniéndome, porque su tierra ha sido desplazada de su eje, y yo soy su núcleo.
—Dime, Quinn.
Pasa la mano a mi espalda baja y abre los ojos, alejando la frente de la mía para poder mirarme a los ojos cuando habla.
—El día en que Les te dio ese brazalete, estabas llorando. Me acuerdo de cada detalle como si hubiera sucedido ayer. Estabas sentada en tu patio frente a tu casa. Les y yo nos sentamos contigo durante mucho tiempo, pero nunca dejaste de llorar. Después de que ella te diera su brazalete regresó a nuestra casa, pero yo no pude. Me sentí mal dejándote allí, porque pensé que podrías estar enojada con tu papá otra vez. Siempre llorabas por él y me hizo odiarlo. No recuerdo nada de ese tipo, que no sea yo odiando a sus agallas por hacerte sentir como lo hacía. Tenía sólo seis años, por lo que nunca supe qué decirte cuando llorabas. Creo que ese día te dije algo así como: "No te preocupes..."
—…"No vivirá para siempre" —le digo, terminando la frase—. Recuerdo ese día. Les dándome el brazalete y tú diciéndome que no va a vivir para siempre. Esas son las dos cosas que he recordado todo este tiempo. No sabía que eras tú.
—Sí, eso es lo que te dije. —Lleva las manos a mis mejillas y continúa—: Y entonces hice algo de lo que me he arrepentido todos los días de mi vida desde entonces.
Niego con la cabeza. —Quinn, no hiciste nada. Simplemente te fuiste.
—Exactamente —dice—. Me dirigí a mi jardín, aunque sabía que debía haber regresado a sentarme en la hierba junto a ti. Me paré en frente de mi casa y te vi llorar en tus brazos, cuando deberías haber estado llorando en los míos. Me quedé allí... y vi el auto subir a la acera. Vi la ventana del pasajero bajarse y oí a alguien llamar tu nombre. Te vi mirar el auto y limpiarte los ojos. Ponerte de pie y sacudirte el polvo de los pantalones, luego caminando hacia el auto. Te vi meterte y sabía que lo que fuera que estuviese sucediendo, no debí sólo quedarme de pie allí. Pero todo lo que hice fue ver, cuando debería haber estado contigo. Esto nunca habría sucedido si me hubiera quedado allí contigo.
El temor y el pesar en su voz hacen que mi corazón corra contra mi pecho. De alguna manera encuentro fuerzas para hablar, a pesar del miedo que me consume. — ¿Qué nunca hubiese sucedido?
Me besa en la frente de nuevo y roza delicadamente sus pulgares sobre mis pómulos. Me mira como si estuviera asustada de estar a punto de romper mi corazón.
—Ellos te llevaron. Quien sea que estaba en ese auto, te alejó de tu papá, de mí, de Les. Has estado desaparecida durante trece años, Hope.
No digan que soy mala, les he dado dos capítulos el día de hoy. Uno ligero y este cargado de tantas emociones. Sin duda es un capitulo difícil de leer.
Tengan un buen fin de semana.
