Updated: Dec 28, 2016 - Esta fue la fecha de mi última actualización pero os juro que no me he olvidado, solo es que muchas cosas han pasado en mi vida en estos casi dos años y las ganas de escribir se me habían ido a la mierda.
Pero aquí estoy.
Voy a intentar terminar con el fic en los próximos meses, porque es algo que necesito hacer. Espero que disfruteis de la lectura y recordar que un comentario nunca ha matado a nadie.
Este es un capítulo de transición en el que pasan muchas cosas y bastante rápidas. Pero así es como están en el libro.
Gracias a Lane_ZQ por estar siempre ahí, a Dryadeh por ayudarme a ver ciertas cosas de Draco (y por no leerse esto hasta que lo acabe) y a todos vosotros por seguir leyendo mi locura particular.
Un beso. Adarae
Draco llamó a la puerta del despacho de su jefe de casa, aunque Snape era mucho más que eso para él. Sus padres lo habían elegido como padrino y siempre había admirado a aquel hombre, o por lo menos eso había hecho hasta aquel momento. Muchas cosas estaban cambiando y sentía que su "mentor" no estaba a la altura, cosa que lo atormentaba.
Pasó a aquella sala que tanto había visitado en su primer y segundo año, puesto que a partir de tercero se habían distanciado un poco, ya que el disgusto de Snape por su amistad con ciertos Gryffindor era manifiesto y evidente.
—Señor —saludó con una inclinación de cabeza.
—Toma asiento, Draco, y dime qué te trae por aquí.
El chico hizo lo que le pedía y se sentó en una cómoda silla frente a su escritorio, lleno de libros y pergaminos.
—No sé muy bien por dónde comenzar, Señor. —Intentó ordenar las ideas dentro de su cabeza—. Es un tema algo complejo, así que le pido que me escuche con la mente abierta y entienda que mis intenciones son las mejores y cada una de mis palabras está dicha desde la más sincera admiración y respeto.
—Estoy entre asustado e intrigado —confesó Snape, apoyando los codos sobre la mesa y mirando a su alumno estrella con lo que casi podría ser una sonrisa—. Adelante, Draco, soy todo oídos.
—Nos ha fallado, Señor —comenzó a decir el Slytherin, con profundo dolor en la voz—. Las cosas están cambiando y lo necesitamos de nuestro lado. Necesitamos saber que estará ahí para nosotros si decidimos dar la espalda a todo lo que nos llevan enseñando desde la cuna y unirnos al otro bando. —Cerró los ojos durante un momento, restregándoselos, haciendo que las ojeras fueran aún más apreciables en su pálida cara—. Una guerra se está preparando y los bandos se están formando… Señor, es preciso que deje de tratar a los Gryffindor como enemigos, que empiece a ser un poco más como la profesora McGonagall: dura, pero justa. Gregory me abordó el otro día en uno de los pasillos, está confuso y hay más como él que necesitan a alguien que les guíe. Alexandretti, Hidden y yo solo somos alumnos, le necesitamos, Señor. Necesitamos que demuestre que los Slytherin no siempre elegimos el camino fácil, que también sabemos luchar por las causas que merecen la pena... y, por favor, diga algo... Estoy empezando a hablar como un Gryffindor y me estan dando náuseas —bromeó, nervioso, para terminar.
Severus Snape era muchas cosas, pero estúpido no estaba entre ellas. Por ello fue capaz de ver que el joven Malfoy tenía razón en ciertos puntos, por mucho que le doliera admitirlo. Así que, tras asegurarle que pensaría seriamente en sus palabras, lo mandó de vuelta a su sala común.
Los días pasaban como en una sucesión eterna y a la vez demasiado rápida de la misma rutina, la cual se vio rota por la llegada del último partido de la temporada en el que Gryffindor se jugaba la copa contra Ravenclaw.
Hermione y Draco estaban peleándose de broma cerca del campo, lanzándose puyas acerca de quién ganaría la copa de quidditch, cuando vieron a Hagrid acercarse. El semigigante hizo que lo acompañaran, pues temía que Umbridge lo mandara fuera del colegio y antes de que eso ocurriera necesitaba enseñarles algo. Fueron a buscar a Harry, que había estado deseándole suerte al equipo antes del partido, y se marcharon con el aturullado guardabosques.
Nada los hubiese preparado para el hermano "pequeño" de Hagrid, Grawp. Los chicos se quedaron sin saber qué decir al ver al gigante que Hagrid se había traído de sus viajes, y aunque prometieron cuidar a aquel ser, no pudieron evitar tener un déjà vu de lo que pasó con Noberto y Aragog. Por alguna razón Hagrid se empeñaba en poner en peligro la vida de aquellos a los que debería proteger, demostrando una gran irresponsabilidad.
Con la cabeza llena de oscuros pensamientos, volvieron al colegio. Cuando estuvieron cerca empezaron a escuchar la tonadilla maldita que Blaise había inventado para dañar a Ron… o eso creían, pues pronto descubrieron que la letra era sustancialmente distinta, ya que el pelirrojo era el héroe que había llevado a Gryffindor a la victoria y la gente lo vitoreaba sin cesar.
Tardaron casi dos días en ser capaces de confesar que no habían podido ver el partido, pero Draco y Ginny consiguieron un pensadero de algún lugar y, entre los recuerdos de todos, el par de Gryffindor y el Slytherin pudieron revivir el gran momento de su amigo. No era como haber estado allí en un principio, pero desde luego se acercaba.
Sin darse cuenta, los TIMOs se les echaron encima, y eso hizo que la atmósfera del castillo vibrase con una energía especial. Por todas partes se veían alumnos compartiendo métodos de estudio y trucos (que nunca servían para nada), y Hermione se vio obligada a requisar varias partidas de supuestos "estimulantes" cerebrales que en su mayor parte no eran más que falsificaciones.
—Caca de doxy, Ronald.
—¿Estás segura del todo?
—Segurísima —dijo la chica, dándole un par de palmadas en el hombro a su agobiado amigo, que se dejó caer contra la pared más cercana.
Las clases terminaron y les hicieron entrega de sus horarios de exámenes, junto con las normas de los mismos.
McGonagall les informó de los horarios de los exámenes, de las normas a seguir y les advirtió de que se habían tomado las más estrictas medidas para evitar las trampas. También les comunicó que Umbridge les había pedido a los jefes de casa que advirtiesen de los duros castigos que se aplicarían a todos aquellos que fuesen atrapados copiando, ya que esto haría quedar mal al Ministerio y su nueva política.
A la hora de la cena de la última noche antes de los exámenes los examinadores hicieron su aparición. Era un grupo de ancianos magos y brujas, a los que la nueva directora guiaba a la mesa de los profesores mientras intentaba, en vano, convencerlos de que pronto atraparían a Dumbledore, pero no parecían muy dispuestos a creerla ni a dejarse engañar por sus mentiras, así que al final optó por acompañarlos en silencio.
Fue una noche larga e incómoda, todo el mundo intentaba repasar en el último momento.
Hermione no soportaba más el continuo cuchicheo de la sala común. Se había trasladado allí cuando la señora Pince la echó de la biblioteca argumentando que lo que necesitaba era una buena noche de sueño, y no seguir repasando de forma compulsiva.
Estaba a punto de hacerle tragar su libro a Seamus cuando vio como Ginny cogía a Harry casi por la fuerza y se lo llevaba a Merlín sabía dónde. Quizás esa fuese la solución también para ella.
Salió a los pasillos, mucho más tranquilos de lo habitual, y fue paseando sin demasiada prisa hasta el baño de prefectos. Dijo la contraseña y traspasó la puerta, encontrándose a Draco que la miraba con una ceja alzada.
—Tu mensaje decía que era urgen… —Pero fue incapaz de terminar la frase, pues la chica se le había tirado encima y lo besaba con todas sus ganas. Se separó para respirar y cerrar la puerta con un hechizo—. ¿A esto lo llamas emergencia, Minue? Creo que vamos a tener que poner un par de normas —bromeó, cogiéndola de la mano y llevándola hasta la piscina llena de agua a temperatura perfecta.
La chica no había contestado a ninguna de sus palabras, dejándose guiar hasta el agua llena de espuma perfumada con un suave aroma a lavanda.
—Perdona…
—Vamos, listilla, soy yo. No hay nada que perdonarte. —Malfoy había dejado de lado las bromas al ver a su amiga tan callada—. ¿Muy estresada por los exámenes?
—Agotada. —Se abrazó a él, escondiendo la cara en su hombro—. Vi a Ginny y Harry escabullirse de la sala común y quise algo de eso.
—Pero si no te tienes en pie —susurró él en su oído—. ¿Hace cuántos días que no duermes bien?
—Demasiados —reconoció ella.
—Pues ahora nos daremos un buen baño relajante y luego dormiremos juntos —sentenció el rubio.
—¿Juntos?
—Ajá, en Navidad las noches que pasamos juntos dormiste como un tronco.
—Eres una buena almohada —dijo ella, empezando a recuperar su sentido del humor.
—Ya te lo tengo dicho, Granger, yo soy bueno en TODO —respondió con su mejor pose de rey del mundo, lo cual hizo que ella estallase en sonoras carcajadas.
—Anda, alteza, ayúdame a quitarme toda esta ropa que llevo. Estos días parece que el frío de me haya colado en los huesos.
—¿Alteza? —preguntó él, empezando a desnudarla como quien abre un regalo.
—El otro día pillé a unas chicas de segundo cotilleando sobre ti, te llaman "el príncipe de Slytherin". Me reí tan fuerte que casi se me sale un moco.
—El apodo el muy apropiado y la metáfora muy asquerosita.
—¿No sería Angelo el príncipe?
—Bueno, él y Skie serían los reyes, y Theo y yo los hermosos príncipes. —Si Hermione no hubiese conocido tanto a Draco podría haberse creído que lo decía en serio, pero no era el caso, así que sostuvo su cuello y lo besó muy despacio.
—Para mí lo eres —dijo ella—. El hermoso príncipe.
—¿No sería el brujo malvado?
—No —dijo, negando varias veces—, te hemos corrompido, Sly. Ahora eres valiente como un vulgar Gryffindor.
Ya apenas les quedaba ropa y el ambiente entre ellos se había cargado de electricidad. Volvían a atraerse como si una fuerza misteriosa los uniese.
Dejaron a un lado las palabras y sus cuerpos se unieron en el agua. Besos, caricias y susurros, sin nunca atravesar aquella última barrera. Pero hay un millón de perfectas posibilidades en el sexo más allá de la penetración y se estaban haciendo expertos en todas ellas.
Horas más tarde, cuando Hermione se abrazaba a Draco desnuda, relajada y medio dormida, se dio cuenta de que hacía bastante que cuando estaba con Draco solo pensaba en él, sin que ni un solo pensamiento se llenase de pelo rojo y pecas.
Al día siguiente en el desayuno los nervios estaban a flor de piel, tanto era así que Neville tiró la mermelada cuando intentaba ponerse un poco en la tostada.
Cuando terminó el desayuno, los alumnos de quinto y de séptimo se congregaron en el vestíbulo mientras los demás estudiantes subían a sus aulas; entonces, a las nueve y media, los llamaron clase por clase para que entraran de nuevo en el Gran Comedor, que entonces ofrecía el mismo aspecto que Harry había visto en el pensadero cuando su padre, Sirius y Snape hacían sus TIMOS; habían retirado las cuatro mesas de las casas y en su lugar habían puesto muchas mesas individuales, encaradas hacia la de los profesores, desde donde los miraba la profesora McGonagall, que permanecía de pie. Cuando todos se hubieron sentado y se hubieron callado, la profesora McGonagall dijo:
—Ya podéis empezar. —Y dio la vuelta a un enorme reloj de arena que había sobre la mesa que tenía a su lado, en la que también había plumas, tinteros y rollos de pergamino de repuesto.
Harry, a quien el corazón le latía muy deprisa, le dio la vuelta a su hoja (tres filas hacia la derecha y cuatro asientos hacia delante, Hermione ya había empezado a escribir) y leyó la primera pregunta: a) Nombre el conjuro para hacer volar un objeto, b) Describa el movimiento de varita que se requiere.
Harry recordó fugazmente cómo un garrote se elevaba y caía produciendo un fuerte ruido sobre la dura cabeza de un trol... Sonriendo, se inclinó sobre el papel y empezó a escribir.
—Bueno, no ha estado del todo mal, ¿verdad? —comentó Hermione en el vestíbulo, nerviosa, dos horas más tarde. Todavía llevaba en la mano la hoja con las preguntas del examen—. Aunque no creo que me haya hecho justicia en encantamientos regocijantes, no tuve suficiente tiempo. ¿Habéis puesto el contraencantamiento del hipo? Yo no estaba segura de si debía ponerlo, me parecía excesivo... Y en la pregunta número veintitrés...
—Relájate, Hermione —pidió Draco, sujetando su brazo—, no nos hagas todas las preguntas de nuevo, ya tenemos bastante con responderlas una vez.
Por la tarde fue el turno de los exámenes prácticos.
—Buena suerte —le deseó Ron por lo bajo, cuando fue su turno. Harry entró en el Gran Comedor asiendo tan fuerte su varita que le temblaba la mano.
—El profesor Tofty está libre, Potter —le indicó con su voz chillona el profesor Flitwick, que se hallaba de pie junto a la puerta. Y señaló al examinador más anciano y más calvo, que estaba sentado detrás de una mesita, en un rincón alejado, a escasa distancia de la profesora Marchbanks, quien por su parte examinaba a Draco Malfoy.
—Potter, ¿verdad? —preguntó el profesor Tofty consultando sus notas, y miró a Harry por encima de sus quevedos al verlo acercarse—. ¿El famoso Potter?
Con el rabillo del ojo Harry vio claramente cómo Malfoy le hacía un gesto de ánimo, al tiempo que dejaba con suma delicadeza la copa que estaba haciendo levitar sobre una mesa.
Harry no pudo contener una sonrisa; a su vez, el profesor Tofty le sonrió como si quisiera animarlo.
—Eso es —dijo con su temblorosa voz—, no tienes por qué ponerte nervioso. Bueno, me gustaría que cogieras esta huevera y le hicieras dar unas cuantas volteretas.
Cuando terminó el examen no tuvieron demasiado tiempo para comentarlo, puesto que tenían que repasar Transformaciones para el día siguiente.
El jueves hicieron el examen de DCAO y fue el único que estuvo seguro de haber aprobado, no tuvo ningún problema con el teórico y por la tarde volvió a tocarle junto a Malfoy hacer el práctico.
Ambos demostraron su conocimiento en la materia y los profesores que los examinaban iban a dejarlos ir cuando el anciano junto a Harry dudó:
—Potter... A menos que... —El hombre se inclinó un poco hacia delante—. Mi buen amigo Tiberius Ogden me ha dicho que sabes hacer un Patronus. Si quieres subir la nota…
—Si usted conoce el hechizo tambien me gustaria verlo, Malfoy —pidió Mafalda Marchbanks, que lo examinaba de nuevo.
Ambos chicos asintieron, y con una sonrisa alzaron sus varitas.
—¡Expecto patronum!
Su ciervo plateado salió del extremo de la varita mágica y recorrió el comedor a medio galope, haciendo una carrera con el zorro albino de Draco. Los examinadores giraron la cabeza para verlos, y cuando se disolvieron en una neblina plateada, el profesor Tofty aplaudió con entusiasmo con sus nudosas manos, surcadas de venas.
—¡Excelente! —gritó—. ¡Muy bien, Potter, Malfoy, ya pueden marcharse!
Unos días más tarde llegó el examen de Astronomía. Hermione había estado tan estresada que Ron casi le pone valeriana en el té de la mañana, pero pensaron que si se quedaba dormida seguro que los mataba a todos.
El examen, que tuvieron que realizar por la noche, no hubiese tenido nada de especial si no hubiese sido porque cuando casi lo finalizaban vieron cómo la nueva "directora" echaba a Hagrid del colegio con su habitual saber estar. Al final, gracias a la intervención de la profesora McGonagall, durante la que terminó siendo golpeada por cuatro rayos aturdidores, el semigigante pudo escapar hacia el bosque, pero el suceso dejó a todos los Gryffindor con un ánimo de lo más decaído.
Harry no consiguió dormir apenas aquella noche, y al día siguiente en el examen de Historia de la Magia le costaba muchísimo pensar.
Se sentó en la silla casi en modo automático, y a pesar del montón de café que Hermione le había hecho tomar, le costaba entender las preguntas. Los ojos le pesaban y picaban… pero debía aguantar lúcido… aguantar…
Se despertó gritando en el suelo del Gran Comedor. La cicatriz le ardía, había tenido una de sus vívidas pesadillas y todavía podía sentir con total claridad la agonía de Sirius, tendido en el suelo, cubierto de sangre mientras Voldemort reía sin parar.
El profesor Tofty lo envió a la enfermería a pesar de que Harry le dijo que solo había sido una pesadilla producida por el cansancio.
En cuanto le permitieron salir del Gran Comedor corrió todo lo que le daban las piernas hasta la enfermería, donde irrumpió como una exhalación. Necesitaba ver a McGonagall. Pero no estaba allí.
La Señora Pomfrey le informó con tristeza de que la subdirectora estaba en San Mungo. Harry entró en pánico, ya que no había nadie a quien poder contarle lo que había visto.
Estaba atontado allí, en mitad de la enfermería, mientras Poppy hablaba sin parar en defensa de McGonagall y contra los cobardes que la habían atacado en plena noche. Por suerte, una voz conocida lo arrancó de su desesperación.
—Me envían a comprobar que Potter se encuentra mejor. —Draco estaba parado junto a la puerta, con su insignia de prefecto brillando en el pecho.
—¿Te ocurre algo? ¿Y por qué no me lo has dicho al entrar? —La enfermera se puso en acción mientras Harry se excusaba diciendo que solo había sido un mal sueño por el cansancio. Al final ella le dejó ir con una poción y la orden de ir directo a su habitación a dormir un par de horas.
Malfoy le esperaba con una sonrisita de suficiencia y Harry casi se la borra de un tortazo.
—Hurón, no estoy para tus jueguecitos, he tenido otra de mis visiones y no tengo a quien acudir.
El rubio se puso serio al instante.
—Ron y Hermione, vayamos a buscarlos.
Echaron a correr de nuevo, apartando a los alumnos a empujones, sin prestar atención a sus quejas. Bajaron dos pisos, y cuando estaba en lo alto de la escalera de mármol, vieron que sus amigos corrían hacia ellos.
—¡Harry! —exclamó Hermione enseguida; parecía muy asustada—. ¿Qué ha pasado? ¿Te encuentras bien? ¿Estás enfermo?
—¿Dónde estabas? —inquirió Ron.
Se los llevó hasta la primera sala vacía que encontró y allí se lo contó todo. Había visto cómo Voldemort tenía a Sirius en una sala del Departamento de Misterios, lo estaba torturando y terminaría matándolo si no iban allí a impedirlo.
Hubo un momento de silencio. Entonces Ron balbuceó:
—¿Ir ha... hasta allí?
—¡Ir al Departamento de Misterios para rescatar a Sirius! —dijo Harry en voz alta.
—Pero Harry... —empezó Draco intentando hacerle entrar en razón.
Pero Harry no escuchaba a ninguno de sus amigos, y por mucho que los tres trataron hacerle ver que Voldemort no podría haber entrado en el Ministerio andando por la puerta principal, él era incapaz de pensar en nada que no fuese la imagen de Sirius empapado en sangre.
La discusión pronto se volvió acalorada entre Harry y Hermione. Ella lo acusó de estar un poco obsesionado con salvar a la gente y que Voldemort podría usar eso en su contra. Draco le dio la razón diciendo que aquello sería algo típico del Lord, mientras Ron no sabía muy bien qué pensar de todo aquello.
De pronto se abrió la puerta del aula y Harry, Ron, Draco y Hermione se volvieron rápidamente. Ginny entró con aire de curiosidad, seguida de Luna, que, como de costumbre, parecía estar allí por error.
—¡Hola! —saludó Ginny, vacilante—. Hemos reconocido la voz de Harry. ¿Por qué gritabas?
—No es asunto tuyo —contestó él con aspereza.
Ginny arqueó las cejas.
—¿Perdona? —repuso fríamente—. Sólo quería saber si podía ayudar en algo.
Harry suspiró y se acercó a ella para abrazarla y contarle todo lo ocurrido.
—Quizás ellas puedan ayudar —dijo Malfoy tras pensarlo un rato—, tenemos que saber si Sirius ha salido del cuartel general.
Harry comenzó a protestar, pero su novia le puso una mano en la espalda, pidiéndole con aquel gesto que dejase hablar a los demás.
—Por favor —exclamó Hermione, desesperada—. Déjanos comprobar si Sirius se ha marchado de su casa antes de salir en estampida hacia Londres. Si no está en Grimmauld Place, te juro que no haré nada para impedir que vayas. Iré contigo, haré... lo que sea para ayudarte a salvarlo.
—¡Voldemort está torturando a Sirius AHORA MISMO! —gritó Harry—. No podemos perder más tiempo.
—Pero todo esto podría ser una trampa de Voldemort, Harry, tenemos que comprobarlo.
—¿Cómo? —preguntó Harry—. ¿Cómo vamos a comprobarlo?
—Tendremos que utilizar la chimenea de la profesora Umbridge e intentar hablar con él —propuso Hermione, pese a que aquella idea la aterraba—. Volveremos a despistar a la profesora Umbridge, pero necesitaremos alguien que vigile, y ahí es donde pueden ayudarnos Ginny y Luna.
Pese a que todavía no había entendido del todo lo que estaba pasando, Ginny dijo inmediatamente:
—Sí, contad con nosotras.
Y Luna inquirió:
—¿Cuando dices «Sirius», te refieres a Stubby Boardman?
Nadie le contestó.
Trazaron un plan con rapidez, Harry cada vez estaba más nervioso y eso no era bueno para nadie.
Al final, acordaron que Ron y Draco sacarían a Umbridge de su despacho con la ayuda de Peeves, Luna y Ginny harían guardia para evitar que cualquier alumno accediese al pasillo y ese sería el momento que Hermione y Harry aprovecharían para colarse en el despacho de la "Directora" e intentar ponerse en contacto con Sirius.
Cuando todos supieron cuál era su papel, Harry salió corriendo hacia su habitación para coger la capa de invisibilidad. Buscó en su baúl y un brillo llamó su atención, allí en un rincón olvidado estaba el espejo que Sirius le había dado. Harry sintió una oleada de esperanza, lo sujetó y pronunció el nombre de su padrino, pero nada sucedió. De alguna manera, la protección que había puesto Umbridge seguía bloqueándolo.
Volvió al lugar donde los demás lo esperaban en un tiempo récord.
—Ya lo tengo todo —dijo entrecortadamente—. ¿Estáis preparados?
—Ron, Draco, id a distraer a la profesora Umbridge —les ordenó Hermione en un susurro, pues en ese momento pasaba a su lado un ruidoso grupo de alumnos de sexto—; Ginny, Luna, empezad a alejar a la gente del pasillo... Harry y yo nos pondremos la capa y esperaremos hasta que todo esté despejado.
Ron y Draco se marcharon con paso decidido y los demás pudieron ver su reluciente pelo rojo hasta que llegó al final del pasillo; entre tanto Ginny, con su llamativa melena, se alejó en dirección opuesta, asomando entre el tumulto de estudiantes que llenaban el pasillo, seguida de la rubia Luna. Si no hubiese estado tan preocupado quizás hubiese apreciado que ambos equipos parecían un reflejo el uno del otro: pelirrojo y rubio platino.
El plan fue todo un éxito. Pudieron acceder al despacho de Umbridge y acercarse a la chimenea, uso los polvos flu y gritó la dirección de Sirius.
No había nadie a la vista, así que Hermione y él estuvieron gritando durante un rato, esperando que alguien apareciese. Al final el viejo elfo de Sirius, Kreacher, entró en la cocina soltando improperios contra los mestizos gritones y sus amigas sangre sucia.
Fue una conversación corta y desagradable. El elfo no parecía no querer hablar con ellos, pero con renuencia fue contestando a sus preguntas, sacando en claro dos cosas: Sirius estaba en manos de Voldemort en el ministerio y que no llegarían a tiempo para salvarlo.
—¡Te voy a...!
Pero antes de que pudiera concretar su amenaza, Harry notó un fuerte dolor en la coronilla; tragó un montón de ceniza y, atragantándose, notó que lo arrastraban hacia atrás a través de las llamas, hasta que, con espantosa brusquedad, se encontró mirando la ancha y pálida cara de la profesora Umbridge, que lo había sacado de la chimenea tirándole del pelo y en ese momento le echaba el cuello hacia atrás cuanto podía, como si fuera a degollarlo.
La subdirectora los había cazado.
Umbridge intento que Snape le diese veritaserum para que Hermione y Harry confesasen dónde estaba Dumbledore, como si ellos supiesen algo del paradero del mago, y fue ese el momento en el que Harry intentó pasarle un mensaje en clave a su profesor. Quería darle a entender el peligro que corría Sirius para que avisase a la orden. Pero, o Snape era un gran actor, o no lo había entendido.
Empezaba a estar desesperado cuando Hermione le dijo a la directora que le enseñaría dónde ocultaban el arma secreta, una que evidentemente no existía, pero que les dio la posibilidad de ir al bosque a solas con la horrible mujer.
En el bosque tuvieron un encontronazo con la manada de centauros de la que salieron gracias a la intervención de Grawp, el hermano gigante de Hagrid, pero que los dejó a solas en el medio del bosque cubiertos de sangre.
—Sin nuestras varitas no podemos hacer nada —comentó Hermione, desanimada, y volvió a levantarse—. De todos modos, Harry, ¿cómo pensabas llegar hasta Londres?
—Sí, eso mismo nos preguntábamos nosotros —dijo una voz conocida detrás de ella.
Harry y Hermione se juntaron instintivamente y escudriñaron la espesura.
Entonces vieron aparecer a Ron, y corriendo detrás de él, a Ginny, Draco, Neville y Luna. Todos ofrecían un aspecto lamentable: Ginny tenía unos largos arañazos en una mejilla, Neville llevaba el ojo derecho amoratado, y a Ron le sangraba el labio más que nunca, pero parecían muy satisfechos de sí mismos.
—Bueno —dijo Ron apartando una rama baja. Llevaba la varita mágica de Harry en la mano—, ¿se os ocurre algo?
—¿Cómo habéis logrado escapar? —preguntó Harry, atónito, al tiempo que cogía su varita.
—Con un par de rayos aturdidores, un encantamiento de desarme y un bonito embrujo paralizante, obra de Neville —contestó Ron sin darle importancia mientras le devolvía también a Hermione su varita mágica—. Pero Ginny ha sido la que más se ha lucido: le ha hecho a Blaise el maleficio de los mocomurciélagos; ha sido genial, tenía toda la cara cubierta de gargajos. Desde la ventana hemos visto que ibais hacia el bosque y os hemos seguido. ¿Qué le habéis hecho a la profesora Umbridge?
—Se la han llevado —respondió Harry—. Una manada de centauros.
—¿Y a vosotros os han dejado aquí? —preguntó Ginny estupefacta.
—No, los ha ahuyentado Grawp —contestó Harry.
—¿Quién es Grawp? —preguntó Luna con mucho interés.
—El hermano pequeño de Hagrid —respondió Draco—. Bueno, ahora eso no importa. Harry, ¿qué averiguaste en la chimenea? ¿Tiene el Lord a Sirius o...?
—Sí —afirmó Harry, y notó otra fuerte punzada en la cicatriz—, y estoy seguro de que Sirius todavía está vivo, pero no sé cómo vamos a ir hasta allí para ayudarlo.
Todos se quedaron en silencio con aspecto de estar bastante asustados; el problema al que se enfrentaban parecía insuperable.
—Tendremos que ir volando, ¿no? —soltó Luna con un tono realista que Harry nunca le había oído emplear.
—Vale —contestó Harry con fastidio, y se volvió hacia ella—. En primer lugar, olvídate del «tendremos», porque tú no vas a ninguna parte, y en segundo lugar, Ron es el único que tiene una escoba que no esté custodiada por un trol de seguridad, de modo que...
—¡Yo también tengo una escoba! —saltó Ginny.
—Sí, pero tú no vienes —la atajó Ron.
Y empezaron a discutir sobre quién debía ir o no a Londres. Al final Ron y Harry perdieron en su intento de mantener a Luna, Neville y Ginny en el castillo, y ya sabían que intentar convencer a Draco de no hacer lo que le diese la gana era una total pérdida de tiempo. Pero aún les quedaba un problema: cómo llegar al ministerio. Luna seguía insistiendo en que lo harían volando, pero hasta que no señaló a los thestrals que habían aparecido llamados por el olor de la sangre que los cubría, Harry no cayó en la cuenta de a qué se refería. En principio solo eran dos, pero pronto llegaron suficientes como para que todos pudiesen montarlos.
Harry y Luna se acercaron a ellos y los caballos espectrales empezaron a comerse parte de la ropa empapada de Harry. Mientras, ayudaron al resto de sus amigos a montar en los caballos que no podían ver. Hermione, con su miedo a volar, lo estaba pasando realmente mal, hasta que Ron le tendió la mano.
—Sube conmigo, así podrás agarrarte a mí y cerrar los ojos durante todo el camino. —La chica aceptó con un quedo "gracias", mientras Draco y Ginny intercambiaban una sonrisa cómplice. Quizás de todo aquel desastre pudiese salir algo bueno.
Respuesta a las no logueadas
Noelia chapter 24 . Jan 5, 2017
Hola! Me he leído todos los capítulos en menos de un día, me atrapó un montón! Tienes una habilidad increíble, simplemente no podía dejar de leer. Es una pena que estando tan cerca del final no lo hayas finalizado, aunque igualmente volveré a entrar cada tanto para ver si finalmente hay un final. Un beso enorme desde Argentina, sigue así que tienes mucho talento
Gracias por tus palabras. Voy a terminar este fic, aunque sea lo último que haga en mi vida. Tengo ya casi toda la estructura de lo que quiero contar en el siguiente libro y será bastante menos extenso de lo que ha sido el quinto, ya que será el que más modifique. Mi propósito de casi Halloween es terminar este fic entre Noviembre de 2018 y Enero de 2019. Espero ser capaz de cumplirlo.
