Sakura Kinomoto P.O.V
Tras cerrar mi maleta y guardar mi cepillo de dientes, me coloqué unas gafas oscuras y mi bufanda. Sabía que las gafas desentonaban con mi vestimenta para el frío, pero probablemente los ojos hinchados desentonaban más. Ahora me arrepentía de haber aceptado que Wei sería quien me llevaría al instituto, porque eso implicaba ver también a Shaoran, algo que no quería hacer.
Aún mis sentimientos estaban sobre mi piel, expuestos, libres para recibir cualquier cosa que viniera, y no agradecía este viaje para nada. Eso significaba que estaba vulnerable, porque al menos aquí, en la mansión, Shaoran tenía que pretender y no podía acercarse tan libremente.
Tras despedirme de Nadeshiko y escuchar su una y mil recomendaciones, subí al auto, en donde Wei esperaba. Fue agradable saber que Shaoran todavía no había bajado.
Wei miró interrogativamente mis gafas, porque el sol estaba completamente cubierto por las nubes y hacía más frío que en todo el año junto. Pero a diferencia de mi madre, Wei supo mantener la boca cerrada. A Nadeshiko le había tenido que mentir, por supuesto, diciéndole que me había caído shampoo en los ojos y que si no quería asustar a todos porque mis ojos estaban inyectados, era mejor así. A Nadeshiko, que le disgustaba ver mis ojos rojos, no discutió, tal como había esperado.
—"Hace frío, ¿no?" Pregunté, sentándome junto a Wei, algo que no era lo acostumbrado. Me puse mi cinturón de seguridad y no me atreví a mirar la cara del anciano, por temor a no saber responder a sus preguntas.
—"Sí, señorita. Debe abrigarse mucho, no se vaya a enfermar durante su paseo," Sus palabras me hicieron sonreír un poco, a pesar de que me encontraba en el más oscuro de los humores.
Éste era el itinerario: Llegar temprano al instituto—para controlar la asistencia—, subir al autobús que nos llevaría a todos hasta el tren que otra vez nos subiría en un bus, que nos llevaría directamente al hotel.
—"Buenos días," La voz fue lo suficientemente ronca y segura de sí misma, como para tenerme temblando en mi asiento. Shaoran. Había estado tan sumida en mis pensamientos, que no sabía en qué momento había entrado al auto, y ahora estaba sentado, como si fuera dueño del mundo. Su ceño no estaba precisamente fruncido, pero tampoco relajado, y su cabello estaba más alborotado que de costumbre. Me fijé en cada uno de los detalles de su cara —era maravilloso lo que se podía hacer con un espejo retrovisor— hasta que oí que Wei contestaba.
—"Buenos días, joven Shaoran" Me mordí el labio, debatiéndome entre saludarlo o no. La costumbre de complacerlo fue más fuerte.
—"Buenos días," Contesté con la voz más cortante que conseguí, sabiendo que probablemente se me oía completamente infantil.
Esta vez sí vi su ceño contraerse y traté de mantener la compostura.
El viaje al instituto fue corto y silencioso. Shaoran no articuló ni una sola palabra, ni aún cuando rehúse su ayuda con mi equipaje. Sabía que estaba irritado, probablemente confundido, y eso sólo aumentó mi ego. Si se trataba de sufrir, yo ya había hecho mi parte.
Levanté mis maletas, agradeciendo el ejercicio físico que me alejaba un poco del caos de mis pensamientos, consiguiendo distraerme del aroma de Shaoran, que ahora sólo se encontraba a un metro de distancia.
Recordar su olor rodeándome era probablemente algo más de lo que podía soportar en este momento.
—"Sakura," Escuché su voz en mi espalda y toda la tensión volvió a mis hombros. Miré a mis alrededores, tratando de buscar alguna excusa para evitarlo. No quería llorar en frente suyo. No quería ser débil, aunque me estuviera muriendo por él. No quería hundirme bajo sus pies, sólo porque lo amaba más allá de lo que era normal. Estaba obsesionada y pensar en lo que él podía hacer con ésas manos era más de lo que podía soportar.
—"Sakura, espera" Avancé más rápido de lo que podía, malditas maletas. Pronto, sentí su brazo en mi hombro, y sólo el contacto, fue suficiente para hacerme encoger.
—"¿Qué te pasa?" La irritación era más que obvia en su tono. Me detuve, mientras procesaba lo que iba a decirle. Agradecía la oscuridad de las gafas.
—"¿Qué quieres, Li?" Mi voz pudo haber sido hielo. Shaoran abrió su boca en sorpresa, pude ver que todas sus facciones se comprimieron en dolor. Sentí una punzada en mi pecho. No quería tratarlo así. Quería besarlo. Quería que hiciéramos el amor. Me encogí ante ese pensamiento. Quizás sólo para mí había sido 'hacer el amor'. Quizás para él sólo significaba sexo.
El pensamiento me mantuvo en pie.
—"¡Sakura! ¿Cuál es tu problema?" Preguntó, sus manos ahora en mis antebrazos.
Oh, si supieras mi problema, Shaoran.
Mi problema es que te amo, algo que está tan mal, porque no podemos estar juntos y eso es más de lo que puedo soportar.
—"Shaoran, por favor, apártate de mí" Vi el movimiento de sus mandíbulas, y supe que estaba furioso. Se apartó de mí en ese instante, y vi cómo apretó los puños.
Sin saber qué hacer, ambos nos quedamos mirando, sus ojos bañados en conflicto. Quería arrancarme las respuestas, y todavía no estaba segura si sería por el lado pacífico.
—"¡Oye, Sakura!" Respiré con alivio. Nunca había agradecido tanto la intervención de Naoko. La chica parecía tener un detector de problemas.
Me volteé, dándole la espalda a Shaoran. Avancé hacia ella lo más rápido que pude, sabiendo que él estaría al tanto de cada uno de mis pasos.
Me topé con la mirada inquisitiva de Naoko, y por un momento dudé porque no quería aclararle qué hacía conversando con Shaoran. Bueno, si a eso se le llamaba conversación.
Pero la mirada de Naoko no iba dirigida hacia él, sino a mis gafas.
—"Jabón en los ojos," Murmuré sin pensármelo mucho, siguiéndola hasta donde el bus estaba casi lleno. Al parecer, no habíamos llegado tan temprano como creía que lo haríamos.
El Sr. Z apuntó mi nombre y el de Naoko, mientras ambas le entregábamos nuestro equipaje, para después subir.
Podía sentir la mirada de muchos sobre mí, y mis gafas —suponía— pero nadie se atrevió a interrogarme. Como Tomoyo estaba con Eriol, Naoko me sumió en una conversación ligera, algo sobre uno de sus libros favoritos.
Shaoran pasó de largo, hacia la parte de atrás del bus, donde estaban varios de sus amigos. No me volteé a verlo. Podía sentir su mirada, y él sabría cuándo lo estaría observando, gafas oscuras o no.
Por un momento deseé poder confesarle a alguien todo lo que sentía. Kero no estaba aquí, y no tenía ánimo alguno para poder llamarlo. Deseé por un momento, poder confesarle todo a Naoko, o a cualquiera, si eso aseguraba que me sentiría mejor.
Pero por el momento, lo único que podía hacer era hundirme en mi propia miseria, como ya estaba acostumbrada.
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Shaoran Li P.O.V
Monte Naeba atraía cientos de miles de turistas anualmente, y este año, mi salón estaba incluido en esa categoría.
Mis compañeros, varios de mi equipo, observaban maravillados las grandes montañas, completamente cubiertas por la nieve. Estaba nevando, y aunque la nieve no me molestaba, no podía decir lo mismo del frío. Pero ninguna de esas cosas me fastidiaba tanto como lo que había sucedido en la mañana.
No había hablado nada durante el viaje, que nos había llevado algo así como dos horas, hasta que llegáramos al hotel. Dos largas horas, que las había usado para meditar.
Al subirme al auto de Wei y ver que Sakura no estaba en el asiento trasero, supe que mis instintos no me habían engañado. No supe qué hacer cuando vi que sus ojos estaban ocultos tras unas gafas.
Había sido impresionante cuánto me había enfurecido su indiferencia, porque sea lo que fuera que le pasara, estaba convencido que yo no era el culpable. ¡No podía serlo!
Había decidido quedarme callado y dejarla alejarse, porque quizás ella también necesitaba su espacio para pensar. Sólo hubiera querido que me sacara de mis dudas.
¿Tan rápido se había cansado de mí? ¿Estaba harta? ¿Estaba haciendo algo mal, para hacerla reaccionar así? Ninguna reacción lógica podía venir a mi mente, alguna causa detrás de ella.
¿Meiling le habría dicho algo? ¿Quizás mi madre? Era muy tarde para averiguar acerca de mi madre, pero no de Meiling, que se encontraba a unos metros de distancia, parloteando con sus amigas. Me pregunté qué podría haber que hiciera enojar tanto a Sakura. ¿Algo había sucedido con su madre? No, eso no podía ser. De lo contrario, habría venido corriendo a mí.
Me sentí furioso con Meiling. Ella tenía algo que ver con esto, pero no podía descifrar qué. Sakura nunca se alejaba de mí, aún cuando tenía razones para hacerlo. Aún cuando me había portado tan imbécil, ella me había perdonado.
Y es que todo andaba tan bien, que se hacía difícil que algo que Meiling hubiera dicho o hecho, la alejara lo suficiente.
Decidí borrar mis pensamientos por un momento y seguir a Eriol hasta la habitación que compartiríamos, como un zombi.
También me sentí irritado con Sakura. ¿Cómo podía dejar que algo se interpusiera entre nosotros? Yo no podía admitirlo. Lo nuestro era demasiado perfecto, demasiado puro como para que alguien interrumpiera nuestra felicidad.
Es decir, no sabía qué pensar. Ni qué esperar. Decir que le había picado un bicho raro era quedarme corto. Su rechazo me dolía, y me dolía aún más que no pudiera confiar en mí para poder decir lo que le fastidiaba.
—"Hey, viejo" Apenas levanté una ceja.
—"¿Qué?"
Eriol frunció el ceño —"¿No vas a venir? Vamos a esquiar,"
—"No," No quería esquiar. Quería pensar en qué estupidez había hecho para poder remediarlo.
—"Pues te quedarás aquí disfrutando la linda compañía de tu prometida. Es la única que no va a esquiar,"
Fue mi turno para fruncir el ceño —"¿Y tú cómo sabes?"
Eriol mostró otra de esas sonrisitas en la que me daban ganas de romperle los dientes.
—"Es obvio. No soy Shaoran Li. Eres distraído, pero últimamente pareces imbécil," Se encogió de hombros —"Supuse que era por cierta castaña pero al parecer es porque hay problemas en el paraíso, ¿no?"
Gruñí. Eriol podía resultar demasiado observador para mi gusto. Y esa característica me molestaba especialmente cuando resultaba entrometerse en donde nadie le había llamado.
—"¿Quieres venir o no?" ¿Para qué tenía que preguntarme? Si habían dos opciones: quedarme con Meiling o romperme el cuello y un par de vértebras, iba por los huesos rotos, definitivamente.
A ver si el ejercicio me aclaraba un poco la mente.
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Sakura Kinomoto P.O.V
Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.
No había estado en la presencia de Meiling, en nuestra habitación, ni por más de cinco minutos —lo que me había llevado entrar mis maletas y volver a salir— y desde ya podía decir que sería insoportable.
Su parloteo sin importancia iba desde lo blanco de la nieve hasta por qué era el cielo azul. ¡Loca, me volvía loca! Así que, cuando ella había entrado al baño, había huido de nuestra habitación, y corrí hacia la de Tomoyo, a sabiendas que probablemente tampoco me sentiría cómoda —nadie se sentía cómodo en frente a Tomoyo y a Eriol— pero era el menor de los dos males.
Claro, no había anticipado que Tomoyo, Yukito y Naoko estuvieran disponiéndose para ir a esquiar. De hecho, todo el salón estaba disponiéndose para eso.
—"¡Sakura!" Naoko saludó entusiasmadamente.
Fruncí mi ceño cuando la vi reírse animadamente, mientras sus ojos se desorbitaban.
Fue Tomoyo quien aclaró mis dudas.
—"Sobrecarga de chocolate," Se encogió de hombros, y volví a escuchar a Naoko reír. Era un milagro que no cargara uno de sus libros, por supuesto.
—"¿Nos acompañas?" Yukito sonrió con amabilidad, y por primera vez agradecí tenerlo entre mi lista de amigos. Tomoyo sólo se encogió de hombros, y Naoko volvió a reír.
Escoger entre Meiling y la nieve no era nada difícil. La nieve tenía que ser.
—"Claro,"
No pasó ni media hora, cuando estaba cayendo por primera vez sobre mi trasero. Llevaba un intento de uno, y ya estaba acostada en el frío. Estaba de un pésimo humor, y escuchar que la mitad de la clase se ría no era la mejor manera para subir el ánimo.
Yukito me extendió su mano, levantándome. La risa estaba camuflada en su cara, y seguramente mi expresión debía ser lo suficientemente sombría como para advertirle.
—"Okay, me rindo" Me veía ridícula. Dos palos en mis pies, y dos palos en mis manos, sólo para terminar de nuevo sobre mi trasero.
—"Oh, vamos, Sakura. Es la primera vez que lo intentas," Gruñí ante su entusiasmo. Gruñí aún más cuando lo vi deslizarse expertamente hacia mi lado, Tomoyo alejándose más, con más experiencia que los dos juntos.
—"La práctica hace el maestro," Volvió a levantarme Yukito, y rodé mis ojos ante su frase trillada.
—"Si lo hago bien, ¿me dejarás encerrarme en tu habitación por lo que queda de tiempo en este infierno?" Sabía que la pregunta era retórica. No había forma de poder hacerlo bien.
Yukito sonrió ampliamente —"Si bajas esa colina, y esquivas esos pinos, te doy mi palabra que sí,"
Estudié el paisaje que me estaba enseñando. Seguramente era una misión suicida. La colina era lo suficientemente empinada como para poderla llamar barranco, y los árboles estaban tan cerca el uno del otro, que seguramente terminaría chocándome y haciéndome tortilla en alguno de ellos. Como para demostrarme que no era imposible, Tomoyo tomó esa ruta, y por supuesto, terminó con perfección.
—"¿Hablas en serio?" La misión era suicida. También era suicida quedarme con Meiling —la persona a la que más envidiaba en la faz del planeta—.
Bueno. No perdía nada, al fin y al cabo. Sólo cambiarían las condiciones en las que moriría. O verde de la envidia, o roja desparramada contra la nieve.
—"Okay," Solté alentándome. Podía hacer esto. Podía hacerlo. Nada es imposible. Nada es imposible.
Excepto separar a Shaoran de Meiling.
Y quizás hacer esto.
Tomé una respiración con fuerza, y me di impulso. Pronto, sentí que todo me daba vueltas por la velocidad a la que iba. Esquivé uno, dos, tres árboles. No me había caído.
¡Perfecto! Había hecho todo perfecto excepto que no había contemplado cómo debía frenar.
No tuve tiempo para ver la cara de Yukito palidecer, ni escuché los gritos horrorizados de varios de mis compañeros. No podía detenerme. No podía hacerlo.
—"¡Cuidado!" Grité descontrolada. Había un grupo de personas en frente de mí. Oh, Dios. Las aplastaría. La velocidad a la que iba era la suficiente como para matar a alguien lo suficientemente estúpido como para cruzarse en mi camino.
Cerré mis ojos cuando supe que la colisión era inevitable.
—"¡Cuidado!" Volví a gritar, y pronto sentí el colapso de mi cuerpo contra uno mucho más fuerte, causando que volviera a caer sobre mi retaguardia, en un banco de nieve que, gracias al Cielo, suavizó mi caída.
No me atreví a abrir los ojos, hasta que sentí que alguien cargaba con mi peso, casi a rastras.
Abrí mis ojos en pánico, e intenté gritar para pedir auxilio, pero fui silenciada con una mano en mi boca. Quise morder la mano, pero estaba muy bien escondida tras unos gruesos guantes. El pánico de mi caída ahora era reemplazado por una oleada intensa de miedo y de duda.
Los gritos de la gente —algunos felices, otros espantados como yo— poco a poco se iban alejando mientras el extraño me arrastraba por la nieve. Por un momento creí que era una broma. ¿Cómo era posible que Yukito hubiera bajado la colina más rápido que yo?
De repente, fui dejada en una pila de nieve, mientras al fin alcanzaba a adivinar la identidad de mi misterioso secuestrador.
—"¿Por qué no me hablas?" Si aún no lo hubiera reconocido, y no hubiera estado temblando en mi puesto, su voz me habría guiado a reconocerlo.
Abrí mi boca para espetarle, pero decidí que era inútil. Podía sentir las lágrimas volver a mis ojos, sólo con ver su hermosa cara.
Me levanté para regresar a donde mis amigos estaban. No estaba preparada para hablar con él, ni hoy ni nunca. Temía que todo lo que saliera de mi boca fueran ruegos para que no me deje o para que termine con Meiling.
Ya había tocado fondo y no volvería a caer.
—"Sakura," Su voz sonó vulnerable. Dios. No podía estar haciéndome esto.
Su mano tomó mi muñeca, después de haber dado mis tres primeros pasos para alejarme de él.
—"Sakura, por favor" Si lo anterior había estrujado mi pecho, sus palabras apuñalaron mi corazón. Contuve las lágrimas que ahora no me dejaban ver con claridad. ¿Por qué, oh, por qué no podía dejarme en paz?
No me moví para irme, pero tampoco hablé como él quería.
Sentí que su mano ahora continuaba jalándome hacia una dirección desconocida. La irritación finalmente venció al dolor.
—"No hay tiempo," Lo escuché murmurar, mientras seguía llevándome.
—"¿Qué haces? ¿Estás loco?" Intenté aflojarme de su agarre, pero fue inútil.
Después de llevarnos atrás de un gran pino, refugiándonos aún más de la gente, se volteó hacia mí, su cara dura como una roca.
—"¿Has decidido que puedes hablarme? ¿O piensas dejarme en la sombra para siempre?" Me mordí el labio al escuchar su desdén. Probablemente para él no tenía ningún sentido mi comportamiento. Decidí pretender que yo tampoco lo hacía.
—"¿De qué estás hablando?" Pregunté en una minúscula voz.
Su explosión fue algo más de lo que esperaba —"¡No mientas! No puedes mentirme, no a mí,"
Tragué en seco. No, no podía engañarlo. No podía decir que me había hartado de él. No podía decir que me había enamorado de otro. No podía decir que no sabía qué decisiones tomar. No cuando hace menos de veinticuatro horas estábamos besándonos apasionadamente.
—"Estás perdiendo tu tiempo," Le concedí ese pedacito de honestidad. Mi decisión estaba hecha. No podía continuar con él cuando se iba a casar con otra. No. No podía admitirlo. Claro, eso era algo que no podía decírselo.
—"¿Me dirás qué es lo que te está fastidiando? ¡Creo que tengo derecho a saberlo!" Fue lo arrogante de su frase lo que tumbó mis pobres defensas.
Mi estallido fue algo que ni yo lo esperaba —"¿Tienes derecho? ¿Tú, Shaoran Li, me dices que tienes derecho? ¿Y qué pasa con mis derechos? ¿Crees que no tengo derecho a saber que te casas con Meiling en dos semanas?" Mi voz se quebró al final de mi oración. Sentí que mis traicioneros ojos me delataban al soltar la primera lágrima de derrota.
Shaoran sólo palideció, y no dijo nada. Sabiendo que era inútil aparentar que no sentía nada, decidí revelarle lo que me fastidiaba, según sus propias palabras.
—"Meiling anda probándose el vestido de novia y lo único en lo que puedes pensar es en hacer respetar tus derechos," Mi voz sonó cruel ante mis propios oídos. Estaba tan furiosa. Frustrada. Dolorida. Todo, en una única y retorcida combinación.
—"¿Qué… qué fue lo que viste?" Su pregunta me tomó desprevenida, pero fue mi amargura la que contestó.
—"¿Qué fue lo que no vi?" Gruñí, en desesperación —"¿Pensaste que sería secreto de Estado, Shaoran? ¿Pensaste que nunca me enteraría? Pues tienes que agradecerle a Meiling. Se encargó de restregármelo en la cara,"
Su mirada había descendido al piso, y por un momento me pregunté si estaba hablando con una estatua, pero había tanto silencio que podía escuchar su respiración, lenta, elaborada. Su cara demostraba que estaba envuelto con pensamientos caóticos que eran demasiado para poder articularlos. Talvez así era mejor.
Lo vi dudar, —"Yo…"
Pero no tuve piedad. Nadie había sido piadoso conmigo. Nadie me había advertido que esto dolería así.
—"No, Shaoran. No quiero excusas. Dime la verdad," O esto se acabó. No pude mascullar el fin de mi frase. Me era imposible, absolutamente imposible. Era dolor físico, mental y sentimental sólo imaginarme ignorándolo por más de un día.
Lo vi deliberar en su cabeza, lucir más confundido de lo que nunca lo había visto. Me hizo preguntarme qué recorría su cabeza. ¿Había sido deliberada su crueldad? ¿Había susurrado todas esas palabras para conseguirme en la cama? El pensamiento de haber sido utilizada como una idiota era lo que me mantenía de pie, evitando que cayera sobre mis rodillas a rogarle que lo olvidara todo.
—"¿Vas a decírmelo o no?" No pregunté con impaciencia, porque no tenía ganas de escuchar la verdad. Sólo quería escuchar que él me amaba, fuera cierto o no. Quería escuchar que se arrepentía de no habérmelo dicho, fuera cierto o no. Quería escuchar que estaríamos juntos para siempre, aunque fuera imposible.
Pero sus ojos ámbares estaban decididos.
—"Es complicado," Su frase me irritó aún más.
—"No, no es complicado," Me oí a mí misma mascullar. No quería tener esta conversación hoy, ni nunca. —"Esto se reduce a si la vas a dejar o no," Me sentí asqueada de mis propias palabras. No quería lucir como una de esas psicópatas celosas. Pero era necesario. —"No… no quería darte un ultimátum, esperaba poder… No," Me arrepentí de lo que iba a decir —"Esto no es algo que puedo ignorar, Shaoran"
Su nombre en mis labios nunca había sonado tan amargo. En cualquier momento, me diría 'Entonces todo se acabó. No te quiero, Sakura. Nunca te he querido. Qué idiota has sido, ¿creíste que iba preferirte a ti? ¿Tú que tienes para ofrecerme?' Y es que no sólo competía contra Meiling, por supuesto. Quizás si fuera sólo contra ella mi competencia, tendría la oportunidad de ganar.
Competía también contra lo que la boda con ella representaba. Competía contra su madre, y la desilusión que le ocasionaría que su hijo desobedeciera sus órdenes. Competía contra sus hermanas y el resto de su familia, al ostentoso cargo que llevaría como cabeza de la familia. Competía contra todo el dinero y poder que seguramente venía con el cargo.
Así que, no tenía esperanzas. No había alguna esperanza para mí, eso lo sabía.
Así que lo único que me quedaba era escuchar sus palabras, penetrar una a una en mi pecho y aniquilarme.
Había creído que estaba preparada, pero había estado equivocada. Muy equivocada.
Absorbí sus facciones una a una, su cuerpo, el cuerpo más parecido a un dios griego que al de un humano, sus labios, con los que había disfrutado más allá de mi imaginación.
Sí, amaba a Shaoran Li y su rechazo acabaría conmigo.
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Shaoran Li P.O.V
No había anticipado el dolor que una confrontación con Sakura me iba a traer. Aún esperaba que la rabia subiera a mi cabeza, reemplazando el dolor que ahora me asfixiaba.
Sus palabras me habían confundido, hasta que imaginé lo peor, para darme cuenta que mis miedos se habían materializado. Iba a perder a Sakura. El sólo pensamiento era agonizante.
Mi garganta se había atado en un nudo y no dije nada de lo que en verdad quería decirle.
Quería disculparme por mi estupidez, por no haber confiado en ella, por no haberle advertido sobre mi situación, sobre cuán cercana estaba la boda, sobre no haberle dicho las suficientes veces que la amaba.
No me arrodillé ni supliqué como quería hacer. En vez de eso, pedí lo único que sabía que Sakura no me daría, tan herida como estaba. Podía ver su vulnerabilidad, que ahora resultaba más dolorosa que excitante, podía ver que también le dolía esto.
El tiempo se acababa, y yo necesitaba más. Necesitaba que ella confíe en mí. Pero no podía revelarle mis planes, no por temor a que ella los regara, sino por temor a lastimarla con ellos.
En el momento en el que su labio inferior tembló, mi decisión estaba hecha. Sólo esperaba que ella pudiera entender.
Me acerqué a ella, hasta que su cuerpo estaba lo suficientemente cerca del mío. No me tomé la molestia de chequear si alguien se había percatado de nuestro pequeño intercambio.
Tomé su rostro entre mis manos, y con dolor, me percaté que había lágrimas deslizándose por sus mejillas. Nunca supe cuánto la amaba hasta ese momento. En ese mismo instante, al ver su nariz enrojecerse y sus ojos brillar por las lágrimas que intentaba contener, su cara pálida y su cabello desordenado; supe que la amaba más allá de mi propia razón. Había aprendido a amarla de una manera exquisita cuando estábamos juntos, dolorosa cuando no.
—"Te amo," Dije sin aliento, las palabras más naturales del mundo. No tenía miedo al rechazo, porque en cada una de sus facciones podía saber que ella me amaba. No estaba seguro si tanto como yo a ella, pero lo suficiente como para animarme —atreverme— a pedir lo imposible.
—"Necesito tiempo, Sakura. ¿Crees que puedes confiar en mí?" Ésta era la hora. Sabía que era imposible que ella me diera tiempo. ¿Tiempo para qué? Podía ver en sus ojos la pregunta tácita. Me sentí derrotado por un momento, a sabiendas que era inútil.
Si ella confiaba en mí, entonces podría hacer esto de la manera fácil.
Si ella no confiaba en mí, esto se pondría feo. Me dolería tener que hacerlo, pero era necesario, si quería estar junto a ella.
Sus ojos estudiaron mi cara, y me tomé mi tiempo para observar su expresión. Había duda, definitivamente, pero también había confianza. Me atreví a soñar.
—"¿Por qué?" Finalmente, la pregunta que esperaba, pero para la que no estaba preparado para responder. Era la pregunta que eliminaría ése diez por ciento de posibilidades que había de que ella entendiera.
—"Confía en mí," Repetí evadiendo la pregunta, en una última esperanza de que no presionara más el asunto. Por favor.
La observé mientras deliberaba de nuevo, y sus ojos verdes me absorbían otra vez. Tomé una respiración fuerte. Sakura estaba finalmente decidida.
—"¿Puedo confiar en ti?" Una sonrisa suave tomó su rostro, borrando todo vestigio de agonía, de furia y de duda.
Mi euforia fue aún mayor, mientras acariciaba sus mejillas, que ahora estaban sonrojadas.
—"Siempre," Le aseguré justo antes de acercar su cara a la mía. Era demasiado fácil recordar cómo besarla, lo imposible sería olvidarlo. Sentí sus manos en mis hombros justo antes de fundirnos en un beso que resultó más explosivo que cualquier otro que hubiéramos compartido antes.
Desde ese momento, ambos éramos diferentes. En ese instante, así como lo había sentido, habíamos renunciado a un amor adolescente, para ser adultos. En menos de dos segundos, había ganado más sabiduría de lo que lo había hecho durante toda mi vida, y se sentía bien.
Lucharía por esto. Sólo rogué al Cielo, para que las cosas salieran igual en el resto de tareas que todavía me quedaban por cumplir.
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Sakura Kinomoto P.O.V
Okay, probablemente si hacían una competencia de gente con poco carácter, yo ganaría la medalla Olímpica. No era como si me estuviera arrepintiendo.
Troya había encontrado su caída con el caballo y yo había encontrado la mía, cuando Shaoran susurró las palabras mágicas 'Te amo'. Ahí estaba. Eso era todo lo que había necesitado para que mi interior se derritiera, mi furia se fuera por el drenaje y mi dolor se adormeciera.
Sus ojos habían sido tan sinceros, sus palabras aunque bajas, certeras. Después de haber murmurado esas palabras, tranquilamente pudo haberme pedido la luna, y yo le hubiera preguntado: ¿envuelta para llevar?
Mi corazón había latido errático, mis ojos habían producido lágrimas, y mi nariz no me dejaba respirar. El frío que nos rodeaba ya no me incomodaba, y aunque lo posterior me había dejado intranquila, encontré mi calma en sus brazos.
No quise cuestionarlo, porque me dolería si resultaba que no me decía nada porque no confiaba en mí.
—"Creí que te había perdido," Confesé en una voz minúscula, mientras él me miraba, sus labios sólo una pulgada de distancia de la mía.
Vi el miedo regresar a sus ojos —"No, eso no va a pasar," Su frase probablemente sería para consolarme, pero aún creía que era para convencerse a él también.
—"¡Sakura!" Los gritos eran lejanos, pero rompieron mi concentración.
Shaoran se separó un paso de mí —"Supongo que te veré luego. Tus amigos te estarán buscando," Parpadeé, confundida, al no sentir su cuerpo contra el mío.
Fruncí mi ceño —"Está bien," al verlo no moverse, sabía que tendría que ser yo quien regresara. No sabía cuánto nos habíamos separado del grupo hasta que vi la distancia que había hasta llegar a la colina.
—"¿Dónde andabas? ¡Estábamos preocupados!" Yukito lució frenético, mientras me examinaba en busca de heridas. Seguramente, con la conciencia sucia al haberme hecho semejante reto.
Tomoyo me recibió con un ceño fruncido, mirando en dirección de donde había venido.
Me encogí de hombros —"Creo que por un momento me perdí," Solté sin revelar nada. Me sentía perdida.
—"Tengo hambre," Soltó Yukito descuidadamente, como si quisiera evitar la incomodidad que nos había rodeado.
Naoko asintió, como si se encontrara pensativa. Me encogí de hombros; no sabía de qué Naoko tenía que deliberar, pero yo también llevaba una buena carga en mi hombro.
—"¿Vienes?" Fue Tomoyo quien preguntó, con voz más suave de lo que estaba acostumbrada a escucharle. Me odié a mí misma por dejarle ver cuán vulnerable en verdad estaba. Quizás, me consolé a mí misma, era que me compadecía al ser compañera de habitación de la persona a la que quería eliminar de la faz del planeta.
Seguí a mis amigos hasta el restaurante del hotel, en donde cada uno ordenó un sándwich y gaseosa. Yo pasé en ambas, sabiendo que mi estómago no resistiría el golpe después de semejante conmoción.
Yamazaki y Yue se acercaron de la nada, luciendo algo sonrojados —mph—y con sonrisas no características en ellos, pintadas en sus rostros.
—"¿Qué les parece una carrera con motos de nieve?" Los ojos de Yue resplandecieron con el reto. Hubo reacciones distintas por parte del grupo.
—"Oh, no" Soltó Naoko, con el ceño fruncido —"¿Saben cuán peligrosas son esas cosas? ¡Hay gente que ha muerto por eso!" Contuve el impulso de rodar mis ojos, Yue no lo hizo.
—"¿Qué apostamos?" Fue la respuesta de Yukito, cuya mente macabra al igual que la de su hermano debía estar maquinando algo para ganar.
Pero Tomoyo ni yo dijimos nada. Personalmente, no tenía nada en contra de la velocidad, pero exponerme al frío era otra cosa. Además, con lo distraída que estaba seguramente mataría a alguien, subida en esa cosa.
—"No puedo," Escuché a Tomoyo murmurar. Nadie se atrevió a contradecirla, porque todos estábamos acostumbrados a que realizara planes con Eriol que usualmente no incluían a ninguno de nosotros.
—"Tampoco yo," Dije levantándome de la mesa. —"Los veré luego," Dije sin pensármelo mucho. Nadie lució desilusionado, porque los tres chicos que estaban interesados, había comenzado a hacer sus apuestas.
Por un momento, me incomodó la mirada de Naoko. Honestamente, ¿qué le había pasado? Pobre. Del ataque de chocolate, había pasado a callada crónica, y luego a enojona. No era su comportamiento usual, por supuesto.
De nuevo, no tenía tiempo para pensar en eso.
Seguramente Meiling habría salido con sus amiguitas de nuestra habitación. Quizás podría tomar un baño con agua caliente, y relajarme un rato…
Entré al ascensor, y presioné el botón de mi piso. Justo antes de que las puertas se cerraran, alguien entró. Incluso antes de que viera su identidad o escuchara su voz sabía de quién se trataba.
—"Shaoran," Escuché a mi boca soltar sin aliento, su imagen de perfección siempre distrayéndome. Me sonrió de una manera jovial y aunque mi mente parecía estar drenada, me encontré sonriéndole. Honestamente, ¿había pensado dejarlo? La idea —sólo el pensamiento— me parecía ridículo.
Sus manos fueron a mi cintura, y volví a sonreír. Síp. Completamente ridícula.
—"¿Quieres que te diga un secreto?" Su voz —ah, su voz— me susurró en el oído.
Arrugué mi nariz —"¿Es bueno o es malo? Porque si es malo, no creo que debas contármelo, puede ser que te chantajee más tarde," Bromeé a la vez, y me mostró otra de sus sonrisas. Estaba contento.
—"¿Quieres saberlo o no?" Fue mi turno para sonreír.
—"Por supuesto," Como si no quisiera saber cualquier cosa que se relacionara con él.
—"Debes prometer que no lo revelarás, ni bajo tortura" Sus ojos bailotearon con entusiasmo.
Levanté mi mano como juramento.
—"Okay," Su mano rozó mis labios, en un movimiento lento —y deliberado— y otra sonrisa se presentó en su cara —"Creo que soy caníbal,"
Fruncí mi ceño ante lo ocurrido de la frase. Parpadeé, para aclarar mis ideas. Su cara era seria, pero en sus ojos podía ver la broma detrás de la frase. Okay. Esto debía ser una broma.
—"¿Qué?"
—"Creo… que… soy…" Cada una de sus palabras mandaba una corriente eléctrica por mi espalda. —"Caníbal,"
Me mordí los labios para no reírme. —"¿Caníbal, como del tipo que come carne humana, ése tipo de caníbal?"
Lució confundido por un momento. —"No estoy seguro,"
Esta vez sí me reí. —"¿Y por qué lo crees?" Hundí mis dedos en su cabello, y su respuesta fue lo suficientemente intimidante como para hacerme olvidar de dónde estábamos.
—"Porque quiero devorarte toda," Mientras mi cuerpo se hiper ventilaba y mi cerebro se transformaba en cenizas, levemente fui consciente de que nuestro ascensor se detenía. Pero Shaoran lo ignoró. No bastaron ni dos segundos para que estuviéramos besándonos, ignorantes de lo que sucedía a nuestro alrededor.
Y se sentía tan bien. Poder estar cerca de él, se sentía como tocar el cielo. Maldije el lugar en el que nos habíamos encontrado, porque era improbable —nótese que no digo imposible— que pudiéramos hacerlo aquí. Pero cualquier vestigio de posibilidad quedó completamente evaporado cuando escuchamos que alguien entraba al ascensor.
Saliendo de mi nube, me choqué contra la tierra. Shaoran y yo nos apartamos, aunque era imposible negar lo que había estado sucediendo entre nosotros, hasta que fuimos interrumpidos. Sin levantar mi mirada, me imaginé el peor escenario.
¿Podría ser Meiling y me armaría la tercera guerra mundial? ¿O sería alguna de sus alcahuetas? ¿O alguno de mis amigos? ¿O alguno de los amigos de Shaoran? ¿O el director?
Todas esas posibilidades se elevaron en mi mente, pero al no escuchar el grito histérico de Meiling —así hubiera reaccionado—, ni que alguna de sus amiguitas se echaba a la carrera para gritarlo, reuní el suficiente valor para levantar mi rostro.
Deseé nunca haberlo hecho, por supuesto.
Porque ahí se encontraba Touya, mi hermano mayor, junto a su novia, Nakuru. Ambos mirándome con sus mandíbulas desencajadas por la sorpresa.
Maldito mundo redondo y pequeño.
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Notas de Autora:
Hola!! Oops… Más y más problemas para nuestra parejita de oro, ¿no? De cualquier manera, este capi me gusta, no sé si a ustedes también. Sé que nos estamos acercando a la recta final de nuestro fic… y no sé si continuaré escribiendo después de esto. En fin, me gustaría conocer la opinión de todas sobre el capi, no saben cuánto esto me ayuda, quiero que sepan que yo leo todos y cada uno de sus comentarios, pero el factor tiempo no me ayuda en el momento de responderles. Por favor, cualquier duda que tengan con respecto al fic, no duden en preguntarla en este capi, porque en la próxima actualización contestaré a los reviews.
Muchos besos a todas que dejaron sus lindos comentarios,
Nos vemos pronto,
Sakki.
