Capítulo 3
Tensión en trío
Michelle durmió toda la noche, sin inmutarse ni cuando apareció el anciano ni cuando los caballos escaparon, su cuerpo y mente cansados la sumieron en un sueño sin sueño bastante necesario, tras días y noches de persecución.
Despertó —y no de muy buen humor precisamente— con el olor a comida. Al parecer Aragorn había tomado prestado uno de los bolsos para hacer un desayuno ligero. Alice seguía durmiendo, debía estar bastante cómoda y calentita envuelta por completo en su manta y capa, con apenas sus cabellos revueltos asomando, a diferencia de ella, que llegaba a tiritar del frío. Sin destaparse, se acercó a la fogata para calentar un poco sus manos.
— ¿Tienes frío? —preguntó Legolas, quien estaba sentado cerca suyo.
Michelle hizo rodar sus ojos ante la obviedad de su consulta.
— Nooooo. Sólo estoy tiritando porque me gusta temblar en las mañanas. En serio, me encanta —contestó sarcásticamente, haciendo sonreír al resto y provocando una breve risa del enano.
Mientras comía algunos frutos secos, bayas, algo de sopa y un poco de pan, observó a Maglor intentar despertar a su amiga. La chica se quejó en voz baja, encogiéndose bajo las mantas de una manera algo más compacta, lo cual demostraba que la herida estaba sanando bien. Unos cuantos remezones más y Alice se asomó, completamente despeinada, con una gran cara de sueño, un humor de perros y mirando al mundo con ojos no muy amables. No la culpaba, ella se sentía igual.
Desayunaron mayoritariamente en silencio, hecho esto, Michelle se fue a un rincón mientras esperaba que el resto terminara de guardar, para cepillar su cabello y lavarse el rostro en privado. No le interesaban mayormente las conversaciones, no creía que fueran importantes. Lo poco que escuchaba eran referente a un viejo que los visitó en la noche, pero no veía cómo eso podía ser un problema para ellos, así que se dedicó a lo suyo, hasta deshacer la mayoría de los nudos y se amarró su desordenado cabello en una cola. Luego caminó por los alrededores, observando todo con poco interés, cuando repentinamente una mano golpeó su hombro, sobresaltándola.
— ¡Por Dios Alice! ¡Vas a hacer que me dé un infarto!
Ella, ante toda respuesta, simplemente le entregó su celular. La morena alzó una ceja mientras tomaba el objeto y tras desbloquearlo, observó la foto y leyó el consiguiente texto; el alivio que sintió fue instantáneo y dio gracias en silencio. Las noticias eran más que buenas, por lo que tras calmarse no comprendió por qué Alice no parecía alegre. En seguida cambió a su postura seria, observando con sus penetrantes ojos a su pequeña y frágil amiga.
— Ya, dime qué pasa. Y no me digas que nada porque se te nota a leguas que no es así.
— La señal se cayó —contestó tras vacilar un momento, bajando la cabeza al sentirse incapaz de sostener la fuerte mirada de la morena—, el mensaje lo mandaron anoche pero recién llegó ahora y ¡pum! Ya no se puede enviar ni recibir nada.
— Oh no… Supongo que ahora deberemos esperar por las noticias como todos los demás —se lamentó, viendo como su amiga asentía en silencio, lo cual despertó una pequeña sospecha en su interior—. Estás muy silenciosa Alice. No me estás contando todo ¿verdad? Vamos dime y no me mientas.
La joven suspiró mientras se removía nerviosa en su sitio, sin dirigirle la mirada todavía.
— Es sólo que, no quería preocuparte. Es, bueno, quizá Elrond tenía… algo de razón con las mochilas, o puede que sea otra cosa, no lo sé.
— ¿Qué pasa con los bolsos? ¡Pero habla claro que no te comprendo!
— Me parece que están fallando un poco, no sabría decirte de qué forma, pues no sabemos cómo trabajan, así que no sé… Tal vez sea el abuso de sus poderes o algo relacionado con las dimensiones, pero cada cierto tiempo se vuelven "normales" ¿entiendes? Y, ahm, no tengo ni idea de si terminará pasando lo que sucedió con los celulares o sólo ocurrirá de vez en cuando.
Aquello si alarmó a Michelle, la simple idea de andar por ese mundo, sin acceso a medicinas o cualquier cosa que pudiera sacarlas de un apuro, la estresaba y desesperaba enormemente; en verdad hoy no era su día. Alice comenzó a disculparse y ella rápidamente la calló, casi sin respirar de lo tensa que se sentía.
— ¡Ya shu shu shu! No te disculpes, en serio no estoy de humor. ¡Ufff! Que jaqueca tengo, ¡No, no pongas esa cara! En serio, no es tu culpa, es mejor saberlo de todos modos y ya había despertado de malas igualmente. Si, en serio, ahora ve con Maglor a, no sé, descansa por allí mientras buscan. Debo pensar un rato y de verdad, no te preocupes ni te culpes ni… nada de nada por ese estilo.
Tras irse Alice suspiró. Mientras se apoyaba contra un árbol con la cabeza hacia atrás, tapó su rostro con ambas manos unos breves segundos antes de dejarlos caer. Que esto no fuera a peor rogó, mientras veía el cielo claro a través del grueso follaje.
-.-.-
Pronto hallaron algo, aunque no era precisamente lo que buscaban. Comenzaron a adentrarse en el bosque siguiendo ciertas pistas, ambas chicas con un cierto desgano y algo atrás para no molestar. Alice, de pronto, lanzó un profundo suspiro y se sentó en un viejo tronco caído. Mediante señas, Maglor indicó al resto que se les uniría después y se sentó también, mientras Michelle se quedaba parada observando.
— Lo siento —se disculpó la joven de cabello castaño, doblada hacia delante y con la mano derecha descansando en su estómago.
— No te preocupes, si necesitas descansar simplemente hazlo. Tampoco debes esforzarte demasiado o no podrás recuperarte por completo —comentó el elfo amablemente, mientras hacía caricias circulares en su espalda para reconfortarla.
— Si, eso mismo, no te sobre exijas.
— Ya, lo sé. Es solo que no quiero ser una molestia —aclaró Alice cansada, sentándose por fin derecha.
— ¡Ay! ¡Ya estamos otra vez! si no es una es la otra. Que manía la de ustedes tres ¡No eres una molestia! —la rebatió la morena exasperada, poniendo los ojos al cielo y dando énfasis a la última palabra.
— Ok, está bien, perdón. Tampoco es para que te pongas así.
— Muy bien ustedes dos, tranquilícense. Alice, ¿necesitas descansar un poco más o prefieres que te cargue?
— No no no, yo puedo caminar, ¡en serio! Si quieren continuamos ahora.
— Continuaremos cuando lo desees tú, no cuando nosotros queramos —replicó Maglor con seriedad, pero con un tono suave que invitaba a la confianza. Alice se mordió el labio unos momentos con gesto indeciso, antes de decidir en un tono aún no muy seguro que prefería continuar.
— ¿Segura? —preguntó la morena, captando el tono de voz.
— Si, segurísima, de verdad. Ya ¿vamos?
Los tres avanzaron a través del bosque, siguiendo las huellas del resto hasta unas escaleras de piedra natural por la cual subieron, llegando justo en el momento en que un viejo que hablaba con la comunidad se subía a una roca, quitándose la capucha y revelando unas vestiduras blancas que centelleaban. Michelle en seguida lanzó una exclamación, cubriéndose los ojos, mientras el resto soltaba las armas y reconocían a Gandalf, con expresiones que iban desde la sorpresa a la incredulidad o miedo. Atrás de ella, Maglor se encontraba en silencio y sólo sus ojos reflejaban el asombro, al tanto que Alice también cubría su vista. Mientras el viejo mago bajaba de la roca y recogía su manto gris, la morena dio algunos pasos hacia delante diciendo:
— Gracias, no necesitaba mis ojos de cualquier forma.
El mago sonrió divertido.
— Intentaré ser cuidadoso de ahora en adelante, ya que necesitarán su vista en perfecto estado. Puedo ver que son menos y es bastante fácil deducir con quienes están su amigas, supongo que la joven Marie no podía seguir esperando para ir a liberar a su compañera.
— Seh. Será canija pero es dura de pelar y seguro sobrevivirá a lo que sea que se enfrente… Aun así, voy a golpearla la próxima vez que la vea.
Gandalf rio suavemente y luego se volvió hacia el resto. Michelle se encogió de hombros, acostumbrada para entonces a la extraña forma en que la historia principal se desarrollaba, por lo que se dio la vuelta, sentándose junto a Alice a esperar que pudieran continuar su camino.
— Deberías hacer el intento de escuchar, aunque sea un poco —le susurró Maglor, quien se había sentado junto a Alice como siempre.
— El 90% de las veces tiene que ver con la historia original de este mundo, lo cual les concierne solo a ellos. Nosotras tenemos una misión distinta, por lo cual debemos esperar a que se nos den las pistas.
— Aun así, nunca sabes cuando algo de eso pueda serles de utilidad.
— Bueno, para eso te tenemos a ti.
Maglor le dedicó una sonrisa torcida, ladeando un poco el rostro, que era obviamente la expresión ocupada por Marie, y luego giró la cabeza hacia el resto. ¿Desde cuándo exactamente venía ocupando gestos de ellas o su mundo? Su mente comenzó a divagar con la respuesta; quizá fuera desde el principio. Mientras estaban en Rivendell, él ya usaba varios conceptos de su mundo, así que todo debió de empezar cuando Alice y Marie cayeron en el pasado. Tenía sentido, también lo de su forma de comportarse, que era tan cercana como la de ellas a diferencia del resto, quienes guardaban una pequeña y respetuosa distancia, puede que se hubiera habituado con la interacción continua que compartían los cinco.
¿Hum? ¿En qué iba el resto? Algo sobre los Ents al parecer, ojalá no faltara mucho para seguir, estaba aburriéndose. Observó a Aragorn levantarse y la transformación que sufrió junto con Gandalf. Como estaba aún algo distraída, se preguntó si no estaría alucinando. No sería la primera vez, sinceramente.
La temperatura que comenzaba a elevarse mientras avanzaba la mañana la adormeció, y por respeto al resto, ahogó un bostezo y un suspiro. Miró hacia el lado. Por el rostro de Alice, podía ver qué pasaba de un momento de completa atención al relato que contaba el mago a otro de abstracción; ella ni siquiera tenía que escuchar lo que decían ya que conocía la historia. Vagamente se preguntó si habrían dicho algo importante mientras ella pensaba en "la inmortalidad del cangrejo"… bueno, lo sabría cuando leyera el libro. ¡Porque iba a leerlo! ¡No estaba bromeando, esta vez lo haría! Aunque si pudiera hacerlo después de haber tomado un baño caliente, recostada en una cama, con un vaso de jugo al lado y su música favorita de fondo para inspirarse en la lectura, con el aire fresco de la tarde entrando por su ventana…
De pronto se percató de que no recordaba muy bien su cuarto y se asustó. Hurgó entre sus recuerdos hasta encontrar algo que la tranquilizara, pero eso sólo le trajo nostalgia y deseos de llorar. Quería volver a casa, quería sus cosas de vuelta, esas que tanto esfuerzo le había costado obtener a diferencia de ese bolso que le daba todo. Hasta se lo vendería al diablo con tal de recuperar su normal vida anterior.
— Por cierto —dijo de pronto Gandalf, dirigiéndose a ellas y de paso sobresaltándola. Al parecer había terminado de hablar con el resto, quienes ahora lucían algo serios—, este objeto me fue entregado cuando regresé, con el fin de que llegara a sus manos a salvo. Ustedes habrán de descubrir cuál es su propósito. Sólo han de tener una cosa en cuenta y es que una mitad no pertenecerá a ustedes.
Dicho esto, tomó algo de entre sus ropas y rápidamente Michelle extendió sus manos, recibiendo una gran roca ovalada de color marfil.
— Ah —dijeron perplejos los tres casi al unísono.
Incluso los otros lo miraban, intentando encontrarle un uso contra los múltiples enemigos que se habían ido presentando, pero su aspecto tan… de roca… era una simple roca blanca, no daba lugar a la imaginación. Lo único inusual en ella que la morena pudo notar, es que casi no pesaba nada a pesar de su tamaño —cabía dentro de ambas manos y aún faltaba algo de espacio— ¿Qué se suponía que harían con ella? ¿Tirarla contra las cabezas de las criaturas negras?
Fue un extraño momento incómodo, en el cual las miradas iban de Gandalf a la piedra y de la piedra a Gandalf. Finalmente el mago continuó.
— También, a pesar de lo inestable que es el futuro de ustedes, Galadriel les envía un mensaje:
-.-
"Varias cosas se ganan y otras se pierden, algunos se marchan y otros vuelven.
De un solo camino muchos otros se abren, más alegre por completo ninguno va a ser.
Cuidado con los dobles, malas noticias llevan, alegría su sonrisa no muestra.
En las sombras se abren peligrosos agujeros. Si caen, podrían no salir de ellos.
Ni siquiera en sueños a salvo se está, los sueños son puertas, no sabes dónde llevan.
Grandes cambios ocurren en el interior, a través del sufrir se hacen mayor.
Si debes decir algo entonces hazlo, pues tarde será si esperas demasiado,
Pues de entre los varios caminos, sólo uno es más trágico.
Tomar decisiones es duro al crecer, pero el futuro de eso va a depender."
-.-
Siguieron observándole en silencio, tratando de darle sentido a esas palabras mientras seguían buscando un uso a la piedra e intentando relacionarla al extraño mensaje; pero la respuesta los evadía. Entonces Gandalf los instó a irse. El resto permaneció parado allí un momento más antes de seguirlo.
Michelle se quedó observando la piedra en sus manos mientras caminaban, sin decidirse a guardarla o continuar descifrando su enigma, finalmente se rindió y la metió dentro del bolso, sólo para presenciar una curiosa reacción. En cuanto el objeto entró en las profundidades, sintió un breve temblor proveniente de la mochila y antes de siquiera poder pestañear, la roca salió disparada hacia arriba, formó un corto arco y golpeó la cabeza de Legolas, entonces volvió a saltar y aterrizó sobre Gimli, quien iba al lado del elfo Sinda.
— ¡Hiiiiiiii! ¡Lo siento no fue mi intención la roca salió disparada sola en verdad yo no fui lo siento! —se disculpó a gran velocidad la morena, casi sin respirar, sin creer del todo lo que acababa de ocurrir.
— La piedra... voló —murmuró Alice atónita, con la boca ligeramente abierta de la impresión.
— Creo que la magia de ese objeto y la mochila no son compatibles —opinó Aragorn mientras ayudaba a Legolas a levantarse del suelo. No parecía estar herido, pero si ligeramente atontado por el fuerte golpe—. ¿Estás bien Gimli?
— ¡Claro que sí! ¡Nosotros los enanos somos fuertes y duros, podemos soportar cualquier golpe!
— También tienes un casco —apuntó Alice.
— Aún sin él sería lo mismo —gruñó mientras recogía la roca y la examinaba—. No reconozco el material de ésta roca, pero sí es verdad que tiene magia, una desconocida y antigua al parecer.
— Supongo que tampoco es de este mundo —bufó Michelle sombríamente, frotando su frente y cerrando los ojos con cansancio —. No sé por qué no me extrañaría.
— Ya que no pueden cargarla ustedes, la llevaré yo —se ofreció Maglor.
— Claro, claro. No queremos herir a nadie más con misiles voladores de otro mundo —apoyó Michelle, entregándosela—. Por cierto Legolas ¿Cómo te encuentras?
— Estoy bien, no fue demasiado fuerte.
— ¿Seguro? Terminaste en el suelo...
— Si, no es nada grave —reiteró con una leve sonrisa.
— Si tú lo dices...
Tras aquel evento, el camino hacia la salida del bosque fue silencioso y tranquilo.
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Hacía horas que caminaban, bueno, no en el sentido estricto de la palabra pues era Bárbol quien lo hacía, ellas sólo estaban sobre él, esperando pacientemente llegar a su destino. Marie ahogó un bostezo y observó nuevamente los inmensos árboles que los rodeaban, preguntándose si existiría algo así en su mundo. Quizá en la selva amazónica, sólo que con más calor y humedad. Debían estar acercándose, pues ahora Bárbol lanzaba llamadas al aire que parecían ser respondidas en la distancia. Se quedó entonces observando hipnotizada sus pies un rato, notando que las botas estaban sucias y gastadas pero por su procedencia, esperaba que duraran hasta que todo terminase.
Alzó el rostro, viendo ahora que bajaban a un extraño valle donde se encontraban varios Ents de distintas especies de árbol, largos y bajos y viejos y jóvenes, ninguno parecido al otro y todos mirándolos con detenimiento. La única similitud que encontró fueron los ojos de los cuales no podía desviar la mirada. Había algo allí que la atraía: esa profundidad, ese brillo verde, esa firmeza, fuerza y sabiduría… pero también muy en lo profundo, sentía que tenían algo peligroso, algo que no podía poner en palabras pero le hacía saber que era mejor no molestarlos.
Los Ents comenzaron a hablar entre ellos en ese curioso idioma suyo que ni siquiera ellas podían traducir, entonces miró a Fran inquieta ¿qué debían hacer? ¿Tenían que esperar allí hasta que terminaran? El problema se solucionó por si solo cuando Bárbol, notando la inquietud general, los invitó a pasear por allí y los bajó al suelo, algo que era agradable y muy bienvenido después de pasar horas sentadas. Sin saber muy bien a donde ir, comenzó a caminar tras los hobbits fuera del valle, preguntándose si sus amigas estarían bien ¿habrían recibido su mensaje? Sacó el celular para ver si le habían enviado algo y se detuvo. Fran avanzó un poco más antes de notarlo y devolverse.
— ¿Sucede algo?
— No hay señal.
— ¿Qué? —inquirió perpleja.
— ¡Whaaa! ¡No hay señal! ¡Noo por la [omitido] por qué no hay ahora, justo cuando una más lo necesita, joder! ¡Nooooooo, por quéeeeeeeee!
— Ya, tranquila, quizá sea temporal.
— Pero es que uggghhfgffhfgghg… —Marie comenzó a saltar tiesa, gruñendo por lo bajo palabras ininteligibles.
— Ya ya, tranquila, tranquilízate —la calmó, aunque ella misma se sentía inquieta por la noticia—. No hagas tanto show ahora que no servirá de nada. Vamos con los otros ¿sí?
— Si, si, vale.
Algo más adelante, ambos hobbits se encontraban contemplando el lugar donde se hallaban reunidos los Ents.
— Las estábamos esperando ¿Qué las demoró?
— Uhm, Merry, no creo que sea de nuestra incumbencia. Ya sabes… —señaló Pippin titubeante.
— Oh sí, cosas de chicas. Realmente nunca entenderé eso.
— Nadie lo hace, de hecho —aclaró Fran riendo y rascándose la nuca—, a veces ni uno misma lo hace. Pero no tiene nada que ver con eso, es que nos dimos cuenta de que cierto objeto que poseemos había dejado de funcionar y estábamos buscando la razón de esto.
— Oh bueno, supongo que no podemos ser de gran ayuda en cosas referentes a su mundo —comentó Merry pensativo, cruzándose de brazos, entonces añadió con más entusiasmado—. Por cierto, pensábamos ir al manantial que nos mencionó Bárbol ¿desean acompañarnos?
Las jóvenes asintieron y se unieron en su caminar tranquilo a la sombra de los grandes árboles. Ya al lado del agua, ambas se desprendieron de sus botas y dejaron descansar sus pies al aire libre. Fran aprovechó de sumergirlas un poco en el agua fría, sintiendo como un estremecimiento recorría su cuerpo, pero pronto se acostumbró y una sensación de frescura la llenó por dentro. Entonces sacó sus pies para mirarlos. Si no fuera por esas botas mágicas, lo más seguro es que los tendría desechos, en cambio, sólo tenía un ligero enrojecimiento y unos callos en la planta de ambos pies, debido a las largas caminatas desde que abandonara su mundo. Dio un suspiro y echó su cabeza hacia atrás para mirar el cielo, éste tenía un color mucho más oscuro que el de la ciudad obviamente, pues no contenía las grandes cantidades de smog que proliferaban en su mundo, pero a pesar de su leve diferencia, seguía recordándole muncho a su hogar.
Se estaba poniendo nostálgica ¿era esto normal? ¿Le sucedería al resto de sus amigas? Aunque los hobbits también lucían melancólicos, quizá fuera el ambiente o que al estar por fin fuera de peligro y en tranquilidad desde Lothlórien, la relajación tras el estrés los dejaba más susceptibles a emociones como esas. Sacudió la cabeza, intentando espantar las memorias y la añoranza que, como telarañas, intentaban encerrarla; debía pensar en otra cosa.
Miró al lado, no podía decir muy bien que estaría pensando Marie, su rostro era ceñudo y su postura cerrada, como para protegerse o impedir que alguien descifrara su interior. Su mirada se encontraba fija en el horizonte, perdida. Sintió escalofríos, le hacía recordar su pesadilla antes de que los raptaran. Supuso que aquello había sido un sueño premonitorio, pero si era así, ¿qué significaría la escena con Alice? Volvió a estremecerse, así que prefirió concentrarse en el agua del manantial y dejar la mente en blanco ¡pero era tan difícil! Su cerebro insistía en repasar los eventos previos. Ahogó un bufido y lanzó su bolso detrás, para luego recostarse y ocuparlo de almohada. Al menos intentaría dormir, tal vez eso fuera lo que necesitara, un buen descanso para que todo volviera a estar en orden en su cabeza.
Cayó dormida antes de si quiera darse cuenta.
-.-.-
Los pensamientos de Marie eran sombríos, llenos de recuerdos oscuros de desamparo, dolor y emociones negativas, ¿estarían tratando mal a Emilia? La ponía nerviosa el quedarse quieta en ese lugar y la tranquilidad la sacaba de quicio. Se mordió el dedo gordo, intranquila, mientras movía la otra mano golpeando su muslo, arriba y abajo, arriba y abajo. Sus piernas entrecruzadas le daban una mayor comodidad para moverse un poco de adelante hacia atrás, algo más común de hacer por Alice, pero en ese momento la tranquilizaba un poco.
Si sólo fueran más rápidos. Gruñó y se revolvió el pelo frustrada, antes de mirar el agua buscando su reflejo; aquel mundo la volvería loca. ¿Por qué estaban allí de todos modos? Si el que las había traído —quien sea que fuese— quería que encontraran la solución para lo que estaba sucediendo ¿no habría sido más lógico usar a alguien experto en aquel mundo? Siendo Tolkien famoso, debía haber muchísimos fans que conociesen al derecho y al revés cada uno de los libros de la Tierra Media, gente que supiera defenderse. Alguno habría que fuera fanático y al mismo tiempo experto en supervivencia, que entendiera de ciencias o lo que fuera que se necesitase, o con… que sabía ella… poderes especiales, mentales… algo psíquico. Aunque según lo que había dicho Galadriel, podría ser que quien las trajo les hubiera dado o despertado algún don, como ella con su visión del mundo espiritual, pero ¿por qué no traer a alguien que ya lo tuviera o poseyera todos, que conociera ese mundo y que supiera defenderse?
¿POR QUÉ ELLAS? Quiso gritar mientras caminaba de un lado al otro, entonces sintió a alguien tirarle de la manga suavemente.
— ¿Se encuentra bien? —preguntó Merry preocupado.
— Ahm ¿Si?… sí, estoy bien.
El hobbit bajó un poco la mirada y dijo suavemente: — No tiene que mentir señorita Marie, en serio, puede confiar en mí si tiene algún problema.
La joven suspiró frustrada y se sentó de golpe en el suelo, era difícil decirle que no a esas personitas de cabello enrulado de aspecto tan tierno.
— No, es sólo… estoy ansiosa por llegar, Emilia está allá (es otra más de nosotros) y me pone nerviosa el pensar qué podrían estar haciéndole y el tener que permanecer quieta aquí… me iría corriendo si no fuera porque no me sé el camino.
— Oh, así que es otra amiga suya.
— Si, algo así. Aunque la verdad nos hemos ido distanciando, pero su seguridad sigue siendo importante para mí y me dolería que le pasase algo malo.
— Lo comprendo, aunque pienso que debería buscar una forma de distraerse —le aconsejó Merry sabiamente—, la ansiedad no le ayudará a adelantar las cosas, solo la entorpecerá y enturbiará sus sentidos cuando más los necesite. Relájese e intente descansar para reunir las energías que requerirá después.
— Si, tenes— tienes razón. Lo intentaré, gracias por tu consejo, me ha ayudado bastante.
El silencio que siguió fue agradable y Marie sintió que la tranquilidad ya la invadía cuando Bárbol se acercó con otro Ent, al cual presentó como Bregalad y quien parecía ser bastante joven; al parecer les iba a hacer compañía en lo que se decidía el resto. Caminaron tras él a lo largo del día, era un Ent bastante simpático, cuya risa recordaba a las jóvenes la de su amiga Michelle, fuerte, enérgica y pegadiza. Haciendo caso al consejo, Marie intentó dejarse llevar y pronto el día se le hizo demasiado corto para poder disfrutarlo. Al atardecer fueron a su casa y escucharon variadas historias sobre el pasado, junto con cantos dulces que, a pesar de su tristeza, los acunó al caer la noche.
Los siguientes dos días fueron parecidos, fugaces como los pequeños meteoritos al entrar a la atmósfera del planeta, con la diferencia de que el tercer día se desarrolló tenso, como si esperase a que ocurriera algo. Ambas jóvenes intentaron no prestar atención a esto, para descansar y olvidar los problemas lo más que pudiesen, pero no podían evitar a veces descubrir una cierta tensión en sus músculos, como preparados para correr ante el menor indicio de peligro.
La tarde se hizo presente con un gran silencio que ponía los pelos de punta, y tal como hacía Bregalad, se dedicaron a mirar hacia el valle donde los Ents hablaban y por largo tiempo —o eso les pareció— no ocurrió nada, pero repentinamente un gritó se elevó en el aire, estremeciendo todo alrededor como si un súbito temblor hubiera sacudido la zona. Un canto resonó entonces invitando a la marcha, al momento que vieron a los Ents acercarse, majestuosos y a la vez terribles, aunque Marie tenía la impresión de que podían ser mucho peor, que su ira era capaz de alcanzar niveles impensables. Si le dijeran que describiera con una palabra como sería la furia de la madre naturaleza, ella diría: Ents.
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Venimos, venimos, con un redoble de tambor: ¡ta-runda runda runda rom!
Venimos, venimos con cuernos y tambores: ¡ta-runa runa runa rom!
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La canción tenía un ritmo algo pegadizo y los corazones de ambas jóvenes, retumbaban con los sonidos como tambores que hacían los Ents al golpearse en los costados. ¡A Isengard! Cantaban con fuerza y cualquier intento de conversación se perdía entre los sonidos de la marcha. Las jóvenes fueron cargadas arriba de Bárbol y continuaron al frente de la partida, hacia la guerra.
"Como mierda nos hemos metido en los problemas de otro mundo" pensó Fran, no tan asustada como fascinada. "Aunque hemos vivido tanto tiempo en él que quizá ya era inevitable… espero que Emilia esté bien, más que nada por la salud mental de Marie, ella está aquí sólo por eso." Observó disimuladamente a su amiga a la luz de la tarde. Ésta se hallaba mirando hacia el frente, seguramente absorta de su alrededor y en sus ojos gris azulado, juraría que casi pudo entrever unas poderosas llamas, un fuego peligroso en su frialdad.
Lo atribuyó todo a su imaginación desbocada por la situación del momento, resultaba más soportable, lo mismo con los árboles alrededor que parecían moverse. Por ahora prefería concentrarse en la situación actual, ya después pensaría en los detalles quizá más escalofriantes. Debía permanecer tranquila y atenta. Necesitaba aprender a afrontar esa realidad con valor, aun cuando seguía sintiéndose aterrada de todo.
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— ¿Q-qué me has hecho?
— ¿Yo? Nada por supuesto.
— Claro, entonces mágicamente aparecí así —su voz sonó algo rasposa y alta debido al miedo y la sed, quizá por eso durante aquellos instantes se atrevió a hablarle de tal forma.
— ¡Jaja ja!, te dejaré pasar ese tono por esta vez. Y acerca del cambio, puedo inferir que incluso para uno de tu raza, tu cuerpo era demasiado débil para el viaje a ésta Arda y debió sufrir pequeñas modificaciones para sobrevivir. Pero ahora, volvamos a nuestro tema…
— Ya te dije que no sé de qué me estás hablando —lloró desesperada y frustrada.
— Oh bueno, contamos con mucho tiempo para que medites y si eso no funciona…— la amenaza flotó en el aire, tangible como el suelo en el cual las manos de la joven se apoyaban, entonces cambió a una voz más melosa, pero que ni de asomo la engañaba—. Tus amigas están muy lejos de aquí, soy el único en quien puedes confiar para liberarte, pierde de una vez la esperanza de que ellas vengan. Si me ayudas prometo ayudarte. Es tan sencillo como eso, y yo nunca rompo mis promesas.
Emilia observó marchar al hombre de blanco y cuando estuvo segura de que se hallaba lejos, bajó la mirada y observó nuevamente su cuerpo: la ropa ahora le quedaba bastante holgada, su rostro presentaba rasgos más finos aunque su estatura no había cambiado. Por suerte su apariencia en sí — color de ojos, cabello, etc. — seguía siendo el mismo, sólo que más cuidado o brillante.
Pero lo que más le perturbaba por alguna razón eran sus orejas, las cuales ahora presentaban una delicada forma de hoja, con su suave punta mirando hacia el cielo.
