Antes de empezar y para las que disfrutan un poco de música para leer, les recomiendo un canal de Youtube llamado Lucas King. Usé su lista de reproducción de piano "Sociopath" para escribir todo este capítulo y siento que influyó bastante en su desarrollo. Que lo disfruten.
ENTRE SUS MANOS
XXV
Paseó sus dedos por debajo de las sábanas y le sorprendió sentir la tela gélida bajo la yema de sus dedos. No sabía qué hora era, no sabía cuánto había dormido. Pero sabía una cosa, Bulma no había regresado a su cama esa noche y esa certeza le incomodó terriblemente.
Había pasado la noche entera pensando qué palabras usar para explicarle por qué no podía casarse con ella, como ella esperaba. ¿Cómo decirle eso después de haberse acostado con ella? Sobre todo, después de saber que él había sido su primer hombre. Era una realidad a la que nunca se había visto enfrentado. Se había habituado a mujeres que ya estaban casadas con alguien más y de una forma particularmente mórbida, era su manera de librarse de esa obligación. ¿Cómo podía sentirse obligado a desposar una mujer que ya estaba casada con alguien más? Sí, era divertido, no había mentido en eso. Pero sus intenciones iban más allá de un simple amorío prohibido. Vegeta sólo se había involucrado con mujeres que no podría nunca llamar esposa. Fue tiempo después, cuando un par de ellas enviudaron, que se vio en la situación de cortar esos lazos para evitarse momentos como el que vivía ahora. Tal vez Diana era la única de ellas con las que había considerado volver a acostarse, meramente motivado por la frustración que le generaba Bulma.
Sin embargo, todas esas cavilaciones no habían culminado en esa tan esperada conversación. Bulma no había aparecido. Se levantó de la cama y husmeó en el baño, escuchando con minuciosa atención cualquier movimiento que delatara la presencia de alguien más. Pero no, estaba totalmente solo. Luego de vestirse con gran cuidado, midiendo los bordes de su propia camisa para no salir vestido como un payaso, salió del dormitorio y escuchó el ajetreo en el piso de abajo. Al parecer ya era de día, pero, ¿dónde estaba ella? La noche anterior se había disculpado para irse a trabajar y le parecía muy improbable que haya pasado la noche en vela. ¿Había dormido en otro cuarto? ¿Lo estaba evitando intencionalmente?
Vegeta no lograba entender la razón por la cual ella pudiera estar evitándolo. Todo había marchado demasiado bien hasta el momento en el que salió de la habitación, corriendo con las sábanas de su cama entre los brazos. Todo había sido excepcionalmente agradable, si tenía que admitirlo. Entonces no tenía ningún sentido que se le escapara, así como así. Ella aún no sabía sus verdaderas intenciones.
Bajó las escaleras y le preguntó la hora a una empleada que lo saludó cortésmente. Ya había pasado el medio día y estaban preparando todo para servirle el almuerzo. Al sentarse en la mesa esperó pacientemente la llegada de Bulma, pero descubrió poco después que ni ella, ni Tarble, lo acompañarían.
De Tarble era comprensible, probablemente estaría aún odiándolo por su compromiso. Él no sabía que su hermano se había acostado muy tarde y estaba sufriendo las consecuencias de su exagerada ingesta de alcohol.
Bulma, por otra parte, no daba señales y le incomodaba tener que buscarla a ciegas o preguntar por ella a sus empleadas. No fue hasta que escuchó la voz de Nathalie que sintió una urgente necesidad de hablar con ella.
—¿Nathalie? —llamó en un tono impregnado de duda, preguntándose si ese era su nombre. Hasta ese momento no le había prestado demasiada atención.
—¿Me llamó, Señor? —contestó intrigada, acercándose por el umbral de la puerta.
Vegeta estaba sentado, sin probar bocado de su plato. Dejó sus cubiertos sobre la mesa y entrelazó sus manos. La empleada miró su rostro, deteniéndose en las gafas rojas que traía puestas.
—¿Podrías decirme si Bulma salió?
—No, Señor. Ella está en el gran salón, trabajando. ¿Quiere que la llame?
—No… Puedes retirarte…
Él no pudo ver la sonrisa de la joven que se retiraba un poco divertida después de haber escuchado su pregunta.
A él le generó un rezago de tranquilidad. Ella estaba en la mansión, no se había escapado. Simplemente estaba trabajando, pero algo no andaba bien. ¿Por qué estaría tan aferrada de ese proyecto como para no volver a su propia cama? Él la había estado esperando. Por supuesto, no iba a admitírselo, sólo le intrigaba. Algo no andaba del todo bien. En un momento estaba animada por compartir el baño con él, y al otro se pasaba toda la noche trabajando. No tenía sentido.
Aunque, por otro lado, le estaba haciendo un favor sin darse cuenta. Estaba prolongando el tiempo que pasaría hasta esa terrible conversación que les aguardaba.
En el gran salón, Bulma continuaba trabajando entre bostezos. Cada tanto se estiraba el cuello y la espalda. Había dormido en un viejo diván olvidado y polvoriento, que sacudió un poco antes de acostarse. Cuando la luz del día la despertó, tomó un bocadillo rápido y puso manos a la obra una vez más. Afortunadamente las horas se le pasaban volando, inevitablemente. Y descubrió que nunca se había sentido tan ensimismada en una tarea como lo estaba ahora. Parecía que, con cada parpadeo, las horas pasaban como minutos. De no ser por la fatiga de su propio cuerpo, probablemente hubiera podido seguir trabajando. Pero pasado el medio día supo que tendría que tomarse un descanso. Además, dentro de poco terminaría de montar ese motor y tendría que ensamblarlo a una carroza para hacerlo funcionar. Inevitablemente tendría que hablar con Vegeta para usar uno de sus carros. O simplemente podría saltearse ese eslabón e ir a tomar uno por sí misma. Lo que no podría hacer era levantarlo por sí sola para montarlo. Necesitaba ayuda.
Y al pensar en eso con leve angustia, una figura familiar recorrió el patio y se sonrió. Lo vio a través de los grandes ventanales, deambulando por los jardines con un aspecto despreocupado. Aun tendría que pedirle una disculpa por lo que había pasado, sobre aquella última conversación, su comportamiento había sido penoso. Pero de alguna forma estaba segura de que Yamcha no la rechazaría, ni se negaría a ayudarla. Y quizás de esa manera, se evitaría tener que conversar con Vegeta. Ahora que tenía una idea de los pensamientos del conde, estaba segura de que debía concluir ese proyecto y seguir adelante con sus planes indiferentemente de los planes que él tendría.
Sentado sobre su silla, detrás de su escritorio, Vegeta aguardaba pacientemente sin poder sacar de su mente las ideas que rondaban el comportamiento de Bulma. ¿Qué podría haber hecho sin darse cuenta?, ¿qué había dicho que le habría molestado?
El picaporte de la puerta hizo eco en la silenciosa oficina y Raditz se anunció. Después de años de conocerlo, supo de inmediato que no estaba de muy buen humor cuando le ofreció asiento. Se extrañó al verlo tan pensativo y asumió que sería la razón por la que lo había citado.
—Toma una hoja y escribe… —le dijo y su semblante no se modificó un ápice.
Aún más extrañado, tomó un papel y sacó una pluma del tintero. Esperó a que continuara y miró de soslayo por la ventana.
—Quiero que redactes una solicitud de adelanto de nupcias. Y espero que lo escribas bien, no quiero errores.
Raditz se sonrió.
—Tu padre me golpeaba en la nuca cada vez que me equivocaba.
—Fue efectivo.
—Así que finalmente te decidiste… —dijo Raditz, comenzando a escribir—. Me extraña que no le hayas pedido esto a Tarble.
—Está algo indispuesto por el momento.
—Entonces, ¿cómo se llama tu esposa?
—No es mi esposa, el que va a casarse es Tarble.
Perplejo, Raditz miró la expresión férrea de Vegeta y murmuró una risa suave.
—Bueno, yo también estaría indispuesto en su lugar. Supongo que el conde seguirá siendo felizmente soltero.
Vegeta no soltó comentario alguno, aún seguía rondando por su mente la ausencia de Bulma y no podía poner su dedo sobre cuál era el problema.
Raditz se volteó hacia la ventana al ver a lo lejos a Bulma hablando con un mozo de cuadra, lo cual le causó cierta curiosidad. Después de lo que habían vivido con Black, no le cabía duda de que Vegeta guardaba ciertos sentimientos hacia ella. Y, entretenido por la idea de que él no podía ver lo mismo que ahora observaba, continuó hablándole con la idea de analizar su expresión.
—Creí que te casarías con Bulma… —dijo observándolo con especial interés.
Su ceño se frunció rápidamente como un diminuto espasmo casi indetectable, pero que él alcanzó a ver.
—No planeo hacerlo.
—No te casarás con ella, pero tampoco quieres que se le acerquen…
—¿Qué es este repentino interés por Bulma? —respondió, reprimiendo un creciente cólera.
Raditz se rio al escuchar su pregunta, lo que sólo logró generarle mayor ansiedad al conde.
—Creo que estás equivocándote en tu objetivo, Vegeta. ¿Crees que estoy interesado?
—Entonces no entiendo a qué viene tu comentario.
—¿Crees que soy el único hombre en la tierra que quiera proponerle algo a ella?
—Empieza a explicarte, porque estás agotando mi paciencia.
Repentinamente se puso de pie. Dejó la pluma dentro del tintero y la hoja sobre el escritorio. Caminó serenamente hasta la ventana y corrió la cortina para observar a la pareja que conversaba del otro lado del jardín.
—¿Qué hay del mozo de cuadra? Ahora mismo está conversando con ella… Si mal no recuerdo, él estaba con ella la noche en la que despertaste. ¿Lo habías notado?
De hecho, sí lo había notado. Había notado que hacía bastante tiempo, una noche, ellos habían salido juntos y conversaban amenamente en el jardín. También se había dado cuenta de que, luego del desastre de aquel baile, la había encontrado en los establos, probablemente escondida por el mismo muchacho. Y aun recordaba sus palabras protectoras cuando se adentraron en su dormitorio, la noche en la que se despertó sin poder ver.
Era una relación que apenas conocía, pero de la que era consciente. Y jamás se había sentido intimidado por su presencia. Sin embargo, en aquel momento, sin poder ver, repentinamente se sentía ansioso por lo que escuchaba. Las palabras maliciosas de Raditz comenzaban a influenciarlo, tal y como él esperaba.
—¡Vaya! Qué afectuoso abrazo… —soltó Raditz con una sonrisa maldadosa, observando de reojo la congestionada expresión del conde—. Uno… dos… tres… —dijo contando los segundos que pasaban—. Un abrazo un poco largo, ¿no te parece?
Él sabía que le estaba mintiendo a Vegeta, que ese abrazo apenas había durado un segundo y luego se habían marchado caminando y se habían perdido de vista. Pero el aspecto perturbado del conde era demasiado gracioso para Raditz, como para no seguir incitando sus pensamientos.
—¿Por qué se habrán abrazado?...
—No me importa —respondió finalmente Vegeta, pero su semblante no decía lo mismo. Tenía los puños apretados y parecía que el cuello de su camisa se sentía muy estrecho para su gusto.
Él lo conocía, estaba furioso y se estaba controlando. No imaginaba su impotencia al no ser capaz de ver con sus propios ojos lo que estaba pasando. No comprendía el escozor que mermaba en su interior.
—Bueno, supongo que puede hacer lo que le plazca si no van a casarse. En fin… me iré a llevar esto —dijo tomando la orden entre sus manos—. ¿Una firma?
Raditz le acercó la pluma con cuidado colocó la hoja frente a él. Vegeta se sentía más frustrado aún por no poder ver en dónde debía firmar e hizo un garabato rápido para terminar con eso lo antes posible.
—Ponle un sello y sal de aquí.
Poco después oyó sus pasos alejándose, se despidió anunciando que volvería con una respuesta. Pero no podía interesarle menos, aunque lo intentara. Su mente viajaba por un vórtice sin control. Divagando en los más terribles pensamientos. Imaginando aquel estrecho abrazo que Raditz le había descrito. La osadía de él de ponerle las manos encima a ella, sobre todo después de… Después de que él y ella…
En algo Raditz había sido muy certero. Tanto que lo había sentido como una puñalada en el medio del pecho. Cuando finalmente le confesara a Bulma que, aún dados los últimos eventos, no tenía intenciones de casarse, ¿ella haría de su vida lo que quisiera?
Tarble le había recalcado en varias ocasiones lo mucho que estar viviendo con él había perjudicado su reputación. Y probablemente era muy difícil que un noble se fijara en ella como prospecto de esposa. Sobre todo, ahora que ella no se movía en esos círculos. Pero, ¿qué había de un muchacho común y corriente? Alguien que tuviera en el bolsillo lo mismo que ella, alguien que no estuviera influenciado por esos estándares triviales. ¿Bulma se fijaría en un simple mozo de cuadra? Y si no era él, ¿podría eventualmente fijarse en otro hombre?
Él, no ingenuo, sabía muy bien desde el primer momento en el que puso sus ojos sobre ella que no se trataba de una belleza que pasa desapercibida. Y de hacerlo, su sola forma de expresarse y de moverse la hacían llamar la atención de cualquiera. Lo había logrado en Black, quien había visto algo atractivo en ella incluso antes que él mismo. ¿Cuánto tiempo pasaría para que Bulma encuentre otro pretendiente dispuesto a hacer lo que él no?
Durante toda la tarde no se había detenido para ver a Vegeta. Luego de tener una sincera conversación con Yamcha y pedirle disculpas por su comportamiento en su última charla, le pidió su ayuda montando el motor sobre la carroza. Él, con su sonrisa cálida, accedió de inmediato y se encontró totalmente maravillado por lo que Bulma había creado con sus propias manos. Al ver su rostro anonadado, incrédulo, se sintió orgullosa como nunca antes lo había estado. Solía sentirse así cuando admiraban su belleza, era algo que le hacía sonreír con sorna. Cuando halagaban sus vestidos, sus peinados, o se maravillaban del intenso color de sus ojos celestes. Pero ese orgullo que solía inflarle el pecho no era nada a comparación con lo que Yamcha le estaba haciendo sentir en ese momento.
Por primera vez, Bulma se sentía orgullosa de algo que había hecho. Algo suyo, nacido dentro de su propia mente.
Y mientras él la llenaba de halagos y sonrisas incrédulas, Bulma se encontró a sí misma alzando el mentón con un gesto suficiente. Sí, este objeto increíble que tenían frente a ellos lo había creado por sí misma.
Juntos hicieron las modificaciones necesarias para adaptarlo a la carrocería, justo afuera del gran salón. En el momento en que los dos estuvieron parados frente al motor, dando los últimos toques necesarios, Bulma sintió una ansiedad apremiante dentro de ella. Por un instante dudó, ¿qué tal si no funcionaba? Si todo ese sacrificio que había invertido resultaba en una grandiosa pérdida de tiempo. Tragó con fuerza, observándolo terminado. Sintió una mano cálida sobre su hombro y se giró a ver el rostro reconfortante de Yamcha.
Y, aunque no se lo dijo, parecía intentar transmitirle algo de tranquilidad. Ella se sonrió. La calma del muchacho se le metió dentro y con ambas manos giró una rueda horizontal, pero nada sucedió.
Una segunda vuelta, una tercera. Una cuarta, con menos fuerza…
Y nada sucedió.
El motor permaneció silencioso y el rostro de Bulma se volvió pura preocupación.
—¿Puedo intentarlo? —le preguntó el joven y ella se hizo a un lado, preguntándose qué había hecho mal.
Al ver la fuerza del mozo girando con insistencia la rueda, se dio cuenta de que ella jamás podría encenderlo por sí misma. No tenía la energía necesaria.
Entonces unas explosiones resonaron dentro del motor y su rostro se iluminó por completo.
—¡Sigue! —le gritó entusiasmada y Yamcha continuó girando aquella rueda hasta que finalmente no fue necesario más estímulo para que el motor continuara vibrando por sí solo.
Una sensación de puro entusiasmo los embargó al mismo tiempo. Bulma no tardó en subirse sobre la carroza y con aquel joven, observándola atentamente, presionó el pedal que había instalado y la carroza comenzó muy lentamente a moverse sobre el césped.
—¡Increíble, Bulma! —gritó Yamcha, corriendo detrás de ella.
En aquel instante, ella sintió una felicidad tan genuina y abrumadora que estaba segura que sería capaz de comenzar a llorar. Ensanchó su sonrisa y dio una vuelta, escuchando la voz emocionada de Yamcha sobre el sonido de las explosiones de aquel motor.
No podía contener su emoción, y en ese estado de alegría arrebatador supo que sólo había una persona con quien quisiera compartir aquel avance.
—Gracias, Yamcha… iré a buscar a Vegeta para mostrarle. ¡Me muero por ver su reacción!
—Está bien, de todos modos, tengo que volver a trabajar antes de que se den cuenta. Te felicito, Bulma… Esto es… Vaya… no tengo palabras.
Bulma sentía dentro de ella una felicidad tan vibrante que repentinamente había olvidado todo lo que la aquejaba desde el día anterior. Y en ese espíritu recorrió la mansión en busca de él. Apenas podía respirar cuando lo encontró, bebiendo un vaso de whisky en el recibidor.
—¡Vegeta! ¡Acompáñame! —le dijo exaltada, sacándolo de sus pensamientos.
Arrastrado por el insistente agarre de ella, Vegeta caminó a ciegas y a toda prisa. Apretaba los dientes con cierto temor de no estar tocando ninguna pared para guiarse. Bulma no podía esperar que la siguiera, su urgencia era apremiante. Así llegaron poco después al patio en el que el motor de Bulma emitía un fuerte ruido.
Por supuesto, Vegeta no entendía lo que estaba pasado. Había pasado el día entero, y parte de la noche anterior, sin saber de Bulma y repentinamente ella lo buscaba como si nada hubiera pasado. Aún así escuchaba perfectamente esa vibración de la combustión del motor sin saber exactamente lo que era.
Odiaba tener que pedirle a Bulma que se explicara, como si tuviera que recordarle que estaba ciego, pero ella interrumpió convenientemente sus pensamientos.
—¡Es el motor! ¡Lo hice, Vegeta! ¡Funciona! —gritó entusiasmada.
Vegeta se quedó totalmente mudo, incapaz de usar sus sentidos para corroborar que lo que le estaba contando era real. De todas formas, no había razón para que no lo fuera. Bulma había insistido ferozmente con ese proyecto después de ver el de Black. Y él le había dado la oportunidad de crearlo, financiándolo. Sin embargo, durante todo ese tiempo no había sido para él más que una manera de hacerla feliz, y muy en el fondo… para que permaneciera a su lado después de todo lo que había pasado. En ese instante se sintió algo contrariado. Era real. Lo había logrado como tanto insistía… Y aunque estaba lejos de sus intenciones dudar de la capacidad de Bulma, lograr algo así estaba lejos de las capacidades de cualquier persona que conociera. ¡Era imposible! No podía ser verdad, ¿ella lo había hecho realmente?
—Estas bromeando… —musitó terriblemente incrédulo.
—¿Bromeando? ¡Claro que no! Lo hice, Vegeta. Ahora patentaré este motor y me haré rica. ¡Rica!
En ese momento, el conde se dio cuenta de algo primordial que le sorprendía que Bulma hubiera pasado por alto. Un nudo doloroso se le formó en la garganta. En ese instante se sintió incapaz de destruir esa alegría. Imaginó su sonrisa amplia y sus gestos exagerados. Frunció el ceño, escuchándola hablar sobre lo que haría ahora que había terminado de trabajar. Le dijo que le daría parte de sus ganancias, que no tenía de qué preocuparse por las legislaciones más recientes en la cámara de Lores, que ambos se volverían asquerosamente ricos gracias a ella. Y entonces no pudo prolongar más esa revelación. Dejar que Bulma siguiera soñando despierta con un mundo que no era el suyo se sentía particularmente doloroso.
—Bulma… —dijo, cruzándose de brazos y la joven notó de inmediato su semblante adusto—. Si lo patentas… No creo que alguien vaya a comprar los derechos. No es mi intención ofenderte, es simplemente la realidad… Eres una mujer.
Ella frunció el ceño, indignada por sus contundentes palabras.
—Tú no puedes saber eso, ¡mi invento es revolucionario! Si soy mujer u hombre, eso no importa. ¡Te aseguro que se venderá!
—Digamos que se vende… Que yo me equivoco y que alguna empresa adquiere los derechos de tu invento. ¿Qué pasará con el dinero que ganes?
Bulma guardó silencio, pensando seriamente en sus palabras que parecían carecer de sentido.
—Bulma… tal vez puedas recibir un sueldo mío. No es tanto el dinero que ganas trabajando para mí. Pero si estamos hablando de derechos y regalías… la suma es sustancial. Y tú eres una mujer, legalmente no tienes derecho de administrar ese tipo de dinero. ¿Tienes algún primo?, ¿un hermano?, ¿un tío? ¿Alguien que puedan administrar tu dinero por ti?
Al escuchar ese cuestionamiento cayó en cuenta de una realidad tan imposible de sortear que se quedó sin palabras. Ella no podía adquirir bienes por sí misma, ni recibir grandes sumas de dinero ya que legalmente no era apta para administrarlos.
Sintió sus sueños caer frente a sus ojos, destrozados por la realidad que apenas había tenido en cuenta hasta ese momento. Vegeta, aunque cruel en su discurso, era sincero. Tal vez, había elegido olvidar todas las restricciones que venían ligadas inherentemente a ser una mujer ya que eso no le traía ninguna dicha. Y en ese momento toda la alegría que traía por finalmente haber logrado su más grande objetivo, se deshizo para dejarle nada más que una severa angustia.
—No tengo a nadie… —respondió ella y Vegeta sintió su estómago volcarse al oír su tono quebrado.
—Tal vez haya algo que podamos hacer al respecto…
—No… —dijo ella, acercándose a la carroza para apagar el motor—. Tienes razón, no puedo recibir tanto dinero y si lo hago, probablemente tenga que vender el motor y olvidarme de las regalías. Un hombre lo patentaría como suyo y mi invento dejaría de ser mío…
Mientras Bulma hablaba en aquel tono apesadumbrado, una idea llegó a la mente de Vegeta y aunque sabía que no podía aceptarla, parecía la salida más fácil. Si él se casaba con Bulma, podría administrar sus bienes sin problema alguno. Pero no, no. Él no podía casarse con ella orillada por un inconveniente legal. No podía casarse con ella si él mismo no deseaba casarse. No podía casarse con ella estando en un estado tan vulnerable, sintiéndose tan inútil y desgraciado.
El ambiente se volvió funesto. Bulma limpió sus lágrimas, frustrada, cansada y deprimida. ¿Por qué todo tenía que salirle tan mal?
Vegeta deshizo el cruce de sus brazos al escuchar el primer sollozo salir de los labios de Bulma. No sabía qué hacer, ni como actuar. Ella estaba abrumada, sobrepasada de sentimientos y angustia.
La punta de los dedos comenzó a picarle sintiendo un deseo irremediable de abrazarla y contener su pesar. Sintió su angustia volcarse dentro de él y no soportó el sonido suave y tímido de sus lágrimas. Caminó hasta ella sabiendo muy bien que no podía verla y extendió una mano intentando hacer un gesto que ni él mismo entendía. Y antes de poder hacer nada, sintió el cuerpo frágil y cálido de Bulma envolverse en su torso. Lo había abrazado sin dudar y al sentirla sobre su torso se sintió natural envolverla y acariciar su espalda. Apoyó su mentón sobre el cabello de Bulma y esperó pacientemente a que se desahogara sin saber exactamente por qué estaba tan terriblemente angustiada. ¿Realmente no lo había pensado antes? ¿Tan enceguecida estaba con aquel sueño que olvidó el mundo en el que vivían casi por completo?
Y así como ella había pensado en él para compartir un momento que para ella era el de más orgullo, verlo alzando una mano a ciegas para alcanzarla le bastó para volcar toda su desdicha entre sus brazos.
Para Bulma, esta no era sólo una traba en un plan perfecto que había planeado para su vida. Esta era la confirmación irrefutable de que no podría obtener su tan ansiada libertad. La libertad de ser y decidir por sí misma lo que quería. Permanentemente relegada a convenciones ajenas y, aun habiendo roto tantos conceptos en ese tiempo en el que se había valido por sí misma, no era suficiente. Y tal vez nunca lo sería.
Vegeta la abrazó sin decir palabra y sin pedir explicaciones. Realmente no las necesitaba. Bulma simplemente estaba agotada y la entendía. Y verla tan devastada no hizo más que aumentar esa terrible culpa que guardaba dentro por haber caído rendido ante sus pies. Haberle arrebatado su virginidad aún sabiendo perfectamente que no quería casarse.
Vegeta se sentía el ser más miserable de la tierra.
—Deberías ir a dormir… —le dijo, recordándole que había pasado la noche en vela.
Ella se limpió el rostro y aún envuelta en su cálido abrazo, lo observó. Después de todo lo que había pensado, después de las grandiosas conclusiones a las que había llegado… Incluso después de deducir que el conde no tenía intenciones de hacerla su esposa, no pudo evitar sentir una irremediable atracción hacia él. Aún con gran tristeza como un nudo sobre su cuello, su corazón latió con fuerza y retumbó bajo su pecho. No cabía duda de que lo amaba.
Y con sus planes desmoronados, con el espíritu doblegado, la certeza de que no iba a casarse ni ser económicamente independiente. Se liberó como ida del agarre de Vegeta y se marchó sin decir nada.
El conde permaneció allí, solo. La forma en la que se había desvanecido de sus brazos sin decirle nada, envuelto en un tajante silencio, le había dejado incómodo. No sabiendo qué hacer consigo mismo, se quedó petrificado escuchando los pasos de Bulma alejarse hacia un sitio incierto. Algo en la garganta le dolió, y no supo qué era. No sabría describir ese sentimiento que lo invadía como una calamidad. Algo doloroso. Algo inquietante. ¿Tenía miedo? ¿Acaso temía que Bulma lo dejara?
Bulma corrió al otro lado de los jardines. Rebuscó casi con desesperación entre sus bolsillos y con manos temblorosas tomó una caja de cerillos. Colocó un cigarrillo entre sus labios y lo encendió. Inspiró ese aire turbio cerrando los ojos. Intentando que esa sensación relajante se hiciera de cada centímetro de su cuerpo.
¿Qué hacer cuando todos los caminos llegan a su final?
Bulma soltó el aire atrapado en sus pulmones, mirando el sol escondiéndose por el horizonte con un manto anaranjado. Por primera vez sentía que no tenía un sitio a dónde ir. Aunque tuviera una habitación para ella, aunque fuera bienvenida en esa mansión. Simplemente, el mundo no estaba hecho para un ser como ella. Para una mujer tan irreverente, tan superior a tantos hombres. Tanto que sólo provocaría rechazo en aquella porción de mundo en la que se sentía tan cómoda. Tan ella. ¿No había sitio allí para una mujer que pudiera inventar algo por sí misma?
Había leído de mujeres excepcionales en la historia y siempre supo que su excelencia tenía un precio. ¿Cuál sería el suyo? ¿Relegar su nombre a la oscuridad de tan grande invención?
Mientras pensaba en total silencio en qué debía hacer de ahora en más, su mirada se cruzó con la de Yamcha nuevamente. Él cerraba los establos y llevaba un balde entre las manos. Probablemente le había dado de comer a los caballos.
Él no falló en percibir que algo andaba mal. Su rostro no era el mismo rostro dichoso del que se había despedido hacía poco y dejó el balde en el suelo para correr hasta ella.
El conde deambulaba lentamente por la mansión con un sabor amargo entre los labios. Inseguro no sólo de cada paso que daba sino también de lo que estaría pasando por la mente de Bulma. La idea de confesarle que no planeaba casarse le resultaba devastadora en ese momento y estaba seguro de que no sería capaz de pronunciarle tan terribles palabras. Acarició las paredes y caminó intentando saber en dónde estaba. Se sentía perdido. Bulma lo había llevado corriendo y en algún punto de su trayecto perdió el sentido de la dirección. No sólo estaba angustiado, sino también sumamente frustrado. Y no fue sino hasta que escuchó la voz de Bulma nuevamente que se quedó paralizado.
Estaba conversando con alguien, sentada del otro lado de la ventana.
—Es por eso que no puedo recibir esa suma de dinero… Legalmente, un hombre de mi familia, un tutor… debe administrar ese dinero por mí. ¿No es estúpido? Soy perfectamente capaz de crear un motor de combustión interna por mí misma pero no soy pertinente para administrar mi propio dinero…
—Tranquila… sé que encontrarás una solución. Eres la mujer más inteligente que conocí en mi vida. Eres extraordinaria, Bulma…
Reconoció el tono masculino del mozo de cuadra y se quedó inmóvil.
—No es suficiente…
—Bueno… Hay otra solución a tu problema.
El corazón de Vegeta pareció detenerse por completo. No había nada más que el sonido de sus voces y al escuchar esas palabras temió haber llegado a la misma conclusión que él.
—¿Cuál?
—¿Y si te casas?
Sin dar crédito de sus oídos, sintió todos sus músculos contraerse y esperó la respuesta de Bulma.
—¿Con quién me casaría?... —soltó Bulma con un dejo de amargura.
—Bulma… —dijo, tomando sus manos entre las de él—. Yo puedo casarme contigo.
Vegeta sintió un golpe certero en el pecho. La habitación daba vueltas y aunque quería hacerse presente, se obligó a permanecer allí, inerte, invisible a sus ojos.
—¿Qué?
—No tiene que ser un matrimonio real… Si necesitas mi ayuda yo puedo casarme contigo. Así podrás disponer de tu dinero como tú quieras. No tienes que darme nada a cambio… Sólo no quiero verte así.
Su oferta desinteresada no era más que una terrible trampa a los oídos de Vegeta. Ese pequeño imbécil se estaba aprovechando de ese momento de vulnerabilidad de Bulma y si pudiera verlo le partiría el rostro. ¡¿Cómo se atrevía?! ¿Quién se creía que era? ¡Ese idiota no daba la talla del hombre que Bulma merecía!
—Gracias Yamcha… —le respondió gentilmente—. Te prometo que lo pensaré…
Vegeta sintió una última y certera daga atravesarle el pecho y salió de allí incapaz de escuchar una palabra más de esa conversación. Se sentía perdido, desorientado, molesto, indignado. Habían tantos sentimientos y tan terribles, luchando entre sí en el medio de su pecho que no sabía exactamente cómo se sentía. Estaba agobiado, el corazón le palpitaba con fuerza. Estaba abrumado por una terrible realidad que había estado pasando por alto.
Si él no se casaba con Bulma, otro vendría para tomar su lugar.
Y con esa idea inundándole la mente, salió de allí intentando encontrar algún sitio familiar en toda aquella oscuridad.
Estaba sumamente agitado cuando escuchó una puerta cerrarse y a una de sus empleadas recibiendo alguien. Al menos ahora tenía una idea de en dónde estaba parado. La risa familiar de Raditz fue para él como un ligero alivio y caminó hasta él, arrastrando sus dedos sobre la pared.
—¿Vegeta? —le dijo en un tono extraño.
Lo miró enarcando una ceja, caminando hacia él con preocupante premura.
—Nos vamos —le dijo—. Preparen un coche de inmediato, necesito salir de esa mansión.
Raditz observó a la muchacha que lo había recibido y, abandonando sus coqueterías, le hizo un ademán para que hiciera lo que Vegeta le había pedido. Al verlo algo desorientado, se aproximó e intentó tomarlo por el brazo, pero él inmediatamente se sacudió de su agarre.
—Que ni se te ocurra.
—Está bien… —contestó alejándose y vio su penoso trayecto hasta la puerta—. ¿A dónde vamos?
—A cualquier parte… —respondió. Raditz estaba confundido, desde el momento en el que Vegeta se había quedado ciego, había decidido no volver a recibir a nadie en su mansión… Claro, a excepción del Marqués que había comprometido a su hija con Tarble—. Tú conoces toda la ciudad, llévame a un sitio privado… A un lugar en el que nadie sepa quién soy.
Uno de sus cocheros apareció corriendo, la noticia de que el conde saldría y que no estaba de buen humor ya había rondado la mansión. El coche estuvo listo para salir en pocos minutos y Raditz se acercó al cochero para indicarles a donde irían. El rostro sorprendido de aquel hombre no se hizo esperar, pero lo único que pudo hacer para calmar su curiosidad fue hacer una mueca. Raditz tampoco entendía lo que estaba pasando.
Vegeta se subió a la carroza a duras penas y, aunque ya comenzaba a arrepentirse, no se retractó ni dio un paso hacia atrás para volver a la seguridad de su mansión. A pesar de que no podía ver sus alrededores, estaba harto de saberse en el mismo sitio por tanto tiempo. Como si la prisión de penurias en la que vivía permanentemente estuviera confinada a otra prisión más.
Raditz se volteaba a él, intrigado por lo que estaría pasando por su mente que justificara aquel errático comportamiento. El camino se hizo bastante largo, Vegeta no le soltaba una palabra.
—Supongo que no fue el mejor momento para que llegara… —dijo, intentando hacer algo de conversación y romper ese incómodo silencio que invadía el carruaje, pero Vegeta no le dijo nada.
Parecía perdido en un profundo mar de pensamientos, tan turbulento que apenas lograba salir a flote.
Cuando el carruaje se detuvo frente a una modesta cantina a las afueras de la ciudad, el conde comenzó a sentir la anticipación por lo que encontraría allí dentro. ¿Se darían cuenta de quién era? Y sobre todo, ¿notarían que estaba completamente ciego?
Raditz bajó primero e inspeccionó los alrededores. No había más que unas cuatro personas allí. Unos pobres bastardos alcohólicos de esos que están perdidos desde el mediodía. Nada de qué preocuparse.
Cuando Vegeta entró no escuchó voces sorprendidas. Se había quitado la chaqueta antes de bajar, había guardado sus gemelos en su bolsillo y se había deshecho de sus guantes blancos con la idea de pasar desapercibido. Se desabotonó los primeros botones y se sentó en una mesa muy cerca de la puerta por la que había entrado.
No escuchó su nombre en labios de nadie, las pocas personas que se reunían allí reían sin notar demasiado su presencia, lo que logró aminorar su ansiedad.
Raditz pronto dejó un vaso de cerveza colmado frente a él y Vegeta no tardó mucho en tomarlo entre sus manos para beber ese tibio líquido ámbar.
—¿Vas a decirme qué está pasando?
—No.
Él suspiró, nunca había pasado por su mente que esa noche terminaría de esa manera. Con ellos dos juntos en total silencio, bebiendo cerveza de mala calidad, en una cantina de mala muerte. Arremangó las mangas de su camisa y bebió la mitad de su cerveza. Examinó el rostro de Vegeta y no pudo evitar pensar en lo aburrida que sería el resto de la noche si no lo hacía hablar un poco.
—Comienzo a pensar que este trabajo está muy mal pagado.
—Bueno, felicidades, ya tienes un aumento.
—No creí que sería tan fácil.
—Lo que sea para hacer que guardes silencio.
—¿Ni siquiera podemos hablar de trabajo? A eso iba cuando regresé a la mansión.
Vegeta enarcó una ceja, aunque lo que más deseaba en ese instante era estar en paz, no podía dejar el asunto del matrimonio de Tarble a medias.
—Si no tengo más opción, ¿qué te dijeron?
—Bueno, por empezar aceptaron la solicitud. Me dijeron que le pusieras fecha y que, si estás con mucho apremio, esta misma semana podrían realizar la ceremonia.
—Perfecto. Vas a encargarte de eso, aprovechando tu aumento… Te encargarás de presentar todo lo necesario para efectuar la ceremonia esta semana. Luego irás con el Marqués, tengo entendido que quiere encargarse de la celebración. Pon la mansión a su disposición de parte mía. Ya quiero terminar con esto.
—Creo que nunca me han invitado a una boda —dijo, sonriendo antes de beber de su cerveza.
—¿Ahora también quieres ir a la boda?
—¿Puedo? Imagino que será divertido.
—Sólo si encuentras algo decente qué ponerte.
—¿Tienes alguna lista de invitados para enviarle al Marqués?
—Por mí ni siquiera iría. Sólo asegúrate de que Nappa no esté en la lista de invitados, olvídate de su esposa y sus hijos… Aún no sabemos si tienen algo qué ver en esto.
Con el pasar de cada vaso, Vegeta parecía estar olvidando ligeramente lo que lo había traído a ese lugar. La cantina, poco a poco se llenó de personas comunes y corrientes. Raditz le dejó creer que estaban bebiendo en la misma medida, pero cada vez que él le traía un vaso colmado él continuaba bebiendo del mismo que le sirvieron al llegar. De alguna forma temía que alguien se atreviera a buscar problemas y que, ciego o no, Vegeta estuviera más que dispuesto a participar en alguna pelea.
Cuando el ceño fruncido del conde finalmente comenzó a relajarse y su rostro moreno comenzó a adquirir un ligero rubor, supo que todo ese alcohol barato estaba rindiendo el efecto deseado. Esa suerte de anestesia que Vegeta buscaba desesperadamente.
—¿Qué fue lo que pasó? —le preguntó, sacándolo de su ensimismamiento.
—¿Por dónde empezar? —contestó en un tono ligeramente congestionado—. ¿Por lo que tú y yo sabemos? No… es mejor no hablar de eso… ¿Por el hecho de que estoy ciego? Y que probablemente fue mi primo el que intentó matarme. ¿Qué tal si fue el otro? Sería más difícil explicar sus motivaciones para quererme muerto, pero es una posibilidad.
La verborrea de Vegeta logró alertarlo. Miró a los lados con la intención de detectar algún oído curioso, pero afortunadamente todos parecían haberse olvidado de su presencia. Sin embargo, no dejaba de ser preocupante. El conde bebía sin intenciones de detenerse y en aquel momento temió que sus deseos de hacerlo hablar podrían meterlos en problemas.
—Comienzo a arrepentirme de habértelo preguntado —El conde finalmente se sonrió y murmuró una risa—. ¿Estás seguro de que es lo único que te tiene preocupado?
Su ceño se frunció con fuerza, su sonrisa se borró por completo y se vio desnudo ante el escrutinio de Raditz. Había algo más… Entonces recordó su corta interacción de esa mañana y terminó sonriéndose al darse cuenta verdaderamente de lo que estaba pasando.
—¿Problemas con Bulma? —pronunció con cautela y lo vio girando el rostro con suficiencia—. ¿Qué pasó? ¿El mozo de cuadra finalmente mostró sus verdaderas intenciones?
Vegeta hizo una mueca, una risa burlona que contenía cierta frustración.
—Un mozo de cuadra… —soltó con condescendencia.
—¿Lo interrogaste? Es decir, sobre lo que pasó en la competencia ecuestre. Después de todo él es el que estaba encargado de tener listo a Tormenta.
Vegeta permaneció pensativo y, repentinamente, unió puntos en su mente y se sorprendió de su descubrimiento.
—¿Crees que querría deshacerse de mí para casarse con ella?
Hablaba como si Raditz supiera lo que había pasado antes de volver a verse. Probablemente inducido por el alcohol.
—No te sigo, Vegeta.
—Le propuso matrimonio. En los jardines de la mansión, ¿puedes creer el descaro?
—Cómo se atreve… —se rio—. Entonces ese es el problema. La descuidaste y antes de que te dieras cuenta, ya había otro esperando su oportunidad.
—No digas tonterías.
Raditz volvió a reírse con más fuerza.
—Bueno, si hablamos en serio… ¿No sería un poco exagerado de su parte intentar matarte sólo para casarse con esa chica? ¿Qué tiene de especial?
Oh, pero en no sabía cuan especial ella era en realidad. Y si lo supiera tal vez estaría en el mismo camino que aquel mozo, intentando por los medios que fueran necesarios para llegar hasta ella.
—Sería algo exagerado… —respondió, pero inmediatamente recordó todas las artimañas que había usado Black para envolverla sin éxito alguno. ¿Podría ese muchacho ser igual de retorcido que él?—. Pero es posible… No me explico cómo pasó por alto las riendas.
—Deberías haberlo despedido.
—Tienes razón. Mañana me encargaré de eso…
El silencio entre ambos volvió a hacerse presente. Vegeta bebía descuidadamente de su vaso y Raditz fingía hacer lo mismo. Ahora que sabía cuál era la razón de esa actitud, sabía a dónde debía apuntar. Y quizás no se hubiera divertido tanto con él en otro momento. Probablemente el hecho de estar ciego lo hacía vulnerable a ser su blanco. No había nada que Vegeta pudiera hacerle sin terminar abandonado en el medio de la nada.
—¿Y ella qué le respondió? —cuestionó tan intrigado como divertido.
—Que lo pensaría.
Para su sorpresa Vegeta había dado una respuesta sincera sin removerse demasiado, sin molestarse exageradamente, sin insultarlo.
—¿Pensarlo? —soltó con cierta sorpresa—. ¿Realmente crees que vaya a casarse con él?
—Bulma tiene un problema legal… Es un poco largo de explicar, el punto es que necesita un marido que administre sus finanzas.
—No entiendo qué monedas necesite que le administren.
—Si todo sale como ella cree, podrían no ser monedas. Podrían ser miles.
—Y yo aquí, bebiendo esta cerveza de cuarta —El vaso de Vegeta golpeó la mesa con fuerza—. ¡Es una broma! Vaya, qué temperamento.
—Ni se te ocurra bromear al respecto.
—Sería una estúpida si elige un mozo de cuadra sobre un conde. No creo que sea tan tonta como Briggitte.
—Ella no es ninguna estúpida. Pero tiene una necesidad más grande que Briggitte por tener esposo. Además, no olvides que quien sea que se case con ella sería Duque.
—¿Y por qué no matas dos pájaros de un tiro y te casas con ella si tanto te molesta?
—¿Crees que no lo he pensado?
—¿Qué te detiene?
—Estoy ciego, maldito estúpido. ¿Tengo que deletreártelo?
—Creo que te estás comportando como un niño mimado —el rostro de Vegeta se volvió pura indignación—. ¿Crees que eres el primer ciego en la historia del mundo? Eres rico, eres un maldito noble. Deja de tenerte lástima, no te estás comportando como el Vegeta que conozco.
—Tan sólo para venir hasta aquí necesité tu ayuda, ¿crees que me encanta la idea de vivir así?
—¿Crees que me encanta la idea de ser pobre? Todos tenemos problemas, Vegeta. Sólo eres un incapacitado si crees que lo eres. Ese es tu problema.
—No voy a andar por la vida con un bastón, dando lástima.
—He conocido hombres que han perdido miembros en la guerra, ¿y sabes qué? La maldita vida sigue.
—Aún así, no voy a tener una esposa que deba cuidarme en cada paso. ¿Qué clase de vida es esa?
—Entonces supongo que, si la situación fuera al revés, no te casarías con ella. ¿Quién querría una esposa ciega?
—No es lo mismo, yo soy un hombre. Tengo otro tipo de responsabilidades.
—Entonces lo harías, si ella estuviera en tu situación sí te casarías con ella.
Frustrado por la certeza de sus palabras, el conde guardó silencio arrepentido de toda esa conversación.
—Yo creo que todo esto no es más que una excusa para no admitir que quieres que sea tu esposa.
—¡Maldita sea, Raditz! —exclamó volviendo a golpear la mesa—. ¿Qué mierda quieres que diga? Si le pido que se case conmigo tendrá una vida entera junto a alguien que no sabe ni dónde está el baño. Si no me caso con ella, ella tendrá que aceptar la propuesta de ese pequeño imbécil. Y si no es él, vendrá otro tal vez tan convenenciero como tú y lo haga. De cualquier forma, ninguna opción me agrada. ¡Esto es una maldita porquería!
—¿Al menos están en buenos términos?
—Define buenos términos.
—Me lo imaginaba… Si tiene que considerar la propuesta de ese pobre diablo es porque las cosas entre ustedes dos no marchan muy bien qué digamos.
A decir verdad, ni siquiera él sabía cómo marchaban las cosas. Su comportamiento había sido tan contradictorio que no sabía en dónde estaba parado en su relación con ella. Y esa duda lo hacía sentir como si estuviera sobre fino hielo que parecía a punto de quebrarse. De hecho, su incertidumbre se había hecho tan grande que sentía un agudo dolor en la boca del estómago, similar a las náuseas. Parecía que estaba a punto de descomponerse y estaba seguro de que no era por el alcohol.
Su rostro complejo comenzó a causarle algo de pena a Raditz, jamás lo había visto tan contrariado. Incluso después de haberse visto envuelto en un crimen, no se lo había visto así de incómodo.
De alguna forma, sentía que Vegeta necesitaba ser empujado con fuerza para asumir sus sentimientos. Para tomar cartas en el asunto. Y aunque no eran los mejores amigos, Raditz sentía algo de camaradería con él después de tantos años de conocerse. Habían hecho cosas terribles juntos y, aunque su silencio estaba bien remunerado, trascendía más allá de sus largos cheques.
—¿Qué tal si haces lo mismo que el difunto esposo de Briggitte?
—¿Qué cosa?
—Cómprale un boleto de ida al muchacho, dale dinero y que se vaya muy lejos de aquí. Al menos así borrarás una de las opciones.
—No… No voy a manipular de esa forma sus opciones… Ella siempre ha sido libre de marcharse, no voy a arrebatarle eso. Si Bulma se casa, es lo suficientemente inteligente para elegir por ella misma con quién.
Bebió nuevamente de su copa y, con un tono derrotado, le pidió otra a Raditz. El otro suspiró con la certeza de que pasarían allí toda la noche. Con la idea de que Vegeta se estaba ocultando a plena luz de lo que más lo incomodaba. De eso que no podía admitir en voz alta. Para él, que llevaba años a su lado, no había la menor duda de lo que sentía y él apenas lograba asimilarlo. Como un niño asustado, como un animal enjaulado. Vegeta no sabía lo que sentía, aunque fuera obvio a sus ojos. Por un momento le pareció gracioso y ladeó una sonrisa, por el otro le pareció particularmente triste y sus labios se apretaron. Así que decidió que, a primera hora de la mañana, si es que no seguían en ese mismo barsucho, le haría un pequeño favor a Vegeta que tal vez podría llevarlo por el camino que creía correcto. Estaba decidido.
Continuará…
N/A: ¡A que no me esperaban de vuelta tan pronto! Sí, yo sé que este capítulo llena la cuota emo del mes, pero prometo que tendrá frutos. Originalmente este capítulo iba a ser muy extenso, pero al ver todos los comentarios que llegaron en el anterior y tan largos, no aguanté y dejé la otra mitad para el siguiente. Si quieren un adelanto *SPOILER ALERT* será la boda de Tarble.
No me esperaba que estuvieran tan enojadas con Vegeta en el capítulo anterior. Hasta sus defensoras le saltaron a la yugular jajaja Así que me interesa mucho saber cómo se tomaron este capítulo ya que es mayormente puro sufrimiento de Vegeta. ¿Siguen enojadas con él?
Me gustó usar a Raditz como un comodín instigador para Vegeta, se me hace ameno y al mismo tiempo terrible que se divierta tanto con la ceguera del conde. En fin, cumplió con su propósito, ¿no?
Como siempre voy a agradecer a las personas que se quedan para comentarme sus pensamientos. No me canso de agradecerles y sobre todo en los últimos capítulos que han dejado comentarios tan largos que me dan ganas de gritar. Gracias particularmente a: Lyvis, Lizzy Gerry, vegeta-bulma00, Prla16, ziari27, vivianabenavidescorva, Ashirl, Psicomari, Gris, Pau Brief-LOVE-Vegeta, soandrea, Princess Narin, Nuria-db, paulayjoaqui, Flopo89, dekillerraven, y un Guest no identificado. Ahora paso a responder a algunas de ustedes, ¡gracias!
Dekillerraven: Trato de que mis capítulos sean de doce páginas, que es lo que tienen generalmente las novelas. Me hago la que publico un libro jajajajajaja Nah, es sólo como para tener un margen mínimo de lo que considero apropiado, a veces es menos, a veces es mucho más. En este caso consideré que se podía dividir en dos sin dejar un sabor a que no pasó nada en el cap, y en el siguiente pasan bastantes cosas importantes. Bueno, no, Vegeta no se quiere casar y espero haber explicado mejor sus motivos que quizás sólo tengan sentido para él mismo. Finalmente fue Yamcha el "aparecido" jajaja Pero supongo que las circunstancias no son las que se imaginaban. En un escenario común ni entraría en consideración, pero ahora que sabemos que Bulma no puede administrar bienes, tiene otro tono la cosa. Creo que ya tiré los planes de Bulma por la ventana. A menos que…
Flopo89: Qué bueno que te gustaron tus guiños jajaja Nunca me gustó spoilear pero veo que a muchas de ustedes sí les gusta. Un pequeño spoiler sin contexto no creo que haga mucho, ¿no? Espero haberte sorprendido con otra actualización y ojalá no estés leyendo esto a las 5 de la mañana. Sí, te he visto dejando reviews por todos los vegebul que vi jajaja Muy bien, eso nos hace super felices a las/os autoras/es. Por el momento no pienso pausar la historia, igual si algo llegara a pasar procuraré ponerlo en mi profile, como ya he hecho antes. Así que si me notan ausente en algún momento podés fijarte ahí si me pasó algo. Esperemos que no. ¡En fin, espero que te haya gustado el cap!
Paulayjoaqui: ¡Sí! El próximo capítulo será casi todo sobre eso. Vegeta sólo ha tenido una probadita de celos hoy, en el siguiente creo que le daré más duro.
Nuria-db: Siempre es una alegría inmensa recibir comentarios tan bonitos. Supongo que si te molestó Vegeta, en este capítulo tiene lo que se merecía ¿verdad? Perdón, sigue ciego, ¡perdón! Pero no sería verosímil si se le quito la vista dos días, él tiene que aprender de esta experiencia. Algo que no me gusta hacer es hacer cosas simplemente porque sí, sólo te prometo que tendrá un final "feliz". No te preocupes por eso.
Princess Narin: Sí, me acuerdo que hubo muchas detractoras de Vegeta y muchas defensoras, estaba bastante peleado. Ahora creo que es unánime, nadie tuvo dudas de lo imbécil que es después del capítulo antes. ¿Y qué tal después de este? Yo sé que sos de las que sufre con él, y espero que no te haya angustiado mucho, pero como dije antes, tiene que aprender de lo contrario sería en vano que le haga esto. Yo creo que he estado en los zapatos de Bulma, tengo mi cuota de imbéciles bastante cubierta. Y afortunadamente soy bastante fría, creo que me lamenté por un día y después pude cerrar mi corazoncito maltrecho. No sé si una Bulma tan enamorada sería capaz. Sólo sé que es una mujer extremadamente fuerte y valiente. En este capítulo fue Raditz el que le dijo a Vegeta, "Amiga date cuenta" jajajaja
Soandrea: A mí tampoco me gustaba cómo la trataba jajaja pero sí se me hacía gracioso de leer y escribir sobre todo, más sabiendo lo que pasaría después. Creo que el Vegeta del capítulo 25 es un mundo diferente del aquel en el capítulo 1.
Pau Brief-LOVE-Vegeta: No sé realmente si pudiera escribir un fic más. Tengo muchas ganas de experimentar creando personajes propios, hacer mis propias historias. Hay una idea que me ha rondado la cabeza por mucho tiempo y cuando termine esta quiero intentar hacerlo. Si en un futuro, luego de que termine esta historia, quieren saber si pude escribirla o no, seguramente les dejaré los links en mi perfil para que me encuentren. En fin, este capítulo fue mucho más gris que el anterior, Vegeta sigue un poco malcriado jajaja Pero igual ha cambiado mucho, ¿aun lo odias? ¿Crees que le diga finalmente que no van a casarse? Bueno, creo que cumplí la pedida cuota de sufrimiento para Vegeta. Digamos que este capítulo es VEGETA SUFRE, el siguiente capítulo vendría a ser EL REGRESO DEL SUFRIMIENTO DE VEGETA y el que le sigue LA VENGANZA DE VEGETA JAJAJAJA perdón.
Psicomari: Este review me gustaría imprimirlo y ponerlo en un cuadro porque no ha habido nada antes tan acertado en cuanto a lo que intento escribir. De verdad aprecio muchísimo que hayas podido ver lo que quise hacerles llegar. Si bien hay muchas cosas que cada lector verá e interpretará a su manera, y de alguna forma esa es la magia de la escritura, me hace feliz que alguien viera lo mismo que yo. Pienso exactamente igual, hay una imagen vanagloriada de que la mujer arregla a ese hombre atrofiado por un pasado turbio, y no suma. Yo no quiero que Bulma arregle los problemas de Vegeta, quiero que él se sienta obligado a cambiar sin que ella lo obligue. Yo no justifico todo lo malo que hizo él desde que empezó el fic, y visualizo todo esto como una especie de castigo para él y sé que él lo ve de la misma forma. Ojalá lo haya podido demostrar, al menos esas fueron mis humildes intenciones. Yo personalmente soy bastante feminista, por eso no puedo evitar que mi relato tenga algo de ello. Es por eso que preferí no poner femeninas tan detestables por el solo gusto de ser detestables, como suelo leer, es super común. La conversación saca chispas te la prometo para el siguiente capítulo. Aunque termine siendo eterno, me voy a asegurar de cumplirte con eso. Y sobre las críticas, no te abstengas en hacerlas. No me gusta que tengan miedo de dar opiniones sinceras porque, así como cualquiera yo no soy una autoridad de nada. Si bien llevo añares escribiendo, eso no me hace una experta. Muchas veces siento que mi capítulo es una mierda jaajajajajja y voy corriendo con mi amiga y le digo, decime si es horrible o si soy yo la insegura. Muchas veces soy yo la insegura, muchas otras tengo cosas qué mejorar. Pero si no me las dicen jamás lo sabré y en consecuencia jamás voy a mejorar. Así que no te preocupes por eso tampoco, soy grande, puedo manejar una crítica. Ademá,s sé que una tuya sería muy constructiva. Muchas gracias.
Gris: ¡No estés triste! No es que sea mi última historia en la plataforma, es mi último fanfic. Ya siento que me llevé todo lo que pude de esta etapa y me toca empezar la siguiente, me vaya muy mal o muy bien. Todos estos años acá me trajeron muchas satisfacciones y amigas para toda la vida, pero ya me toca pasar la página. Tomemos este fic como la cereza de mis postres. Sí, eventualmente Vegeta recuperará la vista. Lo que no dije es que Vegeta sufriría celos cuando pudiera ver. Le toca sufrir y además estar ciego. Ay me voy a ir al infierno. Gohan por otro lado se sigue cocinando, según mis cálculos Milk ha de tener cuatro o cinco meses de embarazo. Y sobre el motor, creo que quemé todas sus teorías al respecto con este capítulo. Creo que no era Bulma la única que no sabía esto de los bienes jajaja
Ashril: Gracias por haberme inseminado con este hijo nuestro, te amo jajajajaja
Vivianabenavidescordova: ¿Suficiente sufrimiento o le seguimos dando?
Ziari27: Gracias, me hace feliz que te guste esta Bulma. No los abandono, terminaré este fic gracias a su compañía, no tengan dudas.
Prla16: No quiero romper tus ilusiones, pero estaba hablando de la de Tarble. A menos que… jajajajaja Sí, Vegeta es super difícil de manejar a veces. Un día lo ves matando a su compañero de toda la vida Nappa, y al otro lo ves dejando que le digan que huele mal y siguiendo una mujer a la ducha. Ya se dio los primeros topes, los siguientes creo que serán peores. Oh, sí. La anticoncepción es algo que me pone muy mal porque en aquella época usaban tripas de cerdo de preservativos. LA HIGIENE OMG
Vegeta-bulma00: Tarble y Vegeta se deben otra conversación sin gritos de por medio. Creo que los dos pueden ser igualmente crueles cuando son honestos. Oh esa preocupación con nombre propio me agrada. Yo como siempre adoré el review, gracias, de verdad. Y yo siento lo mismo que vos cuando veo que se quedan a decirme unas palabras de apoyo, me dan ganas de terminar el siguiente lo antes posible, como hoy.
Lizzy Gerry: Espero que te haya gustado el capítulo y no te haya angustiado mucho. Sé que sueles sentir todo a flor de piel y estos capítulos de pura angustia a veces nos dejan tristes a nosotros también. Pero esta tristeza no es más que una consecuencia del mismo amor que siente, ¿no? Gracias como siempre, la mia italiana favorita.
Leyvis: Gracias por hacerte tiempo de dejarme comentario en este capítulo. Yo vengo leyendo sus preguntas y voy anotando algunas cositas como medio en plan de fanservice, si me parecen adecuadas, claro. Así que no me pareció de más agregar algunas cosas que sabía que estaban esperando y que intencionalmente he evitado contestarles. Sos la segunda que no soporta a Vegeta ciego, no quiero romperles el corazón. Pero… *spoiler alert* capítulo 27. Exactamente como pensas, Bulma se está adelantando a Vegeta pero bueno, la vida le tenía preparada otra traba y tal vez ahora no sea tan descabellado casarse con otro tipo. Te prometo final feliz en este fic. El camino es turbio, pero el final te hará feliz, te lo prometo.
¡Gracias miles por sus bellos comentarios! Espero que no hayan sufrido mucho hoy. Les mando un abrazo y que tengan un hermoso fin de semana.
Nade.
