- Maes II-


Se cuadró nada más atravesar las puertas del despacho, Maes levantó la vista de su trabajo y le indicó con la mano que podía relajarse.

- Buenos días teniente Hawkeye, me alegro de que haya acudido a mi cita - la saludo sonriente desde su sillón ofreciéndole asiento, que ella rechazó con educación.

- ¿ En que puedo ayudarle? - preguntó sin ocultar una pizca de curiosidad, no tenía ni idea de por que razón Hughes quería hablar con ella.

- Espero que no crea que me meto donde no me llaman...como sabrás hace unas semanas se quemó parte de la biblioteca y del archivo municipal de Central - dijo mirándola con atención y cambiando su amable tono de voz por otro mucho más serio. - Resulta que Sheska, la chica que trabajaba allí, tiene una memoria prodigiosa y ha reproducido todos los documentos que se perdieron y no solo eso, los ha clasificado, ordenado y escrito pequeños resúmenes sobre su contenido. He visto tu nombre en una de las denuncias archivadas y ...

- Me imagino de lo que habla, Señor - interrumpió sin perder la compostura a pesar de que jamás imaginó que tendría que enfrentarse a esto, no ahora, no otra vez.

- ¿ Sabe que hay más de veinte denuncias archivadas sin resolver iguales que la suya?- preguntó con cautela golpeando los papeles que tenía sobre la mesa con la punta de un bolígrafo.

- No sabía que eran tantas, Señor, aunque no me sorprende - respondió tajante, manteniendo su postura rígida, tratando de disimular lo incomoda que se sentía.

- Teniente...Riza...se que esto tiene que ser muy duro para ti, no quiero presionarte - comentó con preocupación suavizando su voz . - Pero esto es muy grave, ninguna de las agresiones sexuales denunciadas ha sido resuelta, el ejército no puede pasarlas por alto. No es ni ético ni justo.

- Por favor, odio los eufemismos, fue una violación- murmuró enfadada sin perder la postura pero apretando los puños con fuerza.

- Lo siento... - apartó la mirada avergonzado. - La denuncia apenas tiene un par de líneas y ni siquiera aparece el nombre del agresor, solo su número de licencia, este patrón se repite en todas y cada una de ellas - dijo mientras iba dejando uno a uno los papeles sobre la mesa. - O tratan de ocultarlo o no le dan importancia, cualquiera de las dos escusas es intolerable.

No quiso contestar, tenía muy claro lo que opinaba sobre la hipocresía de ciertas normas del ejército sobre las relaciones personales y sobre la falsa virtud que se empeñaba en mostrar ante el publico. Las relaciones consentidas se castigaban las que no lo eran, simplemente se archivaban en el olvido.

- Oh...no me había fijado en la fecha ¿ Fue en Ishval?

- Si, por eso me cambiaron de unidad y acabe en la suya - dio una profunda respiración para recobrar la compostura intentando de borrar de su cabeza todos los malos recuerdos.

- ¿ Roy lo sabe? - preguntó de repente.

- ¿ Por que debería saberlo? Es solo mi superior - cortó tajante, desde luego era a la ultima persona que quería implicar en todo esto.

- Teniente Hawkeye, no puedo imaginarme lo que esto supone para usted y desde luego no era mi intención abrir viejas heridas y hacerla daño, pero odiaría pensar que las mujeres del ejército se sienten desprotegidas en casos así. Si presentamos una causa común os escucharan, tiene que hacerse justicia, no puede ser que haya hombres que piensen que tienen barra libre para disponer de quien quieran cuando quieran ¿ No le gustaría que ese desgraciado pagase por lo que hizo?

- No me creyeron entonces, no van a hacerlo ahora, es su palabra contra la mía y ha pasado mucho tiempo. Créame cuando le digo que intente que me hiciesen caso pero fue inútil, no querían escucharme ni mucho menos creerme.

- Hay más de veinte mujeres que han pasado por lo mismo y le pasará a otras si no lo llevamos a los tribunales...

- ¿Por que yo? ¿ Que puedo hacer yo?

- Eres el oficial de más alto rango de la lista. Alguien tiene que dar el paso para que el resto la siga. Se que es una mujer honorable, Teniente y sabe tan bien como yo que no es justo dejarlo pasar, ni para usted ni para las otras mujeres si no lo quiere hacer por usted hágalo por ellas.

- Entiendo, Señor pero... ¿ Por que se involucra en todo esto? Podría suponer escollos en su carrera, además de ganarse enemigos.

- Por que es una injusticia y por que tengo una hija pequeña y no se si seguirá mis pasos algún día, pero desde luego si lo hace quiero que este segura dentro del ejército y que confíe en que si necesita ayuda responderán por ella.

- No se si podre hacerlo - titubeó sintiendo que podría las fuerzas.

- No te sientas obligada - dulcificó el tono de su voz y sonrió con afecto. - No quiero que pienses que te pido esto porque te conozco, admiró tu fortaleza, por eso cuento contigo, pero si no estas preparada, puedo pedírselo a otra.

- De acuerdo, puede contar conmigo - dijo por fin. - No creo que consiga nada pero presentare testimonio de todas maneras.

- Muchas gracias Teniente, me pondré enseguida con ello, le iré informando de todo y si necesita cualquier tipo de ayuda, un abogado, asesoría jurídica, lo que sea, no dude en contactar conmigo.

- ¿ Puedo pedirle un favor? - añadió antes de dar por terminada la conversación. - No le diga al coronel nada de esto.

- Es información confidencial no se preocupe, pero estoy seguro que Roy la creería y se preocuparía por usted - dijo volviendo al tono amable que le caracterizaba.

- Por eso mismo se lo pido, el coronel se preocupa demasiado.

- De acuerdo, haré todo lo que este en mis manos para resolver esto, se lo prometo - sonrió con amabilidad y ella se cuadró de nuevo antes de despedirse.

...

Lanzó una pequeña bola de papel que se enredó en su pelo y ella alzó la cabeza lanzándole una mirada furiosa.

- Coronel ¿ Puede dejar de hacer el tonto y concentrarse en su trabajo? - le reprochó molesta mientras se quitaba el papel del pelo y lo dejaba sobre la mesa.

- Es muy aburrido, Teniente, estamos en el despacho solos y ni siquiera me mira - se quejó como un niño pequeño mientras se cruzaba de brazos enfurruñado.

- Póngase a trabajar, Coronel - replicó entornando sus ojos concentrándose de nuevo en su trabajo, ignorando por completo sus quejas.

- Es usted la mujer más fría que conozco.

- ¿ En serio? Creía que conocía muy bien a la reina de hielo, Señor.

- ¿No vas a olvidarlo verdad? - farfulló entrelazando los dedos y golpeando con su mano sobre la mesa con nerviosismo.

- No, Señor, No tengo la menor intención- dijo riendo mientras apoyaba una mano en su barbilla y negaba con la cabeza.

El teléfono del despacho sonó y Roy se apresuró a cogerlo respirando aliviado.

- ¿ Hughes? - preguntó sonriendo con descaro sin dejar de mirarla. - Me alegro de oírte, me pillas en un momento en el que puedo dedicar todo el tiempo que quieras a escuchar tus historias...

- Hola Roy siento desilusionarte, pero hoy tú no me interesas- dijo al otro lado de la linea .- ¿ Puedo hablar con la teniente Hawkeye?

- Claro - alargó su brazo ofreciéndole el auricular del teléfono.- Teniente, la solicitan por aquí.

Se levantó de su mesa y dándole la espalda se apoyó en la mesa para responder a la llamada.

- ¿ Hawkeye? ¿Podemos hablar? - consultó bajando el tono de su voz a apenas un susurro.

-Si, dígame.

- He conseguido hablar con la mayoría de las mujeres de las denuncias, se que le estoy pidiendo demasiado, pero tal vez ella se sentirían mas cómodas si es usted la que trata de convencerlas para que se unan a nosotras.

- Entiendo.

- Por otro lado tengo una mala noticia, si seguimos adelante es probable que tenga que hacer un cara a cara con su agresor, estoy tratando de evitarlo, así dudo que ninguna quiera participar, pero son las normas, él tiene derecho a una defensa justa, todo esto es terriblemente complicado, siento haberla involucrado en algo así...

- Haré lo que pueda - susurró y aunque trató de evitarlo su voz sonó aterrada.

- Teniente ¿ No quiere hablar mucho verdad? ¿La llamo en otro momento?

- Si, sera mejor.

- No se preocupe, muchas gracias de todas formas, si me necesita para cualquier cosa llámeme, a cualquier hora. ¿De acuerdo?

- Está bien.

Colgó el teléfono y dejó escapar un profundo suspiro, Roy se levantó de su silla y rodeando la mesa se colocó frente a ella con un gesto preocupado en el rostro.

- ¿Sucede algo malo? - colocó una mano en su brazo y lo acarició con suavidad.

- No, Señor, todo está bien - comentó con tranquilidad mientras apartaba su mano.

- Mientes.

- No puedo contarlo - le miró esperando que pudiera comprenderla.

- Ya sabes que soy bueno guardando secretos - replicó sonriendo en busca de complicidad, luego colocó las manos en la mesa dejándola atrapada entre sus brazos y dio un pequeño paso hacía ella.

- No es un secreto... solo que no puedo - desvió la vista al suelo apesadumbrada para evitar mirarle a los ojos.

- Esta bien, no te preocupes, estoy aquí para lo que necesites - se acercó aun mas a ella y colocó las manos en su cadera.

- Gracias- susurró descansando la cabeza sobre su pecho.

...

Hacía un par de horas que estaban en la pequeña habitación de un hotel a las afueras de Central, como siempre se habían registrado con nombres falsos, habían cenado algo, se habían descalzado y tirado sobre la cama a disfrutar de un breve remanso de paz. Roy descansaba con la cabeza apoyada en su pecho mientras ella peinaba su pelo con los dedos.

- Maldito idiota ¿ En que lió se había metido? ¿ Que es lo que sabía? ¿ Por que era así? - se llevó una mano la frente y apretó con fuerza con sus dedos. - Llevó una semana rebuscando entre sus archivos y no he encontrado nada. Es frustrante. Me duele hasta la cabeza.

- Deberías relajarte, así no encontrarás nada - dijo colocando las manos en sus sienes mientras le daba un suave masaje. - Tenemos que buscar desde otra perspectiva.

- Tienes razón- contestó cerrando los ojos en un intento de concentrarse. - Tenemos la pista de la piedra filosofal y del quinto laboratorio, pero todo parece perderse en un agujero negro.

- Sabemos que hay gente del ejercito, altos cargos, implicados en todo este asunto, tenemos que elegir con cuidado a nuestros aliados - murmuró mientras continuaba con su masaje.

- Un momento... ¿ El asunto que teníais entre manos tú y Hughes tiene algo que ver en todo eso? - preguntó de repente levantando la cabeza.

- ¿En serio crees que estoy metida en esto ? ¿Que no te habría contado lo que se?

- ¡No! ¡Maldita sea ! Han matado a Maes por averiguar algo, solo quiero saber si estás en peligro tú también - volvió a apoyar la cabeza sobre su pecho. - Me preocupa.

- No tiene nada que ver... - murmuró apoyando una mano en su espalda.

- No entiendo nada, Riza, de verdad.

El gesto de tristeza de su rostro era descorazonador, tal vez con todo lo que estaba pasando no era el mejor momento de contárselo, pero necesitaba resolver sus dudas y darle un poco de tranquilidad.

- En Ishval en una ocasión encontré a un soldado tratando de forzar a una Ishvalita, era una apenas una niña se lo impedí, pero se puso furioso, esa noche entró en mi tienda y... - tragó saliva antes de continuar. - Me dijo que si no podía follarse a un cerda Ishvalita, tendría que hacerlo a una Amestriense que se metía dónde no la llamaban...

- ¿Que demonios estás diciendo Riza? - se levantó de su posición y la miró angustiado, ella levantó la mano para que la dejase continuar.

- No pude hacer nada para detenerle y cuando le denuncie a mi superior, lo único que hizo fue cambiarme de unidad - se le llenaron los ojos de lágrimas, pero haciendo un esfuerzo enorme por no derramarlas continuó hablando. - Archivaron la causa, como si nada hubiese pasado, hay más de dos docenas de casos similares y Hughes lo descubrió, quería que lo ayudase a llevar el caso frente a la corte, no podía permitir que algo así pasase sin que nadie actuase, por eso hablábamos, no tiene nada que ver con el asunto de la piedra filosofal, pero era un hombre con un profundo sentido de la justicia y quería denunciarlo, no se que descubrió para que lo matasen pero no era nada bueno y no podía dejar que pasase...por eso te prometo que encontraremos al culpable y pagará por ello.

No dejaba de mirarla con una expresión triste y llena de rabia, se tumbó junto a ella mirándola a los ojos y alargó la mano para tocar su pelo con cariño.

- Dime quien fue, quiero matarlo - masculló furioso al rato agarrando su brazo.

- No vas a matar a nadie - colocó una mano en su cara y le apartó el flequillo de los ojos.

- ¿ Donde está? ¿ Tienes que verlo todos los días? ¿ Es alguien que conozco?

- Roy, por favor- sujetó su cara con ambas manos y le miró con decisión. - No te preocupes por esto.

- ¿ Como quieres que no me preocupe? - replicó nervioso. - Quiero saber donde está, si está cerca de ti, si...

- Creo que está en los cuarteles del Oeste - le cortó, aunque sabía que no se quedaría tranquilo de ninguna manera.

- Mierda ¿ Por qué no me habías contado nada? - estiró los brazos y la acercó a su cuerpo para poder abrazarla.

- Por que nadie me creyó, porque llegue a creer que era culpa mía, porque después de Ishval creí que me lo merecía, no lo sé... solo quería enterarlo en mi memoria y olvidarlo - le pasó con cuidado la mano por el cabello y la dejó reposar sobre su cuello.

- Yo te habría creído - susurró besando sus parpados con ternura. - Habría hecho algo...

- Ya lo se, pero sería perjudicial para tu carrera meterte en algo así - acarició su mentón con el pulgar y sonrió mordiéndose el labio.

- ¿ Dejarás algún día de poner como prioridad cualquier cosa antes que a ti misma?

- Tenemos un país que arreglar, Coronel.

- ¿ Dejarás al menos que yo me preocupe por ti? - insistió agarrando sus manos para poder besarlas.

- No es necesario...- Roy frunció el ceño molesto y ella volvió a agarrarlo de la cara. - Escucha... cuando estamos así, me siento protegida, me siento a salvo, no tienes que hacer nada que no hayas hecho ya.

La abrazó en silencio y la sostuvo contra él durante minutos incapaz de decir nada.

- ¿ Vas a seguir adelante con lo que quería Hughes?- preguntó sin separarse de ella.

- Debería, por hacer honor a su memoria, pero tenemos cosas más importantes entre manos.

- Cuando sea Fuhter, voy a fusilar a ese cabrón, voy a hacerle comer sus propias tripas - masculló con rabia estrechándola aún mas contra él.

- No puedes hacer eso - apuntó con suavidad agarrándose con fuerza a los pliegues de su camisa.

- Lo se, pero quiero hacerlo.

- Yo también.