Capítulo 25

"Debo irme"

- ¡No! ¡No! ¡Esta es una maldita broma! – Rini temblaba, las lágrimas de rabia se le salían de los ojos y Plut estaba atónita.

- De verdad que me estás dando pena… ¿Qué le voy a decir a la tía Kakyuu que espera con ansias conocer a su hija? ¿A su petalito de rosa?

- No me conviene ser hija suya. – sentenció Rini secándose las lágrimas con la manga de su blusa.

Kousagi de pronto, al voltearse, vio a Helios que le solicitaba un momento con Rini. Plut también la miraba. Y se decidió.

- Mira primita, ya está decidido. Yo me encargaré. Pero antes, hablarás con Setsuna. Y después con alguien que le urge hablar contigo. Y luego yo vendré a ponerle fin a esto.

Kousagi se retiró pero permaneció quieta. Haruka, Michiru y Hotaru la interceptaron.

- ¿Qué pasó con la Pequeña Dama?

- Oigan lo que pasará con Setsuna y después con Helios. Pero por ningún motivo dejen subir a las inner con mi tía. Le destrozaría el corazón saber en lo que su hija se ha convertido.

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- ¿Quién demonios te crees que eres? De verdad… ¿quién demonios te crees que eres? – Setsuna, harta de oír las estupideces de Rini, la había tomado por los hombros y la había sentado a la fuerza en una silla ante las quejas de la adolescente.

- ¡No me toques ni me hables así, estás ante tu futura reina!

- ¡Que futura reina ni que un carajo! ¡Te he defendido por años! ¡Te cuidé! ¡Me expuse! ¡Vi en ti a la hija que jamás podré tener y me sales con estas idioteces! No quería darme cuenta pero abajo está tu verdadera madre, acabas de conocer a tu prima que es ni más ni menos que Sailor Cosmos, sabes que te crió Serena sin ser su hija a pesar de que sí, yo me daba cuenta de tus tratos y me hice de la vista gorda, supe que tenía que haber algo en ti para que te convirtieras en Black Lady y ¿lo único que te preocupa es no ser la Pequeña Dama? ¿Las scouts somos eso para ti? ¿Tus sirvientas?

Rini no contestó.

- Ya veo que el que calla otorga. Y no sabes cómo me alegra que Kousagi exista. Porque no sé que hubiera sido de nosotros siendo tú la nueva reina. Te desconozco.

Setsuna salió y Rini iba a estar a punto de seguirla cuando entró Helios.

- ¡Helios! ¡Dios mío! – Rini se colgó del albino quien, fuerte, no la abrazó. Permaneció quieto.

- Rini…

- ¿No te da gusto verme? – Rini trataba de tomarle la mano a aquel que se convertía en Pegaso cuando había estado por última vez en el Siglo XX. – Te he echado tanto de menos… la última vez me besaste…

- Y creo firmemente ahora, después de todo lo que he escuchado que ese beso fue un error.

- ¿Qué? – Rini caminó dos pasos para atrás, totalmente descontrolada. Su pegaso no. Él no. Él la amaba.

- Lo que yo oí no tiene nada que ver con la persona de la cual yo me enamoré. O creí enamorarme. Fue una ilusión nada más. Un sueño…

- ¡No, no lo fue! ¡Yo te quiero!

- ¿Tanto como quieres el poder de Tokio de Crystal?

- No… es que tú no comprendes…

- Comprendo demasiado, Rini… y ¿sabes? Ahora que veo tu forma de pensar, como te comportas y deseas el poder, me recuerdas tanto a Neherenia… porque sí sabes que es tu tía abuela…

- ¿Qué?

- Neherenia, a la que ayudaste a derrotar, la que me tenía como un Pegaso cuando me conociste y que te pedí ayuda, pensando en tu bondad que resultó ser falsa y ahora te veo como en verdad eres, como ella, era la hermana de la Reina Serenity, tu abuela. Es tu tía abuela. La hermana de la madre de tu madre, Kakyuu.

- Es que… - Rini se dejó caer a los pies de Helios quien no se inmutó - ¡No es justo!

- ¿Qué no es justo? – ¿Qué Serena te haya criado y querido sin ser tú su hija? ¿Qué ahora tu verdadera madre venga por ti y tengas dos amores en tu vida? ¿Qué tengas una prima? ¿A eso le llamas injusticia?

- ¡Es que no lo comprendes! – Rini gimió.

- Lo comprendo demasiado. – Helios por fin la levantó y la miró a los ojos. – Tú no quieres a nadie. Sólo te quieres a ti misma. Has vivido en un sueño toda tu vida y por eso tal vez pensaste que me querías. Una niña y un pegaso pueden quererse pero ¿dónde vivirían?

Las lágrimas comenzaron a rodar por los ojos de Rini mientras Helios se retiraba.

- ¿A dónde vas?

- Lejos de ti. Debo irme lejos de ti.

- ¿Por qué?

- Porque creo firmemente que solamente volviendo a ser una bebé, repitiendo la historia de tu tía Neherenia, volverías a tener la esperanza de ser buena de nuevo. Si fuiste capaz de convertirte en Black Lady y besar a tu propio padre… ¿qué te va a impedir después querer matar a lo que se interponga en tu camino por el maldito poder? Hasta nunca, Rini. Los sueños se vuelven pesadillas. Y yo, hoy, desperté de la mía.

Helios se fue y Rini, con los ojos llenos de lágrimas, dejó escapar un alarido lleno de dolor.

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Kousagi ya había tomado su decisión. Sabía cómo iba a ponerle fin a aquello. Pero el costo era elevado. De pronto, vio como Setsuna salía llorando a mares y oyó el alarido de su prima. Seguramente Helios había dado por terminada su relación y no era para menos. Lo había sentido venir. Y sin más, Haruka se le puso en frente.

- Sé que me detestas…

- No te odio…

- Pero necesito que me hagas un favor después de lo que escuchamos Hotaru, Michiru y yo…

- ¿Cuál?

- Nos hemos manchado las manos de sangre por esa niña, hemos peleado hasta la muerte por la que creíamos que ocuparía el lugar de Serena… y de sólo oírla la quiero…

- ¿Matar? – se rió Kousagi

- No exactamente… ¿Cuáles son tus planes?

- No puedo decírtelos…

- ¡Vamos! Prácticamente en mi lenguaje no tan tierno de inner scout te acabo de decir que te seguiré.

- ¿En serio?

- Sí. – Haruka la miró a los ojos.

- ¿Qué es lo que quieres hacer tú?

Haruka sentó a Kousagi en las escaleras del templo y habló con ella como si fuera una tía mayor.

- Esa niña no puede conocer a Kakyuu así. La hará trizas. Y Serena, todos estos años ha estado con Darien y sí, lo reconozco, la he obligado, la hemos obligado de una manera u otra a que esté con él por la existencia de esta niña que sería la heredera de Tokio de Crystal. Ahora con las Dos Lunas y que Seiya es heredero de la Tierra también, te confieso, aunque lo negaré después que lo dije, que efectivamente me siento culpable por haber presionado a la gatita a que no siguiera sus instintos y sus sentimientos hacia el muchacho Seiya… pero hagas lo que hagas… Serena necesita conocer cómo es Rini ahora para que todavía se sienta más libre de seguir adelante…

- ¿Con mi padre?

- Con tu padre.

Kousagi sonrió y de la nada se lanzó y abrazó a Haruka que se sintió incómoda y sin saber que hacer al tener a la jovencita entre sus brazos.

- ¿Qué se supone que haga?

- Nada tía, Haruka… Gracias.

Haruka sintió de pronto un sentimiento nuevo y lentamente abrazó a Kousagi y la apretó contra ella.

- Perdóname Kou… si algún mal te hice…

- Ya lo reparaste, tía… - y Kousagi le dio un beso en la mejilla y corrió hacia donde estaban Rini, Setsuna y las demás. Haruka se tocó la mejilla.

- Así que así se siente tener una sobrina…

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Haruka se reunió con Kousagi y Hotaru tenía inmovilizada a Rini con el báculo de Saturn. Rini lloraba con furia, frustración y odio.

- Vamos… hay una última persona con la que vas a hablar antes de que Kousagi decida tu destino… - habló Haruka con fuerza. – Y pobre de ti si mencionas el nombre de tu prima porque me va a importar muy poco que seas hija de Endymion y de Kakyuu.

- ¡Traidoras! ¡Por su culpa ahora perdí a Helios!

- ¡No te equivoques! – aclaró Kousagi. – El amor que muere no era amor. Él sólo despertó de su sueño.

- ¡Andando! – Setsuna usó su báculo para transportarse y Kousagi le hizo una seña a Haruka para que Rini no abriera la boca sobre ella a donde iban. Haruka le guiñó un ojo y en un momento, las outers y Rini desaparecieron.

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Seiya había estado narrándoles a los chicos y a Serena su encuentro con Darien y lo surreal que había sido cuando de pronto, como en una nube, en el centro de su sala, aparecieron Plut, Saturn, Neptune y Uranus sujetando a una chiquilla de 16 años que gritaba fuera de control. Yaten y Taiki se hicieron inmediatamente a un lado pero Serena se acercó al grupo seguida de Seiya.

- ¿Outers? ¿Qué ocurre? ¿Haruka? ¿Rini?

- ¡Mamita, dile que me suelte por favor!

- ¿Ahora sí es tu madre? ¡Que desgraciada eres! – Haruka aventó a Rini en el sofá donde había estado Taiki y todos se quedaron atónitos.

- ¿Bombón? ¿Ella es tu hija?

- En teoría… ¿Qué ocurre aquí?

- Mamita, mami… por favor… - Rini, se hincó ante Serena suplicante.

Yaten, Taiki y Seiya se acercaron a ver a la adolescente. Aunque habían visto por pocos días a la hija de Kakyuu, reconocieron al instante aquel pelo rosa. "El pétalo de rosa".

- ¿Es ella? – preguntó Taiki a Yaten quién le hizo la misma pregunta con los ojos al castaño.

- Rini… - Serena levantó a la chica del suelo y Seiya la iba a ayudar también pero Rini lo miró con furia y fue cuando Seiya vio los ojos de Rini. Eran los mismos ojos de Kakyuu.

- ¡Eres tú! ¡Tú eres la hija de Kakyuu! ¡Sólo que ahora estás crecida!

- ¡No! ¡Mi madre es Serena! ¿Verdad que tú eres mi mamá? – la cuestionó anhelante.

La rubia se dio media vuelta y las outer no podían creer cómo Rini podía ser tan manipuladora. Yaten rompió el silencio.

- Tú eres hija de Kakyuu. Tú naciste en Kinmoku. Nosotros tres estuvimos ahí. Eres el vivo retrato de la princesa Kakyuu. Sólo las distingue el pelo rosa. Tienes sus mismos ojos. No hay nada en ti de Serena…

- ¡Cállate! ¿Quiénes son ustedes?

- ¡Cállate tú, niña! – Michiru fue esta vez la que calló a Rini. – Estás delante de la realeza terrenal. Yaten y Taiki sirvieron a tu verdadera madre en el planeta Kinmoku donde tú naciste y aquí en la tierra eran de la corte real. Y él…

- ¡Tú! ¡Tú maldito! – Rini se le quiso dejar a los golpes cuando descubrió a Seiya. El pelinegro, peligrosamente parecido a Darien, su padre, el que había roto todo lo que había creído que era su futuro perfecto, el que en un escenario, la haría tener una hermana y que en su escenario actual, la hacía ser la segunda de todo. - ¡Te odio, Seiya Kou! ¡Te odio con toda mi alma! ¿Por qué tenías que existir?

De pronto, a pesar de Haruka y Setsuna ya la iban a detener, se oyó una fuerte bofetada que dejó a todos en silencio.

- ¡Cállate! ¡Por una maldita vez y ahora que estás crecida, cállate! – Serena fue la que había abofeteado a Rini y que ahora se alzaba delante de la que varias veces había salvado, creyendo su hija y aceptando una y otra vez su futuro con Darien.

- ¿Me pegaste?

- Sí. Sí te pegué. Como debí hacerlo varias veces que me faltaste al respeto. Y que no lo hice porque ibas corriendo a refugiarte en los brazos de Darien. Tu padre. El sí es tu padre. Llegas aquí gritándome "mamita" cuando todo este tiempo sólo una vez me llamaste mamá y fue por mero compromiso. Cuando te salvamos de Blackmoon y te regresaste con la Neo Reina Serena que estaba en el ataúd de cristal. Tú, Rini, tú nunca me has querido. Al único que veneras es a Darien. Quizás a la única que hayas considerado tu amiga haya sido a Hotaru.

- No más, Serena. Ya hemos sabido de sus labios lo que piensa…

- ¿Ya conociste a tu verdadera madre, al menos?

- No… ¡no quiero! ¡Te prefiero a ti!

- ¿Por qué? – Serena la vio directo a los ojos. – Y no me digas que es porque me quieres. Nunca me has querido ni como madre, ni como amiga.

- Porque si yo no soy tu hija… ¿entonces que heredaré?

Serena se dejó caer y Seiya la sostuvo. Las demás scouts, sapientes de lo que ya habían escuchado previamente, no podían sorprenderse más. Yaten y Taiki se indignaron.

- ¿Y tú eres la hija por la que ha sufrido tanto la princesa Kakyuu?

- Que pena me da…

- Serena, por favor… déjame seguir siendo tu hija… - suplicó Rini, hincándose de rodillas.

Serena la vio por última vez. Ahora estaba convencida que jamás existiría un Tokio de Crystal y que estaba más que dispuesta a seguir adelante con Seiya a donde un futuro con él la llevara.

- Debo irme…

- ¿A dónde? – preguntó Rini.

- Lejos de ti. Espero que las outers puedan hacer algo para que aceptes estar con tu verdadera madre. Pero tú para mí no existes. Eras lo único que me ataba a un futuro que llegué a odiar y que me impedía estar con la persona que empezaba a amar. Debo irme… Alejarme de ti. ¡Llévensela!

- A tus órdenes, Serena.

Haruka tomó por la fuerza a Rini con Hotaru mientras Serena se iba a la habitación de Seiya seguido por él. Desaparecieron y regresaron al templo donde los esperaban Kousagi y Helios.

- Aquí la tienes… - dijo Hotaru mientras soltaban a Rini, cubierta en lágrimas y derrotada.

- Bien. Helios y yo hemos decidido qué hacer contigo y tu madre no puede esperar más tiempo para conocerte.

- Sólo volviendo a ser bebé, como te conoció, volviéndote a criar, sin recuerdos, puedas cambiar… como Neherenia…

- Además ella te recuerda así… y mereces otras oportunidad… ¿están de acuerdo, outers?

- Lo estamos. – todas respondieron. Setsuna con más energía que ninguna.

- Bien. – Denme sus talismanes para convocar el Santo Grial.

Haruka, Michiru y Setsuna unieron sus talismanes sagrados y por un momento apareció el Santo Grial. Rini intentaba zafarse de Sailor Saturn.

- Lo siento prima… Seguiremos contigo. No sé si te seguirán llamando Rini o Serena. De verdad no lo sé. Pero espero que en esta oportunidad todo salga mejor y quieras a mi tía tanto como ella te ama… y no te preocupes. A pesar de todo, tú serás mayor que yo. Técnicamente, todavía no he sido concebida. Estoy segura que harás feliz a tía Kakyuu… Hasta pronto…

Kousagi vació un líquido dorado del Santo Grial sobre Rini. Al instante, se convirtió en un bebé de dos semanas. Hotaru la sostuvo. Rini no lloraba. Sonreía con la misma risa con que su madre Kakyuu la recordaba.

- Esto es raro…

- No lo es. Asi debe ser. Si tía Kakyuu la hubiera visto como la vimos nosotros…

De pronto, Kakyuu entró hecha una tromba. Las inner ya no la podían detener más. Y la pelirroja se quedó atónita al ver a Hotaru sostener a su petalito de rosa, del mismo tamaño que la había perdido.

- ¡No podíamos seguir deteniéndola allá abajo! – se defendió Lita.

- No hay problema. Ya está todo bien.

- ¿Es mi…?

- Sí, tía… - Kousagi tomó a Rini entre sus brazos y se la pasó directamente a Kakyuu. Aquí tienes a tu hija. Para siempre. Ya nadie te la arrebatará ni tendrás que separarte de ella. Es tuya. Tendrán que pasar sobre mi cadáver para que te la quiten. Serena ya sabe que está contigo. Disfruta y cría a tu hija bajo tus preceptos de amor. Lo sabrás hacer…

Kakyuu apretó a la niña bajo su pecho y comenzó a llorar. Por fin había recuperado a su hija. Y no como una niña crecida. No tendría que luchar con que su hija pensara que Serena era su madre. Kousagi se la había devuelto de bebé. De los mismos días en que ella la creía muerta. Podía criarla como ella quisiera y ella nunca sabría que en algún momento, su tía Serena había pasado por su madre. Lloró y le dio un beso en la tersa frente mientras la bebé reía y le apretaba su meñique.

- Debo irme… - anunció Kousagi.

- Pero… ¿y ahora?

- Debo irme… no puedo estar aquí si mis padres van a concebirme… Pero volveré.