Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

PERVERSAMENTE PROHIBIDO

CAPITULO 25

Bella durmió cada día de esa semana en el departamento de Edward, y para cuando llegó el fin de semana, en el vestidor de Edward, ya se podían encontrar prendas de ella.

—Tengo que ir a casa —musitó somnolienta el domingo por la mañana, tumbada boca abajo sobre la amplia cama de él.

Edward recorría su espalda con la yema de sus dedos y sus labios, dejando suaves y electrizantes toques.

—¿Para qué?

—Algún día debería dormir allí.

—¿Por qué? ¿No te resulta cómoda mi cama? —ronroneó dando suaves mordiscos en su espalda.

—Mucho, pero es mi casa. Al menos debería pasar por allí, estoy segura de que tendré correspondencia, facturas, qué sé yo.

—Podrías pedir que te enviaran tu correspondencia aquí —sugirió haciéndola carcajear divertida.

Se volteó quedando de frente a él.

—Estás loco. ¿Cuánto tiempo llevamos juntos? ¿Dos semanas?

—Casi tres.

—¿Y tres semanas te parecen tiempo suficiente para que de tu dirección como mía?

—Me da igual dónde te lleguen tus cartas pero no quiero que duermas en otro sitio que no sea en mi cama. —explicó como si fuese absolutamente normal su razonamiento.

—Creo que antes de pensar en que prácticamente viva contigo, deberías decirles a tus hijos que estamos juntos.

—Se los diré hoy mismo, si quieres.

—Preferiría esperar un poco.

—¿Por qué quieres esperar? —inquirió Edward curioso

—No sé. Creo que cuando se los digas, estaría bien que lleváramos más tiempo juntos para que no crean que es algo sin importancia.

—No es algo sin importancia para mí.

—Lo sé. Tampoco es algo sin importancia para mí, pero, ya sabes, ¿qué tal si vamos despacio?

—De acuerdo, nena. Lo haremos como tú prefieras pero debes saber que eso no implica que no vaya a dormir contigo todas las noches. Si quieres después de comer te llevaré a tu casa para que recojas lo que necesitas y podemos volver aquí.

—Me parece una idea genial —reconoció sonriente —Podré presentarte a mis amigas, que estoy segura querrán conocerte.

—¿Debería preocuparme?

—¿Conocer a las chicas? No, en absoluto. Son encantadoras —aseguró con una sonrisa que a Edward le hizo dudar de su fiabilidad.

Edward detuvo el coche frente a la casa de Bella.

Las ventanas de la planta baja estaban iluminadas, por lo que imaginó que sus amigas estarían allí.

Cuando Bella abrió la puerta, la música estrepitosa les recibió.

—Alice está cocinando —informó Bella con seguridad.

Después de colgar sus abrigos en el armario del vestíbulo, Bella tiró de su mano para dirigirlo a la cocina.

Tal como había predicho, una chica delgada y menuda vestida con una camiseta de tirantes y un pantalón deportivo, bailoteaba y cantaba de pie frente a los fogones mientras revolvía el contenido de una enorme olla.

—Ali —gritó Bella a la vez que se acercaba al IPod que había sobre la isla de la cocina y bajaba completamente su volumen.

Sobresaltada la chica se dio la vuelta, llevando su mano libre a su pecho.

—¡Bells! —saludó entusiasta antes de fijar su mirada en el hombre que había de pie detrás de su amiga.

—¿Qué haces?

—Un potaje de legumbres —dijo acercándose a Bella para darle un abrazo —No te esperábamos, ya te dábamos por desaparecida.

—Gracias —rió Bella —Pudisteis al menos poner un aviso en el periódico.

—Intentamos poner tu foto en los cartones de leche pero no logramos decidir qué foto quedaría mejor —secundó Alice su broma —Hola. Alice Brandon —saludó estirando su mano hacia Edward.

—Encantado. Edward Cullen —respondió él estrechando su mano con firmeza.

—Os quedaréis a cenar, ¿verdad? Hay comida para un regimiento.

—En realidad yo venía a recoger algunas cosas que necesito, y recoger mi correo.

—¡Qué va! En algún momento tendréis que cenar, así que ¿por qué no hacerlo aquí?

Bella miró a Edward interrogante, dudando de cuán preparado estaría él para enfrentarse a la santa inquisición a la que, seguramente, sería sometido.

—Como tú prefieras —aceptó Edward deseoso de caer bien a las amigas de su chica.

—¡Genial! —celebró Alice antes de asomarse a la puerta de la cocina —¡Jess! ¡Angie! —gritó —¡Bella está aquí!

—¡Bella! ¡Bella!

Gritos entusiastas se escucharon junto a las pisadas de sus amigas bajando rápidas por las escaleras.

—¡Al fin te dignas dejar de follarte a Superdotado Cullen senior! —gritó Jessica antes de entrar en la cocina y detenerse petrificada al ver a su amiga acompañada por su nuevo novio.

El sonrojo furioso de Bella compensó la extrema palidez que azotó el rostro de su amiga, ante la risa nerviosa de Alice y el gesto apenado de Angela que entraba tras ella.

—Bells... —musitó sin saber qué más decir

Bella se acercó a ella y le dio un cálido abrazo antes de hacer lo mismo con Angela.

—Chicas, dejadme que os presente. Éste es Edward Cullen. Edward, ellas son Jessica Stanley y Angela Webber, mis amigas y compañeras de vivienda.

—Señoritas, encantado de conoceros al fin.

—Igualmente —respondió Jessica estrechando su mano y reponiéndose con un gesto altanero en su rostro.

—Encantada —saludó Angela un poco más tímida. —Os quedaréis a cenar, ¿verdad? —preguntó intentando que todos olvidaran el comentario de Jessica.

—Sí, nos quedaremos —aceptó Bella mientras sus amigas se ponían en movimiento y se encargaban de poner la mesa para cinco.

Cuando la comida estuvo servida y todos por fin se distendieron, la cena resultó agradable y divertida.

Edward nunca se había encontrado en una situación similar.

Al haber dejado sus estudios nada más acabar el instituto para asentarse y formar una familia, no conservaba amigos de esa época.

Siempre que compartía multitudinarias cenas o comidas, era con su familia o con colegas o clientes, por lo que ver a esas cuatro chicas, atropellándose al hablar, hacerlo en algunos momentos a los gritos para hacerse escuchar, o contar las más vergonzosas anécdotas sin el menor tapujo, le asombraba pero le divertía como nada lo había hecho nunca.

Hasta donde pudo entender, Angela, profesora de francés, salía desde hacía varios meses con Ben, un antiguo compañero de universidad.

Jessica, financiera en el Seattle Bank, mantenía una relación intermitente con un tal Mike, que parecía estar perdidamente enamorado de ella, y que, según creyó entender, tenía un amigo, un tal Eric, que había tenido algún tipo de relación con Bella, y que él estaba dispuesto a investigar más a fondo.

Alice por su parte, era estudiante de medicina y estaba realizando su residencia en el Hospital universitario. Estaba soltera y no hablaba de ningún chico en especial.

A Edward le sorprendió lo dispares que eran las cuatro pero a la vez, lo íntimas, cercanas y complementarias que se las veía.

Angela era madura y comedida, al punto de sonrojarse ante los comentarios, un tanto violentos, de Jessica. Jessica era atrevida y desinhibida, pero sumamente ocurrente. Casi tanto como Alice, aunque ésta, además de ser ocurrente era terriblemente despistada y divagante.

Edward era casi incapaz de seguir el hilo de la conversación si era Alice quien lo llevaba, ya que solía irse por las ramas y acabar en temas completamente diferentes al original.

Pero Angela o Bella, siempre se encargaban de reencauzarla.

Después de la abundante cena, que sin dudas les llenaba de energía, se acomodaron en el salón para beber cafés mientras Bella subía a su habitación para recoger las cosas que pensaba llevar a casa de Edward.

Edward se revolvió en su asiento, frente al silencio que llenaba la habitación y que se estaba volviendo incómodo.

—Y bien, Edward —preguntó Jessica por fin, mirándolo con atención —¿Qué intenciones tienes para con Bella?

Edward dio un respingo sorprendido antes de contestar.

—¿Disculpa?

—Me has oído. ¿Qué intenciones tienes?

Sonrió nervioso mirando a las tres chicas sentadas frente a él. ¿Qué coño hacía Bella en su habitación para tardar tanto?

—No sé a qué te refieres.

—Solo nos queremos asegurar que sabes que puede que Bella no tenga padres o hermanos, pero no creas que puedes hacerle daño sin sufrir consecuencias —sentenció la chica con autoridad.

—No tengo la más mínima intención de hacerle daño —replicó sintiéndose a la defensiva.

—Pero eres consciente de que podrías hacérselo. Bella está enamorada de ti. ¿Qué sientes tú por ella?

Se revolvió en su asiento intentando calmar su malestar y no ser demasiado grosero ante las impertinencias de esas chicas.

—No te lo tomes a mal, Jessica —dijo entre dientes —Pero mis sentimientos por Bella no son de tu incumbencia. Eso es algo entre ella y yo. Yo tengo claros sus sentimientos y ella los míos.

—No te molestes, Edward —le cortó Angela poniendo paños fríos a la situación —Jessica no se ha expresado bien. Ella solo intentaba que supieras que nosotras somos como su familia y nos preocupamos por Bella. Bella ha pasado por muchas cosas tristes en su vida, ya sabes, con la muerte de sus padres, luego la tía Marie, su ruptura con su prometido. No quisiéramos que volviera a sufrir.

—Yo tampoco quiero que sufra. Me gusta Bella. Me gusta y le gusto. Estamos bien juntos y ambos deseamos que siga siendo así. Como ya sabéis, no soy un adolescente y no estoy para tonterías.

—Eso es lo que todas deseamos para Bella.

—Es también lo que yo deseo —replicó a la defensiva.

Bella bajó en ese momento y le sorprendió el silencio que reinaba en la habitación y el ambiente cargado.

—Ya estoy aquí —dijo mirando de sus amigas a su novio respectivamente —¿Va todo bien?

—Perfectamente —respondió Edward con dureza poniéndose en pie —¿Estás lista?

—Sí —contestó mirándole dubitativa.

—Bien. ¿Nos vamos?

—Sí, vamos —aceptó extrañada antes de despedirse de sus amigas.

Sintiéndose aún molesto por la intervención de las amigas de Bella, condujo en silencio hasta su departamento.

Cuando detuvo el coche en su plaza del aparcamiento subterráneo del edificio, Bella se volteó hacia él preocupada.

—¿Qué sucede, Edward? —indagó realmente curiosa.

—Nada. —contestó él tajante.

—Venga ya. No has dicho una sola palabra desde que salimos de mi casa. ¿Qué sucedió? ¿Las chicas dijeron o hicieron algo que te molestara?

—No. Diría que intentaron inmiscuirse en nuestra relación y no me gustó nada.

—¿Intentaron inmiscuirse en nuestra relación?

—Sí. Querían saber cuáles son mis sentimientos por ti y cuáles son mis intenciones para contigo.

—Oh, vaya.

—No voy a permitir que nadie se entrometa entre nosotros, Bella —sentenció con dureza girándose hacia ella —No permitiré que mi familia lo haga. Ni mis hijos. Pero tampoco voy a aceptar que tus amigas lo hagan.

—Creo que te equivocas. Mis amigas nunca se meterían en nuestra relación. Seguramente no tuvieron mala intención. Jessica, algunas veces, suele ser muy pasional y vehemente en sus ideas y opiniones. No se lo tengas en cuenta.

—Pues no me gustó. Me sentí atacado.

—No les prestes atención —le aconsejó Bella estirando su mano para apoyarla sobre la mejilla áspera de él —Hablaré con ellas.

—Sé lo que siento por ti, Bella —dijo poniendo su mano sobre la de ella para estrecharla —Y estoy seguro de que tú también lo sabes. Siempre he sido claro contigo respecto a mis sentimientos. Nunca te he prometido nada que no te pueda dar. Tú lo sabes y creía que lo habías aceptado así.

—Lo sé, Edward. Lo sé, de verdad. Yo no tengo ninguna duda sobre lo que hay entre nosotros. Sé que no estás enamorado de mí y sé que no crees que vayas a estarlo, porque no crees en el amor. Yo estoy bien con lo que me das, de verdad —aseguró sonriendo con dulzura.

—No quiero prometer nada más de lo que te puedo dar.

—No quiero que me prometas más de lo que me puedas dar —reconoció moviéndose en su asiento para acercarse a él y sentarse a horcajadas sobre su regazo.

Edward sonrió divertido echando hacia atrás su asiento para acogerla más cómodamente.

—Voy a hacer que te enamores de mí —le susurró Bella al oído antes de mordisquear el lóbulo de la oreja.

—No me extrañaría que lo lograras —sonrió llevando sus manos a los pechos de Bella —Especialmente si acrecientas mi ego llamándome Superdotado Cullen Senior —reconoció haciéndola reír divertida.


Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer.

Dejo un adelanto del próximo capi:

—¿Papá? —la voz de Jane resonó a sus espaldas.

Las manos de Edward se tensaron en la cintura de su mujer, pero se volteó intentando mantener impasible su rostro.

—Papá —repitió la joven

—Hola, cielo —saludó sonriente besando la mejilla de la joven que no despegó la mirada de la chica que estaba con su padre.

—¿Qué significa esto, papá?

En el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki, hay adelantos, imágenes, encuestas, etc, sobre mis historias.

Besitos y a leer!

Días de actualización: LUNES - RANCHO MASEN; JUEVES - PERVERSAMENTE PROHIBIDO

En mi perfil encuentran el link del tráiler que Emmaly Swallen hizo para este fic