Por: Mangaanime15.
Traductora: Nyanko1827.
Disclaimer: KHR pertenece a AkiraAmano-sensei y el fic a mangaanime15.
Y dar las gracias a xanyxhi por corregir toda la traducción y mejorarla.
Disclaimer: No soy dueño de Hitman Reborn.
Beteado por Rekishichizu.
Capítulo XXV
Reborn vs Papeleo.
Si has preguntando qué clase de hombre (o bebé) era Reborn, la gente te hubiese dado respuestas diferentes.
Para Tsuna, Reborn era su tutor manejador de esclavos enviado desde el infierno.
Para Gokudera, Reborn era el mayor asesino del mundo.
Para Yamamoto, Reborn era un niño realmente increíble.
Para Lambo, Reborn era un sádico bastardo que debe ser derrotado a toda costa.
Para Hibari, Reborn era un carnívoro que debía ser vigilado.
Para Mukuro y Chrome, Reborn era alguien que puede ser más manipulador que ellos.
Sí, Reborn era el mayor asesino del mundo. Todo el mundo conocía ese hecho ya que era de conocimiento común en el mundo de la mafia. La gente sabía que él podía matar a alguien con los ojos cerrados. Él podía disparar perfectamente a la gente en 0.05 segundos. Podía asumir misiones que tenían un porcentaje de cero posibilidades de supervivencia y aun así lograr regresar con vida para contar su historia. En resumen, se puede decir que Reborn tenía un registro perfecto desde siempre. Sin embargo, este registro no durará mucho tiempo, porque pronto va a ser destruido por…
…el papeleo.
Sí, mí querido lector. Has leído bien.
Papeleo.
El registro perfecto de Reborn va a ser destruido por el papeleo en el momento en que ponga un pie en la oficina de Tsuna.
Ahora, ¿por qué Reborn se molesta con el papeleo de Tsuna?
Por lo general, Reborn no se molestaba con ello en absoluto. Si este problema se presentaba ante él, lo primero que él haría sería buscar a Tsuna, arrastrarlo hacia su oficina y apuntar con su arma a la cabeza de Tsuna mientras el chico firmaba los papeles obedientemente. Y siempre funcionaba. Por desgracia, por mucho que Reborn quisiese usar esa táctica, no podía ya que su dame-estudiante, Tsuna, y sus guardianes fueron disparados, convenientemente, por una bazuca de los diez años defectuosa. Así que, ahora mismo, estaban atrapados en el pasado por quién sabe cuanto tiempo.
Cosa que dejaba a Reborn a cargo del deber de Tsuna como Decimo Vongola hasta que regresara.
Al principio, cuando se ofreció él mismo para hacerse cargo de las responsabilidades de Tsuna, se había imaginado que sólo estaría firmando una pequeña cantidad de papeles. No esperaba que en realidad fuera a estar firmando una habitación llena de papeles, o que fuera enterrado por dicha monstruosidad tan pronto que Shoichi abriera la puerta del despacho. Para empeorar las cosas, el papeleo se burlaba de él al enterrarlo, no sólo una, sino dos veces.
Y como si eso no fuera suficiente, todavía no podía deshacerse de la maldita documentación, incluso después de pasar unos días firmando si parar. De hecho, cada vez había más. Toda esta situación estaba empezando a poner de los nervios a Reborn. Por lo tanto, no fue una sorpresa cuando estalló al quinto día de que Tsuna fuera enviado al pasado.
—¡Eso es todo! —gritó Reborn golpeando con sus diminutos puños sobre la mesa—. Soy un asesino a sueldo. ¡Y como asesino a sueldo, me niego a pasar todo mi día firmando documentos!
Reborn siempre se ha enorgullecido de ser alguien capaz de manejar cualquier cosa. Por desgracia, el papeleo no era una de esas cosas. Y por eso, decidió que ya era hora de deshacerse del papeleo de forma permanente sin tener que pasar por todo el problema de firmarlos todos. Agarró a León con rapidez convirtiéndose en un lanzallamas.
—Hoy será el último día de vuestra existencia, estúpido papeleo —Reborn sonrió mientras señalaba el lanzallamas a dichos documentos.
El sicario se echó a reír como un loco mientras un chorro de fuego salía del lanzallamas. Vio con satisfacción que las llamas envolvían a los papeles malditos. Sin embargo, su satisfacción no duró mucho ya al disiparse el humo revelando…
…que todos los documentos estaban intactos y sin ningún tipo de marcas de quemaduras.
Reborn miró al papeleo con los ojos entrecerrados. ¿Cómo podía suceder esto? El lanzallamas era lo suficientemente potente como para derretir los metales más duros del mundo. Así que, ¿por qué no se quemaba el papeleo? El asesino buscó en su mente. Reborn, siendo Reborn, no le gustaba ser incapaz de entender el problema ante él. Por suerte, la ayuda le llegó en forma de Shoichi y Spanner.
—Reborn-san, tenemos otro montón de papeles para que firme —le dijo Shoichi al ponerse, junto a Spanner, delante de Reborn que se volvió de repente con su arma apuntando a los dos técnicos desprevenidos. Shoichi tartamudeó—: R-Reborn-san, ¿por qué nos está apuntando con su arma?
—Explicadme por qué no puedo quemar los malditos papeles —gruñó Reborn.
Spanner cambió de lugar de la paleta en su boca.
—Oh, eso es simple. Los documentos están hechos de papel que puede soportar cualquier cosa, desde fuego, al agua e incluso bombas —explicó.
Reborn entrecerró los ojos.
—¿Y quién fue el idiota que se le ocurrió la brillante idea de hacerlos resistentes a casi cualquier cosa?
—Lo hiciste tú—respondió Spanner mientras el asesino a sueldo parpadeaba tratando de absorber la información.
Reborn se apoderó de su sombrero al recordar la razón por la cual lo hizo. Para evitar que Dame-Tsuna zanjara su trabajo quemándolo o destruyéndolo a través de cualquier medio. El Arcobaleno del sol comenzó a arrepentirse de tomar esa decisión. Claro, era muy divertido hacer que otras personas lo sufrieran. Pero, sin duda no era divertido cuando lo sufría él. Como burlándose de Reborn, otra avalancha de papeleo ocurrió enterrando a Reborn de nuevo.
—Reborn-san, ¿está bien? —le preguntó Shoichi preocupado, tratando de desenterrar al niño asesino a sueldo de la masa de color blanco.
Reborn frunció el ceño cuando finalmente logró liberarse. Por desgracia, hoy no era el día de Reborn. La conmoción sacudió a la repisa de libros más cercana provocando que un libro grueso y pesado cayera sobre su cabeza. Reborn estaba a punto de lanzar el libro contra la pared hasta que vio el título.
Historia de Vongola: 8 momentos de locura que te dejaran riendo, llorando y/o francamente estupefacto.
Reborn enarcó las cejas ante eso. Su instinto como asesino a sueldo le dijo que iba a encontrar algo interesante en el interior del libro. Sin demora, pasó a una página al azar y comenzó a escanearla.
Tanto Shoichi como Spanner se alejaron unos pasos al ver un cambio en la expresión del asesino a sueldo. Su infame sonrisa había vuelto y se estaba extendiendo más y más con cada página que pasaba. En silencio, oraron para que Reborn no hubiera estallado y se volviera loco.
—Leed la página 720 —ordenó Reborn lanzando el libro a Shoichi que lo atrapó con torpeza. Miró a Spanner que se encogió de hombros como respuesta.
El técnico arqueó las cejas.
—¿Caso Primo? —Reborn asintió con la cabeza haciendo un gesto para que continuase leyendo—. Con una historia de la mafia que se remonta por 400 años, los Vongola no fueron ajenos a las sorpresas y a la locura. De hecho, algunos podrían decir que se han convertido en una norma en la Famiglia. Pero, incluso entonces hubo algunas situaciones que se consideran absolutamente imposibles si no estuvieran en los registros.
»Posicionado en sexto lugar en nuestros 8 mejores momentos de locura se encuentra el Caso Primo, a menudo referido como "el juicio más escandaloso en la historia de Vongola". Este caso fue considerado como un caso escandaloso ya que fue la primera vez en que un caso relacionado a los problemas internos de Vongola fue juzgado por alguien fuera de la Famiglia Vongola. Por no hablar, que alguien se atrevió a llevar a Primo Vongola y a sus Guardianes a la corte, cosa que nunca había ocurrido antes. Para estudiar este caso sería conveniente conocer las circunstancias que llevaron a tal evento. Todo comenzó cuando…
—Entonces, Giotto pidió un deseo a una estrella fugaz para conocer a la futura generación de Vongola, y por algún milagro, su deseo fue concedido. Pero entonces, vosotros sentisteis que no eran adecuados como para que fuesen vuestros sucesores después de una salida por la ciudad. Eso llevó a una reunión diplomática entre las dos generaciones en la que todos decidieron usar los preparativos de la fiesta como una manera de llegar a conoceros mejor. ¿Lo entendí bien? —Pidió Cozart a la familia de Primo que asintió con la cabeza.
Luego, Cozart continuó:
—Por desgracia, Giotto y su sucesor, Tsuna, tuvieron una emboscada por parte de algunos enemigos al azar cuando huían de las fangirls. El líder del enemigo trató de disparar a Giotto mientras él estaba distraído, lo que conllevó a que Tsuna saltara delante de Giotto y recibiera seis disparos. —Giotto hizo una mueca de dolor en esa parte, mientras que la familia de Decimo fulminaba con la mirada en lo que dijo el jefe—. Por suerte, Tsuna sobrevivió a sus heridas pero aún está inconsciente.
»A la familia de Decimo no le gustó como su jefe fue herido a causa de Giotto y os prohibió a todos el visitarle. Además de eso, se hicieron cargo del ala oeste de la mansión en concepto como indemnización por los daños recibidos a su jefe, convirtiéndolo en su base y declarándolo su territorio. Sin embargo, Giotto tenía tantas ganas de visitar a Tsuna que propuso una misión de infiltración que terminó casi de inmediato cuando vosotros caísteis en sus trampas —dijo Cozart haciendo caso omiso de las risitas y miradas engreídas de la familia de Decimo así como las miradas de indignación de la primera familia.
—Y ahora ellos quieren llevaros a los tribunales a causa de su infiltración a vuestra base. ¿Lo he resumido todo bien? —preguntó Cozart obteniendo el visto bueno de todos.
—Lo has resumido a la perfección —Giotto asintió con la cabeza.
—Pero, ¿no creéis que es algo exagerado? Quiero decir… vamos… ¿viaje en el tiempo? ¡Eso es ridículo! Además, ¿realmente no podéis creer que… —argumentó Cozart señalando con su mano a la familia de Decimo—… estos niños sean vuestros sucesores? Son demasiado jóvenes.
—Sé cómo te sientes, Cozart. Pero es cierto —Giotto suspiró antes de ponerse serio—. Entonces, ¿vas a ser el juez de nuestro caso?
Cozart sólo pudo pasarse la mano por su cabello rojo. Esto era una locura. ¿Cómo diablos podía su mejor amigo tomarlo como si fuera un hecho normal? ¡Por el amor de dios, era una locura! Tal vez debería llevar al rubio a un hospital para enfermos mentales en su lugar. Sin duda, los médicos sabrían cómo curar a Giotto. Sin embargo, el rubio no parecía estar bromeando. Sería mejor creerle. No es como si Giotto le hubiera mentido antes.
—¿Realmente estás seguro de que deseas que un extraño como yo juzgue vuestro caso? —Preguntó Cozart.
—Cozart, eso es una tontería. No eres un extraño. Vongola y Shimon han sido amigos desde mucho tiempo. Dudo de que alguien vaya hacer algún alboroto por ello —insistió Giotto.
—Bueno, yo lo haría —murmuró Daemon ganándose una mirada fulminante de Giotto.
—El punto es que queremos que te conviertas en nuestro juez. Ignora a Daemon—le dijo Giotto.
—Bueno, entonces está bien —Cozart suspiró con resignación—. ¿Todos sois serios acerca de esto? —Preguntó Cozart obteniendo el visto bueno de todos—. Si es así, enviad a un representante de vuestra familia para declarar formalmente que estáis de acuerdo con resolver este caso a través de litigios y elegirme como juez a la vista de todos. El que desee traer este caso declarará en primer lugar.
Es cierto que la mafia es despiadada y violenta. Pero tenían su propio código de honor. Todo el mundo sabía que para pedir a alguien que fuera el juez se debían seguir ciertas formalidades, como les había pedido hacer Cozart. Esto evitaba las cuestiones en contra de la autoridad del juez ya que había sido anunciado públicamente.
Gokudera dio un paso adelante. Desde que Tsuna estaba fuera de servicio, era su responsabilidad para hacerse cargo del lugar de su jefe como el líder. Al fin y al cabo, Gokudera era la mano derecha de Tsuna. Dijo en voz alta para que todos le oyeran—: Yo, Gokudera Hayato, mano derecha del Decimo Vongola, representando a la Décima Generación de los Vongola, deseo que traer un caso ante la corte en contra de la Primera Generación de los Vongola por infiltrarse en nuestra base. Estamos de acuerdo en aceptar a Shimon Cozart, jefe de la Famiglia Shimon, como juez de nuestro caso.
Si la Primera Familia se sorprendió por el profesionalismo de Gokudera, sin duda hizo un buen trabajo en ocultarlo. Esto hizo que G y Giotto se preguntaran si la madurez que Gokudera había mostrado antes no fue casualidad o la emoción del momento. Giotto fue sacado de sus pensamientos cuando Cozart le hizo un gesto para que se presentara.
Giotto imitó la acción de Gokudera. Diciendo en voz alta:
—Yo, Giotto, Primo Vongola, jefe de la Primera Generación de los Vongola, representando a la Primera Generación de los Vongola, acepto en resolver este caso en la corte. Estamos de acuerdo en aceptar a Shimon Cozart, jefe de la Famiglia Shimon, como juez de nuestro caso.
Cozart asinitó con la cabeza satisfecho con su declaración. Luego, él hizo el anuncio.
—Yo, Shimon Cozart, estoy de acuerdo con juzgar vuestro caso. El procedimiento se hará de acuerdo al código de conducta de la mafia. Cualquier interrupción en el código será sancionado en consecuencia. El procedimiento se iniciara a las ocho en punto de la mañana.
Ambas familias asintieron con la cabeza y se retiraron a sus propias bases. Después de todo, tenían que crear una estrategia para ganar el caso…
