Hola, hola:

Han pasado más de dos meses desde mi última actualización. Pido millones de disculpas por ello. Han pasado tantas cosas en mi vida que no tuve la cabeza para poder escribir… hasta ahora.

Quizás este escrito sea un pequeño reflejo de lo que siento. Porque tengo un gran dolor en el corazón y tal vez lo traspasé a palabras.

En todo caso lo que aquí pasa lo tenía pensado desde hace un buen tiempo.

Le dejo el link de la canción que me acompañó en este capítulo. Se llama Fire Escape de Mathew Mayfield.

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Un beso a todos los lectores.

Yaem Gy

Latidos de amor, deseo y culpa

Estaba en las nubes. Merlín, no podía controlar ese latido desbocado que le comprimía el pecho cada vez que un nuevo encuentro se aproximaba. Era como si toda racionalidad se desvaneciera de su mente y cayera presa de un encantamiento aturdidor que le recorría por toda la piel. Su mirada le traspasaba, su aliento le abrigaba, sus besos le hacían caer al abismo en un suspiro prolongado.

Merlín… Merlín… estaba enamorada de ese impredecible inglés.

Era imposible detenerse cada tarde al salir de la pequeña escuelita. Prácticamente salía corriendo hasta el borde del bosquecito que la flanqueaba. Y allí, al abrigo de los últimos rayos de la tarde se encontraba él. Briana podía jurar que el pecho se le reventaba de emoción y más de una vez tuvo que controlar sus impulsos para no saltar a los brazos de Ron. Porque sabía, a pesar de que se sentía día a día más atraída y embelesada por ese hombre, que ese loco sentimiento estaba mal. Muy mal.

Por la noche, cuando llegaba a su casa en la colina, Briana intentaba disimular la sonrisa y el brillo en los ojos. Intentaba ser la de siempre, la de todos los días. Pero ya nunca más volvería a ser la misma. El arrebato de Ron la arrojaba al viento sin un salvavidas que le evitara caer de pronto al vacío y sabía que tarde o temprano la caída sería terrible y tal vez mortal. Porque ese pelirrojo era viento furioso, sol que incluso quemaba la piel. Era torrente que le arrancaba de la orilla y podía ahogarle en cualquier momento.

Y bajaba la vista cada vez que Viktor intentaba mirarla a los ojos.

–, ¿Qué estoy haciendo? Esto no está bien. Nada está bien– Se recriminaba en el calor de sus sábanas por las noches. Sola, a oscuras. Pero acompañada de la culpa, del arrepentimiento.

Porque Viktor era tan distinto. Porque Viktor era una casa firme y sólida en la roca. Era tangible, era concreto. Viktor no se escondía en un manto de embrujo y misterio. Desde siempre el moreno había sido tan honesto con ella. Con sus sentimientos, con su amor. Briana casi siempre podía estar segura de todo con respecto a él. Solo la duda la abrumaba cuando él era abducido por esos magos a los cuales ella no quería. Y esa era su única tribulación. Pero en lo demás. Viktor siempre había representado para ella la seguridad. El puerto en donde podía atracar y descansar sin miedos. Pero era demasiado predecible. Demasiado dócil. Demasiado real.

Pronto Briana notó que Viktor sospechaba algo. Es que era tan evidente que ella llegaba con una luz que iluminaba todo a su paso y que no podía disimular. Al verlo se ponía nerviosa, inquieta. La tensión en su cuerpo la delataba. Y la sombra de la culpa le nublaba la vista.

¿Hola, Briana?–

Ho… hola… Ya vengo. Voy a dejar mis cosas–

Viktor le había tomado del codo y en forma delicada pero firme la había acercado a su cuerpo. Pronto un beso llegó a los labios de Briana la cual no sintió las fuerzas de rechazar. Pero ese beso no tenía el mismo fuego ni el mismo sabor.

Has estado distante. Prreciosa. ¿Qué sucede?– Le susurró juntando su nariz con la de ella.

He tenido mucho trabajo. Eso es todo– le dijo ella alejándose lo más disimulada que podía. Se sentía monstruosa recibiendo un beso de ese hombre tan maravilloso y dulce después de quedar con los labios llenos del sabor de los besos de Ron. Y se sentía al mismo tiempo traidora a la pasión que el pelirrojo le desbordaba.

Briana, han pasado muchos días… semanas. Carriño, quierro volver a mi cama. Quierro volver a tu cuerpo–

Briana abrió los ojos tan dramáticamente que Viktor se quedó contemplándola fijamente. La mujer empezó a alejarse más pero Viktor no aflojó su agarre.

Viktor… yo–

¿Qué sucede?–

Yo… no he estado bien. Me he sentido sola. Deprimida. El clima de Bulgaria me afecta demasiado y lo que quiero es un poco de tranquilidad. Encontrarme a mi misma–

Encontrrarte ti misma– susurró el moreno con lentitud.

He tenido algunos problemas, Viktor. Y quiero pensar–

¿Qué clase de prroblemas, Briana? Sabes que puedes contar conmigo. ¿Alguien te ha dicho algo malo? ¿Alguien te ha insultado, atacado?–

Eh… bueno…– Briana no sabía que contestar. De pronto algo vino a su mente– Las damas de la asociación en Sofía no están muy contentas conmigo. Según algunas de ellas yo… fraternizo con el enemigo.– Y sonrió aparentando inocencia– No les gusta que yo apoye los derechos de los hijos de muggles–

Su esposo se tensionó. Briana sintió un dolor en el estómago. Lo que decía no era mentira, pero tampoco justificaba su comportamiento. ¿Viktor estaría dudando de ella?

Pero Briana no podía saber el montón de cosas que pasaban en ese momento por la mente de su esposo. Viktor sintió una punzada en sus nervios.

"Briana… ¿Por qué insistes en asomarte al borde del abismo? Ahora más que nunca debes alejarte de todo lo que tenga que ver con los hijos de muggles. Justo ahora que la guerra es inminente". Pensó desviando la mirada.

¿Hace cuanto que eso está pasando? –

Hace un tiempo…–

Quizás sea mejor que dejes la asociación. Si esas mujeres no te respetan no tienes porque aguantar sus malos modos–

No creo que esa sea la solución. Si me retiro les estaré haciendo un favor–

Carriño, en Bulgaria el pensamiento es muy distinto que en Sudáfrica. Aquí no lograrras nunca cambiar ideologías tan arraigadas por siglos. Rrecuerda que Bulgaria es vieja. Más de lo que yo mismo desearría–

Pero no por eso voy a doblegarme. Lo más probable es que no pueda cambiar el pensamiento de un país. Pero si puedo ayudar a esos pocos que quieren cambiar las propias–

Briana se había plantado muy firme en el piso y gracias a su discurso había logrado liberar su codo. Ahora al verse de pronto liberada retomó el camino hacia las escaleras para huir lo más pronto posible. Pero Viktor también se había percatado de esto y en dos ligeras zancadas le había atrapado la cintura.

Perro yo no tengo la culpa de lo que opinen esas mujerres. ¿Por qué me castigas?–

¿Qué dices? Yo no te estoy castigando–

Briana… Te extraño–

El búlgaro empezó a besar el cuello de su esposa y a cerrar sus manos como cadenas. Necesitaba volver a hacerle el amor a Briana para quitarse esa sensación de sospecha que lo estaba ahogando. Briana iba a ser suya. Tenía que ser suya esa misma noche.

Viktor… Viktor… no… Yo…– Otra luz cruzó la mente de la castaña– Estoy cansada. No he cenado siquiera–

Podemos pedir la cena en nuestra habitación– susurró su esposo– Trraje un buen vino desde Sofía– y Siguió afanado en al cuello de Briana.

Pero no tengo poción– Dijo ella ya desesperada– Se me acabó ayer–

¿Poción? ¿Cuál poción?–

Mi poción, Viktor. La que tomo todas las noches–

Viktor detuvo sus caricias y frunció el ceño con molestia.

Creí que ya no la tomarrías más.–

¿Por qué no lo haría? –

Las manos de Viktor liberaron a Briana y ella se giró para mirarlo con firmeza.

Ya estaba decidido que tendríamos un hijo– dijo él un tono áspero

No, Viktor. Yo te dije que lo pensaría–

Briana… Yo entendí que ya habíamos llegado a un acuerdo. Ya tenemos mucho tiempo solos los dos. Y tú necesitas una razón nueva. ¿Qué mejor que ser madrre?–

Pero yo aun no he decidido nada. Tengo muchas cosa que hacer antes de ser madre–

¿Sí? ¿Qué cosas?–

Tengo mi escuelita, la asociación. Mis proyectos de beneficencia. Además Voy a ayudar a la señora Pollak con su galería de arte–

No Crreo que un bebé entorpezca todo eso–

…y quiero estudiar. Viajar… a… a Inglaterra tal vez a estudiar–

¿Inglaterra? ¿Por qué Inglaterra? ¿No puedes estudiar en Bulgaria? Aquí hay excelentes universidades–

Pero no imparten las carreras que yo quiero seguir–

Y yo no veo que tan buenas pueden ser esas carreras en Inglaterra. Te crreo Estados unidos. Canadá. Inglaterra no es buen lugar ahora. Podemos irnos a Massachusetts. El área Mágica de Harvard es la mejor del mundo. Pero eso puede esperar, Briana. Harvard siempre estará para ti. Pero yo ya no puedo con la ansiedad de que me des un hijo-

Viktor. Este no es momento…–

¿Cuándo es el momento? Siempre estás escurriéndote, huyendo de mí. No me das un minuto para estar contigo–

Ahora no, Viktor–

Quiero un hijo, Briana. Eres mi esposa–

Pero no puedes obligarme. ¡No quiero un hijo ahora! No quiero–

¡¿Entonces cuando?!–

¡No Sé!... ¡Pero ahora no!–

El semblante de Briana estaba arrebatado. Los ojos centelleantes. Se giró en sus talones y corrió por las escaleras para perderse en la puerta de su habitación. Cerró con un hechizo y se lanzó a su cama resoplando. No debería comportarse así, pero esa condenada idea de Viktor de tener hijos era inverosímil para ella. Y no quería, no quería un hijo de Viktor. Ahora menos que nunca.

¿Por qué me presiona así? Yo tendré un hijo cuando yo quiera. Y ahora no quiero, no quiero–

Pero estaba mal y ella lo sabía. Briana no quería lazos que la ataran a Viktor. Porque otro lazo invisible la tenía atrapada en las manos de Ron.

Los días fueron pasando. El Año nuevo se presentó con un paisaje nevado. Lub había informado a Ron la fecha exacta en que todo el batallón entrenado en Sofía llegaría para empezar la nueva etapa de su entrenamiento en Plovdiv. Solo quedaban dos días y luego secuestraría al Primer Ministro para poder seguir con la nueva fase de su plan. Todo empezaba a salir bien. Bastante bien. Luboslav había desempeñado un buen trabajo. Los conspiradores parecían al fin aglomerarse en Plovdiv como abejas obreras que empezaban a pulular alrededor de su reina (En este caso Lestrange). Ron había conseguido ubicar los emplazamientos en donde se entrenaban los otros componentes del ejército y los nombres de sus cabecillas. Solo quedaba un eslabón. Pero un sin número de razones presionaban al pelirrojo a encontrar el lazo final de Krum con la organización. Ya no podía esperar más. La paz de su gente estaba en peligro. Su corazón confundido estaba en riesgo.

Hacía más de una semana que estaban así. Soñando despierto que cada tarde un milagro se realizaba. Caminaba ansioso hasta el pequeño claro en donde esperaría una vez más a su preciosa castaña para estrecharla en sus brazos. Necesitaba beber de su boca. Esta nueva pasión que le llenaba las venas le estaba volviendo más loco de lo que nunca había imaginado. Briana le había derribado todas las barreras y Ron solo quería tornarse su dueño de una vez por todas.

Lo reconocía ya y se sorprendía. La deseaba. Era demasiado pronto para sentir algo parecido, pero todo con Briana había sido demasiado rápido y confuso. Quizás el inconsciente de Ron la asociaba completamente con Hermione y tal vez ese deseo que ya invadía cada fibra de su ser era solo la consecuencia de años de espera angustiosa. O tal vez la lejanía de Ron de una mujer con la cual tener contacto hacía semanas, había activado su libido y al tener a Briana en sus brazos la bestia sexual que lo gobernaba solo quería traspasar la última barrera y poseerla de una vez por todas.

Aspiró aire por la nariz en un esfuerzo por ahogar a esa bestia que rugía dentro. No podía llegar y tomar a Briana así como así. Ella era como un cristal que debía tratarse con cuidado. Ella era la imagen corpórea del sueño que Ron se negaba a terminar. Era Briana y era Hermione y Ron debía comportarse. Porque si osaba propasarse era como si ofendiera a la propia Hermione y él nunca había hecho tal cosa con su adorada castaña.

Pero era hombre y necesitaba una mujer. Y Briana era tibia, Su aroma era delicioso. Ella era hermosa… demasiado hermosa.

Se quedó apoyado en un roble y esperó a que ella apareciera en el claro del camino. Eso solo duró un par de minutos. La ansiedad por tenerla en sus brazos pudo más y caminó hasta el borde del bosquecillo para verla salir de la escuelita.

La vio salir con el cabello alborotado al cual obligaba a meterse en el gorro rojo que intentaba ponerse en la cabeza. Sonrió. ¿Hasta en eso se parecía tanto a Hermione?

Estaba a punto de dar un paso más cuando un hombre alto y fornido apareció por la cerca de madera abrigado con una pesada capa roja y negra. Llevaba guantes y el capuchón puesto. El instinto lo hizo refugiarse entre los árboles y sacar la varita. El desconocido se quitó el capuchón.

Los ojos de Ron centellearon.

Prreciosa—

Briana palideció. Sus ojos miraron a Viktor con el parpadeo del nerviosismo Sus labios dibujaron una mueca que apenas parecía una sonrisa y de inmediato su mirada viajó a bosquecillo.

¿Qué… qué haces aquí?— preguntó tensa y nerviosa. Se acercó a su esposo y le dio un casto beso en la mejilla. Pero Viktor no había venido para recibir solo eso.

El hombre tomó a la castaña de la cintura con dominio y le besó la boca con decisión. Briana no pudo evitarlo. Pero no cerró los ojos. Estos estaban demasiado atentos al revoltijo de hojas que se esparramaban al borde del bosquecito.

La rabia lo estaba invadiendo. La furia lo estaba cegando. Los celos… los celos lo estaban quemando vivo. Ron estaba perdiendo otra vez el control.

No pensó en nada más que en salir de su escondite y apuñalar a Viktor con su navaja. Si… quería enterrarle la navaja en la garganta.

Salió y se dejó ver por Briana que lo miró con pánico. Viktor aun no detenía el beso. Y La mujer estaba paralizada.

¿Qué sucede?—

Na… nada… es que… olvidé algo en la escuelita. Lo voy a buscar y regreso de inmediato. No te muevas—

Ron se desapareció al instante que escuchó esas palabras.

Briana dio la vuelta y caminó con prisa. Entró al recinto y cerró la puerta. Una mano grande la atrapó de la cintura y la giró con fuerza.

Ron— susurró

¿Qué demonios hace ese imbécil aquí?— habló sin bajar el volumen de su voz.

Por favor, baja la voz—

¿Por qué te dejaste besar?— le gruñó como un lobo furioso

No pude evitarlo. Me tomó por sorpresa—

Dime ¿En tu casa es igual? ¿Qué otra cosa te hace de sorpresa?—

Ron estaba rojo de ira. Sus músculos estaban duros como acero por la retención de su furia. Como odiaba a Krum. Le había robado el primer beso de Hermione y ahora le robaba los de Briana. Y esa boca cereza era suya.

Nada— le dijo en un susurro agresivo— ni siquiera sé porqué está aquí—

Dile que se vaya—

¿Estás loco? No puedo—

Pues entonces lo echaré yo—

Soltó a Briana y caminó en dos zancadas hasta la puerta. Briana apresuró sus pasos y se recargó en ella para impedirle salir.

Ron, No. No hagas una estupidez—

Ron la miró profundamente a los ojos. La tomó del rostro y la besó con pasión y rabia. Por algunos segundos le quitó todo el aire y al soltarla ella aspiró todo lo que pudo para llenar los pulmones.

Eres mía, Briana. Y ya es hora de que él lo sepa—

No, Ron… No—

No, ¿Qué?—

La mujer abría y cerraba la boca como un pez fuera del agua. Afuera estaba su esposo. Él hombre que la amaba y que creía en ella, y adentro de la pequeña casita estaba su amante que estaba hecho una bestia celosa.

Aún no, Ron. Aún yo… aún—

Mira, Briana. Yo soy posesivo. Lo que es mío no lo comparto con nadie. Y tú eres mía. Desde que nos besamos por primera vez me perteneces y no dejaré que ese idiota tome mi posesión—

Hablas de mi como si fuera un objeto— la indignación de Briana le sonrosó las mejillas— Y no lo soy en absoluto—

¿Acaso no eres mía?— La acorraló contra la puerta— ¿Acaso no tiemblas cuando hago esto?—

Ron apretó su cuerpo contra el de ella y su boca cogió el lóbulo de la oreja de la mujer. Luego sus dientes fueron mordiendo el cuello y el temblor de ella le hizo sonreír. Su deseo volvió… quería hacerla suya allí mismo.

Briana… ¿Sucede algo?—

La voz de Viktor volvió a tensar el cuerpo de Briana. Empujó el pecho del pelirrojo y ejerció toda su fuerza para mantener la distancia.

Si… ya… ya voy— Dijo angustiada

Tu no vas a ninguna parte— le dijo Ron abusando de su fuerza para acorralarla otra vez— Dile que se vaya—

No puedo… Tengo que irme…—

No—

Ron, por favor razona. No puedo llegar y decirle a él que…—

¿Qué no lo amas? ¿Qué me amas a mí?—

Briana abrió los ojos y sintió que la mirada de Ron, mezcla de celos, rabia y deseo, la atravesaba. Su corazón latía tan fuerte y asustado que el pecho le dolía. Sus pulmones hacían esfuerzos sobre humanos para atrapar el aire. El calor de Ron la ahogaba y deleitaba al mismo tiempo. Sus manos fuertes la apretaban casi con violencia. La culpa y la emoción la estaban matando.

¿Por qué se sentía morir derretida cada vez que Ron mostraba a la bestia furiosa y avasalladora que manaba por sus poros?

Moría… moría por él.

Tengo que irme—

Ya te dije que no. Y ahora me encargo de ese tarado. Me tiene harto. Hace mucho que quiero darle una paliza—

No vas a hacer nada. Te vas a quedar aquí, Ronald Weasley. Hablaremos después. ¡¿Entendido?!—

No… No entiendo una mierda de esto. Eres mi mujer y no quiero que él te toque—

¿Tu mujer?... Yo no soy tu mujer, Ron. Yo y tú… nosotros no deberíamos estar haciendo esto… está mal—

No piensas que está mal cuando me besas. Tampoco cuando te tengo atrapada en mis brazos—

Porque no me dejas pensar— Briana empujó a Ron apartándolo— Pero lo pienso cada noche cuando llego a mi casa. Pienso en todo lo maldita que estoy siendo—

¿Te arrepientes?—

Ahora no quiero hablar. Nos vemos mañana. Por favor no nos sigas—

Briana salió y cerró la puerta rápidamente. Sonrió lo mejor que pudo y tomó a Viktor del brazo. Antes que Ron pudiera salir y arruinar todo su mundo de una sola vez, Briana y Viktor habían desaparecido.

¡Condenada! ¡Te juro que si él te toca un solo cabello lo mato!— gritó al viento.

Y desapareció.

Las puertas de hierro forjado fueron lo siguiente que sus azules ojos vieron. Estaba frente al portal que franqueaba la mansión Krum. Estaba decidido de entrar y reclamar a la mujer que consideraba suya. Los celos lo tenían segado y no pensaba… era la viva imagen de un trol.

Pero la moneda vibró en su bolsillo.

¡¿QUE?!— gritó

Por Merlín, Ron— la voz de Harry sonaba sorprendida— ¿Qué pasa que estás tan furioso?—

Ahora no Harry. Tengo que moler a palos a alguien—

Ron… espero que no vayas a arruinarlo todo ahora—

¡¿Y Qué?! ¡Está condenada situación me tiene aburrido!—

Ron Weasley. Si lo arruinas todo ahora te juro que yo mismo voy a Bulgaria a matarte. Tu familia, mi familia, nuestro mundo está en peligro. ¡Dime en este preciso momento que es lo que está pasando!—

Ron pateó la reja y trató de controlarse. La pasión y los celos lo estaban desviando. De pronto recordó el tierno rostro de James y comprendió que tenía que calmarse. Si se mostraba ante Viktor mandaría todo al carajo y quizás que calamidades podrían suceder.

Solo quiero dejar a alguien convertido en saco. No tiene nada que ver con la misión—

No me mientas. No creo que haya algo más importante para ti que la misión—

Ron miró por sobre los arbustos que cubrían la reja. A varios metros se levantaba una amplia casona y las luces ya estaban encendidas. El corazón se le estrujó.

Es solo un idiota ¿ok? Pero ya me calmé. ¿Por qué me buscas?—

¿En serio?—

Si sigues preguntando me enfurezco otra vez y viajo yo a Londres a matarte a ti—

Está bien— una pausa le dijo a Ron que Harry seguía dudando de sus palabras— Es Ginny—

¿Qué pasa con ella? ¿Algo pasa con el bebé?— el tono de Ron cambió de la rabia a la preocupación.

El bebé está bien. Es ella. Ya lo sabe todo—

El rostro furioso y las mejillas bañadas de la pelirroja fueron como una punzada para el moreno. La varita apuntaba su pecho y sabía que al menor movimiento saldría disparado contra la pared.

Ginny… Ginny, yo—

Aléjate, Potter—

Está bien… si, Hay algo… pero necesito que te calmes para poder decírtelo—

La varita de Ginny se movió en el aire. La puerta de la habitación se cerró con un golpe seco y el pequeño silloncito que se apoyaba en el muro empujó a Harry sentándolo de golpe. Un Muffliato selló el cuarto y Ginny se paró delante de su esposo con las manos en la cintura.

Habla ya—

Harry comenzó su relato lo más calmado que pudo sin perder de vista la varita de su esposa. Poco a poco el rostro de Ginny se fue desencajando y los ojos llameaban tanto que Harry pensó que de pronto la casa estallaría en llamas. Al terminar el silencio cayó sobre sus hombros como una tonelada de rocas. Ginny no hablaba.

Ginny… cariño…—

Ella le dio la espalda y tomó un libro al azar que estaba sobre la mesita de noche. Lo apretó con ambas manos tan fuerte que le enterró las uñas. Luego el pobre libro saltó lejos quebrando la ventana y cayendo lejos en el césped.

Nunca… nunca en toda mi vida creí que ustedes dos serían capaces de algo tan…— se tomó la cabeza con ambas manos, luego se sentó en la cama. Un sudor frío bañó su frente. Estaba mareada.

¡Ginny!— Harry se levantó y en dos segundos estaba de rodillas ante su mujer. Intentó tomarle las manos, pero ella lo rechazó de inmediato.

No te atrevas a tocarme, Potter— le dijo Ginny mostrándole los dientes— Me engañaste… engañaste a toda mi familia, a todos en el ministerio. Mandaste a mi hermano a la boca del lobo y le dejas saber tu secreto a esa rata de Malfoy en desmedro de tu propia esposa—

Entiende, Ginny. Todo esto salió de improviso. Debía justificar la ausencia de Ron en Bosnia. Debía mantener las apariencias. Si ellos se daban cuenta que ya lo sabíamos todo tú y James…—

¡Yo perfectamente pude guardar el secreto también! ¡Luché en la resistencia por meses mientras tú jugabas al escondite y buscabas porquerías! ¡ Tú volabas sobre dragones mientras Voldemort nos mandaba a torturar a todos! ¡Sé lo que es mantener las apariencias!—

¡Lo sé! ¡Pero temía tu reacción! ¡Eres tan voluble como Ron y no quise arriesgarme a que mandaras a Foster a San Mungo!—

¡Y lo haría mil veces! ¡Él está amenazando a mis hijos!—

¡¿Lo Ves?! ¡Tu furia es lo que quiero controlar!—

¡Quiero saber cómo está Ron!—

Está bien en lo que se puede. Las cosas han sido difíciles para él—

Lo voy a matar… mi James ha sufrido tanto por su culpa y la tuya. Mi madre sufre tanto también, mi padre… Dile que cuando regrese le daré la paliza de su vida—

Una lágrima traicionera recorrió la mejilla de Ginny. Ella la apartó de su rostro con brusquedad e hizo amago de levantarse. Harry la retuvo y la obligó a quedarse sentada.

Te dije que no me tocaras—

Por favor, cálmate. Esto no le hace bien al bebé—

No quiero calmarme. Quiero romperte la cabeza, Potter. Quiero…— la voz se le quebró y un puchero asomó a sus labios— ¿Por qué tuviste que hacer esto?—

Ginny, — los ojos de Harry se humedecieron— intenté hacer las cosas lo mejor que pude. Intenté protegerte y proteger a nuestros hijos todo lo mejor que pude—

Pasándome a llevar. Con secretos y mentiras. Pisoteando la confianza, el respeto…—

Te amo, Ginny. Lo único que pensé cuando hice todo esto fue en que te amo demasiado—

No me amas lo suficiente— la pelirroja se sacudió y al fin logró levantarse— Quiero que tomes todas tus cosas de mi cuarto. No vas a volver a dormir en la misma cama que yo. Vas a seguir aparentando que todo está igual y vas a invitar a Foster a la casa a cenar. Que siga creyendo que confías en él más que en nadie. No le dirás a Malfoy que yo ya lo sé todo. Solo a Ron. Seguiremos callando hasta que el imbécil de mi hermano termine su misión y después que todo esto se aclare y atrapen a esos infelices quiero que te vayas de mi casa. No te quiero aquí. No te quiero cerca de mí—

No… Ginny… Trata de comprender—

No quiero comprender. Me heriste más de lo que jamás creí. Si no pudiste confiar en mí ahora te devuelvo el favor… Yo no confío en ti. No te quiero en mi vida—

La varita se agitó y la puerta se abrió de un solo viaje. Harry no necesitó palabras para entender. Miró a Ginny con dolor y se mordió los labios. Salió por la puerta y antes que lograra girarse para mirar una vez a su amor, ella agitó la varita y la puerta se cerró.

Lo que me faltaba… que Ginny intente estrangularme a mi regreso—

Mejor termina luego con toda esta maldita cosa. Ya tengo demasiados problemas acá como para que ahora mandes todo al diablo—

Te dije desde un comienzo que le contaras todo a Ginny. Si ahora ella te odia no es mi culpa—

No solo tengo noticias de Ginny… Susan está enferma—

Ron pestañeó. Frunció el ceño. De pronto una pelirroja de ojos de mar apareció en su mente.

¿Qué tiene?—

No sé. Hace unos días que dejó de venir al trabajo—

No creo que sea nada malo. Ya mejorará—

¿No te preocupa? Ron, ella es tu mujer—

Un sentimiento a agobio se escurrió por la espalda de Ron. Se sintió incómodo.

Averigua que tiene y después me cuentas. Ahora tengo que irme—

¿Me prometes que no meterás la pata?—

Si, lo prometo—

Ella espiaba desde la ventana. A lo lejos vio una sombra que asechaba en la reja. Estaba asustada. En el transcurso de ese mes y medio que conocía a Ron Weasley sabía que era un idiota arrebatado que poco le importaban las consecuencias de sus actos. Estaba temerosa de que en cualquier momento hiciera estallar el portón y entrara a la mansión como un demonio.

Las cosas estaban escapándose de sus manos.

Y justo hoy a Viktor se le ocurría ir a buscarla. Y luego le había pedido perdón por la discusión que habían tenido y le había dicho que la amaba más que a su vida. Que ella era la razón de su existencia. Que ella era todo…

No puedo seguir con esto. Viktor no merece esta traición. Y Ron es un loco endemoniado. A veces le tengo miedo. No sé de que es capaz… Ron es tan inestable… nunca podría construir algo fuerte con él… en cambio Viktor es la seguridad del refugio…—

Un golpe en la puerta la hizo saltar. Se abrazó a sí misma y dio pasitos cortos. Al abrir el rostro de Viktor abarcó el espacio. Él parecía triste y cansado.

No me digas que no puedo dormir con mi amada otra noche—

Viktor… Por favor, no me presiones—

Dime qué pasa, prreciosa. ¿por qué ya no quieres dormir conmigo?—

Solo quiero aclarar mi mente. Necesito espacio. Por favor… dame tiempo—

¿Qué o quién te está alejando de mí?—

Na… nada ni nadie. Es qué necesito encontrarme a mí misma. Sé comprensivo, te lo ruego—

Viktor dijo que sería comprensivo. Pero una vez que la puerta se cerró en su rostro la duda volvió a su mente. Briana ocultaba algo, pero no sabía qué. La había ido a buscar a la escuelita para saber en que andaba y por un momento sintió que algo pasaba en la pequeña casita que albergaba el aula y en la cual Briana se había encerrado de pronto.

Se sentía estúpido. Ella siempre le decía que se quedara esperando. Esperando para que lo amara con todo su corazón. Esperando para que ella le diera un hijo. Esperando, esperando algo que no llegaba nunca.

Porque Viktor sabía que ella no había logrado amarlo con todas sus fuerzas y temía que ya no lo amara nunca. Siempre los libros, las obras de beneficencia, las aspiraciones personales de Briana lo habían relegado. Él, que había hecho tanto por ella. Que la había protegido y cuidado cuando no tenía a nadie más. Que le había dado un refugio y una seguridad con la cual muchas soñaban. Que le había dado amor a manos llenas.

Pero ella parecía no querer darle nada.

Y él la necesitaba, la deseaba, la amaba con locura.

Sus pasos lo llevaron a su escritorio. Se sentó y quedó mirando sin mirar por la ventana. El cielo estaba claro, no nevaba. Pero sabía que afuera el frio debía ser penetrante. Se giró y miró hacia la amplia mesa. De pronto pestañeó y escaneó todo a su alrededor. Tenía la impresión de que sus cosas habían sido movidas. Un vuelco en el pecho le hizo lanzarse sobre el lugar. Dio más luz a la lámpara y revisó todo. Nada faltaba al parecer. Abrió uno de sus cajones y escarbó, encontrando los álbumes que guardaba con tanto cariño. Al final, con mano temblorosa tiró de último cajón y este no se abrió. Usó su varita y retiró el hechizo que mantenía el cajón cerrado. Miró dentro. Su secreto estaba intacto. Lo miró con odio. Odiaba esa cosa, pero tenía que guardarla.

Si Briana lo descubría no lo perdonaría nunca.

Cerró otra vez el cajón con el hechizo y se reclinó en su asiento. Ya no quedaba mucho tiempo para la inevitable invasión. Viktor ya casi tenía lista su coartada para explicarle a Briana el porqué debía participar de la invasión. Por eso ella no debía encontrar el secreto. Ella no entendería muchas cosas y él no sabría explicarlas. Era mejor tenerla en la ignorancia.

Si supieras amor que no quiero hacer esto… pero no tengo más remedio—

Suspiró. Su hogar de pronto se había convertido en un cofre lleno de secretos. Y él temía tanto a los propios como a los que Briana pudiera guardar.

Y su sangre se revolvía…

La mañana siguiente Viktor se comportó en un sueño hecho hombre. Colmó a Briana de halagos y mimos. La acompañó al centro de la ciudad y se ofreció de cargador de libros con una amplia sonrisa en los labios. Briana se sentía contrariada ya que no estaba acostumbrada a tanta atención y además a cada momento miraba a su alrededor por si una cabellera rojiza se aparecía. Almorzaron juntos y Viktor la fue a dejar a la escuelita.

Como si fuera un príncipe azul le besó la mano con delicadeza y le dijo que la iría a buscar al final de la jornada. Briana se negó alegando que iría a ver a la señora Novak y que después se marcharía a la casa. Viktor no protestó y la dejó en el umbral de la puerta.

Briana, que ya se sentía demasiado perseguida por la situación, mandó una lechuza a la señora Pollak para que la esperara en su casa y luego de esperar el regreso del ave la volvió a mandar, esta vez en busca de Ron. En su mensaje le pedía la esperara en su cuartito.

Al terminar las clases Briana salió rápidamente del recinto y se apareció en la casa de Vasilka. La anciana la recibió sonriente y un poco extrañada. Briana solo le pidió que la esperara de nuevo, que debía hacer algo rápido y que volvería lo antes posible.

¿Qué sucede, hija mía?—

Solo es un asunto que debo arreglar. Le pido me ayude. Si llegara a aparecer Viktor por aquí le pido me mande un Patronus. De todos modos no demoraré mucho—

Vasilka la miró profundamente. Briana hizo grandes esfuerzos por sostenerle la mirada. No quería decepcionar a su única amiga en ese aciago lugar, pero no tenía a nadie a quien recurrir. Briana salió por la puerta trasera y se volvió a desaparecer.

El mensaje le sorprendió. De inmediato se dirigió a su cuartito en la pensión y ordenó todo para esperarla. Estaba intrigado.

No tuvo que esperarla demasiado. Briana golpeó su puerta muy pronto. Intentó abrazarla y besarla pero ella se alejó de inmediato. Estaba seria y agitada. El pecho de Ron se removió.

¿Qué pasa?—

Tenemos que hablar—

¿Le contaste a tu esposo de mi existencia?— un súbito miedo le apretó a Ron el corazón. ¿Y si Briana había confesado todo a Viktor y ahora toda la misión se había ido al demonio? ¿Ella sabría quien era él realmente?

No… no le he dicho nada— el alivio llegó al pecho de Ron.

¿Entonces?—

Ron… esto no puede seguir—

Las palabras de Briana lo golpearon como rocas. Movió su cabeza para sacarlas de su mente y la miró fijamente.

No digas tonterías—

Tengo muchas razones para terminar con todo esto… primero está mi esposo… mi hogar…—

Un esposo que no amas y un hogar que no sientes tuyo… esas no son razones—

¿Cómo estás tan seguro que no lo amo? Viktor es un hombre maravilloso. Sincero, leal…—

No estés tan segura…—

¿No? ¿Qué sabes tú que yo no sé? Es más… ¿Quién eres tú?—

Los ojos de Ron se ocultaron en una niebla espesa. Se mordió la lengua para no gritar tantas cosas que no podía decir.

Yo conozco a mi esposo. Lo conozco hace años. Pero a ti… a ti no te conozco, Ronald Weasley. No de que haces, de que vives. No sé qué haces en Bulgaria. No me has dicho quien eres realmente. Ni tampoco me has querido explicar un montón de cosas. Tu comportamiento, sus arrebatos—

Hay cosas que no son necesarias de decir—

Para mí si son necesarias. Me ocultas muchas cosas. Hay tanto que no entiendo de ti—

Yo no quiero que me entiendas, Briana. Solo tienes que amarme. ¿Eso es tan complicado?—

Sí, lo es. Porque no puedo amar a alguien que no conozco—

Ron eliminó la distancia que Briana había puesto y la encerró en sus brazos. Ella intentó resistirse pero Ron era más fuerte y la besó con brío. La mujer trató de negarse, mas la boca de Ron la reclamaba imperiosa. Luego de batallar un minuto se entregó al demandante beso y lo rodeó del cuello para corresponderlo.

Me amas, me lo dice tu boca— le susurró Ron contra sus labios una vez que la liberó de su beso— No necesitas más de lo que ya sabes—

No es justo, Ron— Briana se soltó del agarre— No puedo mantener una relación que cuelga de un hilo. No puedo arriesgar mi vida por un espejismo—

¿De qué vida me hablas? has vivido muerta en vida por años. Congelándote. Yo te devolví el calor. Yo te hice vivir de nuevo—

NO… TU LLEGASTE A REVOLVERLO TODO. YO TENÍA UNA VIDA TRANQUILA Y SEGURA. UN HOGAR, UNA FAMILIA—

¡MENTIRA! ESTABAS FRÍA Y PARALIZADA EN TU JAULA DE ORO. NO ERAS FELIZ. YO ENCENDÍ LA HOGUERA EN TU PECHO. ¡ERES MIA AHORA!—

¡No lo soy! ¡No soy de tu propiedad! ¡Te crees con derecho a tomarme como un objeto y ni me preguntas si estoy o no de acuerdo a que te sientas mi dueño! ¡Ya te dije que no soy como las otras mujeres con las que tratas! ¡Yo soy mía, Ronald!—

¡Claro que no eres como las otras! ¡A ninguna otra la quiero para mí! ¡Y esto no es cuestión de preguntar o no! ¡Tus ojos, tu cuerpo me lo gritan! ¡Lo único que me falta es lanzarte a esa cama y hacerte mía de una vez por todas! ¡Porque lo deseo y quiero tenerte ya!—

Esos gritos y esa mirada violenta que Ron le prodigaba le recorrieron la espalda con una ráfaga de viento frío y candente al mismo tiempo. Su vientre se apretó. No pudo controlar el estremecimiento.

Ron leyó todo en sus ojos y en un solo movimiento la tuvo en sus brazos. La besó intensamente. Sus manos empezaron a tocar más de lo que antes se había permitido y su lengua invadió la boca que lo excitaba. Ella intentaba luchar, pero él la forzaba. En un momento de desesperación Briana mordió con fuerza su labio superior. El pelirrojo se alejó. Se tocó el labio que sangraba un poco. La miró con rabia.

Pero… ¡qué demonios!—

¡A mí nadie me obliga a hacer lo que no quiero, Ron!— los ojos de Briana se humedecían rápidamente— ¡No quiero que vuelvas a tocarme! ¡No te lo he permitido!—

¡Entonces no me mires otra vez como hace un momento! ¡Tu cuerpo dice cosas que tu boca no!—

No quiero acostarme contigo— dijo ella con dolor— No quiero verte otra vez ni que me vuelvas a tocar—

¡¿A si?!—

SI—

Perfecto— gruño el pelirrojo— No volverás a verme. No volverás a sentirme. Vete a tu linda vida tranquila. Congélate en ella. Vete con tu maravilloso esposo y que él te haga feliz—

Briana trató de ahogar el llanto, pero las lágrimas estallaron. Ron se sintió de pronto miserable.

Te odio, Ronald… te odio—

Quizás sea mejor así— el pecho de Ron subía y bajaba con violencia. Sus ojos estaban nublados de dolor y de rabia. Aspiró hondo. Y la miró otra vez. Ella estaba bañada en lágrimas con el cabello revuelto, el abrigo abierto y la blusa desordenada. El maquillaje estaba arruinado. Un cubetazo frío le hizo comprender que la había abusado enceguecido por la pasión y la furia. Se arrepintió de inmediato— Perdón… no debí tratarte así. Me dejé llevar por esto que tengo dentro… y tú me miraste de una manera que me decía que también me deseabas. Que equivocado estaba—

Sí… muy equivocado— dijo ella con temblor en la voz

No volverá a pasar… No volveré a tocarte. Quieres terminar con esto… bien, será como tú quieres. Adiós—

Ella no dijo nada más. Cerró su abrigo y salió del cuarto como un vendaval. La puerta quedó abierta y el frío se apoderó del recinto. El labio de Ron aun sangraba, pero no como estaba sangrando su corazón. Por un momento quiso ir detrás de ella y rogarle que lo perdonara y que volviera a él, pero después pensó en todo lo que se habían dicho.

"Te odio, Ronald… te odio"

Como dolían esas palabras.

No me odias como yo me odio a mí mismo— susurró cayendo sentado en la cama. Se agarró la cabeza con ambas manos. Lo había arruinado todo. Ahora sí que lo había arruinado todo.

El pecho le rugía de dolor. La había perdido. La había perdido sin remedio.

Ella no va a volver a mí… y yo… yo tampoco iré por ella—

Ella había querido que así fueran las cosas. Y así también ella estaría segura…

Porque Ron tenía la maldita tendencia de lastimar a todos los que quería.