¡HOLA A TODOS!

¿Cómo están? Espero que muy bien y felices. He aquí el tan esperado Extra V que prometí. Antes de que comiencen a leer, quiero pedirles disculpas por no haber subido nada y por el año que me tardé tener este extra listo. La verdad es que no tengo excusas para decirles, solamente me había quedado sin ideas para escribir y siempre les dije que no se merecen un trabajo mediocre de mi parte, por todo lo que han hecho por mí.

En fin, más abajo comentaré más al respecto.

Espero que este extra les guste mucho y dejen comentarios al respecto.

Disclaimer: Hetalia no me pertenece, ni sus personajes, solo la redacción de esta historia.

Advertencia: Este extra contiene escenas para mayores de 18 años, si no te gusta, no lo leas.


Han pasado 4 años desde que nos reconciliamos completamente. Nuestro querido Peter tiene 2 años de edad y aun creo que es lo mejor que he tenido en la vida, después de mi pequeña Agnes.

Lo único que faltaba para completar mi hermosa familia era casarme con el hombre que amo, un inglés gruñón llamado Arthur Kirkland. Lamentablemente, aunque me queje, lo amo demasiado para volver a alejarme de él. No quiero que vuelva pasar lo mismo que antes, por eso quiero tenerlo por siempre.

-Francis, me iré a trabajar.- sonrió y se despidió.

-¿Y mi beso de despedida?- pregunté coqueto.

-Déjame ir a trabajar, por el amor de la Reina.- me besó y gruñó.

-Sabes que me amas, sé que me amas.- sonreí.

Suspiró y se fue de la casa.

Sinceramente, me ha costado tener lo que tenemos en este momento. Ahora él muestra más cariño hacia mí desde que tenemos a Peter. Hay veces que recuerdo como nos conocimos y como nunca pensé que él sería una persona tan importante en mi vida. Él me recordó lo que era amar a alguien, después de mi pérdida.

-Papi Francis, ¿qué comeremos hoy?- preguntó el pequeño Peter, que ahora podía hablar mejor.

-Sorpresa.- sonreí y comencé a cocinar.

Después de preparar el almuerzo de mi hijo, lo llevé a pasear por el parque. Me gustaba ver como jugaba porque reía como nunca. Los niños pueden ser felices con las cosas más simples de la vida, es por eso que los padre jamás queremos que nuestros hijos crezcan.

-Perdóneme buen señor, pero ¿puedo sentarme a su lado?- dijo una voz femenina muy conocida.

-Monique.- sonreí y besé la mejilla de mi hermana.- ¿Trajiste a Gavroche?

-Por supuesto, a él le encanta jugar con Peter.- sonrió.

Gavroche es mi sobrino, se parece mucho a su padre a excepción de la nariz y de la actitud que tenía. Mi hermana Monique después de terminar su carrera, decidió casarse con su fiel amigo Matthew Williams y formar su propia familia. Ambos decidieron vivir en Francia y es por eso que ella está aquí.

-Francis, hay algo que quiero preguntarte.- sonrió mi hermana y se acomodó los lentes.- ¿Tienes miedo a casarte?

Esa pregunta me dejó confundido.- ¿A qué te refieres?

-Lo que pasa es que hablé con mi cuñado y él dice que espera alguna vez casarse contigo, pero no es algo que admitiría en tu cara y mucho menos sobrio.- rió.

Ustedes ya saben cómo es Arthur cuando se emborracha, no necesito dar más detalles al respecto. Igualmente, estaba pensando en casarme con él cuando estuviésemos listos, pero creo que aún no ha llegado ese día.

-Ma petite, ¿crees que es el momento indicado para pedirle matrimonio?- pregunté con incertidumbre.

-No lo sé.- sonrió.- Eso es algo que tú debes decidir.- en ese momento se levantó de la banca a ver a Gavroche.

Realmente no sé qué pasaba aún en mi cabeza. Lo único que sabía era que si quería casarme alguna vez con Arthur, debía hacer la mejor proposición de mi vida, por segunda vez. Quizás mi mayor temor es perderlo mientras estemos casados, como pasó con Jeanne.

-Perdóname Francis, pero creo que debo llevarme a Gavroche.- dijo Monique, mientras me miraba preocupada.- ¿Estás bien?

-Bien, excelente.- sonreí a medias y me levanté del banco.- Creo que también me iré, debo dejar a Peter en casa para ir a trabajar.- me despedí con la mano, me acerqué a mi hijo y me lo llevé a casa.

Mientras caminaba con el niño, comencé a pensar en lo cobarde que soy y que quizás estoy atrasado mi unión con Arthur. No lo sé, creo que necesito más tiempo para pensarlo, pero no es porque no lo amo, sino que es porque mis miedos son más fuertes que mis ganas por ahora.

Al llegar a casa, dejé a Peter con la niñera y me preparé para ir a trabajar. En ese momento, recibo una llamada de Antonio, quien lleva 2 años casado con Lovino Vargas, quien aún es el secretario del Primer Ministro de Inglaterra y mi suegro, Edmond Kirkland.

-¿Qué hay Francis?- dijo cuándo contesté.

-Antonio, ¿a qué debo esta interesante llamada?- pregunté alegre.

-Lo que pasa es que quería hacerte una oferta.- sentí que suspiró.- Queremos que vengan Arthur y tú a la casa Kirkland, ya que este es su último año de mandato.

La verdad es que llevaba 13 años siendo el Primer Ministro, es lógico que quiera dejar la casa y vivir relajado, después de haber hecho una buena labor.

-Sé que es el último y hemos pensado ir a visitar al señor Kirkland, pero ¿qué es lo que te tiene apenado?- conocía a mi mejor amigo, sabía que algo lo tenía preocupado.

-El siguiente Primer Ministro no recontrató a Lovino y la verdad es que él dijo que si no era recontratado, se iría a Italia.

Eso me tomó de sorpresa, pensé que todos serían recontratados, como lo que pasó cuando Shepard se fue del poder.

-Creo que iré a verte lo más pronto que pueda y ahí conversaremos.- sonreí y traté de sonar alegre.- Además, quiero verlos antes de que todos opten por caminos distintos.

-Nosotros también queremos que nos vengas a cocinar.- rió el español.

-Eso será un hecho.- sonreí.

-No te interrumpo más, seguramente vas de camino al trabajo.

-Así es, hablamos en la noche, creo que cobraré los 2 meses de vacaciones que tengo acumuladas.- reí.

-Adiós.- sin más que decir, colgó la llamada.

Así que todos tomarán caminos separados ahora. Hay veces que pensaba porque todavía se mantenían en esa casa, pero después recuerdo que ellos eran una excelente familia y daba gusto trabajar con ellos.

Al llegar al trabajo, me encontré con Scott besando a Antoniette. No quise interrumpir nada, así que traté de pasar desapercibido, pero cuando uno quiere ser invisible, resulta ser más visible.

-Fran, no sabía que llegarías temprano.- rió el joven de cabellos rojizos.

-Pensé que ya sabías que estaba con Scott, hace mucho tiempo en realidad.- sonrió mi amiga.

-No necesitan darme explicaciones.- reí.- No quería arruinar el momento entre ustedes dos.

-No lo hiciste, en realidad debemos aprender a contener nuestros fuegos.- rió la chica.

-Scott, ¿ya sabes que tu padre terminará su mandato?- pregunté para cambiar el tema.

-Sí, de hecho mañana es la celebración de su último año.- sonrió y miró a Antoniette.- Iremos a celebrar al pobre viejo.

-También quiero hacer eso.- sonreí.- Pero, quiero irme un buen tiempo con Arthur.

-No eres el único que tiene vacaciones acumuladas.- rió el inglés.

Mi duda no era si iban a dejar que tomara vacaciones, mi duda es Arthur. Sé que está en un caso complejo y no creo que lo dejen ir tan fácil.

-Si me disculpan, iré a prepararme.- sonreí y despedí a la pareja.

Comencé a trabajar como siempre, pero me preocupaba un poco lo que me dijo Antonio. Además, Gilbert me había dicho que quizás no iba a continuar con el otro ministro. Todo lo que se mantenía unido, se empieza a desunir.

Al finalizar el trabajo, hablé con mi jefe y me dejó tomar vacaciones, lo malo es que no sé si Arthur podrá ir conmigo. Por último, que me acompañe estos días y la próxima semana vuelva a tratar el caso. Volví a casa y me encontré a Arthur con Peter en brazos.

-Buenas noches, mon amour.- sonreí.

-Llegas temprano.- me miró algo serio.

-Sí, desde mañana estoy de vacaciones.- lo miré alegre.

-Supongo que lo siguiente que dirás es que vayamos a ver a mi padre y que vuelva la siguiente semana a tratar ese caso.- dijo rápidamente.

Como llevamos tanto tiempo juntos, nos conocemos hasta los olores corporales, si saben a lo que me refiero.

-Así es.- murmuré finalmente.

-No te preocupes, iré contigo mañana y volveré a terminar el caso.- sonrió.- También quiero ver a mi padre y a Alice.

-Está decidido.- sonreí y lo besé, cuidando de no despertar a Peter.

El inglés dejó al niño en su cama y comenzó a armar la maleta. Yo por mientras veía los pasajes en el tren. Arthur en cuanto terminó de ordenar nuestra ropa, se quedó dormido y sonreí al ver esa figura descansar relajadamente. Cuando compré los pasajes, me acosté a su lado y me sumergí en los brazos de Morfeo.

A la mañana siguiente, mientras yo preparaba el desayuno, Arthur vestía a nuestro hijo.

-Peter, déjame vestirte tranquilo.- murmuró algo serio el inglés.

-No quiero vestirme.- dijo el niño, haciendo una rabieta.

-Peter, nos vamos de viaje ahora.- sonrió para convencerlo.

-Quiero quedarme con Tino y Berwald.- bufó.

-Los vecinos no pueden cuidarte esta vez, además te quiero presentar a tu abuelo.- sonrió alegre.

-¿Abuelo?- preguntó el niño con curiosidad.

-Abuelo, tía y más primos que Gavroche.- lo miró alegre.

-Daddy, quiero ir.- sonrió ahora el niño.

Sonreí, era una escena bastante conmovedora. Aunque yo sé que Arthur es de esos hombres que pierden la paciencia rápidamente si Peter hace una rabieta, sabe a veces convencerlo.

-Ustedes dos, vengan a tomar desayuno mientras yo me visto.- ordené.

-Sí Papi Francis.- sentí que habló más animado el niño.

-Termino de ponerle el zapato y vamos.- murmuró mi amado.

Ellos se sentaron a la mesa y yo fui corriendo a bañarme. La verdad es que estaba ansioso por esta visita a Inglaterra, hace 12 años que no ponía un pie en esa casa y eso me daba algo de nostalgia. Al finalizar con mi ritual de belleza, que se volvió más riguroso con los años (el casi tener 41 años no sirve para cuando uno quiere ser joven por siempre).

Una vez terminé de arreglarme, me encontré con que Arthur y Peter habían ido al estacionamiento por el auto y que solo faltaba yo. Bajé lo más rápido y me subí al vehículo.

-Tardaste.- me regañó el inglés.

-Pardon, sabes que ahora mi ritual es riguroso.- sonreí apenado.

-Sigo insistiendo en que no deberías arreglarte tanto.- murmuró entre molesto y preocupado.- No te ves mal sin tu jodido ritual.

-Cuando tengas mi edad y empieces a darte cuenta que tienes arrugas, ahí me entenderás.- dije molesto.

-No sé si debería decirte esto, pero…-tomó una pausa y después continuó.- te ves hermoso con esas arruguitas, tu rostro demuestra tus experiencias de vida.

-Y es por eso que quiero ocultarlo.- lo miré serio.

-Es que ya no se te puede decir nada.- gruñó y se estacionó cerca de la estación de trenes.

Entramos rápidamente y abordamos a tiempo el famoso tren que pasa bajo el mar. El viaje se volvió algo serio por las cosas que pasaron en el auto. Sé que me encanta a veces pelear con Arthur, pero esta vez no es una de esas.

-Perdóname.- solté de repente.

-¿Te disculpas por lo que me dijiste en el auto o por algo más?- preguntó mi pareja.

-¿Por qué debería disculparme por otra cosa?- devolví la pregunta.

-Por nada.- se apresuró a decir y acomodó a Peter en sus piernas.

-Papi, Daddy, dejen de pelear ustedes dos.- nos miró seriamente.

Reímos ante el ímpetu de nuestro hijo y decidí no seguir hablando del tema. Empezamos a disfrutar el viaje y comenzamos a tomar fotos para mantenerlo en la memoria.

Al llegar a Londres, nos estaban esperando Scott y Antoniette.

-Tomamos el tren una hora antes y decidimos esperarlos para tomar un taxi todos juntos.- sonrió el inglés mayor.

-No debiste tomarte esas molestias.- murmuró el cejudo.

-Yo insistí en que te esperara.- dijo la chica, mientras sonreía algo forzadamente.

-Vamos a tomar el taxi.- comencé a caminar.

El resto comenzó a seguirme, pero la verdad es que me preocupa algo el volver a esa casa. Tenía miedo de que no fuese recibido de la misma manera o que el señor Kirkland me pregunte por qué no los hemos ido a visitar en todo este tiempo.

-¿Qué pasa darling?- susurró en mi oído el inglés menor.

-Nada, nada.- sonreí. Me gustaba cuando me llamaba darling.

Mientras Antoniette llevaba en brazos a Peter, los hombres subimos las maletas al portaequipaje del taxi. Arthur se sentó al lado del chofer para indicarle la dirección y el camino que debía tomar, ya que estaba alejado de la ciudad. El viaje fue como lo recordaba, aunque muchas veces se me hizo feliz el camino, hubo veces que el camino era una tortura, sobre todo cuando decidí alejarme del cejudo.

-Llegamos.- sentí que dijo de pronto el chofer.

Mientras pagaba el viaje, Arthur, Scott, Antoniette y Peter entraban a la casa. Suspiré y bajé del taxi. La casa se mantenía como siempre, era de esperarse de los que se encargan del jardín y la fachada de la casa.

-Oye, ¿vas a entrar o eres un gallina?- sentí que de repente preguntó una voz rasposa.

-Déjalo, está senil.- sentí que dijo una voz alegre.

-Toño, Gil.- los abracé y no pude evitar llorar.

-Oye, también te extrañamos en esta casa.- sentí que rió el español.

-También quería abrazarte.- murmuró alegre el alemán.

-No saben cuánto los he echado de menos.- me separé del abrazo y comencé a secar mis lágrimas.

-Nosotros también.- sonrió el alemán.

-Pero, no somos los únicos.- señaló la puerta el español.- Además de celebrar el último año de mandato, queríamos tenerte en esta casa por última vez.

-No sabes cuánto he echado de menos tu comida.- sentí que alegó una voz femenina.

-Nos has tenido abandonados Francis.- se incluyó otra voz femenina.

-Señora Kirkland, Lady Alice.- sonreí al verlas.

-Han sido 12 largos años.- murmuró algo melancólica mi suegra.

-Al menos Arthur pudo recuperarte.- dijo la inglesa.- Si no, no hubiésemos tenido excusa para tenerte aquí.

-Igual hubiese venido a la celebración.- reí.

-Dudo que el mejor chef de Europa haya venido porque quisiera despedir a un hombre como yo.- murmuró el Primer Ministro.

-Señor Kirkland, yo…- comencé a decir, pero me detuvo.

-Lo bueno es que mi hijo menor tiene alguien que lo pueda cuidar y que se encarga de que coma cosas deliciosas.- rió el hombre y me abrazó.

Todos estaban muy felices de verme, o esa fue la impresión que me dieron. Al entrar en la casa, Antonio me avisa que dormiré en la que era mi habitación cuando vivía aquí. Tomé mis maletas y me dirigí a ella, algo melancólico.

-Hace mucho tiempo que no pisaba este lugar.- sentí que habló Arthur.

-Tantos recuerdos que tiene.- sonreí a medias.

-Tantos recuerdos dolorosos.- suspiró mi amado.

-Pero, en este lugar lo hicimos después de nuestra desastrosa primera cita.- reí.

-Para que a la mañana siguiente cometiera el peor error de mi vida.- sonrió a medias.

-Pero, pudiste recuperarme.- lo abracé.

-Después de 8 años de espera.- me miró serio.

-No te preocupes, piensa que al final nos quedamos juntos.- besé sus labios suavemente.

Después de discutir el pasado, quedó decidido que yo dormiría con Arthur y Peter se quedaría en la habitación de Arthur. Me preocupaba que estuviese muy lejos de la nuestra, por lo que Antonio me dio su cama para mi niño y él dormiría con Lovino en la habitación de Arthur.

-Francis.- sentí que dijo el español.

-La verdad, pensé que después de que se casaran, tendrían una cama matrimonial.- reí.

-No te preocupes, dormimos muy bien los dos en una cama como la mía.- rió.

-Me hablaste, ¿pasa algo?- pregunté algo preocupado.

-Quiero pedirte un consejo, ¿puedo?

-Claro, ¿de qué se trata?

-No sé si irme con Lovino a Italia.- suspiró apenado.- Tengo miedo de que no encuentre trabajo allá. Además, no manejo bien el idioma.

-El hombre de las lenguas no puede manejar el idioma de su esposo.- reí, a lo que Antonio me miró serio.- Perdón.

-Es verdad, lo que pasa es que nunca me di la oportunidad con el italiano.

-Si yo fuera tú, me iría con mi esposo.- sonreí.

-Es que esa no es mi preocupación.- tomó aire.- Quiero quedarme aquí, no me pagan mal y me ayuda a mantener a mi madre.

-Yo creo que más que quedarte aquí porque te gusta esta casa, te gusta el sueldo y temes no recibirlo en otra parte.- analicé, mientras sonreía. -¿Has pensado volver a España?- pregunté por impulso.

-Muchas veces, extraño a mi mamá.- sonrió a medias.

-Son más de 20 años fuera de tu casa.

-Lo sé, pero eso tendría que hablarlo con Lovino.- suspiró.- Quizás él tenga otros planes para su futuro profesional.

-Si dices que cocinaste 13 años para el Primer Ministro de Inglaterra, te van a contratar en muchas partes, incluido en tu país.- sonreí y coloqué mi mano en su hombro, en señal de apoyo.

-Lo tengo claro.- sonrió.- Aun tengo un año para pensarlo, pero sabes que me preocupo mucho antes de las cosas que me pasan.

-Lo sé y cuántas veces te he dicho, no te preocupes, ocúpate de las cosas.- sonreí y lo abracé.

-Lo sé, gracias.- sentí que sonrió y se relajó en medio del abrazo.

Después de esa pequeña charla, nos interrumpió Lovino, quien no estaba muy contento con nuestra demostración de cariño. Antonio tuvo que disculparse con el italiano, pero él solo rio ante ello diciendo que ya no le molestaba que me abrazara y que lo disculpara por mantener el ceño fruncido. En ese momento me di cuenta de que al secretario ya no le molestaba que yo fuese amigo de su esposo.

Bajé después de sonreír al ver a ese par. En medio de las escaleras, me encontré con Scott, quien le estaba enseñando la casa a Antoniette.

-En este piso dormían Francis, Gilbert, Antonio y Arthur. Como te podrás imaginar, aquí ellos podían follar sin que nadie se enterara, solo tenían que quitar al resto.- sonrió ante la indirecta que dijo.

-En eso tienes razón, pero eso pasó dos veces en los 2 años que estuve aquí bajo el mando de tu padre.- sonreí elegante.

-Eso es cierto.- rio y siguió caminando.

Al bajar completamente las escaleras, me encontré con mi suegro y ex jefe.

-Francis, ¿tienes un minuto?- dijo el Primer Ministro.

-Por supuesto.- en eso, comencé a seguirlo a lo que me imagino será su oficina, pero tomamos un camino diferente.- ¿Hacia dónde nos dirigimos?

-Solo sígueme.- sonrió y tomó su auto.

Sentí que manejamos 30 minutos y nos acercamos a un lugar con el césped verde y bien cuidado. El señor Kirkland estacionó el auto y bajamos hacia una banquilla que se encontraba cerca.

-Siempre vine a este lugar para pensar.- sonrió.- Creo que es la hora de mostrárselo a mi yerno.

-Señor Kirkland.- sonreí ante el hecho de que me llamó yerno, es la primera vez que lo hace.

-Sé que quizás no he sido una persona que ha estado en todas con ustedes dos.- comenzó a relatar.- Nunca pensé que Arthur fuese homosexual en primer lugar, y mucho menos que se iba a fijar en uno de los empleados bajo mi mando. Al principio no quise asumir que mi hijo era así y hubo un tiempo que quise renegar de él, pero al verlos cuando estaban separados y ver a mi hijo sufrir, entendí lo que me dijeron sobre el amor.

-Señor Kirkland, yo…-comencé a murmurar, pero él me detuvo.

-Escúchame primero Francis.- sonrió y continuó.- Mi madre siempre me dijo que el amor es algo que solo se encuentra una vez y tú tienes dos opciones, aceptarlo o abandonarlo y ser miserable. Cuando acepté finalmente lo que Arthur sentía por ti y lo imbécil que fueron ambos, dejé de lado mis repudios y lo impulsé a buscarte y es por eso en parte que ustedes pudieron seguir juntos. Ahora que me queda poco tiempo de mando y que ustedes dos volvieron a ser una pareja, me comportaré como el suegro que debo ser.- me colocó la mano en el hombro y sonrió.- Quiero que mi hijo y tú sean felices juntos.

-Señor Kirkland.- sonreí.- Arthur me había contado que usted en parte lo impulsó a ir en mi búsqueda.- lo abracé.- Gracias por hacerlo.

-Lo hago por el bien de mi hijo y por la estabilidad emocional de mis empleados.- sonrió y miramos juntos el paisaje que nos ofrecía ese lugar.

Estuvimos un par de horas conversando sobre nuestra vida en Paris, la adopción de Peter y la grandiosa vida que llevábamos como pareja. En ese instante, pensé que debía dejar de ser un cobarde de mierda y debía hacer lo que mi corazón sentía. Quería mantener esa unión por siempre, incluso cuando muera. Quería casarme con Arthur.

Al volver a la casa con el señor Kirkland, se me ocurrió una idea para la propuesta. Iba a hacer la cena de medianoche que no salió bien gracias a nuestras disputas y Scott. Quería rememorar ese momento y esta vez hacerlo perfecto.

-¿Dónde estabas?- preguntó mi amado.

-Arthur, tu padre me dio su bendición.- sonreí.

-Hace mucho tiempo que la tienes, imbécil.- a pesar de decir eso, tenía una mueca de alegría.- Me alegro que llegaran a buenos términos.

-Yo me alegro de la idea que tengo ahora.- lo besé suavemente y acaricie su rostro.

-¿Qué idea?- preguntó confundido.

-Es secreto.- guiñé mi ojo y fui a la habitación de Peter.

Esa noche antes de dormir, observé como Arthur dormía tan pacíficamente y acaricie unos mechones rebeldes de su rubia cabellera.

Al día siguiente, salí con Gil y Antonio a comprar el anillo de compromiso.

-¿¡QUÉ!?- gritaron los dos al unísono.

-Decidí casarme con Arthur y se lo pediré mañana en la noche.- sonreí.

-Sí, entendemos esa parte de la idea, pero ¿por qué ahora?- preguntó Gil.

-¿Por qué no ahora?- dije en respuesta.

-Sinceramente, las cosas cambian un poco con el matrimonio.- comentó el español.

-Antonio, ya estuve casado una vez.- lo miré alegre.- Sé que las cosas no vuelven a ser las mismas, se vuelven mejores.

Ambos me miraron algo confundidos, pero al mismo tiempo estaban felices de que al fin tomara la decisión de hacerlo.

Al finalizar la compra del anillo, les conté mi plan de hacerlo como en esa cita fallida. Ellos rieron al pensar en ello, porque después de ese suceso, ocurrió el desastre que terminó por alejarme de él. Solo pude decirles que era uno de los recuerdos más felices que tenía en esa casa donde todo comenzó.

Después de comprar las cosas para la cena, pasamos al bar donde trabaja Roderich y tomamos un par de tragos. Ahí le pedí a Antonio si podía cuidar de Peter mañana en la noche y que obviamente me prestara su cocina para hacer esa cena, a lo que aceptó alegre.

Al llegar a casa, escondí todo y fui a la habitación, donde estaba Arthur con Peter.

-Saluda a tu padre, que llevamos dos días aquí y no hace nada más que salir solo.- murmuró molesto mi futuro esposo.

-Buenas noches a mis dos amores.- sonreí y besé a Peter en la mejilla y a Arthur en la frente.

-Dime, ¿qué has estado haciendo?- preguntó el inglés con el ceño fruncido.

-Es un secreto.- sonreí.- Un secreto que será mañana revelado.

-Sabes que me molesta que me ocultes algo.- me miró serio.- Quiero saber si no estás cometiendo una locura.

-Creo que de las locuras que he hecho, esta es una de las más grandes.- sonreí y lo besé.- ¿Sabes que te amo?

-Sí, lo sé.- me miró algo más relajado.

-¿Sabes que sin ti yo no sería el hombre que soy ahora?- pregunté alegre.

-En realidad, eres el hombre que eres porque yo no estaba contigo en parte.- suspiró.

-No es cierto, a pesar de que fui muy exitoso en la cocina, me sentía vacío.- lo abracé.- Me hacías mucha falta, no sabes cuánto te eché de menos, cuánto quería abrazarte, cuánto quería besarte y tenerte a mi lado como ahora.

-¿Qué te pasa?- preguntó finalmente, ante mi cambio de actitud.

-Solo te doy las gracias por estar a mi lado.

Después de eso, nos acostamos juntos, no sin antes dejar a Peter a su habitación y leerle un cuento para que durmiera feliz. En la nuestra, nos dormimos abrazados.

En la mañana, preparé el desayuno como hacía mucho tiempo no hacía. Alice y sus hijos, los señores Kirkland, Scott, Antoniette, Antonio, Gilbert, Arthur, Peter y yo nos sentamos juntos en la mesa como la gran familia que somos.

-Como siempre tan delicioso.- sonrió la hermana de mi amado.- Extrañaba esto.

-Somos dos.- dijo la señora Kirkland.

-Thank you.- sonreí.

Después del desayuno, salí corriendo a pensar una manera de mantener ocupado a Arthur en la noche, por lo que tuve que recurrir a mi plan de emergencia. Llamé a Scott y a Alice, y les pedí que por favor salieran todos juntos como los hermanos que son. Sé que después tendré que pagárselos.

Mientras Arthur pasaba tiempo de calidad con su familia en la ópera, Antonio y Gil me ayudaban con los últimos detalles.

-Sinceramente, si hubiese sido otro no habría hecho esto.- murmuró a regañadientes el alemán.

-Somos dos.- suspiró el español.

-Entonces, agradezco su ayuda caballeros.- sonreí alegre y los abracé.- Hace muchísimo tiempo que quería volver a cocinar con ustedes.

-¿En serio?- dijeron al unísono.

-Sí.- afirmé.

Seguimos preparando la cena para antes de que llegara Arthur. Sabía que cuando llegara, tendría la sorpresa de su vida.

-Francis, ¿qué quieres que haga con Peter?- sentí que preguntó Antonio de repente.

-Juega con él o quédate a ver una película, así se divierte. Además, le agradas.- sonreí.

-Siempre he sido bueno con los niños, lo sabes.- rió.

Seguimos trabajando para adornar todo, hasta la noche. Tenía todo preparado, como Antonio iba a recibir a los Kirkland, Gil convenció a Roderich que tocara para la velada, Scott y Alice van a llevar a Arthur al jardín trasero. Nada podía salir mal este día.

Como era de esperarse, estoy muy ansioso por la decisión que estoy tomando en esta ocasión. A medida que mis nervios aumentaban, mi miedo seguía presente, pero estaba convencido de que era la respuesta. Sé que Arthur muchas veces me dijo: "aunque no estemos casados, estoy feliz de estar contigo a pesar de que eres un imbécil de proporciones extremas", es por esto que quiero cambiar las cosas entre nosotros, porque yo sé que él espera que tome este paso hace mucho tiempo.

-Francis, es hora.- esa era la señal para ir a arreglarme, ya que si mi futuro esposo me veía desarreglado el día que le iba a pedir matrimonio, me muero de solo pensarlo.

Subí rápidamente a prepararme con mi riguroso ritual. Este día no podía ser otro día donde me viera solo guapo para Arthur, debía lucir de tal manera que solo me dé como respuesta un sí. Al terminar, bajé rápidamente las escaleras, en el momento exacto en que mi pareja llegaba con su familia.

-Arthur, tenemos una sorpresa que jamás esperaste.-sentí que dijo Alice.

-Como sea, no creo que nada me sorprenda, sabiendo que vivo con Francis.- fue la respuesta de mi amado.

Corrí hasta el jardín trasero y esperé que llegara mi futuro. No solo quiero formalizar mi relación con el inglés, quiero dejar de pensar en mi pasado y que las cosas de este afecten mi futuro. Hace mucho que sé que Jeanne no me tiene remordimientos por su muerte, al igual que mi hija, así que sé que ellas descansan en paz y por lo tanto, puedo vivir mi vida como corresponde.

-Imbéciles, no me empujen.- esa era la señal para que Roderich tocara el violín con un clásico de la música clásica.

Arthur al ver a todos reunidos en el jardín no contuvo las muecas de asombro.

-¿Qué es esto?- preguntó cuándo pudo salir de su estado de sorpresa.

-Quería revivir la única cita que tuvimos aquí.- sonreí alegre y le moví la silla para que se sentara.

-Pero Francis, al día siguiente yo cometí ese error garrafal.- sentí que murmuró.

-Olvídate del pasado, concéntrate en el ahora, en mí, en nosotros.- tomé su mano y sonreí, mientras Gil nos servía la cena.

Empezamos a comer, mientras sentí que todos nos observaban. Sabía que estaban expectantes a la respuesta de Arthur sobre la propuesta nueva de vida que le estaba ofreciendo.

-Ya, dime.- escuché de pronto de los labios de mi amado.

-¿Qué cosa debo decirte?- pregunté para no arruinar la sorpresa.

-Lo que sea que quieras decirme para hacer una cena de esta magnitud y además, arreglarte más de la cuenta.- mierda, me conocía muy bien como para engañarlo.

-Disfruta de la cena, mon amour.-di como respuesta.

Me miró extrañado y seguimos comiendo. Quería pedírselo después de la cena, pero no aguanto la presión de no decírselo.

-Arthur Kirkland, quiero hacerte una pregunta.- comencé a hablar, después de un silencio de 2 minutos.

-Al fin, sabía que no podías hacer una cena y arreglarte porque sí.- me miró victorioso.

Aclaré la garganta.- ¿Podemos terminar?- murmuré.

-¿¡QUÉ!?- sentí que gritó del asombro.

-Eso, quiero terminar contigo.- sonreí.

-¡FRANCIS!- seguía gritando.- ¡NO ME HAGAS ESTO DE NUEVO!- en ese momento vi como unas lágrimas asomaban por sus ojos.

-Lo siento, las cosas son así.- sonreí.- Quiero terminar contigo para iniciar una nueva etapa de nuestras vidas.- en ese momento me arrodillé y saqué el anillo.- Arthur Kirkland, ¿quieres ser mi esposo?

En ese momento, sentí que apretaba los puños y los dientes.- ¡IMBÉCIL PEDAZO DE MIERDA!- gritó con todas sus fuerzas y me abrazó.- ¡DEBERÍA DECIRTE QUE NO POR EL SUSTO QUE ME DISTE BLOODY BASTARD!

-Lo siento, quería darle algo de emoción y sabes que me gusta pelear contigo a veces.- reí y al segundo después recibí un golpe pequeño en la cabeza.

-¡PENSÉ QUE REALMENTE QUERÍAS TERMINAR BLOODY HELL!- debo decir que amo cuando dice groserías en su idioma.

-Entonces…-tomé su barbilla para que hubiese contacto visual.- ¿qué me dices? ¿Aceptas o no?

-¡A PESAR DE QUE TE ODIO A VECES, ACEPTO CASARME CONTIGO!- me abrazó con fuerza y luego me besó con mucha alegría.

-Je t'aime mon amour.- susurré en su oído después del beso.

-I love you bloody bastard.- sentí que dijo en respuesta.

-¡FELICIDADES A LOS NOVIOS!- gritaron todos al vernos y al poner el anillo en su dedo.

Nos dimos otro beso después de ello y nos miramos mientras secaba las pequeñas lágrimas de mi futuro esposo. Había salido todo a la perfección y realmente no había nada que pudiese arruinar la felicidad que sentía en estos momentos.

Lamentablemente, no pudimos intimar como se merece después de una declaración exitosa, pero dormimos abrazados y después de muchas caricias. De todas formas, ya estoy algo acostumbrado a no liberar mi hombría en cada evento importante desde que adoptamos a Peter.

Al día siguiente, nos despertó nuestro hijo sonriente.

-Papi, Daddy ¿es verdad que se van a casar?- sentí que preguntó cuándo abrimos los ojos.

-Yes.- fue lo único que dijo Arthur.

-Nos casaremos.- añadí como complemento.

-Viva mis padres.- saltó de la alegría nuestro hijo.

Al bajar a desayunar, todos nos aplaudían felices por nuestra decisión de unirnos en ese sentido. La verdad es que solo había ideado la sorpresa, pero ahora se venía todo lo que implica un matrimonio. Fiesta, capilla, traje, comida, flores. En fin, de solo pensarlo me volvía ansioso.

-Debo preguntar, ¿se casaran aquí o en Francia?- preguntó la madre de Arthur.

-Eso no lo tenemos decidido todavía, aunque a mí no me desagradaría casarme en Francia.- sonrió mi futuro marido.

-Y a mí no me molestaría casarme aquí.- respondí alegre.- Solo quisiera hacerlo donde a mi amado quiera.

En ese instante el inglés menor me miró serio, pero al ver a su familia sonriente, cambió el semblante. Ahí descubrimos que debíamos prepararnos mucho porque ambos teníamos diferentes pensamientos sobre una boda ideal.

Durante los siguientes días, mientras duraba nuestra visita en Inglaterra, discutimos el país donde haríamos el matrimonio. Arthur amaría casarse en su país, pero él cree que si invitamos nuestros amigos de Francia no irían. Por mi parte, yo no tenía ningún inconveniente del país, mientras él estuviese a mi lado.

-Francis, yo sé que a ti no te interesa el país, pero hay que verlo muy bien.- era la única frase que escuchaba en estos días.

-Arthur, tú quieres casarte aquí ¿verdad?- insistí nuevamente.

-Sí, sería mi sueño.- comentó melancólico.

-Entonces nos casaremos aquí.- murmuré alegre.

-Pero, yo quiero que estén todos lo que importan.- suspiró.- La verdad, este tema me agota.

-Mon cher.- lo abracé por la espalda.- Te he dicho desde que iniciamos las charlas de la boda que a mí, con tal de que seas feliz, me da igual el lugar.- sonreí.

-Yo sé, pero hemos hecho muy buenos amigos allá.- dijo cabizbajo.

-Lo sé.- sonreí.- Te propongo algo.

-¿Qué cosa?- preguntó extrañado.

-Haremos la boda aquí, nos quedamos a planificarla, le dices a tu jefe que te vas a quedar aquí un par de meses más e invitamos a nuestros amigos.-sonreí.- Quién no pueda pagar su boleto, yo lo haré.

-No quiero que gastes de tu dinero.- me miró molesto.

-Si eso es lo que te hace feliz, lo haría sin pensarlo una y mil veces.- sonreí y acaricié su mejilla.

-A veces puedes ser un cursi sin remedio.-rió.

-Así me amas.- lo besé alegre.

Así fuimos planificando la boda, nos quedamos más tiempo del que podíamos por nuestros trabajos, pero no nos importaba en absoluto. Arthur era el más alegre por casarse en su Inglaterra amada y yo era feliz de solo ver su rostro todos los días.

-Papi Francis, ¿de qué sabor será su pastel de bodas?- preguntó Peter, a un mes de la boda.

-Eso lo decidirá el tío Antonio con el tío Gilbert.- sonreí.

-Toño y Gil son los mejores amigos de papi Francis ¿verdad?- dijo mi hijo con duda.

-Sin duda alguna, ellos son los mejores amigos de papi.-sonreí.- Ellos han estado ahí para mí incontables veces.

-¡Para Francis!- sentí que gritó una voz muy conocida.

-¡Nos harás llorar y sabes que al grandioso yo no le gusta eso!- ahí venía el complemento de la voz anterior.

-Pueden ser muy sensibles algunas veces.- reí y abracé a los dueños de esas voces, Antonio y Gilbert.

-Perdónanos por ser así.- sentí que reprochó el español.

Reímos los tres ante el reproche del moreno, mientras ellos hablaban que mi boda iba a ser la mejor y que me merecía ser feliz de una buena vez y que ellos querían formar parte para "vivir en paz". Caminamos los cuatro hacia el patio trasero y mientras veía a Peter correr y disfrutar del aire fresco, me acomodé en el árbol que me reveló una verdad muy dura de asimilar.

-¿Recuerdas este árbol Antonio?- pregunté de repente.

-Cómo olvidarlo.- sonrió alegre el español.

-Sé que hemos discutido el tema un millón de veces, pero ¿estás seguro que no me tienes resentimientos por no corresponder tus sentimientos?- dije sin pensar.

-Francis.- se acercó a mí y me miró fijamente.- De hecho, gracias a ese día pude ver con claridad algunas cosas.- sonrió como siempre.- Gracias a que me rechazaste, ahora estoy casado con Lovino y planeando nuestro futuro en Italia.

-¿Así que se decidieron por Italia?- sonreí.

-Sí, él necesita también volver a casa.- murmuró.- Además, mi madre siempre quiso vivir allá para conocer un poco de la cultura.

Al escuchar eso, por fin pude liberarme del resentimiento que tenía conmigo mismo de haber rechazado a Antonio por Arthur. Aunque si lo pienso, jamás me he arrepentido de lo que dije e hice ese día.

-Me alegra escuchar que vivirán todos como una bonita familia.- sonreí.- A propósito, ¿qué harás tú Gil?

-Yo me quedaré aquí a trabajar con Elizabeta y Roderich.- me miró serio.

-¿En serio?- preguntamos al unísono.

-Sí.- nos miró con alegría.-Yo no quiero dejar este país y el señorito tampoco, así que decidí quedarme por él.

-Eso suena tan cursi, ¿quién eres y qué hiciste con el verdadero Gilbert?- preguntó el español.

-No seas así conmigo.- bufó.- Es por esto que me molesta ser honesto con ustedes.

Nos abrazamos los tres nuevamente y reíamos, mientras hacíamos burla al alemán. Peter, al vernos, siguió jugando con la tierra.

Así, el mes siguió avanzando y yo seguía preparando mi boda. Mis padres ya estaban en Inglaterra, al igual que Monique, Matthew y Gavroche. Además de Piere, y nuestros vecinos, Tino y Berwald.

Arthur, por su parte, había invitado a su familia, a sus amigos de la universidad y a Zack, su ex novio.

-¿Estás seguro que quieres invitar a tu ex novio?- pregunté sorprendido al enterarme de su decisión.

-Él siempre me quiso ver feliz y creo que le debo eso.- sonrió alegre.- Además, quiero que conozca al hombre que se mantuvo por 8 años en mi mente.

-¿No será algo duro de ver?- pregunté extrañado.

-Francis, ha pasado 4 años desde que nos separamos y él ya tiene pareja, ¿qué tiene de malo?

-Está bien, si tú dices.- murmuré resignado.

A medida que avanzaban los días, íbamos preparando los últimos detalles que faltaban de la ceremonia. Ya tenía preparado mi traje, el menú para después de la boda, los anillos, todo.

A un día del tan esperado matrimonio, me quedé en un hotel cerca de la capilla, junto con mis padres. Arthur se quedó en la casa Kirkland con Peter, quien estaba ansioso por ver a sus padres casarse.

-Hijo, todavía recuerdo la primera vez que te casaste.- murmuró mi madre, tomándome de sorpresa.

-Ha pasado un tiempo bastante largo desde que Jeanne murió y sinceramente, no esperaba volver a casarme.- sonreí y la miré.- Y aquí me tienes, arreglando mi smoking y mis zapatos para el gran día.

-Yo sé que Jeanne estaría feliz y orgullosa de ti.- suspiró mi mamá.- Siempre se quejó de que tú nunca tomabas iniciativas y de que eras poco ambicioso con la vida.- rió.- Ella se estaría riendo.

-Lo sé.- reí.- Ella siempre aprobó que yo fuese feliz, incluso si no era con ella.- la miré alegre.- Además, a ella le agrada Arthur, seguramente porque saca partes de mí que ella jamás vio.

-Es verdad, él te complementa demasiado.- me miró sonriente.- Yo creo que Dios sabe porque hace las cosas y que era el destino de Jeanne durar poco en este mundo, para que tú siguieras tu camino y conocieras a Arthur.

-Siempre pensé que si ella hubiese estado viva, la hubiese engañado con él.

-Lo sé, lo sé.- me ayudó a acomodar el traje y me tomó de las manos.- Así son las cosas y, al fin y al cabo, esto ha sido lo mejor que la vida te ha dado.

Al escuchar eso, abracé muy fuerte a mi madre, mientras susurraba un "Gracias" en su oído. A pesar de que mi madre me acompañó muy poco en mi pena, siempre sentí que ella estaba ahí. Ya saben, el amor de madre es infinito e incondicional.

Después de darme las buenas noches, me acomodé en la cama y me dormí, aunque algo nostálgico, era la primera vez en 4 años que dormía solo.

En mis sueños, vi lo que eran un par de alas blancas, ya sabía a quién pertenecían. Pero a diferencia de otras veces, ella no habló, solo se limitó a sonreír y a abrazarme con esos mantos blancos. Ya sabía que me quería decir con ello, que iba a estar conmigo de igual manera y que me amaba demasiado.

Al despertar, sonreí feliz y sentí mi pecho lleno de alegría. Además de verla una vez más, hoy me casaré con el hombre que amo.

-Francis, es hora que te bañes hijo.- sentí que dijo mi madre al otro lado de la puerta.

-Ya, me voy a preparar de inmediato.- sonreí y corrí hacia el baño.

Me demoré mucho más de lo que un hombre promedio podía, pero estaba aún a tiempo. Decidimos con Arthur que yo llegaría primero, ya que él iba a tardar un poco con Peter y esas cosas.

-Francis, ¿podemos entrar?- sentí que dijo Monique.

-Cherie, espérame un poco.- respondí algo agitado ya que estaba en medio de mi ritual de belleza.

-Si quieres puedo volver más tarde.- sentí que grito.

-Por favor.-fue lo único que dije mientras seguía con las cremas.

Me seguí preparando arduamente, mientras los nervios me comían vivo. No recuerdo haber estado así cuando me casé la primera vez. Quería que todo saliera perfecto y que Arthur recordara el día de nuestra boda.

Salí de la habitación y busqué a Monique. Al llegar donde estaba ella, me di cuenta de que estaba vistiendo a Gavroche.

-Que belleza.- murmuré alegre.

-¿Qué esperabas?- sonrió.- Después de todo, es mi hijo.- rió.

-Eso no lo dudo, cherie~.- sonreí.- ¿Qué querías decirme?

-Nada, solo quería ver que tan elegante te veías con el smoking.- sonrió.- Al parecer, luces 20 años más joven.

-Merci beacoup.- sonreí complacido.

-Gavroche, ve con tu padre.- le dijo al niño, el cual obedeció inmediatamente.- Quería hablar contigo sin mi hijo presente.

-¿Sobre qué?- pregunté confundido.

En ese momento, ella corrió a abrazarme.- Quiero decirte que estoy muy orgullosa de lo que has logrado con Arthur.- fue lo que dijo antes de llorar.

-Mon cherie.- sonreí y la abracé muy fuerte.- Merci.

-¿Por qué me das las gracias?- preguntó confundida, en medio de sus sollozos.

-Porque sin ti, quizás nunca hubiese entrado en razón.- sonreí y la miré.- Eres un pilar muy importante y tanto mi amado como yo te agradecemos siempre que hayas contribuido en nuestra relación.

-Francis.- sonrió y se secó las lágrimas.- Ya, este no es momento para llorar.

-Eso mismo digo.- dijo Matthew Williams, el esposo de mi hermana.- Además, yo también debo darle las gracias a usted porque me ayudó a conocer a la mujer de mi vida y puedo disfrutar de su compañía y de mi hijo.

-Matt.- sentí que murmuró alegre Monique.- Eres lo mejor que me ha pasado.

-Igualmente, mon amour.- respondió antes de besarla.

En ese instante, decidí dejarlos solos. Volví a mi habitación a leer nuevamente mis votos de amor. Pensé que era mejor que nosotros preparáramos nuestras palabras porque nada refleja mejor lo que vivimos en todo este tiempo.

De pronto, vi la hora y salí a buscar a mi familia para irnos a la capilla. Como quedaba cerca, caminamos a ella, mientras mi madre me arreglaba la coleta que me hice con mi cabello.

Al llegar, vimos a todos los amigos, incluyendo Antonio, Gilbert, Antoniette con Scott, Roderich, Lovino, Feliciano, Ludwig, Pierre, en fin, todos nuestros amigos. Cada uno me dio la bienvenida y me felicitó por esta nueva etapa en mi vida.

Agradecí a cada uno de ellos, cuando vi que se acercaba un auto blanco que parecía una limosina, era la hora. Todos entramos en la capilla a excepción de Monique, que estaba preparando a Gavroche para que llevara las flores.

-Es el momento.- susurré para mí mismo, mientras comenzaba la música que tocaban en todo matrimonio.

Al ver a Arthur entrar en ese instante, sentí que no había nada más bello que lo que mis ojos presenciaban. Un traje de color blanco, con una corbata negra, acompañado del aun Primer Ministro y su esposa.

No pude evitar mirar como bobo a ese hombre que dirigía sus pasos a mi dirección. Volví a sentir que era mi primer matrimonio, volví a maravillarme con una persona que estaba vestido de blanco, volví a tener esos ojos que, si no me equivoco, reflejaban amor del más puro que un ser humano puede sentir.

-Deja de mirarme así.- fue lo único que escuché decir a Arthur cuando llegó a mi lado.

En cuanto terminó de decir eso, se inició la ceremonia. Todos estábamos de pie, recibiendo a la persona que nos iba a convertir en marido y marido. El acto avanzó de maravilla, no hubo ningún inconveniente, todo iba viento en popa.

-Ahora le pedimos a los novios que digan sus votos.- de pronto escuché decir.

-Ya voy.- saqué mi papel con todo mi discurso, pero al ver a Arthur, lo rompí.- Arthur Kirkland, antes de jurarte mi amor eterno, debo confesarte que cuando te conocí jamás esperé estar en esta instancia contigo. Yo era un hombre derrotado, desesperanzado, muerto en vida y cuando te vi, pensé que eras el ser más desagradable de la existencia…- sentí como todos reían.- Creía que no podía conocer a nadie que volviera a ganar mi corazón y mi alma, pero de pronto me abriste los ojos y me mostraste que eras el camino a seguir y que eres un hombre increíble. Lamentablemente, hubo un montón de momentos tristes en nuestra relación, herimos a muchas personas en el proceso y nos hicimos daño mutuamente, pero cuando nos separamos finalmente, descubrí que volvía a sentir esa sensación de estar muerto. Por muchos años me hiciste mucha falta y creía que el mundo me quería hacer miserable, pero la verdad es que estaba esperando que ambos supiésemos llevar nuestra relación, para darnos nuevamente una oportunidad. Aprendimos muchas cosas y ahora tenemos un hijo y una vida maravillosa que espero compartir por siempre. Te amo, eres mi complemento, mi vida, mi alegría, mi todo.

Al terminar, sentí algunos sollozos, algunas burlas y muchos aplausos.

-Señor Kirkland, su turno.- sentimos hablar al juez.

Arthur sacó un papel y sonrió sarcásticamente.- ¿Cómo iniciar esto? Es lo que siempre me pregunto y lo que me termino contestando con un "por el comienzo, imbécil". La verdad es que yo no quiero hablar de cómo me sentía cuando conocí a este sujeto que está a mi lado, porque solo diría una grosería tras otra.-volvieron las risas.- Este hombre de aquí me hizo creer que no había ser humano más desagradable que él y que nunca iba a poder encontrar el amor. A medida que fue pasando el tiempo, me fui dando cuenta de sus cualidades, de que era un buen hombre y que yo era alguien que valía la pena. Para ese entonces, me rendí ante sus encantos y me introduje en el camino del romance. Al corto tiempo, fui separado de él y me di cuenta de que estaba enamoradísimo de su persona y como un pequeño error podía alejarme de lo que amo. Intenté de todas las formas posibles de remediar mi equivocación, pero solo empeoraba, hasta que se fue. Como pude, rehíce mi vida con otra persona, pero no era lo mismo. Quería de vuelta a ese amor que creí perdido para siempre, y ahí descubrí lo enredada que puede ser la vida, pero si esa es la persona que te pertenece, vas a volver a ella. Así pasó y ahora mi vida no puede ser más feliz. Francis, mi imbécil, mi bloody bastard, my frog, mi amado, juro que voy a amarte por la eternidad y que no voy a permitir que te alejes de mi lado nunca más. I love you.

Otra vez se hicieron presentes los aplausos y yo no pude contener las lágrimas. Nunca pensé que Arthur iba a escribir algo tan profundo y que iba a ser tan honesto este día. Estaba tan feliz de casarme con él.

-Bueno, señor Francis Bonnefoy, ¿aceptas a este hombre como tu esposo en la salud y la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe?

-Acepto.- dije sin hacerme esperar.

-Y usted, señor Arthur Kirkland, ¿aceptas a este hombre como tu esposo en la salud y la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe?

-Yes, I do.- murmuró rápidamente mi amado.

-Por el poder que se me confiere, los declaro marido y marido. Pueden besarse.

En ese instante lo abracé con fuerza y puse mis labios sobre los suyos. Un beso que tenía ganas de darle desde que lo vi entrar y que él me correspondió con la misma intensidad.

Al salir todos de la capilla, nos felicitaron por haber concretado ese paso finalmente, a lo cual Arthur sonrió alegre. En ese instante, se había acercado Zack para felicitar a mi esposo.

Yo avancé donde mis padres, muy alegre de como resultó la ceremonia, pero todos dudaban de lo que estaba haciendo Arthur.

-Ese hombre actúa muy sospechoso.- dijo mi padre.

-Es el ex novio de Arthur, Zack.- la verdad es que solo lo conocía por fotos, esas que veía en el álbum de mi esposo.

-¿Arthur lo invitó?- preguntó Monique.

-Dijo que quería que él viera a la persona que había escogido.- murmuré extrañado ante las preguntas.

-Francis, ven aquí un momento.- sentí que dijo mi marido.

-Voy.- fue lo único que respondí antes de ver a ese hombre que estuvo por 6 años con mi amado.- Zack, te presento a Francis Bonnefoy, mi esposo.

-Es un gusto finalmente conocerte Francis.- me dio la mano en forma amistosa.

-Es un placer.- correspondí el saludo.

-Zack me estaba comentando que su último best seller era nuestra historia de amor.- rió mi amado ante ello.

-No entiendo, ¿es la suya o la nuestra?- pregunté confundido.

-Bueno, era al principio la mía con Arthur, pero después te incluí en parte de la historia.-sonrió.- De todas formas, cambié los nombres y agregué cosas de mi cosecha, pero espero no te moleste.

-No, para nada.- murmuré aun con incertidumbre.

-En realidad, quería que vieras que este hombre conquistó mi corazón antes que tú llegaras.- de pronto dijo Arthur.

-Lo sé, él es como lo describiste esa mañana.- sonrió.- Ambos tienen suerte de tenerse el uno al otro.- sin más, se retiró.

Con mi esposo nos miramos mutuamente y sonreímos ante las palabras de ese hombre que se dirigía a los brazos de quién deduje que era su pareja. Justo en ese instante, apareció Peter sonriente y nos abrazó diciendo que había sido agradable la ceremonia.

-Nosotros también consideramos que fue una ceremonia muy linda.- habló Tino.

-Tino y Berwald.- murmuramos al unísono.

-Perdón por no acércanos antes, pero se veían muy ocupados con sus familiares.- murmuró Berwald, el más alto de los dos.

-No se preocupen.- murmuró alegre Arthur.

-De hecho, en el momento que nos íbamos a acercar, Peter apareció y no evitamos abrazarlo.- sonrió el chico bajo.- Es un amor de niño.

Entendíamos a lo que se refería cuando decía eso. Nuestro hijo, a pesar de tener un carácter más duro con Arthur, era un buen niño.

-Es agradable.- murmuró el más serio.

-Sí.- dijo mi esposo.

-Bueno, los esperamos en la recepción.- sonreímos y subimos al auto, dejando antes a Peter con mi madre.

En el trayecto hacia la recepción, nos tomamos las manos y mirábamos por la ventana. No había que decir mucho, estar de esta forma los dos era más que suficiente para demostrar nuestro amor. Al llegar, nos esperaba todos nuestros invitados dentro y bajamos felices del auto.

Durante la fiesta, hicimos lo típico de las recepciones de boda. Bailamos el vals de los novios, el cual fue muy gracioso porque Arthur no es muy agraciado para moverse. Posteriormente, partimos el pastel, arrojamos el ramo (el cual cayó "mágicamente" en las manos de Antoniette) y disfrutamos de una fiesta con nuestros familiares.

En la mitad de la celebración, tomé la mano de mi esposo y nos dirigimos a la habitación de hotel que era nuestra. En el ascensor, nos abrazamos y nos besamos de manera posesiva y nos manoseábamos a través de nuestros trajes.

-Estaba esperando este momento.- susurré en el oído de mi marido, para posteriormente morderle el lóbulo.

-Francis, te deseo tanto darling.- sentí que gemía brevemente y al llegar a nuestra suit, nos devoramos salvajemente.

Pusimos el letrero de "no molestar" en la manilla de la puerta, la cerramos y nos volvimos a besar.

-Francis, ¿cuándo fue la última vez que estuvimos así?- preguntó entre medio de los besos.

-No recuerdo, pero necesito tenerte.- murmuré desesperadamente.

En ese instante dejamos de hablar y nuestros cuerpos expresaron lo que nuestras bocas, las cuales estaban ocupadas en los besos y en gemir, no podían decir. Nos quitamos rápidamente los trajes, quedando solo en ropa interior.

No quería ingresar inmediatamente en su trasero, así que procedí a chupar su pene como hace mucho tiempo no había hecho. Una sinfonía de gemidos comenzó a salir de la boca de mi esposo. Siempre dije que me encantaba escuchar a Arthur rendirse ante mis provocaciones.

-More…- fue lo único entendible que pude escuchar de sus labios.

Seguí succionando por un buen rato, hasta que acabó en mi boca. Tragué su semen y después lamí la corrida que salía por las comisuras de mi boca.

-Francis.- murmuró el inglés con un tono bastante sugerente.

Lo que relataré ahora es algo que primera vez en los 4 años que llevamos juntos hacía. Me sentó en la cama, sacó su reproductor de música y colocó una canción bastante sensual. Lo siguiente que hizo fue provocarme con un baile erótico.

En medio de los movimientos, me hizo tocarle el abdomen, el pecho y las nalgas, para que empezara a dilatarlo. Debo admitir que mi miembro estaba bastante duro y esas pequeñas cosas que hacía, lo estimulaban aún más.

-Francis, ¿quieres entrar tan duro en mí como para dejarme invalido?- esa frase me hizo levantarme de la cama, cargarlo y dominar la situación.

-Mon amour, solo diré que si no puedes caminar, es tu culpa.- sonreí sensualmente, lo besé y lo arroje a la cama.

En ese momento, se acomodó de espalda, poniendo su culo en alto para que pudiese penetrarlo. No me hice esperar mucho, ya que no aguantaba después de todo lo que había hecho.

Entré con mucha fuerza, haciendo que mi esposo gimiera muy fuerte. Después de preguntar si estaba listo, comencé a embestirlo con mucha fuerza debido a que mi excitado amigo no había recibido estimulación directa, pero eso no importaba, porque el ver a ese hombre era lo único que necesitaba para activarlo y empezar la acción.

A medida que la velocidad de mis penetraciones se hacía más fuerte, él comenzaba a gemir más audiblemente y eso me hacía sonreír más. En medio del acto, tomé su mano que se aferraba con fuerza a las sábanas de la cama.

-Je t'aime Arthur.- susurré en su oído, en el momento que supe que no duraría más.

No recibí respuesta por parte de mi esposo, pero la forma en que arqueaba la espalda y en que sentía que estaba llegando a su orgasmo, era una respuesta afirmativa a mi amor.

Seguí más fuerte y más duro que antes, así ambos llegamos a nuestro orgasmo y a terminar. Arthur respiró agitadamente y me besó luego de eso.

-Eso fue fantástico.- murmuró agotado.

-A mí también me encantó.- respondí alegre.

-Desde que Peter está en la casa, no podemos hacerlo de manera bulliciosa.- rió y se acomodó en la almohada.- I love you and everything you are.

-Je t'aime aussi.- respondí y lo abracé mientras entraba en los brazos de Morfeo.

Ese fue el comienzo de una vida llena de placeres (además del sexo), de momentos intensos, de problemas y soluciones, pero lo más importante, de una vida feliz junto a Arthur Kirkland Bonnefoy, mi esposo.

~FIN~


¡ESPERO TE HAYA GUSTADO!

¿Qué puedo decir al respecto? ¡FINALMENTE SE CASARON! -tira confeti(?)- Así que este extra refleja ese deseo de la boda que tenía Arthur y que por culpa de los miedos de Francis no pudo concretar. Además, quise resolver algunas cosas que supuse que quedarían a la deriva si no lo hacía, así que por eso resultó un extra más largo.

Como siempre digo, sus reviews me ayudan a continuar la historia y a tener una perspectiva del lector. Nuevamente, lamento mucho haber retrasado este extra un año, pero habían pasado cosas en mi vida muy complejas y la verdad es que no tenía ganas de escribir historias de amores felices. Pero, el año pasado fue un año grandioso y conocí lo que era salir con chicos por primera vez, déjenme decirles que no es la gran cosa y que hay un mar de hombres extraños XDD Prefiero concentrarme en esto ahora. Si leen aún mi fic, se los agradezco mucho y nuevamente pido disculpas al respecto.

Ahora comentaré los reviews del extra anterior. Los de este extra, al ser el último, prometo comentarlos en PM, así que espero con ansias sus comentarios.

Gatita-yaoi: ¡Hola! ¿Cómo estás? Espero que bien. Bueno, comenzaré a comentar el review que me diste. Primero que todo, muchas gracias por leer mis fics y por indicar este como tu favorito. Espero que mis futuros trabajos te sigan encantando al igual que este. Con respecto a la boda de Antonio y Lovino, pensé que había sido poco cursi, me alegra haberme equivocado. Espero me comentes como has estado, como ha sido tu año y esas cosas que he descuidado un poco, claro si te interesa compartir opiniones. Un abrazo muy grande y espero leerte en otro fic.

NoeNoel: ¡Hola! ¿Cómo has estado? ¿Cómo va tu vida? Perdón, pero los extraterrestre me llevaron nuevamente a la party hard intergaláctica y por eso estoy aquí un año después DD: Pero, como compensación, hice el extra final más largo. Espero me disculpes por la demora. Nuevamente, me alegra saber que te encanta mi historia y la manera en que narro a los personajes (siempre creí que los narraba mal porque no era cannon, sino que también añadía cosas de mi cosecha XDD) Obviamente, si estoy subiendo el extra final a estas alturas, es porque no se me había hecho fácil seguir escribiendo, pero siempre dije que iba a terminar este fic y cumplí mi promesa. Para comentarte, el año pasado terminé mis estudios escolares y este año comenzaré la Universidad (aun no lo puedo creer, como uno crece DD:) entré a un programa de estudios en Agosto que me ayudó en ello y es por eso que también me costaba desvelarme y escribir (nunca lo dije, pero hago los fics de noche XDD). Así que el año pasado en cierto aspecto estuve muy ocupada y concentrada en cumplir mi sueño de poder ingresar a la educación superior e.e Como bien dijiste, este es el final definitivo de este fic, espero que no te sientas tan vacía y que puedas disfrutar de mis siguientes proyectos (que como estaré llena de estudio, creo que voy a actualizar muy poco DD:) Nuevamente, muchas gracias por seguir el fic hasta aquí, las muestras de cariño y el apoyo que me has brindado hasta ahora, de verdad eras una de las que me impulsaba a seguir escribiendo cada semana (cuando el fic era semanal DD: a este paso vas a querer matarme u.u) Mucho éxito en tu vida, en tus proyectos y en todos lo que te propongas, espero leerte en mis futuros proyectos. Un abrazo muy fuerte.

Dulcis Insania: No me acostumbro a escribirte con ese seudonimo, la verdad me acostumbré al BCharlotte. Espero te guste este extra, nos veremos en la Expo. Te quiero mucho.

Finalmente, puedo poner este fanfic "terminado". Muchas gracias a ustedes por darle siempre su apoyo incondicional y espero leer más de todos en mis futuros proyectos.

Sin más que decir, nos leemos en otros fics.

Au revoir.~