Como siempre para empezar perdón por la espera, pero cometí el error de reinstalarme el mass effect y cada vez que abro el ordenador soy incapaz de hacer nada que no sea jugar, gomen.
El verano pasó con una lentitud espantosa. Pansy se vio obligada a permanecer dentro de los límites de su mansión y sólo podía salir a los jardines delimitados por la alta reja de forja con setos que impedían la vista del interior, pero para su desgracia también funcionaban en la dirección opuesta y ni siquiera podía entretenerse viendo pasar a los viandantes. Trató de convencer a su padre para que le permitiese ir de nuevo al callejón Diagón pero fue totalmente imposible hacerlo entrar en razón, parecía que en unas semanas el mundo mágico había terminado de ponerse patas arriba y ella se había caído y había quedado apartada de todo aquello que le importaba.
Se pasó el verano viendo cómo conocidos y desconocidos, junto a su padre, desaparecían dentro del sótano y no volvían a salir en varios días, por lo menos no por la puerta principal. Ahora que Lucius Malfoy iba a pasar una buena temporada en Azkaban el nombre del Señor Parkinson sonaba con más fuerza en según qué círculos. Pansy sentía mucho resentimiento hacia su padre por su situación pero aún así no podía evitar sentirse muy asustada al verlo constantemente en peligro. Mientras, también podía ver a su madre frotarse las manos, pese al miedo que sentía, al notar cómo la importancia de su familia crecía día a día, por fin sus mayores ambiciones se estaban convirtiendo en una realidad.
Ella, en cambio, se sentía como una cría pequeña incapaz de ir a la tienda de la esquina sin llevar escolta. La frustración la cegaba, se sentía inútil, se sentía sola, se sentía rabiosa y por encima de todo se sentía triste al tener que permanecer alejada de su pequeña leona, más aún sabiendo que el apestoso Weasley podía gozar de su presencia día tras día mientras ella se marchitaba encerrada entre las cuatro paredes de su mansión.
"Una bonita jaula dorada es exactamente igual que una húmeda cárcel de piedra y hierro. Tengo más comodidades pero sigo sin tener libertad." Pensaba a menudo con amargura, mientras recorría los pasillos a toda velocidad, como un león enjaulado.
La crispación podía respirarse dentro del hogar de los Parkinson. Las peleas entre sus padres eran constantes, casi tanto como las broncas que tenía ella con su madre, y aunque menos frecuentes pero mucho más temibles, eran los enfrentamientos que sostenía con su padre. En las ocasiones en las que se generaba una pelea entre ellos dos parecía que bajaba la temperatura y aumentaba la penumbra en toda la casa, pese a que no se escuchaba ni un solo grito, tampoco se escuchaba ningún otro ruido o voz, casi como si el hogar de la familia Parkinson se hubiese quedado completamente vacío de repente. Tanto su madre como todos los elfos domésticos desaparecían y contenían el aliento esperando a que el momento tenso pasase pronto y pudiesen volver a la normalidad.
Unos días antes de terminar el verano llegó una lechuza mientras Pansy desayunaba sola en la cocina, el animal planeó por la amplia estancia hasta posarse frente al bol lleno de cereales de la joven morena, alargó la pata para permitir a la receptora que cogiese su pergamino y se marchó. Pudo ver el membrete de Hogwarts estampado en la cera que lo lacraba y supo inmediatamente el contenido, nerviosa rompió el lacre y abrió el pergamino rogando por que las notas fuesen buenas.
Astronomía:Excede expectativas (E)
Cuidado de criaturas mágicas: Excede expectativas (E)
Encantamientos: Excepcional (O)
Defensa contra las artes Oscuras: Excede expectativas (E)
Herbología: Excepcional (O)
Historia de la magia: Aceptable (A)
Pociones: Excepcional (O)
Transformaciones: Excepcional (O)
Runas antiguas: Aceptable (A)
Adivinación: Aceptable (A)
"Ninguna T, supongo que éso es bueno." Sonrió mentalmente.
Suspiró al ver que tenía una buena cosecha de excepcionales en sus notas, sobre todo en las asignaturas más importantes y en las tres únicas en las que constaba un aceptable no le importaban lo más mínimo, eran marías que no le iban a servir para cursar una carrera en el futuro cercano. Su padre llegó y la felicitó por sus buenas notas mientras su madre le dio el sermón concentrándose en las no tan buenas. Ella siempre había sentido debilidad por la adivinación, desde pequeña jugaba a intentar adivinar quién sería su futuro marido, la fortuna que tendría al casarse, los hijos que tendría y los maridos y mujeres que éstos tendrían algún día, etc... En cambio Pansy no tenía la más mínima curiosidad por la adivinación y la consideraba como una mera patraña.
Al recibir las notas Pansy se empeñó en que tenían que ir a comprar al día siguiente aunque su padre no parecía muy dispuesto a ello. Pero la joven insistió hasta que acabó por convencerlo, sabía que Hermione iría a comprar al día siguiente de recibir las notas, con un poco de suerte podría tropezarse con ella entre tienda y tienda. Así que al día siguiente junto a su padre y un montón de consejos a seguir entre los que se incluían "no te separes de mí y si lo haces acude lo más rápido posible al Caldero Chorreante", pudo comprobar el cambio que se había producido en la, normalmente, alegre y concurrida calle. Ya había notado un cambio importante durante su paseo el día que se fue a visitar a Hermione al principio del verano, los escaparates estaban deslucidos y no había tanta gente caminando por la calle pero no era nada comparado con el pesar que se respiraba en la actualidad.
Las calles estaban prácticamente vacías, no había nadie caminando sin compañía, la gente hacía sus compras a toda velocidad y miraba constantemente por encima del hombro, los rostros permanecían serios y en los ojos se podía ver pintado el terror, los ventanales de las tiendas estaban cubiertos por panfletos de los mortífagos que habían escapado de Azkaban y por los Consejos de Seguridad del Ministerio de Magia y los tenderetes con amuletos falsos y demás supercherías se habían multiplicado por diez.
Desde el momento en que se habían aparecido por la chimenea del Caldero Chorreante su padre le había agarrado la mano y no le permitía soltarse, antes de salir ya le había dicho que iba a tener que ir con él a todas partes y por lo que se veía estaba más que dispuesto a cumplir su amenaza.
"Pues vaya una mierda, aunque la vea no voy a poder acercarme ni a cinco metros de ella." Pensó con fastidio. Desde luego que, después de todo el verano aislada del mundo, se conformaba con poder verla de lejos aunque fuese pero si pudiese acercarse a ella y hablarle sería mucho mejor. "O no, a lo mejor no me puedo contener y me tiro encima suyo." Sonrió para sus adentros.
Caminó a la velocidad del rayo tomada de la mano de su padre hasta Madam Malkin para hacerse unas túnicas nuevas, la imagen ante todo. Estaban terminando de hacer el pedido cuando la puerta se abrió y aparecieron Draco Malfoy y Narcissa Malfoy con su cara de asco habitual o incluso mayor. Caminó por la tienda como si fuese el dueño hasta que se encontró de morros con Pansy que le dedicó su mejor mirada de indiferencia.
-¡Parkinson!- Exclamó claramente sorprendido, Pansy notó la desaprobación en su padre sin siquiera mirarlo.
-Malfoy.- Respondió ella sin dejar translucir si se alegraba o no de verlo allí. -Señora Malfoy.- Le hizo una pequeña inclinación de cabeza a la mujer de Lucius a modo de saludo que ella no devolvió, se había tomado incluso peor que su hijo que lo mandase a tomar viento, aunque nunca había sido demasiado cariñosa con ella. El único gesto que hizo la pálida mujer de reconocimiento hacia Pansy fue un bufido despectivo, la joven notó la ira de su padre a su lado pero era consciente de que nadie más en la tienda lo había hecho.
-¿Qué haces aquí Pansy? Creía que tenías prohibido salir a la calle.- Se burló el rubio de ella.
-¡Oh, no!- Contestó con un gesto de la mano. -Debes de haberme confundido con tu padre.- Inmediatamente los Malfoy se giraron y le dedicaron una intensa mirada de ira homicida que ambos Parkinson mantuvieron de forma impasible sin dejar translucir sus emociones.
-Cuidado con lo que dices, Parkinson.- La amenazó, bajando la voz a apenas un murmullo, acercando su rostro al de Pansy intentando ser amenazador.
-Ten cuidado tú con a quién intentas insultar, Malfoy.- Le contestó sin dejarse intimidar, hacía falta mucho más que un niño malcriado para ponerla nerviosa.
-No tienes ni idea de nada.- La voz del rubio apenas era audible.
-Tú tampoco la tendrías si tu padre no se hubiese dejado atrapar.- El señor Parkinson salió en defensa de su hija. -Él no fue el único que estuvo en el Ministerio, pero sí fue de los que permitieron que los atrapasen, sin siquiera obtener una respuesta satisfactoria.- El corazón de Pansy saltó dentro de su pecho, no tenía la menor idea de que su padre había estado en el Departamento de Misterios del Ministerio de Magia la noche que se reveló la vuelta del Señor Tenebroso, pero no dejó que su rostro la delatara. Por lo que acababa de decir su padre, no sólo había estado allí si no que había conseguido algunas respuestas.
Tanto Draco como Narcissa temblaban de pies a cabeza de la rabia, en cambio, frente a ellos los Parkinson eran la viva imagen de la tranquilidad y la autoconfianza.
-Narcissa.- Saludó el señor Parkinson con la cabeza. -Draco.- Cogió la mano de su hija y ambos salieron de la tienda con la cabeza alta. Los Malfoy los siguieron con una mirada torva hasta que padre e hija abandonaron el local.
-Ahora que vas a comenzar un nivel superior de pociones necesitarás reunir ingredientes y un caldero nuevo.- Dijo el señor Parkinson cuando salieron de la tienda, tratando de desviar el tema.
-¿Por qué no me dijiste que estabas en el Ministerio?- Exigió saber Pansy soltando su mano y cruzándose de brazos.
-No te hacía falta saberlo.- El señor Parkinson se puso en jarras, en ese mismo momento no tenía la paciencia ni las ganas para tratar el tema.
-Creía que confiabas en mí.- Le reprochó frunciendo el ceño y con la voz peligrosamente baja, con los ojos clavados en los de su padre y sin pestañear.
-Lo hago, pero no eres más que una niña.- El tono de su padre también había sufrido un drástico bajón y aunque no perdía de vista a su airada hija, tampoco dejaba de controlar que no se acercase nadie a ellos, no podía permitir que nadie que pasase accidentalmente escuchase su conversación.
-Ya no soy una niña.- La furia en su voz era cada vez más clara.
-Cierto.- Concedió su padre. -Pero eres mi única hija, siempre serás una niña para mí.-
-Y tú eres mi padre y tampoco quiero que te pase nada.- Soltó Pansy mirando a los ojos verdes de su padre. -No soy ninguna niña y tal vez podría ayudarte más de lo que tú te crees.-
-Ya hablaremos.- Dijo por fin el señor Parkinson tras meditar durante unos momentos las palabras de su hija, la cogió de la mano con firmeza y la llevó hacia el callejón Knockturn.
-¿No íbamos a por los materiales para mis pociones?- Preguntó extrañada, su padre no le contestó si no que continuó caminando hacia Borgin y Burkes. Abrió la puerta y entraron ambos todavía sin haber pronunciado una sola palabra.
Se acercó al señor Borgin que inmediatamente comenzó a hacer leves reverencias a su padre mientras le saludaba, el dueño de la tienda repugnaba profundamente a Pansy, estaba segura de que cuando le volvían la espalda poco menos que les escupía.
-Buenos días, señor y señorita Parkinson.- Su sonrisa era casi tan aceitosa como su cabello. -Ya tenemos preparado su pedido, ¿quiere llevárselo usted ahora?-
-No.- Desdeñó su padre con sequedad. -Envíamelo a casa, como siempre.- Se acercó al hombre y le tendió una pequeña bolsa de galeones que desapareció con rapidez dentro de la túnica del tendero. -El joven Malfoy vendrá pronto a hacerte algunas consultas, quiero que hagas todo lo que esté en tu mano para ayudarle, ¿está claro?- Pansy aguzó el oído. -Obviamente no debes decirle lo que te acabo de pedir ni lo que te acabo de dar.-
"¿Por qué puede tener tanto interés mi padre en mini Malfoy?" Su mente era un hervidero, sólo cabía una explicación posible para ella pero no quería aceptarla, pese a ser un niñato engreído su padre no quería que tuviese que acabar como el señor Malfoy e iba a protegerlo cuanto estuviese en su mano. "La única posibilidad de que quiera ayudarlo sin que él se entere es que ya sea un mortífago más, que le hayan impuesto la marca, y le hayan asignado alguna misión que no puedan permitirse que falle."
Siguió a su padre y al comerciante con una falsa mirada de hastío pero sin perder una sola palabra que escapaba de sus labios. Para su desgracia no hubo más información útil y se tuvo que conformar con sus cábalas porque su padre no le explicó nada una vez hubieron salido de la pequeña tienda.
La arrastró de la mano hacia el Boticario del callejón Diagón y la ayudó a comprar todo lo necesario para el nuevo curso. Cuando salieron de la tienda, con su padre siempre asiendo su mano con firmeza, vio una caterva de melenas pelirrojas por la calle e inmediatamente se puso alerta pero ni eran todas las cabezas pelirrojas que debían ni iban acompañados por una cabellera morena y otra castaña de modo que perdió todo el interés en los Weasley y comenzaron el camino hacia Flourish y Blotts para comprar los libros de texto. Allí se encontró con Ginny pero ni siquiera se atrevió a mirarla a los ojos porque su padre estaba justo a su lado, aunque la joven pelirroja pareció entender lo que quería sin cruzar ninguna palabra.
-Mamá, cuando Harry, Ron y Hermione vengan de Madam Malkin, ¿podremos ir a ver la tienda de Fred y George?- Preguntó en voz alta a su madre mientras pasaba por detrás de ella.
-Claro cariño.- Concedió la voz de su madre desde el fondo del pasillo.
"Mierda, ya hemos ido a por las túnicas con tanta suerte que en vez de encontrarme a Hermione he tenido que ver al idiota del Malfoyao y viendo el enfrentamiento no verbal de mi padre con el señor Weasley creo que ir a la tienda de sus hijos no es una opción." Se maldijo mentalmente mientras observaba la mirada gélida que se dirigían mutuamente su padre y el señor Weasley.
-Vámonos papá.- Dijo, cogiendo la mano de su padre. -Ya tengo mis libros y de repente ha empezado a oler raro.-
-Vamos pequeña P.- Asintió su padre dejándose llevar por primera vez en toda la mañana. -Venga, ya lo tenemos todo, vámonos a casa.- Ordenó su padre una vez salieron de la librería.
Justo en ése momento apareció el trío dorado y Pansy pudo ver a su castaña por primera vez desde el principio del verano, sin poderlo evitar se quedó mirándola más fijamente de lo que había pretendido en un primer momento. Se dio cuenta de que a su padre no le había pasado desapercibido aquel pequeño momento de debilidad aunque lo único que había visto era cómo observaba al trío de amigos con intensidad, rápidamente se recompuso y se recolocó su máscara despectiva.
-¡Mierda! El jodido niño que vivió.- Dijo en un murmullo tratando de desviar la atención sobre el verdadero motivo de su desconcierto.
-No hables así pajarito, no es digno de tu clase.- Le contestó su padre pero a ella no se le escapó la mirada escrutadora que le dirigía mientras hablaban. Por fortuna Hermione o no la vio o hizo como que no la veía y no empeoró la situación sin quererlo.
-Sí, papá.- Obedeció. -¡Córcholis! El molesto niño que vivió.- Exclamó. -¿Así mejor papá?- Su padre reía a carcajadas su ocurrencia.
-No sé qué decirte, casi prefiero cómo lo has dicho la primera vez.- Pansy sonrió, le encantaba hacer reír a su padre, ella era la única que podía lograrlo con cierta facilidad. -Vámonos a casa, todavía hay mucho que hacer.- Dijo yendo a toda velocidad hacia la entrada del callejón.
Salieron al Caldero Chorreante y se fueron a casa echando un puñado de polvos flu en la chimenea. Aparecieron en su mansión y Pansy comenzó el camino hacia su habitación para dejar y empezar a ordenar todos los paquetes pero el señor Parkinson la detuvo.
-Pans, deja eso, ya se encargarán los elfos domésticos.- Le ordenó. Confusa Pansy dejó las bolsas sobre los sillones y se quedó mirando a su padre con extrañeza. -Ven conmigo.-
Comenzó a caminar a largas zancadas hacia la puerta del sótano de la casa con su hija un paso detrás, lanzó un hechizo silencioso al ladrillo que actuaba como resorte y de repente una boca negra se abrió ante ellos como si fuese a devorarlos, a Pansy nunca se le había permitido bajar allí y cuando llegó al umbral se detuvo, mirando a su padre dubitativa.
-¡Lumos! Vamos.- Exclamó haciéndole un gesto con la mano. -Confío en ti, eres mi pequeña mujercita.- Sonrió mirándola con cariño. -Aunque esto no va a ser más que el principio y te aseguro que no va a ser agradable. Aunque si no estás preparada podemos posponerlo, de hecho podemos hacerlo indefinidamente.- De repente pareció que su padre no estaba del todo seguro de lo que quería hacer. -¿Quieres que lo dejemos para otro día?-
Pansy negó con la cabeza lentamente, sintiendo como si un ejército de mariposas le revoloteasen en el estómago, sólo había estado más nerviosa una vez en su vida y había sido en la casa de los gritos junto a Hermione. Tomó aire y empezó a bajar las escaleras de caracol justo detrás de su padre que iba con la varita en alto. A sus espaldas la puerta se cerró sola sobresaltando a la joven bruja que se asió con fuerza a la túnica de su padre.
Bajaron durante lo que a Pansy le pareció una eternidad hasta que por fin su pie enfundado en su calzado escolar se posó con delicadeza sobre el frío suelo de piedra de la estancia.
-Luminare.- Murmuró su padre y todas las antorchas de la estancia se encendieron de golpe con una llama verdosa, además tenían unas pantallas de cristal de color verde que hacían que se proyectasen unas sombras escalofriantes.
La estancia era enorme y la pared izquierda estaba totalmente repleta de armarios cerrados con llave y probablemente más de un hechizo, mientras que la del fondo y la derecha tenían cientos de estanterías con miles de libros, aunque Pansy sospechaba que su padre no guardaba allí los artículos más peligrosos y aún así estaba convencida de que todo lo que había podía ser muy comprometedor para él. Probablemente no sabría justificar su pertenencia si alguien encontraba todo aquello, pero no era fácil desvelar los secretos del señor Parkinson.
Su padre caminó delante de ella hacia una de las dos puertas que había entre las librerías de la derecha, la abrió y reveló un pequeño despacho mucho más modesto que el que tenía en la planta superior, justo encima de aquella habitación. Lo único que había dentro de aquella habitación era una mesa y tres sillas muy austeras. Pansy se sentó enfrente de la que debía ser la silla de su padre, detrás del escritorio, pero para su sorpresa decidió sentarse a su lado.
-Muy bien.- Dijo, se le veía nervioso. Se recostó todo lo que le permitió la silla y se cruzó de brazos. -Me has pedido que confíe en ti, no pensaba contarte nada pero creo que ya eres lo suficientemente mayor como para empezar a contarte las cosas. Así que te voy a confiar el menos comprometedor de mis secretos, si no estás preparada para escucharlo sólo tienes que decírmelo, una vez lo sepas no habrá vuelta atrás. Es el que más te atañe y si sabes manejarlo posiblemente te confiaré más.- Pansy asintió con la cabeza pero no dijo nada, había cruzado las piernas y se dedicaba a juguetear con el bajo de su pantalón. -Allá vamos. Para empezar, tú eres consciente de que tu madre y yo no nos queremos ¿cierto?- La joven asintió con pesar. -Mientras estaba en Hogwarts conocí a la mujer de mi vida, y te aseguro que ella no era tu madre. Era una chica inteligente, simpática y muy hermosa. Todo lo contrario que tu madre.- Sonrió. -Yo estaba completamente loco por aquella chica y me parecía que yo no le era completamente indiferente por lo que siempre tuve un pequeño resquicio de esperanza, por lo menos hasta que se lo dije a tu abuelo y él trató de concertar la boda.-
-¿Concertar la boda? ¿Sin ser novios ni nada?- Se extrañó Pansy. -¿Y quién era ella?-
-Todo a su tiempo, pajarito. Y sí, concertar la boda. Eran otros tiempos y las cosas eran muy distintas entonces. Le dije a tu abuelo quien creía que iba a ser una gran esposa para mí y él fue a hablar con sus padres que, simplemente me rechazaron como yerno. La nuestra es una familia muy antigua pero actualmente está... de capa caída. Yo no era suficiente para su hija, pese a que ella también le había hablado de mí a sus padres pero ya sabes, la posición antes que los sentimientos. Por eso es por lo que acabé casado con tu madre, ella viene de una familia más joven al menos en comparación con la nuestra, pero menos obsoleta y muy pujante. Fue duro para ella tener que conformarse conmigo porque aspiraba a muchísimo más, pero el mejor matrimonio, según los estándares de su familia, lo hizo su hermano mayor, Rodolphus.-
-El desequilibrado tío Rodolphus y la desquiciada de la tía Bellatrix.- Asintió. -Por lo menos ahora sé porqué mamá me odia.- Musitó Pansy, al señor Parkinson le habría gustado decirle que no era cierto pero no podía hacerlo sin faltar a la verdad, Pansy era una copia exacta de su padre tanto en el físico como en su personalidad. Ante el obligado silencio se limitó a observar las reacciones de su hija aunque ella no dejó entrever sus sentimientos al respecto. -¿Y quién era la otra chica?-
-Ella era... Black, Narcissa Black.- Contestó su padre, a Pansy le costó un segundo reparar en que se trataba de la madre de Draco Malfoy. -Estábamos muy enamorados pero a ella le impusieron el matrimonio con el pusilánime de Malfoy y a mi con tu madre. Una vez salimos de Hogwarts decidimos que no podíamos volver a vernos y nos separamos supuestamente para siempre, nos casamos cada uno con nuestros respectivos y nos olvidamos de que una vez fuimos felices con la persona que teníamos a nuestro lado. Todo iba bien hasta que un día nos encontramos por casualidad, Malfoy estaba lejos en una misión para el Señor Oscuro y pasó lo que no debía pasar, aquello que tratábamos de evitar al separarnos. Ella no era feliz con Malfoy y yo no lo era con tu madre, y sigo sin serlo, durante casi dos semanas nos vimos a diario.-
-Entonces, le has sido infiel a mamá con Narcissa Malfoy.- Dijo Pansy en voz baja tratando de asimilarlo. Su padre asintió.
-Nueve meses después, llegó Draco.- El señor Parkinson agachó la mirada y se puso intensamente rojo.
Pansy saltó en su silla como si una descarga eléctrica la hubiese recorrido, se puso de pie y la silla cayó con estrépito a su espalda aunque ella ni siquiera lo escuchó. La sangre había abandonado completamente su rostro y sus verdes ojos estaban abiertos como platos del asombro.
-¿Estás... diciendo lo que creo que estás diciendo?- Su padre asintió con la cabeza. -El repelente de Malfoy...- Dijo en voz alta. -¿Es mi hermanastro?- Bajó la voz al decir esto último. -Y, mamá y el señor Malfoy... ¿lo saben?- Su padre negó con la cabeza con pesar.
-El Señor Tenebroso se enteró de lo que había pasado, a menudo entra en nuestra mente para saber lo que pensamos, hacemos y decimos cuando él no se encuentra presente y acabó por descubrir mi pequeño secreto. En contra de todo lo que pensaba que iba a ocurrir, nos ayudó. Envió a Malfoy lejos cuando se acercó la hora del parto y se encargó de todo ya que el pequeño Draco nació con el pelo moreno y los ojos verdes.-
-¿En serio?- Preguntó Pansy sin terminar de comprender cómo su compañero de casa había acabado siendo rubio y con los ojos azules. -Habría sido una fotocopia de Potter, ¡oh! eso le encantaría.- Sonrió con maldad "Concéntrate que te dispersas." Se gritó a sí misma. -Pero cómo...-
-Al nacer los magos estamos tan ligados a las leyes de la genética como los muggles, pero con el suficiente tiempo y esfuerzo, a base de pociones y hechizos diarios, éso puede llegar a cambiar. Obviamente no podíamos hacer que el niño fuese asiático y pelirrojo, debíamos recurrir a los genes recesivos que en este caso eran los de su madre. El Señor Oscuro nos enseñó el modo de hacerlo y Narcissa se encargó de que el pequeño Draco recibiese sus "medicinas" a tiempo cada día y así en un año el cambio fue permanente, sólo su madre y yo vemos al pequeño moreno de ojos verdes cuando lo miramos.- Una nota de melancolía asomó a su voz por vez primera. -A veces pienso en lo que podría haber tenido junto a Narcissa, una mujer que me amase y dos hijos perfectos.-
Una chispa de celos encendió los ojos de Pansy que se sentó de nuevo cruzándose de brazos, casi le estaba diciendo que ella era su segundo plato, aquello con lo que había tenido que cargar y conformarse. Pero el señor Parkinson lo vio al momento y la sacó de su error.
-No me malinterpretes, pajarito. Ése niño es lo peor que he hecho en mi vida y créeme que he hecho cosas realmente malas, por suerte a los pocos meses llegaste tú para resarcirme de mi error. Mi pequeña niña perfecta, no puedes ni imaginarte lo orgulloso que estoy de ti.- Alzó la mano y le retiró un mechón de la cara. -Pero por desgracia ese niño repelente sigue siendo mi hijo, y sigue siendo mi deber mantenerlo a salvo. Aunque lo único que ha hecho Malfoy con él ha sido estropearlo y consentirlo. ¡Vamos! Ése pequeño idiota es tan fácil de leer como un libro abierto.-
-¿No usasteis protección? O sea, no se os ocurrió que éso podía pasar, ¿no sabéis nada de biología?-
-Ella me dijo que se encargaría de ello y yo la creí, ahora estoy seguro de que no era conmigo con quien quería usar protección contra el embarazo.-
-¿Yo no seré hija del jardinero, verdad?- Preguntó asustada.
-No.- Rió su padre. -Tú eres toda mía, te has quedado con todos mis genes.-
Pansy se removió inquieta en la silla, le gustaba saber que su padre se sentía orgullosa de ella pero no creía que lo estuviese si conociese realmente su forma de pensar, si supiese que su pequeña niña renegaba de todo aquello que su padre defendía con uñas y dientes. Estaba completamente confusa, no sabía cómo debía sentirse. Le gustaba que su padre le valorase pero no quería abandonar a Hermione, estaba impactada al saber que Draco era su medio hermano y se moría de ganas por restregárselo por la cara aunque era lo suficientemente inteligente como para saber que no debía abrir la boca, jamás.
"Menudo berenjenal." Pensó mientras las ideas iban y venían por su mente en un vendaval de información e imágenes confusas.
-Pero, vosotros queríais que nos casáramos... papá, eso es incesto.-
-Obviamente eran tu madre y Lucius quienes insistían en eso, no tienen ni idea de la realidad. Mientras fuisteis niños no me preocupé y cuando empezasteis a tener edad para que me preocupara le dejaste, dejándome muy aliviado.-
-Pero, ¿y lo que me dijo mamá el año pasado?- Su padre conocía el plan de su madre.
-No lo hicisteis, ¿verdad?- Preguntó su padre aunque parecía conocer la respuesta.
-No, pero podría haber pasado. Por lo menos ésa era la intención de mamá y desde luego la de Draco.- Ahora estaba enfadada por la pasividad de su padre.
-Yo no lo habría permitido. Habría hablado contigo antes, de haber sido necesario. Pero entonces ya no querías nada con Draco y me hubiese gustado verlo intentar obligarte a hacer algo que tú no querías.- Sonrió su padre con cariño. -Sé que sabes defenderte tú sola pero aún así yo siempre estaré detrás.- Afirmó. -No dejaré que nadie se acerque a ti en contra de tu voluntad pero también tengo que dejar que aprendas a defenderte tú sola.-
"Ya me daba asco entonces, sabiendo lo que sé ahora no sé si seré capaz de mirarlo a la cara sin reírme."
-Pues... ahora ya lo sabes.- Concluyó el señor Parkinson, Pansy asintió débilmente con la cabeza, todavía tratando de asimilarlo todo. -Pero, todavía hay algo más que debo pedirte.-
La joven alzó la cabeza todavía más confusa.
-Verás, creo que Draco está metido en un buen lío y me gustaría que velases por él, eres la única persona en la que confío lo suficiente como para pedirte algo así. Sé que su madre está intentando obtener ayuda por su lado aunque no sé por parte de quién.- Se hizo un breve silencio entre ambos. -Siempre puedes decirme que no, lo aceptaré sin ningún problema.-
Pansy abrió la boca para protestar pero inmediatamente la cerró de nuevo, esto era lo que había pedido sin saberlo, ésa era la consecuencia de que su padre confiase en ella. Sabía que no iba a ser fácil, que tendría que ver y escuchar cosas que no le gustarían pero nunca había llegado a imaginar algo así y si ése era el menor de los secretos de su padre no estaba segura de querer saber el resto.
"¡Oh, por Merlín! Pero cómo voy a cuidar de Malfoy y Hermione a la vez. Son conceptos opuestos, ¡es imposible! No tienes ni idea de lo que me estás pidiendo, papá." Se quedó en silencio pensando, mientras su padre esperaba con paciencia, comprendiendo lo difícil que era para su pequeña toda aquella situación aunque él tampoco tenía ni idea de los secretos de su hija.
"Bueno, siempre puedo intentarlo, si se da una situación comprometida la decisión está clara."
-¿Y bien?- Preguntó tras el prolongado silencio.
Por toda respuesta Pansy simplemente sacudió la cabeza afirmativamente.
-Gracias pequeña P.- Su padre se levantó y le dio un fuerte abrazo. -Si ves que te compromete demasiado, déjamelo a mi. No quiero que corras ningún riesgo, tú eres lo primero para mí.- La joven volvió a sacudir la cabeza, le cogió la mano a su padre y ambos abandonaron el lúgubre sótano.
Pues bueno, esto es lo que pasa cuando la única neurona que me queda se pone a patinar en ese yermo espacio en blanco que yo llamo cerebro y decide ponerse creativa en horas de trabajo, espero que os haya gustado y no haberme metido en un jardín del que me sea imposible salir con un poco de dignidad, nos leemos.
