CAPÍTULO 24
—¿Quién es Tania, Edward?, ¿Qué significa esa mujer para ti?, —Volvió a preguntar Isabella.
Edward suspiró y llevando las manos a su cabeza se mesó el pelo preparándose para darle una explicación.
—Tania…, Tania fue mi pareja durante ese tiempo que estuve en Nueva York. Estuvimos juntos, todo iba bien, o al menos eso creía yo. —Edward estudiaba el rostro de Bella conforme iba avanzando en su relato—. Un día cuando llegué de un viaje la encontré en la cama con otro.
Bella no pudo ocultar su gesto de sorpresa.
—Ahí no acaba todo —Continuó él—. La persona con la que me estaba engañando era James Witherlade, mi mejor amigo y socio.
—¡Dios mío, Edward! —Bella se acercó a él, pero en un gesto involuntario, Edward interpuso su mano frenándola. Nunca había soportado que le tuvieran lástima, y no quería que ella reaccionara así.
—No lo sientas, Bella. Ya no duele. Hace años sí. —Tomó su mano y la acercó a él—. James era como un hermano para mí y Tania…, hasta hace bien poco creí haber estado enamorado de ella como un tonto, pero en realidad lo único que me unía a ella era el deseo que despertó en mí. Yo era un joven ambicioso y superficial, me dejé llevar por su belleza y sus coqueteos. Carlisle y Esme supieron ver la verdad desde un principio, pero no les hice caso. James y Tania eran mi única familia en Nueva York, confié en ellos y me traicionaron.
—Debió ser tan duro…, —Bella estaba perdida bajo la mirada de Edward. Lo tenía ante ella como hacía mucho que deseaba, a corazón abierto, desnudando su alma ante ella.
—Demasiado. Me marché de allí dejando todo por lo que había luchado. Vendí mi parte del negocio y me largué sin dar explicaciones. Llegué aquí y mis tíos me acogieron con los brazos abiertos. No quise dar explicaciones, en el fondo mi orgullo estaba herido. Él único que sabe a ciencia cierta lo que pasó es Emmet y Carlisle creo que intuye algo, pero nunca me ha dicho nada. Todos respetaron mi silencio. Llegué destrozado emocionalmente, cada vez que alguien me preguntaba me ponía hecho una furia y eso creo que fue lo que les incentivó a no preguntar.
—Pero, entonces…, ¿Por qué Rosalie se comporta así? —Preguntó Bella.
—Porque ella no sabe nada, Emmet puede ser muchas cosas, pero jamás revelará un secreto que le hayas confiado. Rosalie y Tania, en cierto modo eran…, "amigas". Cuando se conocieron, entablaron algo así como una amistad. Aunque no se veían mucho sé que mantenían contacto por teléfono e imagino que cuando todo pasó la llamó para contarle su versión de la historia. Nunca me ha echado nada en cara hasta hoy.
—Eso tampoco es justo, Edward.
—Me da igual. Lo único que me importa de Rosalie es que haga feliz a mi primo, aunque nunca he llegado a comprender como pudo enamorarse de ella. Probablemente, él sea el único que conoce a la verdadera Rosalie.
—Dices que hasta hace poco pensaste que te habías enamorado ella…, pero que descubriste que nuca fue así, ¿Cuándo…?, —Preguntó Bella.
—¿Cuándo descubrí que jamás la había amado?, —Dijo Edward al tiempo que le acariciaba el rostro.
Isabella asintió esperando su respuesta.
—Cuando descubrí lo que es estar enamorado de ti, Bella. —Notó como la chica se estremecía entre sus brazos—. Te amo, Bella.
Edward la miró a los ojos al tiempo que pronunciaba sus últimas palabras. Quería que viera a través de él la sinceridad de sus sentimientos.
—Tú…, tú… ¿Me amas? —Preguntó Isabella intentando controlar todas las emociones que estaba a punto de desbordar su cuerpo.
—Te amo, —Repitió él—. Te amo, profunda e intensamente Bella. Te amo con todo mi ser, te amo…. —No pudo continuar porque los labios de ella se apoderaron de su boca. Edward le correspondió el beso tomando el ritmo. Se abrió paso con su lengua entre los labios de ella y con sus manos apresó su cara. Quería que con ese beso le quedara claro que para él no solo era pasión y lujuria. Quería demostrar que su sola presencia hacía que su corazón se desbocara, que en su mente ella estaba presente todo el día y que sin ella volvería al estado catatónico en el que se había encontrado hasta el momento en el que ambos chocaron en ese camino. La agarró por la cintura y la sentó en el capó del coche. Colocándose entre sus piernas, continuaron besándose de manera pausada hasta que la falta de aire les hizo separarse.
—Te amo —Volvió a repetir Edward sonriendo contra sus labios.
—Vas a tener que repetirlo muchas veces hasta que me lo crea. —Bromeó ella.
—Haré mucho más que eso, te lo demostraré a cada segundo. —Edward descendió por su cuello depositando suaves besos y mordiscos. Notó como las manos de Bella sostenían su rostro y lo alzaban para que la mirara.
—¿Estás seguro?, —Preguntó seriamente.
—Completamente. —Y el tono en el que lo dijo no dejó lugar a dudas.
—¿Puedo hacer una última pregunta?, —Habló ella tímidamente al tiempo que jugueteaba con el botón del cuello de su camisa.
—Dispara.
—La visita de James… ¿Tiene algo que ver con eso?
Edward había estado esperando y temiendo esa pregunta a partes iguales. No podía contarle que seguía casado con Tania cuando tan solo hacía unos segundos que le había declarado su amor. Sabía que no estaba actuando correctamente pero no había marcha atrás.
—Sí y no. —Respondió y ante el rostro confundido de ella se apresuró a explicar— Como te he dicho cuando abandoné Nueva York lo hice corriendo, pensaba que estaba todo zanjado, pero al parecer aún hay algunas cosas pendientes. Por eso ha venido, desde que me marché no he vuelto a tener contacto con él hasta ahora. Hay algunos asuntos laborales que tenemos que finalizar. Según él está arrepentido de lo que pasó, pero ya le dejé claro que en lo personal no hay nada más que hacer.
—¿Y con Tania?, ¿Has vuelto a tener contacto con ella?
—No. Y tampoco me interesa. Hace años ella decidió que todo terminara y por mi parte eso acabó ese mismo día. —Mentirle no le hacía feliz, pero el único contacto que quería tener con Tania era para que firmara los papeles del divorcio, pero eso no se lo podía decir—. Mi presente y mi futuro eres tú, Bella. Nosotros, mi familia y este rancho. Nada más.
—Nosotros, —Aseguró ella.
—Tú y yo, nadie más. —Repitió él. Volvió a besarla, y allí, apoyados en el coche, bajo un cielo estrellado, se olvidaron del tiempo perdidos solamente en ellos dos.
๗๗๗
La vida en el rancho continuaba. Para Edward el haberle confesado sus sentimientos a Bella por fin, había supuesto un gran paso. Cada día tenía más claro que su futuro estaba con ella. Aun así, no podía desechar el resquemor que le provocaba ocultar el tema del divorcio.
El día después de la cena recibió dos llamadas. La primera fue de su tía Esme. Quería saber cómo se encontraban, en especial Bella y disculparse una vez más por lo ocurrido. La segunda fue de su primo. Emmet se disculpó en nombre se Rosalie.
Aunque Edward sabía que la iniciativa no había partido de ella, la conocía y el orgullo de esa mujer le impedía reconocer que se estaba equivocando. Emmet le confesó la monumental bronca que había tenido con su mujer nada más llegar a casa. Rosalie había reconocido mantener cierto contacto con Tania a lo largo de estos años y aunque juraba no saber nada de ella desde hace más de uno, Emmet sospechaba que había algo más. Por el momento el tema le había llevado a estar durmiendo en el sofá y a hablar con su esposa justamente lo necesario.
—Emmet, tienes que arreglarlo. —Aconsejó Edward a su primo por teléfono—. Esto no puede afectar a tu matrimonio. Estás loco por Rosalie y ella por ti, y aunque no entiendo ni comparto su comportamiento ella te hace feliz. Olvídate de lo mío y arregla las cosas con tu esposa.
—No, Edward. Esto ha llegado a su límite. Adoro a Rosalie con todo mi corazón, pero tiene que entender que tú eres mi familia, y la manera que tuvo de comportarse en la casa de Esme fue una falta de respeto hacia ella, que ha sido una segunda madre para mí, y hacia ti, que eres como mi hermano. Entiendo que pueda tener aprecio a Tania como amiga, pero la familia es lo primero y si me quiere tiene que aceptarlo.
—Como tú veas, pero ya sabes, si necesitas cualquier cosa aquí estoy.
—Lo sé. —Una risa burlona se escuchó al otro lado de la línea.
—¿De qué te ríes?, —Preguntó Edward.
—De ti, tío. El estar enamorado te está convirtiendo en un sensible. ¿Quién lo iba a decir? Al final, la fachada esa de ogro se está rompiendo.
—¡Púdrete, Emmet!, —Se despidió de él.
Desde ese día, había hablado un par de veces más con él. Las cosas con Rosalie seguían poco más o menos, pero estaba seguro de que tarde o temprano lo terminarían arreglando.
Bella estaba preocupada por la situación, más por Emmet que por Rosalie, pues si antes de la cena la relación era tensa, podría decirse que a partir de ese día las ganas de entablar cierta cordialidad con ella habían desaparecido por completo.
Entre ellos, por el contrario, todo iba viento en popa. Vivían envueltos en una nube de felicidad. Edward se había percatado que Charlie, de vez en cuando, continuaba mirándolo como si lo evaluara. Y tenía que reconocer que le daba un poco de respeto pensar que estaba trabajando para su suegro.
El parentesco entre Charlie e Isabella seguía siendo de desconocimiento público. En un principio, habían pensado interrogar a sus tíos sobre si habían conocido a Renné cuando fueron a su casa, pero sus planes se vieron truncados.
Esa mañana, Edward junto a Seth, Sam, Charlie y algunos trabajadores más, se encontraban dirigiendo a una parte del ganado hasta el arroyo.
—Están demasiado nerviosos. —Se dirigió Sam a él que se encontraba a lomos de Alistair.
—Eso parece. Será mejor que nos demos prisa antes de que se alteren más. Se acerca la época de apareamiento y ya sabes el mal genio que se gastan alguno de estos animales. —Explicó él.
Los hombres empezaron a reagrupar a la manada para redirigirla hacia su destino. A Edward se le hizo ver un movimiento extraño tras unas peñas, pero entre la polvareda que estaban levantando los animales y el resto de hombres a caballo moviéndose de un lado hacia otro no pudo ver con nitidez de lo que se trataba.
Un par de minutos después todo se precipitó. Él, se encontraba cerca de esa zona cuando de repente tres disparos desencadenaron el infierno. Alistair se encabritó ante el sonido haciéndolo caer al suelo, al tiempo que otra ráfaga de disparos se escuchó. Edward, atontado por el golpe reaccionó a tiempo antes de ver como su caballo se alzaba sobre dos patas y amenazaba con caer sobre él. Rodó sobre sí mismo evitando ser golpeado por el caballo, aunque no pudo evitar golpearse contra una roca. En ese momento fue consciente del dolor lacerante que se abría paso en su tórax; llevó la mano hasta la zona y descubrió como un reguero de sangre brotaba de la zona derecha de su pecho.
—¡Edward!, ¡Edward!, —La voz de Charlie se escuchaba a lo lejos.
Intentó incorporarse de manera torpe, pero recibió una coz que lo devolvió al suelo. Desde allí pudo ver como los animales desbocados estaban por todos lados. Sam y el resto intentaban cercarlos evitando que se acercaran a él.
Charlie y Seth consiguieron abrirse paso y llegar hasta él. El primero descabalgó arrodillándose a su lado para comprobar su estado, mientras que Seth intentaba controlar a Alistair que aún se encabritaba cerca de él. Había conseguido refugiarse entre dos rocas para evitar volver a ser golpeado.
—¡Edward!, ¡Edward, hijo!, ¿Estás bien? —Preguntó Charlie, pero le bastó acercarse para observar el reguero de sangre que bañaba su camisa.
—¡Joder!, ¡El disparo te ha alcanzado! —Se apresuró a taponar la herida al tiempo que comprobaba sus constantes vitales.
—Vi…no…de…allí. —Consiguió hablar no sin esfuerzo.
—¡Tranquilo, hijo!, ¡No te esfuerces!, —Intentó calmarlo Charlie—. ¡Qué alguien llame a una ambulancia!
—Los…dis…paros, Char..lie, allí..—Señaló con la cabeza.
—¡Seth!, ¡Ve en esa dirección con algunos hombres por si ves algo!, ¡Sam, ven a ayudarme!, ¡Estamos demasiado lejos para que llegue la ambulancia!, ¡Ayúdame a montarlo para llevarlo al rancho! —Ordenó Charlie de manera autoritaria.
—¡No creo que sea buena idea, Charlie!, —Intervino Sam—, ¡Podemos hacerle daño!
—¡Si no lo movemos se desangrará! —Charlie se quitó la camisa e improvisó un vendaje. Entre los dos consiguieron montarlo en el caballo. Charlie sostenía su cuerpo al tiempo que iniciaba el galope hacia la casa sin perder de vista la herida por la que aún vendada, continuaba manando sangre.
Edward cada vez estaba más pálido, un sudor frío empezó a recorrer su frente.
—¡Aguanta hijo!, ¡Aguanta!, ¡Ya estamos llegando! —Repetía Charlie para calmarse a sí mismo.
Sam les había adelantado para llamar al equipo médico. A medida que Charlie se iba acercando, era consciente de las personas que había arremolinadas en la entrada. Los trabajadores se reunían expectantes esperando su llegada, pero sin duda había dos figuras que permanecían adelantadas en el grupo: Bella y Emliy.
Bella echó a correr hacia ellos en cuanto observó que el jinete era Charlie y la persona que se encontraba entre sus brazos era Edward. Cuando Sam llegó a la casa no dio muchas explicaciones, solamente dijo que se había producido un accidente y que Charlie venía en camino.
—¡Edward!, ¡Edward!, ¡Oh, Dios mío!, ¿Qué ha pasado?, —Gritaba entre sollozos. Ayudó a Charlie a desmontar al tiempo que depositaban a un inconsciente Edward en el suelo.
—¡No!, ¡No, no, no!, ¡Por favor, cariño, mírame!, ¡Abre los ojos, mi amor! —Las lágrimas de Bella caían sobre el rostro de Edward. Sus manos ensangrentadas intentaban taponar la herida de Edward.
—Bella, hija, ¡Cálmate!, ¡Va a estar bien!, ¡Te prometo que va a estar bien! —La consolaba Charlie.
La ambulancia llegó y rápidamente se dedicaron a atender a Edward. Lo pasaron a una camilla y poniendo una mascarilla de oxígeno en su cara lo trasladaron a la parte trasera de la ambulancia mientras que evitaban que se desangrara.
—No podéis venir con él, deberéis seguirnos en un coche. —Explicó el enfermero.
Desconsolada, Bella lloraba acurrucada en los brazos de Emily mientras observaba como la ambulancia se alejaba.
—Bella, vamos en mi coche. —Charlie la sostuvo y la condujo hasta el asiento. Ella se movía de manera automática. De lo único que era consciente es que Edward iba inconsciente en la ambulancia. Emily aprovechó ese momento para entrar corriendo en la casa y traer una camisa limpia para Charlie, pues la suya, estaba bañada de sangre tirada en el suelo.
—¡No puede morirse, Charlie!, ¡No puede dejarme!, —Repetía Bella llorando.
—¡No lo hará, hija!, Edward es fuerte y saldrá de esta. —Charlie intentaba consolarla mientras aceleraba para no perder de vista a la ambulancia. Con sus palabras intentaba reconfortar a su hija, aunque ni él mismo estaba seguro de que lo que decía fuera verdad.
¡Menudo final de capitulo!
Por fin Edward ha confesado su historia con Tania, aunque se ha dejado en el tintero una parte importante.
¿Quién habrá disparado? ¿Qué pasará con Edward? Veremos en el próximo capítulo que pasa cuando llegue al hospital.
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Espero leer vuestros comentarios.
Un saludo
Nos seguimos leyendo.
