Neville había caído en desgracia. La profesora McGona gall estaba tan furiosa con él que le había suprimido las fu turas visitas a Hogsmeade, le había impuesto un castigo y había prohibido a los demás que le dieran la contraseña para entrar en la torre. El pobre Neville se veía obligado a esperar cada noche la llegada de alguien con quien entrar, mientras los troles de seguridad lo miraban burlona y desagradable mente. Ninguno de aquellos castigos, sin embargo, era ni sombra del que su abuela le reservaba; dos días después de la intrusión de Black, envió a Neville lo peor que un alumno de Hogwarts podía recibir durante el desayuno: un vocife rador.
Las lechuzas del colegio entraron como flechas en el Gran Comedor; llevando el correo como de costumbre, y Ne ville se atragantó cuando una enorme lechuza aterrizó ante él, con un sobre rojo en el pico. Harry y Ron, que estaban sen tados al otro lado de la mesa, reconocieron enseguida la car ta. También Ron había recibido el año anterior un vocifera dor de su madre. Lily lo veía intrigada, ella y Harry habían hablado en privado y reconocieron que podían leerle la mente al otro sin mucho esfuerzo, al ver la reacción de su hermano y Ron ante la carta de Neville la chica se quedo intrigada y tras ver se puso molesta, ya hablaría con el después.
—¡Cógelo y vete, Neville! —le aconsejó Ron.
Neville no necesitó oírlo dos veces. Cogió el sobre y, sujetándole como si se tratara de una bomba, salió del Gran Comedor corriendo, mientras la mesa de Slytherin, al verlo, estallaba en carcajadas. Oyeron el vociferador en el vestíbu lo. La voz de la abuela de Neville, amplificada cien veces por medio de la magia, gritaba a Neville que había llevado la vergüenza a la familia.
Harry estaba demasiado absorto apiadándose de Neville para darse cuenta de que también él tenía carta. Hedwig llamó su atención dándole un picotazo en la muñeca, Lily al ver esto solo negó con la cabeza, hay que ver como era su hermano.
—¡Ay! Ah, Hedwig, gracias.
Harry rasgó el sobre mientras Hedwig picoteaba entre los copos de maíz de Neville. La nota que había dentro decía:
Queridos Harry y Ron:
¿Os apetece tornar el té conmigo esta tarde, a eso de las seis? Iré a recogeros al castillo. ESPERADME EN EL VESTÍBULO. NO TENÉIS PERMISO PARA SALIR SOLOS.
Puedes traer a tu hermana si deseas Harry, no me enojare por eso.
Un saludo,
Hagrid
—Probablemente quiere saber los detalles de lo de Black —dijo Ron.
-o quizás quiere ver que tan dura tienen la cabeza para ver la verdad de las cosas- comento Lily- o puede ser por el hipogrifo, -menciono- de todas formas voy con los dos, sin importar que sea esto no me lo pierdo –completo con una sonrisa un tanto maquiavélica que solo Harry noto,.- puedo ir verdad hermanito –cuestiono a Harry con carita de perrito- por fis –añadió
-está bien Lily, pero no te apartes de nosotros –fue lo único que pudo comentar el ojiverde ante esto.
- "se ve hermosa" – pensaban varios desde otras mesas
Así que aquella tarde, a las seis, Harry, Lily y Ron salieron de la torre de Gryffindor, pasaron corriendo por entre los troles de seguridad y se dirigieron al vestíbulo. Hagrid los aguar daba ya.
—Bien, Hagrid —dijo Ron—. Me imagino que quieres que te cuente lo de la noche del sábado, ¿no?
—Ya me lo han contado —dijo Hagrid, abriendo la puer ta principal y saliendo con ellos. –Hola Lily me alegra que vinieras.
—Vaya —dijo Ron, un poco ofendido.
-gracias Merlin –susurro Lily viendo al cielo.
Lo primero que vieron al entrar en la cabaña de Hagrid fue a Buckbeak, que estaba estirado sobre el edredón de re tales de Hagrid, con las enormes alas plegadas y comiéndose un abundante plato de hurones muertos. Al apartar los ojos de la desagradable visión, Harry vio un traje gigantesco de una tela marrón peluda y una espantosa corbata amarilla y naranja, colgados de la puerta del armario.
—¿Para qué son, Hagrid? —preguntó Harry.
—Buckbeak tiene que presentarse ante la Comisión para las Criaturas Peligrosas —dijo Hagrid—. Será este viernes. Iremos juntos a Londres. He reservado dos camas en el autobús noctámbulo...
Harry se avergonzó. Se había olvidado por completo de que el juicio de Buckbeak estaba próximo, y a juzgar por la incomodidad evidente de Ron, él también lo había olvidado. Habían olvidado igualmente que habían prometido que lo ayudarían a preparar la defensa de Buckbeak. La llegada de la Saeta de Fuego lo había borrado de la cabeza de ambos. Noto que su hermana no estaba en las mismas que ellos y sospechaba que ella había estado ayudando en algún momento.
Hagrid les sirvió té y les ofreció un plato de bollos de Bath. Pero los conocían demasiado bien para aceptarlos. Ya tenían experiencia con la cocina de Hagrid.
—Tengo algo que comentaros —dijo Hagrid, sentándose entre ellos, con una seriedad que resultaba rara en él.
—¿Qué? —preguntó Harry.
—Hermione —dijo Hagrid.
—¿Qué le pasa? —preguntó Ron.
—Está muy mal, eso es lo que le pasa. Me ha venido a visitar con mucha frecuencia desde las Navidades. Se encuen tra sola. Primero no le hablabais por lo de la Saeta de Fuego. Ahora no le habláis por culpa del gato.
-Y yo que soy el adorno de la túnica –comento Lily un poco ofendida.
- no pequeña tu estas bien –le dijo Hagrid rápidamente para contentarla
—¡Se comió a Scabbers! —exclamó Ron de malhumor.
-deja de ser un maldito egoísta que solo piensa en su propio sufrimiento –exclamo Lily defendiendo a su amiga.
—Lily tranquila yo me encargo –menciono el semi-gigante a la chica, volteo a ver al pelirrojo y le hablo- ¡Porque su gato hizo lo que todos los gatos! —Prosiguió Hagrid—. Ha llorado, ¿sabéis? Está pasando momentos muy difíciles. Creo que trata de abarcar más de lo que pue de. Demasiado trabajo. Aún encontró tiempo para ayudarme con el caso Buckbeak. Por supuesto, me ha encontrado algo muy útil... Creo que ahora va a tener bastantes posibi lidades... y Lily no se queda atrás, ella ha estado ayudando también y tratando de mantener a Hermione calmada y bien -añadió
—Nosotros también tendríamos que haberte ayudado. Hagrid, lo siento —balbuceó Harry- perdón Lily –le menciono a su hermana
-disculpa aceptada hermano –menciono a la vez que se acercaba a abrazarlo
—¡No os culpo! —dijo Hagrid con un movimiento de la mano, y sonriendo por dentro ante el cariño que se tenían los hermanos Potter, (bueno mas bien la chica a su hemano)—. Ya sé que habéis estado muy ocupados Os he visto entrenar día y noche. Pero tengo que deciros que creía que valorabais más a vuestra amiga que a las escobas o las ra tas. Nada más. —Harry y Ron se miraron azorados—. Sufrió mucho cuando se enteró de que Black había estado a punto de matarte, Ron. Hermione tiene buen corazón. Y vosotros dos sin dirigirle la palabra... Lily puede estar con ustedes en ocasiones pero por lo que me ha comentado no encontraba la forma de hacerles entender.
-te dije que son tercos los dos –menciono la menciona sonriendo calmadamente.
—Si se deshiciera de ese gato, le volvería a hablar —dijo Ron enfadado—. Pero todavía lo defiende. Está loco, y ella no admite una palabra en su contra.
—Ah, bueno, la gente suele ponerse un poco tonta con sus animales de compañía —dijo Hagrid prudentemente.
-mira quien fue ha hablar –susurro la joven Potter.
Buckbeak escupió unos huesos de hurón sobre la al mohada de Hagrid. Pasaron el resto del tiempo hablando de las crecientes posibilidades de Gryffindor de ganar la copa de quidditch. A las nueve en punto, Hagrid los acompañó al castillo. Cuando volvieron a la sala común, un grupo numeroso de gente se amontonaba delante del tablón de anuncios.
—¡Hogsmeade el próximo fin de semana! —dijo Ron, es tirando el cuello para leer la nueva nota por encima de las cabezas ajenas—. ¿Qué van a hacer? —preguntó a Harry en voz baja, al sentarse.
—Bueno, Filch no ha tapado la entrada del pasadizo que lleva a Honeydukes —dijo Harry aún más bajo.
- y tenemos la capa de invisibilidad de papa y el mapa del merodeador. – menciono en voz baja la pelirroja, con una sonrisa traviesa en el rosto.
—Harry —dijo una voz en su oído derecho. Harry se so bresaltó, Lily contuvo la sonrisa. Ambos hermanos se volvió y vio a Hermione, sentada a la mesa que tenían detrás, por un hueco que había en el muro de libros que la ocultaba—, Harry, si vuelves otra vez a Hogsmeade... le contaré a la profesora McGonagall lo del mapa. Y tu Katherine, creía que eras más sensata que tu hermano. -Menciono viendo a la chica
- me corrompieron –contesto esta a forma de disculpa.
—¿Oyes a alguien, Harry? —masculló Ron, sin mirar a Hermione.
-este es mas idiota de lo que pensaba –comento para sí misma y en voz baja la hermana del Niño que Vivió.- se compondría si le pegara muy fuerte en la cabeza –se cuestiono- mejor no, no vaya hacer que su madre me quiera pegar por dañarlo, aunque vienen defectuoso de la fabrica –añadió y solo la castaña llego a escucharla, a pesar de eso no pudo evitar lanzarle un comentario al chico de cabello rojo
—Ron, ¿cómo puedes dejarle que vaya? ¡Después de lo que estuvo a punto de hacerte Sirius Black! Hablo en serio. Le contaré...
—¡Así que ahora quieres que expulsen a Harry! —dijo Ron, furioso—. ¿Es que no has hecho ya bastante daño este curso?
Hermione abrió la boca para responder, pero Crookshanks saltó sobre su regazo con un leve bufido. Hermione se asustó de la expresión de Ron, cogió a Crookshanks y se fue corriendo hacia los dormitorios de las chicas.
—Entonces ¿qué les parece? —preguntó Ron a Harry, como si no hubiera habido ninguna interrupción—. Venga, la última vez no viste nada. ¡Ni siquiera has estado todavía en Zonko!
-Ronald eres un idiota, insensible y estúpido peor de lo que pensé como le dices esto a mi mejor amiga. –le grito Lily mientras salía rumbo al dormitorio de chicas para darle apoyo y consuelo a su amiga.
Harry miró a su alrededor para asegurarse de que Her mione no podía oír sus palabras:
—De acuerdo —dijo—. Pero esta vez cogeré la capa invisible.
El sábado por la mañana, Harry metió en la mochila la capa invisible, guardó en el bolsillo el mapa del merodeador y bajó a desayunar con los otros. Hermione no dejaba de mirarlo con suspicacia, pero él evitaba su mirada y se aseguró de que ella lo viera subir la escalera de mármol del vestíbulo mien tras todos los demás se dirigían a las puertas principales, pero no contaba con que alguien más sabia de sus planes y estaba ahí para tratar de detenerlo o en su defecto unirse a él,
—¡Adiós, Harry! —le dijo en voz alta—. ¡Hasta la vuelta!
Ron se sonrió y guiñó un ojo. Harry subió al tercer piso a toda prisa, sacando el mapa del merodeador mientras corría. Se puso en cuclillas detrás de la bruja tuerta y extendió el mapa. Un puntito diminuto se movía hacia él. Harry lo examinó entornando los ojos. La mi núscula inscripción que acompañaba al puntito decía: «NE VILLE LONGBOTTOM.»
Harry sacó la varita rápidamente, musitó «Dissendio» y metió la mochila en la estatua, pero antes de que pudiera en trar por ella Neville apareció por la esquina:
—¡Harry! Había olvidado que tú tampoco ibas a Hogs meade.
—Hola, Neville —dijo Harry, separándose rápidamente de la estatua y volviendo a meterse el mapa en el bolsillo—. ¿Qué haces?
—Nada —dijo Neville, encogiéndose de hombros—. ¿Te apetece una partida de snap explosivo?
—Ahora no... Iba a la biblioteca a hacer el trabajo sobre los vampiros, para Lupin.
—¡Voy contigo! —dijo Neville con entusiasmo—. ¡Yo tampoco lo he hecho!
—Eh... ¡Pero si lo terminé anoche! ¡Se me había olvidado!
—¡Estupendo, entonces podrás ayudarme! —dijo Ne ville—. No me entra todo eso del ajo. ¿Se lo tienen que co mer o...?
Neville se detuvo con un estremecimiento, mirando por encima del hombro de Harry. Era Snape. Neville se puso rápidamente detrás de Harry.
—¿Qué hacéis aquí los dos? —dijo Snape, deteniéndose y mirando primero a uno y después al otro—. Un extraño lu gar para reunirse...
Ante el desasosiego de Harry, los ojos negros de Snape miraron hacia las puertas que había a cada lado y luego a la bruja tuerta.
—No nos hemos reunido aquí —explicó Harry—. Sólo nos hemos encontrado por casualidad.
—¿De veras? —dijo Snape—. Tienes la costumbre de aparecer en lugares inesperados, Potter; y raramente te en cuentras en ellos sin motivo. Os sugiero que volváis a la to rre de Gryffindor, que es donde debéis estar.
Harry y Neville se pusieron en camino sin decir nada. Al doblar la esquina, Harry miró atrás. Snape pasaba una mano por la cabeza de la bruja tuerta, examinándola deteni damente. Harry se las arregló para deshacerse de Neville en el retrato de la señora gorda, diciendo la contraseña y simu lando que se había dejado el trabajo sobre los vampiros en la biblioteca y que volvía por él. Después de perder de vista a los troles de seguridad, volvió a sacar el mapa.
El corredor del tercer piso parecía desierto. Harry exa minó el mapa con detenimiento y vio con alivio que la minús cula mota con la inscripción «SEVERUS SNAPE» estaba otra vez en el despacho. Echó una carrera hasta la estatua de la bruja, abrió la entrada de la joroba y se deslizó hasta encontrar la mochila al final de aquella especie de tobogán de piedra. Borró el mapa del merodeador y echó a correr, no noto que alguien estudio sus movimientos, y decidió esperarse un poco y planear una pequeña venganza por esto.
Completamente oculto por la capa invisible, Harry salió a la luz del sol por la puerta de Honeydukes y dio un codazo a Ron en la espalda.
—Soy yo —susurro.
—¿Por qué has tardado tanto? —dijo Ron entre dientes.
—Snape rondaba por allí.
Echaron a andar por High Street.
—¿Dónde estás? —le preguntaba Ron de vez en cuando, por la comisura de la boca—. ¿Sigues ahí? Qué raro resulta esto...
Fueron a la oficina de correos. Ron hizo como que miraba el precio de una lechuza que iba hasta Egipto, donde estaba Bill, y de esa manera Harry pudo hartarse de curiosear. Por lo menos trescientas lechuzas ululaban suavemente, desde las grises grandes hasta las pequeñísimas scops («Sólo entregas locales»), que cabían en la palma de la mano de Harry. Luego visitaron la tienda de Zonko, que estaba tan llena de estudiantes de Hogwarts que Harry tuvo que tener mu cho cuidado para no pisar a nadie y no provocar el pánico. Había artículos de broma para satisfacer hasta los sueños más descabellados de Fred y George. Ajeno a lo que el pensaba Lily haciendo uso de su recién descubierto contacto telepático veía todo atreves de sus ojos, deseando estar ahí, a la vez que se prometía vengarse de su hermano por olvidarla para esto. Harry susurró a Ron lo que quería que le comprara a la vez de que necesitaría su hermana a la cual se acordó no unió a esto, solo rezaba para que ella no le hiciera nada, ya que podía sentir la mente de ella maquinando algo en su contra y si de casualidad era malo, Merlín se apiadara de él, y le pasó un poco de oro por debajo de la capa. Salieron de Zonko con los monederos bastante más vacíos que cuando entraron, pero con los bolsillos abarrotados de bombas fétidas, dulces de hipotós, jabón de huevos de rana y una taza que mordía la nariz.
El día era agradable, con un poco de brisa, y a ninguno de los dos le apetecía meterse dentro de ningún sitio, así que siguieron caminando, dejaron atrás Las Tres Escobas y subieron una cuesta para ir a visitar la Casa de los Gritos, el edificio más embrujado de Gran Bretaña. Estaba un poco separada y más elevada que el resto del pueblo, e incluso a la luz del día resultaba escalofriante con sus ventanas cegadas y su jardín húmedo, sombrío y cuajado de maleza.
—Hasta los fantasmas de Hogwarts la evitan —explicó Ron, apoyado como Harry en la valla, levantando la vista ha cia ella—. Le he preguntado a Nick Casi Decapitado... Dice que ha oído que aquí residen unos fantasmas muy bestias. Nadie puede entrar. Fred y George lo intentaron, claro, pero todas las entradas están tapadas.
Harry, agotado por la subida, estaba pensando en quitarse la capa durante unos minutos cuando oyó voces cerca nas. Alguien subía hacia la casa por el otro lado de la colina. Un momento después apareció Malfoy, seguido de cerca por Crabbe y Goyle. Malfoy decía:
—... en cualquier momento recibiré una lechuza de mi padre. Tengo que ir al juicio para declarar por lo de mi bra zo. Tengo que explicar que lo tuve inutilizado durante tres meses...
Crabbe y Goyle se rieron.
—Ojalá pudiera oír a ese gigante imbécil y peludo de fendiéndose: «Es inofensivo, de verdad. Ese hipogrifo es tan bueno como un...» —Malfoy vio a Ron de repente. Hizo una mueca malévola—. ¿Qué haces, Weasley? —Levantó la vista hacia la casa en ruinas que había detrás de Ron—: Supongo que te encantaría vivir ahí, ¿verdad, Ron? ¿Sueñas con tener un dormitorio para ti solo? He oído decir que en tu casa dor mís todos en una habitación, ¿es cierto?
Harry sujetó a Ron por la túnica para impedirle que sal tara sobre Malfoy.
—Déjamelo a mí— le susurró al oído.
-mas te vale hacerle algo muy malo hermanito, sino ya verás cuando vuelvas -escucho la voz de Katherine en su cabeza.
La oportunidad era demasiado buena para no aprovecharle. Harry se acercó sigilosamente a Malfoy, Crabbe y Goyle, por detrás; se agachó y cogió un puñado de barro del camino.
—Ahora mismo estábamos hablando de tu amigo Ha grid —dijo Malfoy a Ron—. Estábamos imaginando lo que dirá ante la Comisión para las Criaturas Peligrosas. ¿Crees que llorará cuando al hipogrifo le corten...?
¡PLAF!
Al golpearle la bola de barro en la cabeza, Malfoy se in clinó hacia delante. Su pelo rubio platino chorreaba barro de repente.
—¿Qué demo. ..?
Ron se sujetó a la valla para no revolcarse en el suelo de la risa. Malfoy, Crabbe y Goyle se dieron la vuelta, mirando a todas partes. Malfoy se limpiaba el pelo.
—¿Qué ha sido? ¿Quién lo ha hecho?
—Esto está lleno de fantasmas, ¿verdad? —observó Ron, como quien comenta el tiempo que hace.
Crabbe y Goyle parecían asustados. Sus abultados músculos no les servían de mucho contra los fantasmas. Malfoy daba vueltas y miraba como loco el desierto paraje. Harry se acercó a hurtadillas a un charco especialmente sucio sobre el que había una capa de fango verdoso de olor nauseabundo.
¡PATAPLAF!
Crabbe y Goyle recibieron algo esta vez. Goyle saltaba sin moverse del sitio, intentando quitarse el barro de sus ojos pequeños y apagados.
—¡Ha venido de allá! —dijo Malfoy, limpiándose la cara y señalando un punto que estaba unos dos metros a la iz quierda de Harry
Crabbe fue hacia delante dando traspiés, estirando como un zombi sus largos brazos. Harry lo esquivó, cogió un palo y se lo tiró a Crabbe. Le acertó en la espalda. Harry retrocedió riendo en silencio mientras Crabbe ejecutaba en el aire una especie de pirueta para ver quién lo había arrojado. Como Ron era la única persona a la que Crabbe podía ver, fue a él a quien se dirigió. Pero Harry estiró la pierna. Crabbe tropezó, trastabilló y su pie grande y plano pisó la capa de Harry, que sintió un tirón y notó que la capa le resbalaba por la cara. Durante una fracción de segundo, Malfoy lo miró fijamente.
—¡AAAH! —gritó, señalando la cabeza de Harry
Dio media vuelta y corrió colina abajo como alma que llevara el diablo, con Crabbe y Goyle detrás. Harry se puso bien la capa, pero ya era demasiado tarde.
—Harry —dijo Ron, avanzando a trompicones y miran do hacia el lugar en que había aparecido la cabeza de su amigo—. Más vale que huyas. Si Malfoy se lo cuenta a alguien... lo mejor será que regreses rápidamente al castillo...
—¡Nos vemos más tarde! —le dijo Harry, y volvió hacia el pueblo a todo correr.
-si hace algo para causarte problemas hermanito, ten por seguro que no podrá vivir tranquilo por la próxima semana –menciono Katherine en su cabeza.
Harry no le presto mucha atención, en su mente zumbaban varias preguntas. ¿Creería Malfoy lo que había visto? ¿Creería alguien a Malfoy? Nadie sabía lo de la capa invisible. Nadie excepto Dumbledore. Harry sintió un retortijón en el estómago. Si Malfoy contaba algo, Dumbledore comprendería perfecta mente lo ocurrido. Volvió a Honeydukes, volvió a bajar a la bodega, por el suelo de piedra, volvió a meterse por la trampilla, se quitó la capa, se la puso debajo del brazo y corrió todo lo que pudo por el pasadizo... Malfoy llegaría antes. ¿Cuánto tiempo le costaría encontrar a un profesor? Jadeando, notando un pinchazo en el costado, Harry no dejó de correr hasta que alcanzó el tobogán de piedra. Tendría que dejar la capa donde antes. Era demasiado comprometida, en caso de que Malfoy se hubiera chivado a algún profesor. La ocultó en un rincón oscu ro y empezó a escalar con rapidez. Sus manos sudorosas resbalaban en los flancos del tobogán. Llegó a la parte interior de la joroba de la bruja, le dio unos golpecitos con la varita, asomó la cabeza y salió. La joroba se cerró y precisamente cuando Harry salía por la estatua, oyó unos pasos ligeros que se aproximaban.
Era Snape. Se acercó a Harry con paso rápido, produ ciendo un frufrú con la toga negra, y se detuvo ante él.
—¿Y..? —preguntó.
Había en el profesor un aire contenido de triunfo. Harry trató de disimular, demasiado consciente de que tenía el ros tro sudoroso y las manos manchadas de barro, que se apre suró a esconder en los bolsillos.
—Ven conmigo, Potter —dijo Snape.
Harry lo siguió escaleras abajo, limpiándose las manos en el interior de la túnica sin que Snape se diera cuenta. Ba jaron hasta las mazmorras y entraron en el despacho de Sna pe. Harry sólo había entrado en aquel lugar en una ocasión y también entonces se había visto en un serio aprieto. Des de aquella vez, Snape había comprado más seres viscosos y repugnantes, y los había metido en tarros. Estaban todos en estanterías, detrás de la mesa, brillando a la luz del fue go de la chimenea y acentuando el aire amenazador de la si tuación.
—Siéntate —dijo Snape.
Harry se sentó. Snape, sin embargo, permaneció de pie.
—El señor Malfoy acaba de contarme algo muy extraño, Potter —dijo Snape.
Harry no abrió la boca.
—Me ha contado que se encontró con Weasley junto a la Casa de los Gritos. Al parecer; Weasley estaba solo.
Harry siguió sin decir nada.
—El señor Malfoy asegura que estaba hablando con Weasley cuando una gran cantidad de barro le golpeó en la parte posterior de la cabeza. ¿Cómo crees que pudo ocurrir?
Harry trató de parecer sorprendido:
—No lo sé, profesor.
Snape taladraba a Harry con los ojos. Era igual que mi rar a los ojos a un hipogrifo: Harry hizo un gran esfuerzo para no parpadear.
—Entonces, el señor Malfoy presenció una extraordinaria aparición. ¿Se te ocurre qué pudo ser; Potter?
—No —contestó Harry, intentando aparentar una curio sidad inocente.
—Tu cabeza, Potter. Flotando en el aire.
Hubo un silencio prolongado.
—Tal vez debería acudir a la señora Pomfrey. Si ve cosas como...
—¿Qué estaría haciendo tu cabeza en Hogsmeade, Pot ter? —dijo Snape con voz suave—. Tu cabeza no tiene permi so para ir a Hogsmeade. Ninguna parte de tu cuerpo, en rea lidad.
—Lo sé —dijo Harry, haciendo un esfuerzo para que ni la culpa ni el miedo se reflejaran en su rostro—. Parece que Malfoy tiene alucina...
—Malfoy no tiene alucinaciones —gruñó Snape, y se in clinó hacia delante, apoyando las manos en los brazos del asiento de Harry, para que sus caras quedasen a un palmo de distancia—. Si tu cabeza estaba en Hogsmeade, también estaba el resto.
—He estado arriba, en la torre de Gryffindor —dijo Harry—. Como usted me mandó.
—¿Hay alguien que pueda testificarlo?
Harry no dijo nada. Los finos labios de Snape se torcie ron en una horrible sonrisa.
—Bien —dijo, incorporándose—. Todo el mundo, desde el ministro de Magia para abajo, trata de proteger de Sirius Black al famoso Harry Potter. Pero el famoso Harry Potter hace lo que le da la gana. ¡Que la gente vulgar se preocupe de su seguridad! El famoso Harry Potter va donde le apetece sin pensar en las consecuencias. Harry guardó silencio. Snape le provocaba para que re velara la verdad. Pero no iba a hacerlo. Snape aún no tenía pruebas.
—¡Cómo te pareces a tu padre! —dijo de repente Snape, con los ojos relampagueantes—. También él era muy arro gante. No era malo jugando al quidditch y eso le hacía creerse superior a los demás. Se pavoneaba por todas partes con sus amigos y admiradores. El parecido es asombroso.
—Mi padre no se pavoneaba —dijo Harry, sin poderse contener—. Y yo tampoco.
—Tu padre tampoco respetaba mucho las normas —pro siguió Snape, en sus trece, con el delgado rostro lleno de ma licia—. Las normas eran para la gente que estaba por deba jo, no para los ganadores de la copa de quidditch. Era tan engreído...
—¡CÁLLESE!
Harry se puso en pie. Lo invadía una rabia que no había sentido desde su última noche en Privet Drive. No le impor taba que Snape se hubiera puesto rígido ni que sus ojos ne gros lo miraran con un fulgor amenazante:
—¿Qué has dicho, Potter?
—¡Le he dicho que deje de hablar de mi padre! Conozco la verdad. Él le salvó a usted la vida. ¡Dumbledore me lo con tó! ¡Si no hubiera sido por mi padre, usted ni siquiera estaría aquí!
La piel cetrina de Snape se puso del color de la leche agria.
—¿Y el director te contó las circunstancias en que tu pa dre me salvó la vida? —susurró—. ¿O consideró que esos de talles eran demasiado desagradables para los delicados oídos de su estimadísimo Potter?
Harry se mordió el labio. No sabía cómo había ocurrido y no quería admitir que no lo sabía. Pero parecía que Snape había adivinado la verdad.
—Lamentaría que salieras de aquí con una falsa idea de tu padre —añadió con una horrible mueca—. ¿Imaginabas algún acto glorioso de heroísmo? Pues permíteme que te de sengañe. Tu santo padre y sus amigos me gastaron una broma muy divertida, que habría acabado con mi vida si tu pa dre no hubiera tenido miedo en el último momento y no se hubiera echado atrás. No hubo nada heroico en lo que hizo. Estaba salvando su propia piel tanto como la mía. Si su bro ma hubiera tenido éxito, lo habrían echado de Hogwarts.
Snape enseñó los dientes, irregulares y amarillos.
—¡Da la vuelta a tus bolsillos, Potter! —le ordenó de re pente.
Harry no se movió. Oía los latidos que le retumbaban en los oídos.
—¡Da la vuelta a tus bolsillos o vamos directamente al director! ¡Dales la vuelta, Potter!
Temblando de miedo, Harry sacó muy lentamente la bol sa de artículos de broma de Zonko y el mapa del merodeador. Snape cogió la bolsa de Zonko.
—Todo me lo ha dado Ron —dijo Harry, esperando tener la posibilidad de poner a Ron al corriente antes de que Sna pe lo viera—. Me lo trajo de Hogsmeade la última vez...
—¿De verdad? ¿Y lo llevas encima desde entonces? ¡Qué enternecedor...! ¿Y esto qué es?
Snape acababa de coger el mapa. Harry hizo un enorme esfuerzo por mantenerse impasible.
—Un trozo de pergamino que me sobró —dijo encogién dose de hombros.
Snape le dio la vuelta, con los ojos puestos en Harry.
—Supongo que no necesitarás un trozo de pergamino tan viejo —dijo—. ¿Puedo tirarlo?
Acercó la mano al fuego.
—¡No! —exclamó Harry rápidamente.
—¿Cómo? —dijo Snape. Las aletas de la nariz le vibra ban—. ¿Es otro precioso regalo del señor Weasley? ¿O es... otra cosa? ¿Quizá una carta escrita con tinta invisible? ¿O tal vez... instrucciones para llegar a Hogsmeade evitando a los dementores?
Harry parpadeó. Los ojos de Snape brillaban.
—Veamos, veamos... —susurró, sacando la varita y des plegando el mapa sobre la mesa—. ¡Revela tu secreto! —dijo, tocando el pergamino con la punta de la varita.
No ocurrió nada. Harry enlazó las manos para evitar que temblaran.
—¡Muéstrate! —dijo Snape, golpeando el mapa con energía.
Siguió en blanco. Harry respiró aliviado.
—¡Severus Snape, profesor de este colegio, te ordena en señar la información que ocultas! —dijo Snape, volviendo a golpear el mapa con la varita.
Como si una mano invisible escribiera sobre él, en la lisa superficie del mapa fueron apareciendo algunas palabras:
«El señor Lunático presenta sus respetos al profesor Snape y le ruega que aparte la narizota de los asuntos que no le atañen.»
Snape se quedó helado. Harry contempló el mensaje es tupefacto. Pero el mapa no se detuvo allí. Aparecieron más cosas escritas debajo de las primeras líneas:
«El señor Cor namenta está de acuerdo con el señor Lunático y sólo quisie ra añadir que el profesor Snape es feo e imbécil.»
Habría resultado muy gracioso en otra situación menos grave. Y había más:
«El señor Canuto quisiera hacer constar su estupefacción ante el hecho de que un idiota semejante haya llegado a profesor.»
Harry cerró los ojos horrorizado. Al abrirlos, el mapa ha bía añadido las últimas palabras:
«El señor Colagusano sa luda al profesor Snape y le aconseja que se lave el pelo, el muy guarro.»
Harry aguardó el golpe.
—Bueno... —dijo Snape con voz suave—. Ya veremos.
Se dirigió al fuego con paso decidido, cogió de un tarro un puñado de polvo brillante y lo arrojó a las llamas.
—¡Lupin! —gritó Snape dirigiéndose al fuego—. ¡Quiero hablar contigo!
Totalmente asombrado, Harry se quedó mirando el fue go. Una gran forma apareció en él, revolviéndose muy rápido. Unos segundos más tarde, el profesor Lupin salía de la chimenea sacudiéndose las cenizas de la toga raída.
—¿Llamabas, Severus? —preguntó Lupin, amablemente.-ha Harry aquí estas, Lily vino a mi oficina hace unos minutos preguntándome si sabia donde andabas dijo algo de que saliste de la torre hace unos minutos a buscar algo que te pidió y no habías vuelto, está preocupada. –comento tranquilamente.
-diablos me había olvidado de eso –menciono Harry rápidamente preguntándose de donde vino eso, pero de ser cierto le debía una a su hermana.
- y no dudes que me la pienso cobrar hermanito. –susurro su hermana en su mente.
—Sí —respondió Snape, con el rostro crispado por la fu ria y regresando a su mesa con amplias zancadas, pensando si seria cierto lo último que dijo Lupin con respecto a la chica. —. Le he dicho a Potter que vaciara los bolsillos y llevaba esto.
Snape señaló el pergamino en el que todavía brillaban las palabras de los señores Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta. En el rostro de Lupin apareció una expresión extraña y hermética.
—¿Qué te parece? —dijo Snape. Lupin siguió mirando el mapa. Harry tenía la impresión de que Lupin estaba muy concentrado—. ¿Qué te parece? —repitió Snape—. Este per gamino está claramente encantado con Artes Oscuras. Entra dentro de tu especialidad, Lupin. ¿Dónde crees que lo pudo conseguir Potter?
Lupin levantó la vista y con una mirada de soslayo a Harry, le advirtió que no lo interrumpiera.
—¿Con Artes Oscuras? —repitió con voz amable—. ¿De verdad lo crees, Severus? A mí me parece simplemente un pergamino que ofende al que intenta leerlo. Infantil, pero se guramente no peligroso. Supongo que Harry lo ha comprado en una tienda de artículos de broma.
—¿De verdad? —preguntó Snape. Tenía la quijada rígi da a causa del enfado—. ¿Crees que una tienda de artículos de broma le vendería algo como esto? ¿No crees que es más probable que lo consiguiera directamente de los fabricantes?
Harry no entendía qué quería decir Snape. Y daba la im presión de que Lupin tampoco.
—¿Quieres decir del señor Colagusano o cualquiera de esas personas? —preguntó—. Harry, ¿conoces a alguno de estos señores?
—No —respondió rápidamente Harry.
—¿Lo ves, Severus? —dijo Lupin, volviéndose hacia Snape—. Creo que es de Zonko.
En ese momento entró Ron en el despacho. Llegaba sin aliento. Se paró de pronto delante de la mesa de Snape, con una mano en el pecho e intentando hablar.
—Yo... le di... a Harry... ese objeto —dijo con la voz aho gada—. Lo compré en Zonko hace mucho tiempo...
—Bien —dijo Lupin, dando una palmada y mirando con tento a su alrededor—. ¡Parece que eso lo aclara todo! Me lo llevo, Severus, si no te importa —Plegó el mapa y se lo metió en la toga—. Harry, Ron, venid conmigo. Tengo que deciros algo relacionado con el trabajo sobre los vampiros. Discúlpanos, Severus.
Harry no se atrevió a mirar a Snape al salir del despa cho. Él, Ron y Lupin hicieron todo el camino hasta el vestí bulo sin hablar. Luego Harry se volvió a Lupin.
—Señor profesor; yo...
—No quiero disculpas —dijo Lupin. Echó una mirada al vestíbulo vacío y bajó la voz—. Da la casualidad de que sé que este mapa fue confiscado por el señor Filch hace muchos años. Sí, sé que es un mapa —dijo ante los asombrados Harry y Ron—. No quiero saber cómo ha caído en vuestras manos. Me asombra, sin embargo, que no lo entregarais, es pecialmente después de lo sucedido en la última ocasión en que un alumno dejó por ahí información relativa al castillo. No te lo puedo devolver; Harry. –comento- y reza porque tu hermana este calmada, aunque si saco el temperamento de tu madre mas te vale estar preparado, porque estoy seguro debe haber planeado algo por tu desaparición –menciono.
Harry ya lo suponía, y quería explicarse, aunque con el comentario de su hermana no pudo evitar que se le erizara la piel, tenía la sensación de que debería de ser algo muy malo.
—¿Por qué pensó Snape que me lo habían dado los fabri cantes?
—Porque... porque los fabricantes de estos mapas ha brían querido sacarte del colegio. Habrían pensado que era muy divertido.
—¿Los conoce? —dijo Harry impresionado.
—Nos hemos visto —dijo Lupin lacónicamente. Miraba a Harry más serio que nunca—. No esperes que te vuelva a encubrir; Harry. No puedo conseguir que te tomes en serio a Sirius Black, pero creía que los gritos que oyes cuando se te aproximan los dementores te habían hecho algún efecto. Tus padres dieron su vida para que tú siguieras vivo, Harry Y tú les correspondes muy mal... cambiando su sacrificio por una bolsa de artículos de broma, además tienes una hermana que depende completamente de ti, no te diré cuando, ni como, pero dentro de poco Lily confiara todo a ti, te necesitara para darle consejo o apoyarla en varias cosas que necesitara en un futuro próximo y tú ¿qué haces? Piensa Harry, tus padres ya no están aquí pero estoy seguro ellos esperan que veles por tu hermana en su lugar y tu como les pagas a los tres.
Se marchó y Harry se sintió mucho peor que en el despa cho de Snape. Despacio, subieron la escalera de mármol. Al pasar al lado de la estatua de la bruja tuerta, Harry se acor dó de la capa invisible. Seguía allí abajo, pero no se atrevió a ir por ella, no cuando las palabras del profesor seguían latentes en su cabeza, tenía razón Lily dependía de él para no perderse en el futuro.
—Es culpa mía —dijo Ron de pronto—. Yo te persuadí de que fueras. Lupin tiene razón. Fue una idiotez. No debi mos hacerlo.
Dejó de hablar. Habían llegado al corredor en que los troles de seguridad estaban haciendo la ronda y por el que Hermione avanzaba hacia ellos. Al verle la cara, a Harry no le cupo ninguna duda de que estaba enterada de lo ocurrido. Sintió una enorme desazón. ¿Se lo habría contado a la profe sora McGonagall?
—¿Has venido a darte el gusto? —le preguntó Ron cuan do se detuvo la muchacha—. ¿O acabas de delatarnos?
—No —respondió Hermione. Tenía en las manos una carta y el labio le temblaba—. Sólo creí que debíais saberlo. Hagrid ha perdido el caso. Van a ejecutar a Buckbeak. Tu hermana está muy mal por esto.
—Me ha enviado esto —dijo Hermione, tendiéndoles la carta. Harry la cogió. El pergamino estaba húmedo; las grue sas lágrimas habían emborronado tanto la tinta que la lec tura se hacía difícil en muchos lugares.
Queridas Hermione y Lily:
Hemos perdido. Me permitirán traerlo a Hog warts, pero van a fijar la fecha del sacrificio.
A Buckbeak le ha gustado Londres.
Nunca olvidaré toda la ayuda que nos has pro porcionado.
Hagrid
—No pueden hacerlo —dijo Harry—. No pueden. Buck beak no es peligroso.
—El padre de Malfoy consiguió atemorizar a la Comi sión para que tomaran esta determinación —dijo Hermione secándose los ojos—. Ya sabéis cómo es. Son unos viejos im béciles y los asustó. Pero podremos recurrir. Siempre se puede. Aunque no veo ninguna esperanza... Nada cambiará.
—Sí, algo cambiará —dijo Ron, decidido—. En esta oca sión no tendrás que hacer tú sola todo el trabajo. Yo te ayu daré.
—¡Ron!
Hermione le echó los brazos al cuello y rompió a llorar. Ron, totalmente aterrado, le dio unas palmadas torpes en la cabeza. Hermione se apartó por fin.
—Ron, de verdad, siento muchísimo lo de Scabbers —so llozó.
—Bueno, ya era muy viejo —dijo Ron, aliviado de que ella se hubiera soltado—. Y era algo inútil. Quién sabe, a lo mejor ahora mis padres me compran una lechuza.
-HARRY JAMES POTTER EVANS- se escucho de pronto, al mencionado se le fue el color.- tienes cinco segundo para entrar en la Sala Común, o ya verás de lo que soy capaz. –añadió.
- Hermione –menciono Harry- que tal esta el estado de ánimo de mi hermana. –cuestiono
-pues antes de saber lo de Hagrid está molesta, menciono algo de "Hermanos mayores que se desaparecen dejando solas a sus hermanas" y a la vez la escuche planeando algo para desquitarse –respondió está entre divertida y preocupada.- Solo sé que estas en serios problemas –añadio.
- no quisiera estar en tus zapatos compañero –menciono Ron asustado.
NOTA:
Hola lamento la tardanza pero he tenido complicaciones, y bloqueo de ideas, espero les guste esto por cierto acabo de recordar que de la primera encuesta que hice los resultado quedaron de la siguiente manera, la pregunta era
¿Con quién dejo a Bella/Lily?
Los resultados son
Edward Cullen 43%
Cedric Diggory 26%
Draco Malfoy 17%
que en uno de los años venideros antes de la batalla se le unan los tres pretendientes en el mismo lugar y luchen por conseguir su corazón. 8%
que cedric muera salvando a Lily y tras haber conseguido un puesto en su corazón que nuestro vampiro no Podrá llenar, y que Draco y Edward se batan a duelo por la chica 4%
Por lo tanto ya quedo definido su pareja pero eso no quiere decir que se la pondré al igual que otros escritores las cosas serán fáciles a Edward, tendrá muchos retos que pasar para conseguir su perdón.
De la segunda encuesta las cosas van así.
Crepúsculo-(Mighty Morphin Power Rangers, Mighty Morphin Alien Rangers, Power Rangers: Zeo, Power Rangers: Turbo, Power Rangers Dino Trueno) 60%(3 votos.)
Crepúsculo - Power Rangers: En el Espacio 40% (2 votos)
Crepúsculo - Power Rangers: Fuerza Mística 0%
Crepúsculo-Power Rangers: Samurai / Super Samurai 0%
Espero voten mas en esto
