Aquellos que se marchan:
—Yuki, despierta. Hemos llegado.
Zero la remeció con suavidad hasta que la vio abrir los ojos poco a poco. Un gemido de protesta salió de los labios de ella, seguramente al notar el dolor que le habría provocado la incómoda postura adoptada durante horas de estar semi sentada en el coche, aún así, cuando lo reconoció una pequeña sonrisa iluminó su rostro somnoliento.
—Sigo teniendo sueño —logró decirle ella con voz todavía un poco adormilada, sin embargo de repente levantó la cabeza de golpe para mirar por la ventanilla del coche—. ¡Hemos llegado! ¿Dónde…? —lo miró sorprendida—. ¿Eso es el mar?
Él también sonrió un poco al ver su sincero entusiasmo y le pellizcó cariñosamente la barbilla.
—Sí, es el mar. Y lo más probable es que durante los días que pasemos aquí haga un frío espantoso, así que no te pongas tan contenta —le ayudó a quitarse el cinturón de seguridad ya que a casusa del sueño Yuki aún estaba un poco torpe—. Es mejor que entremos en la casa. Son apenas pasadas las cinco y todavía podríamos dormir un poco antes de ponernos en movimiento, ¿te parece bien?
—No, no, no. Ya no tengo sueño, te lo prometo. No quiero irme a dormir —Yuki salió a toda prisa del coche y miró con curiosidad y genuina alegría a su alrededor mientras él la seguía de cerca—. ¡Dios mío, de verdad estamos en la playa, Zero!
Al oírla soltar una carcajada de puro deleite por aquel suceso tan simple, repentinamente tomó consciencia del hecho de que durante los últimos días en sus vidas habían existido muy pocas cosas que les causaran alegría. Demasiados problemas que solucionar, demasiados secretos entre ambos… Yuki le había dicho que volvía a ser el mismo chico triste de antes, sin embargo en ese instante podía decir con seguridad que lo que más le dolía era el hecho de que ella también hubiese perdido su alegría.
Siguiendo un impulso sujetó su mano para detener su ansioso andar y cuando ella se giró a mirarlo la atrajo hacia sí para envolverla entre sus brazos. Casi de inmediato la notó relajarse contra su cuerpo, satisfecha y confiada, quizás porque sus pesadillas no habían vuelto; quizás porque estar juntos la hacía en verdad feliz. Zero sabía que por lo menos él sí se sentía contento.
—Mmm, no quiero matar tu ilusión pero en verdad tenemos que dormir un poco más, Yuki. Yo sí estoy cansado —la besó en la coronilla cuando la oyó soltar un bufido de enfado—. Te prometo llevarte a dar un paseo más tarde, después que hayamos descansado, comido y puesto la casa en condiciones. ¿Te parece un trato junto?
Ella negó con vehemencia y levantó el rostro para mirarlo.
—Tenía catorce años y tú quince la última vez que vinimos juntos a la playa, ¿te acuerdas? Recuerdo que esas vacaciones te la pasaste metido en la casa a pesar de los muchos esfuerzos que papá y yo hacíamos por animarte. Estaba muy enfadada contigo por no cooperar con nosotros, Zero.
—Y yo con ustedes dos por haberme traído a la fuerza. Además no me dejabas en paz; por mucho que lo intentaba no podía librarme de ti —le recordó—. Eras una mandona insoportable.
—¿Por qué no vinimos nunca más? Después de ese verano… —un largo suspiro escapó entre sus labios. Algo debió haber visto en su expresión que la hiso mirarlo con ojos entrecerrados—. ¿Zero…?
—Bueno… he venido un par de veces con Kaito —reconoció él. No tenía motivos para sentirse culpable, pero ella parecía tan sorprendida e indignada que se sintió un poco mal.
—Has venido con Kaito —en los labios de Yuki, aquella confesión sonaba como un verdadero crimen—. Te viniste a pasar unos días con él y nunca me lo dijiste. ¿Por qué, Zero?
La sujetó de los hombros, instándola a que lo mirara a los ojos antes de comenzar a explicarle con paciencia.
—En primer lugar, porque no tenías ningún motivo para saber todo lo que hacía y dejaba de hacer. Nunca has sido mi dueña, ¿recuerdas? —al ver al terco gesto que adoptaron sus labios no pudo evitar sonreír. Seguramente se estaba mordiendo la lengua para no replicarle—. Lo segundo, es que la casa es de Yagari. Se la dejaron en parte de pago por un trabajo que hiso y nos pidió a nosotros que viniéramos a ver las condiciones en las que estaba porque él no tenía tiempo ni ganas. Luego solo he acompañado a Kaito algunas veces para ver que sigue entera y no hayan robado nada. No han sido precisamente unos días de vacaciones, sino que mas bien visitas esporádicas obligatorias.
—¿La nuestra también será una visita esporádica obligatoria? —le preguntó Yuki.
—No. Quizás tampoco sean unas vacaciones propiamente dichas pero nos vendrá bien pasar unos días lejos de los demás y así poder apartar un poco de nuestras cabezas los problemas que hemos tenido —trazó delicadamente con un dedo su labio inferior. Ella lo atrapó entre sus dientes provocándole una leve punzada de dolor—. Suelta —le pidió, aunque obviamente no le hiso caso y él tampoco insistió—. ¿No fuiste tú quien quería que pasáramos unos días nosotros dos solos?
Yuki asintió con ganas.
—Sí, y estoy muy contenta. Además, ¡me has traído a la playa! No me importa que sea invierno, creo que será igual de bonito.
Zero tenía que reconocer que su idea inicial de ir a ese sitio no había tenido nada que ver con el hecho de que Yuki se alegrara con su lugar de destino. Sabía que Yagari tenía la casa desocupada y no iba a ese sitio mientras pudiese evitarlo. Además, ni a Kaien ni a él se les ocurriría buscarlo allí en primer lugar cuando se enteraran de que se habían marchado. Tal vez, como Kaito lo previno, podrían llegar a sospechar, pero para ese entonces esperaba haber ganado un par de días y así haberles otorgado el tiempo suficiente a Kuran para solucionar el problema que necesitaba solventar y también para que Ichiru y su amigo pudieran reunir la información que necesitaba. Nadie tenía por que saber que se encontraban allí. Era un sitio seguro… De momento.
Y el hecho de que Yuki se sintiera feliz porque estuviesen allí, el verla tan complacida por algo tan simple, era una satisfacción añadida.
Durante las largas horas de viaje había pensado mucho en los problemas que habían surgido últimamente entre ambos. Quería solucionarlos, no solo porque detestaba la idea de estar enfadado con ella, sino que también porque tenían que presentar un frente unido ante lo que estuviera por venir. Cuando él había estado en sus peores momento, Yuki siempre había estado a su lado, sin importarle nada; quizás había llegado el momento en el que le tocaba retribuirle de la misma forma.
—Seguro —sujetó su rostro entre las manos. Acarició con delicadeza sus mejillas y la besó en los labios—. Ahora, y en vista que hemos llegado a un acuerdo, podrás ver la casa, que no es la gran cosa y luego descansaremos un poco y nos preparemos para el día que nos espera. Así que, adentro.
—¡Yo no he dado mi consentimiento! —protestó Yuki cuando él tiró de su mano para obligarla a ir hasta la casa. Finalmente, al comprender que no iba a ceder en su decisión, suspiró resignada—. Me debes un paseo —murmuró—. Quiero que hoy tengamos un día bonito. Deseo que todo vuelva a ser como antes entre nosotros. A veces… odio a la extraña en la que me he convertido.
Se volvió a mirarla, sorprendido por sus palabras, pero los ojos de Yuki estaban pendientes de la casa y comenzó a parlotear sin parar cuando él abrió la puerta para dejarla pasar.
Una extraña… ¿así era como se veía a si misma?, se preguntó. ¿Qué había en su pasado que le causaba tal sufrimiento?
—Deja de pensar, Zero —ella lo abrazó por la cintura y apoyó la cabeza sobre su pecho—. Por ahora solo siente, ¿vale? Solo siente.
Una sutil sonrisa se formó en sus labios cuando levantó el rostro para mirarlo y sus ojos se encontraron. Yuki le estaba pidiendo veladamente que por una vez se dejara llevar por sus emociones en vez de por lo que le decía su cabeza, parecía tan fácil y sin embargo él sabía que no lo era en absoluto, porque odiaba perder el control y la perspectiva de las cosas. Estructuraba su vida para que fuera segura y quería darle a ella esa misma seguridad… y sin embargo eso no estaba ya en sus manos.
Pero mientras Yuki le siguiera sonriendo así; mientras en sus ojos siguiera brillando esa chispita de esperanza, él podría arriesgarse a todo sin importarle las consecuencias. Por ella estaba dispuesto a convertirse en su caballero de brillante armadura y matar dragones si era necesario por protegerla.
Solo ansiaba que Yuki volviera a ser feliz, al precio que fuera.
Ichiru notaba con claridad el insipiente dolor de cabeza que amenazaba con convertir una jornada difícil en una especialmente dura.
Ya había aclarado, pensó desanimado mientras veía como la débil luz del día comenzaba a iluminar su habitación. Apenas había sido capaz de dormir un par de horas, envuelto en un sueño inquieto, preocupado como estaba por la seguridad de su hermano y Yuki; además del hecho de saber que en cualquier momento tendría que enfrentarse a Kaien y el enfado que este mostraría al saber de la desaparición de los dos chicos.
Y maldición, él sería el chivo expiatorio.
Los golpes en la puerta lo alertaron de que el temido momento había llegado. Ni siquiera tuvo tiempo de decirle al hombre que estaba fuera que entrase ya que la puerta se abrió precipitadamente.
—¡¿Dónde demonios están?!
—Eh… se han ido… Van a estar fuera un par de días —respondió, intentando mantener la calma y no ponerse a pedir disculpas allí mismo por algo de lo que no era responsable—. Zero me ha dicho…
—¿Dónde están, Ichiru? —le preguntó nuevamente Kaien aunque en esa ocasión parecía tener mucha menos paciencia de la acostumbrada.
Recordó que su gemelo le había aconsejado que dijera la verdad, en lo posible, pero sin llegar a revelar demasiados detalles que pudieran perjudicarlos. Realmente él no sabía donde se encontraba su hermano ya que solo Kaito tenía aquella información, Zero solo lo había dejado a cargo de los datos que tenían que buscar y de mantenerlo informado mientras le fuera posible.
—No lo sé —reconoció al fin, intentando parecer compungido por ello a pesar de lo aliviado que se sentía—. Quizas si esperaras a que mi hermano se pusiera en contacto contigo…
Kaien se quitó las gafas y se presionó los ojos con el pulgar y el índice. Parecía agotado, pensó Ichiru, y preocupado. Por algún motivo aquel hombre tenía más miedo del que todos habían esperado ante aquel improvisado viaje. ¿Qué era lo que ocurría que ni él ni su hermano habían previsto? Porque en verdad no había enfado, solo miedo y mas miedo.
—Así que Zero supone que algo malo está ocurriendo y ha decidido tomar medidas drásticas, ¿verdad?
Ichiru solo levantó un poco los ojos para mirarlo con sorpresa tras aquella rápida conclusión. Un gestó de profundo pesar surcó el rostro de Kaien haciéndolo sentir mal por ser responsable en parte de aquel dolor.
—Algo así —se apartó con gestó ausente el cabello que le caía sobre el rostro—. Creíamos que…, bueno, después de lo de Shizuka… tú sabes, las cosas se calmarían un poco, pero Zero… Han ocurrido cosas extrañas últimamente y pensaba que algo malo podía ocurrirle a Yuki así que la sacó unos días de aquí —aquella excusa le resulto patética en aquel momento y no pudo evitar sonrojarse ante lo estúpido que se sentía. Aún así miró con determinación al hombre que estaba frente a él—. ¡Sabes que mi hermano la quiere, así que no puedes culparlo por eso!
—Y no lo hago, Ichiru, el problema es que ese chico no sabe confiar en los demás —Kaien suspiró frustrado y se dejó caer a los pies de la cama donde se quedó sentado—. No siempre tiene que hacerlo todo solo, los demás también estamos allí dispuesto a ayudarlo cuando lo necesite. Y a protegerlo.
—Yo lo estoy ayudando.
—Y eso está bien, por ese motivo no te reprocho que guardes silencio sobre lo que te haya pedido, pero como bien has dicho, las cosas se han complicado un poco más de lo previsto y hubiera preferido tenerlos cerca por si algo malo llegara a ocurrir.
Porque así podía protegerlos, se dijo Ichiru a si mismo. No era necesario que Kaien lo pusiera en palabras cuando su expresión bastaba para dejar clara su opinión al respecto.
¿Cómo se encontraría su hermano? Esperaba que bien, y que todo ese enredo sirviera por lo menos para algo. Estaba un poco asustado del hecho de tener que trabajar junto a Kaito para obtener información sobre la familia Kuran que les fuera útil, pero Zero le había asegurado de que el otro chico no era tan mala persona y que se portaría bien con él. Aunque Ichiru lo dudaba.
—En verdad no sé adonde se fueron, Kaien —le dedicó una sonrisa compungida—, y como has dicho, si lo supiera, tampoco podría decírtelo.
—Lo suponía, pero por lo menos lo he intentado —rápidamente se puso de pie para dirigirse con paso ágil hacia la puerta del cuarto—. Tú hermano no me contesta el móvil y el de Yuki está apagado, así que deben haber previsto esta escena. Dile, cuando lo llames, y no pongas esa cara de inocencia porque sé bien que lo harás y que él sí te contestará el móvil, que en cuanto regrese tendremos una conversación muy seria los dos. No, los tres. Y que estará castigado, no me importa como ni con qué, pero lo estará —cierta duda pareció invadirlo de repente pero la desechó con rapidez antes de continuar hablando—. Y… exígele que no solo cuide de Yuki, sino que también de él mismo, porque tiende a olvidarlo con demasiada facilidad.
El sonido de la puerta al cerrarse provocó en Ichiru una extraña sensación de alivio y dolor a la vez. Al fin aquel mal trago había pasado y no resultó ser tan terrible como temió en un principio pero también tenía la impresión de que la preocupación, el miedo y el dolor de Kaien le parecieron mucho más espantosos que su enfado. La culpa siempre le había parecido una emoción contra la que era muy difícil luchar.
Tomando al fin conciencia del coste emocional que aquellos incidentes estaban provocando en todos ellos, decidió que haría lo que estuviera en sus manos por ayudar a que llegaran pronto a su fin. No importaba que él y Kaito no fueran buenos amigos, si ambos tenían que trabajar juntos para lograr ese objetivo, Ichiru se prometió que lo haría sin protestar.
Más animado después de haber fijado sus metas, cogió el móvil y marcó el número de su hermano. Tenía que informarle que el primer inconveniente después de su marcha ya había sido resuelto. Aunque seguramente no le haría gracia el saber que de regreso a casa estaría castigado, pensó divertido mientras esperaba a que su gemelo le contestara.
Las pesadillas no habían regresado.
Yuki suspiró aliviada cuando abrió los ojos y se dio cuenta de ello. Se sentía mucho más descansada y tranquila que horas antes; a pesar de sus protestas cuando Zero le sugirió que descansaran un poco, ahora comprendía que había tenido mucha razón al proponérselo.
Se recostó de lado en la cama para así poder quedar de frente a él que seguía profundamente dormido, seguramente por el cansancio acumulado por la tensión de aquello que lo preocupaba y el hecho de haber pasado horas conduciendo. Lo contempló con la confianza que le daba el no saberse observada; parecía tan en paz con todo. No había ni rastro de la pena que se apreciaba en su rostro el día anterior. Lo que le había dicho…
¡No, no, no! No iba a pensar más en eso. Estaba decidida a que ambos pudiesen solucionar sus problemas sin muchas complicaciones. Por algún motivo se les había presentado la oportunidad de poder estar solos unos días, ¿no deberían aprovecharlos para solidificar su relación? Iban a casarse, por Dios. Eran tantas las cosas que habían compartido que su relación no era algo que pudiese tomarse a la ligera y romperse por cosas que no tuviesen una importancia real.
Y sobre todo, ella lo amaba.
Quizas, de momento lo mejor sería que fueran afrontando las cosas día a día. No era necesario que pensaran en todo a largo plazo.
Satisfecha con aquel pensamiento, decidió plantearse que debían hacer ese día. Podía levantarse y explorar un poco la casa, hacer una lista de las cosas que necesitarían y preparar, si tenía suerte, un desayuno con las provisiones que Zero había llevado. Sí, esa era una buena opción que además resultaría ser productiva. Por otro lado, la tentación de quedarse acostada junto a él, sin tener que preocuparse por nada y disfrutando de esos minutos de paz era enorme. Hacía días que no se sentía tan descansada, ¿no era eso bueno? Algunas veces parecía como si sus pesadillas estuvieran a punto de tragársela.
—Deja de pensar. ¿No deberías estar descansando un poco más?
Se sintió sobresaltada al darse cuenta de que Zero la observaba con una expresión solemne en el rostro. El sueño aún no abandonaba por completo sus facciones, otorgándole así un aspecto un poco vulnerable. Aquello la hiso sonreír.
—Estaba sopesando la idea de prepararte el desayuno —respondió con sinceridad, aunque prefirió guardarse el resto de momento.
—En verdad te agradezco la oferta, Yuki, pero prefiero cocinar yo. Traje solo lo necesario y tengo hambre. Arriesgarme con tu comida…
En esa ocasión, si siquiera se molestó por aquel comentario contra su poco talento culinario, simplemente se apegó un poco más a él para poder descansar la cabeza sobre su hombro y apoyar su mano donde su corazón latía rápido y constante. Aquello, pensó, era lo habitual entre los dos, lo que estaba bien. Las bromas, las discusiones y reconciliaciones, los momentos de cómodo silencio en los que parecía que no necesitaran palabras para comunicarse.
—Te quiero —las palabras brotaron de sus labios sin que lo hubiera planeado. Tal vez simplemente porque su corazón lo sentía y necesitaba que a pesar de todo él lo siguiera creyendo—. Más que a nada. Por sobre todo.
Le oyó respirar profundamente y notó el roce de sus labios sobre la frente. Una fugaz y cálida caricia que pareció ir disolviendo poco a poco el frío que no sabía se había formado en su interior. Yuki comprendía que en algún recóndito lugar dentro de ella el miedo y las dudas sobre su pasado persistían, pero estando junto a Zero, en sus brazos, todo parecía mucho más irreal y lejano.
—Tenemos que averiguar cosas sobre tu familia, Yuki —la mano de él se posó abierta sobre la que ella tenía sobre su corazón—. Si te está ocurriendo todo esto… las pesadillas, debe ser por algo, ¿no lo crees?
Así que ya no solo era una sugerencia por parte de él sino que era algo que debían hacer. Intentar armar el puzle de lo que había sido su vida pasada, su familia. ¿Qué le habría ocurrido realmente a su madre? Aquel recuerdo que tenía de esa mujer siempre era tan horrible… Había tanto dolor y desesperación en ella…
—Odio los cambios —le dijo por fin—. No quiero dejar de ser la hija de Kaien Cross ni la chica con la que vas a casarte. ¿Es malo desear que las cosas sigan tal como están? Hemos sido felices así, Zero. Remover el pasado…
—¿Y si es el pasado el que nos está alcanzando? —le preguntó él—. No has buscado nada de esto, Yuki, pero se está descontrolando. Y yo… Dios, verte así, me destroza —la angustia que reflejaba su voz era evidente—. Esto nos está haciendo daño a los dos.
Sin poder evitarlo, un sollozo escapó de sus labios como un grito desesperado. Temía lo que pudiera esconderse en las sombras de su olvido y la verdad era que no deseaba averiguarlo, pero saberse responsable del dolor de Zero, ser consciente de lo que él sufría por ella era mucho más de lo que podía soportar.
Deseaba… una libertad que no tenía. La posibilidad de borrar todo lo que no le gustara en su vida y reescribirlo nuevamente. Ansiaba el poder dormir otra vez tranquila por las noches, el no sentir aquel miedo que le oprimía las entrañas, pero sobre todo quería poder volver a planear su futuro con esperanza ciega.
—Lo siento —murmuró—. Lo siento, lo siento tanto, Zero. Pero es que todo me parece tan horrible. Temo que mis propios recuerdos puedan acabar con mi cordura; que puedan terminar conmigo.
Sujetó con suavidad su barbilla para hacer que lo mirara entre el neblinoso reflejo que habían dejado las lágrimas que luego él secó con cuidado. No había una sonrisa en sus labios ni una expresión suave en sus ojos, pero Yuki sí pudo apreciar su determinación. Zero haría lo que fuera por ella, por protegerla.
—La incertidumbre, lo que desconocemos, siempre es mucho más terrible que aquello a lo que debemos enfrentarnos —le dijo él—. Está bien que tengas miedo, que dudes o te enfades porque no lo creas justo. Es tu derecho y nadie va a reprochártelo, sin embargo cuando descubras la verdad, sabrás a que atenerte. Todo lo que sientes tomará una forma real y no podrá hacerte el mismo daño que te hace ahora. El dolor que esos recuerdos puedan tener sobre ti, serán el que tú decidas darle, Yuki. Cada uno de nosotros es responsable de seguir adelante con su propio dolor. Muchas veces parece difícil, pero se puede, te lo prometo —besó sus labios con un casto beso. En aquella ocasión cuando la miró sí le sonrió—. Y además, ¿no te he prometido estar a tu lado pase lo que pase?
Ella asintió y presionó su frente contra la suya. Zero tenía razón, lo que se desconocía asustaba más que aquello que era un hecho real… De algún modo podría enfrentarlo. Tenía a Zero, tenía a su padre, a sus amigos pero sobre todo se tenía a si misma y su determinación de ser feliz junto a todos ellos.
—Vaya… así que me he quedado sin opciones ¿verdad? —no era un reproche ni mucho menos, simplemente Yuki sentía que había llegado el momento de asumir su realidad—. Mi pasado… Mi familia… Mis recuerdos…
—Siempre existe otra opción. Podemos esperar un par de días antes de comenzar a investigar de forma exhaustiva —Zero jugueteó con un mecho de su cabello entre sus dedos, permitiéndole de aquel modo asimilar sus palabras—. Un descanso de todo esto no nos vendría mal y quizás luego podamos ver las cosas desde una perspectiva distinta y más clara que hasta ahora. ¿Te gusta esa idea?
Yuki comprendió que él le estaba ofreciendo un pequeño respiro. Los dos sabían lo que tenían que hacer y comprendían que sería un camino bastante espinoso pero aún así, Zero le estaba dando la oportunidad de prepararse un poco más para lo que les tocaría enfrentar.
Posó una mano sobre su nuca para instarlo a que acercara aún más su rostro y la besara. Por primera vez en días, el contacto entre ellos no parecía forzado ni cargado de sentimientos que los lastimaban. Era… como antes, pensó. La necesidad de estar cerca de él, de sentirlo; de simplemente entregarse por completo a ese momento sin preocuparse de nada más.
Solo ellos dos se bastaban. Solo ellos dos…
—Te quiero, Zero. Más que nada, por sobre todo —volvió a repetirle, aunque en esa oportunidad la desesperación de que la creyera no estaba presente, pues ella estaba por completo segura de sus sentimientos.
Y él también lo sabía, se dijo Yuki mientras sus ojos violeta la observaron atentos, cautelosos; con un sinfín de emociones no dichas reflejadas en ellos.
La besó nuevamente, una y otra vez hasta que en su mente solo quedó la esencia de Zero y la intensidad de sus palabras murmurando: "Yo también. Yo también".
Kaname estaba furioso. No, la furia era un sentimiento demasiado débil para expresar lo que sentía en aquel momento por Rido. Aquel bastardo había irrumpido en su vida desequilibrándola totalmente. Se había convertido en una amenaza tan grande para Yuki que se vio obligado a pedir ayuda a Kiryu para protegerla y ahora el malnacido de su tío amenazaba a Takuma para conseguir que lo traicionara.
Mataría a Rido, sí. Pero antes se lo haría pagar muy caro por todos los problemas que le estaba ocasionando.
A primera hora de aquella mañana había intentado ponerse en contacto con Kiryu pero le fue imposible. Necesitaba saber con seguridad si había sacado a Yuki de allí como tenían acordado… Su tío no podía encontrarse con ella o descubriría lo que había hecho… Entonces todos sus esfuerzos hubieran sido en vano.
La imagen fugaz de aquella espantosa tragedia ocurrida dieciocho años atrás pasó por su mente afectándolo profundamente, volviéndolo a sumir en aquel flagelante dolor y desesperación como si lo estuviera sufriendo nuevamente. Aquel horror…
Se obligó a aparcar en un sitio libre y detener el coche para evitar un accidente mientras sentía como su corazón latía desenfrenado a causa del miedo y aquellas imágenes dantescas lo rondaban aún.
No podía pensar en eso. ¡No!, se corrigió Kaname, ¡no debía pensar más en aquella noche! Necesitaba mantener su cabeza fría y sus emociones bajo control. Sí quería salir victorioso de aquella batalla de poder contra Rido, no podía dejarse llevar por cosas tan nimias.
Pero a pesar de saber aquello, no siempre era fácil mantener los recuerdos encerrados bajo siete llaves.
Respiró de forma lenta y pausada unas cuantas veces hasta que notó que sus pulsaciones volvían a ser normales. Miró su reloj para comprobar la hora y asintió satisfecho por no haber perdido demasiado tiempo. Si quería hablar con Kiryu tendría que hacerlo en el momento en que saliera de casa para ir a la universidad o si estaba con Yuki, una vez que llegara a ella.
Aparcó cerca de la vivienda de Cross, en un punto donde no llamaba mucho la atención pero que le serviría para vigilar atentamente y se dispuesto a esperar paciente a que aquel idiota saliera. Volvió a llamarlo al móvil pero este seguía sin contestarle. ¿En que demonios estaba pensando Kiryu? Habían llegado a un acuerdo, se suponía que debía mantenerlo al tanto del bienestar de Yuki.
Aquello estaba mal, se recordó. La preocupación lo hacía comportarse como un completo imbécil. Tenía que mantener la calma. La cabeza fría…
Se inclinó un poco sobre el volante del coche cuando lo vio salir de la casa de Kaien. Kiryu iba solo, lo cual era bueno ya que no podía permitir que nadie los viera juntos. Solo necesitaba llamar su atención lo suficiente para que se reuniera a hablar con él unos minutos y que le explicara que ocurría. Si aquel maldito chico se lo podía difícil, se las pagaría.
Zero se alejó un poco más hacia el jardín, al parecer hablando con alguien por el móvil. Se paseaba de un lado a otro, como si estuviera un poco nervioso. ¿Le habría ocurrido algo a Yuki?, se preguntó Kaname. No, sí así hubiese sido Kiryu ya le estaría exigiendo explicaciones. Pero entonces, ¿por qué?
Al demonio con las precauciones. Sino se arriesgaba iba a perder la oportunidad de poder hablar con él.
Con paso rápido se acercó hasta donde el chico se encontraba dándole la espalda, justo en el momento en que se guardaba el móvil en el bolsillo de la chaqueta y parecía dispuesto a volver a encaminarse hacia la casa.
—¡Kiryu! —lo llamó, transmitiendo en aquella simple palabra todo el enfado y la frustración que sentía hacia él.
Lo siguiente que ocurrió le pareció una de las cosas más extrañas que le habían ocurrido en la vida. Cuando Zero se volteó para mirarlo, la curiosidad y el recelo se reflejaron con claridad en sus facciones. El cabello, los ojos, los rasgos, todo eran de Kiryu, estaba seguro; pero aún así… sentía que algo no encajaba. ¿La forma en que lo miraba? ¿El largo del cabello? No, ese chico era Zero Kiryu, entonces, ¿por qué…?
—Eh… yo… —balbuceó Kiryu nervioso. Miró en dirección a la puerta de entrada de la casa, al parecer dispuesto a huir a la menor oportunidad pero Kaname fue más rápido que él y lo sujetó con fuerza del brazo.
—¿Por qué no has respondido a mis llamadas telefónicas? —le preguntó con una calma fría y letal—. Llegamos a un acuerdo, ¿no? Recuerda que tenemos un trato, Kiryu. Si intentas traicionarme, me las pagarás.
Un sonrojó furioso tiñó las pálidas mejillas del otro chico al mismo tiempo que un destello de ira asomaba a sus ojos. Durante un segundo Kaname pensó que lo iba a golpear, pero el ataque no ocurrió, a pesar de que la atmosfera entre ellos era de abierta hostilidad.
Maldijo su suerte cuando la puerta de la casa se abrió y vio salir a Kaien al exterior. Soltó a Zero con rapidez, dispuesto a marcharse antes de que se diera cuenta de su presencia, sin embargo las palabras de aquel hombre lo sorprendieron por completo.
—¿Por qué estás aquí fuera, Ichiru? He preparado el desayuno y si necesitas hablar con tu hermano puedes hacerlo en casa. No voy a espiarte, ¿sabes? De todos modos podrías decirle a ese chico… ¿Kaname? —le preguntó Cross asombrado y un poco confuso al verlo allí—. ¿Qué estás haciendo aquí tan temprano?
—Yo… quería ver a Yuki —la mentira salió presurosa de sus labios. Volvió a mirar el chico que estaba frente a él. No… aquello no podía ser—. Tú no eres Kiryu —le dijo ignorando por completo la perturbación de los otros dos—. Es decir, sí lo eres, pero no eres Zero, ¿verdad? Entonces… Por Dios… Por Dios… eres su hermano… Y no estás muerto.
La expresión de Kaien le confirmó sus sospechas con una claridad absoluta. Así que Ichiru Kiryu estaba vivo… Shizuka no había acabado con él siendo un niño como les había hecho creer a todos ellos y de algún modo ahora estaba junto a su hermano.
Soltó una carcajada que rompió el silencio sepulcral que dominaba la calle a esas horas. Reía por lo irónico que le resultaba todo aquello. Shizuka Hiou había sido una maldita víbora sí, pero fue mucho más lista que él y su tío. No solo les había truncado los planes innumerables veces, sino que había dejado vivos a dos chicos que querrían vengarse sin ligar a dudas de ellos por todo lo que les habían hecho sufrir.
Dos contra dos, pensó, y por primera vez tuvo miedo del resultado final de aquel sangriento juego que había comenzado años atrás. Quizas aquellos dos chicos acabaran por fin con la familia Kuran.
Sin embargo lo que más lo inquietó, fue el darse cuenta de que esa perspectiva no le parecía tan horrible después de todo.
¿Tendría que pagar también por sus pecados?
Seguramente.
Así que Kuran estaba al tanto de que su hermano no había muerto años atrás como todos pensaban. ¡Maldición!
Había sido su error por haberlo estado evitando, lo sabía, pero en su necesidad de tener un poco más de tiempo para solucionar las cosas terminó complicándolas aún más. Era un completo idiota y ahora de igual modo tendría que lidiar con Kaname.
Zero se sentó en la mesa de la pequeña cocina mientras esperaba que Yuki terminara de ducharse para desayunar juntos, por lo cual en parte había sido una suerte que se encontrara solo cuando recibió la llamada de Ichiru que se sentía bastante culpable por lo que había ocurrido.
Aquello no estaba en sus planes, pero no había modo de remediarlo. Kuran ahora sabía que su hermano estaba vivo y podía decírselo a su tío. Según la misma confesión que aquel imbécil le había hecho, en parte él había sido el responsable de que se le ordenara a Shizuka matarlos, entonces, ¿ahora qué? Habían forjado una tregua para proteger a Yuki, pero no era tan estúpido como para creer que esta sería duradera ni para olvidar lo que esa maldita familia le había hecho a la suya.
Tenía que pensar, se dijo. El tiempo apremiaba.
Se le daba bien pensar en posibles alternativas a seguir, se recordó Zero mientras se ponía de pie para rebuscar entre sus cosas una libreta y un bolígrafo. Se sentó nuevamente a la mesa y comenzó a bosquejar por puntos la situación en la que se encontraban.
De momento, él cuidaría unos días de Yuki mientras Kaito y su hermano hacían averiguaciones sobre la familia Kuran, Rido en particular, e intentarían descubrir quien era el misterioso Haruka que había mencionado en su nota Shizuka. Técnicamente aquello no tenía nada que ver con el pasado de Yuki, pero su instinto le decía que quizás de un modo u otro algo relacionado con esa familia estuviera conectado al hecho de que ella corría peligro.
¿Por eso la insistencia de Kuran de que se la llevara lejos?, se preguntó Zero. No era posible que Kaname pudiera ponerla en peligro deliberadamente, pero ¿Rido? Mmmm… era una posibilidad. Si así fuera, era lógico que aquel tipo estuviera al tanto del problema y supiera como ponerle freno o por lo menos intentarlo.
Suspiró frustrado y se echó hacia atrás en la silla mirando las palabras escritas ante él con una distancia prudencial, esperando que de ese modo le aclarasen algo, sin embargo las incógnitas seguían y seguían. Todo le parecía un callejón sin salida aparente.
Yuki y Kaname… ¿Cuál era la verdadera relación entre los dos?
Desde que él llegó a vivir con los Cross la presencia de Kuran fue una constante en su vida. Kaname Kuran era amigo de Kaien, cierto; y además su familia aportaba dinero al mantenimiento de la academia, por lo cual el que fuera bien recibido en esa familia no era algo extraño, pero, ¿si había algo más? Nunca le preguntó a Yuki como lo había conocido ni por qué él parecía ser tan cercano a ella. Siempre lo había dado por hecho porque le parecía normal. ¿Y sino lo era? ¿Si existía un motivo más turbio tras aquella extraña familiaridad?
Apuntó las nuevas interrogantes en la libreta mientras pensaba en aquello. La idea de que la familia de Yuki estuviera relacionada de algún modo con la familia Kuran no era tan descabellada. ¡Dios, si incluso su propia familia había tenido asuntos con los Kuran! Quizas sí le preguntara a Kaien… No, aquello estaba descartado de momento. Si su padre sabía que Yuki estaba en peligro los obligaría a regresar y no los dejaría en paz hasta que hicieran las cosas a su modo, lo que podría terminar poniéndolos a todos en peligro.
De alguna manera, todo estaba unido. Zero no podía explicar como lo sabía, pero tenía la certeza de que así era, no podía haber tantas coincidencias, ¿verdad? Los Kuran, lo ocurrido con su familia, Yuki, él y Kaien, que de algún modo terminó haciéndose cargo de dos chicos huérfanos…
La silla provocó un golpe sordo al golpear contra el suelo cuando él se levantó de golpe y se dirigió hacia el exterior de la casa, donde se encontraba lo que había sido un pequeño jardín que ahora estaba completamente marchito. Dejó la puerta levemente entreabierta y se apresuró a buscar su móvil para llamar a Kaito. No quería que Yuki oyera aquella conversación, no cuando le había prometido esperar un par de días antes de comenzar oficialmente la búsqueda de información sobre su familia.
Mientras oía el tono de marcado, pensó en aquello que había pasado por alto. ¿Kaien había adoptado legalmente a Yuki? Él siempre pensó que era así, de hecho, existían altas posibilidades de que sí lo hubiera hecho, por lo cual la búsqueda de la identidad de sus padres sería algo muy fácil. Ella llevaba su apellido y era considerada su hija, a diferencia de él que había tenido a Kaien solo como su tutor legal hasta que cumplió la mayoría de edad. Sí, para que su padre la adoptara tenían que existir documentos que lo validaran.
—Demonios, ¿sabes que hora es? —le gruño Kaito con la voz aún enronquecida por el sueño—. Apenas he dormido un par de horas gracias a ti y tu maldita investigación, idiota.
—Ya, ya. Te estoy muy agradecido, en verdad —y Zero lo decía realmente—, pero necesito que me hagas otro pequeño favor.
—Claro, como no. Vivo para servirte, Kiryu —le respondió con evidente sarcasmo antes de bostezar de forma audible—. ¿De que se trata?
Zero miró disimuladamente hacia dentro de la casa. Yuki acababa de salir del cuarto de baño y se dirigió hacia la habitación que compartían. No tenía mucho tiempo.
—Es sobre Yuki —le dijo en tono bajo—. Necesito que averigües lo que puedas sobre su adopción por parte de Kaien. Quiero saber si hay información relacionada a sus padres biológicos ¿Conoces a alguien que pueda hacerlo?
—Mmm, no lo sé. La mayoría de mis contactos son también amigos de Yagari y si saben que estoy metiendo las narices en los asuntos de Kaien…
No dudarían en pasarle el aviso a su padre, se dijo Zero frustrado.
—Intenta hacer lo que puedas, ¿vale? No te arriesgues demasiado, pero si existe alguna posibilidad…
—Lo intentaré, lo intentaré —prometió Kaito—. Por cierto, ¿come las van las cosas por allí?
—Bien de momento —respondió, y comparado a los problemas que él y Yuki habían tenido los últimos días era completamente verdad—. Ah, por cierto, ha ocurrido un pequeño problema… Kuran se ha enterado de que Ichiru está vivo.
Oyó un golpe amortiguado a través del móvil y luego a su amigo lanzar una sarta de imprecaciones, quizás porque se había golpeado con algo. Cuando Kaito fue capaz de hablar nuevamente, parecía mucho más despierto y atento que antes. Al parecer el golpe le había hecho bien.
—¿Crees que nos causará muchos problemas, Zero?
—No —por lo menos de momento, se dijo—. Su principal preocupación ahora es Yuki, así que no creo que intente complicarnos las cosas. Aún así, sería preferible que apresuráramos las cosas. No puedo seguir hablando, Kaito. Te llamaré más tarde —le dijo a su amigo al oír que ella pronunciaba su nombre un par de veces antes de dirigirse a la cocina, seguramente buscándolo.
Al entrar en la casa, Zero se encontró con Yuki que lo miraba con una leve sospecha en sus ojos oscuros, aún así se acercó a abrazarlo y suspiró satisfecha cuando él también la rodeó con sus brazos.
—Si te pregunto que hacías fuera, me dirás una mentira, ¿verdad? —en su pregunta no había molestia, simplemente se percibía un grado de aceptación que lo sorprendió un poco.
—Probablemente —Zero la besó en la coronilla—. ¿Quieres que lo haga?
—No, déjalo. Hoy prometimos que no vamos a discutir, ¿recuerdas? Luego, ya veremos.
Una débil carcajada escapó de sus labios. Aquello, pensó, no resolvía todos sus problemas, pero al menos ayudaba a aliviarlos un poco.
Era más de medio día cuando Yagari entró sin llamar a la habitación de Kaito ya que la puerta estaba ligeramente entornada, por lo cual supuso que el chico no quería privacidad. Sin embargo fue él quien se llevó una sorpresa cuando lo encontró metiendo las pocas pertenencias que tenía allí en una bolsa de viaje.
—¿Vas a algún lado?
—Me vuelvo a mi apartamento —le respondió Kaito sin siquiera apartar los ojos de lo que estaba haciendo—. Ya me encuentro mucho más fuerte y puedo cuidarme solo. Además estoy harto de abusar de tu hospitalidad.
—¿Te he dicho en algún momento que molestas, chico? —preguntó Yagari con seriedad mientras escrutaba atentamente las expresiones del muchacho que tan bien conocía—. Sabes que esta sigue siendo tu casa.
Los ojos de Kaito lo miraron, durante un fugaz instante, con la misma expresión recelosa y levemente esperanzada que siempre había tenido cuando apenas era un niño que parecía estar en constante guerra contra el mundo. Aun así lo vio negar con un casi imperceptible movimiento de cabeza mientras cerraba finalmente la cremallera del bolso y se sentaba luego en la cama.
—Yo… lo sé —se pasó nervioso la mano por la parte posterior del cuello e intentó sonreír un poco cuando lo miró—, pero aún asi, los dos necesitamos nuestro propio espacio, Yagari. Te recuerdo que generalmente tú tienes la mala costumbre de olvidar que ya soy un adulto y me sigues dando órdenes y por mi parte a mí no se me da tan bien obedecerlas, así que siempre terminamos discutiendo.
Se cruzó de brazos antes de apoyarse en el marco de la puerta de la habitación y enarcó una ceja de forma interrogativa.
—¿Así que ahora te complica el hecho tener un pequeña discusión?
—No, simplemente es que no me gusta. No contigo, por lo menos —le respondió Kaito ligeramente avergonzado.
¿Qué podía decir ante eso?, se preguntó Yagari. No podía negar que en parte el muchacho tenía un poco de razón, con el temperamento de ambos era imposible que no terminaran teniendo un desacuerdo en algún momento y no sería la primera ni la última vez. El problema radicaba en el hecho de que no quería que el chico se fuera de la casa, no después de todo lo ocurrido con Zero y la confesión de Kaien. Kaito ya se había visto envuelto en dos asuntos muy feos por culpa de aquel lío y él no quería que esa posibilidad se volviera a repetir.
—Podría prometerte respetar tu espacio —le sugirió él tentativamente, sin embargo no se amedrentó al ver su significativa mirada de incredulidad—. La semana que viene volverás a retomar el trabajo en la universidad y yo sigo con el mío, eso nos mantendrá lo suficientemente ocupados para que podamos convivir en paz, chico.
—¿Es que me vas a extrañar? —Kaito soltó una breve carcajada despreocupada, se puso de pie y se echó la bolsa de viaje al hombro. Era claro que intentaba mostrarse indiferente ante esas palabras pero la expresión de sus ojos delataba las turbulentas emociones que lo embargaban por dentro. Al detenerse frente a él pareció titubear un poco, como si no supiera muy bien que era lo que debía hacer o decir—. Lo que siempre has hecho por mí… yo…
—Ni se te ocurra ponerte en plan sentimental conmigo, chico. Sabes que eso no va con ninguno de los dos —le dijo Yagari de mala gana y le quitó el bolso sin muchos miramientos antes de salir de la habitación seguro de que lo seguiría.
¿Qué demonios le pasaba a Kaito? Solo con ver su actitud era lógico deducir que no quería irse aún, tal vez porque se sintiera solo en aquel apartamento en el que apenas tenía nada o quizás porque todavía estuviera afectado después del accidente y el ataque de Shizuka, pero aún así parecía decidido a poner distancia entre los dos… ¿Por qué? ¿Qué lo estaba motivando a tomar aquella decisión?
El sorpresivo sonido del timbre de su móvil lo sacó rápidamente de sus cavilaciones. Miró a quien pertenecía la llamada y no pudo evitar inquietarse un poco al ver el nombre de Kaien en la pantalla iluminada.
—¿Qué ocurre? —le preguntó sin siquiera saludarlo. Yagari estaba seguro de que aquella no era una llamada de cortesía.
—Zero y Yuki se han fugado —respondió Kaien desde el otro lado de la línea—. No tengo idea de donde se encuentran en este momento y aunque estoy convencido de que Ichiru sabe mucho más de lo que me ha dicho, no he podido obtener más información… Estoy preocupado por ellos, Yagari.
Ese maldito chico, se dijo para sus adentro mientras seguía camino hacia fuera de casa con Kaito pisándole los talones y seguramente atento a todo lo que decía.
—Además tenemos otro problema. Kaname se ha enterado de que Ichiru sigue vivo —su amigo suspiró con pesar—. Se han encontrado hoy en la mañana.
Demonios, ¿es que esos condenados hermanos no iban a dejar de darle nunca problemas?, se preguntó con frustración.
—Sobre eso último ya no hay nada que podamos hacer salvo esperar y ver que hará él con esa información, con respecto a lo otro, ¿qué quieres que haga?
—¿Está Kaito contigo? —la ansiedad en la voz de su amigo era evidente—. Intenta sacarle algo de información, ¿quieres? Estoy seguro de que debe estar al tanto de lo que Zero tenga en mente. Sé quede comportarse como un tonto a veces, pero jamás se arriesgaría a poner en peligro a Yuki y encontraría siempre el modo de resguardarse las espaldas.
—Veré que puedo hacer —contestó escuetamente—. Te llamo luego.
No se detuvo hasta que salió de la casa y llegó al coche del chico, esperando pacientemente a que este terminara de guardar el bolso dentro del maletero. Kaito no lo había mirado ni una sola vez desde que habían salido de la casa y tampoco había hecho preguntas sobre la reciente llamada. Seguramente porque sabía de quien se trataba y a que se debía. Era listo, así que habría sacado sus propias conclusiones al respecto.
Así que aquel era el motivo de aquella inesperada partida, se dijo Yagari entre divertido y molesto por lo que acababa de averiguar. Estaba seguro de que aquellos tres chicos habían ideado algo y para llevarlo a cabo necesitaban disponer de una privacidad que no tendrían allí no en casa de Kaien.
—¿No pensabas decirme que tu amiguito se había fugado, chico? —la mirada huraña que Kaito le lanzó fue una respuesta más que suficiente—. Kaien está preocupado por ese par, así que te agradecería que le dieras la información que tengas sobre ellos. Ni siquiera tengo que poner en duda el hecho de que tú sí sabes donde están, ¿verdad?
—Zero y Yuki se encuentran bien —Kaito abrió la puerta del coche y se sentó en el asiento del conductor. Entrecerró los ojos con enfado al ver que él sujetaba la puerta impidiéndole cerrarla—. Volverán dentro de unos cuantos días asi que dile a Kaien que no exagere. Ambos saben cuidarse solos.
—La lealtad es una virtud, chico, así que no puedo reprocharte que intentes proteger a tu amigo, pero los dos sabemos lo endemoniadas que están las cosas últimamente. Que Zero ande solo por ahí es una mala cosa, así que en esta ocasión tu silencio puede terminar poniéndolo en peligro.
Kaito apoyó la frente contra el volante del coche y dejó escapar un gemido estrangulado. Sin ser un genio, Yagari sabía que el muchacho estaba debatiéndose entre traicionar la lealtad de su amigo para priorizar su seguridad o seguir guardando el secreto.
—No quiero volver a traicionar a Zero —murmuró—. Después de lo de Shizuka… Lo siento, Yagari. Lo siento mucho, pero no puedo arriesgarme a perder su confianza nuevamente.
Apoyó una mano sobre la cabeza del chico y le revolvió ligeramente el cabello castaño. Comprendía el dilema de Kaito, ¿cómo no iba a hacerlo? Lo había perdido todo siendo demasiado joven y era lógico que intentara resguardar con celo los lazos que le quedaban con las pocas personas a las que les permitía entrar en su mundo. Dios, él mismo se estaba sintiendo como un monstruo por exigirle algo así.
¡Maldición! No podía más con aquel lío. Kaien, Yuki, Zero y ahora Kaito… Demonios, encontraría la solución a todo eso sin meter a su chico en aquel embrollo y sin hacerlo pasar por eso.
Abrió la boca para decirle a Kaito que no le dijera nada más sobre aquel asunto ya que él descubriría el paradero de Zero por sus propios medios pero de sus labios solo salió en débil gemido. Bajó los ojos hacia su pecho para ver como la tela blanca de su camisa se iba tiñendo rápidamente de color carmesí. Cada vez más… cada vez más…
Estaba herido. Le habían disparado.
Yagari pensó casi de forma inconsciente en lo extraño que era no sentir dolor, solo debilidad. Sus piernas no lo sostenían y se dejó caer pesadamente hacia el suelo, donde no llegó, porque alguien lo sostuvo en su caída.
Kaito.
Las miradas de ambos se encontraron y la desesperación que vio en la de muchacho le resultó devastadora. Quería decirle un millón de cosas, sabía que necesitaba hacerlo, pero las palabras murieron en sus labios de la misma forma que él lo estaba haciendo en los brazos del chico que había criado como si fuera suyo.
Hola a todos, ya esta subido (y sé que con mucha tardanza) el capítulo veinticinco de esta historia. Lamento el atraso pero debido a algunos contratiempos personales no he tenido ni tiempo ni ganas, lo reconozco de actualizar, pero esta semana aprovechando que he regresado a clases en la universidad y por lo tanto se ha ordenado bastante mi horario he aprovechado a subir el capítulo correspondiente.
Espero que les haya gustado y la verdad es que ya no queda mucho, cinco o seis capítulo como mucho para llegar al final (bastantes capítulos más de los que pensé cuando comencé a escribir esta historia, así que de momento las actualizaciones serán cada dos semanas (por motivos de clases y pruebas).
Bueno, ya queda poquito también para la salida del nuevo capítulo del manga y como sea, para bien o para mal solo nos quedan tres meses mas de sufrimiento colectivo (para las Zeristas, por lo menos), pero que se le va a hacer. Además con lo buena que es Hino para hacer sus cambios un poco raros, ya no tengo ninguna teoría de cómo va a terminar esta historia (es el primer manga con el que estoy completamente en blanco con respecto a su posible final, cero teorías de momento), solo espero que toda la espera y sufrimiento valgan la pena y por lo menos hay que agradecer que como fuera no ha resultado ser para nada previsible.
Como siempre, muchas gracias a todos los que siguen teniendo la paciencia de esperar para leer y a quienes dejan comentario (LylyanneBlack, Daiianiitaa015, CandyGiirL12, lirilara1993, Mariana Fdez, Tania, Yahiro, Guest1, mariflausino y CHIQUI09, muchísimas gracias chicas). Ya falta poquito, lo prometo, así que espero que disfruten de estos últimos capítulos.
Hasta dos semanas más, si Dios quiere.
