Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 4 años a las edades del canon. Este Omake en particular se ubica DESPUÉS de "Lo que los Ojos No Ven". Por favor, quienes dejan reviews anónimas, atentos que les responderé al final del capítulo.
Un especial agradecimiento a Eckléctica, que fue lectoras de prueba de este omake
Ya olvidé toda la nutella que le debo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki. Las conversaciones que la inspiraron a ella, de paso me inspiraron a mí para reformar el fic que ahora leen. ¡VAYAN A LEER! =D
"Saint Seiya", la trama y sus personajes pertenecen a Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. El personaje de Selene Ishikawa pertenece a Shadow Noir Wing y cuento con su autorización para usarlo. No estoy sacando beneficio económico de este escrito: nada más hago esto para relajarme y entretener a mi imaginación, eso es todo.
ADVERTENCIA.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Recuerden…
¡ESTE OMAKE SE UBICA DESPUÉS DE "Lo Que Los Ojos No Ven"!
Cachorro de León.
Escaleras Zodiacales entre Leo y Cáncer.
3 de enero. 18:35 pm.
No tenía que ser tan difícil, ¿verdad? Marín inspiró una buena bocanada de aire y la exhaló de a poco. Irguió la espalda y fijó la vista en el horizonte, esperando unos segundos antes de volver a bajar los escalones hasta la casa de Cáncer, en donde sabía que estaban los dorados en su reunión mensual.
Inspiró y exhaló de nuevo.
"Vamos… has llegado hasta aquí sola, puedes otro poco." Marín se dijo a sí misma mientras se acariciaba la panza. "¡Eres igual que tu padre! Impaciente."
La amazona siguió bajando los escalones con cierta dificultad, pero haciendo uso de toda la dignidad que podía. ¡Que nadie dijera que Marín de Águila era una dramática! Primero se lanzaba de cabeza al tráfico antes que eso ocurriera. ¡No! Antes muerta que sencilla.
Marín siguió bajando los escalones, con todo y embarazo. Si tenía suerte, podía llegar antes que…
"¡HHHMPPF!" Marín gruñó entre dientes y se sujetó el vientre con las dos manos, controlando la respiración como mejor podía.
Al menos ya había llegado a Cáncer… solo tenía que ir al piso residencial. Reunió la fuerza suficiente y echó a caminar, aliviada de no tener que bajar más escalones. Bueno, le quedaba una escalera más en subida hasta la segunda planta, pero si algo tenían a favor esos escalones, es que eran los más livianos de las doce casas. Le tomó más tiempo del usual, pero Marín por fin llegó. A los pies de la escalera, Blanquita, la mastín napolitano de Aldebarán, estaba echada en espera de su amo. La perra, al verla, levantó la cabeza con las orejas atentas, como intuyendo que pasaba algo.
"Soy yo, Blanquita." Le dijo Marín a manera de saludo. "Busco a Aioria… Sé que está arriba."
Blanquita ladeó la cabeza y se hizo a un lado, para dejar pasar a Marín, que no parecía sentirse muy bien. No obstante, y pese a que aún era una cachorra, la perra decidió acompañarla hasta el piso residencial, permitiendo que la amazona pudiera sujetarse en ella cada tanto. ¿Qué le pasaba?
"Buena chica… buena chica."
Marín se apoyó contra la puerta y respiró varias veces, permitiéndose un poco de sufrimiento. Esto duró poco, pues pronto irguió de nuevo la espalda, había perdido la cuenta de la cantidad de veces que lo había hecho desde que salió de Leo, y se obligó a recuperar la compostura. Abrió la puerta y entró.
Fue una visión bastante surrealista, pero que la trajo a la realidad al mismo tiempo. De pronto, de haber bajado sola los escalones, sin más compañía que un agradable viento que aliviaba el calor del día, Marín se vio inmersa en el alegre y serio cotilleo de los dorados que discutían allí esa noche. Entre que reían y trabajaban, discutían y comían chucherías. No se habían percatado de la presencia de la amazona, que se sujetaba la panza y cuyo ánimo caminaba la línea entre el terror, la dignidad y el malgenio.
Dicha amazona, hay que decirlo, se encontró con el imprevisto que era incapaz de alzar la voz.
"¿Aioria?"
Nope… Solo Afro se percató de su presencia, y alcanzó a levantar ambas cejas curioso. Le iba a preguntar qué le pasaba, cuando Marín recibió una ayuda de la madre naturaleza para llamar la atención.
"¡GUAU!"
Muy cachorra podrá ser, pero Blanquita pegó un ladrido potente, causando que todos dieran un respingo.
"¡Alde! ¡No quiero que ese animal tuyo entre a mi casa!" Reclamó Máscara. "Err… ¿Marín?"
"¡Blanquita! Te dije que te quedaras…" Alde se detuvo en seco. "¿Marín?"
Aioria se abrió paso en el acto.
"¿Sucede algo?"
"Rompí bolsa a las 5:30 am, después que te fuiste. Estoy en trabajo de parto desde… ¡ARGH!"
"¡VOY A SER TÍO!" Aioros se erizó por completo, y rompió un vaso a propósito. Dohko levantó las cejas y cruzó rápidamente miradas con los gemelos, quienes comenzaron a dar órdenes silenciosas.
"¡¿Qué cosa?!" Aioria pegó dos zancadas hasta Marín y le puso las manos sobre los hombros. "¡¿Por qué no me dijiste?!"
"Ley de las amazonas."
"ARGH. Marín. ¡¿De qué ley hablas?! No puedo creer que elijas esa maldita ley por sobre tu sa…" Comenzó a rezongar Máscara, cuando se interrumpió. "Iré a hervir agua."
"Toda mi vida he seguido la ley de las amazonas, no voy a ignorarla justo ahora." Marín sosegó su respiración y miró a Aioria. "No iré al hospital… necesito a Artume de Vela."
Artume de Vela era una amazona de bronce, rondaba los 40 años y formaba parte del contingente de salud del Santuario. Era matrona.
"¡Hay que ir al hospital! ¿Tienen un bolso listo? ¡¿Cada cuánto son las contracciones?!" Aioros comenzó a ordenar las cosas que tenían encima de la mesa. "¡Hay que moverse!"
"Llevas trece horas." Dijo Milo, sacando cálculos mentales. "¿Te aguantaste trece horas?" De los presentes, era el único que sabía realmente lo que significaba un parto. Por eso adquirió de pronto como un aura de autoridad y sapiencia.
"¡No Iré A Ningún Hospital!"
Una silla apareció detrás de Marín. En el fondo se escuchaba que Shaka meditaba, Afro observaba todo como niño bueno, sin hacer mucho y Máscara estaba hirviendo agua en la cocina. Saga intentaba detener a Aioros, quien seguía poniendo orden y… tanto Shura como Aldebarán habían desaparecido.
Y que conste que se trataba del futuro aprendiz de Shura.
Otro que estaba muy tranquilo era Mu, pero al menos estaba más interesado en la cuestión que Afro, quien había fijado la mirada en el estuco del techo.
"Marín." Le dijo el maestro Dohko. "No es necesario que sigas la ley de las amazonas en lo que esto respecta al pie de la letra. Podemos ir si te…"
"No iré a ningún hospital." Reclamó Marín de nuevo. Fugazmente miró a Mu, antes de volver a mirar al anciano maestro. "Voy a parir a este bebé en mi casa, me cueste lo que me cueste."
Aioria entonces levantó a Marín en brazos en un solo movimiento. Desde que Lümi de Aries muriese tras haber dado a luz a Mu en un hospital cercano, hecho que por cierto se había debido a un acto deliberado por parte del médico que la había atendido, las amazonas habían jurado por la diosa, y en bloque, que nunca más ninguna de ellas daría a luz en un hospital de manera voluntaria, a menos que se estuviera muriendo. Sí, tendrían cuidados prenatales, pero ¿tener al crío en un hospital? JAMÁS. Este voto lo habían cumplido a rajatabla.
"Nos hemos preparado para tener parto en casa, maestro. Podemos manejarlo." Explicó el león, en apariencia muy calmado. "¿Alguien puede…?"
"Un ambiente propicio y cómodo para la madre es lo esencial. Sugiero unos ejercicios de meditación que ayuden a relajarla. Todo está en la respiración." Comentó Shaka a la pasada. Lamentablemente en ese momento Marín tuvo una contracción bastante dolorosa.
"AARGH. ¡RELAJACIÓN MIS OVARIOS! CÁLLENLO."
Saga, Kanon y Aioros le dieron sucesivos zapes a Shaka en la cabeza, quien al menos entendió el mensaje y se quedó calladito.
"Gracias." Resopló Marín, tratando de recuperar el aliento y la compostura. Aioria endureció la mirada.
"Me llevo a Marín a Leo. ¿Alguien puede avisarle a Artume?"
"¡YO VOY!" Aioros saltó por la ventana más cerca y salió corriendo quizás a donde. Saga se palmeó la cara.
"Yo lo llevo a Leo. Denme diez minutos." Dijo antes de saltar tras el santo de sagitario.
"Err… yo le aviso a Artume." Se ofreció Kanon. "¿Quién más tiene que ir a Leo?"
"Alisa." Dijo Milo. "Iré por ellas."
"Voy por Alsacia y Junet. Puede que Reginleif quiera ir." Dijo de pronto Camus. "Si no les aviso, no me lo perdonan. ¡Ya vengo!" Comentó mientras salía de Cáncer.
Aioria asintió fugazmente y salió tras los pasos de Camus, aunque su dirección era otra. Antes de salir, el escorpión le palmeó el hombro en cómplice camaradería.
"Ánimo. Esta es una pelea muy dura.
De todos los dorados presentes, Milo era el único que entendía por lo que Aioria atravesaba. El león asintió con la cabeza y no perdió tiempo en salir de Cáncer, directo hacia la quinta casa del Zodiaco. Dohko vio la hora y se cruzó de brazos.
"Muchachos… comenzamos vigilia. Esta noche nace un leoncito. ¡Cada cual a su casa y a esperar noticias!" Dohko suspiró contento. "Iré a avisarle al Patriarca."
En eso, Máscara se asomó por la cocina.
"Estoy hirviendo agua en todas mis ollas. ¿Creen que sea suficiente?"
Casa de Leo.
4 de enero, 00:23 am.
En cada casa zodiacal, y a lo largo de las escaleras zodiacales, se habían encendido unos farolitos muy tenues que apenas daban luz, pero que su contraste con la noche era tal, que le daba un ambiente casi mágico. No había ningún dorado durmiendo, había unos pocos en sus casas, pero varios esperaban frente a la casa de Leo en espera de noticias. Artume de Vela había sacado a Aioros del piso residencial, porque con los nervios era más lo que estorbaba que lo que aportaba, mientras Aioria, con una compostura que sorprendía, se mantenía firme al pie del cañón junto a Marín.
Rin estaba sentada al margen de la escena, junto con Kiki, y ambos miraban con curiosidad como Saga y Kanon vigilaban a Aioros, que no dejaba de caminar en círculos, prestos a caerle encima si volvía a intentar entrar a Leo. Camus repartía su atención entre la noche, el piso residencial y la conversación, mientras que Milo estaba muy pendiente de lo que ocurría dentro en la quinta casa. Shion estaba de muy buen humor, y para variar, abrazaba a Idril, quien aunque incómoda, se dejaba regalonear. Athena estaba hiperkinética, pero se mantenía en calma. Mu estaba alejado del grupo y miraba hacia las montañas.
"Creí que tu maestro entraría a ver a Marín. Kiki ¿Qué le pasa?" Preguntó Rin de pronto.
"Se acuerda de su mamá cuando sabe que hay partos en el Santuario. Eso lo bajonea un poco, aunque no le gusta reconocerlo."
"Oh, cierto. Mi maestra Shaina me contó." La niña afiló la mirada. "También hice el juramento."
"¿Para qué? Eres muy niña todavía."
"Causa común." Dijo la niña encogiéndose de hombros.
"Pero ni siquiera eres amazona."
"Pero lo seré. Y si llego a tener hijos, cosa que dudo, por la memoria de Lümi de Aries, éstos no nacerán en un hospital." Gruñó muy decidida, cruzándose de brazos.
Kiki se llevó los suyos detrás de su nuca y miró al cielo. Mejor dejaba de discutirle a Rin: cuando estaba así de decidida no había caso convencerla de lo contrario. En ese sentido era calcada a su maestra.
"Marín se está tardando. ¿Estará bien?"
La verdad que Marín estaba… aguantándose los gritos, pero iba por buen camino. El bebé venía algo más gordito de lo normal, pero Artume no se había alterado mucho. Alisa iba y venía muy eficiente por el cuarto elegido, obedeciendo una que otra orden. Aioria estaba con ellas, sentado sobre una silla sirviéndole de apoyo a Marín, quien estaba justo entre sus piernas, pues había decidido dar a luz en cuclillas. Junet y Alsacia estaban en la sala del piso residencial de Leo, en silencio y muy atentas.
"Ya debería estar por nacer." Comentó Junet. "En cualquier momento. Shaina me encargó mucho que le contara todo. ¡Le hubiera encantado estar aquí!"
"Aioria se ha portado estupendo. Alisa siempre cuenta que Milo estaba como gato de espaldas: no les quería entregar a Kyrus a las enfermeras."
"Por cierto, ¿Quién cuida del terremotito?" Preguntó Junet.
"¿A Kyrus? Geist le vigila."
"¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"
Ambas se pusieron de pie en el acto y fijaron la mirada en la puerta del cuarto. Un estridente llanto retumbaba por toda la casa. Alsacia y Junet se abrazaron y tentaron un par de pasos hacia los llantos, pero se detuvieron con las justas.
Dentro, Marín había exhalado de alivio y dejó caer la cabeza hacia atrás. Apenas percibió los besos de Aioria y de cómo el dorado lloraba. Se arrancó la máscara del rostro y fijó los ojos en su bebé… que chillaba con ganas, luciendo pulmones y rizos rojos bien desordenados.
"¡Es un niño! ¡Es un niño!" Exclamó Artume, entre que lo secaba y envolvía. "¡Miren que formadito está!" Alisa lo tomó en sus brazos y en seguida se lo pasó a Marín.
"¡Miren papás que lindo es!" Exclamó con la cara llena de risas.
Aioria no se lo podía creer. Sentía que el pecho le iba a estallar en cualquier momento, pero cuando Marín tomó a su niño en brazos y lo acunó, recuperó el habla.
"¡Tengo un hijo! ¡Tengo un Hijo!" Un puchero involuntario lo dejó callado. "Se parece a mí." Dijo casi en un susurro, como si aquellas palabras fueran sagradas. Marín reía y lloraba, ajena a que comenzaba a alumbrar. Solo tenía ojos para su pequeño.
"¡Tan gordito que es! ¡Aioria! ¡Tienes aprendiz! Mira qué lindo…"
"Sí, sí, muy bonito." Artume, quien intentaba lucir malhumorada, instó a la pareja a levantarse cuando pasó un tiempo prudente. "Vamos, debemos pesar a este muchacho."
Mientras que Aioria y Alisa ayudaban a Marín a cambiarse a un sofá cercano, Artume comenzó a hacerle los exámenes de rigor al nene, quien pateaba y lloraba como si no hubiera mañana, lleno de indignación infantil. Por instinto, Aioria se acercó a la matrona en busca de su hijo, pero ésta se le adelantó y lo puso en sus brazos, ya envuelto en un chal.
"¿Y bien? ¿Cómo se llama este cachorro de león?"
"¡Héctor!" Dijo Marín desde el sofá.
"Homero no pegaba. Si era niña, le poníamos Penélope." Dijo Aioria, encogiéndose de hombros. Acunó a su hijo y se lo llevó a Marín. Alisa, que seguía dando vueltas en atento y feliz silencio, se apartó un poco para darles privacidad.
"Marín… yo… ¡Me has hecho muy feliz!"
"Más te vale. Porque me dolió." Marín apartó un poco el chal de la cara del niño, solo para verle puchereando de indignación. "Por favor… cumple la ley de las amazonas, Aioria."
Aioria asintió. Besó a Marín en los labios y se levantó. De acuerdo a las mencionadas leyes, cuando el bebé nacía, se le presentaba al padre, si es que era un santo, quien debía reconocerlo o rechazarlo. En el primer caso, el santo tomaba al niño en sus brazos y besaba a la madre, para luego ir a mostrárselo con orgullo a sus compañeros de armas como suyo propio. Sobra decir que cuando el niño era rechazado, nada de esto ocurría.
El santo de Leo moría por lucir a su cachorro. Salió del cuarto, e inmediatamente se escuchó la alegría de Junet y Alsacia y no al mucho andar, se escuchó la puerta. Alisa se acercó a Marín y le mostró el teléfono.
"Ni bien Aioria se los muestre a los demás, mando todas estas fotos por whatsapp."
"¡Primero me las mandas a mí!" Exclamó Marín.
"¡Primero nada!" Reclamó Artume de nuevo. "En lo que el León luce a su nene, tú necesitas un aseo, porque cuando ese niño vuelva, los quiero tranquilos y descansando a los dos. ¿Me oyeron?"
Afuera todos los ojos habían quedado pegados en Leo cuando el llanto de Héctor había retumbado en el piso residencial. Incluso los santos que habían desaparecido en acción, Aldebarán y Shura, habían llegado. Los minutos se les hicieron eternos, pero cuando Aioria apareció despacio por entre la columnata, tratando de calmar a su inquieto bebé, la alegría estalló. Saori corrió hacia el dorado la primera, quien no dudó en presentarle a su hijo. Pronto todos lo tenían rodeado y entre felicitaciones y los "aparten que quiero ver al bebé" o "¡Lo asustas, Saga!", Aioria comenzó en serio a tomarle el peso a lo que había pasado durante la noche.
Aioros tomó a su sobrino en brazos y lo meció. Héctor lloriqueaba sin saber qué hacer, pero por alguna razón se sentía confiado. Shion volvió a rascarle la cabecita al niño.
"¡Mucho Gusto, Héctor! Sí que has hecho una buena entrada. De todos estos vagos, yo soy tu tío favorito. ¡Mírate qué lindo!" Aioros lo meció un poco más, haciendo pucheros de emoción. "¡Soy Tío!" El santo de Sagitario parecía haber sufrido una buena desbarrancada, a juzgar por los raspones, cortes y moretes que tenía. "¿Cuánto dicen que pesó?"
"3.9 kilos…" Balbuceó Aioria como borracho. Los únicos que le pusieron atención fueron Milo y Shion.
"¡Uy! Gordito y sanito. ¡Así me gusta!"
"¡Déjenme ver a mi aprendiz!" Exclamó Shura muy contento, tratando de abrirse paso.
"¡Pobrecita Marín! Debió dolerle un montón." Comentó Idril admirada. "¡Como buena amazona, apenas emitió grito alguno!"
"Aioria, ¿te sientes bien?" Le preguntó Milo extrañado.
"Hijo…" Añadió Shion. "¿Estás bien?"
La verdad es que Aioria estaba algo blanco. Como que de repente todos los nervios le explotaron y la cabeza la sentía como un hervidero avispas. Estaba feliz, no hay duda de ello, pero… no se sentía bien del todo.
"Estoy feliz."
PLAAAF
Una gran gota colectiva orbitó la cabeza de los presentes al ver caer al santo de Leo cuán largo era sobre su espalda. Kiki y Rin se agacharon junto al caído y le picaron con sus dedos. Mu no tardó en agacharse junto a Aioria para ver cómo estaba.
"Se desmayó." Anunció sin mayor drama. "Pero está bien."
Silencio general.
"¡Tsk! ¡Menos mal que no se desmayó con Héctor en brazos!" Reclamó Aioros. "¿Se imaginan?"
Saga le dio un zape.
"Tarado. Mejor lleva a ese niño con su madre, que se puede enfriar. ¡Y que alguien me ayude con Mufasa!"
"¿Mufasa?"
El mayor de los gemelos miró al público con astucia en los ojos.
"Claro. Héctor es ahora Simba. ¿Quién creen que es Mufasa ahora?"
Todas las miradas recayeron en Aioria, quien seguía en el suelo.
La carcajada no se hizo de rogar.
FIN DEL OMAKE.
Por
Misao–CG
PS: Muchas gracias por haber leído. Ojalá que disfruten el omake, que ya lo debía hace bastante tiempo. Aquí está, Héctor ya nació: y no habría nacido sino hasta bastante después si Ekléctika, la de los ojos de lince para los detalles, no me hubiera hecho el comentario de que la línea temporal podría estar algo desacertada. Del mismo modo, hay una muy buena razón para haber sacado a Shaina del capítulo. Así los kudos a ella, por mi parte, ya ni sé cuanta nutella le debo. ¡MUCHAS GRACIAS POR HABER LEÍDO!
