Bueno, pues nada… Snif… último capítulo. No esperéis nada especial en este capi final. Sólo que se expliquen algunas cosas, y se den algunas pistas acerca de lo que puede pasar. Siento no haberlo colgado antes, pero estaba intentando trabajar un poco en la siguiente historia, pero creo que me va a costar bastante. A lo mejor si leyera algo… Si "alguien" actualizara… Y no miro a nadie, eh, chicas?

Sao, no puedes echarme la culpa de que el ordenador de tu novio acabara lleno de macarrones!!! Yo avisé. Avisé mucho de que os iba a dar un susto!!! A quién se le ocurre ponerse a comer en esas condiciones??

Sobre Tadeo, ya veremos que pasa. Aún no he decidido casi nada de la siguiente historia, pero ya sabéis todas que me encanta ese personaje. Estoy loca por él desde que apareció en "La muchacha de las Sombras". Y bueno, "Tío Tadeo" suena gracioso, no?

Arthe, hermana, querida… TENGO que dejarte en suspenso. Es que sino, me fastidias la historia. Pero vamos, que en cuanto la tenga preparada y empiece a subirla, tarde o temprano, lo sabrás (sonrisita inocente)

Venga, chicas, nos vemos en mi próxima historia, o en las vuestras (y esto último consideradlo casi una amenaza)

Capítulo 24. LEONARDO.

Nadya se levantó con un suspiro, y tras dejar a Andy en la cama, empezó a vestirse lentamente. Aproveché esos segundos de silencio para hacer balance. Al fin estamos en casa. Y el resultado de la aventura no puede ser más positivo. Los brujos están muertos, hemos tenido acción, el pacto es aún más beneficioso de lo que pensábamos, y todos hemos regresado.

"Con más o menos dificultades"

Proyecté ese pensamiento en tono sarcástico hasta la mente de mi hermano, que ya percibo unida a la mía casi desde el mismo momento en que empezó a recuperarse de su herida. Lyosha torció el gesto en una mueca despectiva. Reí entre dientes con disimulo, y le dirigí la más inocente de mis sonrisas. Bufó con suavidad a modo de respuesta. Los dos sabemos que pasaré semanas restregándoles a él y a Tadeo que he sido el único que no ha resultado herido en esta historia, como lo haría cualquiera de ellos de estar en mi lugar.

¿Qué más se puede pedir? Hemos conseguido todo lo que buscábamos y aún más, y nuestra parte del trato con los Olvidados se presenta entretenida, aunque dudo mucho que ninguno de nosotros vuelva a sufrir ninguna herida combatiendo contra los Samedís. Una vez recuperadas nuestras fuerzas, aunque sólo fuera por unos cuantos segundos, esa criatura del demonio no tuvo ninguna oportunidad. Los demás tampoco la tendrán.

Pero aún nos queda la posibilidad de que los sellos se rompan y Ellos regresen. Cuando Él nos llevó a la entrada, tuvimos una breve visión de lo que puede ser combatir de nuevo como jinete y montura, y que me aspen si no me planteé romper las condenadas sujeciones que sostienen a los elementales yo mismo sólo para disfrutar de ese placer.

"Yo también lo he pensado", sonrió Lyosha.

"No necesito leer tu mente para saberlo", reí. "Fue estupendo"

"Apostaría cualquier cosa a que habláis del paseo de regreso", intervino Tadeo. "Incluso diría que yo también he llegado a pensar lo mismo que vosotros", añadió con una mirada cómplice.

"¿Qué habéis pensado?", inquirió Nadya distraídamente, recogiendo a Andros en sus brazos.

Los tres nos miramos, sonrientes, sabiendo que no le haría ninguna gracia lo que hemos pensado en realidad.

"Pensábamos en que ha sido genial montar a lomos del Olvidado", respondió Lyosha.

EL rostro de Nadya se iluminó con una sonrisa radiante.

"Ya lo creo", exclamó. "Me encantaría volver a hacerlo. Esa sensación de fuerza, de velocidad…", murmuró casi para si misma, iniciando su camino hacia la salida, con nuestro cachorro gorjeando alegremente en sus brazos.

Sólo conseguí reprimir la risa gracias a la severa mirada de advertencia de mi hermano. Hasta yo tengo que reconocer que es mejor que ella no sepa de lo que estamos hablando en realidad. No es que pensemos en romper los sellos para cabalgar de nuevo a lomos de un dragón pero… Bueno, tal vez no lo pensemos… realmente. Al menos, no por ahora. Volvimos a cruzar nuevas sonrisas cómplices. Tadeo incluso tuvo que bajar la cabeza para disimular la suya.

Tadeo… Otro plan que sale bien. Y eso a pesar de lo mucho que nos costó a todos los implicados entender en realidad lo que estaba sucediendo. No dejaré jamás de preguntarme como Milena es capaz de ver esas cosas mucho antes que nadie. Condenada mujer. Me recorrió una oleada de afecto al pensar en ella, y por un breve segundo me planteé si a Nadya no le importaría… Deseché la idea, pero no lo bastante rápido como para que Lyosha no lo captara.

"Desde luego, a mi no me importaría", vocalizó, sonriente, aprovechando que Nadya aún nos da la espalda. "Y apostaría a que tampoco sería una molestia para nuestro nuevo hermano de clan"

"¿Qué no sería una molestia?", intervino Tadeo, vocalizando a su vez.

"En otro momento", sonreí. "¿No querrás que tu recién estrenada compañera te arranque las entrañas tan pronto?"

Se encogió de hombros.

"No tengo ninguna duda de que tarde o temprano tendrá ganas de hacerlo", sonrió. "Mejor empezar cuanto antes"

"¿Estáis hablando a mis espaldas?", protestó Nadya, que al llegar a la puerta y volverse hacia nosotros ha captado el movimiento de los labios de Tadeo.

Tres sonrisas inocentes fueron la única respuesta que consiguió. Bufó irritada, y abrió la puerta con brusquedad, teniendo buen cuidado de colocarse entre nosotros, para impedir que continuara nuestra conversación sin que ella se enterara. La abracé, riendo con suavidad, y acariciando de paso el negro cabello de nuestro hijo. Él intentó lanzarme un mordisco juguetón que esquivé con facilidad, y bufó, molesto, intentándolo de nuevo. Durante todo el camino a la casa comunal, estuve poniendo a prueba sus reflejos y su paciencia, divirtiéndome con la idea de que todavía le queda mucho que aprender en los dos aspectos.

Cuando llegamos por fin al punto de reunión, media docena de elfos estaban ya esperando por nosotros. Una hembra, que parecía ser la mayor de todos ellos, se aproximó, extendiendo sus manos, las palmas hacia arriba a modo de saludo de bienvenida.

"Acercaos, amigos. No os entretendremos mucho más, tenéis mi palabra. Soy Eilanki, y estos son miembros del consejo de la aldea"

Cada uno de los hombres y mujeres situados en torno a la mesa, pronunciaron sus nombres, pero no presté demasiada atención. Mis ojos están clavados en la elfa, estudiando con interés su rostro. Los elfos son criaturas tan atemporales como nosotros mismos, y esta mujer no aparenta más de una treintena de años mortales. Pero algo en ella, en su dignidad, en la forma en que se mueve y observa, me dice que debe superar muy de lejos esa cifra. Algo me dice que es probablemente el elfo más antiguo que he visto jamás"

"Y con mucha diferencia", sonrió ella. La miré atónito, y ella respondió con una risa alegre. "No es necesario sorprenderse tanto. Los lectores son mucho más comunes en nuestra especie que en la vuestra. Pero no hablemos de mí. Vosotros tenéis mucho más que contar"

Tomamos asiento en los lugares que habían dejado libres para nosotros, frente a frente con ellos. Nos observaron con paciencia, esperando. Cruzamos varias miradas entre nosotros, y finalmente, Tadeo aceptó ser el primero en hablar.

"Ya sabéis lo que está ocurriendo. Y supongo que estaréis al tanto del trato que hemos sellado", empezó, a modo de introducción. Los elfos asintieron, instándole a continuar. Tras una breve pausa, continuó. "Necesitaremos vuestra ayuda. Hasta hace unas horas, ni siquiera creía que existieran los Samedís. Para mí no han sido nunca nada más que una leyenda.

"Eso no es necesario ni pedirlo. Contad con nuestra ayuda en todo lo que necesitéis", respondió Eilanki. "Pero antes, nos gustaría explicaros algo. Algo que no va a gustarte, cazador"

"Últimamente eso me ocurre mucho", masculló Tadeo.

La elfa sonrió apenas un segundo, antes de tornar su rostro de nuevo serio y circunspecto, y deslizó su vista por todos y cada uno de nosotros, como queriendo asegurarse de que tenía toda nuestra atención.

"El trato es favorable, y estamos satisfechos con él. Pero matar a los Samedís puede suponer un serio inconveniente. Sería preferible devolverlos a los Olvidados"

"¿Y qué propones que hagamos? ¿Tirarles de las orejas y mandarlos castigados al otro plano?", repliqué con sarcasmo. Lyosha respondió a mi exabrupto con un gruñido aprobador. A ninguno de nosotros nos gusta nada que nos estropeen la diversión, y ambos sospechamos que eso es exactamente lo que está intentando hacer la elfa. "Son demasiado fuertes. Ninguno de nosotros puede asegurarte que en un combate no se le vaya la mano"

"Contamos con eso", replicó el hombre sentado a su derecha. "Pero deberíais… intentar controlaros. Sé que es mucho pedirle a un vampiro, pero hay buenos motivos para ello"

"Genial. Esto es genial. ¿Y podríamos saber al menos porqué diablos tenemos que hacerlo así?", masculló Lyosha. "Quizá no lo entiendas pero de ese modo será bastante más peligroso. Tendremos que mantener a raya nuestra ira, y eso limitará nuestras fuerzas"

"Existe una fuerte conexión entre los Samedís y sus acólitos. Y antes de que digáis nada, permitidme que os aclare que no conocíamos las posibles consecuencias de esa conexión. Las sospechábamos, es cierto, pero no teníamos la total seguridad de lo que podía ocurrir. Al fin y al cabo, nadie había matado a ninguno de ellos hasta ahora"

Tadeo reprimió una sonrisa irónica, y yo me esforcé por no reírme, convencido de conocer el curso de sus pensamientos. Ahí está la prueba definitiva de que vamos a pasar a las leyendas, con la frase en criollo incluida, a menos que se le ocurra algo mejor. Lyosha rió entre dientes, y pronto los cuatro nos reíamos a carcajadas. Los elfos nos miraron con asombro.

"Disculpadnos", sonrió mi hermano al cabo de un momento. "Sigue, por favor"

El elfo le mantuvo la mirada durante unos segundos, una muda pregunta pintada en su rostro. Finalmente se dio por vencido con un suspiro.

"Cada Samedí que muera, aumentará el poder de los brujos. Los Olvidados abrieron ese camino, y no se puede recorrer a la inversa. Si mueren los siete, todo su poder se conservará en este plano"

Las sonrisas que nos habían acompañado hasta entonces, murieron de golpe en nuestros labios, al comprender las consecuencias de esta historia. Un rugido bajo y sordo surgió del pecho de Tadeo, y Nadya se apresuró a acercarse hasta él y posar la mano sobre su hombro en un vano intento de serenarlo. Pero no va a ser tan fácil. Su rostro se convirtió en una máscara de ira, de rabia contenida… Y de dolor.

"No puedes pensar así", susurró Lyosha.

"¿Cómo quieres que piense, Aleksei?", rugió Tadeo. "Tuve en mi mano proteger a todos los jóvenes de mi casta, y ahora descubro que los he puesto en un peligro mayor del que ya corren"

"Tonterías", mascullé, al ver como Nadya se encogía como si la hubieran golpeado. "Vuestro trabajo siempre ha sido peligroso. Bastará con entrenarlos mejor"

"Y yo no podré evitar pensar que ese entrenamiento será necesario por mi culpa. Por tomar una decisión apresurada, personal, y puramente egoísta"

"¿Te arrepientes?", preguntó Nadya, en un hilo de voz.

Tadeo alzó velozmente la vista hacia el rostro de Nadya, y su expresión se volvió aún más torturada al ver la de Nadya. Asustada, dolida. La abrazó bruscamente.

"Jamás", susurró. "Ni lo pienses siquiera. Hice lo que hice, y volvería a hacerlo. Aún ahora, que conozco las consecuencias de mi decisión, volvería a hacerlo así. No renunciaría a ti por nada"

"Entonces es estúpido que te condenes por ello", replicó Lyosha con suavidad. "Y menos ahora. Los jóvenes de tu casta podrán buscar tu protección, y tú mismo podrás encargarte de reparar el daño"

"Y siempre podéis intentar no matarlos", sugirió Nadya.

"Con respecto a eso, hay algo que tenéis que tener en cuenta", murmuró el elfo. "Y no os va a gustar"

"Qué sorpresa", mascullé con sarcasmo.

"Es posible que aunque os esforcéis por mantenerlos con vida, los Olvidados decidan acabar con ellos de todos modos", explicó Eilanki.

"Aunque en sus manos durarán bastante más", añadió la elfa sentada a su izquierda con la sonrisa más malvada que jamás he visto en un elfo, pintada en su rostro.

Le devolví la sonrisa de forma casi inconsciente, y no me sorprendió ver que mi familia respondía de igual modo. A ninguno se nos han escapado las implicaciones de su frase, y de su expresión malévola. Pero aunque no fuera así, aunque no hubiéramos comprendido al instante que cada Samedí entregado con vida a los dragones sufrirá décadas de minuciosa tortura… Bueno, somos vampiros, qué diablos. ¿Quién de nosotros podría resistirse a devolver esa sonrisa perversa aún sin saber lo que esconde? Incluso Tadeo, quien a todas luces se halla en el más profundo de sus condenados debates internos, no pudo reprimir una mueca divertida. Los elfos parecieron serenarse un poco al ver nuestra reacción.

"Estamos al tanto del trato que te ofrecieron, cazador. Y deberías tranquilizarte. Has tomado la decisión correcta. Ese acuerdo escondía más trampas de las que puedas imaginar, y el coste para los tuyos ería aún mayor. No puedo aclararte los detalles, pero tienes que confiar en mí. Era un regalo envenenado, y has hecho lo que debías"

Nadya clavó sus ojos en ella, frunciendo el ceño. Conozco demasiado bien esa expresión. Algo le ronda por la cabeza, y está buscando el modo de ponerlo en palabras. La elfa se volvió en su dirección, y sonrió abiertamente.

"Así es, Nadezhda. Los augurios mostraban claramente que debíamos enviarte para hacer regresar al cazador. No llegamos a saber porqué, ni de qué modo se vería tentado, pero las señales eran claras. Tú tenías que partir, y traerlo de vuelta. Y él debía regresar por su propia voluntad"

Tadeo abrió los ojos de par en par y se volvió hacia nosotros. Se quedó petrificado al darse cuenta de que no estábamos ni de lejos tan asombrados como él.

"¿Vosotros sabíais esto?", inquirió.

Asentimos.

Tadeo se debatió largo rato entre la ira, la sorpresa y la diversión. Lo observamos, esperando. Tarde o temprano verá las cosas como deben ser, desde la perspectiva correcta, así que la actitud que tome ahora no es digna de ser tenida en cuenta. Si opta por enfadarse y atacar, nos limitaremos a detener sus golpes y esperar a que se calme. Pero no fue eso lo que sucedió. Tras unos segundos eternos, sacudió la cabeza, y rió entre dientes.

"Espero que, de ahora en adelante, mis hermanos de clan no me mantengan fuera de los asuntos que me conciernen como si fuera un maldito neófito", dijo al fin, disimulando el tono divertido en su voz.

"Si te hubiéramos propuesto antes hermanar nuestros clanes, te habrías cerrado en banda como un maldito neófito", replicó Lyosha. "No es culpa nuestra que seas tan testarudo"

"Y sobre la misión de Nadya, debes culparlos a ellos de nuestro silencio, no a nosotros", añadí, abarcando a los elfos con un amplio gesto de mi brazo.

"Sois unos artistas en asuntos de desplazamiento de culpabilidad, ¿lo sabíais?", bromeó.

"Dímelo a mí", masculló Nadya.

"¿Vas a formar un clan?", preguntó uno de los elfos, que no había hablado hasta entonces. "Eso explica muchas cosas. Y nos complace. No te puedes imaginar cuánto nos complace"

"Me alegro mucho", replicó Tadeo, con evidente sarcasmo.

"Es una gran noticia", intervino Eilanki, ignorando el tono de su voz. "Y será de gran utilidad para cumplir vuestra parte del trato"

"Los cazadores estarán mejor entrenados, que duda cabe. Pero esperamos acabar con los Samedís mucho antes de que ese entrenamiento de sus frutos", repliqué yo.

"Yo no diría eso con tanta seguridad, Leonardo", intervino nuevamente Eilanki. "No será tan sencillo"

"No fue tan complicadocon el que matamos", repuso Tadeo. "Y aquí tendremos todas nuestras fuerzas desde el primer instante. No tienen ni la más pequeña esperanza de salvación."

"No lo pongo en duda. Pero antes tendréis que encontrarlos. Y no será tarea sencilla. Pero Nymai os lo explicará mejor que yo"

Nos volvimos como el rayo hacia un elfo pequeño y moreno sentado en uno de los extremos de la mitad de la mesa que los suyos comparten. Él bajó la vista hacia sus manos, poniendo en orden sus pensamientos.

"Los Samedís siempre han tenido un talento natural para la ocultación. Y el mundo es un lugar muy amplio, repleto de lugares que facilitarán su tarea. Pero aunque no fuera así, nos sería difícil encontrarlos. Ya habéis visto como los dragones no habían encontrado al que matásteis. Y os aseguro que llevaban días buscándolo"

"¿Intentas decirnos que podría haber uno cerca de nuestro territorio y no lo sabríamos?", preguntó Lyosha, irritado.

"Intento decirte que podría haber uno cerca de nuestro territorio, y no lo percibiríamos hasta que intentara algo. Pero la seguridad de nuestros hogares no es algo que deba preocuparte. No se acercarán tanto. Os temen demasiado y tienen a los brujos para hacer el trabajo sucio por ellos"

"Entonces, ¿cómo daremos con ellos?", insistí.

"Habrá que estar atentos", respondió Eilanki. "Atender a las señales, observar las pautas. Enviar expediciones, hablar con las demás criaturas mágicas, rebuscar entre las noticias mortales…"

Bufé con hastío, y Tadeo sacudió la cabeza.

"Hace cientos de años que no hago ese trabajo", rezongó.

"Yo no lo he hecho nunca", protesté.

"Yo sí", susurró Lyosha, sonriendo apenas, mirando sus manos posadas sobre la mesa. "Muchas veces. Y no hace tanto que volví a hacerlo"

Tenía que haberlo supuesto. Mi prudente hermano es el único que puede perder el tiempo en algo así. Y tampoco tengo ninguna duda de cuál fue la última ocasión en la que se dedicó a esa tarea. Sólo hay algo en este mundo que le vuelve mucho más cauteloso de lo que su naturaleza ya le obliga a ser, y por una vez no voy a criticárselo. Nadya. Por eso llegaron los primeros a casa de Milton, cuando empezaron los problemas con los bebedores de Irkustk. Debía llevar meses estudiando las señales, y supo que no tardarían en aparecer los problemas mucho antes de que se hicieran evidentes a ojos de todos. Alzó la vista hacia mí, y sonrió a medias.

"Lo supe antes que nadie, es cierto. Pero no podía hacer nada hasta que los demás os convencierais por vosotros mismos", murmuró. "Esta vez estamos preparados. Si encuentro una pauta, la acción será inmediata"

"Nosotros buscaremos señales, indicios mágicos, y os mantendremos al corriente", ofreció Eilanki.

"Yo me encargaré de preparar las expediciones", ofreció Tadeo. "Si hay alguien lo bastante alocado como para unirse a un clan que yo haya creado…"

"Habrá decenas, créeme", lo interrumpí. "Yo ayudaré a Lyosha. No me vendrá mal aprender algo nuevo a estas alturas. Y entre todos buscaremos a cualquier ser que pueda ayudarnos"

"¿Y yo?", inquirió Nadya.

Los tres nos miramos, preparándonos para la inevitable pelea.

"Tú… Podrás venir con nosotros cuando encontremos una criatura mágica que no sea peligrosa", ofreció Tadeo.

"¿Eso es todo?", gruñó Nadya. "¿Ir de carabina a un encuentro con hadas?"

Iba a responderle de forma bastante seca, cuando su expresión cambió y se animó. Lyosha sonrió, y detuvo mi exabrupto con una mirada divertida. Esperé.

"Un momento. ¿Habéis dicho que habrá que rebuscar entre las noticias de los mortales?", preguntó apresuradamente.

Entendí al momento a que se debe su alegría, y una vez más agradecí el don de mi hermano y su costumbre de mantenerse permanentemente en la cabeza de nuestra compañera. Acaba de evitar una pelea de proporciones épicas. Me apresuré a reprimir mi risa al ver la expresión ansiosa y expectante de Nadya, y cuando me dirigí a ella intenté mantener un tono sereno y profesional.

"¿Podrías programar una búsqueda?", inquirí, conociendo de antemano la respuesta. Ya llevo el suficiente tiempo con mi familia como para saber que ese trabajo será un juego de niños para alguien con un talento como el de Nadya.

"¡Naturalmente que puedo!", exclamó.

"Eso podría resultar de gran utilidad", concedió Lyosha, como si acabara de considerar la idea. Mi hermano es un magnífico actor.

Un violento rugido de Tadeo interrumpió nuestra actuación. Jamás lo había visto tan furioso, y me llevó unos instantes preciosos comprender que él no está al tanto de la naturaleza del talento de Nadya. Antes de que pudiera explicárselo, se ponía en pie, airado.

"No permitiré que se ponga en peligro", rugió. "Ahora soy parte de la maldita familia, os guste o no, y no me mantendréis al margen de algo como eso. Ella no participará. Y si tengo que comerme vuestras entrañas para impedirlo, lo haré. No importa lo mucho que os aprecie, lo haré sin dudarlo"

Contuve a duras penas mi genio. Odio que me levanten la voz, y a Lyosha le ocurre exactamente lo mismo. Nadie nos da órdenes, ni siquiera él. Se puso en pie igualmente, con estudiada lentitud, y se encaró a Tadeo. Cuando habló, su tono era mortalmente controlado.

"Te respeto y te amo, Tadeo, pero si vuelves siquiera a sugerir que mi hermano o yo podríamos hacer algo que la pusiera en peligro, te romperé hasta el último maldito hueso del cuerpo", masculló. "Nadya hará su parte sin necesidad de salir de casa. Sólo necesita uno de sus condenados ordenadores. No es trabajo de campo, maldito idiota"

La ira de Tadeo se esfumó para dar paso a la más perfecta expresión de sorpresa que he visto jamás. No entiende absolutamente nada de lo que mi hermano le ha dicho, pero las palabras 'no es trabajo de campo', lo han serenado lo bastante como para permitirle detenerse a considerar el resto. Ese breve instante de vacilación consiguió serenarme a mi también, e incluso me permití el lujo de sonreír.

"Programará una búsqueda en sus máquinas del infierno", expliqué sonriente. "Y cuando la veas actuar sabrás que el único peligro que puede correr es que no le permitamos abandonar nuestra cama nunca más"

Nadya bufó despectivamente, fingiendo una irritación que está muy lejos de sentir. Si a nosotros nos enloquece verla 'cazar' con sus ordenadores, a ella le encanta la reacción que esa caza provoca en nosotros. Mi salida serenó incluso a mi hermano, que rió entre dientes con malicia.

"Muy cierto", aprobó. "No nos mires así Tadeo. Lo comprenderás cuando ella se siente delante de su ordenador. Confía en nosotros. Te encantará"

"¿No estará en peligro?", insistió, aunque dispuesto ya a rendirse al ver nuestros rostros burlones.

"Claro que no", intervino Nadya. "¿En serio pensabas que estos dos tontos sobreprotectores iban a permitirlo? Ni en un millón de años"

"Ni en toda la eternidad", la corregí. Ella se limitó a bufarme por toda respuesta, provocando de nuevo nuestras risas.

Pero una idea le ronda en la cabeza y miré hacia mi hermano buscando una respuesta en sus ojos. Él sonrió sin mirarme. Una sonrisa divertida, irónica. Esperé, muerto de curiosidad, mientras Nadya se mordía el labio inferior, intentando encontrar un modo de poner en voz alta lo que quiera que está dando vueltas en su ajetreada cabecita.

"Es una búsqueda compleja", empezó.

"Estoy seguro de que encontrarás el modo de hacerlo, querida", la animó Lyosha.

"Si, desde luego", concedió ella. Jamás se permite el lujo de ser modesta en nada que se refiera a su talento con las máquinas. "Pero aún así… Quizá nuestro servidor… Ya está sobrecargado…"

Reprimí una carcajada al comprender lo que le ronda por la cabeza. Nadya es terriblemente reticente a la hora de gastar dinero. Una actitud absurda, desde luego. Disponemos de una fortuna mucho mayor de la que cualquiera de nosotros podría gastar en un millón de vidas, y lejos de disminuir, ésta no hace más que crecer día tras día. No tengo ni la más remota idea de cuánto dinero dispongo, ni maldito si me importa. Si quiero algo, lo compro, no importa su valor. Y mis fondos no sufren ninguna variación digna de mención por muy caros que sean mis caprichos.

Pero cada vez que Lyosha o yo nos permitimos algún lujo que ella considera extravagante, tenemos que hacer frente a sus enfados. En eso, su mentalidad continúa siendo la de un avaro mortal, temeroso de que su fortuna desaparezca de la mañana a la noche, aunque una parte de ella es totalmente consciente de que eso es imposible. Los vampiros pobres, muertos de hambre, sólo existen en las películas de serie 'B'. Disponemos de mucho tiempo para hacer fortuna, y de mucho talento y pocos escrúpulos a la hora de administrarla. Y tampoco tenemos tantos gastos. Pagamos los impuestos, y los suministros de agua, electricidad y demás que nos imponen los mortales, y si no nos apetece, falsificamos lo necesario para no molestarnos en hacerlo. No necesitamos gastar en comida, o pagar a nadie para construír nuestras casas, hacer reparaciones, o crear muebles de nuestro agrado. Quien más, quien menos, dispone del talento, y desde luego el tiempo, necesarios para hacerlo por sí mismo. Y todos conservamos incontables terrenos conseguidos en los tiempos en que nuestros servicios a los ejércitos mortales se pagaban de se modo, así que rara vez necesitamos comprar un nuevo alojamiento. En el fondo, somos bastante frugales. Salvo en nuestras aficiones. Soy capaz de pagar lo que sea por un coche nuevo, cada vez más rápido que el anterior. O empeñar una fortuna en conseguir un arma de mi agrado. Mi hermano está pensando en cambiar nuestro avión, y no me cabe duda de que lo hará cuando encuentre uno que le satisfaga por completo. Y Lisías, por poner otro ejemplo, ni pestañea cuando asiste a una subasta de arte, y paga por una obra infinitas veces más de lo que le hubiera costado cuando su autor estaba aún entre los vivos.

Y el gran amor de Nadya son sus máquinas. Se niega a comprarse un coche nuevo, y mira el precio de cada prenda que entra en su armario, pero cuando se trata de tecnología, pierde el norte por completo, por mucho que se esfuerce en disimularlo.

La verdad es que me importa muy poco el dinero que va a costar su nuevo capricho, pero adoro tomarle el pelo. Fruncí el ceño en su dirección, como si me enfrentara a un problema de difícil solución, y Lyosha, siempre atento a mis pensamientos, me imitó al instante.

"Puedes usar los de Lisías", sugerí. "Siempre dices que dispone de los mejores equipos del mercado"

"Si, supongo que podría", murmuró ella, decepcionada. "Aunque alguno de ellos ya se está quedando obsoleto…"

"Cambiar tus máquinas va a ser muy caro. Esos juguetes tuyos valen una fortuna", rezongó Lyosha, para asombro de Tadeo. Demandé su silencio con un gesto veloz antes de que pudiera meter la pata. Él me miró con curiosidad, pero cerró la boca.

"Ya lo sé, Lyosha", dijo Nadya en tono lastimero. "Pero tienes que reconocer que son muy útiles. Sabes la de trabajo que nos quitan de encima. Y la verdad es que necesitan un cambio…"

"¿Lo necesitan de verdad, o sólo se te ha antojado un juguete nuevo?", pregunté, sabiendo que los dos conocemos la respuesta a esa pregunta. Creí que intentaría mentirme, pero me equivoqué.

Nadya bajó la cabeza en un gesto de rendición, y suspiró.

"La verdad es que funcionan bien", reconoció.

No pude mantener por más tiempo la mascarada. Dejé que la risa que llevo reprimiendo durante un buen rato, saliera por fin de mi boca en una estruendosa carcajada. Lyosha se unió a ella al momento, y Nadya alzó la vista, confusa.

"Cómprate lo que te de la gana, Nadya. No necesitas ni comentarlo, ya lo sabes"

"Si de nosotros depende, tendrás siempre todo lo que quieras, mujer", reí.

Por una vez, no se enfadó porque intentáramos reírnos de ella. La perspectiva de tener una nueva máquina con la que entretenerse es demasiado tentadora como para que pueda detenerse a considerar nuestra broma. Palmeó encantada, y empezó una narración apresurada de todo lo que pensaba comprar, y de los sitios de Internet que le facilitarían las piezas necesarias al mejor precio. Lyosha la detuvo con un gesto divertido.

"Haz lo que quieras, querida. Compra lo que desees, y dónde desees. Pero déjalo ya. No entendemos ni una palabra", rió. "Y creo que los elfos aún tienen algo que decir"

"Perdón", susurró ella con una sonrisa traviesa.

"No es necesario disculparse", concedió Eilanki con una sonrisa afectuosa. "Si es algo que pueda ayudar, entendemos y compartimos tu entusiasmo"

"De todos modos, no hay mucho más que tratar ahora. Tendremos que reunirnos a menudo, pero por hoy ya está casi todo dicho", dijo Nymai. "Y estaréis deseando volver con los vuestros"

"No obstante, aún hay algo más", lo corrigió Eilanki.

Ya me había puesto en pie, y volví a sentarme con un gruñido molesto. La elfa me miró, sonriendo con condescendencia.

"Puedes irte si lo deseas, Leonardo. Pero estoy segura de que te gustará escuchar una buena noticia, para variar"

"Si no queda otro remedio", mascullé, poco dispuesto a dar mi brazo a torcer. Ella celebró mi descortesía con una risa suave.

"Empezaré por ti, Aleksei", comentó ignorándome. "Barenor me encarga que te diga que ya está solucionado aquello de lo que tratasteis antes de partir. No obstante, aún tardará un tiempo en surtir efecto, así que si vas a la ciudad, no te irrites pensando que te ha engañado"

"¿De qué habla?", preguntó Nadya, al ver el rostro esperanzado de mi hermano.

"Muchas gracias", susurró Lyosha con sinceridad, para volverse a continuación a Nadya. "Barenor me dijo antes de partir que podía hacer que no escuchara siempre las voces de los mortales en mi cabeza. Y al parecer, ha conseguido encontrar el modo"

Nadya lo abrazó riendo alegremente, y yo palmeé su espalda, satisfecho con su buena fortuna. Ambos sabemos lo mucho que enloquece a Lyosha no poder acallar la perpetua cháchara de los mortales en su mente"

"Creímos que no lo íbamos a conseguir, pero vuestro paso al otro mundo nos facilitó la tarea. Y eso os concierne a los demás"

"¿Qué quieres decir?", preguntó Tadeo.

"Hemos acelerado vuestro proceso de maduración. En los próximos meses, empezaréis a notar los efectos. Desarrollaréis los poderes mentales que os son propios mucho antes de lo que lo hubierais hecho si la maduración siguiera su curso natural. No os afectará en nada más, podéis estar tranquilos"

"¿Y qué poderes desarrollaremos?", pregunté esperanzado.

La elfa sonrió, leyendo sin duda lo que ansío desde el primer momento en que me uní a mi familia.

"No lo sabemos, dependerá de cada uno de vosotros. Pero confío en que tus esperanzas den su fruto, Leonardo"

"Si es así, siempre estaré en deuda con vosotros", respondí con sinceridad.

"Tonterías. Los elfos siempre hemos tenido fama de generosos con quienes nos ayudan, y esto ha sido sólo una pequeña muestra. Id en paz ahora, y mantenednos informados"

Nos pusimos en pie de inmediato, y nos despedimos de los elfos agradeciéndoles una vez más sus servicios, sin olvidarnos de encargarles que trasmitieran nuestros saludos a Querco y Barenor, y que les desearan una pronta recuperación. Rechazando sus ofrecimientos de un guía, nos internamos en el bosque para volver a casa a reunirnos con nuestra familia, sabiendo que, una ve más, el futuro se presenta divertido y prometedor. Cada uno de nosotros ha salido de esta aventura con algo más de lo que tenía al entrar y a pesar de los problemas, todos estamos dispuestos a disfrutar de lo que el destino nos ha regalado. Un nuevo hermano, un nuevo poder, un nuevo amor.