Capítulo 25: El Camino

El cuadro se descorrió como si de una puerta se tratara. Albus y James contuvieron el aliento durante segundos que parecieron horas. Esperaban encontrarse con la entrada a un posible pasadizo, o posiblemente una puerta. Pero en cambio, detrás del cuadro no había nada. Simplemente…

—¿Una pared? ¿Es acaso una especie de chiste? —estalló James, dirigiéndose al cuadro de la Muerte—. Porque créeme, yo se mucho de chistes… y éste no es para nada gracioso —le espetó. La Muerte simplemente le sonrió con cierta burla.

—Es el único camino que yo puedo enseñarles —aseguró la Muerte, desde el cuadro.

—¿El hombre que vino antes que nosotros pasó por aquí? —preguntó Albus, comenzando a dudar. La Muerte asintió—. Entonces es aquí, James —trató de convencerse a sí mismo y a su hermano.

—Pues bien… veamos qué hay, entonces…—dijo un exasperado James Potter, mientras que sacaba su varita y apuntaba hacia la lisa pared de piedra frente a él—. ¡Revelio! —lanzó James, y un haz de luz salió desde su varita para dar en la pared.

El haz de luz pareció ser absorbida por las piedras delante de ellos. Y durante varios segundos, nada sucedió. James bufó.

—Esto es inútil, Albus… ahí no hay nada… —comenzó a decir el mayor de los Potter, mientras que daba la espalda a la pared.

Pero entonces, Albus lo vio. Al principio era casi imperceptible. Pero a medida que pasaban los segundos, se fue haciendo cada vez más evidente.

Sobre la fría y oscura piedra Albus pudo ver cómo de a poco, unas brillantes palabras comenzaban a escribirse. Eran trazos largos y esculturales, escritos de manera prolija y antigua.

—James, mira… —lo llamó Albus en un susurro, mientras que se acercaba más a la pared para poder leer lo que estaba escrito delante de él. Levantó la mano y rozó las letras con sus dedos. Estaba tallado en la piedra. Como si ante el hechizo de James, una mano invisible las hubiera escrito para ellos.

—Es la letra de Gryffindor —dijo James, sorprendido, y Albus comprobó que su hermano se encontraba junto a él.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Albus, girando a mirarlo. James sonrió de lado.

—He visto esta misma escritura por todos lados en nuestra Sala Común… sin contar que hace poco, robé de la Sección Prohibida un libro titulado Memorias de Godric Gryffindor, que por cierto, fue escrito por él —le explicó James, autosuficiente.

—Parece un mensaje… —comenzó a decir Albus, mientras que se alejaba unos pasos para poder leer lo que de a poco se estaba escribiendo en la pared.

Mortal, has llamado a la Muerte a tu encuentro,

y has cruzado el límite que ella ha impuesto.

Te advierto que de continuar,

Ningún bien has de alcanzar.

He puesto frente a ti, una prueba de mi autoría.

Si has de pasar, requerirás de toda tu valentía.

Así que cruza, humano, si es necesario,

Pero deberás hacerlo con los ojos vendados.

Y ten, cuidado, mortal, si buscas lo que esta enterrado,

Pues podrías encontrar algo que no has deseado.

—Eso no suena muy alentador…—comentó James, alzando una ceja, luego de terminar de leer también el mensaje escrito por Godric Gryffindor.

—Es un acertijo —dijo Albus, pensativamente.

—Pues será mejor que nos apuremos a resolverlo, Albus. Primus nos lleva bastante ventaja —lo apuró su hermano.

Albus volvió a leer nuevamente el acertijo, pero siguió sin comprenderlo. ¿Cómo se suponía que iba a pasar si no había ningún sitio por donde avanzar? Comenzó a sentirse inquieto e impaciente a medida que se daba cuenta de que no lograba encontrar la solución.

—No lo sé… no lo comprendo —confesó finalmente Albus, en un suspiro de resignación. James a su lado, soltó un leve gruñido, y dio un paso más hacia el mensaje inscrito en la pared. Su mano izquierda se encontraba sosteniendo su mentón de manera pensativa, mientras que la mano derecha jugueteaba con la varita de manera inquieta. Permaneció así varios minutos, hasta que finalmente, chasqueó la lengua, divertido.

—¿Y sí no se trata de un acertijo, Albus? —soltó finalmente James, girando a mirar a su hermano.

—¿A qué te refieres? —lo instó a continuar él.

—Pues… tú estas pensando como todo Slytherin… buscando el truco escondido, acudiendo a la astucia de una persona para poder resolver los problemas —le explicó James, volviendo nuevamente su mirada hacia la pared—. Pero un Gryffindor es diferente. No creo que esto se trate de un acertijo, Albus. No me imagino a Godric creándolo de esa manera. Pienso que él hubiera deseado que sólo aquellos con el coraje necesario pudieran pasar su prueba —agregó luego.

—¿Y entonces qué se supone que es este mensaje? —preguntó Albus, comenzando a exasperarse. James sonrió pícaramente.

—Creo que es simplemente eso… un mensaje —respondió, encogiéndose de hombros.

—¿Y cómo se supone que conseguiremos pasar, entonces? —le espetó Albus fuera de sí. James simplemente acentuó más su sonrisa.

—Creo que es bastante claro. Pasaremos con valentía... y con los ojos vendados —le respondió. Y acto seguido, se guardó la varita en el bolsillo y cerró fuertemente los ojos, bloqueando completamente su visión—. Nos vemos del otro lado, Al —le dijo, todavía con los ojos sellados. Y antes de que Albus pudiera objetar cualquier cosa a su teoría, James se abalanzó a toda velocidad hacia la pared, corriendo con sus ojos completamente cerrados.

—¡James, NO! —gritó Potter, desesperado al ver a su hermano yendo directamente contra una pared rígida de piedra.

Pero James no se detuvo, sino que pareció acelerar. Y entonces, cuando Albus pensó que su hermano chocaría estrepitosamente contra la pared, James simplemente la atravesó como si se tratara de humo, y desapareció frente a él.

Albus permaneció varios segundos, estático en su lugar, sintiendo su corazón agitado en el pecho a causa del susto que su hermano acaba de provocarle.

—Malditos Gryffindors… ¿por qué siempre tienen que correr directamente hacia los peligros sin siquiera detenerse a pensarlo un segundo? —maldijo Albus al aire, mientras que retrocedía unos pasos para tomar carrera—. Bien… valentía y ojos cerrados… valentía y ojos cerrados… si esto no funciona juro que voy a matarte, James —continuó hablando solo, mientras que cerraba fuertemente los ojos. Inspiró una gran bocanada de aire, para darse coraje, y sin pensarlo, se lanzó a toda la carrera contra la pared.

Sabía que solo unas seis o siete zancadas lo separaban de la pared, y esperó el inminente impacto una vez que las hubo recorrido. Pero el golpe nunca llegó. En cambio, cuando Albus dio su séptima zancada, sintió como si se sumergiera en una fría y asfixiante bruma. No se detuvo, y continuó corriendo, forzándose a mantener los ojos cerrados. Algo le decía que no podía abrirlos aún.

Luego de otras cinco zancadas, Albus sintió que la bruma se disipaba, y que podía respirar aire limpio. Se detuvo, algo agitado, más por el miedo que por la carrera.

—Ya puedes abrir los ojos —le dijo la voz socarrona de James, a su lado. Albus obedeció, no sin cierto recelo, y al abrir los ojos se encontró completamente en penumbras. —¿Dónde crees que estamos? —preguntó entonces su hermano.

—No lo sé… —tuvo que confesar Albus una vez más, mientras que intentaba acostumbrar su visión a la oscuridad que lo rodeaba. —Lumos —susurró, y notó que su voz retumbaba en el lugar.

La punta de su varita se encendió ante la orden, iluminando apenas el espacio que lo rodeaba. Pudo distinguir la figura de su hermano a su lado. Delante de ellos, Albus pudo ver cómo las paredes se extendían, paralelas y largas, demarcando un túnel cuyo final no alcanzaba a ver.

A la distancia, Albus podía oír el ruido provocado por el agua que fluye. Un gorgoteo aterrador llegaba hasta sus oídos, aplacado por la distancia que los separaba de la fuente de dicho ruido. Pero la humedad era perceptible en el ambiente, así como también el olor a tierra húmeda y a encierro.

—Tengo un mal presentimiento sobre lo que nos espera al final de ese túnel —le dijo James, seriamente. Albus no dijo nada, pero coincidió mentalmente para sus adentros.

Albus estaba convencido que aquel truco de Godric Gryffindor en la entrada al pasadizo secreto no podía ser lo único que custodiaba al Tercer Ojo. De seguro, había muchos más peligros esperándolos por delante. E incluso si llegaban al final de todo aquello, todavía los esperaba Icarus Primus. Potter sabía que no había forma de que él y James pudieran derrotarlo. Recién ahora caía en cuenta de aquello. Únicamente conseguirían entretenerlo lo suficiente como para que otros llegaran en su ayuda. Pero nadie sabía dónde estaban. Los únicos que tenían alguna idea sobre todo aquello eran Hedda y Scorpius. Pero ellos solamente sabían que Primus había desaparecido de Hogwarts durante la tarde, ya que luego habían tenido que huir por culpa de Flich, y Albus no había tenido ocasión de contarles que, efectivamente, Primus había ido a buscar la Brújula Voluntaria.

—Debemos avisarle a alguien sobre Primus —dijo Albus en voz alta, luego de meditarlo. Pudo ver cómo James giraba a mirarlo gracias a la luz de su varita. —Por si nosotros no logramos detenerlo…—agregó Albus. James asintió secamente.

Albus metió entonces su mano por el cuello de la túnica y tomó una vez más el Amuleto entre sus manos. Cerró los ojos, tratando de concentrarse en el mensaje que quería transmitir a sus amigos. Tenía poco tiempo, y necesitaba que ellos comprendieran que era así.

Primus va detrás del Tercer Ojo en las mazmorras, el cuadro de la Dama Negra y el Reloj de Arena.

Busquen ayuda.

Albus.

El Amuleto en su mano levantó una suave temperatura, indicándole que el mensaje había sido transmitido. Albus rezó porque sus amigos pudieran conseguir a alguien que escuchara su historia y la creyera antes de que fuera demasiado tarde.

—Debemos seguir —le recordó James, mientras que prendía la punta de su propia varita, para iluminar el camino.

—Sigamos, entonces —accedió Albus, con la esperanza de que, si ellos fracasaban, otros lograrían detener a Primus antes de que fuera demasiado tarde.

Recorrieron a paso rápido el túnel, teniendo el mayor de los cuidados con cada paso que daban. Temiendo que alguna trampa se les apareciera de la nada. Pero nada sucedió, a excepción de que, con cada paso que daban, el sonido de agua cayendo se volvía cada vez más claro y fuerte, señal de que se acercaban al final de aquel camino. Y efectivamente, al llegar al final del túnel, Albus descubrió la fuente de agua que había causado aquel sonido goteante.

El túnel desembocaba en lo que parecía ser una gigantesca cueva excavada en la piedra y la tierra que yacía debajo del castillo de Hogwarts. Y rellenando todo aquel gigantesco cráter había agua. Cientos de miles de litros de agua, que caían desde orificios en las paredes, vertiéndose ruidosamente sobre la superficie oscura de aquel lago. Un lago cuya agua, lejos de ser cristalina y pura, tenía una apariencia oscura y espesa, como si se tratara de petróleo. Albus no tenía idea de qué era aquello, pero algo le decía que nada bueno podía tener esa apariencia. Supo que, fuera lo que fuera, debían evitar tocar el agua a toda costa.

Delante de ellos, Potter pudo distinguir lo que parecía ser un puente de piedra. El puente se extendía desde el túnel por dónde ellos habían venido, hasta el otro lado del lago, desembocando una vez más en otro oscuro y abominable túnel. Era el único camino visible para cruzar el lago negro.

—Creo que éste es el camino que debemos seguir —sugirió James, dando un paso hacia el puente. Albus lo detuvo instintivamente, aferrándolo de la muñeca.

—No tan rápido… ese espíritu gryffindoriano ya nos ha servido una vez, pero no creo que funcione dos veces —le advirtió Albus, mientras que se acercaba con más cautela al puente.

—Bien, supongo que es turno del ingenioso Salazar Slytherin de sorprendernos —se mofó James.

Albus lo ignoró, mirando con cuidado y detalle el puente delante de él. Su varita iluminaba la primera porción del mismo, pero fue suficiente como para que Potter pudiera ver que no se trataba de un puente común y corriente. Era un puente hecho de grandes rocas, y sobre las mismas, estaban grabadas letras del alfabeto.

Su mirada vagó entonces hacia el comienzo del puente, en el sitio donde éste se unía con el túnel donde él y James todavía estaban aguardando. Y efectivamente, Albus leyó una inscripción allí.

-Solo un mortal fue capaz de domar al Cerbero y penetrar en Inframundo.

Sigue sus pasos y podrás cruzar.

Equivócate, y caerás en el Lago de la Tragedia,

Y por siempre ahí descansarás.

—Vaya… eso suena aún más prometedor que el mensaje de Gryffindor —dijo James, frunciendo el ceño al leer el mensaje inscripto en la entrada del puente.

"Esto sí es un acertijo…" pensó Albus, mientras que releía las palabras frente a él. "He escuchado esto antes… un mortal que domó al Cerbero y logró entrar al Inframundo… lo he leído en algún lugar"

—¿Qué diablos es el Lago de la Tragedia?—preguntó James, inquieto.

—Supongo que hace referencia al Río de la Tragedia... —respondió Albus, ausente, todavía tratando de descifrar el acertijo.

—Menos mal que me has aclarado esa duda, hermano —ironizó James, quien obviamente no había entendido el paralelismo. Albus resopló, molesto por ser interrumpido en su pensamiento.

—El Río de la Tragedia era el límite entre el mundo de los vivos y el Inframundo. Y por sus aguas flotaban las almas de todos los muertos en pena como castigo por sus culpas —respondió el menor de los Potter.

—¿Y cómo cruzaban ese Río? —quiso saber James.

—Ningún mortal podía cruzar ese río. Estaba prohibido por Hades, quien había colocado a Caronte como encargado de evitar el paso de los vivos —le explicó Albus, armándose de paciencia.

—Pues según el poema de tu querido Salazar, alguien logró engañar a ese tal Caronte y entrar al Inframundo —le criticó James.

—Hércules —reaccionó Albus, al hacer memoria—. Fue Hércules a quien le ordenaron capturar al Cerbero, y fue él quien logró entrar en la tierra de Hades, sin estar muerto—exclamó emocionado, y agradecido de que su hermano lo hubiera hecho rememorar toda la historia.

—¿Estás seguro? —preguntó James, mientras miraba con cierto recelo el puente frente a ellos. Albus asintió. —Bueno, entonces… ¿cómo seguimos sus pasos y cruzamos es éste….—lanzó una rápida mirada al mensaje frente a ellos, como si chequeara un dato— …Lago de la Tragedia?

Si algo había aprendido en sus dos años en Slytherin era a siempre analizar detenidamente las palabras de sus compañeros de casa. En este caso, las palabras provenían directamente del fundador de su casa, Salazar. Sabía que posiblemente hubiera una trampa en todo aquello. Algún truco escondido que él no llegaba a ver. Pero no había tiempo.

—Seguir los pasos de Hércules…—se dijo a sí mismo Albus, mientras que avanzaba hacia el puente. Buscó con la mirada entre las letras del suelo. A la distancia de un paso largo, pudo distinguir una roca donde estaba grabada la letra "H". —Bien… probemos entonces —dijo en voz alta, y dio un paso al frente.

James ahogó un jadeo al ver a su hermano pisar pesadamente sobre el puente. Miró a su alrededor, tratando de comprobar si algo en aquel lugar había cambiado. Pero todo seguía exactamente igual.

—Bien hecho, Albus —lo felicitó James, mientras que se acercaba la borde del puente, listo para pisar la letra "H" en cuanto su hermano la desocupara.

—No cantes victoria hasta haber llegado al otro lado, James —le advirtió Albus, mientras que buscaba delante de él la letra que seguía… "E". La localizó hacia la derecha, a una distancia bastante larga, pero fácil de alcanzar.

Albus pegó un pequeño salto, y cayó sobre la letra E. Suspiró aliviado al comprobar que no se había equivocado. Mientras tanto, detrás de él James dio un paso sobre la H.

—¿Te importa seguir avanzando, Albus? —pidió James, mientras que hacía equilibrio para no tocar ninguna de las piedras que rodeaban a la letra H.

Albus encontró delante de él, hacia la izquierda, la siguiente letra que debía de pisar: "R". Inspirando una fuerte bocanada, dio el paso que lo separaba de la misma, esta vez más confiado. Nuevamente, nada sucedió. Por lo visto, todo iba en orden. Habían descifrado correctamente el enigma. Detrás de él, igual que la vez anterior, James avanzó hacia la E sin inconvenientes.

Por cuarta vez, Albus buscó entre las piedras que formaban el puente aquella que tenía grabada la siguiente letra del nombre: "C". La localizó no muy lejos de donde se encontraba. Era una piedra grande, donde cabía perfectamente con sus dos pies. Dio el paso necesario para cubrir la distancia que lo separaba de la misma. Y supo, apenas la tocó, que algo andaba mal.

El suelo debajo de él tembló, y la piedra sobre la que acaba de apoyar su pie se desprendió completamente del resto del puente, dejando un hueco en su lugar. Albus perdió completamente la estabilidad, y comenzó a caer.

—¡Te tengo! —le dijo James, mientras que lo tomaba por la espalda, de la túnica, sujetándolo al mismo tiempo que trataba de no tocar ninguna de las piedras equivocadas que lo rodeaban. Haciendo un esfuerzo, James tiró de él de regreso hacia atrás, volviéndolo hacia la letra "R".

Albus recuperó la estabilidad apenas volvió a tocar con ambos pies la letra R. Durante varios segundos permaneció paralizado en aquel lugar, las manos apoyadas sobre sus rodillas, mientras que jadeaba, tratando de conseguir más aire para sus aterrados pulmones. Había estado demasiado cerca de caer. Se había equivocado. Y lo peor, era que no entendía porqué.

—No tiene sentido… se supone que debo seguir los pasos de Hércules…—balbuceó sin comprender, mientras que su mirada verde vagaba hacia atrás, al camino que había recorrido hasta entonces, y de regreso hacia delante, hacia el camino que les quedaba por hacer.

Albus no era un experto en mitología, pero estaba bastante familiarizado con las historia de Hércules, pues había pasado largas horas leyendo al respecto en la biblioteca durante las últimas semanas. Hércules, el mortal, hijo de Júpiter…

—¡Por Merlín! ¿Cómo pude equivocarme de esa manera? —estalló Albus finalmente, mientras que una risa amarga escapaba de sus labios.

—¿Se puede saber de qué te ríes? ¡Casi te caes al maldito Lago de nombre tétrico! —le criticó su hermano, enfadado.

—¡No es Hércules el nombre! ¡Hércules es de la mitología romana! —se explicó Albus—. En la cultura griega, no se llamaba Hércules… se llamaba Heracles.

—¿Estas seguro esta vez? —inquirió un James bastante desconfiado.

Pero Albus esta vez estaba seguro. Sin dudarlo, y sintiéndose bastante estúpido por su anterior error, Potter dio un paso firme hacia la "A" que se encontraba no demasiado lejos, delante de él. Y efectivamente, no se equivocó. La roca lo sostuvo completamente, sin temblar ni desmoronarse debajo de sus pies. Era la letra correcta. Detrás de él, James soltó un suspiro mientras que avanzaba hacia la R.

Con cuidado pero con seguridad, Albus continuó avanzando de a una letra por vez, asegurándose siempre de pisar firmemente. Luego de la A le siguió "C", y a poca distancia hacia su derecha, la "L". Desde la L, Albus tuvo que saltar y arriesgarse una vez más, pues la distancia que separaba dicha letra de la siguiente, la "E", era demasiado amplia como para alcanzarla simplemente estirándose. Soltó un suspiro de alivio al comprobar que la letra E lo sostenía perfectamente. De haberse equivocado, esta vez James no habría podido ayudarlo. La "S", última letra del nombre de aquel antiguo héroe griego, se encontraba delante de él, al final del puente.

Albus la pisó, y sin perder tiempo, continuó avanzando hacia el túnel frente a él, alejándose todo lo posible de aquel puente. Detrás de él, James saltó desde la letra S y lanzó una mirada llena de rencor hacia el puente.

—Eso estuvo cerca…—suspiró James, mientras que se secaba el sudor de la frente con la manga de su túnica. Albus apenas asintió con la cabeza. —Sigamos… algo me dice que esto aún no ha terminado.

Albus coincidió mentalmente con su hermano, pero no dijo nada. En cambio, se dispuso a continuar avanzando a través del nuevo y oscuro túnel frente a él. Ambos marchaban con sus varitas en alto, los sentidos alertas, convencidos de que todavía los esperaba la peor parte.

Pero una vez más, el túnel se encontraba libre. Nada sucedió en todo el recorrido. Simplemente, era un túnel, idéntico al anterior. A medida que avanzaban Albus pudo distinguir una luz al final del camino. Sin emitir palabra alguna hizo una seña a James, quién rápidamente comprendió el mensaje. Había luz al final del túnel, lo que probablemente significaba que también había alguien esperándolos allí. Aferrando firmemente sus varitas frente a ellos, los hermanos continuaron avanzando, ahora más sigilosamente.

A medida que avanzaban la luz se hacía más notoria e intensa, lanzando destellos dorados hacia el interior del túnel. Una luz extraña, muy distinta a la luz que suele arrojar el fuego o bien una lámpara que funciona con electricidad. Albus supo que era una luz mágica.

Nox —murmuró Albus, cuando estaba ya cerca del final del túnel. James lo imitó. Se miraron unos segundos, y su hermano mayor le sonrió cómplicemente. Albus se sintió aliviado ante aquel gesto tan familiar. Al menos no estaba solo en aquello. James estaba con él. Sin importar lo que los esperara al final de aquel camino, estarían juntos.

Albus tuvo que entrecerrar los ojos ante el destello de luz que ocupaba la amplia sala en la que desembocaba el túnel. Pestañó varias veces para acostumbrarse a la luminosidad que lo rodeaba, después de tanto tiempo sumido en la oscuridad.

Se trataba de una sala amplia y cuadrada. Era una habitación completamente diferente a todo el camino que habían recorrido hasta entonces. Aquí, las rocas de las paredes estaban prolijamente pulidas y perfectamente incrustadas unas con otras. El suelo parecía estar cubierto por brillantes y resbaladizas baldosas negras. Por sobre sus cabezas se alzaba un techo abovedado, sostenido por grandes y pesadas columnas de roca tallada. Y en el centro de la habitación, brillando con una intensidad abrumadora, había una gigantesca bola de luz dorada, como si se tratara de un pequeño sol encerrado en aquel lugar.

Albus pensó que aquel lugar se parecía a un mausoleo. Una tumba. Aquel pensamiento le provocó un escalofrío.

Delante de ellos, en el otro extremo de la sala, había una puerta de piedra, casi camuflada con el resto del lugar. Y custodiando la entrada yacían dos inmensas estatuas, representando dos animales que no sorprendieron en nada a Albus: un León y una Serpiente.

Albus dio el primer paso hacia el interior del Salón, seguido por James. La luz sobre sus cabezas pareció titilar. Dieron un segundo paso, y Albus creyó sentir que las paredes temblaban. Dio un tercer paso, y esta vez, estuvo convencido de que las paredes estaban temblando. Pero no se detuvo. Él y James continuaron avanzando, a pesar de que la habitación entera parecía rugir con cada paso que daban. Pero fuera de ello, nada verdaderamente amenazante sucedía a su alrededor.

Y entonces, cuando se encontraban a solo unos pasos de la puerta, cuando estaban lo suficientemente cerca como para que Albus pudiera extender su mano y abrirla, la estatua del León a su derecha rugió, y la Serpiente a su izquierda se irguió sobre su cuerpo, y enseñó sus colmillos de roca.

Albus y James retrocedieron instintivamente. Las dos estatuas de piedra eran mucho más que simplemente roca. Eran los custodios de la entrada. Y habían cobrado vida con cada paso que ellos daban hacia la puerta.

El León sacudió violentamente su cabeza, mientras que se paraba sobre sus cuatro patas, y la Serpiente se desenroscó, siseando amenazadoramente.

—Algo me dice que no podremos pasar por las buenas —lamentó Albus, cuando el León rugió por segunda vez.

—Entonces tendrá que ser por las malas —se jactó James, mientras que alzaba su varita hacia las criaturas de roca viva.

Y como si éstas pudieran percibir la amenaza que aquella vara de madera simbolizaba, el León se lanzó al ataque contra James.

James reaccionó rápidamente, haciéndose a un lado, y lanzó el primer hechizo de ataque de aquella tarde.

¡Reducto! —gritó James, al tiempo que apuntaba al León. Pero el León esquivó el ataque ágilmente, y se lanzó otra vez al ataque.

¡Reducto! —reaccionó Albus al ver al gigantesco animal abalanzarse sobre James por segunda vez

Y esta vez, dio en el blanco. El hechizo golpeó al León sobre el hombro izquierdo, provocando que parte de la roca que lo formaba se desprendiera del mismo. El León rugió enfurecido, y giró entonces para encarar a Albus. Con un gruñido ronco, se lanzó al ataque una vez más. Albus no llegó a lanzar un hechizo, y en cambio, se tiró al suelo, mientras que rodaba esquivando al felino. Pero el León era una criatura inteligente, y adelantándose a su movimiento, lo interceptó con una de sus garras, arañándole, irónicamente, el hombro izquierdo.

Albus aulló de dolor al sentir su hombro desgarrándose bajo las filosas uñas de piedra del León. Fue con aquel penetrante grito que hizo salir a James de su aturdimiento, y alzando su varita, el mayor de los hermanos lanzó un hechizo contra el León.

Petrificus Totalus —fue lo primero que se le vino a la mente, mientras que apuntaba decididamente hacia la criatura de roca.

El hechizo golpeó contra el animal, pero no consiguió petrificarlo. En cambio, logró enfurecerlo aún más, si es que aquello era siquiera posible. Rugiendo al aire, el León giró para mirar a James, abandonando a un herido Albus en el suelo.

El felino y James se miraron fijamente a los ojos, evaluándose mutuamente. Potter sabía que solo tendría una oportunidad de conseguir derrotar al feroz animal frente a él, que amenazaba con matarlo a él y a su hermano menor.

—Vamos, gatito… te estoy esperando —susurró James, provocadoramente. Fue todo lo que la criatura de piedra necesitó para descontrolarse nuevamente, y lanzarse en pos de cacería contra él.

James aguardó pacientemente, sintiendo que su mano, y posiblemente todo su cuerpo, temblaba por el esfuerzo de no moverse antes de tiempo. Esperó hasta que el León llegara al lugar exacto, y entonces, atacó.

¡Bombarda!

Albus escuchó la voz de su hermano pronunciar aquel hechizo y levantó instintivamente la cabeza, buscándolo con la mirada. El haz de luz brillante golpeó de lleno al animal en el pecho, y lo hizo detenerse en seco. Albus y James cruzaron una mirada de entendimiento, y aprovechándose del momento de debilidad del animal, volvieron a levantar sus varitas:

¡Bombarda máxima!—gritaron los dos al mismo tiempo. El León se vio elvuelto en un tobellino de magia, y Albus pudo escuchar el crugir de la piedra al desmoronarse. Para cuando el haz de luz provocado por ambos hechizos se hubo disipado, solo quedaba una pila de rocas donde antes había estado el imponente felino.

Un siseo llenó entonces el silencio que se había asentado luego de que James derrumbara la columna. Recién en ese momento Albus fue conciente que todavía los esperaba un segundo peligro de piedra.

La Serpiente miraba a James enfurecida desde la puerta, alzándose sobre su cuerpo. Posiblemente estaba molesta porque su hermano acaba de destruir a su compañero felino. Su cuerpo se movía en el aire, con un vaivén que prácticamente hipnotizaba. Su lengua bífida olfateando el aire, tanteando el ambiente. Una criatura que, a pesar de ser de piedra, era igual de astuta que una de carne y hueso.

Sucedió en un segundo, antes de que cualquiera de los dos pudiera reaccionar. La Serpiente prácticamente saltó por el aire hacia James, y éste ni siquiera llegó a conjurar un hechizo a tiempo. El feroz reptil lo sujetó con sus colmillos por el antebrazo, obligándolo a soltar su varita, y esta vez, fue el turno de James de gritar a causa del dolor.

Suéltalo —fue lo primero que se le ocurrió decir a Albus. Ni siquiera fue conciente en ese instante de que estaba hablando pársel. Tampoco le importó. Porque al escucharlo, la Serpiente soltó inmediatamente el brazo de su hermano, y se ovilló en el suelo, mansamente.

James se tambaleó sobre sus piernas, y tuvo que apoyarse en la pared para no perder el equilibrio. A pasos torpes, se alejó de la Serpiente, a pesar de que ésta ya no suponía un peligro. En su antebrazo se podían ver dos heridas profundas, donde se habían clavado los colmillos filosos de roca. La sangre comenzaba a brotar de aquellos orificios en la carne.

—¡James! —se apuró a decir Albus, mientras que caminaba hacia su hermano. Para su sorpresa, James retrocedió, alejándose de él.

—¿Qué diablos fue eso? —estalló James, mirando alternativamente a Albus y a la serpiente, que se encontraba todavía ovillada en el suelo, estática, como si se tratara simplemente de una estatua de piedra.

—Yo… —comenzó a decir Albus, sintiendo repentinamente más miedo del que había sentido en todo el tortuoso camino que había recorrido hasta entonces. Él nunca le había confesado a James su secreto. Suspiró y cerró los ojos mientras que se disponía a soltar la verdad. —Yo hablo pársel —dijo finalmente, mientras que apretaba más los ojos, como si temiera que su hermano lo fuera a golpear en cualquier momento.

Pero nada sucedió, y lentamente, Albus volvió a abrir los ojos, para encontrarse con que James lo miraba pasmado, con la boca entreabierta.

—¿Cómo papá solía hacerlo? —preguntó James, dubitativo. Albus asintió. —Vaya… —fue todo lo que agregó.

La conversación entre ambos se vio repentinamente interrumpida cuando el salón donde se encontraban volvió a temblar bajo sus pies. Albus miró en dirección a la Serpiente, como si temiera que ésta hubiera hecho algo. Pero la criatura de piedra se encontraba todavía quieta en un rincón, inmóvil.

—Al… creo que será mejor que crucemos esa puerta… ahora —señaló James, precavidamente, mientras que se sostenía el brazo herido con una mano. Su mirada estaba fija en la pila de piedras derrumbadas, que correspondían a los restos del León.

Albus vio como la pila de rocas parecía sacudirse, como si algo se estuviera removiendo debajo de ellas.

—¿Puedes caminar? —preguntó Albus, mirando preocupado el brazo herido de su hermano. James chasqueó la lengua, restándole importancia, mientras que se inclinaba para tomar su varita.

El suelo volvió a temblar, y los escombros de roca volvieron a sacudirse. Un rugido resonó desde algún lugar lejano.

—Creo que esa cosa se reconstruye a sí misma —dijo Albus, mientras que tomaba a su hermano por el brazo sano, sin perder de vista la pila de rocas.

—Entonces deberíamos apurarnos. No tengo ganas de volver a cruzarme con él —sugirió James.

Ambos se dirigieron hacia la puerta. Con cada paso que daban, más temblaba el salón, y más fuerte resonaba el rugido del León. Las rocas que correspondían al supuestamente destruido león, se sacudieron cuando Albus puso su mano sobre el picaporte de roca.

Albus lanzó una última mirada a James. Éste asintió con la cabeza. Y entonces, abrió la puerta final.


Capítulo 25 UP!

Qué puedo decir la respecto? Simplemente espero que les haya gustado, porque a mi me encantó escribirlo. Me divertí mucho pensando las pruebas, y adaptando todo a la historia de Hades. Si hay algo que no hayan entendido, los invito a que me lo pregunten.

Me ha quedado un capítulo bastante largo, pero bueno, creo que era necesario hacerlo todo en uno. Me parece bueno destacar las diferencias que se pueden apreciar entre Albus y James a lo largo de este capítulo. Con el correr de los años, se volveran mucho más acentuadas, y terminarán por convertirse en rasgos característicos de sus personalidades.

En fin, voy a responder los reviews q no respondí previamente, pero que leí y de los cuales estoy muy muy muy agredecida!

adrisstbdt: jaja, si ya odiabas a Icarus Primus en los capítulos anteriores, espera a ver lo que se esta por venir. Creo que lo definiste bastante bien cuando dijiste que era un hombre inteligente y astuto. En cierta manera, creo que Icarus y Albus se parecen mucho, ¡y no me malinterpretes al respecto! Me refiero a que Icarus siempre está midiendo a Albus, porque le recuerda a él. Retomando un review que dejaste en el capítulo 22, donde me explicabas por qué pensabas que Brida podía ser una opción a revivir... pues, creo que es una teoría muy interesante. Obviamente, no voy a responderte si es correcta o no... pero quedate tranquila que falta poco para que te enteres. En cuanto a las descargas de energia de Albus... pues sí, eventualmente terminaron siendo útiles. Y con respecto al resto de los chicos... pues, por este capítulo no participaran... pero veremos que sucede más adelante.

Rose Weasley de Malfoy: Hola Ceci! Ultimamente ya no te veo tan seguido... :( Pero bueno, me basta con que sigas leyendo, aunque a veces no puedas dejar reviews! Me gustó tu observación sobre el capítulo 22, donde resaltaste la personalidad orgullosa de Albus, y esa determinación de no darse por vencido y ser el mejor. En cuanto a tu pregunta sobre el capítulo 23, de Hedda... jajaja pobre Hedda, no? Una vez que ella se rejala y se permite ser ella misma, vienen los problemas... pero sí, esa era básicamente la idea que quería mostrar... un aire relajado, y repentinamente, algo que no se esperaban. En cuanto a la relación James /Hedda... creo que he creado entre ellos un vínculo bastante confuso e intrincado. Porque son como dos enemigos que confían el uno en el otro. Hay una complicidad encubierta entre sus burlas y peleas. Una amistad rasposa. Son complicados, para decirlo de una forma clara!

jjaacckkyy: respondiendo primero a tu review del capítulo 22... No, Primus no subestima a Albus, todo lo contrario. Respondo lo mismo que le dije a adrisstbdt: Primus ve a Albus como una persona muy parecida a él. Ambos son inteligentes, astutos, ambiciosos, autosuficientes. La diferencia es que Albus tiene un contexto que lo ayuda a orientar todos esos adjetivos hacia el bien. En cambio Primus... ha crecido con otros pensamientos. ¿Cuántos capítulos quedan? Pues, la verdad es que la historia se esta extendiendo más de lo que yo planeaba... pero supongo que quedaran cinco capítulos más... talvez se prolongue incluso más! En cuanto a tu pregunta en el último review sobre Scor, Hedda, Lysan y Rose... bueno, no van a aparecer por el momento. ¡No puedo decir nada mas!

Nat Potter W: Gracias por el review! Hacía bastante que no te veía por acá, pero gracias por seguir leyendo esta historia. Con respecto a tu review del cap 22... pues, me alegra que Albus te haya impresionado. Se trata de una persona con mucho potencial, que si sabe canalizarlo de la manera correcta, puede alcanzar grandes cosas. Pero bueno... soy de las personas que piensa que la vida no está hecha de grandes decisiones, sino de pequeñas, y cotidianas decisiones, que determinan quienes somos... veremos cuales son esos pequeños aciertos o errores que comete Albus, y a dónde lo llevan. En cuanto a la reacción de Harry... vas a tener que esperar un poco más... todavía no ha llegado su momento de aparecer. ¡Pero al menos ya tienes bastante acción aquí!

Ronoel: Hola y bienvenida a mi FF! Me pone muy contenta que te haya gustado la historia. La verdad es que empecé este proyecto viendo qué salia de la primera historia (AP y LGN), y quedé tan contenta con el resultado, que me dispuse a seguir con una segunda parte... y sí, tengo ganas de seguir escribiendo una tercera, y quien dice por qué no una cuarta y muchas más. Pero bueno, no prometo nada! La realidad es que la historia tiene muchos cabos sueltos, muchas cosas sin resolver, que he dejado intencionalmente abiertas para resolverlas en historias futuras, si es que me animo a escribirlas. Por ejemplo, todavía no ha tenido un cierre todo lo acontecido durante le primer año de Hogwarts.. con los Guardianes y las Joyas de la Corona. Cambiando de tema... me gustó mucho tu idea del Sombrero Seleccionador, y lamento que no se me haya ocurrido a mi! Jajaja... pero bueno, la verdad es que cuando empiezo a escribir una historia, ya tengo pensado el final de la misma, y toda la historia la escribo en función de ese final, por lo cual no podía cambiar la trama sobre la marcha para adaptarla a la idea del Sombrero, jajaja, pero gracias igual! Lamento que te haya parecido que La Muerte se los dejó muy simple.. pero es que después les esperaba un camino tan largo, que me parecía demasiado cruel ponerlo muy dificil desde el comienzo!

puppyz6: lamento haberte hecho esperar tanto... yo personalmente, odio cuando los escritores se atrasan tanto en publicar el siguiente capítulo, y encima, ¡es cortito! Pero juro que no fue intencional... mi computadora me dijo BASTA, y tardé varios días en lograr solucionarlo. En cuanto a tu crítica sobre los títulos... puede que tengas razón... a veces son demasiado "delatores". Pero odio cuando los títulos no guardan ninguna relación con el capítulo... pero bueno, voy a tratar de tenerlo en cuenta para los proximos!

nathalie-granger: sí! Lo sé! Últimamente estuve escribiendo capítulos cortos... pero para compensar aquí les dejé un capítulo por demás largo y con mucha acción y aventura. Gracias por dejar reviews! Y espero que este capítulo te haya gustado!.

thorio2002: me divirtió leer tus teorias con respecto al Sombrero Seleccionador. Voy a responderte en la medida que me sea posible... en cuanto a que el Tercer Ojos es el rubí de la espada de Godric... muy buena teoria, pero lo siento... no es correcta. En cuanto a que esté escondida dentro del Sombrero... pues, me sorprende que tantas personas hayan pensando en el sombrero y yo no! Me siento bastante tonta... pero no, nuevamente, tampoco esta escondido en el sombrero. Pero gracias por compartir tus teorias conmigo! Muy inteligentes de tu parte.

Malfoy-son: jajaja, asi que crees que Primus quiere enfrentarse a Albus? No eres el primero que lo piensa, y me alegro que sea así, porque yo también creo lo mismo ;) Y me alegra que también puedas ir viendo, de a poco, la personalidad que Albus deja traslucir. Son detalles a veces, porque es apenas un niño, pero de a poco irá desarrollando una personalidad mas definida y característica. Por otro lado, estoy deacuerdo con tu teoria de que, en cierta manera, una varita magica es un limitante del caudal de magia de una persona... pero en cierta forma, lo considero como una medida de seguridad, para evitar las explosiones de magia como las que tiene Albus.

Colin Creveey: gracias por el review número 200! No sé si se puede medir a un escritor por la cantidad de reviews, pero yo si puedo decir que me hace muy feliz saber que hay alguien leyendo lo que yo escribo, sea muy bueno o muy malo. Me gusta escribir, lo hago como entretenimiento, pero más me gusta que los lectores disfruten con la historia, y los reivews son mi incentivo para seguir escribiendo. De no ser por las personas que leyeron la primera parte de Albus Potter, nunca me hubiera animado a escribir una segunda parte.

Darien: leiste todo en una semana? Jajaja, estoy impresionada. Debes de leer muy rápido. Me alegro que te haya gustado la historia, y te agradesco tambien que quieras comentar siempre, pero no te preocupes si en algún capítulo no podes. La verdad es que, como dije en otra respuesta, me encanta recibir reviews porque son mi incentivo para seguir escribiendo... pero si alguna vez no pueden dejarlos, no hay problema! Lamento que Hedda y Scor no hayan aparecido al rescate de los chicos... pero bueno, tenía ganas de que Albus y James encontraran la salida solos.

sakura sanin: bienvenida a la historia! Tengo varios nuevos lectores, lo cual me pone muy contenta. Espero poder seguir llevando el misterio y la acción de manera que siga siendo entretenido. Y espero tu opinion sobre este capítulo, que tiene bastante de las dos cosas, jaja.

NedStark88: pff! Casi me sonrojo al leer tu review. Creo que, como vengo diciendo en otros reviews, no hay nada mejor para alguien que escribe, que su historia sea leida, y que ademas, le guste a los lectores! Pasé por tu perfíl y me di un vistazo rápido a la historia. Cuando tenga un poco de tiempo me voy a detener a leerla bien, y si tenes ganas, podemos hablar por mail y te cuento bien qué me pareció. Te pido únicamente que me tengas un poco de paciencia porque no tengo mucho tiempo últimamente, pero en cuanto me haga un espacio prometo leerla!

Espero no olvidarme de ningún review... de no ser así, avisenme!

Saludos,

G.