¡YAHOI! Ya hace mucho mucho que no me paso por aquí... como siempre, explicaciones, notas y demás fruslerías al final de capítulo.

Disclaimer: Los juegos del hambre y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Suzanne Collins, yo solo los uso para mi simple y puro entretenimiento.

Chapter 24

POV Peeta

Acaricio con cuidado y fascinación el morro y la cabeza del animal tan fantástico e imponente que va a tirar de nuestra carroza (mía y de Haymitch) durante el desfile de tributos. No he visto a Katniss desde hace unas horas, pero sé que con Effie y los demás estará bien.

De reojo veo a Haymitch hablando en actitud seria con sus amigos vencedores de los otros distritos. Suspiro al percatarme de que el resto me está mirando fijamente. Tal vez por ser el más joven, tal vez por ser el vencedor más reciente (uno de ellos) o no sé, tal vez porque me están evaluando con ojo crítico, sacando sus propias conclusiones.

Haymitch se acerca ahora junto con Cinna y Portia. Cinna lleva en la mano una especie de antorcha que despide una llama de un hipnotizante fuego anaranjado.

—¿Y eso?—pregunto cuando llegan a mi altura. Cinna sonríe.

Esto es el toque final de vuestros trajes. —Haymitch y yo lo miramos interrogantes.

—Lo voy a prender en vuestras capas, para hacer el efecto de que estáis envueltos en llamas, ardientes, peligrosas y cálidas llamas.

—Tú estás mal de la cabeza—dice Haymitch. Cinna amplía su sonrisa.

—No os dañará. Es un material de mi invención, lo he probado y he hecho ensayos hasta la saciedad. Os prometo que no os pasará nada. Volveréis completamente ilesos. —Haymitch hace una mueca, nada convencido. Aunque yo le devuelvo a Cinna la sonrisa y asiento.

—Será como si Katniss estuviera con nosotros. —Los ojos de Cinna brillan con entusiasmo y aprobación.

—Exacto. —Haymitch meneó la cabeza.

—Me acabaré arrepintiendo pero… qué remedio. Prende la cosa esa.

—En cuanto estéis a punto de salir. Tiene una duración limitada. —Los demás tributos ya se están subiendo a sus respectivos carros y colocándose en fila india, en orden de entrada. Al ser el nuestro el distrito 12, el último, ese es el lugar que nos corresponde en la comitiva: la cola. Me siento algo nervioso y ansioso sin Katniss a mi lado. La primera vez que tuve que pasar por esto ella estaba a mi lado y había podido cogerla de la mano, recuerdo que en aquel momento pensé que quizás serían las últimas horas que pasaría a su lado, y ese pensamiento me dio el valor de hacer lo que debería haber hecho hacía mucho tiempo. Nos habríamos ahorrado sufrimiento innecesario.

Aunque viendo las cosas en retrospectiva, las cosas no han ido tan mal. Podría haber sido peor, mucho peor.

—¡Espabila, chico!—Salgo de mis pensamientos al oír el grito de Haymitch. Los caballos han empezado a avanzar y pronto nos tocará a nosotros. Cinna se acerca con la antorcha en la mano y prende nuestras capas. Al instante un manto de fuego llameante nos rodea a Haymitch y a mí, ondeando tras nosotros impulsado por el suave viento primaveral. La luz del sol me ciega durante unos segundos en cuanto salimos al aire libre (aunque no sé si esa expresión sería la más adecuada dadas las circunstancias).

Una algarabía de voces nos recibe; los chillidos se convierten en exclamaciones de sorpresa y gritos ahogados al vernos a nosotros, a mí y a Haymitch; no me hace falta ser un genio para saber que lo que los ha hecho reaccionar así es el fuego que ondea tras nosotros. Ni Haymitch ni yo podemos vernos, pero no hace falta, las caras de los habitantes de El Capitolio ya nos lo dan a entender todo: Cinna ha hecho un trabajo impresionante, espectacular, como siempre. Y los trajes diseñados por Portia son el toque final.

Sé que estamos imponentes, que probablemente alguno que otro pensará que parecemos temibles. Este último pensamiento me hace sonreír, con superioridad. A mi lado puedo ver que Haymitch también sonríe, con algo del cinismo que lo caracteriza, eso sí. No tardo en levantar un brazo y saludar a nuestros espectadores, todavía con la sonrisa desafiante en mis labios. Pero parece que esto no hace sino enardecerlos todavía más, puesto que los gritos y vítores se vuelven ensordecedores. Está empezando a darme dolor de cabeza.

Al fin llegamos al final del trayecto, delante del palco presidencial. Snow se levanta de su silla y pide silencio con un simple gesto de sus enguantadas manos. Poco a poco las voces de los capitolinos se calman hasta apagarse por completo, y es cuando el Presidente de Panem empieza con su discurso de rigor, sus ojos azules, claros y crueles, fijos en mí. Sus palabras rebosan alegría y felicidad fingidas, pero sus ojos dicen otra cosa muy distinta. Me dicen que me estará observando, siguiendo de cerca mis movimientos palmo a palmo. Que no voy a ser libre ni de respirar sin que él lo sepa.

Cuando termina de hablar los carros se ponen de nuevo en marcha, hasta entrar de nuevo en el recinto en el que iniciamos esta pantomima de desfile. Haymitch y yo nos bajamos del vehículo, él con cara de preocupación, con el ceño fruncido y todo el cuerpo en tensión.

—Mal asunto—susurró. Sé a qué se refiere. Tengo ganas de golpear algo.

—¡Peeta!—Un grito femenino hace que me gire. Katniss viene corriendo hacia mí y le falta tiempo para abrazarme. Parece aliviada. Yo sonrío y le acaricio el pelo.

—¡Habéis estado divinos, queridos! Aunque, Haymitch, esa cara tuya…

—Es la única que tengo, Effie. Creí que ya estabas acostumbrada. —Effie bufa y lo golpea en las manos con su abanico cerrado. Haymitch gruñe y se las frota, fulminándola con la mirada. Pero ella se voltea con dignidad, ignorándolo para ponerse a hablar con Portia. No puedo evitar sonreír ante la escena, ya tan familiar como el andar de todos los días—. Será mejor que nos vayamos, chico. —Frnzo el ceño ante el tono de Haymitch. Es entonces cuando siento un escalofrío recorrerme la espalda y vuelvo la cara, lo suficiente para darme cuenta de que todos, absolutamente todos los demás tributos tienen sus ojos puestos en mí y en Katniss. La abrazo todavía más fuete contra mí, como si con aquel gesto pudiera protegerla de aquellas miradas afiladas como dagas que parecen querer traspasarnos el cuerpo hasta el corazón.

Abandonamos aquel edificio a paso rápido, yo con el estómago encogido. Es como si de pronto todo el peso del estar aquí, en El Capitolio, todo el peso de los Juegos, del tener que luchar en unos pocos días por mi vida, por sobrevivir unos minutos más, se hubiera echado sobre mi espalda, haciéndome más difícil si cabe el camino de vuelta.

—Mañana son las entrevistas. Katniss, tú vas a tener que estar en el palco especial con los demás vencedores. No puedes estar entre el público. Y Peeta…

—¿No podemos dejarlo para más tarde, Effie? Estoy agotado—la interrumpo. Ella abre la boca y una expresión enfadada cruza por su rostro. Pero Cinna y Portia se acercan a apaciguarla. Funciona porque Effie solo respira hondo y vuelve a esbozar una sonrisa alegre. Agradezco a Cinna y Portia con un gesto de la cabeza mientras Katniss sigue temblando contra mi cuerpo. Nunca la había visto tan asustada. Normalmente es una chica fuerte y segura de sí misma.

Llegamos por fin al hotel y me llevo a mi chica en llamas hasta su habitación. Una vez allí la siento en la cama y, tras un esfuerzo considerable para que me suelte, me arrodillo en el suelo delante de ella, para quedar a la misma altura.

—¡Son idiotas!—suelta de pronto; sus ojos están echando chispas y sus mejillas rojas, encendidas de ira. Sus manos se han convertido en puños que aprieta fuertemente sobre la colcha de la cama.

—¿Kat-

—¡Es increíble lo idiotas que pueden llegar a ser aquí! ¡¿Puedes creerte que ya están haciendo apuestas?! ¡Y todos los que se me acercaron hoy tuvieron el descaro de felicitarme y de decirme que cuando nazca estará orgulloso de haber tenido un padre como tú! ¡Incluso algunos se atrevieron a insinuárseme! ¡Claro, como no! ¡Estúpidos, idiotas, grandísimos hijos de…

—¡KATNISS!—Ella parpadea y parece volver a la realidad—. ¿Te encuentras bien?

—Yo… yo… —Ahora sus mejillas vuelven a ponerse rojas, esta vez de la vergüenza. Sé que no se arrepiente de sus palabras, tan solo de haber tenido esa reacción delante de mí. No le gusta que la vea enfadada.

—Estoy bien—me contesta tras varios minutos de silencio—. ¡Pero sigo enfadada!—Río, no esperaba menos de mi prometida.

—Yo también lo estaría—digo al tiempo que me siento a su lado. Mi mano busca la suya, entrelazándose ambas con naturalidad. El anillo de compromiso con la piedra en forma de sinsajo brilla más que nunca en su dedo anular izquierdo. Acaricio con parsimonia la joya en forma de ave, pensando una vez más que aquel pájaro a punto de remontar el vuelo describe perfectamente la personalidad de Katniss. Casa a la perfección con su carácter desafiante y salvaje.

—Peeta…

—Lo sé, Kat. Te juro… Os juro que volveré. —Mis ojos se clavan en los suyos con determinación.

En un movimiento que no he previsto Katniss eleva sus brazos pasándolos por mi cuello y levanta su rostro haciendo que sus labios choquen con los míos. Cierro los ojos y le correspondo en el acto, abrazándola y apretándola contra mí, con fuerza. Es muy raro que ella tome la iniciativa, pero entiendo su necesidad, porque es la misma que la mía.

Ambos necesitamos aprovechar al máximo el tiempo que nos queda juntos, hasta que podamos volver a vernos, a tocarnos, a besarnos como estamos haciendo ahora.

—Te quiero.

—Te amo. —Lo decimos a la vez y no podemos evitar sonreírnos, cómplices—. Iré a cambiarme de ropa. Esta está empezando a parecerme incómoda. —Katniss asiente y se levanta para acompañarme la puerta—. Por cierto, ese vestido no me gusta. —Mi chica hace una mueca.

—A mí tampoco, pero Cinna insistió, dijo que era necesario. —Suspiro—. No te preocupes, yo también tenía planeado cambiarme. —Vuelvo a reír mientras salgo del cuarto cerrando la puerta detrás de mí.

Me encamino a mi propia habitación, cerrando también la puerta al entrar, agradecido de tener al fin un poco de soledad para pensar. Mi expresión se torna seria al tiempo que me deshago de las prendas usadas en el desfile; busco algo cómodo para ponerme mientras mis pensamientos se centran en una solo pregunta: ¿cómo voy a hacer para cumplir la promesa que le he hecho a Katniss una y otra vez desde que anunciaron los Juegos de este año?

Quiero hacerlo, quiero cumplirla a toda costa, sin importar qué, sin importar las consecuencias que me puedan acarrear mis acciones, sin importarme el precio a pagar por ello.

Pero… ¿cómo? ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo superar a mis rivales? No solo parecen más fuertes y astutos, sino que además tienen experiencia en El Capitolio, llevan años viniendo aquí, conocen a la gente, los adoran, tienen patrocinadores asegurados.

En cambio yo… ¿quién soy yo? Sé que hay mucha gente que simpatiza con Katniss y conmigo, pero tampoco somos tan populares como para hacer que me manden regalos impresionantes con los que barrer a mis contrincantes.

Tampoco soy especialmente fuerte, ni valiente, ni tengo el mismo arrojo ni valentía que Katniss, por mucho que odie admitirlo. No sería capaz de matar a alguien a sangre fría ni aun cuando mi vida dependa de ello. Y aunque Haymitch vele por mí y sea capaz de hacer todo lo que yo no pueda, no soy tan irresponsable como para dejarle a él todo el trabajo. Porque entonces sí que no sería capaz de mirar a la cara ni a Katniss ni a ninguno de los demás habitantes del Distrito 12.

Alguien llama a mi puerta. Sé que no es Katniss porque estará desmaquillándose y desvistiéndose con ayuda de Cinna y los demás. Me levanto y me pongo una camiseta antes de darle paso a quienquiera que sea.

—Adelante. —Para mi gran sorpresa, es Haymitch quién entra—. Haymitch…

—Lo tenemos, crudo, chico. Muy crudo. —Suspiro y me dejo caer de nuevo en la butaca, con aire derrotado.

—Lo sé. Ya me he dado cuenta. No va a ser fácil.

—Nada fácil. Todo lo contrario.

—¿Me ayudarás, Haymitch?—Él clava sus ojos en mí durante unos instantes, pensando. Lógico. Porque mi pregunta implica muchas más cosas de las que todos los que convivimos en esta planta estamos dispuestos a expresar en voz alta.

Todos lo sabemos, pero nadie habla de ello. Preferimos correr un tupido velo porque así nos es más fácil levantarnos cada día; preferimos ignorarlo porque así nos es más fácil vivir; preferimos fingir que todo estará bien porque así nos es más fácil sonreír.

—Sabes que lo haré. —Sus palabras, firmes y seguras, hacen que me sienta aliviado, mejor en cierta manera.

—No lo dudaba, pero…

—Chico, te prometo que haré que salgas de ahí con vida. —No dice más. Se da la vuelta y se marcha, dejando la puerta abierta y una gran confusión en mi cabeza. ¿Qué habrá querido decir? Algo en mi pecho se oprime y mi mente me grita que algo está mal, que algo no va bien.

Por su bien, espero que Haymitch no acabe de insinuar lo que creo que ha insinuado. ¿De verdad estaría dispuesto a tanto? ¿Haría eso por… mí? ¿Por Katniss? ¿Por nosotros?

Te prometo que haré que salgas de ahí con vida aunque sea lo último que haga.

Es el viento que entra por la ventana y que mece con suavidad mis rizos rubios el que parece silbar esas palabras en mi oído.

Haymitch… Espero que no lo hagas.

No me lo perdonaría nunca.

Fin POV Peeta

Fin capítulo 24

Antes de nada, pediros a todos y todas unas enormes disculpas. La razón de que no haya podido continuar con mis historias ni que haya aparecido mucho por fanfiction en los últimos meses tiene una explicación sencilla, muy sencilla en realidad: tengo problemas de salud SERIOS. Con esto no quiere decir que me vaya a morir ni nada, pero sí es algo crónico ¿qué quiere decir esto? Pues que hay temporadas que estoy estupendamente pero hay otras en que no puedo casi ni moverme. Y estos meses pasados ocurrió esto último. No me encontraba yo de ánimo ni en condiciones de escribir. Ya me llegaba con lo que tenía.

Así que solo me queda esperar que lo comprendáis y pediros, una vez más, mil disculpas y perdones por la tardanza.

(Sí, siempre me pasa algo que me hace estar alejada de lo que más me gusta; el destino/la vida/el karma la tiene tomada conmigo, a él/ella las quejas)

Y, por último pero lo más importante de todo: ¡muchísimas gracias por sus preciosos reviews a Darkmatter Black, Luna Y, Roxy L, Guest, Alison428, Guest, Yucka, Guest, Katsa C.P Mellark , Aconito y SrChangeling1!

*A favor de la campaña con voz y voto, porque dar a follow o agregar a favoritos sin dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

En serio, no sabéis lo que jode.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.

P.D.: a partir de ahora no voy a poder contestar reviews por PM como estaba haciendo antes. Lo siento en el alma pero es lo que hay. Espero que podais perdonarme.