.
Disclaimer: Esta historia es completamente de mi imaginación, utilizando los personajes del mangaka Masashi Kishimoto-san
Yo espero que sea de su agrado.
IMPORTANTE: Leer notas de autora al final
• · • · • · • · • · • · •
• · • · • · • · •
• · • · •
•
CAMINO NINJA DEL SENTIMIENTO
Creer amar y aprender a amar son dos cosas distintas.
•
• · • · •
• · • · • · • · •
• · • · • · • · • · • · •
• DÍA #277 •
.
.
La brisa en ese lugar era fuerte. Las copas de los árboles ya no tenían hojas y la plazoleta estaba a mitad de construcción. Un gran número de edificios estaban en funcionamiento y los civiles transitaban por los alrededores rumbo a sus trabajos. Los comercios ofrecían sus servicios como cafeterías a aquellos civiles que habían conseguido desayunar en casa y los restaurantes ya estaban preparando sus operaciones para la tarde.
Antes de darse cuenta de dónde se encontraba parada, de lo que había a su alrededor, lo único que era capaz de hacer era sentir. Sentir los latidos del corazón, apreciar el olor del sudor, apreciar la necesidad de cariño en aquellos brazos que la tenía aferrada con fuerza. Nunca antes se había dado cuenta de la imponente figura que guarda bajo la capa o las anchas camisetas. Su pecho era amplio y al tenerla abrazada su cuerpo se perdía en el calor que Sasuke desprendía; siempre.
Le temblaba todo en su interior. Dentro de su pecho los latidos era tan potentes que ella juraría podían escucharse con claridad. Quería cerrar los ojos, pero si lo hacía tenía el presentimiento que las lágrimas saldrían y no lo permitiría. Ese día se había prometido no llorar. ¡Sin importar qué! Además, debía mantener la calma. No dejaría que él pudiera escuchar su corazón acelerado porque, muy dentro de su ser, sentía ese extraño bichito del disgusto que la atacó la última vez que lo vio en la habitación. Quiso empujarlo para correr, pero ningún músculo le respondía y permaneció estática. Inmóvil. Sus ojos abiertos de par en par sólo eran capaz de apreciar el tono oscuro de la camiseta azul delante suyo y a un costado, un poco borroso por la cercanía, estaba el abanico de blanco y rojo.
Su Clan.
Los segundos se volvían años y los brazos comenzaron a hormiguear de manera eventual por el deseo de abrazarlo. No lo tenía cerca desde hace semanas, pero para ella parecían siglos... pero no debía. No podía retribuir el gesto porque muy en el fondo sentían tristeza. Estaba herida de que él la había dejado sin respuesta esa noche. Pero, también, una parte de ella lo comprendía. Hinata entendía su huída. En lo poco que conocía de él, debía ser comprensiva ante su reacción; ella tampoco se esperó decirle aquello, pero pasó.
Posiblemente el tener una niñez como la de Sasuke le provocó alejarse de algo tan potente como es el cariño... el cariño recíproco. Tal vez él pensaba que ellos serían pareja con el tiempo, pero no tan pronto. Quizá no algo como amor, pero sí afecto. Porque el amar duele, ella lo sabía bien. No obstante, el no amar te destroza lentamente desde el interior...
Hinata movió sus dedos suavemente. Porque un abrazo no significaba una disculpa pero, seguramente Sasuke lo necesitaba. Después de todo merecía reconocer el valor de hacerlo por su cuenta. Él no era muy expresivo de todas maneras y aún así la estaba abrazando sin un reflejo de que la soltara pronto. Cerró los ojos y un esbozo de alegría se mostró en sus labios. Sus brazos se movieron unos milímetros para igualar el abrazo, pero se detuvo.
Ella no pudo abrazarlo y abrió los ojos una ve más antes sus palabras.
—Yo también te amo. —dijo de manera inesperada acercándola contra el pecho un poco más. Ella quedó en blanco unos segundos antes de percatarse en el ligero temblor que desprendían sus brazos. —No lo dije porque no quería admitir que tenía a alguien tan importante en mi vida como lo fue mi familia y...
Un suspiro lo silenció y la alejó de su pecho sólo para ver lágrimas rodar por esas mejillas. Las gotas centelleaban con el sol y el pecho de Sasuke se estrujó. Ella secó rápidamente sus ojos y permanecieron varios minutos mirándose en silencio. Sólo la fuerte brisa y el vapor de sus bocas era el entrometido tercer cuerpo entre ambos.
—Perdóname. —dijo él con la culpa destrozándole la mente con recuerdos pasados.
Había sido testigo de muchas lágrimas derramadas por el dolor de un corazón roto y él actuó como un idiota haciéndole creer que ella era sólo alguien con quien pasar un rato. Estaba seguro que ella creía eso de él ahora por imbécil. No la culparía. Después de todo sólo dio las señales equivocadas de una confesión simplona y de la necesidad de contacto físico. Pero ella más que eso, Hinata era más que una sensual mujer que aparecía en noches calurosas. Ella le hacía dormir con tranquilidad, ella le escuchaba con atención, ella no lo juzgaba; nunca lo hizo. Nunca estuvo detrás de él, sino delante.
Siempre un paso al frente... Igual que ahora. A un paso de distancia.
Allí estaba, callada, mirándole en silencio con los ojos un poco rojos por las lágrimas que ya no salían. Allí, mirándole... Sólo eso... En silencio. ¿Había escuchado la disculpa? Sí, obvio. Y también era obvio que la respuesta no iba a llegar en ese momento. Se lo merecía por lento. No así, el tenerla tan callada empezaba a ser extraño. No es que ella hablara hasta cansarse, pero siempre hablaba más que él y eso era decir demasiado.
—Di algo. Lo que sea. No sé qué hacer ahora. —dijo arrugando la frente sutil y ella abrió los labios ligeramente sin pronunciar nada.
Porque ella tampoco sabía qué hacer.
La verdad era que ninguno sabía lo que seguía. Nunca hubo planes. Todo las emociones que habían vivido juntos hasta ese punto no estaban escritas en ningún lado. Fueron obligados a casarse, pero no a llevarse bien; eso nació de ambos. Lento, y a veces tortuosa, fue el avance que dieron juntos. Sí... al inicio todo era peor que una horrible puñalada, pero ambos se habían prometido crear una relación de amistad para que la convivencia no fuera asfixiante. Cierto que tuvieron feas bajadas pero cada vez que subían el camino de sus vidas tomaba un rumbo nuevo, tranquilo y hermoso, pero sobre todo lado a lado.
Y así, sin darse cuenta, ambos ya no solo eran camaradas o amigos... Ya no sólo había aprecio... Ya no sólo era obligación...
Allí estaban, los dos, de pie, quietos como estátuas en pleno inicios de invierno. Se conocían desde hace años, habían conversado infinidades de veces y ahora, cuando debían decir muchas, pero muchas cosas, sólo permanecían parados como un par de idiotas. O, bueno. Quizá sólo él lo vió de esa manera hasta que ella tomó aire para decir algo que le hizo contener la respiración.
—¿Serás capaz de sentir por mí... lo que sientes ahora por Naruto? —expresó con un tono suave, como un susurro para sí misma.
—¿Qué?
—¡T-tú me dijiste eso una vez! —contestó rápido al darse cuenta—Yo... Yo sólo lo acabo de recordar. —Bajó la cabeza por unos segundos. —¿Tú te...?
—Sí. —respondió no muy alegre de que ella trajera memorias de los primeros meses juntos. —¿Qué con eso?
—B-bueno, pues... Quería decirte que no. No siento por ti lo que sentía por Naruto-kun. Yo... Yo creo que debo aclararte lo que dije esa noche.
Sasuke arrugó la frente un poco más y el oxígeno dejó de entrar en sus pulmones. Sentía la tierra desprenderse bajo los pies tragandolo tan lento que sentía la imperiosa necesidad de gritar por ayuda... por ira. ¡Por impotencia! ¿Se lo merecía? Quizá... O más bien... Sí. Se lo merecía por huír como el imbécil de Naruto hizo aquella vez que ella se lo dijo hace ya tanto tiempo que nadie lo recordaba; pero él sí. Él recordaba. Él sabía lo mucho que le dolió decirlo y no tener una contestación. ¡Maldita sea! ¡¿Es que en esos días ella se había retractado?! ¡No! No se lo iba a permitir. Ella ya era su esposa y no había nada que ella pudiera hacer para divorciarse. ¡Se disculpó con un demonio! Eso no lo hace con cualquiera. Sí, se equivocó pero ya está allí, frente a ella. Si Hinata se atrevía a decir que ya no lo amaba, que quería tiempo o cualquier otra estupidez como esa, se encargaría de regar el mismo el rumor de la consumación.
—No conozco mucho de lo que viviste de joven —Inició con ese tono melódico que estruja el corazón hasta hacerlo estallar en dulzura. —, pero una parte de mí comprende que te hayas ido ese día. Está bien. Fue... Fue inesperado par mí también el haber dicho algo como eso en un momento como ese y...
—¿Me estás rechazando? —Apresuró a interrumpir con el ceño fruncido. Su estómago le ardía.
—¿Eh? ¡No! —dijo con las manos delante de su pecho— ¡Claro que no! ¡Yo también te amo! Sólo quería... —Ambos parpadearon al unísono y Sasuke descubrió lo que era volver a respirar. —... quería decirlo... con un... poco más de... cariño.
Las mejillas de Hinata colorearon de un bello rosa primaveral que cambió drásticamente a un encendido rojizo cuando Sasuke apartó sus ojos de ella por el ardor que apareció en su cara. —Lindo... —Pensó en voz alta y cubrió su boca rápidamente, pero las mejillas de Sasuke colorearon otro poco y él continuó mirando el suelo con la mandíbula y las manos apretadas.
Tenía ganas de volver a correr, pero ya no lo iba a hacer.
Levantó la cabeza ya sin darle importancia a la quemazón en su cara. —Vas a perdonarme de una vez o qué. —dijo en tono sereno que se aderezaba ligeramente por la impaciencia.
Hinata trató de mirar hacia otra parte. No era la primera vez que lo veía sonrojar, sucedió cuando la besó por primera vez, el problema ahora era que su corazón latía por él y le costaba mucho el no acercarse para abrazarlo si él le mostraba esa parte tierna que lo hacía lucir como un caramelo. Cerró los ojos por un instante y suspiró para, en vano, desaparecer el rubor en su propio rostro y lo miró directo a los ojos.
—No. —respondió con una risilla que no pudo contener porque su corazón estallaba de alegría debido a su respuesta. La brisa se encargó de llevar la melodía dulce de su voz hasta los oídos de Sasuke; quien eliminó el carmesí de sus mejillas inmediatamente. —Lo... Lo haré mañana. Es tu castigo por hacerme esperar. —agregó con una amplia sonrisa que en el pecho de Sasuke se dispersó como una ola a la orilla de la playa en un cálido atardecer.
Ella dejó su breve momento de alegría cuando él sonrió de forma malévola. Había huido como un idiota, pero nadie lo iba a castigar. Él es un Uchiha y su orgullo puede ser tan caótico como el de una testaruda ex-Hyuga. Metió la mano al bolso que carga detrás de la espalda y sacó un objeto pequeño.
—Sé que leíste el que guardaba en el cajón. —Expresó coqueto con el libro rojo en la mano. —Esa noche lo vi sobre la cómoda. —Volvió a guardar el Icha Icha y dio un paso para invadir su espacio personal. La cercanía comenzó a pintarla de carmín completamente. —También sé que mi almohada tenía una de mis camisetas y, seguramente, has soñado conmigo. ¿O me equivoco?
La vergüenza en ese cuerpo pequeño se reflejaba con tenues muestras de vapor que escapaban por su cabeza tratando de articular una sílaba decente. Ocultó su rostro rápidamente tras sus finas manos al no lograrlo. "¡Lo sabe! N-no puede ser... No, no, no, no..."
—Ya deberías saber que eres incapaz de mentir. —dijo él cuando ella, de tantas veces negándolo en su mente, comenzó a mover su cabeza sutilmente. Sasuke sujetó sus muñecas, quería verla sufrir en la vergüenza, pero también quería hacer algo más. Algo que iba a ser común entre ellos ahora.
El calor y suavidad de sus labios la tomó desprevenida. Había un tenue sabor a limón... El aroma tenía un toque terroso, seco y frío, pero también a nuez. No era un beso salvaje, sólo un roce tierno en los labios que pausó la brisa un instante. El golpeteo en los pechos de ambos era rítmico y fuerte. Sasuke se alejó con el rostro complacido y ella permaneció con ese bello rubor por un momento más buscando sus ojos, y evitándolos al mismo tiempo.
—¡La-las compras! —exclamó ella repentinamente.
La brisa de otoño sacudió sus cabelleras de manera salvaje y antes de poder acomodarlo detrás de las orejas, la capa de Sasuke le cubrió desde los hombros. Ella abrió los labios para responder un "No importa, es una simple brisa", pero él emprendió el camino hasta las escaleras y ella lo siguió en silencio. Podía apreciar el calor que su cuerpo tenía dentro de esa capa. La apretó un poco entre sus dedos y respiró en su interior sólo para encontrar su aroma dentro. Ella sonrió y levantó la mirada en dirección a Sasuke. Ahora su espalda le parecía la más segura de todo el mundo y contemplar ambos brazos le calentó el corazón, porque eso le recordaría siempre que lo había hecho por ella.
Quizá una pareja se hubiera tomado de las manos hasta casa, pero ninguno intentó sostener al otro, sólo dejaron que la tranquilidad los arrullara entre el bullicio de la plaza que para ambos era una melodía vacía que los encerraba en una burbuja cálida.
.
.
Un clon de Naruto los esperó a ambos en la entrada del sendero al distrito Uchiha con las compras; desapareció rápido, no sin antes darle un par de codazos en las costillas que Hinata no notó. Ella le platicó de los cambios que iba a encontrar una vez entrara en el lugar. Aunque para Sasuke era obvio ya que la calle al distrito, los postes de luz y el adoquinamiento de las aceras era inevitable antes de llegar al pórtico donde el abanico de rojo y blanco seguía presente. El cambio era drástico desde la última vez que estuvo allí, pero eso a él le daba igual. Cierto que una parte se asemejaba a su antiguo distrito, pero no era el mismo, jamás lo iba a ser y no importaba... Ya no más. Siempre que ella estuviera allí.
Frente a la puerta principal de su casa, la única que sobresalía entre terrenos limpios y escombros de viejas casas, su voz lo detuvo con la mano en la perilla.
—B-bienvenido a casa, Sasuke-kun. —dijo ella con las compras delante de su pecho ocultándola parcialmente, pero claramente sonriéndole y él imitó el gesto con sutileza sin darse cuenta.
—¿Para qué tanto? —preguntó sin lograr comprender, durante todo el camino, la cantidad de alimento. No era como si los dos estuvieran en casa al mismo tiempo, era claro que tanta comida se echaría a perder antes de que la pudieran terminar y ella no era de las personas que organizan fiestas.
—Oh, es verdad. —dijo animada— Prometí a los trabajadores que les prepararía el almuerzo hasta que entrara en misión. —Sasuke le ayudó a colocar las compras en el mesón y dentro del refrigerador, pero su rostro había adquirido ese tono apático de costumbre al oírla. —Creo que no está mal ayudarles y, bueno, eso nos da un ingreso extra. ¿No crees? —Ella volteó en su dirección, pero él la miró sin realizar gesto o sonido de aceptación. — Debes estar cansado. Te prepararé el baño. —exclamó más animada de lo usual y dio media vuelta para ir al segundo piso donde se hallaba la única tina.
Sasuke caminó hasta el pasillo y la vio desaparecer escaleras arriba... Suspiró. "No se ha dado cuenta aún." Pensó desganado. Rascó su nuca sin saber a qué emoción darle prioridad. Dentro de la cabeza corrían varias ideas atascadas en la puerta: Una lo hacía sentir relajado de que el problema de la respuesta se había solucionado, pero también estaba el hermoso bicho que le hacía odiar a los imbéciles de afuera que iban a invadir su casa quien sabe cuantas veces con la excusa de un almuerzo. Podía distinguir un pequeño brillo cálido por verla así, aunque también estaba esa molesta sensación que le hacía desear la noche... la habitación... la cama...
No había nada de malo que pensara en ello. ¿Cierto? No era como si fuera malo. Es decir... Eran esposos ahora. ¡Esposos de verdad! Dos personas que se habían declarado y que ahora se amaban. Ambos lo habían dicho. ¡Lo habían dicho! Así que el querer estar con ella como esposo no era malo, ni sucio ni...
—¡Está listo! —dijo ella al bajar los escalones con una sonrisa— ¿Te sientes bien? —preguntó inquieta por su mirada fija.
—Sí. —respondió serio y subió casi a velocidad de la luz porque el querer estar con ella, y que ella no se diera cuenta que ahora podía suceder, lo hacía ver como un pervertido. ¡Pero no estaba mal! Ellos eran esposos y estaban casados y se habían dicho el "te amo". Joder... Entonces ¿por qué sentía que era el único que quería tener...? Mierda. Sasuke entró a la habitación y descubrió la cama arreglada, el Icha Icha seguramente de regreso en su cajón y la almohada había regresado a su desnudez blanca. Tomó la ropa que ella dejó sobre la cama e ingresó al cuarto de baño donde una tina con agua caliente estaba a punto de llenarse.
Poco a poco se despojó de sus ropajes sucios e ingresó a la tina.
El agua caliente relajaba sus músculos y limpiaba su piel. El camino había sido largo y tedioso, no sólo por la compañía sino por la infinidad de formas en la que se iba a disculpar... Ahora ya no debía pensar en eso. Podía estar tranquilo. Cerró los ojos y se concentró en el sonido del agua en la bañera, porque las máquinas y personas fuera causaba un poco de desconcierto ya que antes todo era silencioso y pacífico. Si aislaba todo el ruido era capaz de volver a aquellos días en los que podía sentir su presencia en la casa sin necesidad de usar chakra.
—¿Sa... Sasuke-kun? —Abrió los ojos ante el susurro y encontró a Hinata en toalla— Tú quieres... quieres que... pues... t-tú y y-yo...
El sonido de una casa lejana cediendo a la gravedad apagó la fantasía. Sumergió la cabeza por completo y al salir descubrió que todo era parte de su activa imaginación. "Maldición"
Salió de la tina y abrió la regadera. Apoyó la mano en la pared y dejó que el agua masajee los hombros.
¿Hace cuanto no estaban los dos en casa? Bueno, sin contar la escapada para ayudarla en el encuentro Hyuga, pues... Desde hace semanas que no estaban juntos. Aunque en realidad nunca han estado juntos... No de la manera en la que el cuerpo le pide. "¡Demonios!" Se dijo a sí mismo y alzó la cabeza para que la regadera se deshiciera no sólo de la suciedad en el cuerpo, sino en su cabeza. ¿Qué iba a suceder al llegar la hora de dormir? ¿Cómo iban a pasar esa noche? ¿Qué sucedía si Hinata no se daba cuenta que ahora podían usar la cama para hacer algo más que sólo dormir? Ella era demasiado, eh... ¿Cómo decirlo? Si con un jodido beso entre tragos se desmayó, ¿cómo iba a conseguir decirle que quería consumar el matrimonio sin que perdiera la consciencia?
Miró la madera en silencio por varios segundos.
Si para la noche ella no se daba cuenta sola, le tocaría ser directo y aceptar el desmayo. Una vez despierta volver a decirlo. Decirle una y otra vez... En algún punto dejaría de desmayarse, no; o, tal vez, sólo debía salir de la ducha tal y como estaba. Cualquiera entendería el mensaje, verdad. —Tss... —No, no funcionará. Ella era demasiado linda, ingenua... o tonta. Quien sabe. Quizá el verlo desnudo sólo la haría perder la consciencia más rápido. Tenía varias horas para intentar meter la idea de la noche de bodas de manera sutil y si no lo conseguía, pues siempre estaba el plan B.
.
.
—¡Ya voy! —exclamó con una sonrisa. Limpió las manos en el delantal y atendió cordial.
—¡Oh, vaya! Eres más bonita en persona. —expresó el hombre de cabello blanco. El halago la sonrojó y también la dejó en blanco por un momento. —¿Verdad Juugo?
—No es para tanto. —dijo la pelirroja.
—¿Naruto-kun? —dijo Hinata al verlo al final del llamativo grupo.
—Hola Hinata. ¿Está Sasuke?
—S-sí, claro.
—¿Nos vas a dejar pasar, o no? —indicó Karin con ese orgullo altanero y se abrió paso dentro de la casa sin esperar invitación. Hinata intentó decir algo al respecto con amabilidad, pero el muchacho de cabello blanco tomó una de sus manos y la besó como todo un caballero.
—Mi nombre es Suigetsu.
—No seas tan confianzudo. —dijo el hombre alto de cabello anaranjado al peliblanco que entró como si también fuera su hogar— Mi nombre es Juugo, señora Hinata. —Aclaró con modales el hombre; único en ser invitado por la anfitriona de manera adecuada.
—Em... Yo, eh...
—Son amigos de Sasuke. —aclaró Naruto— La pelirroja malhumorada es mi prima, de veras. Se llama Karin. —la mujer ignoró tanto a Naruto como a Hinata y se dedicó a inspeccionar los aromas que provenían de la cocina, mientras Suigetsu vagabundeaba por la sala.
—¡La casa es enorme! Me había olvidado que ahora es líder de su Clan. ¿Tienen habitaciones extra? No me molestaría quedarme unos días aquí.
—Nosotros ya tenemos habitaciones asignadas por el Hokage, Suigetsu.
—No es tan grande, y está mal decorada. —agregó Karin acomodando sus lentes al salir de la cocina— Lo único medio decente es la comida.
—Jo jo. ¿Acaso fue eso un cumplido? —molestó Suigetsu.
—¡Cierra la boca tú! —Volteó en dirección a Hinata quien seguía pasmada al no entender nada. —¿Dónde está Sasuke?
—Eh... Él está arriba tomado un baño.
—Ve y dile que se de prisa. ¡No me gusta esperar! —refunfuñó cruzando los brazos.
—Tómate tu tiempo, linda. Puedo esperar aquí un par de horas. No tengo inconveniente. —Suigetsu olfateó el ambiente. —Y si tienes comida extra, tampoco me molestaré.
—Ya basta, Suigetsu. —regañó Juugo.
—Lamento la intromisión, Hinata-chan. Ellos querían conocer la casa de Sasuke y pensé que, bueno... Me entiendes, no. —Ella asintió con amabilidad.
—Si son amigos de Sasuke-kun no me molesta. —miró al vistoso grupo— Y si gustan quedarse a almorzar estaré muy complacida, y seguro Sasuke-kun también. —Hinata dejó la sala para ir en busca de su esposo.
—¡Hmhp! No le dice esposo, o cariño, o mi amor... Esto no durará. —rezongó Karin.
—Estás celosa de que ella sí tiene pe... —la cabeza de Suigetsu desapareció en agua momentáneamente por el golpe de la pelirroja y Naruto contuvo la risa para no ser el siguiente—... chos, y una linda actitud.
—Creí que ibas a apoyar a Sasuke. —dijo Juugo.
—¡Lo hago! ¡Lo hago mejor que ustedes! —acomodó sus lentes con la barbilla en alto— Yo no me dejo llevar por su apariencia, actitud o comentarios como un par de idiotas.
—¿Y lo que dijo el kazekage no cuenta o qué?
—¡Y-yo no he dicho que su inocencia e-es algo lindo! ¡N-ni aceptaré que alguien tan torpe elogie mis habilidades de sellado! —Karin sonronjó levemente. Los vidrios de sus lentes se empañaron un poco.
—¿Acaso ese elogio no fue para mí? —dijo Naruto con la mirada hacia arriba.
—¡No seas metido, Naruto! —y un golpe en la cabeza le dejó un merecido chichón.
.
.
Ella tocó la puerta un par de veces sin recibir respuesta. Segura de que él seguía en el cuarto de baño giró la perilla e ingresó. —¿Sasuke-kun? ¿Ya estás listo? —La puerta cerró detrás de ella y sin oportunidad a voltear, Sasuke la sujetó de la cintura. —¿Q-qué haces? —Él plantó sus labios en el cuello y ella se estremeció. Antes de que pudiera preguntar sobre qué intentaba hacer, Sasuke metió las manos por debajo de la blusa con el único objetivo de masajear lo que encontrase en el camino. Ella dejó escapar un quejido suave ante el gesto. Dejó que la calidez del momento guíe la otra mano hacia la pretina de la falda donde sus dedos se deslizaron rozando su piel para...
—¿Sasuke-kun? —El golpe en la puerta lo regresó a la maldita realidad. —¿Estás bien? —preguntó inquieta al no recibir respuesta.
—Sí. —dijo al cabo de unos segundos para no causarle angustia. —¿Qué sucede?
—Eh... Naruto-kun y un grupo de personas te buscan. —Sasuke tomó la camiseta y miró la perilla varios segundos analizando si salir con el torso descubierto o no.
—No quería mo... molestarte. —Apartó la vista rápidamente como él lo esperaba. —¿Ne-necesitas otra ca-camiseta? —preguntó al dar media vuelta rumbo a la cajonera.
—No. —continuó secando su cabello con la toalla alrededor de su cuello. —¿Por qué no me miras? —Él se acercó a ella y cuando posó la mano en el hombro de Hinata, esta dio un ligero brinco y se alejó rumbo a la puerta.
—L-les diré que ba-bajas en unos minu...
Sasuke colocó la mano en la puerta para que no la abriera y ella permaneció lo más inmóvil que pudo con la respiración en el cuello y su presencia a pocos milímetros de su espalda.
—T-tengo que de-decirles que... que...
Tomó las hebras del cabello que colgaban delante de su rostro para apartarlas de su cuello, ella tiritó ante el cosquilleo, pero no hizo ningún movimiento que le pida apartarse, por lo que llevó los dedos a su cuello y recorrió su piel con suavidad hasta llegar al escote de la blusa. Los dedos continuaron el camino por sobre la ropa y cuando aquellos dedos rozaron la punta de sus pechos el gemido ahogado provocó que Sasuke se aproxime veloz a su cuerpo causando presión contra la puerta. Ella empezó a respirar con un poco de fuerza manteniendo los labios ligeramente abiertos creando una erótica ilusión ante sus ojos.
—Q-que... Qu-que haces...
—Tú que crees. —Sasuke llevó las manos hacia su cintura por debajo de la tela para sentir la piel. Hinata llevó ambas manos hacia adelante sin poder hacer nada más que respirar con fuerza ante las caricias que él provocaba con fuerza en sus pechos...
—¡Sasuke-kun! —exclamó ella del otro lado de la puerta para llamar su atención porque él parecía ido—¿Seguro que estás bien? —Sasuke parpadeó un par de veces y se encontró de nuevo en el jodido cuarto de baño todavía mirando la perilla de la puerta y con la camiseta en las manos. —Si quieres descansar les diré que regresen más tarde. ¿Necesitas alguna medicina?
Chasqueó la lengua molesto de tanta imaginación barata. Se puso la jodida camiseta, la toalla alrededor del cuello y abrió la puerta. Lo primero que vio fue la preocupada mirada de Hinata, quien lo detuvo de otro paso por la mano en su frente en un movimiento fugaz—No tienes fiebre. —Dijo al cabo de unos segundos retirando la mano con un rostro aliviado.
—No. —respondió sin apartar la vista de sus grandes ojos.
—Oh... ¿Seguro que no te siente mal? Porque no te agradan los hospitales y, pues, bueno, si no quieres ir está bien. Yo puedo cuidar de ti siempre que no sea grave. —La dulzura en su mirada era hermosa. —Si necesitas que haga algo por ti, sólo dímelo. Si puedo hacerlo, lo haré. —Sus ojos brillaban tanto como esos jugosos y rosados labios.
—¿Quieres hacer algo por mí? —dijo y Hinata asintió.
Llevó un brazo tras la cintura y la acercó a su cuerpo hasta el punto en que no existiera ni el aire entre sus vientres. Levantó su delicada barbilla con la otra mano y se adueñó de esos labios con hambre porque la impresión y rapidez del gesto la dejó con la boca abierta dando la oportunidad de entrar y juguetear con su lengua. Ella desprendía aroma a verduras cortadas y su boca tenía un sabor suave a piña. Ella no ponía resistencia, pero la no-timidez del beso la tenía un poco tensa y tras una alta voluntad aminoró la presión de sus labios y dejó que los sentidos del tacto y el gusto fueran los protagonistas.
Cuando la tensión de robarle un beso desapareció, él se apartó lentamente tirando suavemente del labio inferior porque su cuerpo le pedía permanecer otro poco en se sitio tan perfecto como lo era su boca.
Al abrir los ojos la encontró temblorosa entre sus brazos y con la boca de un encendido rosa; incluso parecía estar un poco hinchada. Esas mejillas pintadas de rojo y los ojos centelleantes ante la luz del sol... !Al diablo el plan A y el B!
—Quiero estar contigo... —dijo con un tono estimulante que salió natural y ronco. —... esta noche.
Ella abrió los ojos lentamente al captar la idea y después de eso el peso se duplicó en sus brazos por la languidez.
La acostó en la cama y al abandonar la habitación dejó escapar una irónica risilla por atinar en su actitud.
.
.
—¡Ya era hora, idiota! —Naruto lo recibió en la sala con una palmada en la espalda.
—Sasuke-kun~ tienes una casa muy hermosa. —dijo Karin con una sonrisa.
— Meh~ —agregó Suigetsu con un movimiento de la mano. —Lo que sí es hermosa es tu esposa. ¿Dónde está? —Suigetsu dio un par de pasos en dirección a la escalera que quedaron en sólo eso, un par de pasos. Porque dio media vuelta con rumbo a la cocina cuando la mirada asesina se reflejó por unos segundos en los oscuros irises Uchiha. —Vaya genio.
—¿Qué hacen aquí?
—Karin y Suigetsu querían conocer tu casa y como se enteraron que venía para acá para decirte algo, pues. Ya ves.
Sasuke le regaló una bella mirada apática a Naruto por llevar al trío a su hogar.
—¿Y tu esposa? —preguntó Juugo.
—Está descansando.
—¿Se siente mal? —preguntó Naruto y Suigetsu al mismo tiempo, pero la mirada de odio fue sólo para el peliblanco. —Hey, Naruto también preguntó. No sé porqué te cargas conmigo. —rascó su oído y dejó la espada contra la pared. —Como sea. Supongo que tú nos vas a servir la comida.
—No. Yo no te he invitado a comer. —respondió Sasuke de mala gana.
—Qué falta de respeto que no atienda a las visitas. Ella tiene puntos menos conmigo, Sasuke-kun. —acotó Karin con los brazos cruzados.
—¿Acaso está enferma? Deberías preocuparte más por ella, idiota.
—Tchi. ¿A qué viniste?
—Ah, sí. Kakashi-sensei nos quiere ver en su despacho. Creo que es información sobre las Runas. ¡Ay! ¡Maldición, prima! ¡AY!
—Primero, a mí nadie me insulta; y segundo, no se habla de las misiones fuera de lugares seguros. ¿Acaso no eres ninja? —Regañó la pelirroja como si fuera una estricta hermana mayor.
La puerta sonó un par de veces y ante la mirada perdida de los visitantes, Sasuke abrió para atender; era su casa al fin de cuentas.
—Buenas tardes, Hinata-cha... Oh. Disculpe. ¿Se encuentra la señorita Hinata? —dijo un joven mozo de cabello marrón y ojos pardos vestido con jeans sucios, camisa de cuadros y un chaleco reflector; bajo el brazo un casco que lo señalaba como parte de los empleados de despeje de escombros.
—Oye, eso fue grosero. —señaló Naruto cuando el Uchiha le cerró la puerta en la cara— ¿Quién es?
—Otro entrometido en mi casa. —dijo mirando a todos de manera personal.
La puerta volvió a tocar con un poco más de fuerza. Antes de que Sasuke atienda, Naruto se interpuso. —¡Hola, tú, de veras!
—¿Dónde está la señorita Hinata? —demandó molesto y preocupado.
—Es "señora Hinata" en realidad. —corrigió Juugo ante la molestia sutil de Sasuke reflejada en su rostro.
—Mientras no le digas "cariño" o "dulzura" vas ha estar bien, amigo. —molestó Suigetsu desapareciendo del radar de Sasuke rumbo a la cocina.
—No me digas que te has estado viendo a solas con ella. ¡Qué desfachatez! —sobreactuó Karin con molestia. —Yo sólo tendría ojos para ti, Sasuke-kun. Más puntos negativos.
—Soy Naruto. ¿Y tú?
—Mi nombre es Elias y soy quien maneja la garra mecánica; el resto del equipo está allá. —señaló a un grupo de unos quince hombres conversando en la esquina. —Estoy aquí porque la señori... la señora Hinata nos dijo que haría el favor de cocinar nuestros almuerzos para no tener que caminar hasta el Distrito de Comercio. ¿Se encuentra?
—Eso explica toda la comida. —murmuró Karin.
—¡Esta cosa ya está! ¡Y está muy bueno, por cierto! —gritó Suigetsu desde la cocina. —¡Con tu permiso, Hinata-chan! —agregó.
—¿Tienes un restaurante? ¿Por qué no me lo dijiste? —interrogó Naruto con reproche— Yo te hubiera ayudado con...
—E-Elías-san. —dijo la dulce voz de Hinata al fondo del grupo; la frente arrugada del joven mozo cambió por una amplia sonrisa.
—Hinata-cha... san. Creí que se había olvidado.
—Pa-para nada. Yo, eh... Dí-dígale que pasen.
Karin y Juugo notaron la obvia falta de atención de Hinata hacia la presencia de Sasuke, así como la falta total de consentimiento para dejar entrar tantos hombres a casa.
—Te sien... —la mano de Juugo en el hombro de Naruto lo detuvo de una pregunta estúpida sobre el rubor en sus mejillas que aumentó cuando rosó sutilmente el brazo de Sasuke al pasar. Ella desapareció dentro de la cocina donde Suigetsu la recibió con una coqueta sonrisa.
—¿Quieres ayuda, Hinata-chan?
—Muchas gracias, Suigetsu-kun. —la mirada de odio de Sasuke quedó a un lado cuando Hozuki le sonrió a Hinata mientras aceptaba el segundo delantal.
—No es nada. Aunque no lo creas soy bueno en la cocina.
—¡Ja! Como si servir agua cuenta como cocinar. —dijo Karin al entrar en el lugar.
—Al menos la sé servir y no la quemo. —replicó Suigetsu y ambos sacaron la lengua al mismo tiempo.
—¡Eh, eh! ¡También quiero ayudar, de veras! ¡Es como trabajar en Ichiraku! —y sin esperar invitación, Naruto remangó su chaqueta naranja y ató un trapo en su cabeza que encontró sobre la mesa. Al grupo de cocinero se unió Juugo silenciosamente para entregar los platillos que los trabajadores disfrutaban dentro de la casa donde un calefactor les mantenía alejados del frío exterior.
Las risas dentro de la sala eran toscas y el leve aroma a madera vieja y tierra se quedó impregnado en la entrada por las botas llenas de barro.
—Osdoy segudo gue Hinada-shan she shiende mol. Dobodías dovadla al hoshpidal. —Karin miró con asco a Naruto por hablar con la boca llena y corrió un espacio lejos del rubio con la doble intención de estar más cerca de Sasuke; quien miraba la comida como si fueran pedazos de roca.
—Sólo termina de comer para que te vayas. —el rubio tragó pesado y golpeó su pecho un par de veces antes de beber un poco de zumo.
—Tienes que venir conmigo. Kakashi-sensei nos llamó a ambos, idiota.
—Oye, Sasuke. ¿No tienes una habitación extra? Quedarme donde me dicen no es algo que yo quiera.
—Eso no es algo que tú decidas aquí, Suigetsu. —respondió Juugo.
—Si te quieres quedar en ese aburrido hostal allá tú, Juugo. Además, si me van a vigilar, prefiero que lo haga un amigo. —Suigetsu codeó a Sasuke en buen plan, pero este ni lo miró intrigado por la actitud de Hinata al desaparecer de la cocina una vez terminó de servir el almuerzo de todos los trabajadores.
—¿Piensas en ampliar la casa más adelante? —preguntó Juugo.
—No. —respondió por mero respeto ya que de todos era el único que hablaba de temas aislados y pertinentes que no le causaba acidez en el estómago.
—Pero dejar que las visitas duerman en la sala es poco elegante, Sasuke-kun. Además te faltan muebles.
—Karin tiene razón, sino mira. Estamos de pie comiendo en en la cocina. ¿Qué te cuesta comprar un par más de sillas? Eres líder ahora.
—Pienso que un dojo vendría bien con el estilo de la casa. —agregó Juugo— Eso le da un toque más tradicional.
—No habrá ampliaciones. Está bien como está. Dejen de hablar como si fuera su casa.
—Yo también creo que está bien como está. —Ayudó Naruto al terminar de comer. —En el segundo piso tienes dos recámaras aparte de la tuya. Creo que tu límite serán dos.
—¿Dos qué? —preguntó Karin.
—Dos hijos, porque yo tendré tres. ¡Prima, estás bien! —Naruto apresuró a acudir donde la pelirroja cuando esta se atragantó con la ensalada, pero Karin lo apartó a manotazos.
—¿Y la señori... señora Hinata? —interrumpió en la puerta de la cocina el muchacho de nombre Emilio.
—¿Qué quieres? —dijo Sasuke acercándose con una mirada fría.
—Vengo a pagar la cuenta y a preguntarle si mañana podría cocinar de...
—No. —interrumpió como una ventizca del polo, tomó el dinero y se aseguró que todos, en especial Elias, deje su territorio. Regresó a la cocina con el mismo rostro apático al que el vistoso grupo estaba acostumbrado. —Ustedes también. Fuera. —Y a su vocabulario también, pero ninguno se molestó, era Sasuke después de todo.
—Vamos a la Torre Hokage entonces. En la tarde tengo un compromiso con mi prometida. —dijo Naruto con una tonta sonrisa en la cara y cuando el cuarteto de entrometidos dejó su casa con él sólo pudo mirar las escaleras al final el pasillo pensando en la actitud de Hinata.
—Y entonces, Sasuke, ¿voy a ser padrino de alguno de esos niños?
— ¡Prima, estás bien!
.
.
Cuando la puerta cerró, Hinata dio un brinco y lo primero que pensó fue el usar el byakugan para saber si Sasuke seguía en la casa, pero no lo hizo. Una de las reglas del uso del Byakugan decía no usar el doujutsu dentro de la aldea a menos que se presente una emergencia; hacerlo se consideraba una falta de respeto y un posible castigo de parte del Líder Hyuga.
Quizá ya no vivía en el Distrito Hyuga, pero se encargaría de mantener los modales que tan bien le enseñó su padre.
Aunque, claro. Pensar en todo eso no la aliviaba de la presión causada por las palabras del Uchiha.
"Ama, toma" Maulló la gata en la ventana y Hinata, con pesar, aceptó el avechucho muerto que su fiel mascota le llevó con cariño. "Está fresco."
—Kunai-chan... —miró al ave y sonrió pesarosa, pero la tristeza pasó rápido cuando la idea de usar a Kunai le iluminó la mente. —Gracias. —dijo al aceptar al pajarito. —Lo... Lo comeré luego.
"Me parece bien, ahora quiero mi regalo por el regalo."
Hinata la tomó por debajo de las patas y la sentó en su regazo. —Kunai, quiero que me digas si... si Sasuke-kun e-está en casa. Eh... Dame la pata si no está. —Kunai ladeó la cabeza por un momento y luego olfateó. Hinata miró a la gata como si cada segundo fueran eras; sus mejillas rojas todo el tiempo.
Después de un silencioso minuto, la gata colocó su peluda patita en la mano de Hinata y se bajó de su regazo. "Ahora espero que me premies."
Hinata suspiró aliviada, pero el color carmesí en sus mejillas seguía presente e intenso. Dejó caer el cuerpo sobre la cama y la imagen de Sasuke sobre ella, sin camiseta, le provocó un ligero grito de pánico.
"Quiero estar contigo esta noche"
Sacudió la cabeza mientras desprendía vapor en cantidades exorbitantes.
—É-Él quiere... q-quiere que... n-n-nosotros... t-t-t-t...
—Tengamos sexo. —dijo una voz coqueta a su espalda y el cuerpo desnudo de Sasuke cubierto apenas por la sábana la hizo estallar como un volcán. Salió de la cama en un brico que bien pudo imitar el de un felino. —Quítate la ropa y yo me quito la sábana.
—¡N-NO! —cubrió sus ojos avergonzada en extremo y salió por la puerta con el corazón en la boca. Llegó a la sala para calmarse y tomar aire fresco; Kunai llegó a su lado con ese parsimonioso caminar gatuno que realza la cola y tomó asiento en la entrada del cuerpo con la mirada aburrida, atraída por el caminar constante de su dueña como única distracción.
¡Cómo no lo vio venir! ¡Oh, dioses! ¡Oh, dioses! Es decir... Era muy obvio que si ambos se amaban de manera sentimental eventualmente llegaría el amor físico... La consumación. ¡Oh, no dioses! Cubrió su rostro tan rojo como un tomate fresco. Lo peor de todo no era saber que Sasuke quería que pase, sino que ella también. ¡El sólo pensarlo era vergonzoso! Pero no estaba mal que lo piense porque era completamente normal que aquello sucediera entre los dos, y aún así la idea de pensar en lo que podría ocurrir esa noche la hacía sentir la mayor pervertida de la alde... ¡No, del mundo!
"Deja de pensar en Sasuke y dame pescado."
Había tantas cosas en que pensar. Tanto a tener presente, y muchas dudas. ¡Muchísimas! ¿Cómo se sentiría? ¿Qué se hace exactamente? ¿Hay alguna regla o guía de como estar con la pareja? Cuando Sasuke dijo "noche"... ¿A qué hora exactamente? ¡Debía darse una ducha! Corrió a la puerta un par de pasos y luego se detuvo a raya. Cuando ambos estuvieran frente a frente en la habitación... ¿Quién se quitaba la ropa primero? ¿Ella se quitaba la ropa por su cuenta o debía dejar que él lo hiciera como leyó? ¿Qué tal si... si cuando la viera —¡la viera de verdad!— se decepciona de su cicatriz?
Levantó la blusa y a la altura del estómago, unos centímetros a la izquierda, se hallaba la cicatriz que Pain le causó aquella vez tratando de proteger a Naruto.
¿Le molestaría verla con una herida que le provocó la adrenalina de querer proteger con la vida a su mejor amigo?
— ¡Ah!
Gritó cuando su celular comenzó a tocar esa bella melodía de arpa.
— ¿B-buenas tardes?
—Hinata, hola. ¿Estás ocupada?
—Kurenai-san... —murmuró— Yo, eh... ¿N-no?
— ¿Segura?
—Eh... p-pues... —Quizá alguien con quien hablar del tema la prepararía en algunas cosas y le quitaría el peso de ciertas dudas a las que, posiblemente, ni siquiera debería darle importancia; como la cicatriz. —K-kurenai-san, eh... ¿E-está en casa?
—Sí, cariño. ¿Te sientes bien?
—S-sí. ¿P-puedo ir a verla?
.
.
— ¿Qué sucede, Kakashi? —dijo Sasuke de mala gana al entrar a la oficina.
—¡Hola, Kakashi-sensei!
El hombre de cabello plateado suspiró.
—Soy el Hokage ahora, muchachos. Deben referirse a mí como tal.
—No, no. Se llama papakashi. —dijo una vocecita oculta entre los papeles acumulados por toda la habitación.
—Permiso, Uzumaki-san.
— ¡WUAH! —gritó el rubio espantado por la presencia silenciosa de Samami a su espalda.
—¡Oye, te conozco! —gritó una niña no mayor a tres años luego de salir de atrás de una pila de papeles— ¡Sake-san! —gritó con los ojos abiertos de par en par señalando al Uchiha. Naruto carraspeó una risilla por el error en su nombre.
—Cálmate, Kari. —dijo Kakashi. —Samami-san. Llévala a tomar un helado.
—¡HELADO! —la niña corrió donde la mujer y la tomó de la mano provocando que las carpetas en sus brazos se cayeran. Naruto se apresuró a ayudarla a recoger los papeles, pero Kari soltó a Samami, se acercó a Naruto y le pellizcó los cachetes tratando de quitarle uno de los bigotes. — ¡Son de verdad! —Naruto se tragó una maldición y se obligó a sonreír claramente molesto y adolorido.
—Samami-san, no importa. Sólo llévala a otro lado.
—Como ordene, Hokage-sama. —la mujer tomó a la niña de la mano— No olvide que tiene veintisiete minutos para la plática y luego debe revisar los...
—Sí, Samami. Solo llévala a... ¡Kari, no saques...! —una pila de carpetas cayó ante el tirón de Kari por querer ayudar a recoger carpetas. Tanto el Hokage como su asistente suspiraron pesado ante el desorden y la chica tomó en brazos a la pequeña para salir de una vez por todas.
—¡Adiós, Bigotes-san. Sake-san! —dijo con una sonrisa y las manitos al aire.
—¿Es familia de Samami-san? —preguntó Naruto sobando sus mejillas y Sasuke lo miró abrumado por no darse cuenta de lo obvio. —Es muy inquieta, Kakashi-sensei.
—¿Ella es la madre? —preguntó Sasuke claramente sugiriendo en la mirada que él era el padre.
—No. —respondió.
La puerta se abrió de imprevisto y Kari corrió hasta el Hokage, le dio un abrazo constrictor, un besito en la mejilla y corrió hasta Sasuke. —Dile a Hinata-neesan que me visite. —La pequeña niña dejó el lugar de nuevo y Sasuke levantó la ceja.
—¿Conoce a Hinata-chan? —dijo Naruto— ¿Acaso son familia?
—No puedo creer que seas tan tarado.
—¡Hey!
—Ya, suficiente. —Kakashi abrió uno de los cajones, pero lo que sea que estaba allí ahora había desaparecido y volvió a suspirar obviamente teniendo en mente alguna travesura de la niña. Se levantó de la silla y caminó hasta la ventana trasera sólo para ver a la distancia a Kari tirando del brazo de Samami, y esta última seguida de un Anbu con máscara de león.
—Si nos llamaste para hablar de ridiculeces sobre paternidad, me voy. —dijo Sasuke molesto por los tirones que le daba Naruto para que ayude a recoger papeles; con la frente arrugada terminó acuclillado y ordenando carpetas.
—No, no los llamé para eso. Pero les aconsejo leer sobre el tema cuando alguno quiera tener uno. —Kakashi no apartó la vista hasta que Kari ya no estaba a la vista. —Los mandé a llamar por dos cosas. —Caminó hasta una cajonera, luego a la otra... —Aquí está. —dijo animado.
Naruto y Sasuke se pusieron de pie cerca del escritorio al terminar de recoger el desastre y encontraron un par de pergaminos frente a ellos.
—¿Qué es eso?
—Eso, Naruto, es el paso a jounin. —Ambos chicos miraron al Hokage perplejos. —Felicidades. —con una oculta sonrisa le dio un pergamino a cada uno. —La misión de las Runas no era algo que utilizaría como una calificación, pero luego de ver el tiempo empleado y la complejidad le envié un comunicado a Shikamaru para que los evalúe bajo el criterio de promoción a Jounin. Los reportes fueron cada dos o tres días y aunque escuché que Sasuke dejó el puesto una noche —Naruto miró a su amigo de soslayo— no lo tomaré como subordinación.
Sasuke rodó los ojos ante la extraña cara de Naruto y Kakashi que decía a todas luces un: "Bien hecho".
—Han pasados meses desde su promoción como chunnin y decidí que era momento de un cambio. Estoy satisfecho de que ambos hayan madurado durante este lapso. Pienso que el cambio que recibieron fue en pro de ello. —Sasuke pensó inmediatamente en Hinata sin realizar la más mínima expresión facial de felicidad, pero Naruto sonrió como el buen idiota que es ante el recuerdo de Shion.
—El siguiente ascenso son los ANBU o como Instructor Gennin, aunque eso será decisión mía para dentro de unos años. —Naruto le dio un amistoso golpe en el hombro a Sasuke— Por el momento pueden aplicar a los Tokubetsu como Lee y Sakura. Tú tienes potencial para especializarte en Ninjutsu —le dijo a Naruto mientras tomaba asiento— y tú irías bien en Tortura e Investigación, pero eso será decisión para más adelante.
— ¿Qué es lo segundo para lo que nos llamaste? —preguntó Sasuke ya sin ese tono irritado, pero la felicidad del ascenso tampoco lo mostraba en el rostro.
—Como ya saben, Orochimaru y su grupo estarán en Konoha unos meses proveyendo de información sobre la investigación que arrojó el estudio de la Runa en Suna. Ustedes, junto a Sakura y Shikamaru, serán los encargados de permanecer con el grupo un turno a la vez. El consejo no confía en ellos, y para ser sincero, yo tampoco; sin embargo aquí están, ayudando. Yamato seguirá siendo la sombra de Orochimaru y Shikamaru es el encargado de la primera guardia de Taka. En tres días será Sakura, luego Sasuke y por último Naruto hasta repetir el ciclo durante todo el tiempo de estancia. Si alguno es asignado a una misión dentro de la permanencia de los visitantes entonces el de turno se encargará de los tres días posteriores, y así. Un par de ANBU también están en sobreaviso en caso de algún incidente que, estoy casi seguro, no sucederá.
—¿Por qué Shikamaru y Sakura no están aquí?
—A ellos ya les informé porque ambos tenían asuntos personales pendientes. —Kakashi miró a Naruto por unos segundos. —No vayas a gritar hasta que salgas del edificio o revocaré la orden.
—¡C-Claro que no, de veras! —exclamó con el júbilo a flor de piel.
—Cuando salgan diríjanse al departamento de Investigación. Los necesitan a todos a las cuatro en punto. Eso es todo.
Naruto dio media vuelta para salir de la Torre y poder expresar su emoción, pero Sasuke permaneció en lugar, inmóvil.
—¿Qué pasa, idiota?
—¿Por qué tu hija conoce a Hinata? —preguntó sin poder hallar la razón por su cuenta, lo que le incordió levemente.
—Samami-san enfermó y le pedí que la cuidara unos días. La aldea lo sabe desde entonces porque la constructora comenzó la remodelación en tu distrito y el secreto se esparció. —el Hokage se levantó de hombros y revisó el papeleo en la mesa.
—¿¡Es su hija, Kakashi-sensei?!
—Sí, Naruto. Lo es. —Kakashi dejo los documentos a un lado y miró a Sasuke con una sonrisa que le causó escalofríos.
.
.
La noche llegó... Sí llegó. Llegaría aunque no quisiera, pero quería. Quería que llegara con ansias.
El reloj de la habitación marcó las siete, ocho... nueve...
Cuando Hinata llegó a casa después de una larga charla con Kurenai ya no sentía temores ni dudas sobre la noche de bodas, y tampoco fue tan incómodo el platicar sobre aquello con su antigua maestra como creyó en un comienzo. Kurenai siempre había sido como una madre para ella y aunque nunca sabría cómo se sentiría hablar con la suya, Kurenai estaba allí y se sentía muy agradecida de que así fuese.
Pero claro. Toda esa palabrería y respuesta no le quitaba el nerviosismo a lo que pasaría cuando Sasuke llegase. Cada segundo hacía que la inquietud aumente la intensidad de la sensación en su interior. Temblaba ante la expectativa de escuchar la puerta principal, o el imaginar que Sasuke abría la puerta de la recámara... Le ardía el rostro como una tetera recién salida de la estufa y sus mejillas rojas resaltaban ante la luz de las lámparas. "Debí comprar las velas..." Pensó al ver la hora. "No, mejor que no. Seguro a Sasuke-kun no le gustaría algo como eso."
Secaba las manos sobre la cobija que estaba estirada en la cama y la bata no le cubría tanto del frío si debajo de ella sólo estaba usando una provocativa lencería de encaje rojo que Kurenai le sugirió. El corazón le latía rápido y sentía un poco de náuseas que su maestra le había dicho que sería normal en alguien como ella debido a su gran timidez, más aún ante lo que iba a suceder. No todos los días iba a ser la primera vez en la que estaría a solas —y desnuda— con la persona que amaba y todo eso le daba presión a los pensamientos y tensión al cuerpo.
Estaba sentada con las piernas debajo de sus muslos, sus manos reposaban sobre los mismo en puño y miraba la puerta con tanta fuerza que en cualquier momento la haría pedazos con la mente. Tenía en mente la sonrisa de Sasuke que presenció aquella vez que llegó ebrio para no perder la conciencia o estallar como una bomba de vapor ante la solitaria idea de verlo sin camisa... acercándose a su cuerpo... rodando lentamente la manga de la bata para acariciar su hombro con los labios que poco a poco se...
Palmeó sus mejillas y volvió al recuerdo de la risa masculina que escapó de su boca para mantener caliente sólo su corazón.
Un maullido largo y ronco la llevó a la ventana esperando ver a Kunai y pedirle que no estuviera en casa por esa noche. No que la gata la fuera a espiar para contárselo a alguien, pero igual prefería estar completamente a solas con Sasuke. Miró por varios segundos en los que no encontró nada más que la oscuridad del sitio porque los postes de energía no llegaban hasta su pórtico. Suspiró y miró la cama, luego la puerta. Pensó en cómo debía referirse a él ahora... Si bien el llamarle por su nombre sin honoríficos era común en las parejas, su maestra le dijo que en la intimidad podía ser más dulce decirle algo como: cariño, mi cielo, tesoro...
"C-creo que en lugar de decirle cariño yo, eh, p-pues... ¿Y si le digo mi amor?" Hinata aclaró la garganta un poco y con un gesto sobreactuado de fallida sensualidad pronunció en voz alta: —B-bienvenido a casa, m-mi a-amor... —Ocultó la cara tras las manos y sacudió la cabeza con un par de tonos carmesí aumentando en su piel.
De nuevo el maullido tosco la llevó a la ventana y observó una silueta escabullirse en el jardín.
El color de las mejillas desapareció y arrugó la frente ligeramente. Hubo un maullido sonoro y agudo, una maldición y luego el golpe seco de madera rota. Hinata corrió escaleras abajo y entró a la sala con la postura típica de taijutsu Hyuga. Detuvo de activar el byakugan cuando descubrió que el intruso que rompió la puerta de la sala era Sasuke. Corrió en su ayuda para ver si estaba herido.
—¿Estás bien?
—Sí. —dijo de mala gana revisando su pie y encontrando un zarpazo que cruzaba de lado a lado. —Mierda...
La gata apareció en el pórtico meneando su cola de lado a lado, mirando a la pareja, complacida. Hinata salió de la habitación en busca de la pomada y una gasa por las pequeñas gotas de sangre. Sasuke la maldijo con la mirada hasta cansarse. "En lugar de mirarme así, agradeceme, cobarde. Sin mis avisos seguirías parado en la entrada" Kunai dio media vuelta con galantería y saltó el pórtico rumbo a quien sabe donde para darles privacidad. "¡De nada!"
—Ten, para la herida. —Sasuke apartó la mirada del pie y contempló la pomada en sus manos. Manos que estaban delante de un escote que mostraba el total de encaje de un sostén rojo. Si se concentraba lo suficiente incluso podía apreciar el tono rosa de su pe... — ¡Kya!
Hinata gritó, le dejó al pomada en el suelo, cubrió su pecho con ambos brazos y salió de la sala con la cara roja dejándole a Sasuke la perfecta visión de unas estilizadas y bellas piernas. Tragó pesado y se puso de pie ignorando el ardor del rasguño o de las palabras que había dicho Sai al encontrarse con él en una cafetería de regreso a casa.
"Maldito seas" Dijo en su mente a Sai por millonésima vez luego de secar las manos en el pantalón. Hinata ya sabía que estaba en casa y él le había pedido estar con ella, así que si no subía las escaleras realmente sería un imbécil. ¡Jodidos nervios! Hace unas horas era un hombre decidido en hacerle conocer a su esposa el placer de la carne —así como de conocerla también él— y luego de escuchar de un idiota que la primera vez de una mujer podría ser una pesadilla a recordar el resto de su vida si el hombre no lo hacía bien, le quitó la confianza.
Apretó la mandíbula, tragó pesado y obligó a sus pies a dar pasos firmes hasta la puerta de la alcoba.
Cerró los ojos, respiró profundo y giró la perilla con el corazón sobresaltado y la imagen del encaje rojo sobre la tersa piel blanca de su esposa.
—¡Bi-Bi-Bienvenido a casa, mi-mi cielo! —gritó ella con los ojos cerrados, sentada sobre la cama y con la cara completamente roja—¡Qui-quiero sentarme e-en ti! —ambos abrieron los ojos de par en par por las palabras— ¡NO! ¡Di-Digo! ¡L-lo que quiero decir es...! ¡Q-quiero sentirte en mí! —Ella perdió el color repentinamente mientras le salía vapor por las orejas mientras balbuceaba sílabas al azar. —Yo-yo... E-e-es decir... Es que... Ah... P-pues... ¡Q-qué ha-haces! —cubrió rápidamente sus ojos cuando él se despojó de la camiseta.
—Lo que me pediste; dejar que te sientes en mí para que me sien... No te desmayes. —advirtió acercándose a la cama luego de tirar la camiseta al suelo— No lo hagas o me aprovecharé. —Hinata abrió los ojos abochornada por la indecencia en sus comentarios que expresaba como si fuera una conversación común. —Créeme, lo haré. —dijo tomando asiento a la orilla de la cama, su corazón latía a millón por minuto.
Ella volvió a cerrar los ojos y permaneció sentada varios minutos en los que ninguno dijo nada.
—¿Qué haces? —preguntó Sasuke sabiendo con exactitud porqué actuaba así.
—P-pues... —ella curvó un poco la espalda, bajó la cabeza y respiró profundo antes de murmurar: —T-te espero a ti.
—¿Y si sólo quiero mirar? —respondió con media sonrisa ante el brinco de su cuerpo, pero la broma se revirtió porque ella llevó las manos a la bata y como si lo sedujera de manera inconsciente bajó las mangas para mostrar sus hombros y no logró tragar después de tener el torso descubierto de ella justo frente a sus ojos. No podía compararlo con las fantasías en sus sueños, porque los reales superaban por mucho el tamaño que tenía programada su imaginación.
— S-sí así q-quieres... —murmuró con los labios húmedos y la mirada brillante que hacía de toda la imagen una peligrosa arma de seducción que nadie excepto él podía ver. —¿Sa-Sasuke-kun?
Él se levantó y cerró la ventana antes de regresar a la cama por el lado opuesto y tomar asiento detrás de ella. Movió los dedos de sus manos con inconsistencia intentado tocarla sin conseguir, siquiera, mover una hebra de su cabello por lo que se acercó hasta la oreja. — Estoy nervioso. —dijo— ¿Qué pasa si no es lo que esperas? —ella abrió ligeramente los labios— Esto no es como una misión. No sé nada sobre el tema y no quiero decepcionarte.
Ella volteó, tomó una de su manos y colocó en su mejilla la otra.
—Yo... Yo quiero intentarlo. —respondió con la frase que inició la historia de ambos.
Ella estaba nerviosa también, pero había platicado sobre sus dudas con Kurenai. Seguramente Sasuke estaría plagado de las mismas o muchas más preguntas que ella y no tenía con quien obtener respuesta, después de todo él no tenía una relación tan cercana con su maestro Gennin; Kakashi.
Hinata le regaló una sonrisa cálida y tímida que llegó al corazón de Sasuke disminuyendo la presión, porque la situación estaba llena de eso. No era como las veces anteriores en que ambos se dejaban llevar por el momento y eso hacía de los dos un manojo de nervios que cada cual expresaba a su manera. Sasuke relajó los hombros, pero seguía quieto. Deseaba tocarla, pero no se movía como le ordenaba su cerebro. Quizá no debió decir que lo quería, sino dejar que pasara por sí solo esa noche. Después de todo ambos iba a dormir en esa cama, juntos y solos. El momento se daría tarde o temprano...
La lluvia empezó en el exterior y aunque tenían la ventana cerrada, una suave brisa se coló por el pasillo e ingresó por la puerta provocando que ella tirite y mecánicamente Sasuke la rodeó con ambos brazos.
El contacto de la piel provocó el mismo estallido de electricidad en ambos. Sasuke estrechó sus brazos otro poco para sentir sobre sus pectorales la suavidad de lo que ocultaba el brasier rojo de encaje. El corazón de Hinata saltaba tan fuerte que él era capaz de sentirlo levemente sobre su piel. Cerró los ojos un instante para respirar el aroma de su cabellera y volver a cerrar el abrazo. Con los movimientos que Sasuke hacía con los brazos, ella era capaz de sentir la definición de sus músculos. La amplitud de su cuerpo y el calor que desprendía la piel...
Al cabo de unos segundos ella colocó la manos sobre su pecho provocando cosquillas que se agolpaban en la entrepierna. Ella lo apartó despacio, levantó la cabeza y Sasuke descubrió que así como era capaz de mostrar su lado enfadado, también podía enseñarle lo que era la sensualidad, el deseo y la pasión agolpadas dentro de un envase de dulzura y ternura.
—Ta-también quiero estar contigo... Sasuke.
.
.
.
Frases que vienen de pelos al final de este cap:
*¡Esto es para lo que vivo, jodeeeeeer!
*Se viene el salseo, papá.
*¡POR FIN MI MALDITO LEMMOOOOOOOOOOOOON!
*¡Ahora sí se viene lo chido!
*Cuando la cama suena, parejas trae.
*Para qué el nopor si tengo fanfics.
... y cualquiera que ustedes quieran agregar. *guiño guiño*
Yo sé que no es necesario —porque es obviesísimo—, pero el nombre del siguiente cap es: "Nuestro frenesí oculto"
Yo sé que querían lemmon (joder que me lo piden con ansias por MP y Face! JODER!), pero quería mostrar al equipo Taka conociendo a Hinata (faltó Orochi-chama, lo sé), un cameo de la pequeña Kari, un poco de rebuscado GaaKarin, un chirrín del celoso Dios Uchiha, la ansiada promoción jounin de este par de pendejos y mencionar a Sai y Kurenai.
Claro que me faltan muchísimas cosas más, pero esto es lo que puedo mostrar porque involucra a uno a otro en el proceso.
Ahora a hablar de lo importante que hice mención en la parte superior. *ejém ejém*
Como sabrán, Camino Ninja es un fic que se centra en mostrar de una manera realista que Sasuke y Hinata podían llegar a ser algo canon (Kishi seguramente hubiera ido por la idea de las Runas Uzumaki en lugar del romance porque para él es shonen) sin la necesidad de que Sakura y Naruto terminen juntos en el proceso (porque hay tantos fics de eso que puedo llenar todos los océanos del mundo!). Así que, posiblemente el siguiente capítulo sea el último. ¡HEY! No estoy diciendo que lo será, porque no soy partidaria de hacer fics de romance donde el final sea una página de 10mil palabras de smut o sexho desenfrenado. ¡No en mi guardia, amigos! Pero tengo un grave problema de cómo darle un broche de oro al fic.
Así como lo leen.
He pensado en mostrar un salto de tiempo donde se muestre a los niños de todas las parejas que cree durante el trayecto (y de las que no), pero no deseo dar un salto tan extremo. Por lo general sólo hago brincos de unas semanas, máximo un mes. Así que no quisiera tomar ese camino (ninja :'v).
Y es aquí donde entran ustedes.
Necesito que me den ideas de cómo les gustaría que fuese el final. Yo sé que muchas y muchos me dirán que haga el salto de tiempo, que cumpla aquello de mostrar "Uchihas - The Next Generation", pero me gustaría dejarlo para otro fic en donde el fin sea ese (no niños berrinchudos, por si acaso) porque este sólo trata de la relación de Sasuke y Hinata, no de la familia que van a tener.
He pensado en hablar de las parejas, pero sin Hinata o Sasuke presentes yo lo considero relleno (ya saben lo que pienso de eso). Además no tengo en mente los vacíos que cree... creo. Enumeraré todo lo que puedo recordar hasta la fecha de publicación de este cap (no olviden que este fic ya va para los dos años y no me gusta leer lo que ya publiqué porque luego me pasa lo de Dulce Guardaespaldas -otra historia-):
1)La tensión (sexual) de Shikamaru ante la boda con Temari.
2)La relación a larga distancia de Chouji y Karui
3)El noviazgo de Hana y Shino
4)La relación entre Shion y Naruto
5)La metida de pata de Sakura
6)El embrollo de los Hyuga contra Neji y Hanabi
7)La paternidad de Kakashi
8)El hijo de la Mizukage (seguro que nadie se acuerda que lo mencioné, eh. Quien sí se acuerde me lo hace saber)
9)Esa pendejada con las Runas y el Clan Uzumaki (a mi no me va el shonnen, así que el asunto no es de mucha importancia en mi cabeza)
10)Ino y Sai (Ay estos dos... ¡Ay!)
11)Emery-san y Lee.
12)HashtagUnNovioParaTenten
13)El matrimonio de los Inuzuka.
14)Los terrenos en el Distrito Uchiha
14.5)La casa Uchiha.
15)Aquello de "Afinidad al Sharingan" que posee Kari.
16)La no-se-qué relación entre Iruka y Samami.
17)Los gatijos de Kunai
x) Si se acuerdan de otro tema que mencioné y luego quedó ene l olvido haganmelo saber. No sé para qué porque dije que no metería relleno, pero quiero saber lo que digo y luego olvido. :v
Y bien, hasta aquí con la palabrería. Espero que lleguen hasta acá y si lo hacen les estaré agradecida con el tiempo y la ayuda.
BESOS Y ABRAZOS EN PAPEL...
PD: Dije que haría un "Side Story" ¿Recuerdan? Bueno. No supe cómo darle forma al fic y sólo escribí los días que transcurren entre la llegada de Sasuke y la boda en el Distrito Hyuga. Lo subiré en el Face por si les interesa.
¡Nos leemos en unos meses!
