EPILOGO
—Buenas noches, Jenny, te ves esplendorosa esta noche.
—Muchísimas gracias, Makishima, tú también luces muy apuesto; y buenas noches también para todos nuestros televidentes.
—Estamos aquí para compartir con ustedes la premiere de la sonada y muy esperada producción cinematográfica de Itsumi Hara, Lazos. Una producción que nos cuenta cuatro historias únicas entrelazadas por un evento catastrófico.
—Así es, Jenny, una producción que cuenta con la participación de grandes nombres de la industria del entretenimiento nacional e internacional como Hizuri Kuu, Kyoko, Kijima Hideito, Hizuri Kuon, Momose Itsumi, Alex Davis, B.O., Hana y la impresionante dirección de la aclamada Itsumi Hara.
—Makishima, ¿sabías que esta producción está basada en historias de la vida real?
—Por supuesto. Y está noche nos estarán acompañando algunos de los protagonistas de estas historias, los reales y por supuesto, sus intérpretes en la pantalla grande.
—Estoy segura que será una noche llena de muchas emociones. Así que no se despeguen de sus pantallas.
Más de tres años habían transcurrido desde aquel día. El día que el mismo movimiento telúrico que sacudió Japón, causando la pérdida de incontables vidas humanas, dejando a su paso una devastadora escena de destrucción, también sacudió los cimientos de su existencia, marcando su vida en más niveles de los que se atrevería a reconocer.
Había vivido tantas experiencias en los últimos tres años. Se cayó y se volvió a levantar, literal y figurativamente. Lloró, lloró de tristeza, lloró de amargura, lloró de felicidad. Rio e hice reír. Se permitió amar y ser amada libremente, sin ataduras, sin miedos, sin restricciones, entregando el corazón sin miedo a que se lo rompieran. Y luchó, lucho contra la muerte, luchó contra su cuerpo y luchó contra su mente. Al final logró salir victoriosa, no por ello significando que su camino fuese sencillo o fácil de recorrer. Fue duro, tan duro que muchas veces deseó rendirse; pero aunque su carrera por la supervivencia y la recuperación fuera una que ella debía hacer sola, nunca le faltaron los animadores. Esos que estaban allí, del otro lado de la barda, animándole con todo su ser, dando gritos de apoyo con todo el corazón, esos mismos que le daban la fuerza para dar un paso más, para correr un kilómetro más, esos mismos que extendieron una mano para ayudarla a levantarse y le palmeaban la espalda para darle el impulso de seguir avanzando. Nunca podría terminar de agradecerles, porque nunca la dejaron, incluso cuando con palabras hirientes y ponzoñosas, desquitaba su propia frustración, ira y dolor sobre ellos.
Y fueron esos mismos amigos, los que celebraron con ella la alegría de su recuperación, la emoción de su compromiso, los que estuvieron allí para apaciguar sus nervios. Y su familia, una familia extensísima con la que la pequeña Kyoko, jamás se atrevió a soñar. Una familia, amorosa, paciente, comprensiva y un poco disfuncional, pero de nuevo, ¿qué familia no lo era?
Miró su reflejo en el espejo. Algunos dirían que era la misma, sin embargo su vida cambió drásticamente, la experiencia y sabiduría que se dejaba entrever en su mirada, era quizás la prueba fehaciente de ese hecho. Las ahora casi invisibles cicatrices eran un recordatorio de que era afortunada, una sobreviviente. Una de las pocas que reciben una segunda oportunidad.
Y ahora, es una Hizuri. Aún recuerda aquél día de otoño en el que enlazó su vida con Kuon, recuerda el pequeño grupo, la ceremonia sencilla y tradicional con la que siempre había soñado desde que era una niña, y puede sentir aún las hojas cobrizas de los árboles cayendo sobre ellos como una lluvia, decorando el suelo por el que caminan, ahora unidos como marido y mujer. Su mente la transporta de nuevo a ese momento, a la sonrisa de él, al calor de su mano, al palpitar de un corazón embravecido que late al ritmo del aleteo de un colibrí.
Una suave caricia en el hombro la aleja de sus recuerdos.
—Perfecta —lo escucha susurrarle en el oído con esa familiar voz ronca que le afloja las rodillas y envía deliciosas sensaciones a diferentes lugares de su anatomía, decide no dejarse llevar por el rumbo de sus pensamientos. Solo Dios sabía que si cedía ante sus instintos nunca llegarían a la premiere, Kuon se aseguraría de ello.
Sonrió al ver el reflejo de los dos en el espejo.
—Gracias, tú también luces muy apuesto —mencionó girándose hacia él, mientras tomaba en sus manos la corbata, para ponérsela.
—Te amo —le dijo tomándola por sorpresa, las manos de él recorriendo juguetonamente el escote de su espalda, descendiendo peligrosamente.
—También te amo—le dijo con sospecha.
—Entonces si me amas, deberíamos quedarnos en casa.
Decidió seguirle el juego.
—¿Alguna razón es especial?
—Me gustaría probar una teoría.
—¿Si?, ilumíname.
—Me gustaría confirmar que puedo quitarte ese vestido más rápido de lo que te tardaste en ponértelo… Con los dientes. Y confirmar, lo bonito que se vería decorando el piso.
—Es una pena entonces, que usted y yo, Señor Hizuri, tengamos una premiere a la que atender —dijo tomando su cartera, mientras caminaba con elegancia fuera de la habitación, dándole una vista completa de su espalda descubierta y la caída del vestido que se ajustaba magníficamente a sus curvas.
—Debí haberte encerrado en la habitación y haber tirado la llave —lo escuchó murmurar.
...
Kyoko, se removió en el asiento del auto. Había estado ansiosa por la llegada de este día, y finalmente estaba aquí, pero no pudo evitar los nervios. No se sintió así de nerviosa incluso cuando su libro, si su libro, un relato crudo y real de su experiencia, había sido lanzado al público. La mano amorosa de Kuon enlazada en la suya, le recordó que no estaba sola.
—¿Estás nerviosa? —lo escuchó preguntar a su lado.
—Un poco.
—Estoy aquí, lo sabes.
—Lo sé, significa mucho para mí, gracias.
El vehículo finalmente se detuvo, y supo que había llegado el momento.
—¿Lista, señora Hizuri?
—Ese el nombre de tu madre —dijo haciendo un puchero; nunca se acostumbraría a que la llamaran así, para ella ese siempre sería el título de Juliena.
—Nuestra madre, querrás decir, y, ¿debo recordarle, señora, que ahora usted también es una Hizuri?, —dijo inclinándose y dándole un beso, pero se separó antes de poderlo profundizar (una hazaña si tenía en cuenta los ojos brillantes y hambrientos de su esposa y los instintos animales que ella le despertaba).
—Están esperando por nosotros —agregó.
—Sí… Pero primero —dijo ella pasándole cuidadosamente los delicados dedos sobre los labios—, déjame limpiar ese pintalabios.
—Y yo que pensé que el rojo era mi color.
—Para nada cariño, para nada.
Los flashes se disparaban sin cesar, los invitados no dejaban de llegar y los gritos de la fanaticada con cada nuevo arribo no se hacían esperar. Kuu, vio a su esposa un poco más adelante charlando animadamente como María Takarada, la niña traviesa de los viejos tiempos, ahora una hermosa señorita que cautivaba. Dirigió una sonrisa a sus entrevistadores.
—Makishima-san, Jenny-san.
—Buenas noches Kuu-san, gracias por acompañarnos.
—El placer es todo mío.
—La fanaticada enloqueció con tu entrada, ¿cuántos autógrafos firmaste? —preguntó a tono de broma Makishima.
—Más de los que recuerdo —sonrió.
—Bueno Kuu, cuéntanos qué tal ha sido trabajar en el proyecto de Lazos.
—Lazos, es sin duda una producción bellísima, que tiene mucho corazón. Ha sido un honor trabajar con todo el elenco, el equipo de producción, nuestros productores y directora.
—¿Qué tal ha sido trabajar por primera vez con tu hijo y nuera?
—Los dos son excelentes actores, no son muchas las escenas que compartimos, pero fue una gran alegría y satisfacción. Los dos son increíbles actores.
—¿Qué nos puedes contar de tu personaje?
—Es un padre demasiado ocupado, que poco conoce a su hija de 5 años, y luego del evento catastrófico que sirve de trasfondo para la historia, emprende una lucha para lograr que él y su hija puedan sobrevivir, aprendiendo un par de valiosas lecciones en el camino.
—¿Cómo fue trabajar con niños?
—Ha sido grandioso, Hana-chan, es una actriz maravillosa, he llegado amarla como una hija.
—Sabemos que tu mujer ha estado bastante envuelta en el proyecto, ¿qué nos puedes contar?
—Ella fue parte del equipo que diseño los vestuarios para nuestros personajes. Hablando de Julie, parece que me está esperando para que entremos. Si me disculpan.
—Mejor no hacerla esperar —comentó Makishima, con complicidad.
—En eso tienes toda la razón.
—Gracias, Kuu, y de nuevo felicitaciones.
Kuon, extendió su mano para ayudarla a salir del auto, su corazón retumbaba a ritmo dispar escuchando los gritos, los aplausos. Sonrió a todo el público y fans presentes que los apoyaban. Los flashes se disparan desde diferentes puntos, los llamados de sus nombres, el de ella, y el de su esposo no se hicieron esperar. Caminaron mano en mano por la alfombra, sonriendo, posando, compartiendo cada momento posible con sus fanáticos, firmando autógrafos, respondiendo preguntas.
Kyoko, nunca se acostumbraría al amor y admiración que le prodigaba el público, pero siempre se esforzaba en retribuírselos con sus actuaciones, o en cosas tan sencillas como una foto o un autógrafo. Lory, estuvo en lo correcto hace muchos años cuando la sentenció a ser la primera miembro de la en ese entonces infame, sección Love Me. Su carrera, su elección se vida, se basada en dar y recibir el amor libremente. Los primeros 16 años de su vida le generaron la creencia que el amor era un arma peligrosa, una hecha para lastimar y destruir, la vida le había enseñado lo equivocada que estaba; el amor, salva, comprende, construye, ilumina.
Y con amor no solo de refería a Kuon, sino al de su familia, al de sus amigos. Siempre estuvo rodeada de ese amor, dio y sintió ese amor, la diferencia era que ella intencionalmente lo disfrazó como otros sentimientos; respeto, amabilidad, lastima, cariño. Pero no, ahora lo sabía, siempre se trató de amor.
…
En el brevísimo trayecto hacia el teatro, también tuvieron la oportunidad de reencontrarse con sus compañeros de reparto, directora, productores y muchos de los personajes que hicieron la grabación de Lazos memorable y el éxito que estaba destinado a ser. También posaron con el resto del elenco principal de Lazos, para los medios de comunicación que ansiosos también esperaban para que les respondieran sus preguntas y lograr alguna primicia sobre Lazos o porque no, la vida privada de los actores.
Sus ojos viajaron a Kuon, quién de momento reía y participaba con Kijima, en una amena charla con Elliot Marvell, reconocido editor de la revista de moda masculina, Metails. Después de todo, los dos hombres, su esposo y Kijima, eran una imagen viva de lo que representaba la revista, un hombre que vive y lleva un estilo refinado, único, moderno y fresco.
Giró brevemente y se encontró con Itsumi. Desde Dark Moon, su ahora amiga, había crecido para convertirse en una reconocida y aclamada actriz en el medio, la única que había logrado, como jocosamente lo ponía la prensa, ponerle la correa a Kijima Hideito, sellando tal hazaña con una majestuoso matrimonio que ahora que valía el título de la nueva señora Kijima.
Pronto, estuvo compartiendo escenario con Jenny y Makishima, los anfitriones del talk show más famoso de los últimos tiempos, 'Descárate'. Una pareja brillante con la que ya había tenido la oportunidad de entrevistarse. Reconocidos por ser amables y bromistas, pero directos y hablar sin censura. Aún recordaba la primera vez que estuvo en su show. Estuvo lleno de conversaciones francas sobre el pasado, sobre sus experiencias en la vida, sobre su relación con Kuon y sobre los planes que tenía para el futuro.
—Buenas noches, Kyoko-san.
—Buenas noches, Makishima-san, Jenny-san. Es un placer estar de nuevo en su compañía.
—Gracias Kyoko-san, siempre es un gusto tenerte con nosotros. Pero tengo que decirlo, Kyoko-san, esta noche te ves radiante, una diosa.
—Oh, gracias, Makishima-san —una sombra rosa cubriendo sus mejillas; pero creo que estás exagerando.
—Para nada, Kyoko-san, estoy seguro que cualquier hombre coincidiría conmigo.
—Qué no te escuche Kuon-san, sus celos son legendarios— bromeó Jenny a su lado.
—Cómo olvidarlo.
Los dos anfitriones y su invitada, dejaron escapar la risa, recordando la primera vez que Kuon y Makishima se conocieron.
—Como siempre Kyoko-san, te has robado todas las miradas y los halagos —comentó Jenny— eso sin duda tiene mucho que ver con tu personalidad encantadora y tu asombroso trabajo, pero también hay que darle el mérito a la pieza tan increíble que luces el día de hoy. Así, que tengo que preguntar, —dijo Jenny señalando el vestido— ¿quién es el diseñador de la deslumbrante pieza que vistes esta noche?
—Es un diseño conjunto de mi madre, Hizuri Juliena y la joven promesa del diseño, Takarada María, una artista en la que creo, todos deberíamos tener la vista puesta, viene preparada para tomarse por tormenta el mundo de la moda, bajo el ala guía de la internacionalmente aclamada diseñadora, Juliena.
—Ya lo oyeron, señoras— dijo Jenny sonriendo a la cámara. Tomen apuntes.
—Kyoko-san, cambiando un poco de tema, hemos escuchado que, Lazos, fue un proyecto especialmente difícil y emocional para ti.
—Sí, ha sido emocionalmente agotador, pero estoy feliz de haberlo hecho. Lazos, es un llamado de atención, una producción que nos invita a reflexionar sobre nuestras vidas, nos lleva a hacernos la pregunta: ¿Sí muriese mañana, moriría feliz, o, todo lo que tendría sería arrepentimientos?; y también nos habla de las raras y valiosas segundas oportunidades que solo algunos afortunados logran tener… Te hace creer que las segundas oportunidades son posibles.
Es una producción increíblemente cercana a mi corazón. Mi experiencia personal, al igual que la de algunos otros ha sido de una u otra forma parte de esta producción. Son historias de lucha y sufrimiento que nos hicieron renacer más fuertes. Como ya todos estaréis al corriente, mi trabajo ha sido el de interpretar el papel de mi propia persona de vuelta a aquél día en el que perdimos tanto. Dar lo mejor de mí, para esta producción requirió más esfuerzo del que jamás hubiese invertido en otro personaje, y también el apoyo y soporte de mi familia y amigos. Fue anímicamente un reto revivir cada uno de esos momentos. Fue tremendamente abrumador.
—¿Dirías que esos eventos cambiaron tu vida?
—Sin duda lo hicieron.
—¿Cómo fue volver a trabajar con tu esposo?
—Creo que sin su apoyo, el de nuestros padres y amigos, jamás hubiese podido sacar adelante este proyecto. Kuon ha sido mi fuerza y pilar en mis momentos más difíciles. Volver a trabajar con él ha sido magnifico… Les voy a contar un secreto, Kuon y yo tenemos esta pequeña lucha por no dejarnos envolver por la actuación del otro, una lucha para lograr que la actuación de uno logré influenciar la del otro; pero he de confesar que mientras lo veía actuar algunas de sus escenas, terminé llorando como una niña, totalmente abrumada por su actuación.
—Más razón para ver Lazos —agregó Makishima.
—¿Cómo se siente ser llamados por todos la pareja dorada del entretenimiento Japonés?
—Oh, vamos, creo que exageran, Kuon y yo solo damos lo mejor de nosotros en nuestro trabajo, al igual que muchos otros en esta industria, pero, es en realidad un honor que nos consideren como tal.
—¿Algún mensaje para todos lo que nos están viendo en este momento?
—Gracias por su apoyo constante, significa el mundo para nosotros los artistas, no dejen de ver Lazos, una historia de pérdida, de amor, de amistad, de familia, de segundas oportunidades. Con unas bellísimas lecciones de vida.
—Gracias por estar con nosotros Kyoko-san.
—El placer ha sido todo mío.
El bullicio de las conversaciones murió rápidamente en el teatro cuando las luces se apagaron y la pantalla cobró vida.
—Llegó la hora —susurró Kyoko aferrándose a la mano de Ren.
—¿Estás bien?
—Eso creo.
Era duro, Kyoko mentiría si dijese lo contrario, era muy diferente ver y actuar escenas que aunque duras eran relativamente manejables, que ver el trabajo de todo el equipo completo. Fue como revivir su peor pesadilla una vez más. Se repetía una y otra vez que esos acontecimientos estaban en el pasado, pero un ligerísimo temblor le recorría el brazo. La mano amorosa de Kuon envolviendo la suya, un recordatorio de todo lo que había superado. Ella sabía el infierno que él había vivido, pero verlo en la pantalla desgarraba su corazón en miles de piezas. Porque ella muy en el fondo sabía que esa era más que una actuación.
Lloró y sufrió con la lucha de los personajes por vivir, por una segunda oportunidad de hacer las cosas bien, para poder hacer las cosas que querían, para poder decir las palabras no dichas. Se volvió a enamorar de Kei y Trisha, esta vez personificados por Hideito e Itsumi. No solo habían sido incluidas las escenas de ella leyendo las cartas, sino vistazos de la mano escribiendo las cartas y una breve pero memorable recreación del contenido de las cartas.
Cuando llegó la escenificación de su rescate, no pudo seguir mirando, por lo menos no la recreación de su propia historia, era demasiado. Las lágrimas empañando su visión. Ren sintiendo su aflicción la atrajo hacia su pecho, acariciando suavemente su espalda.
...
—¿Te sientes mejor? —preguntó Kuon pasándole una copa de agua.
—Sí, supongo que fue la impresión de verlo por primera vez, fue sobrecogedor.
—Te entiendo —dijo mirando a través de la ventana las gotas de lluvia que chocaban contra el cristal, ella siguió su mirada a la ventana y sonrió.
—Nunca he podido olvidar esa historia.
—¿Cuál?
—La de lluvia, que viaja por el cielo en poncho, montando en una mula —dijo tratando de contener la risa, ante la imagen mental.
—No pensé que la recordaras —mencionó acariciando su mano—. Estabas realmente asustada.
—Por mucho tiempo pensé que era un sueño.
—Entonces, ¿solías soñar mucho conmigo en ese entonces? —preguntó provocativamente.
—Y… Yo… Mmmm…. Ah.
La risa que Kuon dejo escapar le sonó como al ronroneó de un gran felino.
—Parece que el gato le comió la lengua a mi esposa.
—Kuon —trató de reprimir a su marido, fallando miserablemente —el sonrojo en sus mejillas delataba lo mucho que le enamoraban los caminos coquetos de su marido.
—Me encanta cuando te sonrojas, jamás me acostumbraré.
El resplandor de un rayo se coló por la ventana y Kyoko brincó en su asiento aferrándose con más fuerza a su mano.
—No sé por qué te asustan tanto, ¿sabes que las probabilidades que te caiga un rayo aquí y en este momento son cercanas a 0?
Kyoko le dedicó una mirada llena de odio. Prefería cuando inventaba historias tontas para consolarla. Algunas veces era más útil tener a Corn que al racional Ren. La cosa confusa del asunto era que a todos los amaba por igual, incluso cuando jugaba bromas a costillas de su miedo a las tormentas.
—Ya lo sé.
Él sonrió a su lado.
—Estoy aquí contigo.
—Sí, lo estás… Como lo prometiste.
—¿Lo escuchaste?
Ella solo repitió la línea que él le dijo aquella vez, pensándola dormida.
—No tienes que pasar por todo sola. No estás sola nunca más.
—Me alegra que lo hayas entendido —dijo antes de unir sus labios a los suyos en un beso tierno y sin prisas.
…
Un suave golpe a sobre la madera los interrumpió, la puerta se abrió suavemente.
—Chicos, ¿están bien?
—Si madre.
—Todos están hablando maravillosamente de la película. Ha sido un trabajo magnifico el que todos ustedes han hecho con esta producción. Estoy realmente orgullosa de los dos.
—Gracias madre, pero solo fue posible gracias al duro trabajo de todos.
—Lo sé, lo sé, pero no puedo evitar sentirme completamente orgullosa de ustedes dos, mis hijos —dijo abrazándolos a los dos.
—Ahora, lamento sacarlos de su burbuja personal, pero hay muchos esperando para saludarlos y felicitarlos, y no deberían hacerlos esperar.
—Estaremos fuera en par de minutos, mamá.
—De acuerdo, pero Kuon, será mejor que te limpies el labial, a diferencia de tu esposa, cariño, el rojo no es tu color —afirmó Luella con una sonrisa pícara, mientras el rostro de Kyoko adquiría una impresionante tonalidad carmesí, que solo podía rivalizar con el despampanante rojo de sus labios.
La noche transcurrió entre conversaciones, risas y elogios. La premiere había sido todo un éxito. Solo los años y la ayuda de su senpai y los consejos de sus padres le habían ayudado a aprender a moverse en este tipo de eventos. No era que ella sola no hubiese podido lograrlo, pero el mundo del entretenimiento seguía siendo fiero y un paso en falso o algo que podría parecer insignificante a primera vista, podría ponerte en los titulares de los medios de comunicación y no siempre por las razones correctas.
Kyoko, tomó un trago más de su bebida mientras conversaba tranquilamente con Ogata, quién tímidamente elogiaba su crecimiento como actriz, desde aquella primera vez que tuvieron la oportunidad de trabajar juntos en Dark Moon. En algún punto de la conversación Itsumi se les había unido y el trío rememoró su tiempo en el set de Dark Moon.
—Siempre pensé que eran una pareja —comentó Itsumi como quién no quería la cosa—. Ya sabes, con cómo se comportaban y cuando lo obligabas a comer.
—Pero en ese entonces éramos solo Kohai-Sempai
Ambos le dedicaron una mirada de duda.
—Eso puede ser cierto, pero actuaban como un viejo matrimonio.
Kyoko, enrojeció.
—Y también estuvo esa vez —comentó Ogata con un sonrojo en las mejillas—, cuando Hizuri-san, estaba durmiendo utilizando tu regazo como almohada.
—… ¿Qué? —Casi gritó Kyoko—, luego retomando su autocontrol agregó —Ren, solo uso mi regazo, porque no podía dormir sin almohada.
—Seguro, Kyoko-san, lo que digas —exclamó Itsumi
—Pero, si es cierto —protestó ella inútilmente.
Itsumi, la miró con malicia danzando en los ojos, y Ogata, le dedicó algo muy parecido a una sonrisa de suficiencia, pero no era posible, el director Ogata nunca haría algo así, o ¿sí?
Sin duda la misma Kyoko-chan, pensaron los dos.
…
Ya era pasada la media noche, cuando Kuu y Julie, se acercaron a despedirse. Hacia algunos minutos que había perdido a Kuon de vista. Lo buscó con la mirada entre las personas que se movían y conversaban animadamente en el salón. Después de un par de minutos de búsqueda, lo distinguió hablando con una mujer de cautivantes ojos azules; sintió una punzada de celos. Sus miradas se cruzaron y él, sonriendo caminó hacia ella.
—¿Me buscabas?
—Sí, papá y mamá, te están buscando para despedirse.
—Ya veo, en un momento los alcanzó; pero antes quiero que conozcas a alguien —dijo encaminándolos hacia la mujer con la que había estado hablando antes.
—Amelia-san —dijo dirigiéndose a la mujer—, esta es mi esposa, Hizuri Kyoko.
—Es un placer conocerla finalmente, Hizuri-san, lamento que tomara tanto tiempo.
Kyoko, la miró confundida. Kuon, sintiendo la confusión de su esposa intervino.
—La señora Fujiwara Amelia, es la hija mayor de Fujiwara Kei.
El nombre le despertaba cierto sentido de familiaridad, y en ese breve instante hizo la conexión.
—El autor de las cartas —dijo mirando a la mujer con sorpresa—, el placer es todo mío, Fujiwara-san.
—Solo llámame Amelia. Realmente quiero agradecerles por ayudar a traer la historia de mi padre a la pantalla, estoy segura de que le hubiese encantado. Mi padre amaba profundamente a mi madre, pero él siempre habló con cariño de Trisha, siempre se refirió a ella como la persona que lo cambió, la que lo ayudó a volver a vivir.
—Yo soy la que está agradecida. Las cartas de su padre, me ayudaron a mantenerme con vida, a no perder la esperanza.
—Me alegra que lo hicieran —dijo con una sonrisa, para luego agregar—. Hizuri-san, he leído su libro y he de decir que me conmovió muchísimo, ha sido valiente al compartir su historia, sus sentimientos y su lucha por sobrevivir, por volver a caminar, por superar el PTSD. Es una voz de aliento, para aquellos que todavía luchan. No debió haber sido fácil tomar la decisión de compartirlo.
—Muchísimas gracias, pero se equivoca, fue sencillo tomar la decisión de compartir mi experiencia con el mundo. Si mi experiencia personal podía darle una voz de aliento, una luz de esperanza a otros, debía hacerlo. Escribir fue una herramienta fundamental en mi proceso de recuperación.
—No cualquiera en su posición lo habría hecho. Ha sido valiente de su parte.
—No creo que sea para tanto, pero gracias.
La mujer sonrió con cariño.
—Conozco de primera mano su compromiso hacia la rehabilitación emocional y tratamientos terapéuticos para personas que luchan por retomar el control de sus vidas, por superar sus miedos, para seguir adelante. Y por eso, me gustaría invitarlos a la inauguración del nuevo centro Fujiwara. Queremos que conozcan nuestro trabajo, estamos seguros que podría interesarles —dijo extendiéndoles una invitación—. Creemos en las segundas oportunidades y somos guardianes del trabajo que hace mucho tiempo inició mi padre. Además, recientemente gracias a una increíble donación anónima, hemos logrado finalizar el que siempre fue el sueño de mi padre, un ala exclusivamente dedicada al arte como medio terapéutico.
—Estoy honrada por su invitación, Amelia-san, allí estaremos.
—Gracias, ha sido un verdadero placer, Hizuri-san —dijo haciendo una breve reverencia antes de despedirse.
—El placer ha sido todo mío.
Miró el ahora parcialmente despejado cielo, la luna brillando tímidamente entre las pocas nubes que aún permanecían presentes luego de la lluvia, la suave brisa fría rozando su piel, el olor a tierra mojada inundando sus sentidos. Tomó un largo y profundo respiro que lleno sus pulmones, cerró los ojos y lo exhaló lentamente, una sonrisa naciendo en sus labios. Sintió la suave textura de la tela sobre piel y el aliento de su acompañante contra su oreja.
—Hace frío —dijo la voz del recién llegado—, vas a pescar un resfriado.
—Solo necesitaba tomar un poco de aire… Desde ese día, me gusta mirar el cielo.
—Por eso sabía, que te encontraría aquí —mencionó apoyándose en la baranda del balcón.
—Lo sabías —afirmó
—Sí.
—Y no me dijiste.
—Quería que fuera una sorpresa. Además no quería decepcionarte si no lo lograba.
—Gracias —dijo abrazándose a su cuello—pero, ¿cómo lo hiciste?
—Fue difícil, y tuve releer las cartas varias veces para encontrar una pista. Fue entonces que noté que mencionaba el centro de necesidades especiales y la reciente implementación de la terapia artística, y con la fecha de la carta inicié la búsqueda. Me tomó meses pero finalmente conocí el centro Fujiwara, cuyo fundador fuese, Fujiwara Kei. Amelia-san, escuchó mi historia y confirmó que se trataba de su difunto padre.
—Y conseguiste los derechos para usar la historia.
—Ese, fue un agregado, Amelia-san estuvo feliz de aceptar, dijo que si podía ayudar a otros, habría hecho feliz a su padre.
—¿Por qué estaban las cartas allí?, parecen importantes —preguntó confundida.
—Y lo son, las cartas eran guardadas cuidadosamente en las primeras oficinas del centro Fujiwara, como un memento de cómo vivir la vida, un testimonio vivo de su lema "Sobrevivir no es lo mismo que vivir". La cosa es, que dichas oficinas, estaban en el segundo piso del edificio que colapsó… En el que estuviste atrapada. Fujiwara Amelia y Fujiwara Ono, dieron las cartas por perdidas cuando el edificio se derrumbó.
—Supongo entonces, que es tiempo de que regresen a casa —comentó con el asomo de una sonrisa.
—Así es, y nosotros también —dijo con sus ojos verdes oscurecidos— ese vestido ha estado molestándome toda la noche. No veo la hora de quitártelo.
—Kuon —dijo golpeándolo juguetonamente en el pecho.
—¿Qué sucede Kyoko-chan? ¿No quieres? —preguntó haciendo cara de cachorro abandonado.
—No dije eso —su rostro tornándose un asombroso tono de rojo—, estamos en público.
—Pero nadie nos está escuchando o viendo —dijo depositando un beso en su cuello.
—Kuon —su voz esta vez sonó como una súplica.
—¿Qué sucede Kyoko-chan? —dijo besando nuevamente su cuello.
—Vamos —dijo tomándole la mano y dirigiéndolos a la salida.
La sonrisa de satisfacción en sus labios, no tuvo comparación.
—Supongo que no tendrías problema si tu precioso vestido sufriese alguna rasgadura.
—Yo, no —remarcó con una sonrisa sugestiva—, pero tu madre se enojará, y mucho —contestó con malicia.
—No, si le digo que intentábamos darle un nieto.
—Kuon.
...
FIN
A.C perdón N.A. Alguien sugirió que llegara a las 5000 palabras con el anuncio comercial/nota de autor así que allá voy… No mentiras… Ya fue demasiado largo.
Sé que no esperaban el epilogo, pero quedaron varias cosas sueltas que me han preguntado y de allí nació este capítulo.
Ahora viene la parte donde me echo flores. Medio he revisado los primeros capítulos. Madre mía, la de acentos y comas que me he comido y otros errores que no voy a mencionar, porque también tengo mi orgullo XD; pero creo que he mejorado ¡yey!, lejos de estar perfecto pero bueno...
Especial gracias a mutemuia y kikitapatia, gran parte de esa mejoría se la debo a ellas, que me tienen paciencia cuando pregunto tonterías o cometo el mismo error una y otra vez. Se les quiere, aunque envíen bombas, amenazas, cuchillos y todo lo demás XD
Gracias mil a todos los lectores, especialmente a los que siempre estuvieron apoyándome con esas lindas reviews. Fueron las flores de mi jardín.
