-Baila, pajarito.- Susurró el joven Law justo en el instante en que Ninette se separaba un poquito de su pareja, dispuesta a dar una vuelta suave y graciosa al ritmo del agarre de sus manos, que todavía se mantenía.
Felíz hasta lo más profundo de su ser, Ninette no pudo contener una risita divertida, escuchándose cada sonido que pudieran pronunciar tan bajo como un susurro secreto. Como si hubieran llevado a cabo algún tipo de pacto silencioso y sin palabras de por medio, ambos recién casados conversaban para ellos solos con el mayor sigilo posible por causas desconocidas, convirtiendose en indiferentes y a parte del resto de seres humanos que ocupaban la explanada natural, el pueblo y, por que no, el mundo entero en general.
Una vez terminada su pirueta, Ninette regresó a su posición anterior para arrebullarse sobre el pecho de Law y agarrarse a sus costados en total estado de ensoñación, todo movimiento acompañado de aquel bayvén suave y relajante que habían adoptado como baile pasado un tiempo.
Como respuesta, Law acogió sus hombros delgados bajo sus manos en un abrazo improvisado que les dejara continuar con su extraña danza perdida y cada vez más repetitiva.
-Ahora todo irá bien.- Susurró Law, dándo un vistazo rápido con expresión seria a todos los presentes que los rodeaban cada vez más indiferentes, también, a aquella pareja de novios que tan poquito caso hacían de su propia boda. A partir de ahora, no habría más de todo aquello. No habría recuerdos dolorosos o nostalgias, ni miradas recelosas y cuchicheos malsonantes. No habría señores que le impidieran hacerse y llevarse a su pequeña y dulce Ninette, ni amigas que la aconsejaran en su contra, mucho menos vecinos chismosos y criticones. No habría, ni siquiera, padres contra los que luchar aunque ya uno anduviera cansado y la batalla ya hubiera sido ganada desde la muerte de la madre. Ya no habría nada de eso. -A partir de ahora... - Susurró Law de nuevo, olvidando su alrededor para clavar sus ojos grises sobre la coronilla morena de una Ninette que, apretadita contra él, dejaba descansar su cabeza sobre su pecho sin separarse ni un instante. - ... todo irá bien y nada será como antes.- Sonaba tan bien como sería, Law estaba seguro.
-Me gustaba como estaban las cosas antes, también.- Y, de repente, Ninette decidió responder a algo que Law consideraba sin respuesta alguna, no pudiendo evitar él dar un respinguito pequeño y admirarla con una extraña expresión de sorpresa que aún no sabía si debía ser agradable o desagradable. Siempre con aquel bayven rítmico y constante, como mecidos por el mar cuando anda calmo ¿Qué pasaría cuando andara salvaje? Law tuvo que abandonar sus pensamientos extraños debido a Ninette. -Me gustaba mi vida, me gustará mi vida a partir de ahora.- Continuó ella, apretandose un tantito más contra su pecho para cerrar los ojos y suspirar con una sonrisita boba de muchacha enamorada que cree sus sueños cumplidos. -Pero para ti, gato... - Y entonces ella abandonó un instante el agarre de sus costados para alzar una mano pequeña y alcanzar así su mejilla, acariciando la piel morena del rostro de un Law que andaba un tanto desconcertado y, ¿Para qué negarlo?, dolido incomprensiblemente. -Para ti las cosas sí irán bien a partir de ahora, y ya nada será como antes.- Como en un suspiro, Ninette pronunció aquellas palabras, regresando a su posición anterior y dejando a un Law confuso y extrañado.
¿Qué acaso no era él quién la había sacado de ese mundo rutinario y sombrío cargado de costumbres ridículas y maneras sin sentido? ¿Qué no había sido él y no ellos quién andaba buscando su felicidad, quién la cuidaba como era debido y como se merecía? ¿No era él su salvador, el encargado de su alegría y de mantener su ingénua inocencia? ¿No era él, acaso, el único que la conocía de verdad y la apreciaba como era, tal y cómo estaba ahora, y luchaba con todas sus fuerzas por mantenerla así? ¿Quiénes eran ellos?
Con un extraño arrebato de celos y enfado, con una molestia visceral repentina, Law volvió a dedicar una mirada rápida y revisionadora a todos los presentes que conformaban la escena de celebración de boda. Suerte que andaban todos y cada uno de ellos a sus anchas y sin andar ya pendientes de la pareja.
¿Quiénes eran ellos? Nadie, ellos no eran nadie importante y, en caso de haberlo sido, no lo serían nunca más. Ahora no habría competidores sentimentales ni buscadores de la atención de Ninette más allá de él mismo. Ella que era tan dulce y emocional, simplemente andaba confundida y equivocada, amando lo único que conocía y había tenido la oportunidad de experimentar por ausencia de cosas distintas y mejores.
Y Law dió en el clavo ¡Y de qué manera dió en el clavo! Acertó de una manera que, aunque ahora y quizá nunca comprendería, marcaría a fuego el destino de su tan reciente matrimonio.
Un nuevo aprentoncito cariñoso de ella, arrebullada cómodamente en su pecho, le hizo despertar un tanto y abandonar su revisión desagradable para centrarse en la muchacha que ahora era su esposa.
Law supo que había ganado y una oleada maravillosa de júbilo le recorrió por entero, dejándo una sensación cálida y maravillosa sobre todo su cuerpo y mente.
-Baila, pajarito.- Susurró de nuevo, agarrando las manos pequeñas y elegantes de Ninette para instarla a dar una nueva vuelta. Agradada y risueña, felíz al creer una futura vida llena de amor y libertad, de esperanzas, una vida cuyas imágenes ya casi podía contemplar y tocar con las yemas de los dedos, Ninette obedeció a la petición para separarse un tanto y dar una nueva vuelta sobre si misma. -Baila para mi.-
Terminada la acción, Ninette volvió a acomodarse sobre su pecho.
Oh, Dios, no me odieis por tardar tanto!
Sé que este capítulo es corto y tal... pero es que se me terminó la inspiración por esta historia, y estoy haciendo que vuelva locamente... no quiero dejaros tiradas... lo siento.
Publicaré capítulo nuevo pronto, lo prometo, y siento muchísimo el abandono, la falta de ganas del capítulo y la poca extensión...
Os recuerdo y os quiero, aunque no lo creais.
Con amor y esperanzas de redención:
Maddy
