Castiel apareció en la habitación con un paquete de seis cervezas y un par de hamburguesas recién hechas. Con su capacidad para transportarse inmediatamente, la comida no llegó a enfriarse ni un instante.
Dean estaba viendo la tele, un partido de fútbol al que ni siquiera le estaba prestando atención, el deporte nunca le había gustado especialmente y cuando tenía algo en la mente que le alejaba de todo lo demás, le daba igual que un equipo marcara y el otro perdiera. Ni siquiera se dio cuenta de la aparición de Castiel en la habitación, aunque el ángel pensó que lo estaba haciendo a posta para no tener que hablar con él.
Se sentó a su lado y lo miró, pero Dean no desvió ni por un momento la vista de la televisión.
"¿Todavía sigues molesto? Los humanos gastáis mucho tiempo en riñas y enfados estúpidos." Una mirada rápida de Dean podría haberle fulminado, pero Castiel se mantuvo impasible. "Meg se acercó a mi."
"Pero tu le devolviste el beso." Dijo Dean sin llegar a mirarle.
Nunca había sentido celos de verdad, mucho menos de un hombre, pues jamás se había sentido atraído por ninguno que no fuera Castiel o su hermano, pero sentir celos de lo que habían hecho un ángel y un demonio parecía algo sacado de un mal chiste.
"Supongo que debería pedirte una disculpa."
"¿Una disculpa? Te besaste con otra delante de mi, eso necesita mucho más que una disculpa. Aunque tal vez no conoces los rituales de los humanos cuando se ponen los cuerpos. Será falta de práctica." Trató de concentrase en el partido, pero no era sencillo hacerlo, con aquellos dos ojos azules clavados en él.
"He traído cerveza y hamburguesas."
"Eres todo un romántico Cass, comida y alcohol para pedir perdón. Sin duda me acabas de robar el corazón."
Había tardado, pero Castiel había terminado por ser capaz de comprender el uso del sarcasmo por parte de los humanos. Por eso no contestó y dejó que los segundos pasaran lentamente, le miró, intentando buscar un lugar por el que ser capaz de romper el caparazón que había formado.
Ni siquiera estaba completamente seguro de que Dean estuviera realmente cabreado o si más bien se trataba de una pose para jugar con él y hacerle rabiar. Los humanos no eran fáciles de comprender para Castiel, no eran como los ángeles, no eran como la mayor parte de las criaturas de la tierra que se comportaban de una forma lógica y racional.
"Deja de mirarme como si estuvieras intentando leerme la mente, sabes que no me gusta que hagas eso."
Dean se cruzó de brazos, como si de un niño se tratara y se deslizó en el sofá hasta quedar casi tumbado. No quería mirar a Castiel, sabía que en cuanto lo hiciera, su convicción desaparecería y como le ocurría siempre quedaría enredado en sus ojos azules.
"Al menos, espero que aprecies mi iniciativa, más cercana a los humanos. Se que es una tradición tomar cerveza y comer hamburguesas mientras se ven los partidos. Intento adaptarme Dean y como ves estoy aprendiendo de ti."
"No estoy seguro si eso es algo realmente bueno o no." Dijo Sam que acababa de salir de la ducha, con una toalla enrollada en su cintura y las gotas de agua todavía corriendo por su pecho; el cabello mojado se había pegado a la cara, por lo que tuvo que agitar la cabeza para que volviera a estar en su estado despeinado habitual.
Lo hizo como si nada, muy cerca de donde estaba Dean, lo que provocó que Castiel entornara los ojos. El ángel lo miró, se preguntó que era lo que sentía cada vez que Sam estaba cerca de su hermano, que era ese sentimiento que casi le hacía daño en el estómago y le obligaba a morderse la lengua para no decirle al menor de los hermanos lo que realmente pensaba de su comportamiento.
Dean le había dicho un día que eso eran celos, pero no estaba seguro, pues nunca se había sentido celoso, pero también era cierto que jamás se había sentido atraído o en medio de una relación con un ser humano.
Dean todavía seguía mirando a su hermano cuando Sam entró de vuelta en el dormitorio, Castiel pensó que iba a terminar por hacerse daño en el cuello y de nuevo se volvio a preguntar si lo estaba haciendo para darle celos o porque hacía poco que había recuperado a su hermano.
"Estás distinto." Dijo por fin Castiel, temiendo la respuesta que le pudiera dar Dean al respecto.
"No se a que te refieres."
Dean volvió a centrarse en el partido. No lo reconocería, pero quería darle celos a su ángel. Si él lo había hecho, aunque fuera de forma inconsciente con él al besar a Meg, por el motivo que fuera, ahora era su momento de sufrir. Aunque también había echado de menos a su hermano en un año y ahora era el momento recuperar el tiempo perdido.
"Desde que ha vuelto tu hermano, no solo él está diferente."
Por fin, Dean le miró, no dijo nada sobre lo que el ángel acababa de decir, tan sólo el miró, sin sonrisa, ni reproche en la mirada, le miró, clavó sus ojos verdes en él, mientras de fondo escuchaba que uno de los equipos había marcado.
"¿Qué quieres que te diga? Tu te dedicas a besar a demonias buenorras, pues yo me vuelvo a encaprichar de mi hermano." Dean sonrió con maldad. "Aunque sinceramente, nunca dejé de estar colado por él. Lo tuyo con Meg si que tiene delito."
Intentó volver una vez más al partido pero la mano de Castiel cogiendo su rostro, no se lo permitió. Le sostuvo con fuerza, obligándole a mirarle a los ojos, hasta que tras pasar unos segundos, le besó con fuerza, devoró sus labios como si se estuviera alimentando de él.
Dean trató de separarse, pero Castiel le tenía sujeto, con mucha fuerza, seguramente estaba abusando de su fuerza suprahumana, pues por más que lo intentaba no conseguía soltarse. Se quedó casi sin respiración para cuando Castiel le dejó ir por fin.
"¿A que ha venido eso?" Dijo con la respiración entrecortada.
"A que no mantengo ningún tipo de relación con Meg, ni con ninguna otra demonia… ¿Cómo les has llamado? Ah, si buenorra como tu dices, la culpa no fue mía si no de…"
Dean no podía creer lo que estaba viendo, Castiel estaba enrojeciendo por momentos, incluso parecía que se iba haciendo cada vez más pequeño. Bajó la mirada, no quería que Dean leyera sus pensamientos, aunque ya era un poco tarde para eso, pues Dean ya sabía lo que trataba de ocultar.
"¡Es por la película porno! Era tu primera película porno y te excitó. ¿Se puede saber porque decidiste a desahogarte conmigo? Te puedo asegurar que hubiera estado muy dispuesto a enseñarte un par de cosas que he aprendido con las pelis porno."
El rubor de Castiel fue en aumento, tanto que todo su rostro se puso colorado. Dean se echó a reír porque acababa de comprenderlo todo. El problema no era que había visto una película porno.
"Nunca has estado con una mujer ¿Verdad?"
"Dean…"
"Eres virgen en cuanto a mujeres y no has estado con ningún humano más que conmigo y con Sam claro."
"No tengo ninguna relación sexual con tu hermano." Por poco, Castiel no se levantó de un saltó del sofá. Dean sonrió satisfecho, Castiel estaba completamente rojo como un tomate, su mirada baja y las manos entrelazadas. "Sabes que tu hermano es por lo que estoy aquí."
"Te acabas de poner celoso." Castiel no dijo nada. "Pues ahora sabes como me sentí cuando besaste a Meg… delante de mis narices. Además, estamos hablando de Meg, ¿no podías haberlo hecho con otro demonio?"
Castiel caminó hasta Dean, no había ninguna expresión en su rsotro, por eso, el cazador se quedó sorprendido cuando lo lanzó contra el sofá. Lo aprisionó, como si estuviera usando grilletes invisibles y sentó sobre sus rodillas, como si estuviera montando a caballo. Sujetó su rostro con fuerza y estuvo mirándole unos segundos.
"¿Por si no lo recuerdas sigo siendo un ángel? ¿Qué motivo iba a tener para darte explicaciones sobre lo que hago con quien yo quiera? No será que tus celos, te hacen ver cosas."
"Besaste a Meg. Eso no lo vi. Pasó." Sorprendido ante el gesto, Dean vio a Castiel sonreír con verdadera maldad. "Lo hiciste a posta ¿verdad? Querías darme celos con esa desgraciada de Meg. Tendría que haberla matado cuando tuve la ocasión. Pero tu percance mientras viste la película porno…"
"Eso fue real. Tienes razón, no he estado con ninguna mujer y toda mi experiencia ha sido contigo. Pero cuando veo que estás con Sam… siempre creí que al ser un ángel, no un humano, verías algo distinto en mi, algo que totalmente especial."
"Cuando se lo diga a Sam no se lo va a creer, estás celoso de él, porque no puedo dejar de quereros a ninguno."
"No se lo digas." Su petición fue tan fulminante, que cogió a Dean por sorpresa. "No me molesta, pero…"
"¿Cosa nuestra no?" Castiel sonrió y besó a Dean en los labios, pero a los pocos segundos Dean tumbó al ángel en el sofá y se colocó sobre él. "Aún así, todavía estoy dolido por ese beso, si al menos Meg te lo hubiera robado." Ahora buen Dean el que le besó. "Como este."
"Dean…"
La rapidez con la que Dean se deshizo de la parte de arriba de la ropa de Castiel le dejó sorprendido. Comenzó a besarle el pecho, sujetó sus manos y Castiel no hizo nada por impedirlo.
"Has sido malo conmigo."
"Quería marcar territorio, como decís los humanos. Sam está muy cerca y quería saber si te pondrías celoso porque estuviera con otro. Veo que si."
Como respuesta, Dean metió la mano en el pantalón de Castiel y le hizo gemir al apretar la mano. Sonrió triunfal. Castiel seguía siendo suyo, pero en algo tenía razón y Dean no se había dado cuenta. le estaba haciendo daño, tanto a él como a Sam… en realidad a Sam, hasta que no recuperara su alma no lo iba a notar, pero algúna volvería a la normalidad y entonces de nuevo estaría en la encrucijada de tener que elegir y no romper el corazón de los dos hombres a los que quería.
Pero ahora no era el momento de pensar en ello.
"Creo que va a ser una noche divertida." Terminó diciendo el cazador antes de cerrar la boca de Castiel con un intenso y apasionado beso
