CAPÍTULO 25
EL GUERRERO QUE PERDIÓ LA LUZ
Max caminaba por el pequeño bosquecillo de la academia, disfrutando del que sería su último día de descanso antes de que X.A.N.A pasase a la acción, tal y como lo tenía planeado.
Seguramente ahora Ulrich y los demás estuvieran reunidos, intentando trazar un plan para hacer frente al nuevo grupo de guerreros que habían aparecido. No es que le hiciese mucha ilusión el trabajar en equipo, pero estaba claro que tarde o temprano Odd y Yumi acabarían prestando apoyo a Ulrich y no iba a poder hacerse cargo de él solo.
Cuando pasó por al lado del almacén de los utensilios de jardinería comenzó a oír unas voces y varias risillas. Cuando se acercó más vio a un grupo de chicos y chicas jugando a la botella. Por un lado sentía lástima por ellos, no sabían lo que se les venía encima, pero no se podía remediar, el plan tenía que seguir llevándose a cabo.
Algo le tiró de la manga de la camisa desde atrás, y cuando se giro vio a Milly y Tamiya.
- Anda, Tamiya, cuanto tiempo, ¿qué tal ha ido todo?
- Bien, gracias. Verás, es que Milly te quería decir una cosa.
- ¿Ah, si? ¿El qué?
- B-B-Bueno… es que por lo del otro día… en la playa… q-quería compersártelo y… y… me gustaría saber si… ¿te apetecería ir al cine conmigo esta tarde?
- ¿Al cine? Mmm… vale, me parece bien ¿A qué hora quedamos?
- ¿T-Te parece bien a las siete frente a la estatua de Napolés?
- Me parece bien – respondió mientras hacía camino para irse, no sin antes acariciarle la cabeza a Milly y brindándole una sonrisa – Allí estaré.
Cuando Max se fue, Milly se acarició la misma zona que el le había tocado, sonrojada. Aunque sabía bien que lo había hecho en calidad de un hermano mayor, para ella había sido un momento mágica. Sentía pena de que Max no lo viese de esa forma, ni supiera lo que ella sentía por él, pero definitivamente esa tarde sería la definitiva.
- Milly, ¡Milly!
- ¿Eh? ¿Qué?
- ¿Por qué te quedas embobada? ¡Tienes que prepararte!
- ¡Ah, sí!
Y ambas se marcharon a su habitación, para que Milly se preparase.
Todos estaban muy callados. El motivo estaba claro, la aparición de dos nuevos guerreros del lado de su mayor enemigo les había dejado mudos de la sorpresa.
Por lo que Yumi y Odd habían comentado, Pupple Cat tenía como arma dos pistolas láser, además de una agilidad superior a la de Odd, mientras que Black Dog podía lanzar shuriken con gran maestría y también tenía una espada corta sujeta a la espalda.
- No pudimos hacer nada – confesó Odd – Esa gatita era demasiado juguetona.
- X.A.N.A ha jugado bien sus cartas durante esta semana… - llegó a decir Jeremy – Ahora que tiene a esos dos de su lado no será tan fácil derrotarle.
- ¿Y cuándo ha sido fácil? – Preguntó Ulrich con sarcasmo, mostrando su descontento – Nunca hemos tenido nada que hacer desde que White Light, es decir, Max, apareció.
- ¡Ulrich, ya basta! – Le reprendió Aelita – He vigilado a Max durante toda la semana y no ha hecho nada raro.
- ¿Qué lo has vigilado? ¿Incluso cuando iba al baño o iba a dormir?
- Si, hemos pasado una noche juntos con Milly. El chico no es para nada como tú te lo imaginas. Solo porque te derrotó en un combate no tienes porque tomarlo como que es White Light.
- ¿Y qué ha hecho para demostrar lo contrario? A ver, dime.
- Salvó a Milly de unos chicos que la pretendían violar – le respondió Jeremy.
- ¿Qué?
- Aelita me lo contó cuando hablábamos por el portátil. Ha estado vigilando de cerca a Max y no ha hecho nada raro que haga pensar que es White Light. Además…
- ¿Además qué?
- Parece ser que esta despertando un fuerte lazo con Milly – le dijo Aelita – Por parte de Max no puedo asegurar nada pero… Milly se ha enamorado de él.
- ¿Me tomas el pelo? – Intervino Yumi.
- Creedme que no… en la playa casi se mata solo por conseguir un beso de él, aunque no ocurrió como habíamos planeado, y la noche que dormimos con él, se acurrucó a su lado cuando se despertó en mitad de la noche. No sé que sentirá Max, pero Milly le quiere.
- Aún así eso no prueba nada – recondujo la conversación a su punto inicial – Da igual lo que digáis, ¡está claro que es él!
- ¡Pero, tío, ¿se puede saber que mosca te ha picado con él? Como dice Aelita yo lo veo un buen tipo, no me lo imagino yendo con una lanza….
- Nagitana – le cortó Yumi.
- Bueno, eso, con una nagi-como se llame, ayudando a X.A.N.A
- Decid lo que queráis, ¡pero tengo claro que es él!
Sin más, Ulrich se marchó de la habitación, dando a su salida un fuerte portazo. Estaba realmente cabreado, no con sus amigos sino consigo mismo. Era verdad que realmente no tenía pruebas solidas de que Max y White Light estuviesen relacionados, pero algo le decía que no podía estar equivocado.
Lo que más le preocupaba eran las últimas palabras de White Light antes de desvirtualizarlo; "será mejor que os preparéis, porque la próxima vez que nos veamos, la desvirtualización no será lo que os salve".
Esas palabras resonaron en su mente como un fuerte eco, ¿a qué se refería con eso? ¿Qué era lo que estaba tramando realmente X.A.N.A? No sabía porque pero tenía un mal presentimiento y sabía que las cosas iban a cambiar tal y como todos las conocían, pero a una peor forma de lo que podían llegar a imaginarse.
Milly estaba temblando de lo nerviosa que estaba. Había llegado con media hora de antelación al lugar de reunión, aunque era una tontería pero quería recibir a Max con una enorme sonrisa cuando lo viese.
Además ese era el día en que por fin se iba a declarar. Había preparado un plan perfecto; primero ir al cine, a una película romántica, luego ir a cenar juntos y finalmente a ver unos fuegos artificiales que iban a hacer en el puerto. Justo después de ellos se declararía.
Tenía miedo por la respuesta, y sabía que podía ser negativa, pero no podía seguir conteniendo esos sentimientos en su interior, tenía que dejarlos salir o acabaría muriéndose. Tamiya le había dado ánimos antes de salir de la Academia, así que no podía defraudarla, tenía que decírselo.
Algo líquido le cayó en la nariz y cuando miró al cielo vio que se había nublado, comenzando a caer unas pocas gotas.
Max suspiró cuando miró por la ventana. Había comenzado a caer una buena. No habían anunciado nada para esa tarde, desde luego los hombres del tiempo si que sabían hacer bien su trabajo.
Eso significaba que su plan de la tarde estaba anulado. Luego la buscaría para ofrecerle ver una película en su habitación. No era lo mismo que ir al cine, pero bueno, siempre podían pedirle a la cocinera que les preparara unas palomitas y les dejase llevarse la cena a su habitación.
Se acercó al comedor para pedirle el favor y se sentó en una mesa, a comerse un bocadillo. Desde luego estaba cayendo una buena, era increíble como cambiaba el tiempo cuando le daba la gana.
A la media hora, cuando terminó el último cacho de bocadillo, oyó una fuerte exclamación que llamó su atención. Se giró en dirección de donde había provenido el grito y vio a Tamiya, con cara de asombro.
- ¡Max, ¿pero qué haces aquí? – Le preguntó, acercándose a él.
- Pues terminar de comerme un bocadillo, ¿no lo ves?
- ¡¿Pero no habías quedado con Milly?
- ¿Eh? ¿Pero tú has visto la que está cayendo? ¿Cómo quieres que vayamos a ninguna parte así?
- Entonces, ¿dónde está Milly?
Esa pregunta dejo de piedra a Max.
- ¿Es qué no esta contigo?
- Salió media hora antes de vuestra hora para esperarte allí y no ha vuelto. No me digas que… - Tamiya se cayó mientras miraba por la ventana, en dirección a la ciudad.
Antes de que pudiera reacción, Max ya se había ido. Cuando se asomó por la ventana lo vio como corría en dirección hacía la salida. No pudo más que pensar en su amiga. Si la conocía, seguro que no se había movido del sitio y le estaría esperando en el lugar que habían quedado.
Rezaba por estar equivocada, porque si era el caso, Milly podría caer muy enferma a causa de la lluvia.
Max por su parte corrió todo lo deprisa que pudo, para llegar al punto en el que habían quedado. No es que fuese un lugar muy alejado de la Academia, pero con esa lluvia costaba llegar a causa de los grandes charcos.
Llegados a un punto, a Max le dieron igual y comenzó a correr por ellos, dándole igual lo mucho que pudiera mojarse, ya, pues ya lo estaba hasta los huesos. Finalmente llegó a la estatua y a unos pasos de ella se quedó, porque allí había una joven, de cabello pelirrojo que le recibió con una sonrisa.
- H-Hola, Max…
- Milly, ¿has estado esperando aquí durante toda la hora?
- P-Pensé en ir a comprar un paraguas pero… era posible que durante ese tiempo vinieses y… - Milly comenzó a caminar hacía él, pero las piernas le fallaron y cayó al suelo.
- ¡Milly! – Exclamó Max que se deslizó hacía ella. Nada más sujetarla con los brazos le tocó la frente - ¡Dios mío, pero si estás ardiendo!
- N-No… e-estoy bien… - le dijo, intentando calmarlo.
Con prisas, Max la cargó a su espalda y comenzó a correr en dirección a la Academia. Que estúpido había sido, tenía que haber comprobado que aún estaba allí y no había dado por hecho que su plan había sido anulado por el tema de la lluvia.
Cierta era que había comenzó a llover unos minutos después de la hora en la que habían quedado, así que podía haber cogido un paraguas y al menos ir al lugar de reunión. Había sido un idiota.
Esta vez ni se molestó en esquivar los charcos, pasó directamente por ellos, lo que le permitió llegar a la Academia en poco más de cinco minutos. Una vez allí llevó a Milly directamente a la enfermería.
Allí la enfermera le entregó una toalla y a Milly la desvistió, cubriéndola con otra, antes de meterla en la cama. Luego le puso el termómetro, para así comprobar su temperatura. Era bastante alta.
Tamiya apareció al poco. A sus oídos había llegado que alguien había visto a Max correr cargado con alguien bajo la lluvia. Nadie había podido distinguir quien era, ni se habían molestado en averiguarlo, pero no necesito muchos datos para saber que era Milly quien estaba a sus espaldas.
- ¡Milly! – Exclamó cuando entró en la enfermería, poniéndose a su lado - ¡¿Cómo está?
- Tiene una fiebre muy alta, pero cuando se tome esta pastilla y descanse, creo que para mañana estará mejor.
- Menos mal… - respiró aliviada.
Ver a su amiga en ese estado le dolía, jadeando, como si le costase mucho respirar, con las mejillas muy rojas y sudando.
- Lo malo es que no voy a poder estar pendiente de ella… tengo que salir a una urgencia al hospital… Max, ¿podrías ir a avisar a Jim, por favor?
- Claro.
Cuando Max se iba a ir, una mano tiró de su brazo, impidiéndoselo. Había sido un tirón débil pero suficiente para retenerlo allí. La mano estaba muy caliente y debilitada, así que no le costo mucho saber quien era su dueña.
Al girarse, vio como los ojos entrecerrados de Milly se clavaban en los suyos, rogándole que se quedara a su lado. Max se acercó a su lado, se sentó junto a ella y le cubrió las manos con las suyas propias.
- Yo me quedaré con ella – dijo.
- ¿Estás seguro? – Le preguntó la enfermera – Tú también podrías pillar una buena sino…
- Esto ha sido en gran parte por mi culpa, así que me quedaré con ella para vigilar que este bien esta noche.
- Bueno, si insistes… en ese caso dale esta medicación a las doce. Mañana a primera hora me pasaré a ver como esta.
Y la enfermera se marchó. Tamiya se quedó durante un par de horas, pero cuando se dio cuenta de que quizás les molestaba, decidió irse también.
Por un largo tiempo ninguno de los dos dijo nada. Milly continuaba su lucha por intentar respirar. La fiebre no le había bajado con el medicamento, y eso no era algo bueno. Entonces a Max se le ocurrió una idea; cogió un cuenco, lo lleno con agua fría, remojo una toalla pequeña y se la puso a Milly en la frente.
- ¿Y… esto…?
- Mi madre me lo hacía cuando era pequeño para bajarme la fiebre – le explicó – Estás cosas a veces son mejores que cualquier medicamento.
- Igual que… si te cuida alguien… tan bueno como tú.
- Vamos, no digas eso – se sonrojó – Además, es por mi culpa que estés así.
- No – negó con la cabeza como pudo – Ha sido culpa mía… tenía que haber vuelto a la Academia cuando empezó a chispear…
- Milly…
- Pero… por suerte para mí… mi hermanito vino a buscarme – Max no se percató de ello, quizás por las gotas frías que resbalaban de la toalla húmeda o por las gotas de sudor que le bajaban de la frente, pero mientras decía eso, una lágrima se deslizó por la mejilla de la joven.
- Sabes que siempre estaré ahí cuando me necesites. Solo tienes que llamarme y apareceré.
- ¿Esté dónde esté?
- Si, estés donde estés.
Durante un poco más de tiempo hablaron de lo que habrían hecho en su "cita". Milly le contó su deseo de ir a ver una película que estaban dando en el cine de la ciudad y Max le prometió que cuando se pusiese bien, lo primero que harían sería ir a verla.
Cuando dieron las doce le dio la medicación. O el sabor era muy amargo, o Milly se encontraba peor de lo que parecía, porque escupió la mayor parte de la medicina.
- Sabe fatal… - murmuró.
- Dicen que las mejores medicinas son las que peor saben.
- No sé yo si creérmelo.
Y se volvió a recostar. Max le volvió a humedecer la toalla y allí se quedaron de nuevo, sin decir nada, durante unos minutos.
- Deberías dormirte – dijo al fin Max – te sentara mejor.
- Lo sé… pero… por alguna razón no tengo sueño…
- Vaya… - Max se quedó un momento pensativo - ¿Quieres que te cuente un cuento para dormirte? – Le preguntó en plan broma.
Las mejillas de Milly se ruborizaron aún más de lo que ya estaban y la joven aparató la mirada hacía otro lado, mostrando su enfado.
- Ya no soy una niña…
- Era broma, no te enfades – se disculpó mientras se reía.
- Aunque… si insistes no me voy a negar… - le dijo – Pero… ¿podría pedirte un favor?
- Claro, lo que quieras.
- Podrías ponerte a mi lado y… ¿contármelo mientras me acaricias la cabeza?
- ¿Ein?
- Así es como me los contaba mi madre para que me durmiese… así seguro que me duermo enseguida.
- Bueno, vale.
Milly se hizo a un lado y Max se recostó en su lado, comenzando a acariciarle la cabeza.
- ¿Así?
- Si… así… - respondió ella, tranquila.
Max no se podía hacer una idea de lo que le reconfortaba sentir su mano acariciándole la cabeza. Cierto era que su madre le hacía eso de pequeña para conseguir que se durmiese, pero que se lo hubiera pedido a Max simplemente era para poder sentir su calor y tener una excusa para dormir a su lado.
Timidamente, se acercó más a él, acurrucando su cabeza en su brazo. Era genial tener una excusa para poder estar así con él.
- ¿Me cuentas el cuento? – Le pidió, con voz de niña de cinco años.
- Bueno… veamos… la verdad es que no se me dan muy bien estas cosas… - admitió – Así que quizás te duermas de aburrimiento.
- Seguro que es una historia muy bonita… cuéntamela por favor…
- Pues a ver… yo diría que es más bien triste.
- ¿A si?
- Si – Max asintió – Verás, un día, un joven caminaba por el bosque. Sus ropas estaban destrozadas, su cuerpo lleno de cortes, magulladuras, barro y suciedad. No sabía cuanto tiempo llevaba caminando, pero le daba igual, porque para él no existía la luz que iluminaba aquel hermoso lugar, a su alrededor solo había oscuridad.
- ¿Y eso por qué?
- Había perdido a su familia, pero él había sobrevivido milagrosamente. Durante el tiempo que estuvo vagando, todo a su alrededor era oscuridad. Hasta que se encontró con un brujo.
- ¿Brujo? No me gusta… son muy malos…
- Si – le sonrió – Le ofreció un trato; si se unía a él, le daría la posibilidad de recuperar a su familia. Al joven le daba igual todo lo demás, solo quería volver a ver a sus padres y a sus hermanos una vez más, así que sin pensárselo aceptó el pacto del brujo.
- ¿Y cuál era ese pacto?
- El brujo estaba intentando conquistar el reino, pero había fuerte aliados de la luz que se lo impedían, por eso necesitaba a alguien que le siguiera por el camino de la oscuridad, para así poder vencer a la luz y cumplir su objetivo. El joven sabía que lo que hacía no era lo correcto, pero solo quería una cosa; recuperar a su familia.
Max retrocedió tiempo atrás en su mente mientras hablaba, justo el día en que descubrió la fábrica por accidente y allí conoció a X.A.N.A. Cuando entró en Lyoko por primera vez no pudo creer lo que veían sus ojos, un lugar donde podía moverse con una agilidad inhumana, una fuerza monstruosa y todo para él. O eso pensaba hasta que le explicó la situación.
Cuando se encontró frente a frente con el núcleo de la IA, jamás imagino que fueran unos niños los que le estuvieran dando tantos problemas, y mucho menos tras enfrentarse a ellos por primera vez.
Sabía que X.A.N.A buscaba esclavizar a la humanidad, pero, ¿era eso tan malo? Le daba igual, habían hecho un trato, él lo ayudaría a retener a Ulrich y los demás mientras preparaba su plan y a cambio le permitiría recuperar a sus padres. Aunque la IA jamás pensó que Max iría un paso por delante y la usaría para su propio provecho. Daba igual como lo viese, Max era quien controlaba a X.A.N.A
Lo sentía por Aelita, pero no dudaría en apagar el Superordenador en el primer signo de intento de X.A.N.A de acabar con él. Por eso era tan importante lograr que Jeremy acabase cuanto antes el anti-virus, para que Aelita ya no estuviera conectada a la IA y así poder tenerla bajo su absoluto control.
Un tirón le sacó de sus pensamientos. Pensó que Milly quería que siguiese con la historia, pero comprobó enseguida que se había quedado dormida. Viéndola así, dormir tranquila, era bastante mona, algo en lo que nunca se había percatado.
Pensó en apartarse e irse al sofá cama que había al otro lado de la habitación, para no molestar a la pequeña y que durmiese mejor, pero tenía un problema, y era que lo tenía bien rodeado con sus brazos.
- Emmm… ¿y ahora qué hago? – Se dijo asi mismo. No quería despertarla así que, como no encontrase una buena forma de escapar, a saber que hacía.
Purpple Cat y Black Dog miraban en la pantalla como iba a ser la evolución del nuevo plan de X.A.N.A. No es que no fuera una gran idea, pero al ser tan nuevos no estaban muy convencidos.
- ¿Y qué pasará con White Light? ¿No tendría que ayudarnos? – Preguntó Purpple Cat.
"Actuará cuando le toque, ahora iros preparando, mañana iremos al mundo real"
