Rey Vegeta

De nuevo estaba sentado en la silla de mi estudio con la cabeza completamente congestionada de información y números. Me quité los guantes y me llevé las manos al rostro frotándome las sienes con los dedos para intentar volver a enfocar bien la vista sobre el impresionante montón de papeles que había encima de mi mesa.

Un fuerte trueno resonó en la lejanía y al cabo de unos segundos un relámpago surcaba el cielo de la noche iluminando la estancia empezando a llover con intensidad justo después.

Parecía que mis días duraban muchas más horas que los del resto de los mortales. Esta mañana me había levantado tan temprano que el sol todavía no asomaba en el horizonte, asistí a dos reuniones y después de comer cualquier cosa y rápidamente, estuve entrenando durante una hora más o menos en la sala del palacio. Después de darme una breve ducha dediqué unas horas a estar con mi hijo practicando una serie de movimientos que gracias a Dios le salían cada vez mejor.

Ya había cumplido los tres años y se podía apreciar claramente un incremento asombroso de su fuerza en el combate, incluso me había atrevido a enfrentarle contra un Saibaiman y aunque al principio se había mostrado intimidado tardó tan solo dos minutos en acabar con él.

Si todo seguía tan bien hasta ahora dentro de unos meses podría llevármelo de misión. Es cierto que debería vigilarlo todo el rato pero un planeta relativamente sencillo y con enemigos no muy poderosos estaría bien para empezar.

Ciertamente no podía estar más orgulloso de él, mi hijo sería un hombre poderoso además de un gran príncipe y un soberbio rey para el planeta cuando yo ya no estuviese.

Estiré los brazos por encima de mi cabeza echándome un poco hacia atrás en la silla notando como se me desentumecían los músculos del cuerpo.

Vegeta céntrate… tienes que terminar de una vez por todas las listas de las ganancias y las pérdidas de esta temporada o no te va a dar tiempo…

Hice caso a mi propia voz y cogí la pluma empezando a escribir una hoja tras otra mientras los números bailaban en una danza burlona delante de mis cansados ojos. Estuve tentado a dejarlo por imposible para continuar mañana pero mi propio orgullo me impedía dejar algo a medias.

- ¡Maldición! – mascullé chasqueando la lengua al sentir de pronto como la pluma se me rompía por la mitad.

Me levanté de la silla con gesto de fastidio acercándome a la enorme estantería empotrada en la pared y rebusqué en el interior de una caja donde tenía otros útiles de escribir de repuesto.

- "Pero… ¿qué es esto?"

Entre mis pertenencias encontré un aparato parecido a un bolígrafo de color negro, con un pequeño botón rojo en su parte superior que justo me cabía en la palma de la mano. No había visto una cosa como aquella en toda mi vida. Le di la vuelta girándolo sobre sí mismo con gesto extrañado y fruncí el ceño intentando recordar de dónde lo podría haber sacado.

¿Qué hacia ese aparato entre mis cosas? que yo supiese nadie más que yo tenía acceso a este estudio y estaba completamente seguro de que aquello no era mío.

Pasé el dedo pulgar por encima del botón rojo y una imagen luminosa se proyectó en el suelo sobresaltándome ante tan inesperado desconcierto.

No era capaz de distinguir muy bien que era aquello, así que dirigí el haz de luz sobre la blanca pared de la sala y me sorprendí al ver que se trataba de un vídeo en blanco y negro, no de una simple imagen estática.

- ¿Pero qué demonios…? ¡pero si es la Sala del Consejo!

No se veía del todo nítido, pero por el ángulo en el que estaba enfocada la proyección parecía que había sido grabado desde la cámara de vigilancia que había en una esquina del techo. Los documentos que había en aquel lugar eran muy importantes y de contenido bastante delicado por lo tanto había decidido instalarla hacía ya unos años por recomendación de Nappa que había visto ese tipo de tecnología en una de sus misiones.

No entendía nada de todo aquello… pero estaba más que claro que alguien se había colado en el despacho y había dejado ese aparato allí con la intención de que yo lo encontrase, además estaba completamente seguro de que ese extraño chisme no era mío.

Agudicé la vista y al cabo de unos segundos, el video pareció saltar de un fotograma a otro y en él se veía a una mujer y a un hombre al cual no pude distinguir bien porque las imágenes estaban algo desenfocadas y además parte su rostro quedaba fuera del ángulo de grabación de la cámara.

Sentí que se me paraba el corazón al darme cuenta quien era la mujer que se encontraba en la sala con el aquel hombre sin rostro.

- ¡Bergine! – abrí los ojos como platos al distinguir su incipiente figura de embarazada enfundada en uno de sus llamativos vestidos.

Estaba más que seguro que se trataba de ella… esas ropas no se las había visto a ninguna otra mujer en el planeta y su estilo de peinado también era bastante característico.

Lo que presencié a continuación me destrozó por completo y una ira incontrolable se apoderó de mí oprimiéndome el pecho con una rabia tan intensa que sentí que iba a explotar.

Bergine se acercó a aquel hombre y poniéndose de puntillas le besó claramente en los labios para separarse después de él. Al segundo el hombre la sujetó con fuerza por la cintura y la atrajo hacia su cuerpo volviéndola a besar esta vez con más intensidad y esta vez ella pareció que le dejaba hacer. La imagen se congeló justo en ese momento y el vídeo no avanzó más.

Se me nubló la vista burlado ante aquel engaño y tuve que buscar a tientas el borde la mesa para poder apoyarme e intentar controlar mi desbocada imaginación.

- ¡No puede ser! – lancé un rugido y me tapé la cara con las manos - ¡¿quién es ese maldito desgraciado que se atreve a tocar a mi mujer?!

Estaba más que claro que el vídeo en parte había sido modificado para que yo no pudiese reconocer a aquel miserable, ni siquiera se distinguía bien las ropas que llevaba y teniendo en cuenta que los uniformes de combate eran casi todos muy parecidos podría ser cualquiera. Además Bergine también tenía acceso a las llaves de la Sala del Consejo y a lo mejor había sido ella la que había llevado a ese hombre allí… ¿acaso estaría utilizando el lugar para sus encuentros clandestinos?

Un aura anaranjada envolvió mi cuerpo y todo lo que había encima de la mesa salió volando mientras la fuerte tormenta arreciaba en el exterior y hacía vibrar los cristales de la sala. Apreté los puños con tanta rabia que la sangre comenzó a escurrirse entre mis dedos tiñendo de oscuro el suelo al caer sobre él unas pequeñas gotas.

¡Esa maldita… hipócrita! ¡tenía la desfachatez de echarme en cara lo que había ocurrido con la reina Maeva cuando ella andaba zorreando con otro hombre en mis propios dominios!. Se metía en mi cama con esa carita hermosa y ese cuerpo sensual y curvilíneo para seducirme y dejarme saciado pero luego buscaba al otro desgraciado con el que poder revolcarse y burlarse de mí.

¿Pero… y si aquel tipo no era el único… y si había otros tantos más?... yo siempre había sospechado de Turles y la confianza que siempre había tenido Bergine con él, aunque ella me aseguraba que solamente lo veía como el hermano mayor que había perdido.

¡Mentirosa! ¡mentirosa y descarada mocosa! ¡desde cuando llevaba encontrándose con este hombre! ¡si supiese quien es yo mismo le arrancaría la piel a tiras y luego se lo echaría de comer a las bestias para que terminasen con su miserable existencia!

Pude haber vuelto a ver el vídeo otra vez para sacar algo en claro pero simplemente el mero hecho de tener que volver a visualizar aquellas imágenes me hacía revolver el estómago.

De repente, la sombra de la duda me traspasó la mente… ¿¡y si Vegeta?!... ¡mi hijo….! ¡puede ser qué…! No…. imposible… el niño se parecía demasiado a mí físicamente como para ser de otro hombre… pero nadie me aseguraba que los embarazos anteriores…

Solté un alarido de rabia al sentirme tan traicionado y furioso contra Bergine… ni siquiera podía pensar con claridad… solamente veía fragmentos de su suave y perfecto cuerpo siendo besado y acariciado por un hombre sin rostro que sonreía en la oscuridad mirándome con soberbia mientras la poseía jadeando sobre ella.

La muy zorra se había burlando de mí sabe Dios desde hacía cuanto tiempo… no me entraba en la cabeza… ¡y qué bien se le daba disimular…! Gemía de placer cuando estaba entre mis brazos mientras hacíamos el amor y me pedía que no me detuviese besándome en la boca y diciéndome que yo era el hombre de su vida.

¿Acaso aquello también había sido una mentira… estaría fingiendo cuando gritaba mi nombre y se aferraba a mí con fuerza, con la mirada extasiada y el corazón desbocado?

- ¡Yo soy Vegeta! ¡el rey de todos los Saiyans! ¡y nada ni nadie se burla de mí!

Di un puñetazo sobre la mesa partiéndola en dos mientras mi cuerpo lanzaba chispas de energía reventando varios objetos y los cristales de la sala haciendo que la fuerte lluvia entrase por la ventana mojando el suelo.

En ese instante sentía unas ganas enormes de matar. Ni durante los entrenamientos ni siquiera en las misiones había tenía una necesidad tan grande como ahora mismo. Tarde o temprano ya averiguaría quien era ese desgraciado del vídeo y acabaría con su vida lenta y dolorosamente, por encima de mi cadáver que ese hombre iba a continuar respirando mientras yo viviese.

Pero ya le llegaría el momento… por lo pronto… ahora necesitaba a otra persona para poder desquitarme…

Bergine

Esta noche me veía hermosa. Todavía llevaba puesto el vestido que había utilizado durante el día, de un terciopelo de color verde oscuro con ribetes dorados bordeando la zona del generoso escote en forma de "uve". Kale me estaba deshaciendo el peinado dejando caer mi oscuro cabello en ondas sobre la espalda y sentí un viento gélido que se colaba por uno de los enormes ventanales. Me estremecí levemente y le ordené a otra de las damas que había en la habitación que cerrase la ventana ya que el sonido de los truenos apenas me dejaba oír lo que me estaba diciendo Kale.

- ¿Qué tal se ha portado Vegeta esta mañana? – le dije levantando el espejo de mano plateado girando un poco la cara para verme bien – le he preguntado justo antes de acostarlo pero él siempre me dice que se porta bien… pero me fío más de tu opinión Kale.

- Pues el pequeño príncipe ha dicho la verdad… es un niño estupendo, se nota que los entrenamientos con su padre y la disciplina le están sentando de maravilla – contestó ella con una sonrisa nostálgica – me alegra el día cada vez que veo su graciosa carita.

- Bueno… en eso tienes razón… aunque últimamente parece más bien un soldado en vez de un chiquillo… ¡qué prisa tienen porque crezcan…!

Lancé un suspiro refiriéndome a todos los hombres de este planeta… para ellos los bebés y los críos solo eran útiles a partir del momento en que podían valerse por sí mismos o podían participar en misiones… hasta ese día más bien parecían meros muebles que estaban allí de adorno hasta que eran capaces de combatir.

Menos mal que el rey no era así… amaba a su hijo por encima de todo y aunque intentase no demostrarlo su rostro se llenaba de orgullo cada vez que lo veía, se le notaba en la cara y yo no podía evitar enternecerme cuando los observaba juntos. Sabía que cuando lo llevase por fin de misión, estaría pendiente de él en todo momento y no dejaría que nada malo le ocurriese… teniendo un padre como aquel yo podía quedarme aquí mucho más tranquila.

- ¿Necesitas que me pase por la habitación del príncipe cuando me retire Bergine? – me preguntó Kale acercándome el joyero donde guardaba mis collares

- No hace falta gracias… hoy es tu noche libre y bastante haces ya por mí como para seguir acaparándote más…

- ¡No me importa de verdad! Aun así me pasaré… y aunque esté dormido le daré un beso de buenas noches – dijo ella sonriendo

Me conmovía sobremanera el cariño que tenía aquella muchacha por mi hijo. Era la única de las damas que estaba siempre pendiente de él, preocupándose por su bienestar y no lo hacía solamente porque se tratase del príncipe del planeta… mucha gente se intentaba acercar a nosotros solo por el interés, pero el aprecio desinteresado que Kale sentía por el niño nada tenía que ver con su rango o su posición.

De pronto, se abrió la puerta de la habitación de forma estrepitosa y yo me levanté de la silla asustada haciendo que se volcase por el susto, mientras que Kale se apartó de mí dando un brinco hacia atrás llevándose la mano al pecho.

El rey estaba en el umbral con la cara congestionada por la rabia. Me miraba fijamente con tal intensidad que mi corazón empezó a latir a toda prisa e inconscientemente retrocedí un paso tragando saliva. ¿Pero qué demonios habría ocurrido?

Las dos mujeres se miraron la una a la otra sin saber bien que hacer ni que decir, y empecé a ponerme nerviosa al intuir que yo tenía algo que ver con el estado tan alterado del rey.

- ¡Largo de aquí! ¡FUERAAAA!

Vegeta dio un grito tan potente que las damas se asustaron y parecía que ni siquiera se atrevían a salir por la puerta donde se encontraba él, con los brazos separados del cuerpo en gesto intimidante. Entró en la habitación con grandes zancadas momento que ellas aprovecharon para hacer una apresurada reverencia y salir rápido de allí con un gesto de terror en el rostro.

- Vegeta… - dije con un susurro tembloroso - ¿qué es lo que ocu…?

Me dio una fuerte bofetada que no me dio tiempo a esquivar girándome la cara hacia un lado. El segundo golpe me arrojó al suelo pero caí primero sobre la mesa tirando el espejo y la caja de madera que contenía todas mis joyas que se desparramaron por el piso.

Sentí un zumbido en el oído por el impacto y cuando me llevé la mano a la boca vi el color rojizo de la sangre en mi puño notando al pasar la lengua que tenía el labio partido.

- ¡No eres más que una maldita y descarada ramera! – se agachó a mi lado y antes de que me diese tiempo a reaccionar me levantó agarrándome por el pelo haciendo que me tuviese que poner de puntillas para mitigar el dolor del cuero cabelludo.

- Vegeta… ¡por favor! ¿qué… pasa? – las lágrimas de terror se deslizaban por mis mejillas porque no estaba entendiendo nada de lo que estaba sucediendo.

- ¡No te hagas la tonta! ¡sé que me has estado engañando durante años y yo como un imbécil sin darme cuenta de nada! ¡¿quién es ese miserable con el que te revuelcas?! ¡dímelo de una vez!

Me zarandeó con rabia y tuve que levantar los brazos para asirme a su mano y así intentar soltarme de su agarre. Casi podía oír el rechinar de sus dientes al sentir como los apretaba y tenía los ojos completamente cegados por la ira.

- ¡Eso es mentira! ¡yo no te he engañado con nadie! ¡tú has sido el único hombre en mi vida!

- ¡No te burles de mí estúpida! – me asestó un puñetazo en el estómago que me hizo doblarme de dolor quedándome sin respiración durante unos segundos mientras boqueaba desesperada intentando que el aire volviese de nuevo a mis pulmones - ¡y encima has tenido la desfachatez de recriminarme a mí por lo sucedido con Maeva, no eres más que una maldita hipócrita!

Caí al suelo de bruces cuando me soltó con todo el cuerpo temblando de miedo y al intentar incorporarme para salir corriendo de la habitación me dio una patada en el vientre que me empotró contra el armario clavándome en la espalda el mango de la llave de la cerradura y rasgándome el vestido.

Se me nubló la vista durante unos segundos y por un momento pensé que me iba a desmayar… sentí el sabor metálico de la sangre en mi boca mezclado con el salado de las lágrimas y parpadeé varias veces tendida en el suelo intentando enfocar la mirada.

Veía borrosas las oscuras botas del rey acercándose hacia mí y encogí el cuerpo lo máximo que pude para intentar evitar que siguiese golpeándome.

Sentí que las convulsiones recorrían todo mi ser y unas fuertes nauseas me atenazaban la garganta. Nunca había sentido tanto miedo en mi vida mezclado con una angustia que me impedía respirar… Vegeta se había convertido en un animal salvaje fuera de control y estaba claro que por mucho que suplicase no iba a dejarme marchar.

Intenté enfrentarlo haciendo uso de mi poder y me levanté del suelo aullando de dolor al sentir que me crujían todos los huesos del cuerpo pero aun así lancé un puñetazo que él pudo esquivar con facilidad.

Me dio un codazo en la espalda y me derrumbé otra vez sin que me diese tiempo a frenar la caída con las manos, golpeándome la frente contra el duro suelo. Me cubrí la cabeza con las manos y rogué en silencio para que entrase en razón y no siguiera maltratándome de esa manera. ¡Yo no era culpable de nada y no entendía por qué decía que llevaba años engañándole…! Pero ahora no era el momento de intentar disuadirle… estaba claro que no me iba a hacer ningún caso y en esta situación yo solo podía pensar en escapar de aquella habitación.

Sentí otra patada en el estómago que me hizo escupir un poco de sangre y me quedé inmóvil tendida en el suelo esperando el siguiente golpe, rezando a todos los dioses para que entrara en razón y dejase de sentir ese dolor tan grande en el alma.

- Vegeta, detente… ¡te lo suplico…! – notaba la voz rasposa en la garganta y la cabeza me daba vueltas – no me… hagas más daño… por favor.

- ¡Me importa muy poco que implores mujer! ¡siempre te has valido de tu belleza para conseguir tus propósitos! ¿acaso te crees que no me daba cuenta? ¡qué soy tan estúpido como para no verlo? pero eso ya se acabó… me sedujiste para meterte en mi cama y ahora voy a hacer contigo lo que debería haber hecho hace años en vez de andarme con tonterías y convertirte en mi reina.

Me agarró otra vez por el pelo a pesar de mis protestas y mis pataleos y me arrojó sobre una mesa rectangular tirando al suelo con un gran estruendo todo lo que había encima. Me dio la vuelta con rabia poniéndome boca abajo y sentí la fría madera incrustándose en mi estómago debido a que mis pies casi no tocaban el suelo.

Los truenos cada vez eran más fuertes y un candelabro que había en la mesa se había caído apagándose las velas y quedando la habitación tenuemente iluminada solo por la luz de los relámpagos que se filtraban por los amplios ventanales.

- ¡NO! ¡Vegeta! ¡por favor! ¡suéltame! – me debatí con toda la fuerza que fui capaz a pesar de mis lesiones pero él me agarró los brazos poniéndomelos por encima de la cabeza aprisionándome las muñecas mientras yo sollozaba de impotencia y dolor.

- ¡Tus gritos no me importan niñata! ¡ahora vas a saber cómo debería haber tratado desde el principio a una zorra como tú!

Dio un tirón a la parte baja del vestido de manera que apenas me llegaba por encima de la rodilla y me lo levantó mientras yo lloraba muerta del miedo y paralizada por el terror.

Sentí sus dedos palpando mi interior con rudeza y yo me puse rígida intentando cerrar las piernas lo máximo posible pero fue inútil… la fuerza que poseía me doblegaba hasta tal punto que yo no era más que una simple muñeca inútil completamente a su merced.

Emitió un gruñido de disgusto y se lamió la palma de la mano frotándome obscenamente mi zona más íntima, y unas gruesas lágrimas de humillación se deslizaron por mis mejillas haciendo que viese toda la habitación borrosa y difuminada.

Supliqué y supliqué temblando de pánico y solté un grito agudo cuando me penetró con tanta violencia que pensé que me desgarraba por dentro. En aquel momento desee la muerte como nunca hasta ahora. Nunca jamás iba a poder seguir viviendo después de sufrir semejante tormento a manos del padre de mi propio hijo. Recordé las palabras de mi madre y de Raina advirtiéndome que algún día me arrepentiría de lo que había hecho para llegar hasta donde estaba ahora. No me imaginaba que recibir una paliza y ser violada por mi marido iba a entrar dentro de aquella penitencia para expiar mis pecados.

Solté un grito cuando Vegeta me agarró la parte del escote y con brusquedad lo abrió un poco más rompiéndome el vestido mientras me pellizcaba cruelmente los pezones haciéndome tanto daño que casi me muerdo la lengua de tanto apretar los dientes.

Noté un hilillo de sangre deslizándose por la cara interna de mis muslos al sentir que sus embestidas eran mucho más intensas cada vez, pero por más que le rogué, Vegeta parecía poseído por una rabia casi animal y no atendía a razones.

En esos momentos deseé morir porque no me podía creer que yo estuviese viviendo aquella pesadilla a manos de mi propio esposo… de la persona con la que dormía por las noches y que tanto placer me daba haciendo eso mismo pero evidentemente en otras circunstancias.

Me aferré a los bordes de la mesa suplicando a todos los dioses que aquel infierno terminase de una vez. Volví a recordar cuando aquellos desgraciados nos habían atacado a la vuelta del mercado y habían violado a mi prima e intentado abusar de mí también. Este era el acto más deplorable que podía cometer una persona, y no era capaz de asumir que fuese Vegeta, mi propio marido, el que me infligiese tal dolor.

Se inclinó sobre mí apoyando parte del peso de su cuerpo y escuché sus gemidos de placer en el oído sintiendo por dentro una indignación tan grande que pensé que estallaría. Me sujetó el cuello con la mano elevándolo unos centímetros de la mesa y me mordió la mejilla con una sonrisa perversa en su atractivo rostro.

- Nadie se burla de mí Bergine… y menos una mocosa como tú – me agarró por las caderas embistiéndome cada vez con más violencia y solté un quejido de dolor al sentir que se me abrían las carnes - soy el rey de este planeta qué te quede muy claro… y tú estás ahora donde estás porque yo así lo decidí.

La tormenta arreciaba y cada vez parecía ir a peor. Aquella situación se volvía aún más tétrica con los sonidos atronadores del vendaval y la lluvia azotando las ventanas, y mis gritos de desesperación se mezclaban con los ruidos de la noche.

Un gemido gutural salió de la garganta del rey cuando explotó en mi interior y unos breves espasmos sacudieron su cuerpo mientras yo sentía que se me nublaba la visión. Enterré el rostro contra la madera de la fría mesa con mis piernas temblorosas colgando por uno de los extremos y ahogué un sollozo de desesperación.

Vegeta tan solo se había bajado un poco la parte delantera del pantalón para hacerme aquella monstruosidad y cuando se separó de mí todavía seguía duro a pesar de haberse venido ya. Sentí una repulsión tan grande porque hubiese sido capaz de excitarse al verme en ese estado tan deplorable que se me revolvió el estómago.

Con el cuerpo tremendamente dolorido por la paliza me aparté de allí a duras penas por si se le volvía a ocurrir forzarme de nuevo pero observé con alivio como se subía el pantalón mientras su respiración se iba normalizando poco a poco.

Tenía todos sus dedos marcados en la piel de los glúteos y a ambos lados de la cadera. Me di cuenta de que se me estaba observando con detenimiento y sus astutos y profundos ojos oscuros no perdían detalle de cada centímetro de mi cuerpo.

Empecé a ponerme nerviosa bajándome la falda del vestido hecho jirones con las manos temblorosas y la mente completamente bloqueada por lo que acababa de suceder.

Me tapé el torso con las manos poniendo los brazos en cruz mientras le lanzaba una mirada llena de furia y desilusión. En esos momentos mi cabeza funcionaba a tanta velocidad que pensé que me desvanecería, era como si aquella pesadilla le hubiese sucedido a otra persona en vez de a mí, pero los salvajes golpes de mi cuerpo evidenciaban lo contrario.

Él me miró con desdén tras chasquear la lengua y se dirigió hacia la cama dejándose caer boca arriba colocando el antebrazo sobre la frente como si no hubiese pasado nada. Cerró los ojos y los volvió a abrir mirando al techo y observé como su pecho subía y bajaba todavía frenético por lo que acababa de suceder.

- Escúchame bien Vegeta… - le dije con todo el valor que fui capaz de reunir – espero que hayas disfrutado… porque nunca… ¡nunca! me volverás a tocar…

Sentí que mis labios temblaban al decir aquello y él incorporó un poco la cabeza ante mis palabras con un gesto imperturbable en el rostro mirándome de arriba abajo con arrogancia. Estaba claro que no se creía lo que le acababa de decir, pero en esos momentos no me importó. No estaba segura de si había visto un atisbo de compasión en su mirada o si eran imaginaciones mías, pero no quise quedarme más tiempo allí para averiguarlo.

En cuanto hizo un movimiento de intentar levantarse me escabullí rápidamente de la habitación con el cuerpo magullado y dolorido cerrando la puerta tras de mí.

No sabía muy bien qué hacer ni dónde dirigirme. El corazón me palpitaba en las sienes con fuerza y mis heridas me estaban atravesando la piel como cuchillos. Lancé un gemido y tuve que parar unos segundos a recobrar el aliento apoyada en la pared del pasillo al sentir un pinchazo en la entrepierna que me hizo sollozar. Recé en silencio no volver a sangrar y se me nubló la vista por las lágrimas parpadeando con violencia para poder distinguir correctamente el camino. Interiormente me animaba a seguir en pie porque sabía que si me detenía unos minutos más caería desmayada por la impresión de lo que acababa de vivir.

Esquivé como buenamente pude la atención de los guardias aprovechando un momento de descuido en el que se pusieron a hablar. Si me veían en esas condiciones no sabía que explicación podría darles, pero aunque les hubiese contado la verdad, ellos no iban a hacer nada para ayudarme. Desafiar al rey Vegeta podía suponerles una muerte inmediata, y desde luego no iban a arriesgar sus vidas por socorrer a una insignificante mujer como yo, por muy reina que fuese.

Estaba completamente sola y nadie podía hacer nada por mí.

En esos momentos tan desesperante solo quería ver a mi hijo… abrazarle, sentir el calor de su pequeño cuerpo y quedarme con él. Pasé por delante de su habitación y permanecí delante de la puerta unos segundos decidiendo si entrar.

No… no podía hacer aquello… sería muy egoísta por mi parte, si el niño me veía en aquellas condiciones tan lamentables se asustaría muchísimo y yo no quería que se enterase de nada de lo que había sucedido… los hijos no tienen la culpa de los errores que cometemos los padres.

Pero… ¿y ahora?... después de lo que había pasado me daba miedo dejarlo con su padre… ¿y si le hacía algo malo para vengarse de mí?... no… imposible… el heredero al trono era demasiado valioso, en cambio una reina se podía reemplazar mucho más fácil.

Pensé en avisar a Turles… con él me sentiría segura… pero si el rey se enteraba quizás montase en cólera y volvería a golpearme alegando que era él mi supuesto amante. Nappa se había ido de misión y tampoco estaba segura de si sería buena idea decirle nada, después de todo era la mano derecha del rey y contarle lo sucedido solo lo perjudicaría poniéndolo entre la espada y la pared.

Salí del palacio tambaleándome por el esfuerzo y la intensa lluvia cayó sobre mí empapándome el cuerpo y lo que me quedaba del vestido. Era noche cerrada y con este tiempo no había ni un alma en las calles, así que no había nadie que se pudiese extrañar al ver a su reina en aquellas condiciones. Tropecé con una pequeña piedra y caí al suelo de rodillas llenándome de barro y maldiciendo internamente. El pelo me caía mojado sobre el rostro y las lágrimas se confundían con la lluvia que arreciaba con fuerza sobre mí sintiéndome la persona más desgraciada y desamparada del planeta.

Presioné los dedos con fuerza contra la dura tierra del suelo haciéndome daño y agaché la cabeza quedándome en aquella posición durante unos minutos sin saber qué hacer. Empecé a tiritar por el frío y un vaho blanquecino se escapó de mis labios notando como se me cuarteaban.

Quise morir en aquellos momentos… quedarme así para siempre y no tener que moverme nunca jamás. Todavía era incapaz de asumir que no estaba huyendo de un desconocido en un combate, ni de un monstruo que habitaba un lejano planeta… estaba abandonando la seguridad de mi propio hogar y escapando de la furia de mi marido que se había convertido en una bestia sin corazón.

Una imagen del infantil rostro de mi hijo se cruzó por mi mente y levanté la cabeza apretando los dientes. No… no podía rendirme… mi pequeño me necesitaba y yo no podía fallarle ahora. Yo era una guerrera, y mi orgullo de Saiyan me impedía tirar la toalla fuese cual fuese la circunstancia. Me puse de pie a duras penas y escuché un ruido sordo a mis espaldas, como una especie de fugaz chapoteo.

Me di la vuelta con mis cinco sentidos completamente alerta en posición defensiva y rodeé unos metros de la zona exterior del palacio dirigiéndome hacia donde había oído aquel sonido. Vislumbré la figura de un hombre sentado en un charco con la cabeza casi metida entre las rodillas.

- ¡¿Papá?!

Entorné los ojos a pesar de la lluvia y mi padre levantó la cara con gesto aturdido mirándome a los ojos intentando enfocar la vista. Su atractivo rostro mostraba una barba de tres días y la expresión de desconcierto no dejaba lugar a dudas de que había bebido. Llevaba el pantalón largo del uniforme de combate y una camiseta de manga corta que había conocido tiempos mejores.

- ¿Bergine? ¿eres tú? – preguntó poniéndose de pie con voz casi ininteligible - ¡hija…! ¿pero… qué haces aquí?

Se tambaleó llevándose las manos a la cabeza y me acerqué a él para ayudarle. Le pasé el brazo alrededor de mi nuca y ahogué un gemido de dolor al sentir que me estallaban los músculos al hacer ese movimiento.

- Papá… ¡no puede ser! ¡maldita sea has vuelto a beber! ¡me has mentido!

Era inútil reprocharle nada en el estado en el que se encontraba. La lluvia se deslizaba por su pelo mojando su cara y por sus aturdidos gestos parecía que no se daba cuenta si quiera de donde estaba.

- Bergine… estás herida – comentó mencionando lo evidente como si se percatase ahora de mi deplorable aspecto.

- No es nada… estoy bien – mentí evitando echarme a llorar – vámonos de aquí… si seguimos bajo esta lluvia vamos a coger una pulmonía.

Haciendo el esfuerzo físico más grande de toda mi vida levanté poco a poco el vuelo en dirección a casa de mi hermana. Con Raina estaríamos seguros y así no corría el riesgo de que algún súbdito me viese y se extendiera la voz por toda la Corte.

El viaje hasta allí se me hizo eterno y encima el peso de mi padre y su estado de embriaguez no me favorecía en nada a la hora de volar. Esa noche parecía que se había desatado el infierno, era imposible que lloviese tantísimo y durante horas aunque por suerte el viento había amainado casi del todo.

Cuando por fin puse los pies en el jardín de la casa mis zapatos se hundieron en el mojado césped y por poco me caigo al suelo con mi padre detrás. Llamé a la puerta con los nudillos y a los pocos minutos mi hermana apareció en el umbral bostezando con gesto adormilado y el cabello revuelto.

Cuando nos vio a los dos soltó un grito de espanto y se llevó las manos a la boca en un acto reflejo.

- ¡Bergine! ¡papá! ¡¿pero que os ha pasado?! ¡por Dios! ¿estáis bien?

Sonreí levemente mientras Toma aparecía por allí vestido con una pantalón largo y se apresuraba a ayudarnos cargando con mi padre que balbuceaba no sé qué y parecía que se estaba quedando adormilado.

- Siento haberos despertado… encargaos de él por favor… será mejor que se tumbe unas horas… yo…

No pude siquiera terminar la frase. Se me nubló la vista y me desplomé completamente agotada sobre los brazos de Raina que llamaba a su marido a gritos para que la ayudase.

Rey Vegeta

Bergine se reía a carcajadas con gesto risueño mientras aquel hombre la elevaba por la cintura en el centro de la sala donde celebrábamos los banquetes. El elegante corpiño blanco del vestido se pegaba a su cuerpo como una segunda piel. Ella echó hacia atrás su esbelto cuello y cuando él la dejó en el suelo besó sus hermosos labios con una pasión tan desbordante que parecía que se iban a arrancar la ropa allí mismo. Yo observaba la escena a lo lejos sin poder hacer nada, impotente por no poder llegar hasta ellos y separarles para evitar aquel desenfrenado encuentro. Los celos me nublaban la mente y extendí un brazo a medida que los iba viendo más y más lejanos.

De pronto como por arte de magia me vi rodeado de oscuridad, de silencio, y sentí un líquido espeso escurrirse entre mis dedos deslizándose hasta el suelo tiñéndolo de rojo. El perturbador sonido de las gotas al caer me generaba una sensación de angustia e inquietud.

Levanté los brazos temblorosos mirándome con horror las palmas de las manos y cuando enfoqué la vista distinguí el cuerpo de Bergine tendido boca arriba en el suelo rodeado de un charco de sangre. Su vestido anteriormente blanco era ahora de un color escarlata y tenía los ojos vidriosos completamente abiertos y mirando hacia arriba.

Me acerqué a ella despacio susurrando su nombre con voz titubeante y observé como un hilillo de sangre se deslizaba por su mejilla desde la comisura de sus hasta llegar a la oreja.

Oía los intensos latidos de mi corazón en la cabeza siendo incapaz de entender qué estaba ocurriendo y si yo había sido el causante de aquel horror.

Cuando estaba tan solo a unos centímetros del cuerpo de Bergine ella giró el rostro mirándome fijamente a los ojos y emitió un gemido tan escalofriante que un estremecimiento me recorrió la columna de arriba abajo.

Di un grito incorporándome sobre la cama completamente empapado en sudor mientras me aferraba con fuerza a las sábanas.

Parpadeé varias veces intentando acomodar la visión de mis ojos a la penumbra del cuarto con el cuerpo aun tembloroso por el sobresalto.

Levanté los brazos y me miré rápidamente las manos observando que estaban limpias y sin rastro de sangre. El corazón me latía desbocado y sentí que se me iba a salir del pecho de un momento a otro. Una gota de sudor frío se deslizó por mi espalda desnuda y noté un gélido espasmo recorriendo mi cuerpo.

Eche un vistazo circular a la habitación tenuemente iluminada por los relámpagos y me di cuenta de que apenas llovía. La estancia estaba toda revuelta con las joyas de Bergine tiradas por el suelo y con los objetos que había encima de la mesa desperdigados por todas partes.

Me llevé las manos a la cara frotándome el rostro y recordé lo que había ocurrido hacía tan solo unas horas. Una punzada de culpabilidad me atravesó el alma al venirme a la mente los gritos de dolor de Bergine, su hermoso rostro contraído por el miedo, y sus súplicas pidiéndome por favor que dejase de golpearla.

Me sentí como un auténtico miserable que se había dejado llevar por la ira arremetiendo contra una muchacha que evidentemente no era una persona cualquiera… sino mi esposa y la madre de mi único hijo.

¿Y si había sido todo un malentendido…? Ese video estaba modificado, o difuminado al menos para que no se pudiese reconocer a aquel hombre… ¿y si todo era un montaje y la mujer que aparecía en él no era Bergine? Yo no entendía mucho de esas cosas pero todo era posible… aunque en realidad lo dudaba… estaba claro que ese chisme había sido puesto entre mis pertenencias con la clara intención de que yo lo encontrase, y lo más seguro era que el responsable de aquello hubiese sido el amante despechado para que yo reaccionase tal y como había hecho.

¿Y ahora que iba a hacer? ¿y si mi hijo se enteraba como iba a ser capaz de mirarlo a la cara?... no debía saberlo nunca… el niño estaba muy apegado a su madre y además… aquello era demasiado vergonzoso para mí… pero si veía los días siguientes a Bergine notaría que algo no iba bien. Era un crío muy listo para su edad y aquellos golpes no se ocultaban simplemente con maquillaje.

Me sentía completamente humillado en mi hombría al descubrir tamaña traición, e intenté odiar a la muchacha con todas las fuerzas de mi ser por lo que me había hecho. ¿Entonces por qué una horrible culpa me estaba carcomiendo por dentro cuando recordaba su bonito rostro surcado de lágrimas y su cuerpo tembloroso bajo el mío?. ¿Por qué sentía una punzada en el corazón cuando escuchaba sus súplicas retumbar en mi cabeza y sus gemidos de dolor mientras la hacía mía?.

¡Maldita sea, debía despreciarla! ¡aborrecerla por su engaño! ¡no quería sentir ningún tipo de compasión hacia ella!... pero sus gritos de angustia me perseguían hasta lo más profundo de mi mente. No podía quitármelos de la cabeza ni estando dormido. Se marchó de la habitación tan malherida que no pensaba que llegase muy lejos. En mi fuero interno deseé que hubiese ido a encontrarse con alguna de sus damas para que la ayudase o la llevase a la clínica.

- ¡Maldición! – salí de la cama dando vueltas por la habitación de un lado a otro moviendo la cola angustiado sin poder calmarme.

No sabía que hacer… estaba claro que no iba a conseguir dormir en toda la noche, pero tampoco quería estar despierto dándole vueltas al asunto sintiéndome cada vez peor. Tener que asumir la culpa de las cosas no era algo que fuese conmigo… siempre era mucho más cómodo tratar de justificarse de alguna manera.

- "¡Nunca me volverás a tocar!"

Sus últimas palabras cargadas de odio antes de marcharse resonaron en mi cabeza como una letanía. Miré hacia donde se encontraba la mesa y me di cuenta que estaba completamente pegada a la pared, con mis furiosas acometidas la había desplazado hasta allí sin casi darme cuenta.

Me tapé la cara con las manos completamente abochornado y me senté en una silla con la cabeza agachada. ¿Qué es lo que me había pasado? ¿cómo había sido posible que yo llegase hasta esos extremos?. Ni siquiera era capaz de entender como pude excitarme al ver a Bergine tan golpeada y sufriendo mientras yo abusaba de ella.

Abusar… yo había violado a mi propia mujer a pesar de sus súplicas y llantos porque no lo hiciera. Era como si otra persona se hubiese apoderado de mi cuerpo en aquel momento cuando le estaba haciendo aquello.

Me sentí asqueado de mí mismo y notaba que la piel me ardía por la vergüenza y la deshonra. Nada justificaba un acto como aquel, ninguna mujer se merecía que la tomasen por la fuerza aunque fuese una descarada y una mentirosa.

Quizá debería salir a buscarla…

¡No!... ¡si lo hago le estaré dando a entender que estoy de acuerdo con su traición, y que podría perdonarla siempre que se revolcase con algún imbécil!

Aquella estaba siendo una de las peores noches de mi vida… mi alma se dividía entre lo que debía hacer, y lo que mi orgullo me impedía demostrar. Tampoco tenía con quien desahogarme, Nappa se había ido de misión pero si le contaba aquello seguro que en su fuero interno me juzgaría… realmente pensaría que un acto tan abominable como aquel no era digno de un rey como yo. Era demasiado bochornoso tener que admitir que había dado una paliza a mi mujer y abusado de ella después.

Me sentí muy solo en esos momentos sentado en aquella silla con la cabeza entre los brazos… no tenía más familia que la que había formado con Bergine, que probablemente se destruiría después de aquello, tampoco tenía amigos de verdad con los que poder contar exceptuando a Nappa claro está, pero desde que yo era rey nuestro trato ya no era el mismo.

Solamente tenía súbditos que obedecían mis órdenes sin rechistar y que me veían como a un Dios temible y orgulloso pero que realmente no sabían nada de mí y sobre lo que yo sentía…

Por primera vez en toda mi existencia deseé no ser el rey del planeta… la vida de un guerrero corriente parecía mucho más sencilla y cómoda en momentos como estos, fuera del punto de mira de la gente y siendo uno más, integrado en el grupo. Ser un guerrero anónimo que podía vivir su vida sin que nadie le juzgase, sin que nadie estuviese pendiente de cualquier movimiento que hacía… y pudiendo demostrar sus verdaderos sentimientos… hacia la mujer que le había robado el alma.

Bergine

Cuando abrí los ojos con lentitud sentí que el sol de la mañana me dañaba la vista. Poco a poco conseguí enfocar la mirada y vislumbré el techo blanco y abovedado de la habitación.

Mi habitación… me incorporé un poco en la cama con un gemido de dolor y me envolvió un sentimiento de añoranza al darme cuenta de que estaba en mi antiguo cuarto… el que compartíamos mi hermana y yo cuando todavía no había experimentado nada de la vida. Estaba casi exactamente igual a como yo lo recordaba, salvo que mi vieja ropa estaba guardada en varias cajas justo al lado del armario.

Me llevé la mano a la cabeza cuando sentí un tenue mareo y recordé de golpe todos los acontecimientos de la noche anterior. Las lágrimas acudieron a mis ojos a una velocidad sorprendente y me tapé la boca ahogando un sollozo de angustia y malestar. Noté que tenía una gasa cubierta por un esparadrapo en la mejilla derecha y una tirita de aproximación justo encima de la ceja para cerrar la herida y evitar que me quedase cicatriz.

El labio me dolía bastante y lo sentí reseco cuando me pasé la lengua por encima. Me subí la ancha camiseta que llevaba puesta y lancé un gemido de sorpresa cuando descubrí mi torso completamente amoratado y vendado de forma sencilla alrededor de las costillas.

Todavía no entendía nada de lo que había sucedido… recordé las palabras de Paragus advirtiéndome que el rey tarde o temprano descubriría que clase de mujer era yo, pero no sabía a qué se refería ni que pruebas tendría contra mí.

Mi hermana Raina entró de pronto en la habitación llevando un cuenco de humeante sopa sobre una bandeja y yo me bajé la ropa avergonzada deseando que no me hubiese visto.

Seré estúpida… por supuesto que lo había hecho… me imaginaba que había sido ella la que me había cambiado de ropa y curado las heridas tras haberme visto entrar en su casa en aquel estado tan horrible.

- Bergine… veo que ya te has despertado – dijo con voz preocupada - ¿qué tal te encuentras?

- Estoy bien… no me pasa nada… - rechacé la sopa con un gesto y mi hermana dejó la bandeja sobre la mesita de noche.

- ¿Cómo que nada por Dios? ¡te presentas en mitad de la noche completamente empapada, herida y con el vestido hecho jirones, y pretendes decirme que no ha pasado nada?

No quería seguir escuchando aquello… bastante terrible era haberlo vivido en mis propias carnes como para volver a recordarlo una y otra vez. Creía que la cabeza me iba a estallar de un momento a otro.

- ¿Qué tal está nuestro padre? - pregunté cambiando de tema rápidamente.

- Está bien… - contestó ella con un resoplido sentándose en el borde de mi cama – me imagino que le dolerá la cabeza al despertar por la resaca pero aún sigue durmiendo a pierna suelta… está claro que es un hombre imperturbable.

Negó con la cabeza y yo me quedé algo más tranquila. Estaba más que claro que nos había mentido a las dos y que había seguido bebiendo a pesar de sus "intentos" por cambiar, porque de lo contrario no me lo habría encontrado ayer en aquel estado tan penoso. Ya me podía imaginar donde había terminado el dinero que yo le había prestado para montar su supuesto negocio…

- ¿Y tu hija… dónde está Kauri?

- Ni siquiera sabe que estás aquí… Toma se la ha llevado al mercado a dar una vuelta, si te viese así seguramente se asustaría muchísimo. Pero Bergine… créeme… no son ellos los que me preocupan en estos momentos… ¿sabe el rey lo que te ha pasado? ¿tiene idea de que estás aquí?.

Bajé la vista abochornada sintiéndome tan incómoda que ni siquiera podía mirar a Raina a los ojos. ¿Cómo iba a ser capaz de decirle a mi hermana que mi propio marido me había hecho aquello tan espantoso?

- Bergine… por favor, contéstame… ayer, cuando te desvestí y te cambié de ropa, me di cuenta que tenías sangre seca en los muslos – me puso la mano en la rodilla cubierta por la sábana y me miró con lástima – he trabajado cuidando a muchos enfermos y a personas heridas y esas marcas en las piernas se corresponden con una agresión sexual… te lo suplico… ¿quién te ha hecho esto?

Apreté los puños estrujando la sábana con fuerza entre mis nerviosas manos sintiendo que la barbilla me temblaba y ni siquiera me salía la voz de la garganta. No podía pronunciar esas palabras, era demasiado aterrador decirlo en alto y que todavía se hiciese aún más real… si mantenía aquella horrible noche en secreto poco a poco iría borrándose de mi memoria hasta desaparecer por completo, pero si lo compartía con mi hermana, cada vez que la viese, cada vez que hablásemos…

- Ha sido el rey… ¿verdad? – dijo de pronto muy seria con voz apenas audible – hermana… sabes que puedes confiar en mí…

- ¡Por favor… no me preguntes más… quiero olvidarme de esto de una vez por todas…! ¡él es mi marido… el padre de mi hijo, y el soberano de este planeta! ¡no podía… no debía…!

- ¡No puede ser Bergine! ¿por qué demonios lo proteges?

Una lágrima solitaria se deslizó por mi maltrecha mejilla cayendo sobre el dorso de mi puño cerrado. Había intentado disimular… pero mis sentimientos me traicionaban… mi dolor ante lo que me había hecho Vegeta eran tan grande que simplemente el mencionarlo me alteraba horriblemente.

- ¡Maldita sea! – mi hermana se puso de pie de un salto apretando la mandíbula y con un gesto de rabia pintado en el rostro - ¡cómo puede ser que sea tu marido la persona que te ha hecho esta barbaridad!

Yo no dije nada y seguí con la mirada fija en mis manos sin saber que contestar. Pensaba exactamente lo mismo que ella… pero aparte de llorar y lamentarme por lo sucedido no podía hacer nada para cambiar lo ocurrido.

- ¡Le prometió a nuestra madre que cuidaría de ti! ¿y así es como cumple sus promesas? ¡por Dios Bergine… esto es monstruoso! ¿acaso se cree que por ser el rey puede hacer lo que le venga en gana? ¡pues me va a tener que escuchar!

Alcé la vista sorprendida ante el monólogo de mi hermana y una sonrisa cínica adornó mi rostro a pesar de las circunstancias tras oírle decir la última frase. El rey no se tocaría el corazón para matarla en cuanto apareciese por la puerta del palacio para recriminarle aquello… yo ya no tenía ni idea de cómo podría reaccionar Vegeta… creía que lo conocía bien, pero estaba claro que me equivoqué en todo momento.

- ¿Por qué te golpeó de esa forma… es evidente que aunque injustificado ha debido tener algún motivo para reaccionar así?

- Por lo poco que me ha dicho… él asegura que le he estado engañando durante años con otros hombres… - dije en voz baja

- ¿¡Cómo?! ¡pero eso no es cierto!... ¿verdad Bergine?

- ¡Por supuesto que no! ¿por quién me tomas?

- Bueno… está bastante claro que ha debido descubrir que te casaste con él solo por el interés para poder salir de aquí y ahora pone en duda que le hayas sido fiel…

- ¡Él no sabe…! Bueno… da igual… - evité tener que terminar la frase porque estaba claro que mi hermana no me iba a creer – al parecer con esta paliza se ha cerciorado de que ningún hombre vuelva a mirarme nunca jamás…

Me acaricié el rostro con la mano que estaba empezando a amoratarse aún más cuando vi mi imagen a lo lejos reflejada en el espejo ovalado de mi antiguo tocador.

- No puedo entender que en estos momentos te preocupen estas cosas tan superficiales Bergine… no después de lo que el rey ha…

- ¡Vegeta se va a arrepentir de haberme hecho esto! ¡te lo aseguro! – exclamé con rabia casi escupiendo las palabras - ¡todavía no sabe quién soy yo!

- Bergine… deberías ir al médico… aquí yo no puedo examinarte bien, como ves no dispongo de los medios necesarios. Quizás tengas alguna costilla rota. ¿Te duele el pecho al respirar?

- No… estoy bien… - no quería ver la lástima reflejada en los ojos de mi hermana, ¡no quería la lastima de nadie! – hace falta mucho más que esto para acabar conmigo creme…

- No te comprendo… mamá y yo te advertimos mil veces que tu desmesurada ambición tarde o temprano te traería problemas… y mira lo que ha tenido ocurrir para que te dieses cuenta.

- Escúchame bien Raina… esto… solo ha sido un malentendido, nunca más voy a permitir que vuelva a pasar algo semejante. ¡Soy la reina de los Saiyans y yo… no me arrepiento de nada…! - dije con voz lúgubre entrecerrando los ojos.

Una mueca de desconcierto y aprensión apareció en el rostro de mi hermana. Al parecer no le entraba en la cabeza que yo pudiese mostrarme tan belicosa a pesar de lo que me había hecho el rey. Observé que tragaba saliva y me miraba un poco intimidada ante mis palabras.

- ¡Créeme que si pudiera retroceder en el tiempo dándome la vida una segunda oportunidad… volvería a hacer lo mismo, solo que esta vez no cometería el estúpido error de…! - bajé la mirada y apreté los dientes con rabia - es igual… yo sé lo que me digo…

"Enamorarme de Vegeta"… esas son las palabras con las que estuve a punto de terminar aquella frase. Pero no quería mostrar mi debilidad… yo no era como mi hermana, una muchacha idealista y sensible que vivía en su mundo particular de conformismo y sencillez.

Yo era la reina de los Saiyans… y por mi posición debía ser una mujer implacable y dura. Esto solamente había sido un bache… una piedra en el camino que me haría aprender de mis errores y no volver a cometerlos jamás, y tras esto… me alzaría más fuerte que nunca y podría por fin demostrarle al rey que conmigo… no se juega…


Zira3000: muchas gracias por leer.

Como podeis ver a partir de este capítulo... las cosas van a cambiar, y se va acercando el declive del rey y Bergine como pareja.

Sinceramente disfruto escribiendo escenas tristes o duras, pero al mismo tiempo no puedo evitar pasarlo mal... será que soy un poco rara...

Siempre me he ayudado de bandas sonoras como base para escribir según qué escenas, y aquí me ha servido de mucho la BSO del primer trailer de la película de Broly o la canción de "Love your wife" de la serie de Dexter a quien da nombre este capítulo.

Espero reviews que me animan a seguir escribiendo!