Los personajes así como todo lo relacionado a Harry Potter pertenecen a J. K. Rowling.


24.- No hay mal que por bien no venga. (Parte 1)

Respiró el aire fresco de la mañana. Estaba en el balcón recordando la noche anterior. Sonrió. Fred estaba haciendo lo posible por que le perdonara, y debía admitir que lo estaba logrando. La barrera que ella había creado poco a poco se estaba desmoronando. Cerró los ojos mientras el recuerdo de su primer beso con Fred llegaba a su mente.

Su celular sonó, sacándola de sus pensamientos. Se adentró en la habitación para alcanzar. No reconoció el número en el identificador de llamadas.

—¿Hola? —contestó.

—¡Hola! ¿Cómo está la mujer más hermosa de este mundo? —saludó una voz cantarina desde el otro lado de la línea.

—¿Fred? —dijo Luna sentándose en la cama. Su corazón se aceleró al reconocer aquella voz y no pudo evitar que se le escapara una sonrisa.

—¿Acaso esperabas que te llamara alguien más? —inquirió el pelirrojo.

—¡No! —se apresuró a decir la rubia. Al momento se arrepintió del tono en el que lo había dicho, porque el ojimiel soltó una risita — Es decir...yo... ¿Qué quieres?

Invitarte a desayunar —dijo Fred con un tono alegre.

—Lo siento, pero no puedo —se disculpó la rubia.

—¿Por qué? —quiso saber Fred, en un tono celoso.

—Porque desayunaré con Hermione —respondió la rubia levantándose de la cama y saliendo de nuevo al balcón.

Entonces, ¿a comer? —sugirió Fred con tono esperanzador.

—Estaré con Hermione —reiteró Luna sonriendo.

—¿A cenar? —intentó el pelirrojo desesperado.

—Cenaré con Erik —dijo la ojiazul dejando de sonreír. Y pudo notar que la expresión de Fred también cambiaba.

De acuerdo —dijo Fred carraspeando —. ¿Un café?

—Tal vez mañana —respondió Luna suspirando —. Adiós.

—¡Espera! —Pidió el pelirrojo — ¿Te gustó lo de ayer?

—Fue algo muy lindo —comentó Luna, cerrando la puerta corrediza que daba al balcón —. Y sí, me gustó —añadió antes de colgar.

Sonriendo, se levantó dispuesta a bañarse. Cuarenta y cinco minutos después estaba preparada para ir a casa de Hermione. Estaba terminando de recoger su bolsa cuando el timbre sonó. Un muchacho estaba a la puerta con un osito de peluche y una rosa blanca en las manos.

—¿Luna Lovegood? —preguntó el chico.

—Sí —respondió Luna, sonriendo en su interior. No necesitaba que se lo dijeran; sabia quien había mandado eso.

—Para usted —dijo el chico entregándole las cosas. Saco de su bolsillo una nota de entrega y una pluma —. Por favor, firme aquí.

—Gracias —Luna le devolvió la pluma y la nota después de firmarla. El chico se despidió con una sonrisa.

Lentamente, la ojiazul abrió la nota que venía con el osito de peluche.

"Te veías hermosa anoche. #9: A"

Sonrió. A pesar de que ya sabía lo que decía la frase, le encantaba seguir recibiendo aquellas rosas. Solo faltaban seis; y, tal vez, si el pelirrojo se seguía esforzando, lo perdonaría antes de la quinceava rosa.

Hermione cerró la puerta suavemente y regresó a la sala. Rose y Ron acababan de irse hacia la Madriguera. Y ella esperaría a Luna. Suspiró. La noche pasada, cuando Ron y Harry la habían dejado en la puerta de su casa, el azabache había dicho algo que la dejó desconcertada.

—¿Y cuándo nos toca venir a casa de Hermione? Sólo que sin macetas—había dicho Harry al pelirrojo, provocando su sonrojo. Y tras una despedida breve se habían marchado.

Y esta mañana, el pelirrojo había evitado hablar sobre lo anterior; solo había se había quedado por cinco minutos y se habían ido. Sacudió la cabeza alejando sus pensamientos. En media hora tenía que reunirse con Luna en Tartas & Pasteles, la cafetería favorita de Ron.

—¡Acéptalo, Luna! —Insistió Hermione, terminando de tomar su café —Sé que te gusto lo de anoche.

—¡Está bien! Está bien —rió la rubia, acomodándose el cabello detrás de la oreja —. Fue algo muy lindo de su parte.

—Sí. Lo que no fue lindo fue la maceta en su cabeza —añadió Hermione mirando significativamente a la rubia.

—¡Fue un accidente! —Se defendió la rubia —No fue a propósito.

—Te creo —le dijo Hermione —. Y más cuando te vi bajando como un rayo para llegar hasta él.

—Me preocupe de que pudiera pasarle algo —repuso la rubia restándole importancia —. Pero suficiente de mí y Fred, ahora hablemos de ti y de Ron.

—No hay nada que decir —dijo Hermione acomodándose en su asiento.

—Hermione —dijo la rubia mirándola fijamente —, a mí no me engañas. ¿Qué paso ayer?

—O yo estoy equivocada, o en verdad pasó, pero creo que... estuvimos a punto de... besarnos —confesó la castaña, ruborizándose levemente,

—¿Qué? —Farfulló la ojiazul sorprendida — ¿Es en serio?

—A-já —asintió Hermione con una débil sonrisa.

—¿Cómo fue? ¿Qué pasó? —demandó Luna sonriendo ampliamente.

—Acabábamos de pintar el cuarto de Rose y supongo que los niños pusieron la canción, pero empezó a sonar y bailamos. Tropecé, caímos y quedamos tan cerca —finalizó Hermione con un suspiro.

—Yo que tú, lo hubiera besado —comentó Luna traviesamente.

—Para luego confundirme más, ¡sí, claro! —ironizó la castaña.

—¡Tal para cual! Los dos son unos tontos —señaló la rubia, dando una pausa para tomar de su café —. Lo amas, te ama. ¡Solo están perdiendo el tiempo!

—No empecemos de nuevo, Lun. Por favor —suplicó la castaña.

—Está bien. Lo dejaremos, pero por esta vez —advirtió la rubia.

El mes de diciembre llegó y con ello un frío más fuerte en Londres. Ya podía sentirse el aire navideño por doquier y quien más feliz estaba era Rose. La niña corría sonriente de un lado a otro por toda la casa, seguida de Crookshanks mientras Hermione trabajaba en la sala. Quedaba tan solo una semana de clases y estaba atareada terminando de calificar trabajos antes de las vacaciones.

—Rose, ¿puedo saber por qué estas así? —preguntó Hermione, mientras la pequeña pasaba corriendo detrás del sofá con Crookshanks delante de ella.

—Porque pronto será navidad —contestó la pequeña, rodeando el sillón y dejándose caer junto a su madre —. Tengo calor.

—Eso es porque estabas corriendo —señaló Hermione, limpiándole unas cuantas gotas de sudor que Rose tenía en la frente.

—¿Puedo llamar a Elise para jugar? —preguntó la pequeña tratando de quitarse la chamarra que traía puesta.

—Elise no está en casa, ¿recuerdas que dijo que iba a casa de sus abuelos? —dijo Hermione evitando que Rose se quitara la chamarra.

—¡Oh! Lo había olvidado —contestó la pelirroja cediendo al intento de quitarse la chamarra.

—¿Ya hiciste tus deberes? —le preguntó Hermione.

—Sí.

—¿Y guardaste tus juguetes?

—Sí —repitió Rose sentándose como indio —. Mamá...

—¿Sí? —dijo Hermione volteándose hacia ella.

—¿Cómo se hicieron novios papá y tú? —preguntó la pequeña con los ojos brillantes.

Hermione la miró. Aquellos ojos que eran iguales a los de Ron. Suspiró antes de hablar.

—Teníamos dieciocho años y estábamos por terminar el penúltimo año en Hogwarts —relató Hermione con un tono nostálgico en la voz —. Tu tío Harry, tu padre y yo éramos los mejores amigos...

El sol caía bañando las aguas de lago cerca de los terrenos del Colegio Hogwarts. Los estudiantes disfrutaban bañándose en el lago o acostándose bajo la sombra de los grandes árboles que había alrededor.

Bajo uno de aquellos árboles estaban dos muchachos y una chica. Uno de ellos pelinegro, de ojos verdes con gafas redondas; el otro, pelirrojo de ojos azules y unas cuantas pecas en el rostro; la chica, de melena castaña y ojos marrones.

—¡Uf! —resopló el pelinegro mirando hacia el lago.

—¡Vaya año que tuvimos! —suspiró Ron Weasley, mirando de reojo a la castaña.

—Fue muy... extraño —declaró Hermione Granger, de forma pensativa.

—Sí, extraño —coincidió Harry suspirando largamente.

Se hizo un silencio entre los tres. Harry miró a sus dos mejores amigos reflexivamente.

—Oye, Ron —le llamó el ojiverde, rompiendo el silencio —, ¿entonces tú y Lavander ya nada de nada?

El pelirrojo le miró por unos segundos antes de contestar.

—Nah —Ron desvió la mirada por un segundo antes de volver a verle —. Eso fue algo... pasajero, por así decirlo.

—¿Y tú y McLaggen? —le preguntó Harry a la castaña, que se había puesto seria repentinamente.

—Sólo fui al baile con él —respondió Hermione, sin ganas —. Y nunca más volví a salir con él. ¡Y tampoco quiero hacerlo!

—¡Cómo hay personas ciegas! —comentó Harry, moviendo la cabeza de un lado a otro.

—¿Por qué lo dices? —cuestionó Hermione, mirándole con el entrecejo fruncido.

—Por nada —el chico se encogió de hombros y dirigió su vista al lago.

—Pensé que lo decías por ti —dijo Ron con desdén.

—Mira quién lo dice —replicó el ojiverde con su vista clavada en el ojiazul.

—El chico que se tardó años en notar a la hermana de su mejor amigo —terció una voz. Los tres amigos se voltearon hacia la dirección de la que provenía la voz. Una pelirroja se había acercado.

—Hola, Ginny —la saludó Hermione con una sonrisa.

—Hola, Hermione —respondió la chica devolviéndole la sonrisa.

—¡Hey! ¿Y a tu novio no lo saludas? —se quejó Harry, fingiendo enojo.

—Hola, amor —Ginny se sentó junto al azabache y le dio un fugaz beso en los labios, para decepción del ojiverde.

—¿Y qué hay de mí? ¿No me saludas? —protestó el pelirrojo ofendido.

—Tonto —le dijo Ginny sonriendo.

—Chaparra —respondió Ron también sonriendo.

—¿De qué hablaban? —quiso saber Ginny, recargándose en el pecho de su novio.

—De lo ciegas que están las personas —contestó el azabache, echándole una rápida mirada a sus dos mejores amigos.

—Harry, tú quedas en desventaja en eso —declaró la pelirroja haciendo una mueca.

—¡No me refiero a ciegas de ciegas! —discutió el ojiverde.

—¿Entonces? —inquirió Ginny, alzando las cejas.

—Me refiero a ciegas del amor —explicó Harry un poco desesperado.

—¡Ah! —captó la pelirroja pensando — Pero en eso también estás en desventaja...

Ron y Hermione rieron ante lo dicho por la pelirroja. Harry frunció el ceño, pero sonrió.

—Ya, ya —los calmó antes de continuar —. Lo acepto, fui un tonto por no fijarme en ti durante estos años.

—Descuida —dijo Ginny, quitándole importancia. Dio a su novio una mirada cómplice y este asintió ante la idea de su novia —. Pero es una lástima que las personas que se quieren no lo digan... —comentó como si nada.

Hermione y Ron se pusieron nerviosos y evitaron mirarse el uno al otro.

—Allá esas personas que no quieren ser felices —continuó Harry, dando un beso en la mejilla a su novia.

—Sí —coincidió la chica levantándose —. Vamos Harry, el campo de futbol está solo.

—¡Adiós! —se despidieron ambos mientras se iban cogidos de las manos.

Los dos amigos se quedaron solos. Ninguno dijo nada, tan solo se limitaron a contemplar el lago y a los demás que gozaban del día.

—Es increíble, ¿no? —habló Ron ,rompiendo el silencio.

—¿Qué cosa? —preguntó la castaña mirándolo al fin. El pelirrojo seguía con la vista en el lago, así que la castaña lo veía de perfil.

—Que alguien pueda amar a otra persona por mucho tiempo sin decirle nada —respondió el pelirrojo aún sin voltear.

—¡Oh! —fue lo único que dijo Hermione antes de bajar la vista.

—¿No crees? —inquirió Ron dirigiendo su vista hacia ella. La castaña levantó la vista hacia Ron y dudó antes de contestar.

—Bueno... sí, creo —titubeó. No era porque no creyera que eso fuera posible, sino porque ella lo estaba viviendo desde hace algunos años.

—Es más fácil cuando sabes que puedes tener una posibilidad con esa persona —opinó Ron manteniendo la mirada —. O cuando sabes que hay algo que interfiere con eso, porque te resignarás. Como tú y Krum —la última palabra la pronunció más duramente.

—¿A qué te refieres? —cuestionó Hermione, alzando una ceja.

—Bueno, tú y el sabían que por la distancia eso no funcionaría —dijo Ron alzando un hombro.

—¿Y eso que tiene que ver con lo que estábamos hablando? —espetó la castaña confusa.

—Nada, supongo —contestó el chico antes de regresar su vista al lago.

Hermione lo miró en silencio. ¿Cómo fue que se enamoró de su mejor amigo? No lo sabía, y tampoco quería saber el porqué, porque simple y sencillamente lo quería.

El pelirrojo al sentir la mirada de Hermione sobre él, giró de nuevo su vista hacia ella.

—Si Vicky...

—Viktor —le corrigió la castaña entre dientes.

—Viktor —repitió, Ron rodando los ojos —. Si él no viviera en Bulgaria, ¿hubieras seguido con él?

—¿A qué viene todo esto? —quiso saber Hermione cruzándose de brazos.

—Solo responde —pidió Ron mirándola con aquellos ojos azules.

—Responde tú primero —contradijo la castaña frunciendo el entrecejo.

—Yo he preguntado primero —replicó Ron.

—Y yo quiero saber por qué preguntas esto —repuso Hermione.

Ambos se miraron en silencio, hasta que la castaña se puso de pie y dio vuelta para marcharse.

¿Qué le pasaba a Ron? ¿Por qué hacia aquellas preguntas y luego no daba explicaciones?

Solo había dado unos cuantos pasos cuando sintió como alguien la tomaba por el codo y la obligaba a girarse. Iba a protestar pero se encontró con el rostro de Ron a tan solo unos pocos centímetros del suyo.

—Porque me gustas —susurró el pelirrojo mirándola a los ojos.

—¿Qué? —balbuceó Hermione aturdida. Seguramente eso era un sueño, o estaba alucinando.

—¿Quieres saber por qué pregunto eso? —Dijo Ron, sin separarse ni un solo milímetro — Porque estoy enamorado de ti... ¿quieres más razones?

—Ron... —murmuró la castaña, pero se interrumpió al ver que el ojiazul le hacía un gesto negativo.

—Tienen razón Harry y Ginny; no podía seguir sin decirte nada —Ron suspiró y cerró los ojos unos instantes antes de proseguir —. Solo quería que lo supieras. Entiendo si no sientes lo mismo, si ya no quieres ser mi amiga. Pero estoy aliviado de lo sepas.

—Ron... —intentó de nuevo la castaña, pero el pelirrojo negó otra vez.

—Solo quiero hacer algo que deseo desde hace mucho tiempo —y sin más rozó los labios de la castaña.

Los dos sintieron como pequeñas descargas eléctricas comenzaban a recorrer sus cuerpos. Solo fue un roce de labios. El pelirrojo se apartó rápidamente,

—Lo siento —se disculpó antes de darse la vuelta.

—Tú también me gustas —susurró la castaña provocando que el pelirrojo retrocediera y se girase de nuevo hacia ella —. También estoy enamorada de ti.

—¿No estás bromeando? —inquirió Ron incapaz de creer lo que había escuchado.

—¿A caso bromearía con algo así? —soltó Hermione, un poco indignada.

—No...Es solo... —tartamudeó Ron, sin ser capaz de hablar. Miró a Hermione por unos instantes antes de sonreír —. Harry y Ginny lo sabían, ¿cierto?

—Sí —asintió la castaña dando un paso hacia él.

—Entonces... —Ron avanzó hacia ella sonriendo.

—Entonces —repitió Hermione dando un paso más hasta quedar frente a unos centímetros de él.

—¿Quieres ser mi novia? —preguntó Ron acariciándole la mejilla.

—¿A caso estás bromeando? —rió Hermione.

—¿Bromearía con eso? —dijo Ron también sonriendo.

—No.

Se miraron a los ojos segundos antes de que sus labios se unieran en un beso. Era un beso anhelado desde hace muchos años. Un beso que expresaba todo el amor que estos jóvenes se tenían. Un beso que era más que un beso, pero a la vez, solo era un beso.

—Sí —dijo Hermione cuando se separaron. Sus frentes estaban unidas y los ojos los tenían cerrados. Ron sonrió y Hermione también.

—No sabes lo feliz que me haces —dijo Ron abriendo los ojos por fin. Tomó el rostro de Hermione con ambas manos y le dio un segundo beso — ¡Te quiero!

—¡Y yo más!

—No creo que me puedas ganar en eso —replicó Ron sonriendo.

—Ya veremos —dijo Hermione, antes de que sus labios fueran atrapados por los del pelirrojo.

Desde la distancia, una pelirroja y un azabache miraban la escena sonrientes. Se miraron el uno al otro y también se fundieron en un beso.

—¿En serio la tía Ginny estuvo enamorada del tío Harry durante todos esos años? —preguntó Rose, cuando su madre terminó de relatar la historia.

—Sí. Desde que tenía once años —confirmó Hermione con una sonrisa.

—¿Y tú desde cuándo quieres a papá? —preguntó ahora Rose, mirando a su madre con curiosidad.

—¿Yo? —Sonrió Hermione pensativamente — Desde que tenía catorce.

—¿Y papá de ti?

—Desde que tenía quince —respondió Hermione con una sonrisa.

—¿Él te lo dijo? —inquirió la niña, ansiosa de saber más.

—Sí, el me lo dijo —Hermione sonrió tristemente. Ella seguía enamorada de Ron y sabía que eso no cambiaría por nada del mundo. Porque Ron Weasley fue, era y será el dueño de su corazón por siempre.

—¿Y sigues enamorada de él? —preguntó la pequeña pelirroja esperanzadoramente.

Hermione le miró fijamente. Rose tan solo era un niña y no entendía de esas cosas; pero por otra parte no podía mentirle.

—S...

—¡Hermione! —la voz de la señora Granger sonó en las escaleras. Segundos después entró por la sala, seguida de su esposo.

—¡Rosie! —sonrió Hugo al ver a su nieta. La pequeña sonrió y se levantó de un salto para ir a abrazar a su abuelo.

—¿Estás trabajando, hija? —preguntó la señora Granger, al ver el montón de papeles que había sobre la mesa.

—Sí. Pero lo terminaré después —sonrió Hermione mientras sus padres se sentaban frente a ella. Hugo sentó a Rose en su regazo y le dio un beso en la frente antes de hablar.

—Bien, tu madre y yo tenemos algo que decirles —dijo Hugo calmadamente.

—¿Pasa algo malo? —Hermione comenzó a preocuparse, pero al ver que su madre sonreía se relajó.

—¡No! No es nada malo —calmó Jean sonriente.

—¿Qué pasa, abuelo? —preguntó la niña mirando al hombre.

—Veras, tu abuela y yo cumpliremos este mes 30 años de casados —dijo Hugo, dándole una tierna mirada su esposa.

—¡Muchos años! —dijo Rose sonriendo.

—Sí, muchos años —reafirmó la señora Granger, tomando la mano de su marido.

—Y para celebrar nuestro aniversario nos iremos de viaje —informó el castaño felizmente.

—¿De viaje? —preguntaron Rose y Hermione a coro.

—Sí, estaremos todo el mes fuera —anunció Jean un poco vacilante —. Nos iremos en unos días.

—¿Y cuándo volverán? —quiso saber Hermione. Estaba feliz por sus padres, pero sentía extraño saber que se irían por tanto tiempo; a pesar de tener veintiocho años, los seguía necesitando como una niña pequeña.

—La primera semana de enero —respondió Hugo tras pensarlo unos segundos.

—¿Y qué pasara con la clínica?

—Ya lo tenemos cubierto —aseguró la madre de la castaña con un asentimiento de la cabeza.

—¿Puedo ir con ustedes? —preguntó Rose animada.

—No, pequeña —negó Hugo con una sonrisa —. Tú debes quedarte con tu mamá y con tu papá, ¿o no quieres verlo?

—¡Sí! —se apresuró a contestar la niña.

—Los extrañaré —confesó Hermione, mientras se abrazaba a su madre.

—Y nosotros a ustedes —dijo Hugo uniéndose al abrazo.

—¡Y yo! —sonrió la pequeña pelirroja mientras era envuelta en el abrazo familiar.

Dejó caer el lápiz sobre la mesa de dibujo y apoyó la cabeza en los brazos. Solo eran las diez de la mañana y ya quería salir del trabajo. Útilmente tenía tanto que se le complicaba un poco. Y lo que más le molestaba era que tenía muy poco tiempo para ver a Rose. La noche anterior solo había podido ir una hora.

Ron suspiró frustradamente mientras se pasaba las manos por el rostro. Le alegraba saber que todo estaba preparado para la construcción del edificio y tendría que ir a supervisar todo; ¡adiós oficina!

—Señor Weasley —le llamó Abie desde la puerta —. Su hermana y su cuñado están aquí.

—Gracias Abie, hazlos pasar por favor —ordenó Ron poniéndose en pie.

La secretaria salió y después entraron Harry y Ginny cogidos de la mano.

—¿No deberías estar en el trabajo? —le preguntó Ron, con una sonrisa mientras le daba unas palmadas en la espalda.

—Se escapó —respondió Ginny, dándole un beso en la mejilla a Ron.

—Me raptó —corrigió Harry, señalando a Ginny con la cabeza.

—¡Ni te quejes, Potter! —replicó Ginny, sentándose en una silla frente al escritorio de Ron.

—¿Quieren un café? —ofreció Ron. Harry y Ginny asintieron y Ron le encargó a Abie tres cafés.

—¿Estabas trabajando? —preguntó Harry mirando hacia la mesa donde minutos antes había estado el pelirrojo.

—Sí. Pero ya casi he terminado. Por lo menos ése —dijo Ron haciendo una mueca de cansancio. La puerta de la oficina se abrió y Abie entró con una bandeja. La dejó sobre el escritorio y después salió rápidamente.

—¿Y que los trae por aquí? —indagó Ron dándole, un sorbo a su taza de café.

—Solo veníamos a visitarte —comentó Ginny casualmente.

—¿En serio? —dudó Ron alzando una ceja.

—Bueno no. También queremos saber qué pasa contigo y con Hermione —admitió Ginny muy entusiasmada.

—¿Qué pasa con nosotros? —repitió Ron pensativo.

—¡Sí, hombre! Durante todos estos años no has dejado de amar a Hermione —recordó Harry, mirando a su mejor amigo.

—Y ahora la tienes aquí —apuntó Ginny moviendo la cabeza —. Haznos un favor a todos, ¿sí? ¡Deja de perder el tiempo!

—Ginny... —empezó el pelirrojo pero fue interrumpido por el sonido de un celular.

—Es el mío —anunció Ginny, buscando en su bolso — ¿Hola?...Sí, ella habla, ¿pasa algo?

Ginny frunció el ceño y Ron y Harry le miraban atentamente.

—¿QUÉ? —Gritó la pelirroja, levantándose de un salto —¿Cómo pasó eso?

—¿Ginny? —llamó Harry comenzando a preocuparse; la pelirroja se pasó una mano por el cabello, los ojos se le habían puesto vidriosos.

—Voy para allá, por favor dígale que no tardo —Ginny cortó la llamada y se dejó caer de nuevo en la silla, cubriéndose el rostro con las manos.

—¿Ginny? —Volvió a preguntar Harry preocupadamente — ¿Qué paso?

—Albus —susurró la pelirroja con voz temblorosa —. Está en la enfermería del colegio.

—¿Qué? —saltaron Harry y Ron al mismo tiempo.

—¡Vamos, Harry! —le apuró Ginny levantándose.

—Vamos —dijo Harry levantándose tan rápidamente. Ron recogió su abrigo y los tres salieron de la oficina.

—Abie, dile a mi padre que después le llamó —ordenó Ron al pasar junto al escritorio de su secretaria.

Harry se subió a su auto, seguido de Ginny. Ron se metió a la parte de atrás del auto y Harry arrancó velozmente.


¡Hola, hola!

¿Y qué les ha parecido el capítulo? ¿Bueno, malo, me dedico a torturar muggles?

Jeje primero que nada, quiero agradecer a las personitas que han agregado esta historia a Favoritos, y le han dado Follower; y por supuesto, a las lectoras que siempre me comentan, ¡me hacen muy feliz!

Pasando a cosas del capítulo. ¿Qué les pareció el recuerdo de Ron y Hermione?, Fred y Luna están en algo medio. Y el final... ¿qué habrá pasado con el pequeño Albus?; ¡y los Granger se van! Todo puede ocurrir en su mes ausente.

Este capítulo cuenta de tres partes, y espero volver pronto con el siguiente, últimamente he tenido ganas de pocas cosas, así que espero eso cambie en estos días.

Un beso y un abrazo.

Lunita.