Capítulo 25: Matrimonio y algo más
- Estoy oficialmente acabado. –murmuró abatido Ted.
- Corrección: estamos. –acotó Victoire también en voz baja, mientras precedían a Bullstrode en el camino a su despacho. – Y yo no diría acabados, diría muertos.
- No sea tan pesimista, señorita Weasley. –le dijo Bullstrode con un tono de voz que distaba mucho de ser consolador. Más bien parecía que se estaba regodeando en la desgracia de los chicos. – No todo está tan mal… ¿De qué tipo de castigo estamos hablando?... ¿Una expulsión? No es nada en comparación al problema legal que tendrá su enamorado. –y rió, aunque la situación era de todo menos cómica. Comenzaron a bajar las escaleras hacia las mazmorras.
"Que se resbale y se desnuque, que se resbale y se desnuque…" pensaba Ted mientras cruzaba los dedos… "Me caso con Vic si se resbala, lo prometo"…
PUM!
"Oh por Merlin, Morgana, y todos los demás…"
- ¡Profesor! –exclamó Victoire al ver el hombre tirado en el piso. No se había desnucado, para alivio (?) de los chicos.
Lo extraño de la situación es que Bullstrode reaccionó más rápidamente que Ted. El chico todavía no sacaba los ojos del lugar donde Bullstrode había caído, y tanto el dolorido profesor como Victoire le miraban extrañados. Había tantos pensamientos dando vueltas por la cabeza de Teddy que era curioso que todavía no hubiera colapsado.
"No lo dije en voz alta, así que no cuenta". "Por supuesto que cuenta, y lo sabes!" Lo que le faltaba, que ahora tuviera conversaciones con su conciencia. "Me importa un bledo, no me voy a casar, soy demasiado joven". "Lo prometiste, lo prometiste…". "¡Ya lo sé!" "¿Sabes lo que eso significa, no? Tendrás que estar con ella tooodos los días… al diablo tu independencia, Victoire se pondrá fea y malhumorada y no sabes cuál es la frutilla de la torta… ¡Cambiarás pasión por pañales!"
"No, no, NOOOO!!"
Y como era de esperarse… colapsó.
- Le debe haber caído mal la torta… tuvo una visión desagradable cuando la estaba por comer. –comentó casualmente Victoire, mientras se agachaba junto a Ted.
- No me causa gracia, y le recomiendo que cierre la boca si no se quiere meter en más problemas. Por cierto, veinte puntos menos por semejante descaro. –Bullstrode suspiró con satisfacción. – Aunque no me sorprende… teniendo en cuenta su familia.
- ¡Lávese la boca antes de hablar de mi familia, viejo sarnoso! – le espetó la chica.
Bullstrode la ignoró. Al parecer, estaba tan enfrascado en sus pensamientos que no la escuchó.
- No veo la hora de que el imbécil de su padrino se de cuenta del problema en que está metido Lupin. –murmuró, más para sí que para Victoire. Ésta lo miraba entre furiosa por lo que decía de Harry y algo temerosa por la salud mental de su profesor.
- La conversación con el aire debe estar muy interesante¿pero podría reanimar a Ted? –preguntó, rogando porque estuviera lo suficientemente cuerdo como para eso.
- Se llama "pensar en voz alta", no "conversación con el aire"… Pero bueno, no se puede esperar mucho de usted. ¡Ennervate! –finalizó, sorprendiendo a la chica.
Ted abrió los ojos lentamente, sin poder enfocar del todo la vista.
- ¿Qué… qué paso? –preguntó sin levantarse.
- Teddy, no te preocupes, estoy aquí. Sólo te desmayaste. –le dijo Victoire.
Ted la miró intentando enfocar la vista.
- Veo algo borroso… ¿quién eres?
- Victoire.
El chico abrió los ojos de par en par horrorizado.
- ¡NOOO¡No pienso cumplir la promesa! –finalmente se levantó de golpe, y como era de suponer, se mareó, teniendo que buscar apoyo en la pared.
- ¿Ted, estás bien? – "Que pregunta inteligente", le dijo la conciencia de la chica. Victoire lo miraba preocupada.
- ¡NO¿No entiendes que no me gustan los pañales? – le respondió Ted, al borde de la histeria.
"Después el loco soy yo", pensó Bullstrode.
- ¡No sabe ni hacer un "Ennervate"! –les espetó Victoire a su profesor. - ¡Arregle a mi novio desquiciado! –le exigió.
- ¡No estoy loco! –exclamó indignado el chico.
- El muchacho estaba así desde antes, no es mi culpa. –se defendió Bullstrode. Tanto él como Victoire habían ignorado a Ted.
- ¡Por supuesto que no¡De repente empezó a hablar de promesas y pañales, claro que es su culpa!
- Primero que nada, baje el tono con el que me habla, señorita.
- Primero que nada, arregle la cabeza de Ted. –contraatacó ella.
- ¡Que no hice nada, le digo¿Es sorda? –exclamó el hombre exasperado.
- Vic, estoy bien… -dijo Ted, ahora más calmado. Era consciente de que tal vez había dicho todo de golpe, y había sonado con poco sentido.
- Amor, quédate tranquilo, yo arreglo todo. –le dijo ella, sin creerle. Y luego se volvió a dirigir al profesor. – Usted hizo el hechizo, así que no me venga con eso de que no hizo nada.
- Vic… -intentó nuevamente, sin resultado.
-¡Dígame usted, si sabe tanto, entonces, qué le hice! –le dijo a su vez Bullstrode.
- ¡No es mi problema que usted no sepa manejar una varita! –Victoire esta subiendo el tono de voz, y Bullstrode no se quedaba atrás.
- ¡Tampoco es el mío que sea sorda¡Le digo que no le hice NADA!
- En serio, yo estoy… -Ted comenzó.
- ¡CALLATE LUPIN! –le espetó el profesor.
- ¡No le hable así a mi novio!
- ¡Soy el profesor aquí y le hablo como me da la gana!
- ¡VIEJO MALEDUCADO!
- ¡CÁLLESE, IRRESPETUOSA!
- ¡Me callo si arregla a Ted!
- ¡Estoy bien! –intentó Ted nuevamente, y con el mismo resultado que sus otros intentos.
- En serio amor, yo me ocupo. –le dijo Victoire, como si fuera una madre hablándole a su hijo pequeño que no entiende que se tiene que callar.
- Se tendrá que callar igual si no quiere empeorar su situación. –la amenazó Bullstrode.
- ¡Mi novio está loco, creo que no puede empeorar, mucho más¡Y además es SU CULPA!
- ¡LÁVESE LAS OREJAS¡YO NO FUI!
- Disculpe, pero yo no hice el hechizo. –respondió son una falsa sonrisa la chica. - ¿Por qué no lo acepta y lo llevamos a la enfermería?
- ¡Porque YO NO FUI¿En qué idioma se lo digo?
- ¡EN NIGUNO¡ME ALCANZA CON QUE LO ARREGLE!
- Pero…-comenzó Bullstrode.
-¡ESTOY BIEN! –Ted vociferó. Por fin logró captar la atención de los otros dos. – Sólo estaba confundido…-se dirigió a Victoire- .Después… después te explico lo que dije.
Ella lo miró dudosa, pero finalmente asintió.
- Me alegra que se callara de una vez, Weasley. -le dio una sonrisa venenosa. - Ahora a mi despacho, que tengo que llamar a sus padres… y a su padrino, señor Lupin. Si no pueden venir hoy, entonces los citaré mañana. Les recomiendo hacer el equipaje, para ir ganando tiempo.
Al otro día…
James, Sue y Tom estaban dirigiéndose al Gran Salón cuando a su lado pasó un grupo de Hufflepuffs de años superiores. Ninguno de los tres les prestó atención hasta que uno de ellos se dio vuelta.
- ¡Brown, Potter! –los llamó un fornido chico de cuarto, que a simple vista parecía mayor. – Suerte en el partido de mañana.
Los dos aludidos se quedaron boquiabiertos, deteniendo el paso. ¿Nottingham, el mismo Nottingham que casi los había asesinado a bludgers en el campo los saludaba como si nada? "Que la vida te da sorpresas, te da sorpresas.", pensó Sue. Los amigos del mayor se habían detenido a esperarlo, y miraban entre divertidos y burlones la cara de asombro de los chicos. Tom por su parte, también estaba estupefacto.
- Cualquiera diría que nunca les han deseado suerte en nada. –observó Nottingham.
- Normalmente no me intentan matar una semana antes de hacerlo, eso es todo. –dijo James, recuperando un poco la compostura.
- ¡Por favor! Que exagerado… sólo estaba jugando al Quidditch. Si son rencorosos es su problema… Mejor me voy. –y así lo hizo, volviendo a conversar con sus compañeros.
- ¿Qué paso¿Se estaban peleando?- preguntó una voz preocupada a sus espaldas.
- ¡Anne! –exclamó Sue. Luego sonrió. – No, no nos estábamos peleando. ¿Dónde están Joss y Rose?
- Rose le está dando un sermón para que empiece a estudiar… no falta mucho para los exám… -Anne se detuvo al ver las señas frenéticas que James y Tom le estaban haciendo con la cabeza.
- ¡Estoy totalmente de acuerdo! –dijo Sue con vehemencia. Los chicos dejaron de hacer señas y se cubrieron la cara con las manos. Sue se dirigió a ellos. – Ustedes deberían empezar a estudiar. Siempre dejan todo para último momento y después les va como les va.
- ¡Hey! –exclamó indignado James, bajando las manos. – Nos va bien, nunca desaprobamos nada.
- Les podría ir mejor. –repuso Sue.
- No empieces Sue, es muy temprano. –rogó Tom. Juntó las manos en forma de plegaria. – Por favor, por favor…
- Sí, mejor vamos a desayunar. –dijo James, comenzando a caminar nuevamente.
- ¿Y qué sucedía con esos Hufflepuffs¿No era Nottingham el que les habló? –preguntó Anne luego de un momento.
- Sí, era el asesino en potencia Nottingham. –contestó James. Anne rió.
- No le digas así James. –le retó Sue. – Después de todo tiene razón, estaba jugando.
- Sí James, Nottingham no es asesino en potencia. –comentó Tom. – De hecho, YA es un asesino. – Todos rieron, aunque Sue de mala gana.
- En serio, no tenemos que ser rencorosos, habría que pedirle disculpas por haberle hablado así.
- ¿Qué eres Sue, nuestra voz de la conciencia? –preguntó Tom.
- Sí, por favor, que alguien le de de comer así se calla. – agregó James sonriente.
Sue les sacó la lengua.
- Piérdanse.
- ¿Pero a qué vino? –inquirió Anne.
- A preguntarnos si para el próximo partido que juguemos con ellos vamos a contratar el servicio funerario. Nos quería hacer una oferta. –contestó James con naturalidad.
- A desearnos suerte. –le contestó Tom, por encima de las risas de James y Sue.
- ¿Una vez que deja de golpear bludgers parece buena persona no? –comentó Anne. – Ayer en la biblioteca me ayudó a bajar un par de libros que estaban muy lejos.
- ¡Qué romáaaaantico! –rió Sue. Anne se puso colorada, mientras los otros tres reían.
- En serio¿no te gusta no? –le preguntó James, ahora más serio. – Intentó matarme. –le susurró luego, como intentando convencerla de algo.
- James, ya basta con lo de Nottingham asesino. –le dijo Sue.
- No te digo que es la voz de nuestra conciencia… -murmuró Tom, aunque bastante audible. Sue lo codeó.
- ¿Por qué me tendría que gustar? –le preguntó Anne, fingiendo no tener curiosidad.
- Porque es más grande, es increíble jugando al quidditch, no es muy lindo pero escuché que es buen estudiante, es buena persona, no es rencoroso, parece solidario… -enumeró Sue.
- ¡HEY! –exclamaron Tom y James a la vez.
- ¿Qué? –les preguntó confundida Sue, mientras una muy sonrojada Anne intentaba pasar desapercibida.
- ¡¿Cómo se te ocurre hablar así de un chico?! –preguntó escandalizado Tom.
- ¡¿No te da vergüenza?!- agregó a su vez James.
- Eh… ¿no? – contestó Sue, aún sin entender del todo.
- ¿Puedes creerlo Tom? –le preguntó James a su amigo. Éste negó con la cabeza y suspiró totalmente incrédulo.
- No se que te habrás tomado, Sue, pero ni se te ocurra que vamos a permitirte salir con alguien, al menos hasta que tengas… no sé… quince años¿te parece, James? –le consultó.
- Me parece que dieciséis. –respondió James seriamente.
- ¿Y quién se creen que son para decidir eso por mí? –preguntó Sue incrédula.
- Tom Paul McKenzie, evaluador de pretendientes, encantado. –se presentó Tom, haciendo una pequeña reverencia.
- James Sirius Potter, espanta-novios, encantado también. –lo imitó James. Ambos chicos intentaban contener la risa.
Sue rió.
- ¿Es broma, no chicos?
- La parte de los títulos sí, la parte de la edad para poder tener novio no. – le respondió James.
Sue rió nuevamente.
- Vamos chicos, ya fue suficiente.
Tom le pasó un brazo por los hombros, y empezó a caminar nuevamente.
- No te preocupes Sue, nosotros vamos a encontrar un chico lo suficientemente bueno para ti, más o menos cuando termines quinto año te lo presentamos.
- Insisto con que sea recién en sexto. –dijo James. Anne no sabía si creer lo que estaban diciendo o no, así que se limitó a mirarlos.
Sue se soltó bruscamente de Tom, y se detuvieron nuevamente.
- Ni se les ocurra meterse en esa parte de mi vida. No saben de lo que soy capaz. –les amenazó. Y sin esperar una respuesta se fue caminando rápidamente al Gran Salón.
- ¿Chicos, están seguros de que es cosa suya? –les preguntó Anne, mientras volvían a caminar, pero a un paso más lento que el que tenía Sue.
- Por supuesto que sí, somos como sus hermanos. –dijo James.
- Ya nos lo va a agradecer. –corroboró Tom.
- Y tú mientras tanto, aléjate de Nottingham, o al menos, no seas más que su amiga NUNCA. –le dijo firmemente James.
La chica lo miró sorprendida. Después de todo, no creía que los chicos extendieran sus instintos protectores hacia ella también.
- ¿Por qué lo dices? –le preguntó. Pero fue Tom quien respondió.
- Por eso. –y señaló un punto situado cerca de la puerta de entrada al Gran Salón.
Allí se podía ver claramente al Hufflepuff en cuestión besando a una chica muy atractiva, que por los colores de su túnica, era de Ravenclaw.
"Si eres estúpida Anne Shaw", pensó la chica. "¿Acaso pensaste que uno de los chicos más populares del colegio se fijaría en ti? Para él eres sólo una tonta niña de once años."
James observó como el semblante de la chica se ponía triste rápidamente, y cuando se estaba dando vuelta con los ojos llorosos la atrapó del brazo.
- Espérame. –y luego se dirigió a Tom. - ¿Podrías arreglar las cosas con Sue? Siempre se ablanda más rápido contigo. Yo voy con ustedes en un rato.
- Por supuesto. –y entró al Gran Salón buscando a su amiga.
- Vamos a volar un rato. –le dijo James, mientras la guiaba hacia el campo de Quidditch. – Es bueno para distraerse, te sentirás mejor.
- Yo diría que me sentiré peor, porque voy a terminar con un hueso roto. –le contestó ella, escéptica.
- Volarás conmigo, no te preocupes.
Caminaron en silencio un rato más, hasta que James tomó su escoba y se montó en ella, mientras que Anne lo imitaba, detrás de él.
- James… -le llamó Anne, finalmente.
- ¿Sí?
- Gracias.
El chico sonrió.
- De nada.
Unos minutos más tarde…
Rose miró ceñuda por encima de su taza de té mientras le daba un sorbo a la caliente infusión. No le gustaba en lo más mínimo lo que estaba viendo, pero además de disgustarle, le confundía. ¿Por qué esa chica Alyssa estaba hablando tan entusiasmada con Malfoy? Parecía incluso que se estaba haciendo la linda frente a él, sacudiendo el pelo exageradamente y sonriendo como tonta. ¿No se supone que le gustaba su primo? O al menos eso había creído ella en las tribunas. Desvió la mirada por el resto de la mesa, y vio que Albus se sentaba cerca de ellos. Mientras hablaba con una chica y un chico de segundo, según creía, vio como dirigía miradas furtivas hacia el rubio y a la chica del pelo color azabache.
- ¡ROSIE!
La chica salió de su ensimismamiento como si le hubieran tirado un balde de agua fría.
- ¿Qúe¿Por qué gritas? –Joss elevó una ceja.
- Porque te llamé diecisiete veces y no me respondías. ¿Vamos a clase?
- Ve tú, te alcanzo luego, es que tengo que pasar a devolver un libro.
- Como quieras, te guardo un asiento.
Una vez finalizado su desayuno, salió del comedor y esperó a que su primo saliera. Pero para su desgracia, Scorpius Malfoy y Alyssa Ogden salieron primero. Como era de esperar, el rubio no pasó indiferente.
- Veo que te peleaste con el peine. –comentó el chico a modo de saludo. Luego agregó pensativo. – Mejor dicho¿sabes lo que es un peine?
- Sí, lo sé, no te preocupes… ¿Tú sabes lo que es pensar? Porque es evidente que nunca lo has logrado –le contestó Rose, sin dejarse intimidar.
- Lo que es evidente es que nunca te has peinado –le dijo mordazmente el rubio.
- O al menos, no en los últimos años. –acotó Alyssa. Se estaba cobrando lo de la tribuna. "Ahí tienes por decir que me gusta Potter". Ambos chicos rieron, mientras Rose sentía sus mejillas enrojecer.
- Veo que conseguiste una tarada para que te festeje tus chistes. - "Ja, no me pienso quedar atrás, estúpida.", pensó la castaña. El rubio estaba por contestar, pero Alyssa le ganó de mano. Puso su sonrisa más burlona, y dijo lentamente:
- ¿Celosa, Weasley?
Un capítulo más largo para compensar la ausencia de actualizaciones… Ah, en cuanto a eso tengo varias cosas que decir. En primer lugar, mi vida está siendo afectada por dos de las peores cosas de este mundo, y puedo sintetizarlas en dos palabras: estudio y trabajo
Además, es terriblemente cómico que me llega una factura increíblemente abultada de teléfono e Internet…. pero NO TENGO NINGUNA DE LAS DOS COSAS!
Es increíble¿no?
Y por si fuera poco, hoy a la mañana había ido a actualizar….y resulta que en cambio de este capítulo, llevé el 22…
O sea… me meó un elefante de tamaño considerable. (Para los que no conocen el dicho, significa que tengo MUCHA mala suerte).
En fin, quiero agradecerles sus comentarios, más de 100! (en total, obvio, me llegan a dejar cien comentarios en un solo capítulo y en cinco segundos estoy en la morgue)
Espero sus opiniones de éste… Hasta pronto!
