Nota de Autora: Continuamos con la pornografía... Ahem... Quiero decir... Lemon.

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Capítulo XXV: ¿Sasuke pervertido? (Parte II).

Sasuke, con bastante pesadez y cansancio, se despertaba, siendo recibido por el cálido ambiente de los termales. En aquel lugar, una densa neblina cálida había inundado el interior de aquel volcán.

El moreno se sacudió sus hebras negras, para retirarse la arena de las mismas, las cuales se le pegaban y enmarañaban en su corta melena. Asímismo, se restregó su mirada para despertarse completamente, pero accidentalmente rosó la cabeza rosada de su princesa hada, quien gimoteó en reclamo.

— Perdón. No quería despertarte — se disculpó el pelinegro, depositando un beso sobre la cabeza de la ninfa — Si quieres puedes volver a dormir.

Sakura resopló, y se levantó un poco de su pecho, negando y tratando de espabilarse.

— Aunque quisiera hacerlo no podría — comentó la hermosa chica, quien abrió finalmente sus preciosas esmeraldas — De todos modos, ya hemos permanecido aquí mucho tiempo.

— Supongo que tienes razón — complementó el azabache.

Sasuke se reincorporó con la chica en brazos, quedando sentado en posición de loto, con la bonita hada sobre su regazo. El pelinegro acarició el bello rostro de su pequeña, quien lo cautivó con aquella hipnotizante sonrisa.

Por supuesto, Sakura ahora sabía que su querido Sasuke-kun no se podía resistir a ésas pequeñas muestras de ternura e inocente sensualidad. De hecho, lo sospechaba desde hace tiempo, cuando hacía la misma expresión de niña/mujer, y sonreía coqueta, mas no perdiendo su infantilidad, lo que provocaba en su amado que quedara embobado con sus sonrisas.

Ahora, la ninfa sabía que Sasuke no podía resistirse a su inocencia, y tenía en sus manos un arma con la cual dominar a ése semental macho alfa. Su pervertida amiga, Ino Yamanaka, o mejor conocida como la Cerda, tenía razón: El que un hombre sea más fuerte que una mujer no implicaba que las chicas no tuvieran sus "armas" secretas, con las cuales lograr que ellos cumplieran con todos sus caprichos.

Sakura soltó una risilla traviesa. ¡Oh sí! ¡Que bien se divertiría encantando y seduciendo a su dulce príncipe! Bastaría tan sólo aquellas sonrisas, junto con la inocente seducción erótica, de su parte para hacer que aquel increíblemente poderoso guerrero cayera a sus pies.

Tal vez sonaba bastante pervertido de parte de Sakura, y de hecho lo era. Incluso sería más propio de alguien como su rubia amiga, pero a diferencia de ella es que la princesa de Iridia únicamente lo usaría para encantar a su pelinegro, y provocarle que la desee poseer. Sería un juego que únicamente compartirían ellos dos.

Además, no tenía nada de malo sacar su lado pervertido con su amado príncipe. ¿O sí?

Sasuke, mientras tanto, enarcó una ceja, extrañado del porqué de las risas traviesas de la pelirrosada. Se preguntaba el porqué de la mofa de la heredera al trono del reino de las hadas.

— ¿De qué te estás riendo, Cerezo? — preguntó con curiosidad el azabache.

— No es nada, Sasu-chan — ronroneó inocentemente la ninfa.

Sakura sonrió para sus adentros, cuando notó que el príncipe del fuego se sonrojó levemente, señal de que sus encantos penetraban aquella barrera de rudeza en éste.

Sakura acarició aquel fornido torso con sus pequeñas manos, aún sin poder creer que tenía a semejante dios por amante. A pesar de que su cuerpo entero, desde sus extremidades hasta el rostro, estaba lleno de terribles cicatrices, las cuales implicaban brutales torturas y heridas de guerra, Sasuke no dejaba de ser sumamente atractivo.

Por supuesto, el Uchiha no era el estereotipo de un afeminado andrógino, ni mucho menos era lo que muchas mujeres jóvenes esperarían de un chico de su edad. Simple y sencillamente, porque Sasuke no era un niño lindo, pese a que su compañera, conocida como el Fénix Dorado, le gustaba hacer tanta mofa.

El Uchiha era un verdadero hombre, hecho y derecho. Un auténtico semental macho alfa, velludo y musculoso. Y Sakura lo prefería de ése modo, ya que si la pelirrosa algo detestaba en el género masculino eran los afeminados, y no porque fuesen homosexuales, ya que ella había conocido, de primera mano, hombres gays lo bastante varoniles para darle competencia al mejor de los guerreros, así como completos maricas heterosexuales, como uno de los ex-amantes de su amiga pelirrubia, del cual ni su nombre recordaba.

De cualquier manera, Sakura detestaba a ésa clase de "hombres", si es que así se les podía llegar a catalogar, porque, en definitiva, su apariencia y comportamiento no lo demostraban. Afortunadamente, su amado pelinegro era un verdadero hombre, en todo el sentido de la palabra, ya que no sólo no tenía aspecto de fémina, sino que aquel cuerpo de escultura, junto con su piel marcada en cicatrices, y aquella aura que emanaba masculinidad y poder, le hacían un dios entre los mortales.

Sin darse cuenta, ambos nuevamente comenzaron a besarse, y a acariciarse sus cuerpos. La pelirrosa fue la primera en soltar un agudo gemido, mientras que el moreno, por su parte, le "respondió" con un resoplido erótico, pero antes de que las cosas llegasen a más, la ojiesmeralda empujó levemente el pecho del pelinegro.

— Espera, Sasuke-kun — le pidió Sakura, con la voz entrecortada.

El azabache hizo caso omiso, y comenzó a acariciar los pechos de la ninfa.

— Sasuke-kun. Por favor, detente — le suplicó dulcemente la hermosa princesa hada.

— Tsk. ¿Qué sucede? — preguntó molesto el Uchiha, al haber sido interrumpido por la chica de cabellos exóticos.

— Ya lo hemos hecho muchas veces, y estoy sobresaturada de tu semen. Necesitamos tomar un baño, y continuar con la misión — le explicó Sakura a su novio.

— Hmp. Éso puede esperar.

Sasuke atrapó una vez mas sus labios, y comenzó a devorarlos. Sakura, inconscientemente, correspondió aquel posesivo y fogoso beso, pero su razón le hizo retraerse, y separarse de la boca de su querido príncipe, quien gruñió nuevamente por la interrupción.

— No, Sasuke-kun. No estamos de luna de miel. Venimos hasta aquí para retraer aquel pergamino. ¿Lo recuerdas? — le reprimió dulcemente la ninfa al moreno.

Sasuke bufó resignado, y se separó de aquella hermosa hada de cerezos, a quien levantó de sus nalgas, y la dejó de pie. A la princesa de las hadas, mas sin en cambo, se le hizo tierno aquella expresión que puso su pelinegro. Era como si a un niño le hubiese sido negada alguna golosina, por lo cual sonrió y lo estrechó entre sus brazos, para después ponerse de puntitas, y besarlo suavemente en su mentón, que era lo que Sakura apenas alcanzaba, gracias a la gran diferencia de estatura entre uno y otro. Pero antes de que se pudiera separar, Sasuke la atrapó de su cintura, y le plantó un húmedo beso en sus dulces labios, llevando otra vez al paraíso a la ninfa, mas se recompuso de inmediato.

— Sasuke-kun, te prometo que te lo compensaré después — le aseguró la princesa hada, con una sonrisa — Pero tenemos trabajo que hacer.

Sasuke soltó un monosílabo, seguido de aquel gesto altanero con sus labios.

— Bien — se resignó el aludido.

El moreno se separó completamente del pequeño cuerpo de Sakura, y se encaminó ante aquella cascada termal, donde se mojó su espesa cabellera.

— Entonces... — pronunció seductor el pelinegro, volviendo sus obsidianas a la chica, además de emitir aquella sonrisa que derretía a cualquier mujer, Sakura incluida — ... ¿Nos damos una ducha?

Sakura sonrió coqueta, y se dirigió a la posición del azabache, a la vez que contoneaba sus caderas, mientras se encaminaba hasta el mencionado, además de que mantenía aquella expresión de niña/mujer, que fácilmente abrumaba al pelinegro.

Sasuke sintió cómo se elevaba su temperatura corporal, y su pene se endurecía una vez más. La ninfa, por supuesto, se había percatado de ello, así que decidió seguir con aquel juego de inocencia y perversión, a sabiendas de que su chico no podía resistirse a sus encantos. Aquello le divertía a la Haruno, y la hacía sentirse tan sexy, y hasta cierto punto dominante.

Al menos en el área sexual, Sakura tenía su lado "oscuro". O mejor dicho, su hembra alfa, oculta bajo aquella capa de inocencia. Y lo mejor de todo, es que no necesitaba usar la violencia, para someter a su macho alfa, sino aquella sonrisa de infantil seducción.

Una delicada Hada de Cerezos, dominando a un poderoso Dragón Escarlata. La ironía era total. Quizá era cierto el dicho de que las hadas, eventualmente, lograban domesticar a los dragones.

Cuando Sakura llegó hasta aquella fuente de caída de agua semi-hirviente, se abrazó a su amado, aún manteniendo aquella sonrisa juguetona. La chica se alzó en puntitas, a la vez que su mano izquierda la usaba para agachar la cabeza de su amado pelinegro, al cual atrajo de la nuca, y le dio una lamida suave en los labios de éste, apenas rosando con la punta de la lengua su boca. Pero, igualmente, provocó que el Uchiha gimiera roncamente.

— ¿Pasa algo, Sasuke-kun? — preguntó inocentemente la bella hada, sonriendo cada vez más por el encantamiento que tenía sobre el temible dragón escarlata.

— No juegues con fuego, Cerezo. O podrías quemarte — enunció ronco y deseoso Sasuke, pero dentro de su trance aún era capaz de mostrar aquel soberbio gesto con sus labios.

No obstante, Sakura no pretendía escatimar en su acto de dominio.

— ¿Oh? ¿De verdad? — musitó seductora la ninfa, contra los labios de su pelinegro, a los cuales besó suavemente, mientras conectaba sus esmeraldas contra las obsidianas de su amante — ¿Será que realmente los Uchiha son tan ardientes, como su Clan tanto alude?

Ah, vaya. Sakura poniendo en duda su reputación. Pero el juego era de dos.

— Hmp. Nosotros no somos el Clan del Fuego sólo por el elemento que nos representa, sino porque somos dominantes y calientes en la cama. ¿Sabes? — argumentó el galante azabache, con absoluto orgullo, ampliando aquella sonrisa tan arrogante y engreída.

Sakura sabía que había entrado a territorio de guerra con sus seducciones. Pero, ¿Acaso aquel apuesto moreno realmente pretendía poder ganar contra una ninfa como ella, en el área de la seducción? Le daría una lección al someterlo a sus pies. A fin de cuentas, en ello se especializaban las Ninfae.

— Hmm...

La princesa de Iridia se colocó su dedo índice en su mentón, a la vez que ladeaba ligeramente su cabeza, y ponía una expresión tan aniñada que provocó un rubor en el príncipe del Clan del Fuego, quien apenas pudo disimularlo.

— ... ¿En serio? Nah. Yo creo que sólo es pura palabrería. De todos modos, mi novio no cumple con aquellos requisitos — objetó Sakura, con una inocente sonrisa.

Ohhh. Un golpe bajo.

Sasuke cambió su expresión egocéntrica a la de una de molestia, ya que habían pisoteado su orgullo, por lo que el moreno frunció su ceño, y fulminó a su pequeña con la mirada.

El Uchiha afianzó su agarre en la diminuta cintura de la pelirrosada, y la estrechó contra su musculoso cuerpo, pegando su pene contra la vagina de la hada. Aquello provocó que a Sakura se le escapara un gemido audible que a la vez sacó una sonrisa socarrona al ojinegro, elevándole el ego hasta más allá de los cielos.

— ¿Acaso me estás desafiando, Sakura? — enunció el arrogante Uchiha, con el tono más masculino y seductor que pudo hallar, digno de un dios del sexo.

Sakura sintió cómo una corriente eléctrica le recorría su columna vertebral, y cómo su vagina se empapaba de sus fluidos, mezclándose con el semen que inundaba el interior de su vagina. Pero, en definitiva, no iba a perder contra su chico, así que la ninfa usó todo su autocontrol, y le devolvió el mismo gesto anterior, cargado con su particular sensualidad de niña/mujer. Sakura sabía que aquello doblegaba a aquel supremamente egocéntrico hombre.

— Tal vez lo estoy haciendo, Sasu-chan — ronroneó la princesa de Iridia contra su boca, para después lamer, de nueva cuenta, aquellos labios ligeramente rasposos con la punta de su lengua.

El moreno apenas podía controlar sus instintos carnales, contra aquella diosa del sexo, pero no. Él era un Uchiha, y todo un semental macho alfa. En definitiva, no se rendiría tan fácil, así que tomó una bocanada de aire, y se relajó lo más que pudo.

— Ya veo. Pero, ¿Sabes algo, Cerezo?

El alto y apuesto pelinegro descendió sus manos a aquel respingón trasero de burbuja de su niña, y estrujó cada glúteo entre sus manos, con lo cual le arrancó un jadeo a la hermosa hada, lo que incrementó aún mas su orgullo de varón.

— Nosotros los Uchiha somos bestias indomables — comentó con infinito orgullo el príncipe del Clan del Fuego, sonriendo con tanta altanería que llegaría a molestar a cualquiera, exceptuando a la princesa de Iridia, quien mantenía su seductiva infantilidad.

— ¿Ah, sí? Tal vez lo sean con humanas regulares. Pero nosotras las ninfas nos especializamos en seducir hombres, Sasu-chan. No hay uno sólo que pueda resistirse a nuestros encantos. Y obviamente, tú no eres la excepción, amor — susurró con inocencia Sakura, depositando un pequeño beso en aquellos labios que tanto le gustaban.

Por su parte, el moreno apenas y tenía sus sentidos conscientes.

— ¿Y sabes por qué estoy tan segura de ello? Porque sé que no puedes resistir la tentación de tocarme — ronroneó la hermosa hada, para después besar, de nueva cuenta, los labios de su dulce príncipe.

"Maldición" pensó el pelinegro, sintiéndose débil ante la seductiva, pero a la vez, inocente coquetería de la princesa de las hadas.

Sasuke sintió cómo aquellos orbes esmeraldas, junto con ése bonito rostro, adornado por unos pómulos naturalmente rosados y pecosos, aunado a aquella tierna sonrisa de su pequeña, le hipnotizaban por completo.

Aún así, su espíritu de macho alfa salió a flote.

— Hmp. Claro que no. Debo informarte que la Dinastía Uchiha siempre se ha distinguido por ser de un temple de acero. Y en mi caso, soy simplemente impenetrable, además de ser un seductor por naturaleza — objetó el príncipe del mismo Clan, con el resto del orgullo que aún le quedaba, al mismo tiempo que comenzaba a restregar su pene contra la vagina de Sakura.

La ninfa no pudo evitar gemir ante aquel delicioso contacto. Aún así, la pelirrosa estaba decidida a triunfar, pues, después de todo, era una ninfa, y una encantadora de hombres por naturaleza.

— Oh. Ya lo creo, Sasuke-kun. Pero éso no funciona conmigo, mi dulce príncipe — ronroneó la pelirrosa, contra los labios del hombre que amaba.

La hada comenzó a succionar el labio inferior de su príncipe, y tomó en su mano izquierda el glande del pelinegro. Sakura utilizó sus dedos para acariciarlo, y juguetear el mismo con sus yemas.

Sasuke entrecerró los ojos, y gruñó por lo bajo, cuando los pequeños dedos de la ninfa tomaron la base de la cabeza de su pene, y comenzaron a estirar la misma, al igual que enterraba suavemente aquellas uñas perfectamente manicuradas. Aquella acción casi le hacen eyacular en la mano de la hermosa hada, pero usó toda su determinación para no hacerlo, además de apretar su ingle ante el inminente orgasmo. Y finalmente, con una bocanada de aire, se relajó, y ordenó a su cuerpo suspender el clímax.

Sakura se sorprendió ampliamente con el hecho de que Sasuke pudo retener su deseo, pero aquello no le impidió seguir torturando el cuerpo del pelinegro, así que continuó masturbando el enorme pene de éste. Sin embargo, Sakura no se esperaba que, igualmente, el ojinegro le devolvería el mismo gesto, dado que Sasuke acarició sus labios vaginales, e insertó sus dedos en la cavidad vaginal y anal de la ninfa, limpiando en el proceso su semen de ambos agujeros. Aquello, por supuesto, la estaba llevando al límite a Sakura, originándole sus propios suspiros, jadeos, y gemidos de placer, además de oscurecerle la mirada a la pelirrosa.

Al final, simplemente no pudieron contener su deseo, y ambos se dejaron llevar por el intenso deseo sexual que les asaltó a sus cuerpos, siendo Sasuke el primero en darse el atrevimiento de la iniciativa del acto sexual.

El moreno tomó de aquel trasero de burbuja entre sus manos, y con un firme agarre en el mismo levantó del suelo a la ninfa, y la pegó a su cuerpo, lo que forzó a Sakura a enredar sus brazos en el cuello de Sasuke, y sus piernas en las caderas de él, logrando con ello que sus sexos también se juntaran, e hicieran gemir a ambos.

Sasuke la llevó hasta el cálido muro de aquel volcán, y pegó la espalda de la chica contra la pared, atrapándola entre ésta y su propio cuerpo. Todo ello, mientras sus labios se fundían en un candente y erótico beso, donde sus lenguas batallaban por el dominio de una sobre la otra.

Sasuke movía sus caderas contra las de su Cerezo, mientras que restregaba su colosal pene contra la empapada vagina de Sakura. El Uchiha sentía lo mojada que la intimidad de su niña estaba, a causa de los fluidos de la chica. Igualmente, percibía su propio semen que escurría del interior del sexo de la ninfa, lo cual lubricó aún mas la intimidad de la pelirrosa. Sakura, por su cuenta, sencillamente ya no se contenía, y gemía audiblemente contra los labios de su amado Sasuke-kun.

Los pezones de Sakura, ahora endurecidos y erectos, igualmente se tallaban contra el fornido pecho del Uchiha, haciendo que el moreno gruñera ante aquella placentera sensación. Pero aquello no fue nada, en comparación, cuando Sasuke decidió levantar más el trasero de la chica, hasta que los bonitos pechos de la ninfa quedaran a la altura de su rostro.

Sakura, involuntariamente, gimió cuando se percató de las intenciones de su amado príncipe. Sasuke no se lo pensó dos veces, y atrapó uno de los pezones de la hada con su boca, a los cuales empezó a lamer, chupar, y succionar. Sasuke se amamantó como un bebé, y volvió loca a su hermosa princesa ninfa con ello.

La ninfa, en parte, se maldecía a sus adentros, por haber caído nuevamente en el juego de su amado príncipe, ya que, según ella, sólo quería provocarlo, pero jamás se esperó que ella misma caería en su propia trampa, y terminaría entregándose una vez más a su querido Sasuke-kun.

Aún así, ¿A quién quería engañar? Sakura lo deseaba tanto, como Sasuke a ella. Simplemente, le era imposible a la ninfa resistirse a la tentación hecha hombre, el cual era Sasuke Uchiha. Un ser tan masculino y poderoso, pero a la vez tan apuesto y seductor, factores que ninguna mujer podría siquiera resistir, ni aún un poco. La hada estaba segura de que terminaría tremendamente adolorida, y de que necesitaría varios días de reposo, tras haber hecho el amor como loca con su dulce príncipe, Sasuke-kun, pero al diablo con éso. Ya tendría tiempo de sobra para recuperarse; ahora lo único que le importaba era que Sasuke la hiciera sentir que realmente era de él.

Sasuke, mas sin en cambio, desde un principio quiso incentivar el libido en la hada de cerezos. Quería despertar el apetito sexual de Sakura, mediante las caricias en su cuerpo, así como los besos que constantemente había repartido en los labios de su princesa. Y ahora que la tenía en sus brazos le haría el amor, una y otra vez, pero no quería acelerarse como un animal, sino que el moreno quería estimular cada una de sus zonas erógenas, empezando por aquellos preciosos montes, que estaban coronados por esos botoncitos rosa pálido, a los cuales los estimulaba con su boca.

Sakura no se contenía, y gemía fuertemente. Sentía cómo su amado príncipe se amamantaba de sus senos, y cómo apretaba su trasero, a la vez que Sasuke restregaba su cara contra los pechos de ella. El azabache se enterraba entre el valle de aquellos preciosos senos, y volvía a succionar aquellos duros pezones, dejándolos hinchados y empapados de saliva.

De pronto, a Sakura se le ocurrió algo increíblemente obsceno y pervertido, pero que, sin duda, le fascinaría experimentar.

Sakura descendió su mano izquierda hasta su entrepierna, y comenzó a acariciarse la vulva, a la cual masajeó de arriba hacia abajo, aumentando su propio placer, pero, en una de ésas, ingresó dos de sus propios dedos dentro de su vagina, y la ninfa se masturbó. La chica metía y sacaba sus dedos, como si fuese el pene del azabache. Obviamente, no se podría comparar en la sensación y placer que le provocaba aquel colosal pene de Sasuke, el cual le abría su vagina con el glande, y llegaba hasta el fondo de ella, pero la estimulación dio el resultado que ella esperaba, cuando sus fluidos vaginales, en poco tiempo, empaparon su estrecha vagina.

La ninfa entonces delineó con sus dedos el contorno de sus paredes vaginales, y los barnizó con sus cálidos fluidos. Sakura extrajo sus dedos de su intimidad, y los observó unos segundos. La ninfa separó ligeramente sus dedos anular y corazón, a los cuales, cuando se distanciaban, un hilillo de aquellos jugos vaginales los puenteaba, lo que la hizo sonreír pervertida y traviesa. Con su mano derecha, Sakura levantó la cabeza de su amado, forzando a éste a mirarla, y con la yema de sus dedos, la princesa hada contorneó los ligeramente ásperos labios del Uchiha. Posteriormente, la ninfa usó sus índice y medio de su diestra, para abrir aquella boca de Sasuke, y depositar sus dedos opuestos de su mano zurda, empapados de sus fluidos vaginales, mientras que el moreno los recibía gustoso. La princesa de Iridia sintió como su excitación aumentó, cuando el pelinegro limpió completamente sus dedos.

A Sasuke se le oscureció la mirada, cuando probó de nueva cuenta aquellos fluidos, al igual que su sangre le hervía, y su temperatura corporal se disparaba. Igualmente, su presión arterial se elevó, y hacía que su corazón comenzara a bombear con rapidez, indicando que había llegado a su libido.

Sakura repitió la acción de masturbarse, por lo cual contorneó sus paredes vaginales, y extrajo aquellos espesos fluidos vaginales, con los cuales la ninfa volvió a alimentar a su amado príncipe. Sasuke ahora se dedicaba a dejar que su hermosa princesa hada le diera de comer de su vagina, por lo que eliminaba todo residuo de los jugos de Sakura de sus dedos.

La princesa hada sonrió seductoramente, y con ambas manos, forzó a abrir los labios de su chico, mientras que de su propia boca un cúmulo de espesa saliva empezó a escurrirse. La saliva de Sakura terminó en la boca de su amado pelinegro, quien engullió aquel espeso líquido. La ninfa sonrió, y acercó como pudo su boca a la de su chico, a quien besó pasionalmente, aún percibiendo su propio sabor de sus fluidos íntimos en los labios del Uchiha, lo que, sinceramente, le importaba un carajo.

Tras repetir aquel juego, de alimentarse de los fluidos vaginales de Sakura unas cuantas veces más, Sasuke volvió a sus pechos, a los cuales torturó unos cuantos minutos más, mediante sus succiones y chupetones. Pero aquello ya no les satisfacía a ambos, quienes querían ya tener acto carnal, así que el Uchiha volvió a descender un poco las caderas de la pelirrosa, logrando conectar externamente su pene con la vagina de la princesa que tanto amaba. Sasuke restregó su tronco contra aquellos húmedos pliegues, lubricándose a sí mismo con sus fluidos, y preparándose para el evento final.

Eventualmente, Sasuke reposicionó su glande en la cavidad vaginal de la ninfa de cabellos rosados, a la vez que jadeaba cuando sintió cómo lo ingresaba poco a poco dentro de la vagina de la princesa hada, la cual arqueaba la espalda al sentir que su amado se enterraba lentamente. Sakura, incluso, tuvo que morderse el labio, para evitar demandarle al pelinegro que se la metiera de una sola vez. Aún así, la estrecha vagina de la hada aún no lograba acostumbrarse al enorme pene de su querido príncipe, y por más que quisiera que su príncipe se enterrara bruscamente, necesitaba que éste la penetrara con delicadeza, todo con el fin de que poco a poco su pequeña vagina se adaptara a su colosal miembro.

Finalmente, Sasuke dio un último empujón, y se adentró hasta el fondo, tocando con la punta de su pene la entrada del útero de su niña. La hada, lógicamente, soltó un estruendoso gemido, ante tan potente sensación de gozo, además de que, inconscientemente, Sakura apretó con su vagina el colosal miembro del azabache, mediante lo cual logró que éste gruñera, al sentir cómo su pene estaba siendo estrujado por aquellas cálidas y empapadas paredes vaginales.

Sakura, por supuesto, llegó al orgasmo con tan sólo la inserción de aquel monstruoso pene del pelinegro. Sasuke sonrió orgulloso, por tener ésa clase de poder sobre el pequeño cuerpo de su niña, la cual no podía ni abrir los ojos, por tan fuertes sensaciones.

— Vaya. Sí que estabas excitada. ¿Huh? — declaró el moreno, con una sonrisa altanera, haciendo bufar a la pelirrosa — ¿Dónde quedó entonces lo de "Las ninfas nos especializamos en seducir hombres"? — se burló.

— Cállate. Tú tienes la culpa por provocarme — objetó la ojiesmeralda, con un poco de dificultad, a causa de su fuerte orgasmo.

Entretanto, Sasuke se reía levemente.

— Lo sé. Y me fascina ver tu rostro cuando te meto mi pene — dijo el Uchiha con total naturalidad, pese a la indecencia de su comentario.

No obstante, Sakura bufó, y se cubrió su rostro.

— ¿Algún día dejarás de ser un completo pervertido? — endilgó la pelirrosa, quien separó sus pequeñas manos de su rostro, y fulminó al pelinegro con su mirada.

Sasuke sonrió cínicamente, y se encogió de hombros.

— No puedo. Mi chica es una belleza.

Sakura también sonrió ante aquel comentario. Lo cierto es que a ella le encantaba el que su amado no sólo la hallara atractiva, sino el que su propio cuerpo le provocara excitación al príncipe del Clan del Fuego le incrementaba su propio orgullo femenino, sobre todo porque ella era la única capaz de despertar deseos sexuales en aquel impasivo pelinegro. Algo que, presuntamente, ninguna otra mujer lo había logrado, ni siquiera la increíblemente sensual y seductora Ino Yamanaka, a veces apodada "Afrodita", por su capacidad de conseguir cualquier hombre o mujer que ella desease.

El acto carnal continuó, siendo ésta vez Sakura quien atrapó los labios de su amado, y quien succionó sus labios con intensidad, con lo cual volvió a encender la hoguera de la pasión, y a avivar las brasas del placer. Sasuke correspondió los húmedos besos de su pequeña, y de nueva cuenta el Uchiha comenzó a frotarse contra las paredes vaginales de la ninfa, extrayéndole sonoros gemidos. El azabache además sintió los arañazos en su espalda, lo que hizo que él suspirara complacido.

La ojiesmeralda lamía los labios del azabache, y los mordía con algo de fuerza. Y mediante ello, le sacó un poco de sangre, la cual lamió de inmediato. Sakura cicatrizó la pequeña herida al instante, cuando pasó su lengua por ella, cortesía de su saliva que poseía cualidades sanadoras, por lo que la Haruno repitió el mismo proceso, una y otra vez, arrancando gruñidos sonoros del moreno.

Eventualmente, tanto Sasuke como Sakura sentían cómo un nuevo orgasmo se aproximaba, pero el chico se detuvo antes de que culminaran, y salió completamente de ella, esperando a que ambos se relajaran un poco, y que la vagina de la ojiesmeralda se cerrara. La hada estuvo a punto de reclamar, si no fuera por el hecho de que su amado reposicionó su pene en la entrada de la vagina de ella, así que Sakura suspiró excitada, y se aferró al cuello de su novio. La princesa de Iridia aferró aún mas sus piernas en la cintura de su chico, y le dio mayor acceso a su amado a su sexo, cosa que Sasuke no desaprovechó.

De una sola estocada, Sasuke enterró su pene hasta el fondo de la vagina de su niña, ante lo cual la chica de cabellos exóticos gritó extasiada, por aquel enorme miembro en su interior. La ninfa se preguntaba si algún día su intimidad podría acostumbrarse a ése monstruo de miembro, el cual adornaba la entrepierna de su querido Sasuke-kun.

Quizá no. Pero la práctica hacía a la maestra. ¿Cierto?

Sasuke no perdió su tiempo, y comenzó con las embestidas a la vagina de Sakura. El azabache frotó su colosal pene contra las paredes vaginales de la Haruno, y soltaba bufidos al palpar con su enorme miembro aquellos empapados muros que le aprisionaban tan deliciosamente. El Uchiha, en definitiva, amaba todo de la princesa de Iridia. Desde su forma de ser, hasta aquel pequeño pero sensual cuerpo, que le hacía perder la razón.

El moreno inclinó levemente el cuerpo de Sakura, para tener acceso a sus preciosos senos. Los pechos de la ninfa, a ésas alturas, tenían los pezones endurecidos y muy erectos, como si le invitaran a la boca de Sasuke a atraparlos, y juguetear con ellos una vez más. Lógicamente, el azabache no lo pensó dos veces, y de inmediato, atrapó aquellos botoncitos de la ninfa, a los que les dio una similar tortura a la que los había sometido hace unos minutos, entre succiones, lamidas, y chupetones. Todo ello, mientras Sakura enterraba sus manos en los densos cabellos de su amado, a los cuales los estiraba en un puñado. La princesa hada apegó la cabeza del azabache a su propio pecho, recargando su propio mentón sobre la cabeza de su chico.

Sasuke llevó el control absoluto de las embestidas, levantando con sus brazos la cintura de la princesa hada, y arremetiendo con ímpetu contra ella. Mas sin en cambio, el moreno no lo hacía con violencia o velocidad, sino que acompasaba las penetraciones en un ritmo lento y profundo. En ocasiones, Sasuke salía completamente de la dilatada vagina de su princesa hada, y se enterraba de una sola estocada dentro de la misma, ante lo cual Sakura sólo podía retorcerse del terrible placer que le asaltaba el cuerpo.

La ninfa, queriendo también participar en el acto carnal, comenzó a mover sus caderas junto con las del moreno, acción con la cual incrementó el placer en ambos, y los llevó a un nuevo nivel de excitación. Igualmente, Sakura sintió cómo el glande de Sasuke chocaba constantemente contra su cérvix.

Sasuke finalmente optó por soltar aquellos senos de su niña, y decidió que quería devorar sus labios durante todo el acto carnal, así que descendió un poco las caderas de la ninfa, y la abrazó contra su cuerpo, mientras aún mantenía sus embestidas profundas y parsimoniosas. Sakura, por su parte, volvió a amarrar sus brazos en el cuello de su chico, y unió, de inmediato, sus enrojecidos e hinchados labios con los del Uchiha. Mientras tanto, la vagina de la hada constantemente recibía con gusto cada una de las estocadas de aquel monstruoso pene de Sasuke que Sakura tanto amaba. Aquel que llamaba su segundo amor.

Los gemidos y gruñidos de gozo retumbaban dentro de aquellas termales, los cuales, por suerte, eran opacados por el torrentoso sonido de la cascada de agua que caía en dirección a los estanques. O de lo contrario, se escucharían a varios metros de donde Sasuke y Sakura hacían el amor como locos, perdidamente enamorados uno del otro. Aunque, por otro lado, en realidad no había una sola alma dentro de aquel hermoso jardín, misma razón por la cual tanto Sasuke como Sakura no se recataban, y simplemente dejaban salir aquellos eróticos sonidos de sus gargantas.

— Hah... Ahhh... Sasuke-kun... — articulaba con dificultad la princesa de las hadas.

Sakura sentía cómo el pene de su príncipe entraba y salía de ella, friccionándose tan placenteramente que su consciencia se había nublado. La hada no podía percibir otra cosa, que no fueran los labios de su amado, los musculosos brazos de él enredados en su cintura, su cuerpo pegado al de ella, y el enorme pene de su querido Sasuke-kun atacando su vagina.

— Sakura... Dios... Me vuelves loco — pronunció ronco el Uchiha, cuando instintivamente la ninfa apretaba su ingle, y aprisionaba suavemente su miembro, lo cual era como un masaje a su enorme pene.

Poco a poco, las embestidas fueron llevándolos a su orgasmo, razón por la cual Sasuke pausó unos momentos, e intentó regular su respiración, así como buscaba el disminuir su excitación, pero el que Sakura aún apretara con sus paredes vaginales su pene, en definitiva, no le hacía fácil el trabajo.

La princesa de Iridia, por otra parte, no quería que él se detuviera, así que ella misma movió sus caderas, ordenándole con aquel sensual movimiento que continuara embistiéndola. El Uchiha obedeció el silencioso mandato de su pequeña, y reanudó sus penetraciones, aunque ésta vez llevó un ritmo más lento del regular, con el fin de prolongar lo más que podía su excitación.

Pero en una de las tantas penetraciones, Sasuke sacó completamente su pene del cuerpo de Sakura, y lo colocó en la entrada del ano de su niña, en el cual lo enterró de una sola vez, aunque lentamente. La cavidad rectal de la ninfa, sin embargo, se dilató de inmediato, ansiosa de recibir ése enorme y ancho trozo de verga que tanto le encantaba devorar con su recto. La dilatación de las paredes anales lograron que la bonita hada pelirrosa pujara fuertemente, al recibir el enorme pene de su amado en el interior de su ano, el cual llegó hasta su intestino.

El azabache inició las acometidas contra el recto de Sakura. Incluso, el moreno sintió aún más presión alrededor de su gigantesco miembro que en la vagina de la chica. La ninfa ahora ya había perdido todos sus sentidos de orientación, y únicamente percibía intensas olas de placer, cortesía de las penetraciones del pene de su amado. Durante el acto carnal, sus bocas jamás se separaban, sino que se fundían junto con sus lenguas, las cuales bregaban sobre el dominio contra la otra. Sakura, ocasionalmente, acumulaba un poco de saliva en su boca, y se la pasaba a la de su querido príncipe, el cual la ingería completamente.

Como solía acostumbrar, Sasuke bajó sus manos a las redondas nalgas de la ninfa, a las cuales las apretó y las amasó con un ritmo marcado, abriendo las mismas para que su pene entrara con mayor profundidad dentro del ano de su Cerezo. Y al igual que hizo con la penetración vaginal, el Uchiha salió completamente de su recto, al cual mantuvo dilatado al usar sus manos para estirar los glúteos de la hada.

El ano de Sakura estaba abierto al menos unos seis centímetros de diámetro. Y si Sasuke se hubiese agachado a examinar, hubiese tenido una increíblemente erótica visión de aquel tejido mucoso color rosa pálido que eran las paredes de la cavidad anal de la ninfa. Incluso, el recto de la princesa hada estaba lubricado por los restos de semen que había depositado el día de ayer Sasuke, y que, igualmente, se escurría constantemente, cuando el moreno dejó dilatado el ano de su niña. No obstante, el pelinegro se separó de la boca de su princesa, y dirigió su mirada hacia abajo, donde contempló, con una sonrisa torcida, el cómo su esperma salía de aquel ano dilatado. El semen de Sasuke chorreaba a través del esfínter rectal de Sakura, y caía al suelo.

— Hmm... Veo que tu ano aún está inundado de mi semen — dijo con total calma el azabache, mientras que la hermosa hada se sonrojaba intensamente — Dejaré que salga un poco, y te volveré a llenar con una nueva y fresca carga. Voy a inundarte de tanto esperma, que vas a quedar completamente congestionada — afirmó, ampliando su sonrisa ladina, e increíblemente pervertida — De hecho, vas a parecer expendedora de semen, cuando eyacule todo mi semen dentro de tu ano.

— ¡Sasuke-kun! — vociferó en recriminación la princesa hada, fulminando con sus orbes esmeralda al pelinegro.

El Uchiha rió estruendosamente, con la preciada reacción de su niña.

— ¡Oh! ¡Eres tan linda, Cerezo! — exclamó entre carcajadas Sasuke, a expensas de la chica.

— ¡Y tú eres un depravado! — bramó enojada la ninfa monarca.

Lejos de sentirse ofendido, el Uchiha rió aún mas fuerte. Y no paró, sino hasta que Sakura enterró sus manos en el cabello de él, y lo jaloneó con todas sus fuerzas, provocando un agudo dolor al cuero cabelludo del ojinegro. Sasuke se quejó, y frunció su entrecejo, notoriamente molesto.

— ¡¿Por qué hiciste éso?! — le reclamó el príncipe de cabellos negros, quien entrecerró sus ojos, por el ardor en su cabeza.

— ¡Y todavía tienes el cinismo de preguntarlo, pervertido! — rugió la chica.

Pero Sasuke se volvió a reír, con lo cual logró que Sakura se enojara aún mas, y volviera a tirar de su cabello. El Uchiha se quejó nuevamente, pero atrapó los labios de la ninfa, y se fundió en ellos, ante lo cual Sakura se rindió completamente, y devolvió la caricia con su boca.

Sasuke, sin aviso alguno, volvió a enterrarse en el ano rosa pálido de la princesa de Iridia. La hada ahogó un sonoro gemido en los labios de su dulce príncipe, cuando éste llegó hasta su intestino. Las embestidas eran lentas, pero a la vez lo eran hondas, por lo que el útero de Sakura fue fácilmente estimulado a través del coito anal. La hada ni siquiera podía emitir gemidos, sino que se limitaban a pujidos de intenso placer, a la vez que su cuerpo se contorsionaba ante aquellas penetraciones que recibía en su recto, por parte de Sasuke.

Sasuke, igualmente, apenas podía controlar su excitación, ya que, a pesar de poseer mayor condición física que su pequeña, al percibir cómo aquellas suaves paredes anales se frotaban contra todo su pene, desde el glande hasta la parte más baja del tronco, le dificultaba el poder retardar su inminente orgasmo, lo que le forzaba a apretar su ingle para contener aquel semen, el cual amenazaba con dispararse de la cabeza de su miembro. Además de todo, Sakura apretaba sus paredes rectales alrededor del pene de su amado, complicándole aún mas el tener que aplazar su clímax al moreno, y tal parecía que la hada quería llegar al orgasmo cuanto antes. Aún así, Sasuke pudo lograr su cometido, y prolongó las estocadas contra el ano de la ninfa, volviendo loca a ésta.

Sakura devolvía mecánicamente los posesivos y demandantes besos que le proporcionada su amado príncipe. Éste último se las ingenió para dirigir su mano a la vagina de la hermosa hada, donde inició la masturbación a su clítoris y cavidad vaginal, y de igual manera, la acompasó con las penetraciones al ano de su Cerezo, mediante lo cual llevó a su princesa a un nuevo nivel de excitación carnal. Aunque aquello también tenía como efecto secundario el que el placer que le provocaba el Uchiha al cuerpo de Sakura era demasiado fuerte, lo que le provocaba a la ninfa que llegara cada vez más rápido al clímax.

Al cabo de unos segundos, el inminente orgasmo de la hermosa hada comenzó. Sakura sintió cómo la temperatura de su cuerpo se elevaba de golpe, así como el cosquilleo, en toda su figura, comenzaba a descender hacia la parte baja de su anatomía, provocando que su suave ano se estrujara fuertemente contra aquel enorme pene que aún acometía contra su cavidad rectal. Sakura soltó un estruendoso grito cuando el glande de Sasuke tocó su intestino, y le hizo explotar en un potente orgasmo. La vagina de la ninfa expidió sus propios fluidos que escurrían como un río, al igual que los restos del esperma de su querido Sasuke-kun, el cual su amado príncipe había depositado la noche anterior. Ambos escurrieron como un torrente del interior de su vagina.

Sasuke, cuando sintió cómo el ano de Sakura se apretaba alrededor de su pene, no se pudo contener más. Y con un atronador rugido grave, Sasuke llegó a su propio orgasmo, en el cual el moreno eyaculó cantidades industriales de semen, que inundó por completo el pequeño y apretado ano de su niña.

Sakura sintió cómo el cálido y espeso esperma de su amado príncipe retacaba el interior de su recto. El semen de Sasuke llegó hasta su intestino delgado, e incluso casi hasta su estómago, haciéndola sentirse tan llena de aquel pegajoso y caliente líquido. El denso esperma del Uchiha, ahora que no cabía dentro de la hermosa hada, comenzaba a desbordarse del ano de la princesa ninfa. Sakura tenía una sensación como si hubiese bebido exageradas cantidades de agua, y se hubiese alojado toda en su vientre.

Definitivamente, parecería una expendedora de esperma. Tal y como su amado príncipe lo había pronosticado.

— Dios... Estoy sobresaturada de tanto semen — musitó avergonzada la princesa de las hadas, con lo cual le sacó una sonrisa altanera al azabache.

— Te lo dije, Cerezo. Te iba a inundar de mi esperma, hasta que ya no cupiera dentro de ti — proclamó orgulloso Sasuke, aún lanzando disparos de semen dentro del ano de su niña.

— Santo cielo... ¿Cómo es posible que eyacules tanto? — inquirió la chica, con la voz ahogada en gemidos, ya que, a pesar de sentirse llena de tanto esperma, Sakura aún podía percibir cada uno de los chorros que expedía el pene de Sasuke, en el interior de su recto.

— Soy un Uchiha — enunció ronco el azabache, para después devorar los labios de su pequeña, mientras continuaba expulsando su semen dentro del ano de su Cerezo.

Al cabo de algunos segundos, finalmente Sasuke terminó de vaciar completamente el esperma de sus enormes testículos, dentro del ano de Sakura, de la cual separó su boca, en un hilillo de saliva que puenteaba sus lenguas; saliva que el último de los Uchiha engullió con gusto. Y después, el azabache plantó un último beso de pico en los rosados e hinchados labios de la ninfa.

Sakura abrió poco a poco sus ojos esmeralda, y los conectó con las obsidianas de su dulce príncipe, a la vez que intentaba regular su errática respiración. De no ser por el hecho de que Sasuke la sostenía de su trasero de burbuja, la princesa hada se hubiese desplomado al suelo, ya que no sentía sus extremidades, además de haber perdido todas las fuerzas y energías. La princesa de Iridia, a duras penas, conservaba las suficientes para mantenerse consciente.

La ninfa y el Uchiha compartieron unos últimos besos, caricias, y mimos. Hasta que, finalmente, Sasuke extrajo su monstruoso pene del dilatado ano de su hermosa princesa hada. Y al hacerlo, el semen del azabache cayó del recto de Sakura como una cascada, en un grueso torrente de aquel blanquecino, cálido, y espeso fluido.

El amado príncipe de la hada de cerezos entonces colocó su pequeño cuerpo de pie en el suelo, y después Sasuke abrazó de la cintura a su niña para evitar que se precipitara al piso. Mientras tanto, la princesa de Iridia enredaba sus brazos alrededor de la musculosa espalda de su apuesto pelinegro, al igual que reposaba de lado su cabecita en el poderoso torso de su querido Sasuke-kun. El aludido acarició suavemente su pequeña cintura, a la vez que le daba suaves besos en el cabello de su princesa.

— Wow... — musitó la pelirrosa, dulcemente — ¿Seguro que eras virgen, Sasuke-kun?

— ¿Por qué lo dudas, Cerezo? — inquirió con una ceja alzada el moreno.

— Es que... Dios... Eres increíble. Me haces el amor de una manera que me vuelves loca — susurró Sakura, con su voz agotada.

Y obviamente, no era para menos, ya que había compartido una intensa sesión de sexo con su querido príncipe.

El aludido sonrió suavemente, y la estrechó contra su cuerpo.

— Créeme, pequeña. Nunca he tenido relaciones con ninguna otra, y ni las tendría. Porque te amo sólo a ti, Sakura — declaró con cariño el pelinegro, con lo cual hizo sonreír tiernamente a la ninfa.

— Yo también te amo, mi dulce príncipe. Y tampoco lo haría con otro que no seas tú. Ya que tú eres el amor de mi vida, y el único que tiene derecho a tocarme — musitó dulcemente Sakura.

Sasuke selló sus labios con los de su preciosa princesa hada. Pero ésta vez, no había perversión, ni lujuria en ello, sino que quería que la chica sintiera cuánto la amaba, cosa que, obviamente, la ninfa de cabellos rosados percibió, y se abrazó a su amado, correspondiendo el gesto amoroso de sus bocas.

Tanto el Uchiha como la Haruno se limitaron a simples besos y caricias, no queriendo ir más allá y caer en la tentación de hacerlo una vez más. Sobretodo en el caso de Sakura, ya que se hallaba sumamente agotada y adolorida. De lo contrario, la ninfa dejaría que su conciencia se fuera al diablo, y permitiría que su querido Sasuke-kun la penetrara una y otra vez, hasta que ella desfalleciera. Lamentablemente, el pequeño cuerpo de la princesa de las hadas tenía un límite, y ahora le dolía absolutamente todo. Sus pezones le escocían, y tanto su vagina como su ano parecían como si tuviesen una brasa insertada en ellos.

Irónicamente, éso no impidió para que las hormonas de la hada se le dispararan, ni para que Sakura terminara haciendo el amor una vez más con su Sasuke-kun, contra aquel cálido y calizo muro, locamente enamorada de su querido príncipe.

El moreno, igualmente, se embelesaba al escuchar aquellos dulces y pasionales gemidos de su niña, los cuales le motivaban a continuar embistiéndole la vagina y ano con su enorme pene. Pero ahora, Sasuke lo hacía aún más calmado de lo que acostumbraba hacerlo, queriendo prolongar lo más que podía el orgasmo en su pequeña.

Un par de horas después, finalmente Sakura se estaba bañando. La ninfa trataba de retirarse lo más que podía las industriales cantidades de semen, el cual su hombre había depositado en su vagina y su ano. Aún no podía creerse cómo es que Sasuke tenía tanta estamina, ya que el moreno se encontraba como sin nada, mientras que ella sentía que le habían dado una paliza durante días seguidos. Pero aún más sorprendente era el hecho de que su querido príncipe pudiera expulsar aquellas cantidades tan exorbitantes de esperma.

Definitivamente, Sasuke parecía un verdadero semental. Un semental macho alfa, musculoso y velludo, literalmente hablando.

La pelirrosa salió de sus pensamientos, y respingó un poco, además de ahogar un gritillo, cuando sintió las manos de su querido príncipe acariciar su cintura. Igualmente, Sasuke depositaba suaves, pero húmedos, besos en su blanquecino cuello, junto con el hecho de que Sakura podía sentir su enorme y musculoso cuerpo pegado al diminuto y frágil de ella.

La ninfa comenzó a jadear, cuando las manos del Uchiha empezaron con eróticas caricias a sus senos y su vagina. Algo que, si bien le fascinaba cuando hacían el amor, ahora mismo le incomodaba un poco, debido al entumecimiento de su figura.

¡Santo cielo! ¡¿Acaso aquel hombre no se saciaba de su apetito sexual?!

— Sasuke-kun... Por favor... Basta — suplicó en un susurro la pelirrosa — Ya no puedo más. Me duele todo el cuerpo, además de que mi vagina y mi ano me arden.

Lógicamente, el azabache no era un bruto, así que se separó suavemente. No obstante, soltó un resoplido de molestia, pues él quería seguirle haciendo el amor a su niña, una y otra vez.

— Está bien — contestó el moreno, con el tono de un niño regañado.

Aquel ademán se le hizo muy tierno a la hada de cerezos, ya que era algo tan impropio de un poderoso guerrero como lo era Sasuke Uchiha. La chica no pudo evitar abrasarle, y pegar su pequeño y frágil cuerpo al torso del moreno, para después darle un pequeño beso en los ligeramente ásperos labios de su príncipe.

— Sasu-chan. Ya lo hemos hecho muchas veces, y necesito un descanso — expresó la bonita ninfa tiernamente, mientras le observaba con aquellos magníficos esmeraldas que brillaban con vida propia — Pero te prometo que voy a compensarte. Sólo déjame descansar un poco.

Sasuke, simplemente, no se podía resistir cuando Sakura le pedía algo, especialmente con aquella mirada de niña dulce, así que exhaló suavemente, y asintió con su cabeza. A continuación, abrazó el pequeño cuerpo de la princesa de Iridia, y besó aquellos labios sabor cereza, los cuales estaban sumamente hinchados, pero aún lucían apetecibles.

El pelinegro, tras unos segundos, finalmente se separó, y abrió los ojos al mismo tiempo que la ojiesmeralda, a la cual le sonrió suavemente. El Uchiha entonces retiró sus brazos musculosos de la estrecha cintura de Sakura.

— De acuerdo. Pero el día de mañana no te me vas a escapar — afirmó el pelinegro, totalmente altanero, y con aquella sonrisa soberbia, para después besar rápidamente la boca de Sakura.

La princesa hada se quedó con los ojos bien abiertos.

— ¿Estás bromeando, cierto? — endilgó la ninfa, con los ojos como platos.

— ¿Te parece que esté bromeando? — replicó el Uchiha, con aquella cínica sonrisa, la cual estaba empezando a irritar a la pelirrosa.

Sasuke, definitivamente, no podía estar hablando en serio. Es decir, ¡Ella necesitaría al menos una semana para poder recuperarse de toda la intensa actividad sexual que compartió con el príncipe de los Uchiha! No había modo de que su cuerpo se recuperase en tan sólo una noche.

Sakura suspiró, tratando de olvidarse de todo éso. Al fin y al cabo, ella decidía si quería hacerlo o no. Siempre y cuando Sasuke no usara aquel encanto masculino, que naturalmente poseía, y que la "sometía" a su voluntad.

Tal vez Sakura tendría que trabajar bastante el área sexual, para lograr dominar sus impulsos. Sabía que terminaría cediendo, de todos modos.

— Como sea. Será mejor que nos vistamos — concluyó la ojiesmeralda, hastiada.

Sasuke sonrió para sus adentros, ya que, si lo hacía audiblemente, seguramente acabaría con la poca paciencia que, en aquellos momentos, poseía la princesa de las hadas, lo que le provocaría un fuerte golpe en el estómago, o un buen jalón de cabellos, así que desistió de hacer algún comentario burlón.

El pelinegro se había terminado de colocar su remera sin mangas, como su pantalón y botas, y estaba enredándose su Sanjiegun en la espalda baja, así como su cuchillo de combate a un costado de su cintura. Sakura, por su parte, se hallaba un poco desesperada de no poder encontrar sus prendas íntimas, las cuales vestía bajo aquel largo vestido estilo griego color aqua claro. La chica había incluso sacudido aquella vestimenta aqua, en esperanzas de poder hallar sus bragas, y su sujetador tonalidad rosa pálido, pero sin éxito alguno. Sakura se exasperó, y miró a todas partes, tratando de hallar su ropa interior, hasta que se topó con el cuerpo de su amado.

— Sasuke-kun — le llamó la pelirrosa.

El moreno volvió su mirada a la ninfa.

— ¿Qué pasa?

— ¿Por casualidad no has visto mi ropa interior? — le preguntó esperanzada la chica.

— Por supuesto — dijo el Uchiha calmadamente.

— ¿En serio? — exclamó Sakura alegre, ya que se estaba empezando a frustrar.

— Sí. Y ha sido lo más excitante que mis ojos han tenido el gusto de presenciar — bromeó el moreno — Solamente segundo de tu vagina y ano, por supuesto.

La ninfa se golpeó la frente con su mano. Debía de haber sabido que Sasuke saldría con alguna ocurrencia.

— Estoy hablando en serio, Sasuke.

La chica alzó la voz notoriamente, dando a entender que no estaba para juegos.

— De acuerdo. Lo siento. Pero no. No he visto tu ropa interior — afirmó el príncipe guerrero — ¿No la habrás olvidado en el jardín?

— No. Estoy segura de que la traje, junto con el resto de las cosas — aseguró la ninfa.

Justo en ése momento, Sakura se percató de un detalle que pasó por alto: La mirada traviesa de Sasuke. Sus oscuras obsidianas tenía un brillo de diversión, como aquel que los niños demostraban cuando habían hecho una diablura. Aquello, obviamente, se le hizo sumamente sospechoso a la princesa de las hadas, y ante lo cual entrecerró sus ojos. La ninfa de cabellos rosados se acercó amenazadora al príncipe del Clan del Fuego, y se le quedó viendo a aquel par de obsidianas con su mirada inquisidora.

— Sasuke-kun — pronunció algo tétrica la Haruno.

— ¿Qué?

Curiosamente, el mencionado se mantuvo estoico, ante aquella mirada y tono de voz, lo cual amedrentaría hasta el más rudo.

— ¿Será acaso que sabes dónde está mi ropa interior? — cuestionó la chica, con un tono amenazador, pero ahora cruzaba sus brazos frente a su pecho.

Sasuke, sin embargo, negó con la cabeza, lo cual le habría dado credibilidad, si es que aún no conservara aquel brillo en sus profundas pupilas.

— ¿Ah, sí? Mírame a los ojos — le ordenó la princesa hada, apuntando con sus dedos índice y corazón a sus propios esmeraldas — Dime que realmente no sabes dónde está mi ropa interior.

Sasuke obedeció la orden, y se encogió de hombros.

— Ya te lo dije. Además, ¿Por qué razón tendría que saber yo? Se supone que son tus cosas — se excusó el moreno.

No obstante, Sakura no creía una sola palabra, porque tantos sus obsidianas, como su aura, lo delataban enteramente.

— ¡Por supuesto que lo sabes! ¡Lo puedo ver en tus ojos! — aseveró la pelirrosa, quien se acercó aún mas al chico, hasta quedar a un par de metros — ¡¿Dónde está?! — cuestionó con autoridad.

— ¿Qué cosa? — inquirió inocentemente Sasuke.

— ¡No te hagas el tonto! ¡¿Dónde están mis bragas y mi sujetador?! — demandó la ninfa.

— ¡Ah! ¡Éso! ¡Lo hubieras preguntado desde el principio! — respondió el moreno, con un toque de cinismo.

El pelinegro entonces metió su mano a una de las bolsas de su pantalón, y extrajo una tela color rosa.

— ¿Te refieres a ésto?

Sakura abrió los ojos, cuando Sasuke le mostró las pequeñas bragas de encaje, de algodón y tonalidad rosa pálido, tal y como los pezones y vagina de Sakura, al igual que su cabello, labios y largas pestañas. El Uchiha las sostenía con las yemas de sus dedos pulgar, índice, y medio, a una distancia aproximada de unos treinta centímetros de su propio rostro.

La chica, simplemente, no podía creer que su príncipe realmente se había robado sus bragas, pero Sakura sacudió su cabeza, y se las intentó arrebatar, mas el azabache las retiró, justo antes de que siquiera la princesa hada pudiese rosar la tela. La ninfa bregó contra aquel apuesto, pero increíblemente pervertido, pelinegro para arrebatarle su ropa interior. No obstante, éste hacía, literalmente, malabares para que no le quitara aquellas bragas.

— ¡Dámelas! — demandó la pelirrosa, prácticamente encima del ojinegro.

Sasuke reía para sus adentros, y malabareaba la tela de un lado a otro.

— No lo haré. Ahora son mías — dictaminó el moreno.

Sakura se detuvo, y se apartó un poco, mostrando una ceja enarcada, aunque era perceptible su molestia, además de que la ninfa colocó sus brazos en su cintura, como una jarra.

— ¿Y como para qué querrías tú mis bragas? — cuestionó enojada la chica hada.

La sonrisa del Uchiha se volvió una de falsa demencia. El moreno mostró sus dientes, y afiló sus ojos, casi como si fuese a torturar a alguien.

— ¿Para qué, preguntas? — enunció con maldad en su voz Sasuke — Muy simple. Para ésto.

Sasuke tomó, con ambas manos, la orillas de la tela, y la extendió, para acto seguido, hacer un acto de increíble perversión, que rayaba en lo obsceno.

El moreno se llevó las bragas rosa pálido, de la princesa de las hadas, al rostro, y se las pegó con ambas manos a su cara, aspirando fuertemente el aroma de los fluidos vaginales secos de Sakura. Y si no fuese porque su ropa era holgada, el pene erecto de Sasuke hubiese sido notorio a través de su pantalón. Acto seguido, el azabache se frotó las bragas en su rostro, como si aquella prenda fuese una tela para secarse.

Sakura casi desorbitó sus globos oculares ante tan pervertido acto, a la vez que su mandíbula casi se le desencajaba. Pero, eventualmente, la ninfa salió de su estupefacción cuando Sasuke volvió a aspirar las bragas. El moreno además soltó un jadeo, que sonó casi a un gruñido, demasiado obsceno para el gusto de la pelirrosa. Sakura mostraba un rostro anonadado.

— Ahhh... Sabes, Cerezo. Tu vaginita huele delicioso — elogió Sasuke, con absoluto cinismo, aún con las bragas de Sakura contra su rostro.

— T-Tú... ¿Pe-pero cómo es que eres capaz de...? — articuló anonadada la chica hada, incrédula de que su amado pelinegro hiciera un acto tan increíblemente obsceno.

— ¡Ya lo tengo! — pronunció divertido el Uchiha — Como me encanta el olor de tu vagina, usaré ésto todo el tiempo.

El pelinegro se superó a sí mismo, cuando nuevamente estiró la prenda frente a su rostro, pero ahora la colocó de modo que la entrepierna de las bragas quedara de forma vertical contra su rostro, con cada agujero, donde iban las piernas, a los costados. Y ante la impresionada mirada de la ninfa, Sasuke se colocó las bragas rosas en su cara, como si éstas se tratasen de una mascara, e incluso se pegó la misma con ambas manos, con lo cual el moreno volvió a aspirar fuertemente, soltando otro jadeo/gruñido.

— ¡Oh, sí! ¡Qué delicioso! — anunció Sasuke, con total calma — ¡Un exquisito olor a vagina!

Y aunque apenas era perceptible, gracias a las bragas de Sakura, la hada pudo ver la sonrisa inocente y cínica de Sasuke bajo la tela. Aquello, sin embargo, fue la gota que derramó el vaso, y con ello, la paciencia de la princesa de Iridia llegó a su fin.

Sakura, de inmediato, se abalanzó sobre un risueño Sasuke, tratándole de arrancar sus bragas del rostro de éste, pero el pelinegro sólo movía su cabeza, para apartarla de las manos de la chica. El Uchiha entonces usó sus musculosos brazos, para detener el cuerpo de su pequeña, mientras Sakura forcejeaba contra él, mas éste tenía una clara ventaja de fuerza, en comparación con la ojiesmeralda, por lo que la ninfa ahora se dedicaba a soltar cuantos manotazos podía contra el fornido pecho de Sasuke, quien no paraba de reír como un niño travieso, irritando cada vez más a la Haruno.

— ¡Eres un maldito pervertido! — bramó la ninfa en una rabieta, aún golpeando con todas sus fuerzas el poderoso torso del Uchiha.

— ¡Oh! ¡Vamos, Cerezo! ¡No tenía quejas tuyas cuando te la metía hace unos minutos! — dijo con gracia el ojiobsidiana.

Pero aquello sólo enfureció aún mas a la chica.

— ¡Idiota! — bramó totalmente irritada la hada.

Sakura se intentó trepar al pelinegro para arrebatarle sus bragas, pero, nuevamente, el aludido se le adelantó, y atrapó en un gentil abrazo de oso a la pelirrosa, mediante lo cual, le inmovilizó los brazos, y el cuerpo, todo ello mientras continuaba mofándose.

La ninfa forcejeaba contra aquel agarre, el cual, si bien no buscaba lastimarle, fue lo suficientemente firme para que sus intentos de arrebatarle las bragas fueran inútiles, y por ello desistió de hacerlo, aunque éso no le impidió a Sakura fulminar al príncipe del Clan del Fuego con su mirada. La hada apenas veía aquel par de obsidianas que le mantenían su furibunda mirada con aquel mismo brillo travieso, gracias a que la entrepierna de sus bragas rosa pálido cubrían casi todo su rostro.

— Sasuke. Es en serio. Bájame de una buena vez, y dame mis bragas — demandó la princesa de las hadas.

El aludido asintió, aún con aquel firme agarre en su cuerpo.

— Te bajaré. Pero no te daré tus bragas — dictaminó Sasuke, haciendo que Sakura tensara sus ojos.

— ¡¿Y por qué no?! — interpeló la chica de hermosos ojos esmeralda.

— Ya te lo dije. Ahora son mías — respondió como sin nada el moreno, incluso encogiéndose de hombros — Es como un recuerdo de nuestra primera vez.

Sakura resopló bastante molesta, intentando zafarse del agarre de su amado, al cual, en aquel preciso instante, detestaba.

— ¡Deja de decir tonterías! ¡Bájame ahora mismo, tarado! — le ordenó la ninfa, con aquellos orbes afilados.

Sasuke la puso en el suelo arenoso de las termales al instante, pero volvió a atraparla, cuando vio que la hada intentaba abalanzarse, para arrebatarle las bragas de su rostro.

— Ah, ah, ah — negó con un dedo el Uchiha — Eres una tramposa.

Sakura soltó un bufido, y se cruzó de brazos, aún fulminando con su mirada aquellas cínicas obsidianas.

— ¡¿Y qué esperas que haga?! ¡¿Que me quede completamente desnuda?! — interrogó con fastidio la chica.

Sasuke, sin embargo, levantó ambas manos a los costados, y a la altura de sus hombros.

— Aún tienes tu vestido. ¿Sabes? — aludió el ojinegro, apuntando a aquella larga prenda aqua, la cual aún reposaba en una orilla de la cueva.

— ¡Éso ya lo sé, tonto! — espetó ya harta la Haruno — ¡Pero no me puedo poner mi vestido, sin antes colocarme mi sujetador y mis bragas!

Mas sin en cambio, el pelinegro se encogió de hombros.

— ¿Por qué no? Nadie te lo está impidiendo — respondió Sasuke, restándole toda importancia al asunto.

Sakura se tapó su rostro con sus manos, y soltó un resoplido de frustración, no sabiendo cómo convencer al príncipe de los Uchiha. Sakura cerró los ojos, y levantó ambas palmas de forma vertical, a los costados de su rostro. La ninfa suspiró pesadamente, abriendo finalmente sus fanales.

— Escucha, Sasuke. De verdad necesito que me des mi ropa interior. No puedo salir sólo con mi vestido. Así que, por favor; devuélveme mis bragas, y mi sujetador — solicitó ya más calmada la princesa de Iridia, quien descendió una mano a su pierna, y extendió la otra hacia aquel apuesto pelinegro.

Sin embargo, tal y como se lo esperaba, el azabache se negó rotundamente.

— Te he dicho que no voy a devolvértelos. Y ya no insistas, porque pierdes tu tiempo — respondió Sasuke, dando por terminada la conversación, y mostrándole la espalda a la chica.

Sakura suspiró derrotada. Se dio por vencida, y se encaminó hacia donde se hallaba su largo vestido de estilo griego, el cual de inmediato se colocó, junto con sus Ballerinas.

Cuando la ninfa se sacudía el resto de la humedad de su cabello, contempló con horror cómo Sasuke se encaminaba a la salida de aquella cueva volcánica, por lo que se encarreró hacia él, incluso desapareciendo entre cerezos, para reaparecer justo en la entrada de la misma. Sakura extendió sus brazos a los lados, bloqueándole la salida al último de los Uchiha.

— ¡¿Qué diablos crees que estás haciendo, menso?! — demandó la pelirrosa.

Sasuke parpadeó unos segundos, para después encogerse de hombros.

— Eh... ¿Salir de la cueva? — mencionó con tranquilidad el Uchiha, como si nada relevante sucediera.

— ¡No me refiero a éso, tonto! — rebatió en un grito la ninfa, la cual fulminaba con sus esmeraldas aquellas aburridas obsidianas.

— ¿Entonces? — preguntó el moreno, con inocencia.

— ¡No te atrevas a salir de aquí con mis bragas sobre tu cara! — amenazó la heredera al trono de Iridia, con un tono de voz tan intimidante que le helaría la sangre a cualquiera.

— ¡Bien! ¡De acuerdo! — exclamó exasperado el azabache.

Sasuke se retiró las bragas de la Haruno de un sólo tirón, y las guardó dentro de la bolsa de su pantalón.

— ¡Ya esta! ¡¿Contenta?! — pronunció hastiado el azabache, manteniéndole la dura mirada a la ninfa — Tsk. De verdad que a veces eres una condenada molestia — masculló por lo bajo, mientras pasaba al lado de la princesa hada.

Sakura suspiró una vez más.

— Dios. No entiendo cómo es que me enamoré de alguien tan tonto como tú — pronunció con fastidio la chica, aunque realmente sólo lo decía por el momento.

Sasuke, sin embargo, sonrió.

— Vamos, Sakura.

El Uchiha se acercó a la mencionada, y la atrapó entre sus brazos. Sasuke le plantó un intenso beso, el cual la ninfa al principio se rehusó a corresponder, pero sólo fue cuestión de tiempo para que Sakura devolviera el amoroso gesto, en el que enredó sus brazos alrededor del cuello de su amado.

Al cabo de unos minutos, Sasuke y Sakura se separaron, por la demanda de oxígeno a sus cuerpos. Posteriormente, ambos abrieron sus ojos, y los clavaron en los del otro.

— Soy un maldito pervertido. Lo sé. Pero aún así me amas, ¿No es así? — preguntó Sasuke, con voz suave, y con una sonrisa altanera.

Aquella acción contagió a la ninfa, quien imitó el mismo gesto, pero con dulzura y amor.

— Demasiado. Por desgracia — bromeó la princesa hada, soltando una risilla.

Sasuke y Sakura compartieron otro beso suave y profundo, el cual duró un poco menos, pero emitió las mismas sensaciones de amor.

— Vámonos. Tenemos trabajo por hacer — concluyó el azabache.

Sasuke sostuvo la pequeña mano diestra de Sakura con su zurda, y comenzó a caminar con ella a las afueras de aquel volcán, donde ambos fueron recibidos por la intensa luz solar que les cegó un momento. Pero, al cabo de un tiempo, sus pupilas se adaptaron al entorno, y pudieron ver con claridad el Huerto del Edén.

La ninfa seguía mecánicamente al príncipe del Clan del Fuego, ya que sus pensamientos aún se mantenían en todo lo que había pasado, desde el día de ayer. Sakura llegó a aquel lugar virgen y casta, pero ahora la hada saldría como la amante de aquel poderoso, rudo, y apuesto príncipe, llamado Sasuke Uchiha.

Quién se habría imaginado que su vida cambiaría en tan sólo una noche.

Pero la ninfa sonrió con el corazón henchido de amor. Definitivamente, no se arrepentía de haberle entregado su virginidad, su corazón, su alma, y su vida a su dulce príncipe. Y no sólo ello, sino que muy pronto dejaría de ser una Haruno, y se convertiría en una mujer Uchiha. En nada más, y nada menos, que Sakura Uchiha: Esposa de Sasuke Uchiha, matriarca del mismo Clan, y la madre de futuros bebés Uchiha.

En definitiva, la princesa hada estaba feliz. Como nunca imaginó que lo llegaría a estar.

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Muchas gracias a todos los que se tomaron su tiempo leyendo estos dos capítulos. Y un agradecimiento especial a mi Senior Lulyta-chan. Muchísimas gracias por tu apoyo constante.

La verdad es que, pese a que aún no estoy muy convencida con éstos dos capítulos, vaya que me divertí escribiéndolos.

Sasuke Uchiha es un personaje difícil. Puesto que su personalidad post-manga no está muy esclarecida; dejando mucho a la deriva. Hay fickers que aún lo describen como el frío, y despreciable vengador de la parte dos. Pero el Sasuke post-Naruto es todo un misterio. Misma razón por la que cuesta trabajo hacer buen uso del personaje.

Por otra parte, ¿A quién no le gustaría un Sasuke pervertido? Al menos a mí sí *¬*

En fin. Sin más que añadir por el momento, me despido de ustedes.