Capítulo XXV
Después de pasar toda la tarde en compañía de mi novio y algunos de sus amigos, amigos que resultaron ser míos también, me despido de él y acompaño a Sam a su casa. Al parecer no vive tan lejos de dónde vive Kurt y ya que los dos queremos caminar, aprovechamos el tiempo para hablar un poco sobre lo que ha pasado en la tarde. Ninguno de los dos puede creer que el mundo de repente parezca tan pequeño y ni qué decir al respecto porque la historia que nos llevó a Kurt y a mí a conocernos parece de locos. Por supuesto que es la historia de locos más hermosa del mundo, igual que él.
Bien, lo lamento pero estoy enamorado y al parecer este es el efecto que el amor tiene en mí. Últimamente suelo divagar más que de costumbre y decir cosas como ésa. Sin embargo, después de hablar de ello todo el día para aclararles las cosas a Santana y a Sam, creo que ha sido suficiente. Por eso mientras camino en compañía del rubio decido cambiar el tema y de la nada sale algo que me había prometido con anterioridad. Al principio no sé si debo decir algo para indagar más al respecto pero en cuanto llegamos a su departamento él me invita a pasar y sé que quiere compartirme su historia.
– Espero que no te moleste si te dejo solo unos minutos… – dice algo apenado al cerrar la puerta y yo le sonrío amablemente.
– No, claro que no… – le aseguro y él me devuelve la sonrisa antes de desaparecer rumbo a un cuarto al fondo del pasillo.
El espacio del apartamento es mucho más pequeño que el que tiene Kurt y ni qué decir del que tenemos Niff y yo. Las paredes no parecen haber sido pintadas desde un tiempo atrás y el lugar donde debería estar la sala es ocupado por un sofá-cama que seguramente es el lugar donde duerme Sam. De ninguna manera juzgo la forma en la que vive mi amigo pero temo que una extraña sensación comienza a formarse en mi pecho y la impotencia invade mi cuerpo. Es ahora cuando entiendo el por qué tanto Kurt como Rachel quieren ayudarlo, pero también entiendo que él se niegue a aceptar su ayuda.
– Lo siento, tenía que ver a papá… – me explica en cuanto regresa.
– No te preocupes, ¿necesitas ayuda o…?
– No es necesario Blaine, hago esto todas las noches... – dice terminantemente y comprendo que he cometido un pequeño error.
– Yo sólo… – me apresuro a decir pero él me interrumpe.
– Lo lamento, lo lamento en verdad. No estoy acostumbrado a recibir ayuda, lo siento.
– Hey, tranquilo. No pienso presionar… – le digo de manera comprensiva y él esboza una pequeña sonrisa.
– Gracias y bueno, ¿quieres algo de tomar? – me ofrece un poco más relajado y yo asiento con la cabeza.
– Agua está bien.
– ¿Todavía quieres escuchar la historia? – me pregunta en cuanto regresa con dos vasos de agua y yo lo miro a los ojos.
– Sólo si tú quieres… – le digo honestamente y él asiente antes de comenzar a relatar su historia.
Así es como me entero que la mayor parte de su vida había vivido en Lima como Kurt, pero también que su vida no ha sido para nada fácil. Su mamá perdió a su hermana menor debido a un altercado que tuvo con su papá una noche que llegó ebrio aproximadamente ocho años atrás. Aquel día ambos pelearon mucho y su padre intentó golpearlo pero al verlo a la cara sólo se echó a llorar porque se trataba de su hijo mayor, su orgullo. El sepelio de su hermana fue el más sencillo, fue doloroso porque estaba a punto de nacer pero para él no fue más doloroso que el de su mamá.
Dos años después de la muerte de la bebé, su mamá cayó en cama sin ninguna razón aparente. Ella no lo quería preocupar porque acababa de entrar a la preparatoria pero de un día para otro dejó de comer, no se levantó más y dejó de tener ese brillo en los ojos que la ayudaba a luchar por algo mejor. Su papá fue el que presenció su muerte aquella mañana mientras Sam estaba en la escuela, el doctor les dijo que tenía una anemia muy avanzada y que esa había sido la causa de muerte. Más tarde se enteró que su padre no le daba gasto desde meses atrás por gastárselo en botellas de alcohol y él explotó. Ese día le gritó a su papá todo lo que sentía y después lloró horas por la muerte de su madre, se sintió liberado hasta que comprendió que de ahí en adelante sólo serían su padre y él.
La intensidad del recuerdo es tan fuerte que veo que los ojos de mi amigo comienzan a llenarse de lágrimas y sólo una palmadita en el hombro basta para que las deje fluir libremente. – Quise morirme Blaine, quise morirme porque mamá no iba a estar a mi lado jamás y yo iba a tener que vivir con ese hombre que no había sido capaz de pensar en su familia por una vez en su vida, con ese hombre que había elegido el alcohol sobre nosotros y también quise matarlo a él. – dice ahogando un grito que es una mezcla de coraje y frustración pero no digo nada, sólo lo escucho atentamente.
Puedo ver la resignación en sus ojos cuando me dice que tres años después le detectaron cirrosis hepática a su papá y que en ese momento supo que no podía dejarlo solo. Los doctores sugirieron controlarlo con medicamentos siempre y cuando el señor no tomara ni una gota del alcohol, pero a los seis meses tuvo una recaída que casi le cuesta la vida. Sam llamó al hospital y una ambulancia fue por él pero el diagnóstico fue directo, necesitaba un trasplante de hígado cuanto antes y aunque se encontraba en lista de espera, era probable que no lo consiguiera porque había bastante gente antes que él.
En ese año se mudó a Nueva York junto con Mercedes pensando que encontraría mejores opciones de trabajo en la ciudad pero no fue así. Ella logró incursionar en el mundo de la música y él intentó un poco de modelaje pero la agencia lo botó al poco tiempo. Lo único que le quedaba era esa pizzería que no tenía requisitos para sus repartidores y las propinas le ayudaron para llevar a su padre hasta allá. Él se alejó un tiempo de todos y se negó a compartir su miseria con ellos hasta que un día Rachel lo encontró con su papá en el parque y no tuvo otra opción más que decirle la verdad. Al poco tiempo recuperó a sus amigos, desgraciadamente para hacer lo mismo con Mercedes ya era demasiado tarde porque se había ido de gira y no quería saber nada de él.
– Nunca le pude explicar nada Blaine, me alejé y la perdí por tonto… – dice mi amigo intentando mostrar fortaleza pero yo sé que está arrepentido. – Pero es mejor así, ella tiene lo que quiere y yo ni siquiera puedo ganar lo suficiente para pagar el alquiler de un departamento decente, soy una vergüenza.
– No digas eso Sam… – me atrevo a decir.
– Creí que siempre me iba a ir mal, ¿sabes? Pero hace un año se encendió una pequeña lucecita en mi camino, mi papá pasó a ser el siguiente en la lista de espera y hace cuatro meses el donante llegó. El problema es que no puedo terminar de juntar el dinero para la operación… – me dice casi sarcásticamente y ahora comprendo todo.
– Por eso los chicos quieren ayudarte… – concluyo rápidamente y él asiente.
– Sí, pero es mi padre Blaine. Quiero salvarlo con mi dinero, sé que no ha sido el mejor pero es lo único que queda de mi familia y quiero ayudarlo, quiero que deje atrás esto y comience a vivir como se supone debió hacerlo. Quiero darle otra oportunidad Blaine… – me explica al borde de las lágrimas otra vez y yo no puedo evitar abrazarlo.
– Y se la vas a dar Sam, es sólo cuestión de tiempo… – intento asegurarle.
– No sé si pueda aguantar más tiempo Blaine, desde la semana pasada lo veo más pálido y no quiere comer. No quiero que le pase lo mismo que a mamá, no me lo perdonaría… – me dice afligido y realmente no sé qué decir exactamente.
– Sam, yo… – comienzo a balbucear pero él me detiene.
– Espera, ¿escuchaste algo? – pregunta alerta y ambos guardamos silencio esperando que haya sido su imaginación pero no es así. – ¡PAPÁ! – grita Sam en cuanto escucha la tos que viene del cuarto y ambos corremos hacia allá.
– ¡Oh, Dios! ¿Q-qué puedo hacer? – digo nervioso al ver que su papá está ahogándose con algo de sangre que sale por su boca y mi amigo va en su auxilio inmediatamente.
– ¡Llama a emergencias! – me grita desesperado y justo eso hago.
La ambulancia llega a los pocos minutos y los paramédicos sacan al señor Evans en una camilla al instante, Sam se va con ellos después de intercambiar teléfonos y me manda en un mensaje la ubicación del hospital al que llegarán. Yo llamo a mi novio en cuanto pierdo de vista la ambulancia pero no responde su celular así que decido correr de regreso a su apartamento y una vez ahí les cuento a él y a Rachel lo que ha pasado. Los tres salimos inmediatamente al hospital y ahí nos alcanzan Nick y Jeff después de un rato.
Las noticias no llegan tan rápido como quisiéramos, pasamos alrededor de una hora sin tener noticias del papá de Sam y en la desesperación Jeff habla con una enfermera pero ella le dice que deberemos esperar hasta el turno de la mañana para hablar con un médico. Por lo pronto, lo único que sabe es que lo están estabilizando y con esa información sólo logra preocuparnos un poco más a todos. – Deberías descansar un poco, aquí estamos nosotros… – me atrevo a decirle a nuestro amigo al verlo tan agotado.
– No puedo, si le pasa algo no me lo voy a perdonar… – me responde entre sollozos y Rachel se acerca a su lado.
– Sam, Blaine tiene razón, debes descansar… – le insiste y él toma su cabeza entre sus manos.
– ¡No quiero! – grita exasperado y ninguno de los presentes hace algún comentario al respecto.
Todos imaginamos la situación por la que está pasando Sam y después de conocer su historia, comprendo que tenga miedo de pasar por algo así otra vez. Su padre es lo único que queda de su familia y creo firmemente que si yo estuviera en su lugar haría lo mismo, mi padre tampoco era un ejemplo a seguir pero después de todo también era mi padre y lo quería. Sin querer, una opresión en mi pecho se hace presente y Kurt parece notarlo porque me abraza sin preguntarme nada, cosa que realmente agradezco. No podría soportar el explicarle mi situación familiar en un momento como éste.
Al cabo de un rato Jeff y Nick aparecen por el pasillo con un vaso de té recién hecho para nuestro amigo pero nadie se atreve a molestarlo hasta que Jeff pasa al frente y se acerca poco a poco. – Sam, vengo en son de paz. Tomate este té para que estés despierto… – le dice tranquilamente y nuestro amigo intenta sonreír ante el gesto.
– Gracias Jeff… – responde antes de bebérselo y no pasan ni cinco minutos después de que se lo termina cuando lo vemos cerrar los ojos y ladear la cabeza.
– ¿Qué le diste? – le pregunta Rachel a Jeff.
– Una pastilla para dormir, lo necesita…
– Sólo esperemos que no lo necesitemos despierto… – dice ella muy a su pesar y aunque a nadie le gusta cómo suena eso, todos esperamos que no sea necesario.
Mientras pasa el tiempo nos turnamos para ir a la cafetería a tomar algo porque la noche comienza a parecer demasiado larga pero ninguno tiene apetito suficiente como para comer algo decentemente. Alrededor de las dos de la mañana estamos todos en la sala de espera y llega otra familia por lo que consideramos necesario que algunos vayan a casa y otros nos quedemos, yo no tengo clases importantes al día siguiente así que me ofrezco y Kurt decide quedarse conmigo. El resto se va a descansar y promete regresar a medio día para cambiar lugares así que mi novio y yo acomodamos a Sam para que no se lastime el cuello y nos quedamos a su lado.
No sé a qué hora nos quedamos dormidos pero por la mañana Sam comienza a moverse bruscamente desde temprano y es entonces cuando despierto con un fuerte dolor de espalda. – No hay novedades… – tengo que informarle ante la mirada que me dirige y él suspira antes de cubrir su cara con ambas manos.
– Gracias… – dice cansado.
– No hay de qué. Iré a traerte un café… – comienzo a decir pero él me detiene.
– No, no quiero dormir más, gracias…
– Lo necesitabas Sam… – le dice Kurt y veo que se ha despertado también.
– Sí pero… – intenta debatir nuestro amigo pero un médico se acerca a nosotros y él se detiene.
– Disculpen, ¿alguno de ustedes es Sam Evans?
– Yo… – dice casi sin voz.
– Su padre quiere verlo, sígame por favor… – le informa el hombre y él se levanta inmediatamente para ir tras él.
Mientras esperamos que regrese, Kurt se ofrece a ir por un café y yo me quedo por si Sam sale rápido y necesita algún tipo de ayuda o apoyo. Sin embargo, mi novio regresa y ambos ya hemos terminado el café para cuando nuestro amigo aparece por el pasillo. A decir verdad no se ve bien, tiene rastros de lágrimas nuevamente en el rostro y camina como si le hubieran puesto una carga de 300 kilos sobre los hombros. Al ver que no reacciona nos acercamos a él y Kurt hace la pregunta que estamos esperando.
– ¿Qué pasó? ¿Qué te dijeron?
– Que urge la operación… – dice cansado.
– ¿Y tu padre? ¿Cómo se siente? – pregunto yo esta vez.
– Mal, dice que lo deje morir porque no vale la pena que gaste mi dinero salvándolo… – responde al borde de las lágrimas y mi corazón se encoje al escuchar sus palabras.
– Déjanos ayudarte Sam, es por su bien… – le dice Kurt tranquilamente.
– Tengo que pensarlo chicos, quiero… Quiero estar solo…
– Ve al jardín, nosotros no nos moveremos de aquí… – le advierte mi novio y él parece resignado.
– Bien… – es lo último que dice antes de salir a tomar un poco de aire y nosotros nos sentamos nuevamente.
Mientras él no está hablamos sobre las cantidades que podríamos aportar cada quien y haciendo cuentas llegamos a la conclusión de que si alcanzamos a cubrir todo el pago de la operación. Kurt llama a Rachel para informarle lo que ha ocurrido y yo hago lo mismo con los chicos, ellos prometen que estarán ahí después de clases y me dicen que si me urge el dinero les avise para que hablen con el señor Sterling. En cuanto cuelgo entra una llamada de Cooper y me regaña por no haberlo llamado antes, yo me quejo porque se suponía que estaba en el departamento con los chicos pero al escuchar la risa de Sebastian comprendo el porqué de su ausencia y corto la conversación porque no quiero enterarme de más detalles, no sin antes escucharlo decir que vendrá a buscarme más tarde.
Al cabo de un rato ambos hemos terminado las llamadas que tenemos que hacer y Sam aparece de nuevo y se sienta en medio de nosotros. – Chicos, yo… Le haré caso a mi padre… – nos dice intentando sonar fuerte y convencido pero su voz lo traiciona y se quiebra a media frase.
– ¡¿Qué?! – gritamos los dos inevitablemente y un hombre nos dice que bajemos la voz.
– Lo pensé bien y no tiene caso que lo salve si él no tiene ganas de estar aquí, yo creía que él… – comienza a decir pero una enfermera se nos acerca y los tres la volteamos a ver.
– ¿Sam Evans? – pregunta por él.
– ¿Sí?
– Me mandó el doctor Wilson para que firme la autorización de la operación… – dice la mujer sosteniendo un papel en la mano con una pluma.
– ¿Disculpe? – dice Sam confundido.
– Sólo falta su firma para iniciar.
– Perdón pero yo no he pagado esta cantidad… – le informa nuestro amigo al ver la cantidad que se supone pagó y ella está a punto de responder pero otra voz se lo impide.
– Lo sabemos, lo hice yo así que firma esa hoja en este instante… – dice la mujer firmemente y yo estoy un poco confundido pero parece que Kurt no.
– ¿Mercedes? ¿Q-qué haces aquí? – escucho decir a Sam y entonces lo comprendo.
– Rachel me llamó y casualmente ella estaba conmigo así que se enteró y decidió venir… – explica otra voz y es hasta entonces que nos damos cuenta que Santana está con ella.
– No quiero esto, no puedo aceptar tu dinero… – dice nuestro amigo firmemente y Mercedes se le acerca decidida.
– Sam, sólo firma y listo.
– ¿Por qué? – quiere saber Sam y ella acaricia una de sus mejillas con la mano.
– Porque es tu padre Sam, porque ambos tienen algo pendiente y esta es tu oportunidad. Hazlo… – le dice en un tono dulce y después de mirarla un rato, Sam le hace caso.
– Voy a pagarte hasta el último centavo… – dice en cuanto termina y ella sonríe.
– Lo sé, nunca lo dudaría… – es lo último que dice antes de que la enfermera se vaya con el documento y todos nos sentamos para esperar noticias.
Las horas parecen eternas y de pronto todos estamos en la sala de espera, siendo demasiados nuevamente. Esta vez nos acompañan mi hermano, Sebastian y Brittany también por lo que en cuanto llega otra familia el policía nos pide que nos distribuyamos porque no podemos estar todos ahí. Kurt y Rachel van a la cafetería mientras que Sam nos elige a mí y a Mercedes para que nos quedemos a hacerle compañía y los demás se van a esperar afuera. La situación no es muy cómoda que digamos porque se siente la tensión entre ese par pero respeto la decisión de mi amigo al haberme elegido, y en cuanto a la chica que nos acompaña, ella parece estar sumida en sus pensamientos porque no dice gran cosa mientras esperamos. De hecho, parece cobrar vida hasta que el médico aparece en el pasillo y se dirige hacia nosotros.
– Señor Evans, la operación ha sido un éxito. Debemos esperar a ver cómo reacciona el cuerpo de su padre al trasplante así que lo tendremos en observación pero podrá verlo en un par de horas… – dice el hombre con una sonrisa y siento como si algo aligerara el ambiente de pronto.
– Gracias… – dice Sam al médico y voltea a vernos intentado poner su mejor sonrisa.
– Todo va estar bien a partir de ahora, ya lo verás… – me atrevo a asegurarle mientras lo abrazo.
– No sé si todo… – lo escucho decir en cuanto nos separamos y comprendo a lo que se refiere en cuanto noto que está viendo a alguien en especial.
– Todo va a estar bien Sam, todo. Confía en este chico… – le dice Mercedes con una sonrisa antes de hacerle un gesto para que la deje abrazarlo y es hasta entonces cuando veo una sonrisa auténtica en el rostro de Sam.
– Iré a avisarle a los demás… – comento intentando no romper el momento y ellos asienten sin soltarse.
– ¿Podemos hablar? – escucho decir a Sam cuando estoy a unos pasos de distancia y esa pregunta me hace saber que la lucecita que mi amigo había creído ver meses atrás, esa misma, comenzará a brillar más que nunca dentro de muy poco.
¡Hola! Hasta aquí un capítulo más. No muy grata pero esa es la historia que escondía el repartidor de pizza más guapo de Nueva York ;) Parece que ya es tiempo de que sea realmente feliz... Gracias por leer y comentar. ¡Saludos!
