"Como preguntó Emma no tan educadamente, ¿quién es tu padre?" El tono de Regina era neutro, pero Emma sentía la tensión en la mujer.

Elsa se removió incómoda. "No sé su nombre." Comenzó dubitativa. "La hechicera me dijo que sólo se enteró de cómo le decían."

"¿Y cómo le decían?" Presionó David abriendo la boca por primera vez.

La chica los miró uno a uno hasta detener su mirada en Regina. "La hechicera dijo que mis padres eran la Reina Malvada y el Salvador."

Tras las palabras de Elsa fue como si se hubiera presionado el botón de "pausa" de un video: el silencio fue atronador y todos los presentes quedaron extrañamente inmóviles, sin siquiera pestañear. La joven se irguió y en vez de posar la vista en cada individuo, decidió abarcarlos a todos para detectar la primera señal de vida. No entendía cuál podría llegar a ser la causa por la que sus oyentes reaccionaron tan… ¿exageradamente? ¿Por qué sería tan increíble que su padre fuera "el Salvador"? ¿Acaso era alguien inadecuado?

Elsa centró la vista en quien más le interesaba: su madre y, sorprendida, levantó un milímetro las cejas al notar que la mujer tenía un lado de la boca levemente arqueado hacia arriba. A pesar de que no la conocía mucho, supo intuitivamente que Regina estaba más que satisfecha con su revelación.

El chico tenía una sonrisa de oreja a oreja y la miraba fijamente, mientras que la mujer a la que casi había congelado parecía muy satisfecha de sí misma y la observaba como si quisiera abrazarla. Elsa estuvo a punto de dar un paso atrás, pero se contuvo. A pura fuerza de voluntad.

El rubio, que para ella debía ser el hermano de la rubia ya que ambos tenían rasgos y posturas similares - además de ser igualmente idiotas - la miraba con el entrecejo fruncido en una clara muestra de desaprobación. Elsa dejó escapar un bufido, como si ella necesitara o quisiera la aprobación de ese hombre. En ese momento, la mujer que tan mal le caía, era un fiel reflejo del hermano, tanto en postura como en la reprobación que exudaba. Eso fue hasta que soltó una carcajada que hizo saltar a todo el mundo, Elsa incluía.

"Lamento comunicarte, reinita, que tu hechicera te mintió." Le dijo en tono sobrador. "No hay ningún 'Salvador' en Storybrook, hay una salvadora." Declaró poniendo las manos en las caderas. "Y te aseguro que ella no va a dejar que ningún puto infeliz se acerque a medio metro de Regina, ¡mucho menos que la embarace!" Dudó un momento y agregó, perdiendo seriedad su declaración. "Cuando deje de estarlo, quiero decir. Embarazada."

Tres pares de ojos incrédulos se posaron con sobresalto en la Sheriff. "¿En serio Emma?" Preguntó Henry adelantándose a su madre y abuela.

Emma abrió la boca para responder, pero fue interrumpida por la palmada que le dio David en la espalda. "Así se habla, hija. Y no te preocupes, que vamos a encontrar a ese bastardo impostor y le vamos a enseñar a no meterse con los Swan-Carming." La rubia sacó pecho orgullosa y respondió con una sonrisa resplandeciente a su progenitor.

Snow miró a su esposo e hija con una mezcla amor, horror y diversión, mientras que Henry desvió la vista desde su madre rubia y abuelo hacia su otra madre. "No sabés cuánto agradezco que me hayas criado vos, mamá." Declaró sonriente. Regina dejó escapar una amalgama de risa y bufido y revoleó los ojos meneando levemente la cabeza.

"Quiero dejar constancia de que salió a la familia del padre." Declaró Snow mordiéndose el labio inferior con los ojos brillantes de risa y ternura dirigida sus rubios.

"No entiendo." Declaró Elsa atrayendo la atención de todos.

"¿Qué cosa?" Le preguntó Henry mirándola con la cabeza semi inclinada hacia un costado.

Elsa alzó la mano izquierda a la altura del pecho con la mano hecha un puño, extendió el dedo meñique, apoyó el índice de la otra mano en él y empezó a numerar lo que la tenía confundida:

"¿Por qué el rubio idiota le dijo "hija" a la rubia idiota si parecen ser de la misma edad?" Los señalados idiotas comenzaron a protestar, pero Elsa siguió adelante con sus dudas.

"¿Por qué dicen que mi padre es un impostor, acaso era un hombre malo?"

"¿Ser 'Salvador' es una especie de título, por eso ella también lo tiene?" Señaló con la cabeza a Emma, pero no dio tiempo a que nadie dijera nada y siguió adelante.

"¿Quien es ella," volvió a cabecear hacia Emma, "para decir que no va a permitir que mi padre se acerque a mi madre?" Clavó los ojos brillantes de esperanza en Regina. "¿Estás embarazada?" Regina abrió la boca para responder, pero Elsa siguió casi sin tomar aire.

"¿Y cómo es que son familia?" Al finalizar por fin todas las preguntas que le venían rondando la cabeza, por fin se permitió tomar una bocanada de aire para recuperar el aliento y mirar alrededor para ver quién iba a saciar su curiosidad.

Regina se llevó los dedos índice y medio a las sienes y comenzó a hacerse pequeños masajes circulares, intentando evitar lo que preveía iba a ser un dolor de cabeza monumental. Dejando escapar un suspiro se enderezó. "Creo que para esta conversación va a ser mejor que nos pongamos cómodos y tomemos algo caliente." Meneó la cabeza. "Si vamos a empezar con los lazos familiares esto se va a volver más extraño y largo aún."

Emma se acercó a la mujer y la atrajo suavemente contra su pecho - el que Regina le hubiera declarado su amor había derribado cualquier barrera entre ambas, en lo que a ella concernía pretendía abrazarla, besarla y tocarla cada vez que quisiera, y Regina se lo permitiera -, le rodeó la cintura con un brazo y con la otra mano le acarició la parte de atrás del cuello y la nuca, sonrió al sentirla relajarse entre sus brazos con un suspiro de felicidad.

"Intentá relajarle, amor, no te hace bien ni a vos ni a los bebés el que estés tan tensa."

"Nosotros nos encargamos de preparar algo para tomar y comer, ustedes esperen acá." Declaró Snow mientras se acercó a Henry que miraba embobado a sus madres y lo fue arreando hacia la puerta con una mano en el centro de la espalda. David iba a protestar cuando la princesa le señaló la puerta con la cabeza, pero decidió no hacerlo al ver la mirada que Snow le dirigió con los ojos entrecerrados.

La mujer empujó a los hombres hacia el recibidor y dijo por sobre el hombro: "Cuando esté todo listo les avisamos, creo que lo mejor es que nos mudemos al comedor." Regina hizo un gesto con la mano sin querer salir de la manta humana que era Emma, se sentía protegida, cómoda, querida. Por fin.

Snow sonrió mientras se estiraba para tomar a Elsa del bicep. "Vos también."

Elsa estaba boquiabierta mirando a su madre con la rubia idiota hasta que Snow la sacó del transe. "P-pero…"

"Sin peros." Respondió la mujer con firmeza mientras la guiaba hacia la puerta con suavidad, pero sin darle chance de negarse.

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Regina rodeó la cintura de Emma con los brazos y se acurrucó más contra ella. Estaba en el cielo. Una sonrisa de placer se le dibujó en el rostro. "Así que me amás, ¿eh?" El tono presumido hizo que cayera a la tierra de golpe. Intentó apartarse, pero los brazos que la abrazaban sólo le permitieron alejarse lo suficiente para mirar a los ojos a la rubia bocona.

"Qué manera de arruinar el momento, Miss Swan." Le espetó Regina en tono de reproche no exento de diversión.

Emma le brindó una sonrisa amplia y la miró embobada. "Regina, me diste todo lo que siempre anhelé: un hogar, amor, y lo que es mejor, no sólo fueron palabras sino que me lo demostraste con hechos." Bajó la cabeza y besó con suavidad los labios rojos. "Me diste hijos. Primero a Henry… chist, chist chist, nada de protestar." La interrumpió cuando Regina abrió la boca para corregirla. "Es cierto que no lo engendramos juntas, Regina, pero lo cuidaste y amaste cuando yo no pude y, dejando atrás unas ínfimas disputas…" El resoplido de Regina la hizo reír por lo bajo. "Decía que, dejando de lado unas insignificantes disputas, pudimos criarlo juntas para que se convierta en el hombrecito inteligente, responsable y con un corazón enorme que es hoy." Emma levantó una mano hasta la mejilla de la mujer y la acarició con el pulgar. "Y como si todo eso fuera poco, tenemos dos pancitos más en el horno, no hay palabras que expresen lo feliz que soy." La abrazó y le besó el cuello. "Gracias." Susurró con sentimiento mirándola a los ojos.

Regina sintió cómo se le iban llenando los ojos de lágrimas a medida que escuchaba a Emma, cuando terminó, se sostuvo de las caderas de la mujer y se puso en puntas de pie para besarla con dulzura en los labios, intentando transmitirle con el beso cuánto la amaba. Llevó una mano al pecho de la mujer y la apoyó justo donde sentía latir su corazón, tomó aire buscando valor para revelar lo que llevaba dentro, para vencer a esa voz que le decía que cada vez que había amado, había perdido.

"Lo primero que me capturó fueron tus ojos." Declaró con voz temblorosa. "Esos enormes ojos azules que siempre reflejaban tristeza incluso mientras reían. Ellos fueron los que hicieron que, además de querer hechizarte, golpearte, gritarte…" Emma soltó un resoplido de risa y Regina le dio una palmadita en la cadera para llamarle la atención. "Decía que, al mismo tiempo, esos ojos me impelían a abrazarte, a querer cuidarte y besarte hasta hacer desaparecer la tristeza." Emma tragó con fuerza. "Quiero darte un hogar, pero más que nada, quiero que experimentes lo que significa ser parte de una familia, tu familia. Quiero que sepas que nunca te voy a dejar, nunca me voy a dar por vencida con vos." Regina se mordió el labio inferior y sonrió. "No espero ni quiero que seas perfecta, te quiero tal como sos: ladrona y policía." Ahora fue el turno de Emma de darle a Regina una palmada de regaño que hizo reír. "Eso es lo que significa para mí 'el amor verdadero', aceptar lo bueno y malo; no pienso huir si discutimos hasta quedarnos roncas o si ponés las botas sucias en la mesita ratona o si dejás esa horrible campera roja en cualquier lado o…"

"REGINA," interrumpió Emma elevando la voz medio riendo, "ya entendí."

"Lo que estoy diciendo es que me enamoré locamente de vos y que quisiera vivir el resto de mi vida a tu lado." Emma sonrió de oreja a oreja haciendo que Regina se vuelva a poner en puntas de pie para darle un beso rápido y alegre en los labios. "En la salud y en la enfermedad, en la calma y bajo el ataque de algún villano…"

Emma soltó a su reina, se dejó caer de rodillas con una mano de Regina entre las suyas y mirándola a los ojos le dijo: "Regina, ¿me haría el enorme honor de casarte conmigo y ser la regente de mi corazón de acá a la eternidad?"

"¡Sí!" Respondió Regina cayendo de rodillas para besar y abrazar a su rubia.

"¡Sí!" Chilló Snow corriendo hacia las mujeres para unirse al abrazo.

Regina abrió la boca, pero esta vez, su futura esposa le ganó de mano. "¿De verdad, Mary? ¿Te parece inmiscuirte así en este momento?"

Snow dejó caer los brazos y se mordió el labio. "Es cierto, perdón. Es que venía a avisarles que ya estaba todo listo cuando me encontré con que le estabas propo…" Al ver que Emma fruncía aún más el ceño se levantó y comenzó a retroceder. "Mmm sí, ya está todo preparado, las esperamos, cuando terminen con esto." Dijo haciendo un gesto vago hacia ellas con las manos antes de desaparecer por la puerta.

"Como no podía ser de otra manera, Blancanieves consiguió convertirse en el centro de atención en mi pedida de matrimonio." Regina revoleó los ojos con cierta resignación y, para sorpresa de Emma, humor.

"Regina, creo que ya es hora de dejar de fingir que odiás a mi mamá, hace un rato nos demostraste a todos - y cuando digo a todos hablo de casi todo el pueblo - cuánto amás a Blancanieves."

La Alcaldesa arqueó una ceja altanera. "Yo no amo a tu…"

Emma rió por lo bajo. "El beso que le diste y que rompió el hechizo dice otra cosa. Hay testigos."

Regina levantó la barbilla y replicó con altanería. "En una semana nadie se va a acordar… Y los testigos pueden desaparecer." El resoplido de Emma hizo que la mirara con los ojos entrecerrados y le preguntara con un tono bajo y amenazante. "¿Por qué mejor no hablamos de que sólo la Salvadora podría proponerme matrimonio sin un anillo?"

Emma abrió los ojos como platos, pero sólo duró un instante. "¿Para qué iba a darte un anillo cuando te estoy dando mi corazón?"

La Reina la miró con frialdad. Dos segundos. Después dejó caer la máscara para sonreírle conmovida. "Idiota." Susurró antes de arrojarse a sus brazos y besarla apasionadamente.

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Elsa entró en la cocina "ayudada" por Snow y se quedó cerca de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho en actitud terca mientras la mujer y el tal Henry se movían de un mueble a otro preparando cosas.

"¿Por qué esa mujer se toma libertades con mi madre?"

Henry abrió la boca para responder, pero Snow intervino. "Creo que lo más conveniente es que esperes a que vuelva Regina para hacer preguntas que refieren a su persona. Nosotros no tenemos derecho a revelar sus asuntos."

David y Henry soltaron una risa incrédula que murió instantáneamente ante la mirada incendiaria que les dirigió la dulce Snow. La mujer se acercó a su esposo con pasos malhumorados, le estampó un paquete de café en el estómago que lo hizo expulsar el aire con fuerza.

"Prepará el café." Le espetó con los ojos entrecerrados y una sonrisa que pretendía ser dulce, pero que no cumplía para nada su cometido.

"Sí, mi amor." Respondió Charming con voz ahogada. Henry lo miró con burla y le dijo sin emitir sonido: 'pollerudo', mientras con la mano hacía restallar un látigo imaginario. En respuesta, el príncipe abrió la mano y le dio un golpecito correctivo en la nuca.

Henry se volvió sonriente hacia Elsa. "Supongo que me voy a tener que acostumbrar a que mi hermanita menor sea más grande que yo."

Elsa lo miró con los ojos como platos y la boca abierta, sacudió la cabeza levemente y se quedó mirando al vacío unos instantes. "¿Sos hijo de Regina también?"

El chico asintió. "Mamá me adoptó recién nacido, Emma es mi otra madre, la biológica." Elsa frunció la nariz ante la mención de la rubia. Esa mujer estaba metida en todo.

Viendo que su hermana miraba con anhelo la puerta, decidió distraerla al mismo tiempo que saciaba su curiosidad. "¿Cómo decidiste venir a buscar a mamá?"

Dando otra mirada deseosa hacia donde sabía que estaba su madre, Elsa suspiró y se sentó en uno de los taburetes de la cocina siguiendo el ejemplo de Henry.

"El mismo día que la hechicera me contó quiénes eran mis verdaderos padres se me ocurrió la idea de ir a buscarlos, quería averiguar quién era yo verdaderamente." Una mirada triste asomó a sus ojos. "Lo cierto es que nunca encajé demasiado en Arendelle, nunca sentí que perteneciera allí. A excepción de cuando estaba con Anna, pero después de lastimarla…" La joven negó levemente con la cabeza e hizo un gesto con la mano. "Además, ella era la auténtica heredera, así que creí que lo justo sería abdicar a favor suyo y de Kristoff, su esposo, no sólo porque creo que ellos serán buenos monarcas, sino que al ser normales la gente los va a querer."

David, que estaba observando la cafetera atentamente - como si tuviera miedo de que al dejar de mirarla huyera con el café – miró rápidamente a Elsa. "Vos no tenés nada anormal, que tengas magia te hace especial." Elsa lo miró sorprendida, no se esperaba que el hombre la defendiera.

"¿Y cómo terminaste en el Bosque Encantado?" Preguntó Snow dejando una tetera en la barra junto con un plato con galletitas.

Elsa hizo una mueca avergonzada. "Eso fue un error, mi intención siempre fue venir a Storybrook pero al tiempo adecuado a mi edad." Soltó un bufido de enojo hacia sí misma. "Pero cometí un error al concentrarme en la persona que quería encontrar…"

"Estabas pensando en la Reina Malvada, ¿no?" Adivinó Henry. "Y como mamá ya no es ella, la magia te llevó al pasado para que pudieras encontrarla."

"Exacto."

"Esto ya está listo." Declaró Snow. "Henry, Elsa, lleven las galletitas al comedor, David, vos llevá el café, el té y las tazas en aquella bandeja, mientras yo voy a buscar a las chicas." Ordenó mientras salía de la cocina.

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Snow entró al comedor con los ojos enormes y con la cara desencajada, se sentó al lado de su marido y quedó con la vista fija en la mesa. Regina me va a matar. La mujer se mordió el labio inferior, se reacomodó en la silla una y otra vez pensando en todas las formas de tortura que la alcaldesa aplicaría en ella. Hasta que otro pensamiento la dejó paralizada. ¡Mi bebé se va a casar! La mujer dejó escapar un sonido ininteligible que llamó la atención del resto.

"¿Pasa algo, amor?" Inquirió David. Snow asintió y abrió la boca, pero la cerró con fuerza y negó cuando volvió a pensar en qué le harían Emma y Regina si contaba lo que había presenciado. El príncipe frunció el entrecejo. "¿Segura?" La princesa se tapó la boca con las dos manos y asintió repetidas veces con rapidez.

Henry observó a su abuela con sospecha, pero su atención se vio interrumpida por la entrada de sus madres, tomadas de la mano y sonriendo como idiotas. El chico inclinó levemente la cabeza hacia un lado y las miró con extrañeza…había algo distinto en ambas, pero no lograba adivinar qué.

Regina se dirigió hacia la cabecera de la mesa y con un simple gesto de la mano hizo aparecer una segunda silla a su lado para Emma, quien se sentó tan cerca de ella que bien podría haber estado a upa. La reina clavó los ojos en Snow, los entrecerró amenzadoramente y sonrió satisfecha al verla dar un respingo con los ojos desmesuradamente abiertos. Emma revoleó los ojos intentando ocultar la sonrisa.

"Bueno." Dijo Regina con resolución y clavó la mirada en Elsa. "Habíamos quedado en tus dudas, pero antes vamos a ver dónde estamos parados. ¿Qué sabés de mi vida?"

Elsa se sintió enrojecer al tener la atención de su madre completamente, tragó con fuerza y carraspeó para sonar segura, no quería decepcionarla. "Todo." Declaró sorprendiendo a los presentes.

"Definí todo." Ordenó Regina.

Elsa alzó la barbilla y aceptó el reto. Emma miraba a una y otro como si fuera un partido de tenis y se maravillaba de lo parecida que eran ambas mujeres. Pero el parecido no sólo era en lo gestual, era impresionante ver las facciones de su mujer en la cara de la chica. Inclinó la cabeza levemente hacia un lado observando a la joven pensativamente. Es la cara de Regina con mi coloración… es una mezcla perfecta de ambas. Me pregunto si los mellis serán así.

"Cuando la hechicera me dijo la verdad sobre mi origen me dio un libro sobre tu vida, me dijo que sabía que algún día me iba a enterar de la verdad y podría buscarla para saber cosas sobre mis padres, así que se había procurado dos libros que contaban la historia de mis padres desde distintos puntos de vista." Elsa paró para tomar un sorbo de té y continuó con calma. "Pero me dijo que el que tenía la historia de "el Salvador" y su familia había desaparecido de su casa sin dejar rastro, dijo que debía estar encantado. Pero sí logró conservar el que contaba tu historia."

"Dudo que ese libro contara mi historia verdaderamente." Bufó Regina.

Elsa casi ni esperó a que terminara de hablar para proseguir. "Contaba cómo Cora te golpeaba, cómo usaba magia para tenerte prisionera, no te dejaba hacer nada que te gustara salvo cabalgar, mientras que Henry no hacía nada para defenderte." Elsa se pasó la lengua por el labio inferior y observó la expresión horrorizada de los presentes, salvo Regina, quien pasó de mostrar unos segundos iniciales de pánico a una máscara inexpresiva. Como no hizo ademán de interrumpirla, siguió casi sin ganas, se dio cuenta que su madre estaba sufriendo y no quería ser ella la que siguiera metiendo el dedo en la herida. "Relataba cómo Cora planeó a tus espaldas que el caballo de Snow White se espantara para que vos la salvaras, cómo te obligó a casarte con el Rey y cómo logró que Snow White le contara sobre Daniel y… En fin, de verdad que contaba todo con mucho detalle."

El silencio era opresivo. Regina trató de sacudirse el frío que la había invadido con los horribles recuerdos de su vida y lo consiguió completamente cuando sintió que Emma le soltaba la mano para pasar el brazo por la espalda y abrazarla.

"Ya veo." Dijo con suavidad. "Entonces va a ser mucho más fácil de lo que me imaginaba ponerte al día con la historia familiar." Regina señaló a los charmings. "Ellos son Snow White y David, su príncipe encantador." Elsa dejó escapar una exclamación de sorpresa y miró a la pareja con el ceño fruncido. Regina llevó la mano del muslo de Emma a la mejilla. "Esta es Emma, su hija. Así que ahora entenderás el por qué tienen casi la misma edad, fue por la maldición que lancé."

"¿Y cuando adoptaste a Henry sabías quién era su familia?" Regina negó con la cabeza. "No entiendo cómo se llevan tan bien después de lo que ella te hizo." Señaló con la cabeza hacia Mary Margaret. "Y de lo que vos le hiciste a ellos."

"No siempre fue así, te lo aseguro." Rió David. "Pero por suerte las cosas se solucionaron y volvemos a ser una familia feliz."

Regina revoleó los ojos mientras Emma reía por lo bajo. "Con eso respondimos varias de tus preguntas. A ver…nos queda Emma, tu padre." Hizo un esfuerzo para no sonreír ante la expresión confundida de su hija, tan parecida a la que tenían Emma y David ante la elección de palabras que usó. "Emma es mi pareja, es más que obvio que no le caería bien que cualquiera se acerque a mí con intenciones amorosas."

El shock en la cara de Elsa fue terrible. ¡No puedo creer que esa idiota sea la novia de mi mamá!

Regina decidió acelerar el paso al ver que Snow volvía a recordar lo que presenció, no quería que la mujer lo dejara escapar, eran Emma y ella quienes debían anunciarlo.

"Cuando la hechicera te dijo que tus padres eran la reina malvada y el salvador, ¿qué te dijo?"

Elsa frunció el entrecejo pensativamente. "Que mis padres eran una pareja de poder en su pueblo, ya que mi madre era quien lo gobernaba, mientras que mi padre era su caballero blanco que hacía cumplir la Ley."

Regina sonrió con amabilidad. "Respondiendo a otra pregunta tuya, sí, estoy embarazada. Y Emma es la otra madre."

Elsa sintió cómo se le caía la mandíbula, si no la tuviera unida, habría llegado el piso. "¿P-p-pe-pero…?"

"Es algo muy poco común que sólo ocurre con magos."

"Que sienten amor verdadero." Agregó Emma presumida.

Regina la miró y arqueó una ceja, pero no dijo nada más, era algo que se le había cruzado por la cabeza últimamente. "Dicho esto, me queda por aclarar que la hechicera se confundió." Clavó los ojos en su hija y esperó hasta asegurarse de tener toda su atención antes de tomar la mano de Emma. "Elsa, tu otra madre es LA salvadora." La chica abrió los ojos horrorizada.

"¡Pero si la salvadora soy yo!" Exclamó Emma enojada.

"Exacto." Confirmó Regina.

"¿Hay dos salvadoras?" Preguntó David confundido.

"¡No te puedo creer!" Exclamó Henry exasperado. "Elsa es tu hija, Emma. Tuya y de mamá."

Emma abrió la boca, la cerró y volvió a abrirla. "¡Nooo!" Exclamó Charming alucinado.

Henry se tapó la cara con una mano. "¿Elsa, te dijo la hechicera cómo se llamaba el libro que desapareció?"

"Había una vez…" Respondió la chica conmocionada, la rubia idiota era su otra madre. ¡Tenía dos madres!