Strangeers, la verdad es que no me gusta revelar los hechos de lo que escribo, me gusta que la gente se quede con la duda... ¡Lo siento!
Mitzuki-chan y Noemí, ¡ganasteis! Felicidades xD
En la versión de Jasper decidí no cambiar el Flash Back, ya que estoy bastante orgullosa de él, pero el Fin del Flask Back lo cambié (idea de Noemí)
¡A ver si os gusta!
25. Jasper
Jasper Pov
Flash Back
El sol de un nuevo amanecer entraba por la ventana reluciendo alegre, parecía que la luz estaba orgullosa de todo su esplendor. Alice, mi esposa, yacía tumbada en la cama mientras esa misma luz arrancaba de su cuerpo desnudo miles y miles de brillos hermosos.
Sus ojos dorados, mágicos como los de una diosa estaban posados en algún lugar mientras su mente viajaba por sitios que yo no conocía. La miré mientras ella estaba ausente, claramente pensativa pero su mirada se posó en mí al descubrir que alguien admiraba su perfecta belleza.
Una sonrisa salió de su rostro, de rasgos finos y gran encanto, su mano se posó en mi mejilla, acariciando con dulzura y cariño.
Tomé su pequeña mano entre las mías, pálida e inofensiva, y sobre todo pequeñita. Besé esa parte de su cuerpo con ternura, me daba la sensación de que se iba a romper y esos finos dedos perderían su encanto.
- ¿En qué piensas? – me preguntó. Su voz era como la de un ángel, incluso más angelical que uno. Toda ella parecía bajada del cielo para estar a mi lado y yo no la merecía, aún así ella negaba eso. Le acaricié la mejilla derecha y repasé la comisura de sus labios con mis yemas haciéndola sonreír feliz.
- En ti, no lo dudes. – respondí. Era más que evidente ya que no solía tener más cosas rondando por mi mente. Digamos que el 90% de mis pensamientos consistía en Alice y solo ella, en su frágil rostro, su divino cuerpo, sus pequeñas manos… y el 10% lo ocupaba todo lo demás.
Me acerqué a ella para rozar sus labios con los míos. Jamás entendí como algo tan simple como un roce de labios podía llegar a significar algo tan mágico. Sus manos acogieron mi cara y sus labios se movieron a la vez que los míos cargando el ambiente de grandiosa dulzura.
Jamás fuimos una pareja como Emmett y Rosalie, ellos eran de relaciones más bien físicas pero a Alice y a mí nos gustaba compartir momentos perfectos a través de palabras dulces, así demostrábamos nuestro amor. Nos gustaba hablar de cosas y mirarnos a los ojos.
Alice se separó de mí y tras una sonrisa se levantó y se cubrió con ropa a mí pesar. Hice lo mismo que ella y bajó al comedor a regar las plantas tal y como Esme dijo que le tocaba.
Me senté en el sofá en la misma sala que ella y la observé de nuevo. Toda ella, tan perfecta, tan pequeña, tan frágil, tan única…
Y toda mía. Solo para mí. A veces temía que ella no fuera del todo mía o que yo no le pareciera suficiente, pero el tiempo pasaba y demostraba lo contrario. Aburrida, encendió el reproductor de música y una canción comenzó a sonar. Lenta y de frases tiernas.
Me levanté y me acerqué a Alice, ella se dio cuenta de mi movimiento y dejó la regadera en una mesa. Le tomé la mano con la mía.
- ¿Me concedes este baile?
- Por supuesto – eso lo dijo en un susurro mientras me miraba a los ojos. Su cuerpo emanaba sentimientos únicos para mí, todos positivos y agradables.
Alcé nuestras manos entrelazadas mientras mi otra mano rodeó su cintura posesivamente. Ella apoyó su mejilla contra mi pecho y su mano libre se posó en este.
Mientras nos movíamos a un ritmo propio dictado por la canción me sentía como el hombre más afortunado que jamás existió.
Una diosa era mía, mi muñeca de porcelana, mi ángel de la guarda. Temía que su cuerpo de cristal se rompiera en pedazos al tocarla y jamás pudiera volver a juntarlos.
Deseaba lo mejor del mundo para ella y eso intentaba darle, trataba de darle el máximo cariño que mi cuerpo y mente supieran dar, la máxima comprensión pero jamás me parecía suficiente, ella se merecía más.
La acunaba en mis brazos, la besaba con delicadeza, la tocaba con cariño y le hablaba con ternura. Pero no bastaba.
Toda la eternidad estaría agradecido por el regalo que abrazaba en esos instantes, ella era mi llama de vida y mi camino de esperanza.
- Te amo – me susurró sin moverse, todavía su cuerpo contra el mío y todavía su rostro ausente.
- Y yo a ti, no sabes cuanto. – Y era cierto, probablemente no sabía lo mucho que yo la quería y jamás lo sabría, no se podía medir, ni contar, ni explicar.
Fin de Flash Back
Alice estaba arrodillada en frente de Satanás, como yo le llamaba y en su cara se veía una mueca por el dolor, estaba atónita por la situación. De repente, Satanás se apartó y la pequeña Alice posó su mirada confusa en mí.
Sin poder evitarlo me acuclillé delante de ella, Alice seguía mirándome con un pequeño rastro de esperanza en su rostro.
Alcé una mano, de manera consciente hacia su mejilla, en ese momento me olvidé de todo lo que estaba pasando, solo existía Alice, le acaricié toda la cara, esas facciones que la hacían tan mágica, esa carita que tanto me cautivaba.
Algo me hizo estremecer y ya no pude controlar nada. Me levanté… y le crucé la cara de una bofetada que la dejo aturdida. ¿Le había pegado?... Noté como mi garganta se bloqueaba y un sollozo quería salir, pero lo retuve. Miré a Alice que apretaba los ojos con fuerza. Era demasiado.
Oí una vocecita en mi cabeza: vuelve a hacerlo..., Era el bicho que me controlaba. Apreté los puños y traté de negarme. Como quieras dijo la horrible voz, y mi pierna sin motivo pateó a Alice en el vientre.
Ella se curvó y gimió levemente.
- Jasper ayúdame… - quería decirle que lo sentía, que no lo tomara en cuenta, que la quería mucho, me agaché y le tomé el rostro entre mis manos.
- ¿Callarás alguna vez, Mary Alice Brandon Cullen? – y le atisbé un puñetazo en plena barbilla… Todo lo que sentía era confusión, pena, impotencia, odio, dolor, remordimiento…
Me perdí en mi mundo de confusión y pasado alegre, apartándome de la realidad.
- Pero si eliges a tu familia, ella, – dijo al tiempo que apuntaba a Carly con un señalando a la niña medio ahogada – ella morirá. Si eliges no recuperar a los Cullen seguirá todo normal pero sin los mimos por parte de ma, las palabras de pa, la comprensión de el tete Edie, la diversión con la tata Bells, las risas de el tete Em, los ánimos de la tata Rosie y sin las palabras únicas, las caricias cargadas de amor, los besos llenos de ternura, las noches repletas de pasión por parte de tu amorcito pero con los bracitos y sonrisas de tu niña.
Miré a Alice. En esos momentos yo merecía un castigo, nada más ni nada menos que el infierno. Allí era donde pertenecía por dejar al ángel solo y desprotegido, por dejar a la pequeña Alice sola y sin saber que hacer.
