Capítulo 25

-¿Entonces? ¿De qué tienes que hablar?- preguntó Regina al cerrar la puerta tras ella.

-Pero apenas acabo de llegar…

-No vas a darle más vueltas, Swan. He estado todo el día muriendo de curiosidad.

Desde que Emma había salido del apartamento, tras el desayuno, solo conseguía pensar en dos cosas: en la paciente que había perdido y en lo que Emma tenía que contarle. Pasaron tantas cosas por su cabeza, pocas eran cosas buenas, ya que Emma no retrasaría la conversación para cuando hubiera tiempo si fuera algo bueno, solo podía ser algo malo desde su punto de vista…Pensó en tantas cosas y esperaba que no fuese ninguno de ellos.

Emma la miró buscando la mejor manera de comenzar, no sabía si se lo decía todo de una vez o poco a poco.

-He recibido una propuesta, o mejor, la mejor invitación que ya me hayan hecho- dijo sentándose en el sofá, acompañada por Regina que se sentó a su lado, girándose hacia ella.

-Bien…¿Y qué propuesta es esa?

-Es para dar clases en un curso de moda que durará siete meses.

-¿Y por qué eso sería algo malo para mí?- frunció el ceño

-Porque es en Milán

Regina se quedó mirándola en silencio unos segundos

Siete meses

Milán.

-¡Eso es genial, amor!- sonrió abiertamente, haciendo que el corazón de Emma se acelerara aún más. Si Emma había recibido tal propuesta era por su mérito, no podría estar más feliz al saber que toda su dedicación daba sus frutos. Su éxito profesional era algo más que apreciaba de ella –Independientemente del tiempo, Em, tienes que ir.

-No podía dar la respuesta sin antes hablar contigo…

-Dices que te sientes orgullosa de mí, no sabes lo grande que es mi orgullo por ti- sonrió y se acercó más para darle una secuencia de piquitos y besos por todo su rostro, parando solo para admirar la sonrisa formada en sus labios.

Swan se había quitado un peso de sus hombros. Era esa la reacción que tanto deseaba, que Regina estuviera feliz por ella hacía que su felicidad se duplicara, se triplicara.

-Gracias por apoyarme una vez más

-Espero que no hayas pensado que me iba a oponer

-Fue inevitable pensarlo, a fin de cuentas, son siete meses en otro continente

El ambiente que estaba propicio para una botella de champán cambió de un momento a otro. Regina desvió su mirada hacia otro punto de la sala y respiró hondo.

Serían siete meses lejos. Poco a poco, el velo cayó de sus ojos.

No podía ser egoísta para oponerse por ese motivo. Ver a Emma feliz era lo que, de hecho, importaba.

-Confío en ti, Em- volvió su mirada hacia la rubia –Espero no equivocarme en pensar que confías en mí lo suficiente para dejarme aquí siete meses.

-No estás equivocada, nunca se me ha pasado por la cabeza no confiar en ti. Es que siete meses es mucho tiempo. Mira a dónde hemos llegado en menos tiempo.

-¿Estás diciendo que…?

-¡No!- Emma la interrumpió –Solo quiero saber cómo vamos a lidiar con esto- suspiró con pesar. Entrelazó sus dedos con los de Regina, era el gesto que más la calmaba, como si le diera la certeza de que, al final, todo estaría bien. Miró sus manos juntas durante unos segundos, que parecieron una eternidad, el silencio de Regina era incómodo. Levantó su mirada y Regina tenía los ojos cerrados y la cabeza sobre el respaldo del sofá.

-No dependemos solo de la presencia física, ¿no?- preguntó esperando que Emma lo confirmase

-Claro que no, yo estaré todo el tiempo contigo a pesar de las millas de distancia. ¿Recuerdas cuando me dijiste que ya había mucho de mí con y en ti? Lo mismo pasa conmigo.

Regina tocó cada uno de los colgantes, sin parar de sonreír. El collar plateado con dos colgantes, sin sombra de duda, se volvería su joya favorita en segundos.

-¿Te gusta?

-Dime que eso es una pregunta retórica, por favor

-No he dicho nada

-Es hermoso, Em. Gracias- desvió su mirada hacia Emma que sonrió

-Qué bien que te haya gustado. Es para que tengas un poquito de mí contigo

-Ya hay mucho de ti conmigo, en mí

-Pues eso es lo que importa- dio una media sonrisa. Una media sonrisa que no convenció a Emma

Era exactamente por eso que estaba insegura y retrasando la conversación, la certeza de que no sería tan fácil. La mirada de Regina clavada en algún punto de la sala, su cabeza recostada en el sofá, sus dedos entrelazados, todo estaba haciendo que su corazón se acelerara y esa vez no era por un buen motivo.

Pequeñas cosas que se hacían grandes en una situación como esa.

Las dos palabras "siete meses" resonaban en la cabeza de Regina.

No estaba acostumbrada a pasar ni un día sin tener a Emma ahí. Lo máximo que había estado sin verla fueron las dos semanas en que estuvo demasiado preocupada con su pequeña paciente, pero, al final, Emma estuvo ahí con ella, prestándole su hombro cuando lo peor sucedió. ¿Quién estaría ahí cuando lo necesitara a cualquier hora? Las otras personas a quienes ella importaba no tenían tanto tiempo disponible para correr cuando ella llamara, por ejemplo, a las dos de la mañana, como había pasado la noche pasada. Pero la oportunidad que la rubia tenía debía ser aprovechada, aprendería a lidiar con la ausencia de sus caprichos por algo que haría que Emma se sintiera feliz, realizada. Se sentiría pésima si fuera la culpable de que Emma perdiera esta oportunidad, jamás dejaría de apoyarla.

-¿Cuándo te vas?- preguntó recolocándose en el sofá. No dejaría ver que una parte de ella era egoísta por quererla en Nueva York.

-No sé exactamente cuándo, sé que en breve. Tengo una reunión para ver todo eso.

-¿Y tu desfile?- frunció el ceño. Emma estaba entusiasmada con ese desde que la había conocido, temió el hecho de que siete mese lejos podría causar la cancelación del evento que ella misma había empezado a esperar.

-Bueno, como en breve será la partida y son siete meses, volveré exactamente el mismo mes del desfile. Cuento con la ayuda de las personas del taller y del comité, haré lo posible desde allá

-Entonces, ¿ya está todo pensado, eh?- sonrió al ver a Emma sonreír asintiendo

-De cierta forma, sí, sin embargo aún no estaba segura de si iría

-¿Por aún no haber hablado conmigo?- frunció el ceño

-No iba a avisarte cuando estuviera cogiendo el vuelo a Milán, tenía que saber lo que pensabas de ello.

-Te mentiría si te dijera que siete meses lejos de ti está bien, pero yo, en hipótesis alguna, sería egoísta hasta el punto de no estar feliz por ti. Una de las cosas que me hacen bien es verte feliz.

-Siete meses pasan rápido- sonrió apretando su mano

-Eso espero

-Nos hablaremos todos los días. Quiero saber cada cosa que sucede por aquí

-Deja de hablar como si ya fuera una despedida, por favor- pidió en voz baja

-Disculpa- el canto de sus labios se curvó en una media sonrisa -¿Me prestas tu portátil?

-Claro, está donde siempre

Emma se levantó del sofá, fue hasta el cuarto de Regina y vio su portátil sobre el escritorio. Lo cogió y volvió a la sala. Regina estaba sentada de la misma manera aún, de nuevo con los ojos cerrados. La conocía lo suficiente para saber que no estaba tan bien como parecía ante la noticia. No dudaba de que estaba feliz por ella, pero tampoco dudaba de que sentía las mismas incómodas sensaciones.

Se sentó a su lado, ella abrió los ojos y reposó su cabeza en su hombro.

Abrió su email, buscó el último que había recibido con la invitación. Comenzó a teclear la respuesta haciendo que Regina soltara una sonrisita.

-¿Qué pasa?

-Me parece gracioso tu lado profesional- recibió una mirada de Emma que sonrió y balanceó la cabeza de un lado a otro –Pero aún no estoy segura si confeccionas prendas tan bien como me quitas las mías.

Emma la miró incrédula. Para alguien que parecía haber estado muy pensativa había cambiado rápido. La sonrisa lasciva en su rostro hizo que cerrara el portátil inmediatamente y lo dejara sobre la mesita.


El sofá nunca había parecido tan cómodo como ahora mientras Emma estaba echada con la mitad de su cuerpo sobre el de Regina y rodeaba el encaje de su sujetador con la punta del índice. La cabeza de la morena estaba apoyada en la suya, estaban en silencio desde hacía algunos minutos y lo que antes habría sido un silencio totalmente común, ahora las dejaba a las dos inquietas.

Todo parecía desarrollarse como si fuera la última vez, aunque ambas supieran que aún tenían tiempo para estar juntas, había una necesidad de guardar en la memoria cada minuto que estuvieran con la otra. Saber que pasarían tanto tiempo lejos, aunque por un tiempo limitado, parecía comenzar a crear una añoranza que todavía era innecesaria, pero inevitable.

Aunque Emma estuviera satisfecha ahora que su dilema había desaparecido, que su respuesta había sido dada, y que la reacción de Regina no había sido mala- en parte-su corazón parecía encogerse cada vez que recordaba que durante siete meses no podría estar exactamente como estaba en ese momento. La sensación de estar en los brazos de Regina era semejante a estar en casa, ya se lo había dicho a ella, y no le gustaba estar fuera del hogar, si pudiera, la llevaría al último rincón del mundo. Ese era uno de sus planes futuros.

-He encontrado mi nuevo sitio favorito- dijo Emma en voz baja, haciendo que Regina se apartara para mirarla de nuevo

-¿Sí? ¿Y qué lugar es ese?

-Aquí, donde escucho latir tu corazón, respiro tu perfume, tu voz sonando tan cerca de mi oído y tus brazos alrededor de mí que hacen que me sienta en casa.

Regina estaba tan dividida como Emma.

Sería extraño mantener el contacto solo por llamadas, mensajes o llamadas de video, estaba tan acostumbrada a sentir el perfume de Emma en su apartamento, en su ropa de cama y hasta en sus propias ropas. También era normal ver sus cosas diseminadas por el apartamento. Había ropa suya colgada en el armario, y ropas que literalmente eran de ella. Echaría de menos ver el cabello rubio esparcido a su lado de la cama al despertar, admirar los lunares que parecían más una constelación en su espalda. Ahora sabía que había hecho bien en memorizar cada detalle, hasta los que parecían imperceptibles.

Aún no sabía cuándo se iría, pero ambas ya contaban los días para que regresase.

A pesar de la añoranza que crecería día tras día, Mills en ningún momento pensó en no estar de acuerdo. Nunca se le pasó por la cabeza tener que decidir algo por Emma, por nada del mundo quería ordenarle nada a la rubia, pero se sintió bien al ver que ella quería saber su opinión para dar la respuesta.

No sabía cómo habían llegado hasta ese punto de la relación. Eran raros los momentos en que una enfadaba a la otra por algo, siempre buscaban un término medio en situaciones complicadas, opinar de forma sincera acababa ayudando a la otra a no hacer nada que fuera a desestabilizarlas.

Emma pasaría algunos meses en Milán por una razón más que justa, Regina sabía lo importante que eran las cosas relacionadas con su trabajo. Estar de acuerdo con una relación a distancia era lo mínimo que podía hacer. Ambas tendrían que esperar a que el tiempo pasara y buscarían el mejor modo para que eso no fuera una tortura. Empatía era una palabra que le gustaba mucho y una vez más estaba ahí. Mills, aunque la distancia no le agradase, borraba eso de su mente-casi-ante su satisfacción por ver a Emma extasiada con esa puerta que se le abría.

La presencia física solo era un detalle. No dependían del estar, sino del ser.

4017 millas no significaban nada, ya que solo separarían sus cuerpos.