Capítulo 25: La reunión del E.D.
- ¿Cómo? ¿Te has vuelto loca, Hermione? -preguntó Ron a la mañana siguiente en el desayuno después de que ella explicara su idea. Miró a ambos lado de la mesa, esperando que su familia, que sus hermanos, le apoyasen.
- No es tan mala idea; de hecho, creo que es excelente. -opinó Charlie que estaba sentado a su lado.
- Fred y yo siempre supimos que eras la inteligente del grupo, Herm. -dijo George ganándose un capón de su ¿novia? Aún no habían explicado a nadie qué clase de relación mantenían él y Angelina.
- Yo estoy con Charlie; me extraña que no se os haya ocurrido antes, la verdad. -Bill cogió uno de los bollos de su madre y le dio un gran mordisco mientras miraba el reloj de la pared.- Hacedme saber lo que decidáis; Fleur y yo tenemos que llevar a los niños a la escuela. -dijo levantándose y dándole un beso en la mejilla a su madre.
- Hijo... ¿estás seguro de que es buena idea? -preguntó la señora Weasley.
- No quiero alterar la vida de mis hijos, mamá. Créeme, es lo mejor. -le aseguró antes de salir de la cocina.
- Papá... ¿tú qué opinas? Hazles entrar en razón a todos esos descerebrados; no podemos pedirles...-Ron se volvió hacia su padre; era su último intento de que alguien en aquella mesa le apoyase.
- Bueno, hijo, yo opino que no perdéis nada por celebrar esa reunión. Si están dispuestos a venir a escucharos, es porque están dispuestos a pelear. Los que no vengan...-se encogió de hombros-...pues ya sabemos que no podemos contar con ellos. Pero sería bueno poder ampliar el círculo de...confianza.
- Pero... ¿resucitar el E.D.? Ni siquiera sabemos dónde están o a qué se dedican la mayoría de sus miembros; me atrevería a decir que no los vemos desde Hogwarts. Y no es lo mismo saltarse las reglas en el colegio para aprender una serie de hechizos defensores que...que pedirles que arriesguen sus vidas para...para...
- Para conseguir un mundo mejor. -terminó Ginny por él.- Yo también creo que Hermione tiene razón, por si te interesa saberlo.
- ¿Por qué os ponéis todos de su parte? -preguntó Ron desesperado; no sabía por qué, pero a él no le parecía tan buena idea.- No sabemos...no... ¿y si uno de ellos fuera un seguidor de Malfoy?
- Eso es bastante improbable, Ron. -dijo George atacando su bol de cereales. Aún tenía que ir al Callejón Diagón y revisar cómo había quedado su tienda después del ataque.
- Ron...-Hermione le cogió la mano por encima de la mesa y apretó ligeramente.- Tú mismo me dijiste que Malfoy parece tener cada vez más seguidores y que...que nadie dice haber visto u oído nada. Tenemos que ampliar nuestros ojos dentro de la comunidad mágica. Lo siento, pero el ministerio está demostrando ser tan inútil como cuando Voldemort regresó. Y es verdad, no sabemos a qué se dedican ahora nuestros excompañeros, pero...eso puede ser una ventaja. Alguno de ellos puede haber oído una información que no le dio importancia en su momento y que nos dé alguna pista de donde se está escondiendo Malfoy. -le explicó muy suavemente.
- Eso no significa que me guste tu plan. -carraspeó ligeramente.- ¿Es que no entendéis que no quiero arriesgar más vidas inocentes en este conflicto? Ya bastante tengo con haber puesto a mi familia en...
- Para, para, para, Ron. -le interrumpió Charlie.- Tú no has puesto a nadie en el punto de mira de esos cabrones. Aquí no se trata de salvar a unos y condenar a otros. Toda la comunidad mágica está amenazada. Y esta vez Malfoy no cometerá el mismo error que Voldemort. Es por eso que necesitamos una resistencia combativa, no pasiva.
- Ron...-Hermione le puso un mano en la mejilla e hizo que la mirase.- Confía en mi, es un buen plan. Nadie se esperaría un movimiento así. Por que está claro que todos los esfuerzos que se están haciendo hasta ahora no...no han servido de mucho. Y tú ya sospechas que hay un topo dentro de la orden del fénix y del ministerio...no podemos seguir haciendo planes con ellos hasta que no...hasta que no sepamos de quién se trata.
- Oigo lo que me dices y tiene todo mucho sentido, pero...sigo pensando que arriesgamos demasiado. ¿Y qué hacemos con Harry?
- ¿Qué pasa con Harry? -se apresuró a preguntar Ginny.
- Bueno...no me gusta la idea de llenar la casa de personas están él como está arriba en su habitación.
- Tienes razón. -la pelirroja se llevó una mano a la boca y miró a Hermione.- No habíamos pensado en eso.
- No creo que la reunión tenga que ser aquí. -dijo Charlie.- Sería exponernos demasiado. Habría que buscar otro sitio.
- Un sitio donde un numeroso grupo de magos y brujas no llame la atención. -apuntó George.
Se quedaron todos callados durante unos segundos hasta que Angelina habló por primera vez esa mañana...
- ¿Y si nos reunimos donde comenzó todo? Es decir...en la Sala de los Menesteres.
- Es una buena idea. -George miró a sus hermanos en busca de aprobación.
- ¿Crees que MacGonagall nos dejará hacerlo? -le preguntó Ron a Hermione.
- No lo sé; aunque hasta el momento no se ha negado a ninguna de mis peticiones...
- Eso es porque aún eres su alumna favorita. -dijo el pelirrojo formando una sonrisa en su rostro por fin.
- Eso no es cierto. -contestó Hermione dándole un manotazo en el brazo.- Hablaré con ella antes de irme al ministerio.
- Sea lo que sea que decidáis, hacérmelo saber. -dijo Charlie levantándose y marchándose a su trabajo.
- Nosotros también nos vamos. -George y Angelina siguieron el camino de Charlie.
Cuando Ron y Hermione se quedaron a solas en la cocina, ella se levantó y fue a sentarse en el regazo de él. Pasó sus brazos por su cuello y apoyó su rostro sobre el pelo pelirrojo. Notó como Ron agarraba con fuerza su cintura con un brazo mientras que con el otro apoyaba su mano en su vientre. Compartieron unos momentos en silencio, como si de esa manera pudieran abstraerse de la realidad. Ron se concentró en el suave latir del corazón de ella; ojalá pudieran quedarse así para siempre, pensó. Los dos solos, abrazados, sin preocupaciones...
- Ron...-dijo Hermione finalmente.- Te quiero, lo sabes ¿verdad?
Él levantó la cabeza para mirarla a los ojos y acarició su mejilla con una de sus manos.
- Lo sé, pero siempre es bueno oírtelo decir. -atrajo su rostro al de él y la besó.- No quiero que os pase nada, Herm.
- Lo sé; por eso tenemos que buscar más apoyos. -sus ojos se encontraron con los de él: ámbar y azul.- No puedes derrotar a Malfoy y a los suyos tú solo.
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Minerva MacGonagall no podía negarle nada a su alumna favorita, así que cuando Hermione contactó con ella, por segunda vez en poco tiempo, para pedirle permiso para utilizar, una vez más, la Sala de los Menesteres no se lo pensó dos veces antes de aceptar. Hermione convocó a los ex-miembros del E.D. usando los viejos galeones que habían utilizado cuando estudiaban en Hogwarts y querían evitar que Umbridge los pillase. Estaba segura de que muchos de sus compañeros no acudirían a la cita por desconocimiento, pero no quería arriesgarse a utilizar un método más llamativo. Se trataba de volver a la clandestinidad para conseguir un bien mayor. Ron había aceptado con resignación todos los preparativos, pero había insistido en que nadie más que sus familia supiera de ella; ni siquiera Sirius, Remus o Tonks. Le dolía tener que tomar esas medidas tan restrictivas, pero si querían reunirse sin que nadie se enterase...era un pequeño precio a pagar.
Por expresa petición de Hermione, la Sala de los Menesteres se había convertido en algo muy parecido a una sala de juntas muggle. Había una larga mesa con bastantes sillas a su alrededor, así como un pequeño apartado con refrigerios consistentes en agua y café. Hermione se paseaba de un lado a otro nerviosa, inquieta. ¿Y si todo aquello salía mal? ¿Y si…como Ron había dicho entre los asistentes se encontrase alguien afín a Malfoy? Ron la observaba sentado en el escalón de entrada. Durante esos meses no se había tomado el tiempo necesario para estudiar el cambio sufrido en la silueta de la castaña. Su barriga de siete meses era muy evidente, así como el aumento en el pecho. Estaba guapa, radiante, a pesar del ceño fruncido. Sabía que esa reunión era importante para ella; que buscaba de alguna forma suplir su imposibilidad de ir al ataque. Se levantó del suelo y se acercó a ella poniéndole ambas manos sobre sus hombros.
- ¿Quieres estarte quieta? Acabarás haciendo un agujero en el suelo.
- Lo siento. –dijo Hermione dejando caer sus brazos a los lados y soltando un suspiro.- ¿Y si no viene nadie? De hecho, es lo más probable. ¿Quién va a seguir prestando atención a un galeón falso de cuando iba al colegio? Tendría que haber pensado otro modo de avisarlos, tendría que…
- Hermione…ahora ya no es momento para preocuparse por eso. Trabajaremos con las personas que vengan; de cualquier forma, seremos más de los que somos ahora. No importa si se añaden una, dos o veinticuatro personas. Y si no viene nadie, pues no pasa nada. Lo hemos intentado.
- Sé que a ti no te hace mucha gracia esta reunión y que…-apoyó sus manos sobre las de él, que continuaban en sus hombros.- Lo siento.
- Deja de decir lo siento. –bajó la cabeza para darle un beso en la frente.- De alguna forma tenemos que empezar a mover ficha nosotros; estoy harto de ser el último mono y enterarme de las cosas cuando ya han pasado. Estoy harto de ir dos pasos por detrás de los movimientos de Malfoy. –llevó una mano hasta el vientre de ella y añadió.- Y parece que aquí nuestro amiguito también está alerta.
- Si, últimamente no para de moverse. –sonrió Hermione.
- Aún tenemos que mirar lo de la economía esa. Me dijiste que a partir de los cinco meses se puede saber qué es ¿no? –Hermione asintió.- Pues vamos con dos meses de retraso.
- Podemos hacerlo para navidad. –propuso ella.- Hay menos trabajo en el ministerio y se encuentra a la vuelta de la esquina…
- Para navidad entonces. –miró sus labios entreabiertos y no pudo evitar besarla mientras pasaba sus brazos por su espalda en una suave caricia. Hermione se abandonó a esa sensación de seguridad, cariño y protección y llevó sus manos hasta el cabello de él, acariciando su nuca, juntando más sus rostros si era posible.
Un ligero carraspeo los hizo separarse bruscamente.
- Buscaos una habitación. –dijo Ginny desde la puerta; pero no venía sola. Si Hermione estaba preocupada de que no fuera nadie… Al lado de la pelirroja estaba el E.D. prácticamente al completo.- ¿Empezamos?
- Eyyy, Ron, ¿qué pasa, tío? –lo saludó Seamus Finnegan con un formal apretón de manos. Estaba más alto, y más fondón, pero le sentaba bien.
- Ya era hora, Ron. –dijo Dean Thomas señalando con la cabeza a Hermione. Dean continuaba tan flaco como un palillo y se había dejado una frondosa barba.- La de noches que te escuchamos suspirar por ella en sueños…-rió.
- Callaos. –les pidió Ron, pero a sus labios asomó una sonrisa mientras pasaba una mano por la cintura de Hermione y la acercaba a él en un abrazo.
- ¿Un bebé, Hermione? ¡No nos lo habías dicho! –exclamó sorprendida Parvati Patil que llegó acompañada por su hermana Padma.- Esas cosas se comparten, aunque no nos veamos tan a menudo.
- Bueno, tampoco es que lo estuviéramos ocultando. –repuso Hermione algo cortada; seguía sin gustarle nada ser el centro de atención en las reuniones.- Es solo que…no era el mejor momento para…-dejó la frase a medias.
- Hola Ginny. –susurró Michael Corner algo azorado cuando se reencontró con su primera novia del colegio.- Te ves muy bien.
- Gracias, Mike. Tú tampoco has crecido mal. –observó la pelirroja.
- ¿Qué tal está Harry?
- Bien; lo cuidamos lo mejor que podemos.
- Estoy seguro de que si.
- Hola, Ginny. –Dean se unió también a la conversación con la pelirroja. Era tan extraño verla en cualquier otro sitio que no fuera La Madriguera al cuidado de Harry que…a todos les despertaba curiosidad.- Has venido; quiero decir que…no sabría si vendrías…dadas las circunstancias…-Dean se llevó las manos a los bolsillos y se balanceó hacia delante y hacia atrás con los talones.
- Hola, Dean. –le saludó Ginny que no estaba muy por la labor que prestarle demasiada atención a ninguno de los dos hombres. Ella tenía su pensamiento en La Madriguera, donde había dejado a Harry bajo el cuidado de su madre.
- Esto parece más una reunión de antiguos amantes de mi hermana pequeña. –le susurró Ron a Hermione de manera que solo ella pudiera escucharlo, lo que provocó la risa de la castaña.- Si, tú ríete…pero es del todo incómodo.
- No seas infantil, Ronald. –Hermione apoyó parte de su pecho en el cuerpo del pelirrojo y aguzó la vista para ver al resto de asistentes.- Mira, allí están Luna y Neville. Y también han venido Alicia Spinnet, Dennis Creevy, Anthony Goldstein, Hannah Abbot, Lee Jordan, Susan Bones, Zacharias Smith… -estaba sorprendida.- Vaya, parece que han venido todos…y algunos más. ¿No es ese McLaggen?
- ¿Qué hace aquí ese idiota? –Ron enseguida siguió la dirección de la vista de Hermione y se puso a vigilar los pasos del castaño.- No formaba parte del E.D. Me pregunto qué querrá viniendo…
- Ron, no empieces. –le interrumpió Hermione; no quería reconocerlo ante el pelirrojo, pero a ella le producía la misma animadversión. Aun recordaba su cita para la fiesta de Navidad del Club de las Eminencias del profesor Sloughorn y como había tenido que quitárselo de encima.- Se supone que han venido por un tema serio, por algo que a todos nos preocupa y…
- Habla por ti; ese ha venido a echarte las manos encima otra vez. –dijo Ron con un resquicio de celos en su voz.- No te quita los ojos de encima.
- Bueno, pero lo que importa es quien decido yo que me ponga las manos encima, ¿no crees? –se dio la vuelta para mirarlo, puso ambas manos en sus caderas y sacó su enorme barriga a pasear.
- A veces me olvido del miedo que puedes llegar a dar.
- ¡Ronald! –exclamó ella dándole un manotazo en el brazo.- En fin, creo que ya hemos hablado todos más que suficiente. Habría que ir sentándose y atacar el tema que nos ha traído aquí.
- Tú eres la organizadora, así que…-Ron movió su mano instándola a que diera un paso al frente y comenzara su discurso.
Tras una mirada cargada de intención, Hermione se alejó de él y se posicionó en la cabecera de la mesa para que todos pudieran verla. Algunos compañeros, los que estaban más cerca, se fueron callando, pero hacia el final quedaban algunos resquicios de conversaciones que llamaron la atención del resto. Tragándose una maldición, Ron fue a reunirse con la castaña e intercambió una nueva mirada. Pegó su cuerpo al de ella cuando vio que McLaggen elegía una silla muy cercana a la cabecera y no le quitaba los ojos de encima a Hermione. El muy gilipollas…, pensó.
- Compañeros y compañeras, creo que ya va siendo hora de que hablemos de la cuestión que nos ha traído aquí. En primer lugar, quiero daros las gracias por acudir a mi llamada. La verdad, pensé que no acudiría ninguno, que habiendo pasado tanto tiempo no le prestaríais atención al galeón ni…
- A mi me lo dijo Seamus. –dijo Dean.
- Y a mi Neville. –dijo este.
- A mi me avisó Ginny. –dijo Luna.- Y yo avisé a unos cuantos…
- Si, yo se lo dije a Parvati, y ella se lo dijo a Padma y Padma habló con sus compañeros de Ravenclaw y…
- Bueno, en realidad lo que importa es que habéis venido ¿no? –intervino Ron, si todos se ponían a contar cómo se habían enterado de la reunión o quién se lo había dicho…- Y que todos estamos aquí por una misma razón. Que todos queremos terminar con ese maldito hijo de puta llamado Malfoy
- ¡Si! –corearon todos.
- Escuchad, el ministerio…ellos no están haciendo gran cosa…otra vez. –declaró el pelirrojo.- Nos estamos encontrando con numerosas trabas a la hora de recabar información referente a Malfoy y a los suyos. Además, es como si supieran de antemano cuales son nuestros puntos débiles. Es por eso que a Hermione se le ocurrió pediros ayuda. Ya una vez trabajamos juntos y…
- Pero eso fue diferente. –dijo Zacharias Smith.- Se trataba de saltarse las normas en el colegio, de desautorizar a Umbridge; ahora estamos hablando de enfrentarnos a unos mortífagos nosotros solos.
- No os estamos pidiendo que os blandáis en combate contra todos los mortífagos que os encontréis por el camino. En realidad, la cosa es mucho más sencilla. No tengo ni idea de a qué os dedicáis muchos de vosotros, pero estoy segura de que oiréis muchas informaciones a lo largo del día. Cosas que puede que no os parezcan importantes, pero que pueden significar una gran diferencia en la lucha. Queremos que seáis nuestros ojos dentro de la comunidad mágica. Que vuestros oídos lleguen más allá de las puertas del ministerio. –explicó Hermione dejándose caer en la silla.- Mirad, si hay alguna forma de atrapar a Malfoy y a los suyos…esa es encontrando donde se esconden.
- La gente cada vez tiene más miedo y se muestra reacia a hablar. Pero eso no hace más que darle más poder y más libertad de movimiento a Malfoy. Tenemos que…tenemos que cortarles las alas antes de que emprendan el vuelo. –continuó Ron.
- El ejército de Dumbledore significó algo para todos y cada uno de nosotros…sino no estaríais aquí. –les recordó Hermione.- Ahora estamos delante de una nueva amenaza mucho más grande que cuando éramos unos adolescentes saltándonos las normas del colegio…-miró brevemente a Smith-…se trata de nuestro futuro, de nuestra libertad.
- Yo me apunto. –dijo Luna mientras miraba hacia el techo.- Preguntaré entre la comunidad de plumkins a ver si ellos han percibido algo raro.
- Gracias, Luna. –dijo Hermione.- ¿Alguno de vosotros está en desacuerdo? Tengo que saberlo, porque si es así…tendré que borrar de su mente todos los recuerdos referentes a esta reunión. No podemos arriesgarnos a que Malfoy se entere y que todos paséis a ser su objetivo.
Todos guardaron silencio en señal de conformidad.
- ¿Y no deberíamos de…no sé…entrenar un poco? No sé vosotros, pero yo no soy auror y…hace mucho tiempo que no tengo que enfrentarme a nadie. Me vendría bien refrescar mis conocimientos de hechizos defensivos si vamos a luchar contra Malfoy y los suyos. –declaró Alicia Spinnet cuyo comentario fue apoyado por muchos de los allí presentes.
- Escuchad, no se trata de que…no queremos que os pongáis en peligro. –repitió Ron.- No os estamos pidiendo que luchéis.
- Pero nosotros queremos luchar, Weasley. –dijo Anthony Goldstein.- ¿De qué sirve que hayamos venido hasta aquí si no?
- Deberíamos de poder reunirnos un par de veces a la semana, como hacíamos cuando estudiábamos aquí. –propuso Susan Bones.- ¿Creéis que la profesora MacGonagall nos dejara la sala para practicar?
- Bueno, ha salido mejor de lo que esperábamos, ¿no crees? –le susurró Hermione al pelirrojo.
- Si, demasiado bien. –contestó él no muy confiado.- A propósito… ¿qué narices son los plumkins?
- Ni idea. –rió Hermione.- Luna y sus criaturas invisibles. –suspiró.- Ron…creo que va a ser positivo. Que todo esto…-miró a sus compañeros que se habían puesto a hablar entre ellos y ya hacían planes para la siguiente reunión-…merecerá la pena.
- Bueno, no puede irnos peor que ahora. –aceptó él.- Les daré un voto de confianza.
- Gracias. –le dio un beso en la mejilla y apoyó su cabeza en su hombro.
- Por cierto, en las próximas semanas no quiero volver a escuchar hablar de Malfoy, del colgante, de la maldición…de nada de eso. Quedan dos semanas para navidad y pretendo disfrutarlas dentro de lo posible. Serán las primeras que pasemos como pareja y…las últimas antes de ser padres.
- Ron…-dijo Hermione enternecida por el comentario de él.
- Ah, y tenemos que ir a hacerte la economía esa.
- Ecografía.
- Pues eso he dicho. Mierda, bésame. –le pidió escondiendo su rostro entre el cabello de ella.- No me había dado cuenta de que estaba aquí Romilda Vane.
- ¡Ron! ¿Vas a utilizarme…? –pero no pudo continuar la pregunta porque el pelirrojo había unido sus labios con los suyos en un beso intenso, apasionado, tierno y largo.
- ¡Eyyy, Weasley, que estamos aún aquí! –observó Seamus divertido.- Quieres restregarnos lo que no hicisteis en Hogwarts, ¿verdad?
- Ay que ver como revoluciona las hormonas el volver a Hogwarts ehh. –rió Lee Jordan.- La de sikkles que podría haberme sacado si hubiera apostado por vosotros…
- McLaggen también estaba mirando. –le dijo a modo de explicación cuando terminó el beso pero se quedaron muy cerca el uno del otro.- ¿Qué? No es como si no lo hubiéramos hecho antes. Por las barbas de Merlín, Hermione…vamos a tener un hijo.
- Serás tonto e infantil. –comentó ella, pero volvió a inclinarse para darle otro beso, lo que despertó más comentarios por parte de sus compañeros.
- Ohh, vamos, callaos, envidiosos. –dijo Ron atrayendo hacia él el cuerpo de Hermione.
