Advertencias: Ninguna
Nota de Autor: Hola a todos! Bueno, un aquí os dejo un poco de azúcar para endulzarnos la vida… :P Jejejeje! Muchas gracias a Lor-mats, trishahudsonblack91 y Zarland-black93 por sus comentarios en el capítulo anterior^^
Capítulo 24: Pequeña Miss LaFleur
Apenas una hora después del nacimiento, la habitación de Juliet estaba como si nada hubiese pasado en ella, logro que había que agradecer a Amy, ya que la mujer se había empeñado en ayudarles a limpiar y a recoger todo después de haberse asegurado de que Juliet estaba correctamente aseada y vestida, con un pijama más cómodo que la ropa que estaba utilizando en el momento del parto.
Así que siendo arropado tan solo por el silencio y la tranquilidad de la noche, James estaba tumbado sobre la misma cama en la que había nacido su hija, mientras que Juliet se lavaba los dientes en el interior del cuarto de baño.
La pequeña reposaba boca abajo sobre el pecho de su padre, con su mejillita en contacto con la piel caliente del sureño. A pesar de que James no había estado seguro hasta prácticamente el último momento, ahora que podía ver, tocar y sentir al bebé, no tenía ninguna duda que ese sentimiento de calidez y proteccionismo que había ido creciendo en él durante los últimos meses le gustaba. Y mucho.
Por otro lado, no podía evitar sentir cierto remordimiento al pensar en Clementine, ya que ella también era hija suya, a pesar de no haberla conocido nunca. Y tal vez ahí estaba la diferencia. Con Clem, no había aprovechado la oportunidad de estar ahí desde el principio, por lo que no había podido establecer con ella el mismo vínculo que había establecido con su bebé. Porque era su bebé. Y ahora se sentía completamente preparado para ser su padre.
Juliet salió del cuarto de baño y volvió a entrar en la habitación, caminando despacio y con pasos cortos, ya que seguía bastante adolorida y agotada por el esfuerzo realizado durante las largas horas de cautiverio y todo lo que había sucedido después. Con lentitud, se tumbó sobre la cama, apoyando su cabeza en el hombro de Sawyer, mientras que él se agachaba ligeramente para unir sus labios con los de ella en un beso casto.
—Lo has hecho increíblemente bien—comentó con una sonrisa orgullosa en su rostro.
—Sí, la verdad es que sí—respondió simplemente ella, mientras que soltaba una carcajada suave—Aunque no podría haberlo hecho sin ti.
Entonces él volvió a agacharse para besarla de nuevo, con un poco más de intensidad que la primera vez. Sin embargo, ambos se separaron rápidamente cuando la pequeña comenzó a lloriquear, agitando los brazos y las piernas con enfado mientras que su carita comenzaba a tomar un tono sonrojado. Pareció calmarse ligeramente cuando uno de sus puñitos acabó en el interior de su boca, pero a los pocos segundos volvió a enrabietarse.
—Me parece que tu hija tiene hambre.
— ¿Tan pronto?—preguntó Sawyer con tono sorprendido, mientras que Juliet se incorporaba en la cama tomando una posición sentada, con un par de almohadas tras su espalda— ¿No llevas ni una hora en el mundo y ya estás pensando en comer? ¡Ni que fueras hija de Hurley!—añadió, como si la niña verdaderamente le estuviese entendiendo y fuera a contestarle.
Juliet se carcajeó suavemente, cogiendo al bebé del regazo de James y colocándola en una posición cómoda entre sus brazos, mientras que se abría los botones de la parte de arriba del pijama.
A pesar de que había visto a cientos de madres hacerlo a lo largo de toda su vida y de que se conocía el procedimiento al detalle, no pudo evitar que sus nervios incrementaran ligeramente cuando desabrochó el último botón. Supuso que, por muy Especialista en Fertilidad que fuese, la parte de ella que estaba dominando en ese momento era la de madre primeriza sin experiencia.
— ¿Quieres que me vaya?—preguntó Sawyer al ver como se tensaba, pensando que su presencia solo conseguiría incomodarla aún más.
—No, está bien—respondió ella inmediatamente.
Sin alargar más el momento, Juliet acercó a la niña hasta su pecho derecho, y tras fallar en los dos primeros intentos, consiguió que la pequeña sostuviese con firmeza el pezón dentro de su boquita y que empezase a succionar. Lentamente al principio y con un poco más de rapidez a medida que iban pasando los segundos.
La rubia dibujó una sonrisa radiante en su rostro mientras que giraba levemente la cabeza para cruzar su mirada con la de James, que le dio un pequeño beso en el pelo antes de quedarse completamente embobado viendo a su hija.
Ahora que ya había pasado un tiempo desde el nacimiento, la pequeña comenzaba a adoptar un tono de piel más pálido, similar al de su madre, con las mejillas regordetas y sonrosadas. Una fina capa de pelo rubio cubría su cabecita, aunque el tono era tan claro que apenas se notaba, y aunque aún no habían tenido tiempo de observar de qué color eran sus ojos, no había ninguna duda de que serían azules, al igual que los de sus progenitores.
James dejó que la pequeña atrapara uno de sus dedos con su manita mientras que emitía algún ruidito adorable a medida que seguía succionando casi sin descanso.
— ¿Has pensado algún nombre?—preguntó Sawyer mientras que Juliet cambiaba al bebé al otro pecho. La pequeña se quejó inmediatamente, pero en cuanto encontró el pezón de nuevo volvió a silenciarse.
—No en realidad. Aunque me gustaría que se llamara Rachel, como mi hermana.
—Tiene cara de Rachel—bromeó mientras que le acariciaba la mejilla con el dedo pulgar.
—También podría tener cara de Mary—añadió ella, sugiriendo el nombre de la madre de James. Él se quedó en silencio durante unos segundos, pero después una pequeña sonrisa volvió a dibujarse en su rostro.
—Mary Rachel LaFleur. O Mary Rachel Ford, según como se mire—comentó mientras que soltaba una pequeña carcajada—Sea como sea es un nombre muy grande para algo tan diminuto.
Finalmente el bebé terminó de comer, por lo que James la cogió de los brazos de su madre mientras que esta volvía a abrocharse los botones del pijama, soltando un pequeño bostezo.
—Vamos mini-rubia, hay que dejar dormir a mamá—dijo, mientras que colocaba a la pequeña apoyada en su hombro, dándole unos golpecitos en la espalda.
— ¿Para eso le querías poner un nombre?—replicó Juliet en cuanto escuchó el apodo.
—Por supuesto. ¿Qué te esperabas?
Aunque estaba a punto de quedarse completamente dormida, la rubia aún saco fuerzas para dedicarle a James una mueca de resignación, rodando los ojos hacia un lado mientras que negaba un par de veces con la cabeza.
—No tienes remedio…—murmuró mientras que sus ojos comenzaban a cerrarse pesadamente.
—Buenas noches, cariño—susurró de vuelta, a lo que ella contestó con un ruido inteligible. Tras besarla en los labios, padre e hija salieron de la habitación para dejar que Juliet pudiese descansar. Al menos hasta dentro de dos o tres horas…
A la mañana siguiente, llegó el momento de presentar a la pequeña Rachel a la sociedad, aunque tal vez sería más correcto decir que era la sociedad la que se presentaba a Rachel, ya que la casa de los LaFleur fue un ir y venir de gente desde primera hora del día.
Ya por la tarde, y después de que Amy se hubiese despedido por decimoquinta vez de la niña, Juliet se sentó cómodamente en una hamaca que James había instalado en el porche de la casa, con el bebé durmiendo tranquilamente sobre su pecho.
—Por fin un poco de relax—comentó Sawyer, recargando el peso de su cuerpo contra la pared de la casa.
—Sí…—dijo tras soltar un pequeño suspiro, acariciando la espalda de Rachel de arriba abajo con movimientos suaves.
—Escucha, rubia—la llamó, cambiando el tono de su voz a uno bastante más serio—Ya he hablado con Jin y con Miles para organizar nuestros turnos en la Seguridad de manera que ninguno de los tres coincidamos en el trabajo al mismo tiempo—explicó, llamando por completo la atención de Juliet con sus palabras—No quiero que estés sola en ningún momento.
—James, no es necesario que obligues a Jin y Miles a que sean mis niñeras.
—Sí lo es. Por supuesto que lo es—replicó—Si los Hostiles se molestaron en hacer que te quedaras embarazada y han puesto tanto interés en que la niña nazca antes de tiempo, debemos de estar completamente en alerta.
Ella se quedó en silencio durante unos segundos, reflexionando sobre sus palabras para finalmente asentir un par de veces con la cabeza. Sawyer a acercó a Juliet, dándole un beso corto en los labios antes de volver al interior de la casa.
Y al parecer las sospechas y miedos del sureño respecto a la seguridad de su novia e hija no estaban tan desencaminados, ya que sin que ninguno de los dos lo supiese, y no demasiado lejos de la casa, un par de ojos observaban atentamente todos y cada uno de sus movimientos…
Continuará...
